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CAPITULO VIII

Mi prisión tiene un nombre, Libertad

A los cuatro días de la nota anterior salí a la Ciudad de México a pasar unas cortas vacaciones con mis amigos capitalinos (chilangos). La noche del 21 de Junio la pasé en los bares… fui al “Taller”, un sitio que inauguraron hace poco y que es uno de los mejores lugares de la Capital, aunque no dudo que con el tiempo llegue a decaer y hasta a desaparecer.


Ahí conocí a un chico, blanco de barba y bigote. Me di cuenta de la atracción física que había entre nosotros, su trato era muy amable y sus atenciones para conmigo eran suficientes como para etiquetarlo como caballero.
A la hora y media de haberlo conocido y de charlar profusamente al calor del estruendo de la música, nos fuimos a la pista de baile, donde por lo aglomerado del breve espacio nuestros cuerpos se rozaron demasiado, al grado de que nuestras cinturas percibieron la excitación del momento…

- Sabés? Nunca he besado a nadie con vello en la cara. - Le dije a manera de coqueteo.

- Eso se puede arreglar Noel… acércate. - Me dijo sin titubear.

- Y por qué nó! - Me dije a mí mismo en voz alta.

Lo besé y en ese beso me entregaba a los labios de la soledad… era mi primer beso de libertad que me sabía a escape y a pretexto de convertirme en simple testigo del inicio de la destrucción de la imagen de Arturo.

Aún a pesar de que ese beso fue llamado por el deseo, bien cierto era que significaba la primera vez que no me importaba el aspecto emocional de lo que acontecía. Se portó el chico de lo mejor. Trabajaba como Consultor de Valores en una de las Casas de Bolsa más prestigiadas de la Capital y su aspecto era impecable, traje y corbata.

Esa noche la pasamos juntos, y la piel volvió a ser tarjeta de presentación entre alguien más y yo. Me llevó flores al día siguiente y comimos juntos. Charlamos de sus cosas y de las mías, y ahí me percaté de que este chico había ido a los baños de vapor frecuentados por homosexuales, se había metido varias veces al “cuarto obscuro” del bar “El Vaquero”, donde, a decir de él, ocurrían verdaderos derroches de pasión con desconocidos que, al calor de las copas y en la oportunidad del anonimato de la obscuridad, daban rienda suelta al más depravado deseo.

Por la tarde me encontró en la terminal de los ferrocarriles, fue propiamente presentado a las abuelas Mario y Fernando, quienes le pusieron el mote de “Charlie Chaplin” por su porte antiguo. En el transcurso del viaje de regreso a Monterrey, no pude dejar de pensar en las cosas que este chico me había dicho… Cuando nos encontramos en el sexo no usamos protección alguna y ambos hicimos de todo y en ambas direcciones. Me habré contagiado de SIDA???

“Charlie Chaplin” y yo nos cruzamos unas cuantas cartas, un par de tarjetas, y algunas llamadas, pero la fugacidad de esa relación solo fue comparada con la brevedad de esta página y media de mi libro dedicada a él. Sin duda la trascendencia de este encuentro podría ser determinante si él tiene el virus de la muerte… porque si el lo tiene ahora lo compartimos con seguridad… Por qué fui tan estúpido?? Solo queda esperar.

De regreso a Monterrey me topé con Arturo en el frontispicio de la Facultad, y lo primero que hizo fue tomarme por el brazo…

- Lito! Qué gusto me da verte! Supe que fuiste a la Capital!

- Así es… regresé ayer y hoy de vuelta a la rutina. - Le respondí con cierta resignación.

- Viste a las abuelas “Avila de Alba”? - Me preguntó con interés.

- Claro que vi a Fernando y a Mario… están bien. Te mandaron saludar. - Le mentí cordialmente.

- Seguro! - Dijo en tono de sarcasmo y agregó en tono de impaciencia - P-Pero decime… vos como te portaste…?

- Querés la verdad? - Tras una mirada de sinceridad solo asentí con la cabeza… las palabras sobraron.

