Borrador Unidad II


Antecedentes del conductismo en el desarrollo de la biología



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Antecedentes del conductismo en el desarrollo de la biología
Hemos visto cómo el nacimiento del conductismo se basó en su crítica al método y al objeto de la psicología anterior, pero su aparición no está vinculada sólo a dicha critica. Hay otros antecedentes que tienen que ver con lo que ocurría con las ciencias en general, y en particular con la biología, hacia mediados y fines del siglo pasado. Habían crecido notoriamente y se enfrentaban dos corrientes contrapuestas: por un lado las corrientes fisicalistas, que planteaban que la vida es producto de la combinación física que se expresa en niveles cada vez más desarrollados de partículas materiales. La otra fue la llamada corriente vitalista, que sostenía que este desarrollo persigue alguna finalidad de perfeccionamiento creciente. Mientras la primera es causalista y materialista, la segunda es teleológica, en tanto plantea que la vida ha de ser explicada por causas finales de orden sobrenatural o bien por fines hacia los cuales tiende la organización creciente de la materia viva. Las teorías evolucionistas interpretan el desarrollo de la vida como expresión misma de la materia, cuya organización no necesita ser explicada por la existencia de una causa final.
No fue solamente el triunfo de una posición científica sobre otra, sino también el triunfo de la ciencia sobre la religión, que entonces sostenía el enfoque finalista o vitalista. Si bien el tema continúa siendo debatido -modernamente hay pensadores que rescatan posiciones finalistas- podemos suponer que el actual desarrollo de la biología es tributario de estas discusiones y de la prevalencia que entonces tuvieron las posiciones fisicalistas. Esta concepción acerca de la vida ya había sido sostenida por filósofos como Demócrito y Epicuro. También, más próximo al siglo XIX, por el ya mencionado La Mettrie en El hombre máquina. Decir que la biología oficial al promediar el siglo XIX fue una biología basada en los criterios científicos de la época, materialista y mecanicista, implica también decir que había una toma de posición frente a la antiquísima discusión, a la que ya hicimos referencia, acerca de qué es en última instancia lo que constituye el universo, por lo menos el universo de los seres vivos: si es posible una explicación monista, es decir, la existencia de una única esencia de fenómenos, o si cabe un planteo dualista, como el que vimos habla postulado Descartes, por ejemplo.
En relación con este tema, von Helmholtz, biólogo, que también hizo aportes a la física y a la psicología, postuló la necesidad de colocar la vida dentro de la ley natural ordinaria, entendiendo por ley natural ordinaria las leyes de la física, la "ciencia madre". Curiosamente, esta convocatoria científica reñida con el pensamiento religioso, fue llamada el "juramento materialista de Helmholtz". Significó el compromiso de oponerse a toda idea dualista y restringirse a las explicaciones pura y exclusivamente físicas, materiales y mecánicas. Esto lleva, hacia fines del siglo XIX, incluso a proponer una psicología que fuese entendida como una fisiología cerebral, origen de la frenología y de la teoría de las localizaciones cerebrales. El juramento de von Helmholtz tuvo gran peso teórico y compromiso afectivo en los pensadores racionalistas -Freud entre ellos- comprometidos en hallar explicaciones observables y racionales a los hechos humanos.
Otro biólogo que importa mencionar como antecedente de lo que luego se llamaron escuelas objetivas en psicología fue Loeb, conocido fundamentalmente por la introducción del concepto de tropismo y por el énfasis que puso en afirmar que debía establecerse la definición operacional de todo concepto que se empleara. Tropismo es un concepto que pretende explicar la orientación y la forma como crecen las plantas, de la misma manera como la pendiente de un terreno explica el hecho de que un río vaya de las zonas más altas a las zonas más bajas. El concepto de tropismo remite a causas físico-químicas, las que en última instancia explicarían los fenómenos vitales. De la misma manera como