Buscando el verdadero mensaje del islam en las traducciones al español del sagrado coráN



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UNA TRADUCCIÓN NO ES SUFICIENTE


Es imposible traducir la poesía.

¿Acaso se puede traducir la música?”

Voltaire.


Traducir el Corán en todas sus dimensiones es completamente imposible. Las mejores traducciones se acercan mucho al verdadero espíritu y mensaje del texto coránico; aun así, toda traducción estará limitada por el estilo, metodología y elecciones que el traductor debe hacer a lo largo de su empresa. En la introducción de su propia traducción, Ahmed Abboud escribió sobre este tema:

A pesar del esfuerzo enorme que nos representó la tarea de traducir una obra de esta naturaleza, siempre quedará algo por perfeccionar. Debemos reconocer que, al despojar la idea coránica de su poética envoltura, para darle acceso a las mentes no familiarizadas con la lengua arábiga, no hemos logrado más que un pálido reflejo de su verdadera grandeza.” [Abboud y Castellanos, 1979]

Por ello, cuando se quiere tener un mejor entendimiento de los significados del Corán, es preciso no limitarse a un único texto, sino leer las mejores traducciones y buscar comentarios o exégesis ampliamente reconocidos. Recurrir a eruditos musulmanes que estudien el Corán original en árabe, es también muy recomendable para disipar dudas y aclarar conceptos.

La persona interesada sinceramente en conocer el Islam, y quien ha decidido hacerse musulmán, de seguro desean conocer el Corán lo mejor posible y entenderlo de la manera correcta. Por ello, es comprensible que estas personas pregunten en Internet, en las mezquitas o a sus amigos, cuál es la mejor traducción del Sagrado Corán, y al hacerlo no se refieren a cuál es la traducción más famosa o académicamente más apreciada, sino la que transmite con mayor claridad y fidelidad el mensaje del Corán original. Espero que este libro responda a esa pregunta.

A continuación, haré una breve presentación de las traducciones del Corán al español con que contamos en la actualidad. He agrupado las diferentes traducciones según su nivel de calidad y de efectividad en la transmisión del verdadero mensaje del Corán, y las he dispuesto en orden inverso: de las menos adecuadas a las que mejor se acercan al texto coránico original.

Doy gracias al Clemente por haberme facilitado el tener en mis manos todas estas traducciones para la realización de este libro, y las grandes bendiciones que me han acompañado al hacer esta revisión histórica. Le pido a Él, alabado sea, que este libro sirva para guiar a los buscadores sinceros de la verdad. Amén.


REVISIÓN DE LAS TRADUCCIONES DE LOS SIGNIFICADOS DEL SAGRADO CORÁN AL IDIOMA ESPAÑOL

TRADUCCIONES QUE FALSEAN EL CORÁN PARA DESACREDITAR AL ISLAM


Pedro el Venerable, abad del monasterio benedictino de Cluny en Francia, convocó en el siglo XII a un equipo de traductores para hacer una versión en latín del Corán y escribir un cuerpo de textos sobre el Islam, con el único objetivo de refutarlo, desacreditarlo y alejar a los cristianos de la tentación de conocer el mensaje del Profeta Mujámmad (que la paz y las bendiciones de Dios sean con él). Su estrategia para lograrlo quedó registrada por Roberto de Ketton, en la introducción de dicha traducción al latín del Corán, así:

La Ley [la doctrina cristiana de la Iglesia], por tanto, exige que me preocupe de que la fortaleza de los enemigos [por el Corán] sea destruida; mejor dicho, que me preocupe de aniquilarlos [en sus posiciones ideológicas].” [Martínez Gázquez, Observaciones a la traducción latina del Corán (Qur’an) de Robert de Ketene, 2001; citado en Roser Nebot, 2009]

Desde entonces, se han hecho diversos esfuerzos por satanizar a los musulmanes haciendo traducciones que, además de acomodadas y embaucadoras, suelen acompañarse de comentarios venenosos que procuran despertar el rechazo contra la comunidad musulmana. El idioma español no ha sido ajeno a esto, al contrario, ha sido una de las grandes fuentes de la islamofobia. Los títulos de algunas de estas traducciones reflejan claramente la visión con que fueron realizadas, como por ejemplo: Alchoranus infelicium Sarracenorum (“El Corán de los infelices sarracenos”, Marcos de Toledo, 1184) y Alcorán en letra de cristianos (Anónimo, 1606).

