Buscando el verdadero mensaje del islam en las traducciones al español del sagrado coráN


TRADUCCIONES QUE NO REFLEJAN EL VERDADERO ISLAM, DISEÑADAS PARA SUSTENTAR DOCTRINAS FALSAS



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TRADUCCIONES QUE NO REFLEJAN EL VERDADERO ISLAM, DISEÑADAS PARA SUSTENTAR DOCTRINAS FALSAS


A pesar de que durante diez años enfrentó dificultades y persecución, una década en la que él y sus seguidores fueron sometidos al hambre, la exclusión, y algunos incluso fueron torturados hasta morir, el Profeta Mujámmad (B. y P.) se mantuvo firme en su mensaje y permaneció en La Meca. Sin embargo, siguiendo la guía divina, aceptó la invitación de la gente de Medina y se exilió allí junto con sus compañeros después de trece años de predicar el Islam en su ciudad natal.

Tras sobrevivir a un atentado contra su vida y a un viaje difícil por el desierto, durante el cual fue perseguido y estuvo a punto de ser capturado, se reunió con su gente en Medina, donde se desarrolló la primera comunidad islámica. Allí, desde un principio existieron algunos hipócritas que afirmaban ser musulmanes, pero descreían del Corán y del Profeta. Tras su muerte y a lo largo de los siglos, se han presentado por temporadas, líderes carismáticos que han pretendido hacerse a un poder a costa de crear divisiones entre los musulmanes.

Así es como han nacido varias sectas, mal llamadas islámicas, minoritarias y muchas de ellas pasajeras. Chiismo (dividido a su vez en múltiples sectas, como kaizaníes, zaidíes, wakifitas, nizaríes, septimanos, fatimíes, bohras, tausitas, mustalíes y alevís, siendo la rafidí o duodecimana la mayoritaria en la actualidad), bahaismo, jariyismo, ahmadía y otras, han alterado el mensaje del Islam y se han caracterizado por proclamar profetas, mensajeros, santos, imames “infalibles” u otros personajes “iluminados” que, después de la muerte del Profeta Mujámmad (B. y P.), habrían venido a “traer la verdad”, cambiando la Ley de Dios.

El Corán afirma categóricamente que Mujámmad (B. y P.) fue el Sello de la Profecía, es decir, el último profeta y último mensajero de Dios; por lo tanto, cualquiera que se autodenomine profeta o mensajero de Dios después de él, o que afirme tener cualquiera de las cualidades y características que son propias y únicas de ellos, es de inmediato reconocido por los musulmanes como falso, y sus enseñanzas son rechazadas.

La mayoría de estas sectas han aparecido apenas en los últimos cien años, principalmente en India y Estados Unidos, y casi todas han escrito sus textos doctrinales en inglés, urdu, persa o hindi. Los submitters, por ejemplo, niegan la Suna (tradición) del Profeta y no se preocupan por conocer el verdadero texto coránico (en árabe), pues su fundador, Rashad Khalifa, afirmó que la suya era la única traducción “autorizada por Dios” del Corán al inglés, en la que suprimió dos aleyas coránicas (supuestamente porque el ángel Gabriel le anunció personalmente que esos dos versículos debían ser eliminados del texto), y a la que acompañó de opiniones personales impuestas a sus seguidores como nuevas revelaciones divinas.

Por su parte, la Nación del Islam (NOI por sus siglas en inglés, Nation Of Islam) proclama la separación racial, afirma que Dios es negro y que los afrodescendientes están llamados a dominar el mundo. Esta secta se hizo famosa porque a ella pertenecía el reconocido líder afroamericano Malcolm X, antes de que Dios lo guiara al Islam verdadero y se convirtiera al Sunismo, rechazando las doctrinas de Elijah Muhammad, líder de la NOI.

En los últimos tiempos, han aparecido en español algunos textos de estas sectas, incluyendo traducciones acomodadas del Corán que sirven para sus propósitos particulares. Estas sectas suelen tener su propia “versión” del Corán, que satisface sus doctrinas erróneas, en contra de los estudios que los eruditos islámicos han realizado en los últimos 14 siglos, y de los registros históricos sobre cómo entendieron y practicaron el Islam el Profeta (B. y P.) y sus compañeros.