- Como pudiste! Decime que es mentira…! - Me dijo al tiempo de echarse a llorar.

- Arturo! Por favor contrólate, te están mirando. Recuerda que estamos en un lugar público.

Tras controlarse y dar un suspiro profundo que concluyó en un sollozo me dijo con voz entrecortada…

- Yo pensé que… No sé … que tal vez con el trato y el tiempo…

- No Arturo! Te equivocas… Nosotros no vamos a regresar. No puede ser porque vos rompiste la confianza entre ambos, yo no me voy a estar mordiendo las uñas cuando no te tenga al alcance de mi vista. La confianza, para que lo aprendas de una buena vez, es como una columna de cristal de roca, fuerte, firme, sólida… pero cristalina… y cuando se rompe, por más que intentes pegar los pedazos, siempre se ve el sitio del pegote.

Se quedó callado por unos momentos y luego, con tono de molestia me dijo…

- T-Tenés razón… Todos hicieron hasta lo imposible para que termináramos…

- Arturo! Te olvidas de lo que vos hiciste para que termináramos? Deja de culpar a los demás! - Le dije en el mismo tono de molestia.

- P-Pero la relación de Filiberto y Carlos todavía continúa…

- Ellos deben tener sus motivos para continuar como nosotros los tenemos para no hacerlo. Cómo es posible que te fijes más en la conducta de los demás en lugar de la tuya??

Esa tarde estaba muy molesto y perturbado para regresarme derecho a casa, así que vi a Alejandra del Moral y le pedí “Audiencia”… Así terminamos en un café con pastel…

- Sabés que sos muy listo Lito? - Me reprochó la Güereja.

- A qué te refieres Alejandra?

- Mientras el otro pobre anda con la culpabilidad a todo lo que puede expresar… vos le ocultás tus ascos. - Me dijo en tono molesto mientras se llevaba un pedazo de pastel a la boca.

- En primer lugar Arturo y yo habíamos acordado que él me contaría de esto en caso de ocurrir, a cambio yo me comprometía a guardar el mayor secreto de las mías. En segundo lugar, estúpida Güereja, Arturo tiene sobre la situación toda la experiencia que a mí me falta para manejar este tipo de cosas… - Le dije al tiempo que se me quebraba la voz por el sentimiento de tristeza.

- Lito! - Me dijo en tono compasivo.

Mi madre por esas fechas estaba fuera de la ciudad, se había ido a Chihuahua a implementar uno de los planes nacionales de su compañía y estaría 6 semanas fuera, por lo que toda esa pesadilla me la pasé sin su consejo.

La pérdida de Arturo me había hecho revalorar muchas cosas en mi vida, el sentimiento de protección que mis padres me habían dado desde siempre, y que pasé por alto todos estos años, mis amistades como la Güereja Desabrida, la relación especial entre Mónica mi hermana y yo… Todas esas cosas que habían contribuido a que mi vida fuera lo que es.

Precisamente por eso decidí a dar un paso que sentí en mi corazón era inminente y necesario. Hablar con mi Madre al respecto de mi status sexual… necesitaba mucho de su comprensión y de su consejo… necesitaba de su apoyo… Pero cómo hacerlo??

Ella regresó a Monterrey el 24 de Junio por la noche, pero estaba muerta de cansancio…

- Te veo entonces en la casa después de mi trabajo, de acuerdo mi cielo?

- Seguro Madre!

- Querés que te haga algo especial de cena mi amor???

- No madre, no te apures… Voy a verte para charlar de algo muy importante , no para que me hagás de cenar.

Me dijo casualmente que contara con ella para lo que fuera… Dormí con cierta dificultad pensando en lo importante que sería la noche del 25 de Junio. Luego de mi rutina diaria fui a ver a mi Madre a su casa.

Hablamos de los pormenores familiares en esas 6 semanas de su ausencia, tocamos varios temas como su viaje y mi situación en general. Cuando llegué era todavía de día pero, casi sin sentirlo, la noche nos había sorprendido en las mecedoras…

- Y qué es eso tan importante de lo que querés hablarme Lito?