Los resultados de estos esfuerzos no siempre han sido los esperados. Ya desde el primer intento, la Iglesia de Roma sospechaba que el Corán, incluso desfigurado en estas traducciones, podía llegar a cautivar los corazones occidentales. Esta fue la razón de que la traducción del Corán al latín que terminó Roberto de Ketton en 1143, titulada Lex Mahumet pseudoprophete (“La ley del falso profeta Mahoma”), no fuera publicada hasta 1543: la Iglesia temía que pudiera animar a los cristianos a conocer el Islam.

Todavía en la actualidad, muchas personas han llegado a “convertirse”1 a la fe islámica tras leer alguna de estas traducciones amañadas. Sin embargo, la traducción de Ketton tuvo éxito en alimentar y mantener prejuicios en relación al Islam y los musulmanes, y hasta hoy continúan los esfuerzos por refrenar el avance del Islam en el mundo difundiendo este tipo de textos amañados.

En 1698 apareció la traducción del sacerdote italiano Ludovico Marracci, quien según sus propias palabras, pretendía “degollar a Goliat con su propia espada”, es decir, destruir al Islam con el Corán mismo traducido a su acomodo. Se trata de una obra en dos tomos, el primero (Prodromus) dedicado enteramente a falsear la historia y el mensaje del Islam y de su Profeta. El segundo (Refutatio Alcorani) es una traducción del texto del Corán al latín hecha específicamente con la intención de refutar el libro sagrado de los musulmanes.

Las traducciones de Ketton y Marracci se convirtieron en las más conocidas y citadas por los orientalistas en sus tratados sobre el Islam. Obras de todo calibre se escribieron con base en estas traducciones para “demostrar” la “superioridad” del Cristianismo y la “estupidez” de los musulmanes. Entre estas obras, destacan en idioma español Confusión de la secta mahomética y del Alcorán de Juan Andrés de Játiva (1515, reditada en 2003 por Editorial Regional de Extremadura) y la polémica anti islámica Sermones del obispo Martín García (1517).

Entre los siglos XVI y XIX solo se llevó a cabo una única traducción del Corán al español, que no se conserva, conocida como Traducción del Korán para uso de misioneros, de 1672, y que no se realizó a partir del árabe sino de la traducción al francés de André du Ryer, de 1647. No se realizó ninguna traducción del Corán directa del árabe al español hasta la de Rinaldi, a finales del siglo XIX.

La traducción del Corán al inglés más utilizada en los siglos XVIII y XIX (y que hoy día se sigue reimprimiendo) fue la de George Sale, quien publicó en 1734 su traducción del latín al inglés de la obra de Marracci, difundiendo así los prejuicios contra el Islam entre los angloparlantes de todo el mundo.

La traducción islamófoba moderna más conocida y difundida del Corán es la traducción del texto en latín de Marracci al francés, hecha por el orientalista polaco judío Alberto Kasimirski de Biberstein en 1832, y que fue parte de su trabajo como intérprete de la Legión Francesa en Persia. La publicó Charpentier, Libraire-Éditeur de París, Francia, en 1840, y fue reditada por Editions Garnier Flammarion en 1970 y por Jean de Bonnot en 1997. Este texto ha sido la fuente de la mayoría de las traducciones islamófobas al español, hechas por traductores que desconocían la lengua árabe y que, por tanto, jamás leyeron el Corán original.

Ejemplo claro de ello es el libro titulado “Alcorán traducido fielmente al español, anotado y refutado según el dogma, la doctrina santa y la moral perfecta de la Santa Religión Católica Apostólica Romana, única verdadera”, traducción del francés al español del texto de Kasimirski realizada en 1875 por Benigno de Murguiondo y Ugartondo, acompañada por la traducción del latín al español de las refutaciones incluidas en la obra de Marracci. Otra traducción de tercer nivel (árabe-latín-francés-español) que heredó la visión islamófoba de Kasimirski es la de José Gerber de Robles (Alcorán), publicada por Librería de Cuesta en Madrid, en 1844.