Traducción de Alí Al-Husainí


Reconocido líder de la comunidad sufí argentina, discípulo de Frithof Schuon y luego del Dr. Abdalqadir as-Sufi, el traductor Al-Husainí (que se negó a estudiar ciencias coránicas en cualquier país islámico, y por tanto no tiene el conocimiento que requiere la exégesis coránica) decidió un día que era más sabio que estos dos líderes sufís (no como consecuencia de haber hecho grandes estudios, sino por mera iluminación repentina) y fundó su propia secta (o tarica sufí). Nos presenta una traducción del Corán, del árabe al español, ampliamente comentada, que pretende ser un tafsir (exégesis) hecho para el público latinoamericano. Aunque esta traducción es parcial y no está disponible más que en la página web del traductor, hice una excepción para incluir su reseña, debido a la confusión que despierta en algunos nuevos musulmanes.

El traductor maneja una filosofía sufí de corte gnóstico y muy influenciada por el hinduismo, con lo que su traducción y su exégesis no representan en modo alguno el conocimiento desarrollado en más de 14 siglos por los eruditos islámicos, y tampoco representan a ninguna corriente mayoritaria del pensamiento sufí.

Su traducción de 81:15-18 y de 84:16-18, entre otros pasajes, es una muestra clara de mala traducción. A pesar de incluir un pie de página en 84:16 para aclarar que en el texto árabe original aparece una negación que en realidad se utiliza para reforzar la idea (se trata de un elemento gramatical del idioma árabe), la cuestión es que traduce “no juro” donde la traducción correcta es “juro” (como se ve en la mayoría de traducciones). Aquí, Al-Husainí muestra poco conocimiento de la gramática árabe y de las normas básicas de traducción.

Adicionalmente, la traducción tiene por momentos una redacción difícil y una terminología que a veces pretende mostrar un nivel intelectual elevado, y a veces simplemente suena arcaica. Por ejemplo, en 83:7-24:

¡Qué va! ¡El registro de los perversos estará (entonces) sin duda en (el libro) de Siyyin! ¿Pero qué te hará comprender qué es Siyyin?: un libro signado. ¡Desgraciados sean los desmentidores!, quienes niegan el Día del Juicio. Mas no lo negará sino todo transgresor, perverso, el que cuando se le recitan nuestros signos exclama: ‘¡Son mitos de los primitivos!’ ¡Qué va! (digan) más bien que lo que se granjearon avasalló y cubrió sus corazones ¡Qué va! Por cierto que (la Misericordia) de su Señor, ellos, en ese Día, estarán sin duda encubiertos. Luego, de hecho, ellos alcanzarán el Abrasador, entonces será dicho: ‘¡Esto es lo que habíais estado desmintiendo!’ ¡Qué va! ¡Por cierto que el registro de los virtuosos estará (entonces), sin duda, en (el libro) de Il-liún! ¿Pero qué te hará comprender que es Il- liún?: un libro signado que atestiguarán los próximos. En verdad que los virtuosos estarán en la delicia, sobre solios contemplarán, reconocerás en sus rostros la iluminación del deleite.” [Al-Husainí]

Y en la extensa interpretación que hace del primer capítulo del Corán (sura La Apertura), el traductor mezcla citas de fuentes musulmanas con citas de obras doctrinales chías, entre ellas “Al Kafi”, “Tafsir Al Aiachi” y “Al Yisal”. Igualmente, en el pie de página número tres, el traductor asegura que su fuente principal es “Al Mizán fi Tafsirul Corán”, del famoso autor gnóstico iraní Muhammad Husain Tabatabai, considerado uno de los más grandes filósofos chiitas del siglo XX. Esta misma fuente aparece citada ampliamente en todo el sitio web del traductor, lo que nos indica que la base teológica de su traducción es de la rama sufí del Chiismo duodecimano.

