Bovarismo y quijotismo



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BOVARISMO Y QUIJOTISMO

César Hernández Gualdrón

La humana inclinación a ver lo que no existe se manifiesta en múltiples formas. El “por qué” de tal tendencia puede hallarse en el miedo a la vida o en la idealización de lo trivial; como ese asunto de “ser”: una piedra es, una silla es, un computador es, pero el ser humano cree que está autorizado para considerar como suma la pregunta más absurda, inútil y peligrosa que toda persona se haya planteado, ¿toda?, así es t-o-d-a. Esto no es cuestión propia de Sócrates, Aristóteles, Pedro Abelardo, Shakespeare o el Existencialismo moderno, cada individuo, entre mayor sea su idealización de la trivialidad, tiende a ver, sentir y vivir en lo que no existe. Una descripción particular y breve del fenómeno es que éste deriva de la insatisfacción, obvia, frente al abismo insostenible de ilusiones o aspiraciones y la realidad que siempre, y sólo, aqueja al soñador o a los soñadores. La idealización, entonces, del ser, del es, es justo el signo de la vaciedad, no de la realidad sino de la mente de aquel que se arriesga a semejante espejismo.

Un detalle adicional es que varias de estas formas de idealismo provienen de la ciega lectura de libros y otros productos culturales, pero no de cualquier escrito, libros galantes, heroicos, de otro mundo: romances, epopeyas, sacrificios y adoración sublime, libros absolutamente peligrosos, y Wittgenstein decía que si se escribiera un libro de ética éste destruiría el mundo, y nos preguntamos ¿es que acaso nunca leyó ni se enteró este atribulado filósofo que los libros que más agradan y más se leen son de ética, de valor, de coacción de la voluntad, pfff?. En la insatisfacción amorosa llamamos bovarismo a tal tendencia, en la heroica, quijotismo. El agudo sentimentalismo de los programas televisivos que plagiaron el nombre de “novelas”, la suave literatura para alcanzar la felicidad en la empresa, la riqueza instantánea, el estudio, el amor y la vida en general-que nadie sabe qué es-, y del cine de gran presupuesto, porque cuesta ($) poner a soñar al mundo entero, plagado de escenarios imposibles, con gestas imposibles y héroes imposibles, asoma en nuestro tiempo como una mutación más de estos idealismos. Los libros más peligrosos son justo aquellos que inician idealismos; hasta el gran y fuerte oso es vencido por la inconsciente y dulce miel.



A continuación ofreceré una caracterización de los protagonistas de las obras Madame Bovary de Flaubert y Niebla de Unamuno; la primera, Emma, cuyo apellido de casada da nombre a la mezcla entre traición y sandez idealizada por amor, el segundo, Augusto, que encarna el quijotismo del propio autor, Miguel de Unamuno, en su idea de que nuestro mundo no es más real que el del Quijote. Fue esta quizás la mayor ruptura del mundo literario y real que conocemos: la vida en un mundo simulado, ficticio y, sin embargo, triste y aburridamente feliz.



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