Igualmente islamófoba fue la traducción hecha al francés por Claude Étienne Savary en 1783. Las traducciones del francés al español hechas a partir de la de Savary, como la del cubano Alfonso Hernández Catá (El Korán), publicada por Garnier Hermanos en París, Francia, en 1913, entran en este mismo grupo.

Todas las traducciones modernas del Corán al español que expongo a continuación, toman como base la versión francesa de Kasimirski o la de Savary, y están movidas por el mismo espíritu de estas, algunas acompañadas igualmente por las supuestas refutaciones de Marracci. Estas son las favoritas de los islamófobos actuales, por razones obvias.

Traducción de Juan Bautista Bergua


Publicada por Librería-Editorial Bergua en 1931 en Málaga, España. De un positivismo extremo, está marcada por las opiniones que el traductor expresa en su introducción, donde afirma que el Corán es obra de Mujámmad (B. y P.) y no una revelación divina. Lo que se puede esperar de esta traducción, se refleja en otra obra del mismo autor, “Historia de las religiones” en cuatro volúmenes, que es un resumen estructuralista y eurocentrista que muestra a todas las creencias religiosas de la historia de la humanidad como una evolución lineal de la insensatez humana hasta el culmen máximo de la mitología absurda y risible, que según el autor, es el Cristianismo.

Ya en la introducción, Bergua se muestra ofensivo al llamar al Islam en ocasiones “islamismo” y en ocasiones “mahometismo,” término utilizado en el medioevo por los cristianos que, desconociendo por completo el Islam, creían que los musulmanes adoraban a “Mahoma” (Mujámmad) como ellos adoran al Cristo.

Luego, y haciendo alarde de su desconocimiento del Islam y de la vida de Mujámmad (B. y P.), califica al Corán de aburrido por repetitivo, especialmente por dedicarse demasiado a alabar a Dios. Y de ahí en adelante, el autor no hace más que esforzarse en convencer al lector de que el Corán es un libro que apenas si vale la pena conocer, haciendo parecer que ha sido casi un suplicio su traducción pues, para él, nada hay más ridículo que creer en Dios y en lo sobrenatural.

El Corán fue un libro ciertamente extraordinario. Pero hoy, todo cuanto entonces inspiraba sin duda terror [...] mueve a risa; [...] Mahoma no era un hombre ordinario, pero como carecía de fantasía tuvo que limitarse a construir su religión mediante materiales empleados ya en otras.” [Bergua, 1975]

Curiosamente, más adelante se contradice, pues tras acusar a Mujámmad (B. y P.) de ser un plagiario sin imaginación, afirma que “el Paraíso de Mahoma, ¡este sí que fue enteramente suyo! Suyo y bien imaginado y compuesto...” ¿Entonces, era él un hombre sin imaginación, pero capaz de imaginar maravillosamente un Paraíso único y original? Luego, Bergua se descarga contra el Antiguo Testamento, asegurando que el Dios del que hablaban los profetas judíos, siendo el mismo Dios del Corán, es “además de tonto, de una vanidad incomprensible y ridícula.”

Bergua cita en su obra a MacDonald, un presbiteriano estadounidense estudioso de “Las mil y una noches”, llamándolo “autoridad indiscutible” en el Islam. Sin embargo, Bergua asegura que Mujámmad (B. y P.) “seguramente” sufría de epilepsia, acusación sin bases a la que solo se aferran los más enconados islamófobos, y que incluso MacDonald, a pesar de sus esfuerzos por desacreditar a Mujámmad como profeta, rechazaba tajantemente:

No es posible imaginar —en el caso de largos períodos tratando con la ley de herencia o con los usos del matrimonio, con los pleitos de sus seguidores, o enfatizando la posición y dignidad del profeta mismo— no puedes imaginar cómo todas estas cosas le surgieron desde su subconsciente, que él no sabía bien lo que estaba diciendo y que no tenía sus propios objetivos diferenciados en la forma en que se expresaba.” [MacDonald, 1911]

Y en verdad, no se puede pensar que un epiléptico, justo durante sus ataques de epilepsia, pudiera legislar, en el más elevado árabe que jamás ha existido y con la belleza única del Corán, los amplios derechos que el Islam da a la mujer, adelantándose 1.400 años a las luchas de las feministas de la sociedad occidental, así como muchos otros temas: economía, política, comercio, etc.

Bergua incluye 103 páginas de “consideraciones preliminares” en las que exhibe un odio hacia el Islam que solo es comparable con su desprecio por todas las demás religiones. Su discurso resulta a tal punto absurdo, contradictorio y sin sustento histórico ni filosófico, que en ocasiones pareciera no haber hecho traducción alguna del Corán y no haber leído jamás su texto.

Interesante resulta también que Bergua afirma varias veces que todo lo que dice es solo en honor a la “verdad” y en fidelidad a su principio de rechazar todo lo que le resulte irracional. En efecto, en un punto compara la creencia en Dios con la creencia en la “supuesta cuarta dimensión”, cuya existencia defienden los matemáticos. Es decir, para Bergua no existe nada en el universo a menos que él personalmente lo conozca o le dé su sello de validez, aunque muchos sabios y eruditos estén de acuerdo en su existencia. De seguro, Bergua habría destilado odio por litros hacia las 11 dimensiones que propone la Teoría M, pero murió cuatro años de su postulación.

Cualquier persona que esté buscando un camino espiritual a seguir, debe tener en cuenta antes de abrir esta traducción, que fue hecha por un hombre que comenta así el capítulo 68 del Corán:

¿Vale más mirar siempre hacia lo bajo y apegarse a los bienes de la Tierra o mirar hacia arriba en busca de otros mejores? Unos, los ilusos del más allá, se inclinarán tal vez por lo último, otros escogerán lo primero, por aquello de ‘más vale pájaro en mano que ciento volando’.”

Semejante declaración, en definitiva, no proviene de un hombre cuya espiritualidad y búsqueda profunda del mensaje divino lo hubiera llevado a estudiar y traducir el Corán. Esto, y el hecho de que tradujo el texto al español a partir de una traducción del latín al francés, invalidan por completo su trabajo.

Traducción de J.C.P.R.


Publicada por Fapa Ediciones de Barcelona, España, dentro de su Colección Ave Fénix en 2001, y reditada por Galaxia del Libro en 2002 y por Grupo Editorial Tomo en México en 2007, se disputa con la de Bergua el título a la peor traducción, tanto por el desconocimiento absoluto del Islam y sus conceptos, como por la mala intención del traductor que, de forma deliberada y grosera, trastoca y traiciona el mensaje del Corán en una traducción que es francamente ofensiva para los musulmanes.

Para comenzar, la edición de 2007 aparece con una supuesta imagen de Mujámmad (B. y P.) en la solapa de la portada, lo que ya es una ofensa contra la comunidad musulmana.1

A lo largo del libro, el traductor llama a los musulmanes “mahometanos.” El uso de los términos “Mahoma,” “mahometano” y “mahometismo” ha sido tradicionalmente utilizado por los islamófobos para insultar a los musulmanes, denigrar la fe del Islam, y confundir a los no musulmanes con conceptos errados respecto a la religión islámica.

El nombre del traductor permanece velado. De hecho, en las versiones digitales ni siquiera aparece la sigla J.C.P.R. Sin embargo, he logrado determinar que esta versión está basada en la traducción de Vicente Ortiz de la Puebla, que expongo más adelante.