Al-Husainí es autor de textos sobre metafísica, filosofía y psicología espiritual, y su traducción es más apropiada para los lectores de literatura de autoayuda y seguidores de la Nueva Era, que para quienes buscan conocer el Islam y el Corán correctamente.

Traducción del Dr. Antonio Carrillo Robles


Gran traductor, pero ignorante del Islam, el ilustre exsacerdote católico español y doctor en teología Antonio Carrillo, fue encargado por la secta “Comunidad Internacional Ahmadía del Islam” para traducir el Corán al español. Sin embargo, el texto que le entregaron no era el original en árabe, pues aunque políglota, desconocía ese idioma. En realidad, lo que tradujo fue el texto de una revisión que un comité de dicha secta le hizo a la traducción al inglés de Malik Ghulam Farid, de 1981. El trabajo de Carrillo Robles fue luego revisado por Mansur Ata Ilahi, Presidente de la Comunidad Ahmadía del Islam en Valencia, España.

El texto original en inglés y sus comentarios están fundamentados en la filosofía de (y fueron escritos con la supervisión de) Mirza Tahir Ahmad Cadiani, cuarto sucesor del autoproclamado “mesías prometido” Mirza Ghulam Ahmad, quien fundó el movimiento Ahmadía en 1889 en la India.

Mirza Ghulam Ahmad declaró primero ser un reavivador del Islam, luego un profeta, luego el Mesías y el Mahdi, y por último llegó a decir que él mismo era Dios, creador de los Cielos y de la Tierra. Afirmó haber sido (en vidas pasadas) Jesús y también el propio Mujámmad, que la paz de Dios sea con ambos. Para ganar adeptos, fundó las doctrinas de la Ahmadía mezclando elementos del Islam, el Cristianismo, el Hinduismo y el Sufismo, entre otros. Tras su muerte, la Ahmadía se dividió en dos sectas, de las cuales, la que encargó esta traducción es la mayoritaria, con diez millones de seguidores.

Publicada en 1988 en Inglaterra por Islam International Publications Ltd., esta traducción no solo tiene los problemas y errores propios de una traducción de traducción (árabe-inglés-español), sino que refleja el sincretismo religioso y las desviaciones propias de esta secta, por lo que solo le resulta útil a los seguidores de este falso profeta. Agréguese a esto que la traducción al inglés hecha por Farid contiene comentarios basados en la traducción al urdu de Mirza Bashiruddin Mahmud Ahmad, tercer sucesor del falso mesías. De modo que se ha compilado aquí un grupo de errores y doctrinas falsas, acumulados a lo largo de los años entre traducciones de un idioma al otro y revisiones de un falso profeta al otro.

No es de extrañar, pues, que la aleya 6:159 (6:160 en esta traducción) aparezca aquí traducida así: “En cuanto a quienes escindieron su religión y quedaron divididos en sectas…” Se pretende afirmar que los musulmanes quedaron divididos en sectas y el “mesías prometido” fundador de la Ahmadía vino a restablecer el Islam verdadero.

En realidad, el texto coránico se refiere a quienes se separaron de la religión y formaron sectas, alejándose del Islam. Según la traducción de Isa García:

Tú no eres responsable de quienes dividieron su religión y formaron sectas. Dios se hará cargo de ellos, y Él les hará saber lo que hicieron.” [García, 2014]

De hecho, todas las sectas “islámicas” unidas (incluyendo todas las del Chiismo y las dos de la Ahmadía) no suman más de 200 millones de fieles, concentrados en su gran mayoría en Irán dentro del Chiismo duodecimano (denominados imamíes, yafaríes o rafidís), mientras que existen más de 1.300 millones de musulmanes (sunís) dispersos por todo el mundo.


Traducción de Frances Drake Nimeh


En 1914, la secta Ahmadía se dividió en dos: La “Comunidad Internacional Ahmadía del Islam”, que publicó la traducción del texto de Malik Ghulam Farid hecha por el Dr. Antonio Carrillo Robles, y el “Movimiento Ahmadía Lahore”, que encargó esta traducción al español de la traducción al inglés de Maulana Muhammad Ali, escritor pakistaní que se unió a la Ahmadía en 1897 y se convirtió en uno de sus líderes principales.

