Buscando el verdadero mensaje del islam en las traducciones al español del sagrado coráN


TRADUCCIONES ERRADAS POR DESCONOCIMIENTO DEL ISLAM



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TRADUCCIONES ERRADAS POR DESCONOCIMIENTO DEL ISLAM


Algunos afirman que con las mejores intenciones se han cometido los peores crímenes, y este bien puede ser el caso de este tipo de traducciones. Aquí no se ha buscado alterar el Corán intencionalmente para desacreditar al Islam, ni se ha hecho una defensa abierta de una secta en particular. Son traducciones hechas por personas que realmente querían dar a conocer el texto coránico en lengua española, pero que a pesar de su preparación y sus facultades intelectuales, no poseían los conocimientos necesarios de las ciencias coránicas para llevar a cabo este trabajo.

Prejuicios, errores de concepto, desviaciones teológicas y otras falencias propias de quienes conocen el Islam solo en libros, y de quienes habiéndose islamizado no realizaron estudios profundos sobre el Corán, son características de estas traducciones. El resultado es un texto que desvía al lector del camino correcto, cumpliendo el dicho de que el camino al infierno está cubierto de buenas intenciones.


Traducción del Dr. Juan Vernet


Publicada por José Janés en 1953 en Barcelona, España, se trata de una traducción poco afortunada, con muchos errores de concepto. Joan Vernet Ginés, arabista catalán, no solo demuestra ser poco conocedor del Islam sino que, además, estaba convencido que su traducción debía demostrar al mundo la autoría humana por parte de Mujámmad (B. y P.) del Corán.

A pesar de que en otra de sus obras, “Lo que Europa debe al Islam de España”, Vernet reconoce que el Renacimiento y la Ilustración en Europa no se habrían producido sin el trasvase del conocimiento islámico a través de España, su visión del Islam es incompleta y en ocasiones errada.

Con excepción del prólogo escrito por el mismo traductor (que no aporta información real ni relevante sobre el Corán, el Profeta Mujámmad y el Islam), el texto traducido no se muestra malintencionado, sino simplemente errado por falta de conocimientos.

Vale la pena anotar que en su traducción, Vernet toca el tema de la Sura de las Dos Luces, incluyendo la traducción de sus 42 aleyas. Los chiís afirman que Uzmán, el tercer califa de los musulmanes, eliminó esta sura del texto coránico para así negar los derechos de Ali, quien luego sería el cuarto califa. La verdad es que Ali era gran amigo de Abu Báker, Úmar y Uzmán, y había escuchado el Corán de labios del propio Profeta, de modo que si Uzmán hubiera eliminado una aleya del texto coránico, Ali lo hubiera sabido, como también lo habrían sabido los cientos de memorizadores que tenían el Corán completo almacenado en sus mentes. Una simple lectura del texto árabe de esta supuesta sura, es suficiente para descubrir que su estilo ni siquiera se acerca a la belleza sublime del texto coránico. Por otro lado, el Corán no trata un tema por capítulo, como suelen hacerlo los libros humanos, sino que distribuye los temas y las historias por diversas partes de su texto, de modo que un tema tan importante como el de Ali como enviado de Dios junto con el Profeta (a eso hace referencia el título, las Dos Luces serían Mujámmad y Ali) no estaría en una única sura, sino que se hallaría en repetidos lugares del Corán. Vernet comenta al respecto:

[…] los herejes chiíes acusaron al califa de haber suprimido en su recensión todos los fragmentos que hacían referencia a Ali y a sus derechos a ocupar el puesto politicoreligioso que había dejado vacante la muerte de Mahoma. Estas críticas parecen completamente injustificadas, y lo mismo puede decirse de la azora de ‘las dos luces’ […], en la que se fundan buena parte de los derechos de los alidas. Según ellos, fue suprimida por completo en la recensión uzmaní. […] ¿Cómo admitir que esta azora hubiese sido suprimida por completo si bastaba con prescindir de unos cuantos versículos para dejarla desprovista de todo valor doctrinal? ¿Cómo no se encuentra citada en la obra del exégeta chií Al Qummi, que vivió en el siglo X? ¿Cómo no creer que, de pertenecer al corpus primitivo de Ali, éste no iba a transmitirla a sus seguidores y fundarse en ella para reivindicar sus derechos como legítimo sucesor de Mahoma?” [Vernet, 1953]