- Puessss verás… Te acuerdas que te había comentado que yo tenía una amante…?

- Sí… qué pasa con ella?

- Terminamos… - Le dije con tristeza.

- Lo siento de verdad mi amor… Pero vos estás bien??

Me había hecho esta pregunta mientras sus hermosísimos ojos verdes no se apartaban de los míos ni un momento… Yo asentí con la cabeza. Y continué con mi conversación…

- Te vas a enterar de una parte de mi vida que no conocés. Esta noche he venido a decirte el nombre de mi amante… Siento un nudo en la garganta…! - Le dije al tiempo de sonreír nerviosamente.

Cadenciosamente el monótono vaivén de las mecedoras que estaban en la pieza de la televisión de su casa, nos llenaban de su tranquilidad… Teníamos la puerta abierta para disfrutar del fresco de la noche que, curioso, se acercaba a acariciarnos los rostros y que nos acompañaba a enterarse de lo que la noche sabía desde hacía mucho tiempo…

- Se trata de Arturo, verdad??? - Me dijo mi Madre con seriedad, sus ojos abrazaban mi mirada avergonzada.

- Así es. - Le dije suspirando profundamente.

A partir de ese momento mi madre no apartó su devota atención de mis palabras, le conté mi historia a grandes rasgos desde que yo tenía 9 años y cursaba el 4to. Grado de Primaria.

En algunos momentos sus ojos color de mar se enrojecieron, tomando el color del reflejo de un atardecer en el océano. Supe en ese instante el momento doloroso que enfrentaba, Supe en ese instante el momento doloroso que enfrentaba, pero en ese ocaso de su mirar no hubo lágrima alguna que bañara su rostro

En mi mente comenzaba a gestarse la inquietud de escuchar cuáles serían las primeras palabras que ella me diría en esta conversación, la cual transitoriamente se había vestido de monólogo por parte mía. Su atención era absolutamente mía, su mirada y sus sentidos absorbían cada fracción de emoción que yo expresaba en ese momento. Terminé con mi relato, el silencio se hizo por unos segundos y me dijo algo que no esperaba…

- P-Pero no te vistes de mujer… Verdad Lito??? - Me dijo con infinita ternura.

Ni siquiera le respondí! Me solté a reír incontrolablemente…

- Pero como sos estúpida! - Articulé entre risotadas.

Ella miraba en confusión la escena y tras dejar de reír le dije…

- No lo he hecho hasta ahora y no pienso hacerlo, descuida…

- Perdoname Lito, es que de esto realmente no sé nada…

- Te das cuenta de la idea tan errónea que de este ambiente se tiene? No te discuto que haya gente como esa, pero la gran mayoría son gente normal como yo, que no tenemos ese tipo de excesos. La gran mayoría somos gente que no pretendemos ser mujeres, sino que somos hombres que en vez de gustarnos las mujeres nos gustan los hombres.

A los pocos días mi Madre me regaló un libro de un autor norteamericano llamado Jess Lair. Uno de esos libros motivacionales y lo leíamos juntos, intuyendo que mis sentimientos estaban destrozados por haber terminado con Arturo, y que necesitaba un poco de apoyo ella me decía sin palabras que estaba conmigo.

Así las cosas se llegó el Miércoles 28 de Junio y por la noche nos fuimos las chicas y yo al “Twist”, en esa ocasión conocí a un chico muy guapo llamado Rodolfo Páez. Me llamó mucho la atención, pero no quise hacer nada porque todavía me sentía muy triste por lo de Arturo…

- Andale Lito… Anímate… Háblale… te mira con insistencia. Tenés que acabar con este luto del Redondel ese! - Me dijo Cassandra.

- Vos creés? - Le pregunté con vacilación.

Le sonreí y el tipo sin perder minuto se acercó a saludarme. Rodolfo Páez era su nombre, blanco de ojos azules, era de la Capital y trabajaba para el Gobierno… Hicimos una cita para vernos en su hotel a eso de las 4:30 de la madrugada.