Esta traducción, llevada a cabo por la señora Frances Drake con la revisión de Carmen Hinojosa (quien equivocadamente aparece como traductora en algunos listados) y Sergio Sarmiento, fue publicada en 1986 por Ahmadiah Anjuman Lahore Inc. y Editorial Tierra Firme S.A. de C.V. en México, en edición bilingüe árabe-español. Si bien su historia textual puede considerarse menos viciada que la de la traducción de Carrillo Robles, gracias en parte a que fue cotejada con el original árabe por N. A. Farouqui, sigue siendo una traducción de traducción y un texto poco confiable diseñado para sustentar las doctrinas de esta secta.

Esto es especialmente cierto para la voluminosa introducción del libro, las introducciones escritas para cada uno de los capítulos, y la gran cantidad de comentarios.

Traducción del Dr. Abderrahmán Mohamed Maanán


Sufí español, dedicado a la difusión del tipo de sufismo del Magreb (norte de África), el filólogo Maanán presenta esta traducción publicada en 2002 por la Asociación Cultural Zawiya en Sevilla, España, como una versión del Corán para los “iniciados”1 de habla hispana.

Maanán cae en el mismo literalismo exagerado de los orientalistas no musulmanes, y además, para darle un toque místico, utiliza una buena cantidad de términos árabes no traducidos, a fin de obligar al lector a entenderlos leyendo los comentarios del traductor, comentarios que por supuesto, obedecen a su necesidad de inculcar las doctrinas de su agrupación, y no al entendimiento de los eruditos musulmanes clásicos y contemporáneos.

Una traducción a medias, pues tiene suficientes términos en árabe y frases mal logradas como para alejar del texto al lector. Por ejemplo:

Entre la gente hay quien dice: ‘Estamos abiertos a Allah y al Día Último’, pero no son mûminîn.” 2:8

Alabanzas a Allah, el Señor de los mundos, el Rahmân, el Rahîm.” 1:2-3

Ciertamente, los rectos están en deleite y los perversos en Yahîm.” 82:13

Ese Libro, no hay dudas, en él hay orientación para los muttaqîn, los que están abiertos al Gáib, establecen el Salât y de lo que les proveemos gastan (en los demás).” 2:2-3 [Maanán, 2002]

Los comentarios se hacen uno con el texto traducido, combinándose así una traducción bastante pobre y literalista, con largas disertaciones místicas que presentan cierta belleza poética, pero poca utilidad para quien busca información sencilla y concreta para comenzar a conocer el verdadero Islam.


Traducción de Raúl González Bórnez (Ya'far González)


Traducción y comentarios hechos por un clérigo y teólogo español del Chiismo duodecimano que estudió en Kum, Irán, publicada en edición bilingüe árabe-español en 2006 por Miraguano Ediciones de Madrid, España, con una redición posterior solo en español realizada por Habellyno Ricardo Pérez, miembro de la secta chií zaidí.

Siendo que el Islam no tiene clero, mal podría un clérigo chií tener autoridad para comentar el Corán de forma aceptable para los musulmanes. Sus 3.000 comentarios (ausentes en la edición de Pérez) están basados principalmente en dos obras exegéticas, ambas de autores chiíes iraníes: El Tafsir Nemuneh del ayatola Makarem Shirazi, escrito en persa después de la revolución chií iraní de 1979, y “Al Mizán fi Tafsirul Corán” del gnóstico Muhammad Husain Tabatabai (la misma obra utilizada como fuente primaria por Al-Husainí para su traducción). También recurre a algunos autores del sufismo chií y a jadices de los “imames infalibles” del Chiísmo, como en el comentario a 2:37, donde afirma que el quinto “imam infalible” recibió en una revelación las palabras exactas con que Adán pidió perdón a Dios al salir del Paraíso. Los musulmanes rechazamos la idea de que cualquier persona diferente a los profetas y mensajeros haya recibido jamás revelación divina que aumente, aclare o corrija los libros sagrados en general, y mucho menos el Corán en particular. El Islam enseña que Mujámmad (Dios lo bendiga) fue el último profeta, y como tal, fue el último ser humano que recibió revelación divina, y que la última revelación, el Corán, será mantenida intacta por Dios mismo hasta el final de los tiempos.