Además de desconocer el árabe, el traductor muestra un dominio deficiente del español, pues el texto presenta términos tan mal escogidos, que parecen fuera de contexto. Por ejemplo, en 12:421 usa “magnates” donde otros traductores utilizan “cortesanos” o “dignatarios”. También deja palabras árabes sin traducir, que oscurecen aún más el texto, como por ejemplo en 9:118: “Dios volvió al profeta y a los mohadjeres y a los ansares que le habían seguido en la hora de la aflicción.” Para quien desconoce el Islam y su historia, la anterior frase no tiene mucho significado. O en 39:71: “Los infieles serán empujados en tropas hacia la gehena.”

En ocasiones, el intento de cambiar el sentido de una aleya (versículo) es sutil, como en 26:3, donde aparece: “Tú te consumes de aflicción porque no quieren creer,” mientras que Isa García traduce con más exactitud: “¿Es que vas a consumirte [de tanto pesar] porque [tu gente] se niega a creer?

Pero en otras ocasiones, la mala intención es muy evidente, como en 7:58 (7:56 en esta traducción), donde aparece:

En un país bueno, las plantas germinan abundantemente con el permiso de Dios; en el malo, vienen muy escasas.”

Podría utilizarse este texto como pretexto para afirmar que los países pobres han sido castigados por Dios mientras que las potencias industrializadas son países buenos y bendecidos. Pero el verdadero sentido de esta aleya se comprende en mejores traducciones, como la del Dr. Bahiye Mulla:

(Es obvio que) la tierra noble da sus frutos con el beneplácito de su Señor, mientras que la incultivable no da más que mala hierba. Así es como exponemos los argumentos para los agradecidos.” [Mulla, 2004]

Esta traducción contiene la peor versión (y la peor intencionada) de la sura 108, que aparece así:

Te hemos dado el Kauther. Dirige tu plegaria al Señor e inmólale víctimas. El que te odie perecerá sin dejar huella de sí.” [J.C.P.R., 2007]

Se podría pensar aquí que el Corán incita a la violencia contra los enemigos de los musulmanes, pidiendo que sean sacrificados a Dios, eliminados al punto de borrar su recuerdo. Pero a lo que se refiere el texto original en árabe es a la forma como se sacrifica un camello para consumir su carne. De manera más general, se refiere a que los musulmanes no debemos matar animales sino solo cuando son sacrificados de manera correcta, en el nombre de Dios, para que sirvan de alimento, por lo que la caza deportiva está prohibida. Debemos agradecer a Dios y hacer estos sacrificios en Su nombre, porque es Él quien otorga la abundancia (el verdadero éxito, en esta vida y en la última) a quien Lo adora, y se la niega a quien persigue a Sus fieles. Los musulmanes solo podemos comer carne sacrificada de este modo, en el nombre del Creador. Por supuesto, contamos con traducciones más claras al respecto, por ejemplo:

[¡Oh, Mujámmad!] te he agraciado con la abundancia. Reza a tu Señor y sacrifica [los animales en Su nombre]. Porque a quien te desdeñe y odie le privaré de todo bien.” [García, 2014]

Cuando la mala intención no se evidencia en la traducción del propio texto coránico, las notas al pie se convierten en fuente de confusión y desinformación. Por ejemplo, en 2:61 (2:58 en esta traducción), cuando el pueblo hebreo se quejó ante Moisés por la falta de diversidad en la comida, él les contestó: “¿Queréis cambiar lo bueno por lo malo? Pues bien, volved a Egipto y allí hallaréis lo que pedís.” El traductor agrega una nota al pie (traducida del latín de la versión de Marracci) donde se afirma: “Este pasaje […] es uno de tantos anacronismos que se advierten en el Corán y que prueban la gran ignorancia del profeta árabe.” Además de demostrar la completa ignorancia de Marracci y del traductor sobre la ciencia de la exégesis del Corán y sobre el contexto en que fue revelada esta aleya, ambos exhiben aquí su animadversión hacia el Islam y su profeta, cuya biografía desconocen también. Todo aquel que estudia el Corán con sinceridad y objetividad, sea o no musulmán, admite que no hay contradicciones ni anacronismos en este libro sagrado. Esta aleya no afirma que Moisés haya ordenado a su pueblo regresar a Egipto y que, en efecto, los hebreos lo hayan hecho así. Aquí, Moisés reprende a su pueblo, preguntándoles que si acaso prefieren la esclavitud que padecían en Egipto, y que si es así, regresen allí, en lugar de quejarse de su vida en libertad. Esta nota al pie, sin embargo, se escribió con la intención de hacerle creer al lector que esta aleya contradice la historia, de insultar al Profeta y de negar la naturaleza divina del Corán, asegurando que se trata de un libro escrito por un árabe ignorante. La traducción de Isa García, en cambio, expone mejor el sentido de esta aleya:

[Moisés les] Dijo: ‘¿Es que quieren cambiar lo superior por algo inferior? Vuelvan entonces a [la esclavitud que sufrían en] Egipto, que allí tendrán lo que piden’.” [García, 2014]

Los editores incluyen un breve prólogo que no aporta nada al conocimiento del Islam y del Corán, y la edición también deja mucho que desear, pues presenta numerosas erratas de imprenta.

El esfuerzo de los islamófobos en difundir esta traducción pésima, ofensiva y claramente contraria al Islam, se evidencia en la gran cantidad de sitios web donde se puede descargar en formato PDF o consultar en línea.


Traducción de Vicente Ortiz de la Puebla


El historiador y traductor Francisco Nacente y Soler realizó esta traducción bajo el seudónimo Vicente Ortiz de la Puebla. Publicada en Barcelona en 1872 por Juan Aleu B. y reditada en edición rústica, en facsímil, en 2005 por la editorial Maxtor en Valladolid, esta es una muestra de la ignorancia y petulancia con la que los primeros orientalistas que tradujeron el Corán al español veían al Islam y al Profeta Mujámmad (B. y P.)

Con una introducción llena de información sin sustento, falsamente presentada como académica, ha sido además titulada de forma tal, que la sola portada hace que el lector medianamente entendido rechace su contenido: El Corán o Biblia Mahometana.

La edición, decorada con ilustraciones (muy al estilo cristiano, lo que va en contra del rechazo islámico a las imágenes), asegura estar “anotada y comentada según los más distinguidos comentadores del Corán”, afirmación no solo pretenciosa sino falaz. En la introducción aparecen aseveraciones que pretenden constreñir el mensaje universal del Corán:

La moral del Corán proclama todos los preceptos morales de otros pueblos, mas no se extiende como el cristianismo en términos tan generales que atañan a todo el linaje humano.” [Ortiz de la Puebla, 2005]

Pero esta afirmación va en contra de los propios textos sagrados, pues éstos afirman que el mensaje de Jesús fue solo para las ovejas perdidas de Israel (Mateo 10:5-6 y 15:22-28, y Marcos 7:25-30), mientras el de Mujámmad fue para toda la humanidad (Corán 49:13, 2:21, 2:2).

También encontramos en la introducción ofensas directas al Islam, como llamarlo “una religión vulgar.” Y no faltan las mentiras históricas, como la mil veces desmentida afirmación de que el Islam se difundió “con la fuerza de las armas, y obligando a los vencidos a creer o morir”.

De Lacy O’Leary, clérigo cristiano e historiador británico, Doctor en Divinidad, arabista y autor de varios libros sobre la influencia islámica en la historia, es tajante en contra de esta afirmación al decir:

La historia deja en claro que la leyenda de musulmanes fanáticos arrasando el mundo y forzando al Islam a punta de espada a las razas conquistadas, es uno de los mitos más fantásticos y absurdos que los historiadores hayan repetido jamás.” [O’Leary, 1923]

Otro personaje del Cristianismo que desmiente la afirmación de que el Islam se difundió por la espada es Hans Küng, sacerdote católico y teólogo suizo, considerado por el exarzobispo de Canterbury, Lord George Carey, como “nuestro teólogo vivo más grande.” Küng afirma:

¿Villas enteras, ciudades, regiones y provincias fueron forzadas a convertirse al Islam? La historiografía musulmana no sabe nada de esto, y no habría tenido razón alguna para mantener silencio al respecto. La investigación histórica occidental, tampoco ha sido comprensiblemente capaz de arrojar luz alguna al respecto. En realidad, todo sucedió de forma muy distinta…” [Küng, 2011]

La ausencia de ejércitos musulmanes que hubieran podido forzar la aceptación del Islam en Indonesia (el país con la mayor población musulmana de todo el mundo) y en Malasia, es una prueba indiscutible de que el Islam no se ha difundido por la fuerza de la espada, así como el hecho que hoy día es la religión de mayor crecimiento en el mundo sin que haya un solo ejército musulmán obligando a los europeos, estadounidenses y latinoamericanos a cambiar de religión.