se intentó explicar el comportamiento de una planta -por qué una planta se eleva y no se cae o crece hacia un lado y no hacia el otro- se acuñaron conceptos similares -el de instinto, por ejemplo- para explicar la organización de conductas complejas en animales y en humanos. Se trataba de explicar los fenómenos de la vida sobre la base de causas, descartando toda interpretación finalista: no hay un para qué, sino un por qué, y esos por qué se los suponía tan de naturaleza físico-química. Por supuesto, luego hubo quienes pensaron -por ejemplo Bateson, en Pasos para una ecología de la mente- que estos vocablos describen hechos pero no los explican, convirtiéndose en entidades tan ideales como las que intentan derrocar.
Antecedentes próximos del conductismo en la psícología animal
Hemos visto algunos de los antecedentes filosóficos y científicos, en particular biológicos, del enfoque watsoniano, pero hay antecedentes que le son mucho más próximos y que tienen que ver con el desarrollo de la psicología animal. La psicología animal surgió a fines del siglo pasado como un derivado directo de las teorías de la evolución, tanto en su versión darwiniana como lamarckiana. Darwin habla planteado una continuidad entre las especies vivas, pero esta idea no es en realidad lo más original de su pensamiento ni lo que más se le ha criticado desde posiciones teológicas. Lo esencial de su planteo no es la idea de la continuidad biológica sino la de la continuidad mental de las especies. La preocupación por demostrar esta continuidad acentuó el interés por el estudio de la psicología animal y por los estudios comparados en cuanto a diferencias y similitudes en el comportamiento animal y el humano. La etología -denominación actual de la psicología animal- ha cobrado nuevo interés, si bien desde una perspectiva diferente. Sigue siendo un importante aporte para la psicología comparada, pero el énfasis se ha volcado a estudiar el comportamiento de las especies, y al hombre como una especie más. De ahí la denominación de etología humana.
En 1886, Romanes escribió La inteligencia animal, primer intento de una psicología comparada. Libro incipiente, se basa en el relato de anécdotas, o de observaciones peculiares acerca del comportamiento animal, teñido de antropomorfismo. Por antropomorfismo se entiende la atribución de cualidades humanas a algo que no es humano; por ejemplo, hacemos una antropomorfización de los dioses cuando los pensamos a imagen y semejanza nuestra, y hacemos una antropomorfización de los animales cuando intentamos explicar sus comportamientos atribuyéndoles intenciones semejantes a las humanas. Por ejemplo, cómo entender la voluntad del animal de alcanzar cierta meta, o las maneras que el animal pueda tener de percibir la realidad. Lloyd Morgan, quien postuló el llamado Principio de Parsimonia, que sostiene que los hechos han de explicarse por las leyes más simples que puedan explicarlos, brinda una contribución metodológica para el estudio del comportamiento animal sin necesidad de recurrir a explicaciones antropomórficas.
Por supuesto, estos postulados impulsan una psicología animal que se centra más en comportamientos susceptibles de ser comprendidos sin acudir al concepto de mente. Se prefirió el estudio de la formación de hábitos, el ensayar distintas respuestas -conductas de ensayo y error- y el incorporar algunas respuestas antes que otras, o sea el problema del aprendizaje, que temas tales como la inteligencia animal, la resolución de problemas, por ejemplo. Esta tendencia, notoria también en otros psicólogos estadounidenses como Thorndike, también la hallamos en Watson, tanto en sus primeros trabajos sobre psicología animal como en su concepción de la psicología humana.
En 1900 se diseñó en la Universidad de Clark, en los Estados Unidos, el primer laberinto para estudiar la conducta de las ratas, y casi sin advertirlo se creó allí uno de los instrumentos más difundidos para estudiar no sólo el aprendizaje de las ratas, sino el aprendizaje humano. Durante mucho tiempo, en el marco especifico de esa tradición teórica, los laberintos constituyeron la fuente primordial de hipótesis y de verificación respecto de cómo se aprende.