Tanto los comentarios de González como su metodología de traducción, corresponden a la visión del Chiismo imamí (rafidí o duodecimano) y no al conocimiento desarrollado por los eruditos musulmanes durante más de 14 siglos, lo que queda claro desde la misma introducción, donde el traductor cita al líder de la revolución chií iraní cuando afirmó:

Nosotros podemos comprender solo algunos aspectos o dimensiones del Corán, la interpretación del resto depende de Ahl al-Isma («los Imames Purificados») que fueron quienes expusieron sin adulteración las enseñanzas del Mensajero de Dios.” [Jomeiní, 1982; citado en: González, 2008]

Esta visión emana de la creencia chií de que los creyentes dependen de las interpretaciones religiosas de unos cuantos “iluminados” que supuestamente han sido enviados por Dios después del Sello de la Profecía, con poderes y rango similares e incluso superiores a los de los profetas. Pérez eliminó en su edición esta cita y la descripción de las fuentes utilizadas por el traductor, lo que se explica porque el zaidismo es la única secta del Chiismo que, aunque tiene la creencia en los imames chiíes como un pilar de su fe, no cree en la infalibilidad de los mismos.

Claro ejemplo de la ideología de esta traducción puede verse en la aleya 2:97, donde la adición “confirmando lo que él mismo tiene en sus manos,” que no aparece en ninguna otra traducción ni es fiel al original árabe, podría utilizarse para tratar de justificar la doctrina chií de que parte del Corán está oculto junto con el duodécimo imam, lo que niega la afirmación categórica de los musulmanes de que el Corán está completo e inalterado, como demuestra la historia textual y oral del mismo, y como dice el propio Corán:

Hoy os he perfeccionado vuestra religión, he completado Mi gracia sobre vosotros y he dispuesto que el Islam sea vuestra religión.” Corán 5:3. [Mouheddine y Sánchez, 2004]

En 2:124, las palabras de Dios a Abraham son traducidas por González así: “En verdad, te pondré como Imam para los hombres”. Si bien la palabra utilizada en árabe es imam, en esta aleya no alude a un título, por lo que todos los demás traductores la traducen como “guía” o “dirigente.” Sin embargo, Gonzáles deja aquí la palabra sin traducir, en árabe, y la pone además con mayúscula inicial (cuando en árabe no existen las mayúsculas) sin distinguirla en cursiva, para justificar la doctrina del Imamato chií, que es ajena al Islam y ha sido rechazada por los eruditos musulmanes en todos los tiempos.

En ninguna parte del Corán ni en la Suna del Profeta se encuentra nada que afirme o sugiera que después de la muerte del Profeta aparecerían los imames infalibles o guías espirituales a los que habría que obedecer igual que a los profetas. De hecho, el solo pretender que algún ser humano ha sido infalible después de la muerte del Profeta Mujámmad (B. y P.) es negar el Sello de la Profecía. Sin embargo, los chiíes creen que sin la existencia de los imames el mundo no podría existir, que el duodécimo imam se encuentra oculto desde hace siglos, y que se comunica con los “ayatolás” o líderes del clero chií, dictándoles resoluciones jurídicas e interpretaciones teológicas. El Islam, contrario al Chiismo, no tiene clero, por lo que el musulmán tiene una relación directa con Dios y no depende de sacerdotes o similares que sirvan de intermediarios entre él y su Creador, como tampoco precisa de seres puros e infalibles que guíen a los sacerdotes en su labor de legisladores, intérpretes y mediadores. Para el Islam, Dios es el único legislador, y Él guía a quien busca la verdad con sinceridad, para que pueda interpretar correctamente los fundamentos de la creencia islámica y ponerlos en práctica.