Esta traducción no está hecha a partir del texto coránico árabe, sino de varias traducciones a lenguas europeas, tomando como base principal la traducción del latín al francés de Kasimirski.

El desconocimiento del árabe, la escogencia de una traducción u otra para acomodar el texto final en español a sus intereses, y el deseo de desacreditar al Islam, se reflejan no solo en el título y en lo amañado de la traducción, sino en la supuesta “Biografía de Mahoma” agregada al final del libro para reforzar una serie de desinformaciones, malos entendidos, prejuicios y mentiras respecto a la historia del Islam y a la vida de su Profeta (B. y P.)

Todos los comentarios son los mismos que acompañan la traducción de J.C.P.R. (que es una revisión de esta), provenientes de la traducción al latín de Marracci. Lo único que hace a esta traducción diferente de las anteriormente descritas, es que el traductor demuestra un manejo ligeramente mejor del idioma español, si bien se trata de un español antiguo que hoy nos resulta distante y ajeno.


Traducción de Joaquín García Bravo


Esta traducción publicada en 1907 en Barcelona por Imprenta Luis Tasso y disponible hoy en varias ediciones, entre ellas la de Editorial Época de México, es menos descarada que las demás en su islamofobia, pero no deja por ello de ser un texto realizado con miras a desacreditar el Islam y difundir prejuicios contra los musulmanes. Es una traducción al español del texto francés de Savary.

El traductor, a través de sus comentarios, insiste en tratar de convencer al lector de que Mujámmad (B. y P.) es el autor del Corán, o más bien, el único coautor conocido. García Bravo afirma más de una vez que Mujámmad (B. y P.) tuvo un maestro desconocido y al menos otro cuya identidad se sospecha era la de un griego o un árabe, o por lo menos un persa, y que fueron ellos los principales autores del texto coránico, siendo el Profeta (B. y P.) más que todo un compilador del mismo.

Con esta afirmación tan falaz como insostenible, no solo pretende negar el origen divino del Corán, sino alejar a todo buscador de verdades espirituales del único texto sagrado que ha permanecido intacto desde el momento de su revelación.

Baste decir que el Profeta (B. y P.) era un hombre rico y reconocido en su comunidad, respetado y querido, con un negocio floreciente, una gran reputación y una esposa acaudalada. Todo su pueblo lo conocía por su honestidad y rectitud, y lo llamaban “el Confiable”. No es admisible pensar que después de cumplir los 40 años de edad, decidió simplemente hacerse a sí mismo y a su familia la vida imposible, “inventándose” una religión que lo hizo perder su dinero, su trabajo, su reputación. En su época, las tribus árabes se hacían la guerra entre ellas por las cosas más pequeñas y ridículas, y él estaba desafiando sus creencias, ofendiendo así a sus ancestros y negando sus dioses, los ídolos que estaban bien establecidos en Arabia, dándole motivos a los miembros de las diversas tribus para odiarlo y querer matarlo y hacerle la guerra a sus seguidores, ¿y todo para qué? Diez años después, humillado y desacreditado, solo contaba con un centenar de musulmanes que eran perseguidos y atacados.

Para entonces, cualquier falso profeta ya se habría dado por vencido, y habría intentado diversas opciones para ganar más adeptos y hacer las paces con sus numerosos enemigos. Él, en cambio, se mantuvo firme en su mensaje y su misión. Los dirigentes de su nación le habían ofrecido convertirlo en rey, y darle poder y riquezas sin precedentes en la historia de su pueblo, a cambio de que renunciara a transmitir el mensaje del Islam; pero él rechazó los bienes terrenales. Incluso años después, cuando se convirtió en el dirigente del primer estado árabe de la historia, siguió viviendo con austeridad y estrechez.