A la hora establecida estaba frente a su puerta… el número era 1003. Toqué nervioso y me abrió la puerta en calzoncillos, de inmediato noté su rubio vello en las piernas. Iniciamos el juego de caricias y besos. Antes de penetrarle me puso condón, pero cuando él lo hizo conmigo no utilizó protección… Una vez terminado el encuentro me di cuenta lo fácil que es perder la vida por una aventura… Nuevamente… luego de niño ahogado se tapa el pozo…

Durante los días siguientes me sentí solo otra vez. Revisando unas fotos viejas de Cassandra vi a uno de sus amigos que es de ambiente y que me pareció muy guapo. Cassandra le escribió y a los cuatro días me llamó por teléfono para invitarme a León y conocerlo. Será como se ve en la foto??? Lo dudo. Su voz es bastante afeminada.

Monterrey, N. L. a Julio 10, 1987. -

Pues finalmente ocurrió. Justamente luego de escribir las últimas líneas me arreglé, pasaron las chicas por mí y nos fuimos al “Vértigo”, que no es otra cosa que el “Twist”, pero lo remodelaron un poco y le cambiaron el nombre. Estando ahí… CONOCI A ALGUIEN!

El chico, bajito y blanco para variar, estaba con otro chico bastante guapo también, blanco también, alto y delgado. Pero me di cuenta de que ese chico que me gustó me miraba con cierta insistencia pero con reserva, por lo que me pareció que el otro chico debía ser su amante.

Sin embargo, ya lo dice el refrán… “La ocasión hace al ladrón!” y cuando lo vi solo, mientras las chicas bailaban y yo también lo estaba, me acerqué a donde estaba, y le dije quedamente al oído…

- Sólo vine a decirte que sos un chico bastante guapo.

Mientras él se echaba a reír yo abandoné la escena. Busqué a Diana y a Cassandra porque era ya hora de irnos. Al poco rato de estarlas buscando alguien me sorprendió por la espalda… era él!

- Sólo vengo a darte las gracias por lo que dijiste.

- No son necesarias… no fue un piropo sino la verdad. Cómo te llamás?

- Felipe, y vos?

- Noel. Podríamos vernos en algún sitio??

- Si querés… - Me dijo con cierta timidez.

- Qué te parecé en el VIP’s del centro mañana? Podría ser por la tarde o noche…

- A la seis entonces? - Me preguntó.

- A las seis será!

Al día siguiente no dejaba de mirar el reloj… Esperaba impaciente que se movieran las manecillas. Cassandra y Diana pasaron por mí, las desgraciadas viejas llegan cada vez más temprano a casa! Me agrada porque en mitad de las 8 de la mañana escucho la bocina del auto sonar desesperadamente… me encanta sentirme tan querido.

A las seis de la tarde llegó Felipe puntual a la cita. Charlamos y me comentó que acostumbraban dejarlo por aburrido, yo le comenté que aguantaba mucho, pero que solo tenía una palabra… Y nada más. Me dijo que no estaba en relación alguna con nadie, y que él estaba con un muy amigo suyo cuando nos conocimos que se llamaba Roberto. Esa noche me percaté de que Felipe Martínez era sumamente rico, hijo único de un hombre mayor vivía en un “Town House” de tres pisos en Garza García, además de que tenía un auto del año.

Yo la verdad no me preocupé mucho por esto, aunque me di cuenta de que sería difícil para mi acompañarle a todos sus planes. Pero, si a él no le importaba esto a mí menos. De todas estas cosas me enteré al ir a su casa con él, conocer su forma de vida y hablar un poco. Nos besamos, pero nada más sucedió.

Con el paso de los días me dijo algo que me hizo suponer que sus sentimientos eran todavía mejor de lo que esperaba que fueran, etiquetándolo de inmediato como un excelente candidato a ser el próximo hombre de mi vida…

- Noel te voy a pedir un favor.

- Decime Felipe, de qué se trata?

- Tengo unas ganas tremendas de irme a la cama con vos, pero no quiero que me dejes hacerlo hasta que realmente no me aguante más y así poder amarte como te mereces.