En 4:34 (4:38 en esta traducción), Vernet traduce “los hombres están por encima de las mujeres,” traducción menos agresiva que la hecha por García Bravo, pero igualmente errada. Al menos, a diferencia de J.C.P.R., Vicente Ortiz y García Bravo, Vernet no traduce dáraba por “azotar” sino por “golpear,” aunque tal traducción sigue siendo incorrecta.

Jamás en toda su vida el profeta Mujámmad (B. y P.) golpeó a una mujer, mucho menos a una de sus esposas, y eso basta como ejemplo y prueba de que Dios nunca ordenó al esposo maltratar a la esposa. De hecho, en los dichos o tradiciones del profeta, consta que él prohibió el maltrato hacia los animales y hacia los siervos, y estableció la paciencia hacia la esposa. El propio Corán nos dice en 30:21 que “uno de Sus prodigios es haberos creado cónyuges de vuestra misma especie (y acordes con vuestros sentimientos y vuestras preferencias) para sosiego (mutuo) y haber suscitado entre vosotros (esposo y esposa), el afecto y la bondad.” [Mulla, 2004].

Debe abonársele a Vernet que en 4:34 traduce “las mujeres piadosas son sumisas a las disposiciones de Dios,” lo que lo diferencia de los islamófobos que pretenden utilizar esta cita para “demostrar” que en el Islam la mujer “está sometida al hombre,” cosa completamente falsa.

También son notorias algunas frases muy mal logradas y otras fallas que oscurecen el texto. Adicionalmente, esta traducción aparece con las suras divididas por títulos, inexistentes en el original árabe y que no aparecen en ninguna otra traducción. Las aleyas 2:115-117 (2:109-111 en esta traducción), por ejemplo, aparecen bajo el título “Contra los cristianos”, un título engañoso si se tiene en cuenta que no atacan en modo alguno a los cristianos ni incitan a ningún tipo de agresión hacia ellos, estas aleyas simplemente se refieren a la aseveración de que Dios ha engendrado hijos, negándola y afirmando que Dios es el Creador de todo cuanto existe, y que toda la creación Le pertenece. Es una corrección teológica, no un ataque.

Por otra parte, la adición del título “Invitación a la guerra santa” denota el desconocimiento del traductor de la estricta legislación del Islam con respecto al uso de la fuerza, que solo puede aprobarse como defensa y después de haber agotado todos los medios diplomáticos, y que debe ejecutarse bajo unos lineamientos muy claros, que exceden al actual Derecho Internacional Humanitario. Bajo ese título, Vernet pone la aleya 2:245 (2:246 en esta traducción):

Quien presta espontáneamente dinero para la guerra santa a Dios, Éste se lo duplicará muchas veces.” [Vernet, 1953]

La verdad es que el concepto de Guerra Santa es cristiano, aparece primero como la Guerra Justa que definió Agustín de Hipona con base en Lucas 14:23, en el siglo V. En 1074, el papa Gregorio VII recurrió a este concepto para pedir que se diera ayuda a los bizantinos. Pero fue el papa Urbano II quien, en 1095, declaró la Guerra Santa y dio inicio a la Primera Cruzada.