¿Son estas las características de alguien que hubiera engañado a su gente para hacerles creer que tenía un mensaje proveniente de Dios, entregándoles un libro inventado por unos supuestos personajes de los que la historia jamás ha podido dar cuenta? ¿Y cómo pudo él, solo o con ayuda, escribir un libro que contiene un sistema social, jurídico y económico tan completo, que sirvió para construir en menos de un siglo la mayor civilización de su tiempo y la más influyente hasta nuestros días, a partir de ceros? Sobre todo, teniendo en cuenta que el Profeta (B. y P.) era iletrado, es decir, no sabía leer ni escribir.

Aquellos que gustan de alimentar la falsa imagen del Islam como religión “opresora de la mujer,” son felices citando la traducción que hace García Bravo del versículo 4:34 (4:38 en esta traducción):

Los hombres son superiores a las mujeres, a causa de las cualidades por medio de las cuales Alá ha elevado a éstos por encima de aquéllas, y porque los hombres emplean sus bienes en dotar a las mujeres. Las mujeres virtuosas son obedientes y sumisas: conservan cuidadosamente, durante la ausencia de sus maridos, lo que Alá ha ordenado que se conserve intacto. Reprenderéis a aquellas cuya desobediencia temáis; las relegaréis en lechos aparte, las azotaréis; pero, tan pronto como ellas os obedezcan, no les busquéis camorra. Dios es elevado y grande.”

Comparemos este texto con la traducción hecha por el Lic. M. Isa García:

Los hombres son responsables del cuidado de las mujeres debido a las diferencias [físicas] que Dios ha puesto entre ellos, y por su obligación de mantenerlas con sus bienes materiales. Las mujeres piadosas e íntegras obedecen a Dios y en ausencia de su marido se mantienen fieles, tal como Dios manda. A aquellas de quienes teman maltrato y animadversión, exhórtenlas, tomen distancia no compartiendo el lecho, y por último pongan un límite físico; si les obedecen [en lo que Dios ordena], no les reclamen ni recriminen más. Dios es Sublime, Grande.”

Dios no afirma que el hombre sea superior a la mujer, lo que realmente dice es que el hombre tiene la responsabilidad de velar por la mujer, proveer para ella, brindarle amor, vestido, techo, alimentación, y la mujer debe acatar las decisiones del hombre, teniendo en cuenta dos normas islámicas fundamentales:


  1. La obediencia de la mujer a las normas del esposo en el hogar, así como de cualquier musulmán hacia sus padres o hacia sus gobernantes, está ligada a la obediencia de éstos al Islam, es decir, ningún musulmán hombre o mujer puede obedecer una orden que esté en contra del Islam, que le implique cometer un acto prohibido, o que le obligue a abandonar alguna de las obligaciones que Dios ha establecido para Sus siervos.

  2. Ningún líder, sea jefe de hogar, de empresa o de gobierno, puede gobernar solo, debe primero apegarse a la ley Islámica, y segundo debe consultar a su comunidad, que en el caso del matrimonio es la esposa, antes de tomar una decisión.

La mujer, pues, no está sometida al hombre, ni el hombre a la mujer, sino que ambos se someten voluntariamente a Dios. Es en este contexto que debe entenderse la aleya citada.

Igualmente, la traducción del verbo “dáraba” por “azotar” (como aparece también en las traducciones de J.C.P.R. y Vicente Ortiz) es infame y totalmente ajena al Islam, que tiene un respeto profundo por la mujer. Sobre una traducción más certera de este verbo, que tiene una enorme cantidad de significados, hay una disertación muy completa en el artículo “Sobre la ilicitud de golpear a la esposa” [Aya, 2010].

Este es un ejemplo claro de las distorsiones del mensaje islámico en esta traducción, que solo busca crear y mantener imaginarios errados acerca del Islam y los musulmanes.




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