Siguiendo con aquello de que “Un clavo saca otro clavo” , me decidí a pedirle a Arturo que me devolviera mis cosas, las cuales había ido dejando en su casa con el pasar del tiempo. Luego de dejar el lujoso sitio de Felipe me dirigí al departamento de Arturo y, en la puerta, le pedí mis cosas. Me pidió que pasara para que habláramos más tranquila y privadamente, yo le recordé que me había corrido de ahí en una ocasión y que no pensaba volver a ponerme en la situación de que repitiera su grosería, por lo que me quedé afuera.

Su tono amable se tornó de inmediato agresivo, en otro de sus súbitos y ya normales cambios de carácter…

- Las tendrás listas mañana sin falta! Ahora andate.

Me retiré del quicio de su puerta, regresé a mi auto y así me volví a casa.

Al día siguiente regresé a eso de las 4 de la tarde y se disculpó conmigo por no tenerlas, volví al día siguiente y al tercero… la respuesta era la misma: NADA! Pasaron un par de semanas y yo seguía yendo religiosamente cada dos días por ellas…

- Pues todavía no las tengo listas para que te las lleves y ya estoy harto de que vengas a diario a pedírmelas. - Me reclamó en el tonito molesto de costumbre.

- Mirá Arturo - Le respondí tranquilo - Si cuando terminamos yo tuve la decencia de entregarte hasta el último alfiler de tu propiedad, pagarte la plata del auto en dólares para que no perdieras plusvalía y lo hice sin darte tajos… Por qué vos no has podido devolverme mis cosas todavía??

Su silencio y el enrojecimiento de su cara me decían que estaba gritándole verdad tras verdad en la cara… y continué…

- Decime un día de la próxima semana, mes, año o siglo, pero que sea cierto que tengás mis cosas listas, y pueda pasar por ellas y así evitarnos estos molestos encuentros mutuos.

En otro de sus acostumbrados súbitos cambios de opinión me dijo…

- Un momento, voy por ellas!

Tras de unos minutos de espera regresó con una de esas bolsas plásticas para basura, llena de ropa y objetos de mi pertenencia…

- Aquí están. - Me dijo secamente.

- Ves como no era tan difícil?

- Vos sabés que en el fondo los dos deseábamos que yo tuviera tus cosas, así lo utilizaríamos ambos como pretexto para vernos.

Y no estaba tan errado en ese comentario, pero sé que puedo utilizar por lo menos ahora, el apoyo emocional de Felipe en mi vida para poder tomar, por vez primera, en consideración lo que mi cerebro me dice en lugar de escuchar al corazón. En ese intercambio de palabras pronto empezamos otra discusión entre nosotros…. Qué raro…!

- Y sabés por qué te fui infiel Noel?? Porque nunca me llenaste!

- De verdad? Pues fijate cómo es la vida… Al final me quedé con las cosas… - Le dije levantando la bolsa que me había dado - … con el auto - Levanté la mano con las llaves - y con el inicio de una relación con alguien.

Arturo estaba trabado de la rabia… yo continué con mi estocada verbal…

- Y más te vale que sepas la clase de famita que te estás haciendo solito… Jorge Toledo le dijo a Carlos que no pensaba regresar con vos como amante hasta que te arrastraras como la serpiente que sos… Te quedaste solo Arturo… muy solo…

En uno de sus arranques respondió defensivamente…

- Nos veremos en cinco años…! Estoy harto del ambiente y no pienso volver…

Me reí… su comentario era tan ridículo como sus estúpidos exabruptos. Como si la homosexualidad fuera cosa de una enfermedad que tuviera la cura en una vacuna o una decisión hecha tan al vapor. Se olvidó por un momento de que justo ahí dentro suyo estaba su homosexualidad, sus fantasmas del pasado, entre los cuales ahora me encontraba yo, y su insatisfacción consigo mismo.

“Acabar con el ambiente” me repetí sus palabras… y me respondí… “Más pronto cae un hablador que un cojo!” Aún a pesar de lo mucho que me dolía todavía esa situación, yo he pasado a ser simplemente un testigo de su vida, no un partícipe… además ahora tenía en quien pensar… Felipe.