La Yijad, o Esfuerzo, es un concepto islámico que se divide en dos: La yijad mayor es el esfuerzo que todo musulmán, hombre o mujer, hace a diario para obedecer los mandamientos de Dios, aceptar la Voluntad Divina, seguir el ejemplo del Profeta Mujámmad (B. y P.), hacer el bien, prohibir el mal y alejarse de todo lo malo. La yijad menor es la lucha armada que un ejército formal de musulmanes libra para defender a los creyentes de enemigos que insisten en atacarlos, a pesar de todos los esfuerzos realizados por los primeros para llegar a una resolución pacífica con los últimos. Es un concepto similar al derecho a la legítima defensa, que aparece en el catecismo de la Iglesia Católica, pero que en el Islam está reglamentado de manera mucho más estricta y detallada.

Ahora bien, en cuanto a la traducción que hace Vernet de estas aleyas, es bastante acomodada, puesto que él escribe “guerra santa” donde el texto original árabe no utiliza la palabra guerra, ni la palabra lucha, ni la palabra esfuerzo (yijad). En realidad, el Corán aquí dice que a quien invierta en obras de bien y en la causa de Dios (por ejemplo, en difundir Su Palabra), Él lo recompensará ampliamente. Sin embargo, esto parece ser más el fruto de los prejuicios y del desconocimiento, que de una mala intención por parte del traductor.

Los breves y escasos comentarios al texto, basados no en un estudio de las ciencias coránicas sino en otras traducciones (al inglés y al francés) hechas también por orientalistas poco versados en el Islam, no aportan sino confunden, y es mejor obviarlos. El desconocimiento de conceptos islámicos básicos y el afán de mostrar al Corán como un libro no revelado, se ve claramente en el prólogo y se refleja en todo el texto traducido.

Traducción de Rafael Cansinos Assens


Escritor y periodista español judío, luchó por la recuperación de la memoria judía sefardí en España, y se dedicó a traducir el Corán al español después de ser exiliado por el régimen de Franco. Publicada en Madrid, España, en 1951 por Aguilar, esta traducción ha tenido una buena cantidad de reimpresiones, la última en 2005 por Editorial Arca. Escrita en un español arcaico que utiliza castellanizaciones originales de las palabras árabes, creadas para evitar los problemas de las transcripciones y transliteraciones, es difícil de leer en nuestros días. Por ejemplo: “...son para chehennam leña...” (72:15), o “sabed que aquello que apresáis de cosa: ciertamente [será] para Alá…” (8:41).

Si bien es una traducción directa del árabe, está basada en varias traducciones al español de la versión francesa de Kasimirski, a la que Cansinos consideraba la traducción más fiel y correcta del Corán a cualquier lengua extranjera, a pesar de ser una traducción del latín, lo que significa en últimas que el sesgo islamófobo de Kasimirski y de sus traductores al español, eran del agrado de Cansinos. En la introducción, el traductor también nombra a otros traductores orientalistas islamófobos como Sale, a quienes da crédito como referencias para su propia traducción.

La traducción se presenta bastante oscura en algunos pasajes, como en 26:3, donde Cansinos traduce “acaso tú pongas a morir su alma porque no son creyentes,” que en otras traducciones aparece como “quizás te consumas de pena porque no creen” o “no te mortifiques por la incredulidad de tu pueblo.” A pesar de ser una traducción literalista, presenta algunos errores graves, como la supresión de la aleya 3 de la sura 114.

Con tales falencias, esta traducción no solo es inútil para conocer el mensaje coránico, sino que tiene poco valor académico.


Traducción de Julio Cortés


La del arabista español Julio Cortés Soroa fue considerada por muchos orientalistas como la mejor traducción del Corán al español durante dos décadas. Con una breve introducción que no aporta nada, y libre de los comentarios errados que caracterizan a otras traducciones, presenta un texto claro aunque demasiado literalista, con algunos términos en árabe que oscurecen el texto al lector primerizo, como “¡Gustad el castigo del fuego de la gehena!” en 3:181, y que en ocasiones manifiesta confusión de conceptos o resulta simplemente poco afortunada.