En 76:1, González adopta una posición humanista, al traducir: “¿Acaso ha existido un momento en el que el ser humano no haya sido una cosa recordada?,” dándole enorme trascendencia a la existencia del ser humano, cuando el original árabe se refiere a todo lo contrario; como traducen Mouheddine y Sánchez: “¿Acaso no transcurrió un largo periodo en que el hombre no existía, y ni siquiera era mencionado?” Y en 2:139, la extraña traducción “nosotros somos puros con Él,” donde otros traducen “somos fieles a Él” o “le adoramos con sinceridad,” tampoco es una simple escogencia poco afortunada de palabras, sino que tiene motivación doctrinal, para justificar que los imames chías sean considerados puros e infalibles, lo que deja clara la manipulación del texto coránico.

Esto quizás es más diciente en la aleya del trono (2:255): Donde las traducciones más confiables ponen “conoce el pasado y el futuro”, González traduce de forma más literalista, aunque inexacta: “lo que hay ante ellos y lo que hay tras ellos”, lo que es entendible cuando se sabe que el Chiismo niega uno de los seis pilares de la fe islámica: El Decreto Divino. En su Tafsir (exégesis del Corán), Ibn Kazir apunta respecto a esta parte de dicha aleya:

Se refiere a Su conocimiento perfecto de toda la creación: su pasado, presente y futuro.” [Abdul-Rahman, 2009]

La creencia en el Cáder (destino dictado por Dios o Decreto Divino) es el sexto pilar de la fe islámica. En el Chiismo no existe esta creencia, y ha sido remplazada por la creencia en el Imamato (la sucesión de la profecía a través de imames infalibles iguales o superiores a los profetas) como pilar de la fe chía.

También es entendible que, perteneciendo a una secta, González no traduzca “no eres responsable de quienes dividieron su religión y formaron sectas” en 6:159, que es la traducción más generalizada. González pretende cambiar el sentido de esta aleya traduciendo “tú no tienes nada que ver con quienes se escindieron en su creencia y se dividieron en partidos diferentes.”

Tampoco es de extrañar que en 10:3 traduzca “luego se situó sobre Su trono, dirigiendo el asunto.” Las demás traducciones dejan muy claro que Dios ha asumido el control absoluto de todas las cosas: “…luego se estableció sobre el Trono. Él es Quien decide todos los asuntos” [Mouheddine y Sánchez, 2004], “…se instaló en el Trono y asumió la regencia de la creación” [Mulla, 2004]. Pero González deja aquí una ambigüedad que abre la puerta a la doctrina chií de que el duodécimo imam está oculto en una cueva, desde donde controla el universo, lo que es considerado por los musulmanes como idolatría, pues significaría que dicho imam es socio de Dios en la regencia del mundo. El Corán es claro al afirmar que Dios no tiene socios ni copartícipes.

También es doctrinal la traducción de 9:18. Al hablar del zaká (azaque), González traduce impuesto religioso, puesto que en el Chiismo se exige el pago de un impuesto similar al diezmo cristiano, con el que se enriquecen sus clérigos. Al no haber clero en el Islam, dicho impuesto es inexistente. El azaque en realidad es una caridad (o más bien, un acto solidario) que se hace anualmente y que implica entregar el 2.5% de las ganancias libres (después de pagar todas las obligaciones). El azaque está destinado a inversión social y su pago es obligatorio solo para los pudientes (los pobres no lo pagan sino que lo reciben).