En el transcurso del camino de regreso a mi casa pensé en Olivia y Jesús Gómez, amigos de Arturo que ahora compartían el departamento con él. Nuestra discusión había sido a grito abierto y tal vez ellos se dieron cuenta de la situación… Me sentí mal por ellos porque son excelentes personas, pero por ser bugas pues no tienen por qué andar lidiando con este tipo de situaciones.

Durante el transcurso de los siguientes días Arturo y yo nos topamos en varias ocasiones en la Facultad, y él trataba de acercarse a hablar conmigo, pero yo lo evadía por temor a una discusión… la verdad no quiero discutir más con él y menos en la escuela. Sin embargo, una vez que estaba con la Güereja Desabrida me alcanzó… Su tono de voz era muy amable… en otro de sus súbitos cambios de carácter…

- Lito sólo vengo a despedirme… me voy a Hermosillo con Olivia y con Jesús a pasarme un mes de vacaciones. De ahí me paso a Chicago a ver a mi mamá..

- Me alegro por ti… salúdame a tu Madre, siempre guardo un grato recuerdo suyo de cuando vino a visitarte la última vez..

Por esos días Felipe tuvo una celebración en su casa por su ascenso en el trabajo, finalmente alcanzó el puesto en la Administración del Consorcio donde trabaja. Invitó a medio mundo, buga y de ambiente, entre los últimos estaba Roberto Dávila, aquél con quien conocí a Felipe y a quien supuse era su amante. Todos estábamos en el enorme comedor de su “Town House” … De pronto me dijo en mitad de esa reunión…

- Lito… Me acompañas a la cocina por favor? Necesito que me ayudes con algo…

- Sí claro…

Pasamos por la puerta de vaivén que nos separaba de la cocina y una vez estando ahí, a obscuras, comenzó a besarme y a acariciarme…

- Felipe! Cualquiera puede entrar… - Le dije nervioso.

- Callá y subite a sentar sobre el gabinete… - Me dijo firmemente.

- P-Para qué??

- Haz lo que te digo. - Puntualizó autoritario.

Así lo hice y pronto sentí sus manos recorrer mi cuerpo, tras unos minutos finalmente sus labios estaban sobre mí y mientras yo intentaba ahogar mis gemidos en la garganta, escuchaba el eco de las risas y conversaciones que se llevaban a tan solo unos metros de nuestro inusitado encuentro.

Sentí mi cuerpo tensarse, como preludio de lo que estaba por ocurrir, y al percatarse de que mis secretos estaban por escapar libremente, él se afianzó a mi cintura para no dejar uno solo de ellos fuera de su alcance. De inmediato me arreglé la ropa y regresamos a la fiesta…

- Hey Felipe! Qué era lo que te faltaba de comer allá adentro en la cocina?? - Alguien preguntó??.

- El postre! - Respondió sonriente.

Por la tarde Felipe me llamó por teléfono y me preguntó que si podría pasar la noche en su casa y yo de inmediato accedí, las cosas comenzaban a tornarse más íntimas entre nosotros. Me agradó esa invitación porque la situación se iba dando de una forma natural y sin ser forzada.

Sin embargo la vida tenía otros planes para mí. Cassandra estaba saliendo con una gorda de apenas 17 años, con un nombre tan feo como ella misma: Rufina! Yo sabía de estos encuentros, y siempre le dije que se cuidara de hacerlos muy privadamente, le intenté hacer ver que la cama con otra mujer nunca debía arriesgar el aspecto emocional de ella con Diana…

- No está mal que pruebes otra cosa para que compares a Diana. - Le dije entonces a Cassandra - Mientras aprendas lo generosa que es Diana como persona y jamás le des la más mínima sospecha de lo que hacés.

- Seré muuuuy prudente… ya verás.

- Más te vale! Recuerda que una aventura es solo un encuentro de piel sin sentimientos. Te repito… jamás arriesgues lo que tenés con Diana por una estupidez y mucho menos la hagás sufrir porque ella no se lo merece.