En cambio, en 4:34 Cortés muestra un mejor entendimiento del tema al traducir “los hombres tienen autoridad sobre las mujeres,” en lugar de “los hombres son superiores” como traduce García Bravo, o “los hombres están por encima de las mujeres” como traduce Vernet. Sin embargo, en esa misma aleya Cortés traduce dáraba como “pegadles,” una traducción incorrecta como ya he mostrado, pero un poco más suave que “golpeadlas” de Vernet y mucho menos malintencionada que “las azotaréis” de J.C.P.R, Vicente Ortiz y García Bravo.

Esta traducción, publicada en 1979 por Editorial Herder en España, sobresale entre las que estuvieron disponibles en español antes de la década de 1990. Los autores del libro “Glosario de voces coránicas” concluyeron en 1994 que la de Cortés era la traducción más cercana al verdadero mensaje coránico en ese entonces, poniéndola por encima de la de Álvaro Machardom, que fue revisada y autorizada en ese entonces por la universidad de Al Azhar. Esto no significa que en realidad sea buena, tan solo que jamás se había hecho antes un intento más sincero de traducir el Corán a nuestro idioma de forma correcta, directamente del original árabe.

No se exenta ninguna de las citadas traducciones de los errores, debido, por supuesto, entre otras razones, a la dificultad que caracteriza a la lengua árabe, sobre todo el texto coránico, inaccesible en algunos casos hasta para los mismos árabes.” [2006, Abdel Latif et al.]

A pesar de que nuevas y mejores traducciones están ya disponibles para el público hispanoparlante, algunas instituciones todavía distribuyen esta traducción, a veces sin dar crédito al traductor.

La traducción al español de la Muslim Students’ Association at Oregon State University, por ejemplo, es la de Julio Cortés con muy pocos cambios de forma, nada de fondo. Las traducciones de los significados del Corán al español que se encuentran disponibles en Internet, especialmente en sitios web no islámicos pero no islamófobos, por lo general contienen este texto de Cortés, al igual que la versión impresa en 1987 por Tahrile Tarsile Qur’an Inc. en Nueva York, Estados Unidos.

Debe tenerse cuidado con una versión “revisada” no autorizada por el autor, que ha sido publicada por la Fundación Moytaba Musavi Lari, organización chií, en Kum, Irán (versión registrada como pirata en la revisión bibliográfica de Arias, 2007). Esta versión chií cuenta con algunas reimpresiones en América Latina, como por ejemplo, la de la Biblioteca Fátimah Az-Zahra de El Salvador (2005), y la de carátula color magenta que lleva el nombre y bandera de la república de Irán en la portada.

Para quienes no dispongan de otra traducción, el texto original de Cortés sigue siendo un buen acercamiento al Islam, pero hoy día están disponibles de forma gratuita en formato digital y en físico, traducciones mucho mejores y más aceptadas y acertadas que esta.


Traducción de Abdurrasak Pérez [conocida como de Muhammad Asad]


Publicada por Junta Islámica en Almodóvar del Río, España, en 2001, se trata de la traducción del inglés al español hecha por Abdurrasak Pérez de “El Mensaje del Qur’an,” traducción del árabe al inglés por Muhammad Asad (judío austríaco revertido al Islam) publicada en 1980. Si bien Pérez hizo una revisión contra el original árabe, ya el hecho de ser una traducción de traducción es, en sí mismo, una debilidad.

Los comentarios que hace Asad sobre el texto que traduce, no son una exégesis de un erudito sino las opiniones de un estudioso musulmán occidental que ha vivido en Oriente Medio. Gran parte de sus comentarios contradicen a los eruditos musulmanes, tanto los clásicos como los modernos. Este es un detalle importante, pues los musulmanes no se rigen por la opinión de una persona, sino por el acuerdo de la mayoría de los eruditos, con base en las fuentes primarias: El Corán y la Suna (tradición) del profeta Mujámmad (B. y P.)