Quizás donde queda más clara la desviación doctrinal de esta traducción, es en la traducción de la aleya 24 de la sura 4 (las mujeres). González Bórnez traduce: “Y si os casáis temporalmente con ellas, dadles su dote obligatoriamente”, y en el comentario a dicho versículo, cita el tafsir Nemuneh, que afirma que de aquí se deduce que la práctica del matrimonio temporal chií (mutá) es lícito siempre que se pague una dote a la mujer. Según el Chiismo, es lícito y está bien visto por Dios que un hombre alquile a una mujer desde media hora hasta varios años, a condición de que haya un pago (no necesariamente monetario, puede ser en especie) y se establezca en el contrato matrimonial la duración del matrimonio (no se requieren más testigos que Dios y Su profeta). Durante la duración del matrimonio, la mujer tiene apenas los mismos derechos de una esclava, y en cuanto se vence el contrato, el matrimonio queda automáticamente disuelto, sin necesidad de divorcio. Si la mujer queda embarazada, el hijo pertenece al hombre. Esta práctica está condenada en el Islam, que considera la mutá como una forma de abuso y explotación contra la mujer, y una puerta hacia la prostitución. En traducciones más fiables del Corán al español se ve que aquí Dios habla de que el hombre debe pagar a la mujer una dote como parte del contrato matrimonial, en ningún momento se refiere a un supuesto “matrimonio temporal”, sino a un regalo que el hombre hace a su esposa y que no entra a formar parte del patrimonio matrimonial, por lo que él no puede reclamarlo en caso de divorcio.

González agrega a su traducción, una introducción en la que aprovecha para añadir algunas líneas que denigran la historia del Islam tradicional (Sunismo).

Este texto, de manera similar a las traducciones de los orientalistas, es demasiado literalista y un tanto manipulado. Incluso obviando los comentarios y los pasajes acomodados a los intereses del Chiismo, en general no aporta nada nuevo, y en cuanto a su calidad, se sitúa por debajo de traducciones de orientalistas occidentales no musulmanes como Julio Cortés.

Traducción de Ali Laraki, Juan Pedro Andújar y F. Mehmet Siginir


Seguidor de la secta de Fethullah Gülen, el turco Ali Ünal hizo una traducción sufí modernista del Corán al inglés, con 1.630 notas y prólogo del propio Gülen, que fue traducida por un equipo de dicha secta al español. Esta última, publicada por Editorial La Fuente en 2009, en Nueva Jersey, Estados Unidos, tiene los mismos problemas de todas aquellas que son traducción de traducción (árabe-inglés-español), con el agravante de que el primer traductor al inglés, Ali Ünal, hizo una traducción interpretativa, y sus interpretaciones se basaron en fuentes tanto sunís como chiíes, mezcla que desde su inicio tergiversó cualquier intento de realizar una traducción fiable del texto coránico.

Además, la interpretación de Ali Ünal tiene como fuente primaria a Said Nursi, sufí turco que reclamaba ser descendiente del Profeta Mujámmad (B. y P.) y que aseguraba ser capaz de realizar predicciones proféticas que supuestamente se fueron cumpliendo mientras estaba con vida, según creen sus seguidores. El Islam, por el contrario, enseña que solo los profetas tenían esta capacidad, por lo que ningún ser humano después de Mujámmad (B. y P.), el último de los profetas, la ha tenido ni la tendrá.

En su traducción-interpretación, Ünal pone de manifiesto el afán de su grupo de dar a los no musulmanes explicaciones sobre el Islam, recurriendo muchas veces a mezclar el Islam mismo con filosofías y metodologías humanas. Esto redunda en un sincretismo religioso-filosófico ajeno al Islam y a sus principios fundamentales de monoteísmo puro.

La traducción del inglés al español por parte de Laraki, Andújar y Siginir, es un esfuerzo del movimiento de Güllen por difundir sus doctrinas particulares entre los musulmanes de habla hispana. La propia editorial que publica el libro es propiedad del movimiento de Güllen, y se dedica principalmente a publicar libros de él y de Nursi, y libros para iniciar a los niños en su versión modernista del sufismo, surgida en Turquía a comienzos del siglo XX.

Los vericuetos poéticos de los comentarios, la familiaridad de los preceptos de algunas filosofías occidentales mezcladas en la interpretación del texto coránico, y la sutileza con que algunas interpretaciones más allá del sentido del texto árabe original son incorporadas entre paréntesis dentro del propio texto traducido, hacen que esta traducción sea más una fuente de confusión y desvío que de información veraz.




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