A pesar de su promesa anterior, esa noche Cassandra había decidido mandar todo por la borda y se había “fugado” con la tal Rufina a su casa, que está en Montemorelos, un poblado al Sur de Monterrey. Rufina era de baja estatura, blanca y de cara tan redonda como si se la hubieran hecho con compás, cerda a más no poder y exageradamente machorra… Que qué demonios hacía alguien como Cassandra con ella?? Lo mismo me pregunto!

Obviamente con esto de la famosa “fuga” se frustraron mis planes de pasar la noche con Felipe, le llamé por teléfono para disculparme y por su tono de voz me percaté de que esto no le hizo muy feliz. Nos fuimos Diana y yo a Montemorelos y en el transcurso de los 40 minutos que nos tomó llegar, le dije algunas cosas.

Le expliqué que no era posible que ella se aguantara esa conducta de Cassandra, que si se lo toleraba la primera vez, ella lo haría otra vez y otra y otra… Que Diana debía tener dignidad para decirle a Cassandra “O te vienes conmigo ahora o terminamos de una vez”…

- Sí Noel, si ella no vuelve conmigo… la dejo. Te lo juro que la dejo…- Me dijo entre lágrimas.

Cassandra no regresó y la cerda de Rufina se portó tan vulgar como su personalidad… Diana estaba hecha un mar de lágrimas y las cosas no mejoraron un ápice. A la mañana siguiente Cassandra regresó con Diana y las cosas se arreglaron entre ellas, pero yo estaba furioso contra Cassandra por estar jugando con los sentimientos de Diana por una simple acostada con esa cerda de Rufina… Y por si no te has dado cuenta, la tal Rufina me cae como patada de mula en los huevos!

Bueno, bueno, pero déjame que regrese a lo de Felipe. Una vez arreglada la cosa entre Cassandra y Diana, me arreglé otra cita con él a la brevedad posible. Finalmente coincidimos en intentar pasar la noche en su casa, tres días después del incidente con Cassandra.

Al pasar esos tres días yo llegué primero y encontré la llave bajo el tapete (qué original no te parecé?), entré a la recámara de Felipe y me quité la camisa. Lo esperé recostado sobre su cama, hasta que el silencio invitó a mi sueño a relajarme… Me despertaron sus besos en mi cuello.

No sé cuánto tiempo dormí, pero cuando lo vi él ya estaba desnudo, sólo la luz de la luna delineaba nuestros cuerpos en un hermoso claroscuro digno del propio Rembrandt. Esa fue la única ocasión que nuestros cuerpos se encontraron.

A los veinte días me tenía harto Felipe con su trato frío… Me demostraba a cada momento que yo le importaba menos que poco. Cuando le conocí me dijo que a él lo dejaban por aburrido, pero yo lo encontraba perturbantemente distante y aislado de mí y de mis cosas… tal vez no lo dejaban por aburrido sino por frío.

Como yo no me ando por las ramas me decidí a enfrentar la situación con él mismo…

- P-Pero a qué te refieres?? Cómo podés decir eso?? - Me dijo sorprendido.

- No pongas esa cara! Te aseguro que el solo hacerte esta pregunta me llena a mí más de tristeza que a ti el escucharla.

- Es que no puedo creer que me llames frío!

- Tenemos casi un mes de conocernos… nos vemos diariamente. Tenés idea de cuál es mi apellido materno? Mi fecha de cumpleaños? Dónde vivo? O por lo menos en que fecha nos conocimos??

La desfachatez de su silencio era solo superado por la cara de estupidez y descrédito que tenía… Respondí en voz alta mis propias preguntas. Esto, aunado a que Iván Acosta, que se juntaba ahora conmigo cuando las chicas estaban ocupadas, y Diana y Cassandra mismas, habían intentado acercarse a Felipe pero sin éxito. Su carácter distante marcaba siempre una brecha entre quienes eran parte de “su grupo” y los demás. Cassandra le puso a Felipe el mote de “Mongol sietemesino”.