El propio Profeta (B. y P.) afirmó que la nación musulmana nunca se pondría de acuerdo en el error, de modo que cuando un único autor está en contra de la mayoría de los eruditos de todos los tiempos, en temas esenciales que ya han sido entendidos, estudiados y puestos en práctica por los musulmanes desde la época misma en que vivía el Profeta (B. y P.), se asume que es ese autor el que está equivocado y no la mayoría de la nación islámica.

A favor de este texto, debo decir que es la primera traducción del Corán que procura expresar los significados del texto coránico, a diferencia de la mayoría de traducciones, que son literalistas.

No se puede negar que en muchos apartes, esta traducción es interesante y de gran calidad literaria, y que no hay mala intención de parte de los traductores, pues tanto Asad como Pérez muestran en su trabajo un profundo respeto por el texto coránico. Sin embargo, la traducción está tan enfocada en una visión netamente racionalista del Islam, que olvida que los elementos sobrenaturales revelados por Dios en el Corán no son meras alegorías.

Asad demuestra falta de fe en milagros realizados por los profetas (como que Abraham caminó en el fuego y que Jesús habló siendo un recién nacido) y en otros temas sobrenaturales del Islam (a pesar de que en su propia traducción se lee en 2:3 que los conscientes de Dios son aquellos “que creen en [la existencia de] lo que está fuera del alcance de la percepción humana...”), lo que se evidencia en el rechazo de algunos versículos coránicos, traducidos y comentados de acuerdo a las creencias del traductor y no a las enseñanzas del Islam. Un ejemplo es 2:260. Asad traduce:

[...] Abraham dijo: ‘¡Oh Sustentador mío! ¡Muéstrame cómo devuelves la vida a los muertos!’ Dijo: ‘Coge, pues, cuatro pájaros y enséñales a obedecerte; luego, colócalos separados en las colinas [a tu alrededor]; después llámalos: acudirán a ti volando’.”

Enseñarle a unos pájaros a obedecerle a uno y llamarlos para que vengan, no es una demostración práctica sobre cómo Dios revivirá a los muertos el Día del Juicio. Lo que en realidad dice el texto coránico, es que Dios le ordenó a Abraham que despedazara o cortara en trozos las aves y pusiera una parte de cada una en una montaña. Luego, debía llamarlas y ellas revivirían y responderían a su llamado.

Ese mismo rechazo a la idea de la resurrección de los muertos se evidencia en 41:39, donde Asad hace una aclaración innecesaria dentro del texto: “Quien le da vida puede sin duda resucitar a los muertos [de corazón].” El texto coránico se refiere a la resurrección de los muertos el Día del Juicio, no a una reanimación o conversión de aquellos cuyo corazón se ha endurecido y está como muerto.

En 50:17, Asad muestra también un rechazo a hablar de los ángeles que registran las obras de los hombres, y los remplaza por partes de la naturaleza humana:

“…cada vez que se encuentran cara a cara las dos exigencias [de su naturaleza], enfrentadas una a la derecha y otra a la izquierda…”

Este texto en realidad se refiere a dos ángeles que acompañan a cada ser humano, uno a su izquierda, que registra todas sus malas obras, y otro a su derecha, que registra todas sus buenas obras.

Pero por otro lado, Asad comete el error de incluir al demonio dentro de los ángeles, cayendo en el concepto cristiano del “ángel caído.” Asad traduce así 15:34, donde se narra cómo Dios expulsó a Satanás: “Dijo: ‘¡Sal, pues, de este [estado angélico]: pues, ciertamente, eres [de aquí en adelante] un maldito!’” En realidad, el Corán deja claro que la naturaleza de Satanás (Iblís) no es angelical, pues los ángeles son seres de luz y él es un ser de fuego, como todos los genios (yinnes). Mouheddine y Sánchez traducen así 18:50:

Y cuando dijimos a los Ángeles: Haced una reverencia ante Adán. La hicieron, excepto Iblís que era uno de los genios y desobedeció la orden de su Señor.”