Yo en cambio hice buena relación con sus amigos, a todos los traté con calidez, mientras ellos me correspondieron con la misma moneda de la cordialidad. Y en esto no solo me refiero a sus amigos de ambiente sino bugas en general.

Por entonces Cassandra me dijo que ella y Diana irían a León, y me invitaron a ir con ellas… yo no lo pensé dos veces y me fui a la Capital del Calzado, sin siquiera comentarlo con Felipe… Me daba cuenta de que esto de mi trato con él, no duraría mucho.

El viaje fue excelente, conocí al amigo de Cassandra, el de la foto que me mostró, y es exageradamente obvio. Regordete y amanerado a más no poder… Cuando lo conocí tenía zapatos de tela y cinto del mismo material, de un color rosa mexicano que le anunciaban a todas luces al mundo su homosexualidad. Por supuesto que faltó química y no nos acostamos aunque él lo intentó varias veces.

Al regresar a Monterrey, Felipe no cambió su actitud. Fui a buscarlo a su casa para darle algo que le traje, pero me despidió casi de inmediato so pretexto de estar muy cansado. Ya lo busqué tres veces y simplemente no aparece. Le dejé recado en cada una de ellas y han pasado cinco días de la última vez que fui a buscarlo sin éxito. Decidí no volver a buscarlo hasta que lo haga él…y si no lo hace puesssss…..

Así las cosas, la noche del 14 de Agosto de 1987 busqué al mejor amigo de Felipe, Roberto Dávila, a fin de hacer el último esfuerzo por comprender las causas que movían a Felipe para portarse así, pero en lugar de eso Roberto y yo pasamos una de las mejores veladas que había experimentado en meses. Nuestra conversación giró en torno a sus experiencias en Francia en su estancia de dos años por allá.

Repetimos la entrevista, esta vez en su departamento, y poco a poco la penumbra del atardecer se convirtió en noche… entre la grata conversación y la atracción mutua, fue él quien inició el primer movimiento en los arbitrios del sexo…. Tras el primer beso siguió el tomarnos de la mano y luego esa piel fue insuficiente para nuestra curiosidad… Tras el conocernos y paladearnos quedamos vestidos solo por la extenuación de dos horas de compartirnos en una aventura.

Precisamente cuando escribía todo esto, la noche del 16 de Agosto, sonó el teléfono y era Edgar Garza, mi amigo con el que hicimos el “Menage-a-trois” o “Compañía de tres“ en la cama con Cassandra y conmigo en Marzo.

Me dijo que ya estaba cansado de la soledad, que había conocido a una muchacha de nombre Ana, y que si no lograba una relación más o menos estable con ella, pues que abriría sus horizontes al campo de la homosexualidad.

Yo le dije que como él quisiera, pero que lo pensara bien. Realmente no me gustaría que Edgar entrara a la homosexualidad orillado por la soledad, en lugar de la convicción. Lo que Edgar no sabe es que la soledad es la misma en ambas realidades, solo la expresión física del compañero de cama cambia.

Monterrey. N. L. a 17 de Agosto, 1987. -

Pasaron los días y Felipe y sus amigos y Las chicas, Iván Acosta y yo nos encontramos en el “Scorpio” y solo uno de sus amigos hizo el intento de venir a saludarnos, ni siquiera Roberto lo hizo, por lo que me imaginé que las cosas finalmente terminaron entre Felipe y yo.

Yo me sigo sintiendo tan solo desde que dejé a Arturo… tanto que me duele estar con amigos y sin ellos… tal vez este comentario sea muy duro, pero la soledad es algo que corroe los huesos por dentro, que está más allá de una fugaz sonrisa, de la temporal caricia, de ese efímero joven encuentro sexual.

Cómo quisiera poder comprar a la soledad para poderle pedir un descanso, explicarle que necesito ese descanso, que lo necesito porque deseo volver a vivir… Que lo que me pasó en Junio 5 no fue justo y que mis pasos no siguen un destino cierto desde esa fecha.

Aunado a esta situación triste recibí una postal de Arturo desde Sonora, donde se fue a pasar un mes con Olivia y Jesús Gómez, en ella me escribe…






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