La mayoría de los traductores coincide en esta aleya, incluyendo a Cortés, Melara Navío, Isa García y otros. Pero Asad, que se niega en toda su traducción a hablar de los genios y los demonios, hace de esta aleya una traducción ambigua e incorrecta:

Y [recuerda que] cuando dijimos a los ángeles: ‘Postraos ante Adán,’ se postraron todos, excepto Iblís: él [también] era uno de esos seres invisibles, pero se rebeló contra la orden de su Sustentador.”

En toda su traducción, Asad nombra a los genios como “seres invisibles,” pero aquí pareciera que los seres invisibles de que habla son los ángeles. Esto torna confusos otros pasajes y va en contra del texto coránico original.

Especialmente enigmática es la traducción de 3:49:

Os modelaré con barro la forma de [vuestro] destino y luego soplaré en ella, para que se convierta así en [vuestro] destino con la venia de Dios.” [Asad, 2001]

Es difícil imaginar cómo se puede hacer un modelo de barro del destino de alguien, y para complicar aún más el asunto, dice “vuestro,” a sabiendas que cada individuo tiene un destino propio. Aquí Asad prefiere la acepción de destino de la palabra tair, como afirma él mismo en su comentario, a pesar de que literalmente se refiere a un ave, como traducen los demás traductores. Dice Asad en su comentario que este versículo se refiere a que Jesús

de la humilde arcilla de sus vidas modelará para ellos la visión de un elevado destino, y que esta visión, hecha realidad por la inspiración que Dios le había dado, se convertiría en su verdadero destino con la venia de Dios y por la fuerza de su fe.” [Asad, 2001]

Una explicación bastante rebuscada e irreal de un acto simple y concreto: Jesús anuncia que, como señal de su profecía, realizará el milagro de darle vida a un ave que él mismo hizo de arcilla, convirtiéndola en un ser vivo por el poder de Dios. Pero Asad es reacio a aceptar la existencia de esta clase de milagros. El Corán se refiere de nuevo a este milagro en 5:110, donde Asad vuelve a diferir de los demás traductores en su interpretación del mismo.

En 6:121, Asad vuelve a traducir según su rechazo a ciertos conceptos de lo sobrenatural en el Islam. Dice:

Y, ciertamente, los impulsos malvados [en el corazón de los hombres] susurran a aquellos que los han hecho suyos para que os hagan entrar en discusión [sobre lo que es, o no, pecado].”

El texto coránico aquí hace referencia a demonios, tanto hombres como genios, pero Asad en toda su traducción prefiere hablar de “seres invisibles” y no de genios, y se niega a nombrar a los demonios.

La traducción que hace Asad de la sura 79 es otro ejemplo claro de esto, las primeras 7 aleyas de su traducción son totalmente diferentes de cualquier otra traducción, pues él rechaza el hecho de que Dios haga un juramento y mencione a los ángeles de la muerte y a los toques de trompeta que darán inicio al Día del Juicio, y en su lugar traduce el texto como una invitación a la observación astronómica.

Estas son falencias graves de la traducción de Asad al inglés que, por supuesto, se evidencian claramente en la traducción de Pérez al español, con el agravante de que hay un segundo criterio para llegar al texto final, y de que la versión en español exhibe carencias en cuanto a revisión lingüística y de estilo, incluyendo errores ortográficos y de puntuación.

La tendencia sufí por parte de ambos traductores (Asad y Pérez) se refleja en su esoterismo, pero su racionalidad extrema corresponde a una línea minoritaria del sufismo.

Sin dejar de ser un trabajo interesante y de valor para quienes estudien la historia de las traducciones del Corán, así como para otros estudios académicos, no es recomendable para los nuevos musulmanes ni para quienes quieran conocer el verdadero mensaje del Corán.




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