No es azarosa la aparición de este tema: para una concepción del hombre como ser plasmado por su entorno y por su historia, importa saber cómo aprende y cómo hacer para que aprenda mejor o distinto. Estos estudios, que despertaron mucho interés y aún lo tienen, abrieron nuevos caminos para la psicología, sobre todo porque acentuaron el descrédito en que había caído la introspección como método, naturalmente ineficaz en la investigación sobre animales. Esto coincidió históricamente con el descubrimiento de que el pensamiento no siempre implica "operaciones con imágenes", como se venia suponiendo. La evidencia de que hay pensamiento sin imágenes implicó también una critica a Wundt, cuyo laboratorio -como vimos- es tomado como inicio de la psicología científica, y sus ideas lideraron el pensamiento psicológico de su época. Al hacer introspección, las personas entrenadas en el método, que pretendían resolver problemas mediante el pensamiento, no descubrían en sí ninguna imagen.
También hacia 1900 se publicó en Francia, y esto puede ser indicador del auge de estos estudios, la primera revista de Psicología Animal. Recién cuatro o cinco años más tarde apareció la primera revista de Psicología Humana, fundada por Binet, psicólogo ampliamente conocido por ser el creador, junto con Simon, del primer test o prueba de Inteligencia.
Las formulaciones de la escuela conductista
El pensamiento de John Watson, puede leerse en tres de sus libros. El primero se refiere al tema de la formación de imágenes y de los sentimientos y afectos. El segundo, publicado en 1914, se llama Conducta: una lntroducción a la psicología comparada, siguiendo la intención de la psicología animal. El tercero es de cinco años más tarde, de 1919: Psicología desde el punto de vista behaviorista (conductista). Aquí argumenta que el nacimiento de la psicología experimental con Wundt no implicó la desaparición de la noción de alma en psicología, sino su sustitución por otro concepto igualmente teórico e indefinido, como el de conciencia o el de mente. "La conciencia -dice- es un mero supuesto, con tan pocas posibilidades de ser probado como el de alma, y un supuesto que no puede ser probado es un supuesto no científico. Ninguna ciencia -afirma- puede construirse sobre la base de ideas si éstas no pueden ser verificadas".
Para un conductista, en la concepción de Watson, ambos conceptos tienen connotaciones metafísicas, y si la psicología quiere convertirse en ciencia no le basta con sostener el método experimental sino que debe emplear conceptos respecto de los cuales puedan hacerse observaciones directas. El alma, la conciencia o la mente, son para él conceptos intangibles, que además necesariamente suponen por definición la introspección como método.
Ya vimos que decir que es necesaria la introspección implica la no existencia de controles experimentales. Que el conocimiento a que se llega no es verificable, por lo que necesariamente pensar sobre el alma o sobre la mente lleva al pensamiento especulativo y no a la ciencia.
Wundt, que usó el método de la introspección como base para escribir sus cincuenta mil páginas de psicología, empleó sujetos especialmente entrenados, por entender que si a cualquier persona se le preguntara qué le había sucedido cuando había pensado, por ejemplo, o cuando había resuelto un problema, o cuando había experimentado un sentimiento, no sabría aportar excesivos datos sobre su vivencia. Supuso entonces que para poder hacer una labor de introspección era necesario, además de poseer una particular tendencia reflexiva, estar entrenado. Esto hace que sus conclusiones estén basadas en procesos mentales relatados por personas de características muy particulares, y por lo tanto no legítimamente atribuibles a la población en general.
Además estos informes no son verificables. De ahí la petición de limitar el análisis de las conductas sólo a aquello que se puede observar externamente.
El modelo E-R (estímulo - respuesta). El Conexionismo
Watson entiende por conducta aquello que un organismo hace en forma de comportamiento externo, visible. lncluso el hablar es considerado una conducta de este tipo. Por lo tanto, los problemas que se plantea son fundamentalmente tres:

  1. dada una Respuesta, una conducta, ver cuál fue el Estímulo que la provocó.

  2. dado un Estímulo, ver qué Respuesta acontecerá y

  3. si la posibilidad de esa Respuesta no es heredada, ver cómo esa ha sido aprendida.

Esos son los tres problemas iniciales que se plantea el conductismo watsoniano. Vimos ya que el tema del aprendizaje de las conductas no heredadas lo hace tributario de la reflexología, de donde toma los conceptos de arco reflejo y de condicionamiento. Cuando la respuesta no ha sido aprendida, al estímulo lo denomina estímulo incondicionado, de respuesta incondicionada. Es decir, que un estímulo incondicionado es aquel que puede provocar una respuesta sin que haya habido un aprendizaje previo. En tanto que un estímulo condicionado es aquel capaz de suscitar una respuesta cuando ha habido previamente aprendizaje. Es un intento de explicar incluso las conductas más complejas del ser humano a partir de condicionamientos de conductas más simples. Por ejemplo: el comer podría tomarse como una respuesta incondicionada en un bebé; pero si a una persona le gusta un determinado género musical su conducta manifiesta es sentir placer cuando oye aquello que le gusta: un aprendizaje basado en cadenas de condicionamientos que se supone se remontarían a primeras respuestas incondicionadas.


Esta manera de explicar los hechos implica el riesgo de un reduccionismo. Se llama reduccionismo en ciencia al error de explicar los hechos complejos por leyes que corresponden a niveles de organización más simples, desconociendo sus características específicas.
Esto no es algo que nosotros críticamente atribuimos al pensamiento watsoniano, sino algo que él mismo dice: ..."para explicar las conductas no necesitamos más que las leyes ordinarias de la física y de la química. Al igual que en estas ciencias, hay en la conducta muchas cosas que no podemos explicar, mas donde terminan las experiencias objetivamente verificables comienzan las hipótesis y las teorías, pero incluso las teorías y las hipótesis deben ajustarse a los términos de lo que ya se conoce acerca de los procesos físico-químicos".
¿Cómo define entonces a la psicología? Como una rama objetiva y experimental de la ciencia natural, cuyo objeto es la Conducta Humana. La psicología así concebida no tendría ningún problema en definirse como ciencia, porque simplemente es una rama de las ciencias naturales.
Sus postulados fundamentales -que derivan de los tres enunciados que hemos mencionado- son:
1) Toda conducta se compone de respuestas objetivamente analizables, por lo que una conducta humana compleja puede ser analizada en unidades de respuesta simples, cada una de ellas objeto de un análisis en términos de estímulo-respuesta, incondicionados y condicionados.

2) La conducta siempre se compone de movimientos musculares y secreciones glandulares, es decir que en última instancia la conducta puede ser entendida como procesos físico-químicos.

3) El estricto determinismo de las respuestas o de las conductas: a todo estimulo sigue una respuesta y toda respuesta es respuesta a un estimulo, de modo tal que pueden establecerse relaciones causales casi mecánicas entre estímulos y respuestas.

4) Los procesos de conciencia no son susceptibles de ser estudiados científicamente. Esta posición, como ya vimos, se vincula con el problema de las relaciones entre mente y cuerpo.


Al respecto, el conductismo watsoniano adopta sucesivamente dos posiciones: una primera es la epifenoménica, que sostiene que la mente puede existir pero que no tiene eficacia causal sobre el cuerpo. Corresponde al período de "conductismo metodológico". Luego deriva en un monismo fisicalista en el segundo período llamado de "conductismo radical".
Veamos algunas de las argumentaciones de Watson en relación a este tema. A la idea de que la introspección, con todas sus falencias, permite conocer algo diferente de los comportamientos visibles por otros, sostiene que lo que de ese modo percibimos son comportamientos previamente aprendidos, interiorizados, y que cuando pensamos, lo que estamos haciendo en realidad es hablar pero de un modo inaudible, subvocal. Ante la idea de que es evidente que los estados mentales determinan el comportamiento, sostiene que para que una idea determine un comportamiento debe ser capaz de producir trabajo, por lo tanto esa idea ha de tener energía. Si las ideas tienen energía, y ése es un argumento para decir que la mente existe, esa mente es entonces de naturaleza física. Porque suponer que una idea puede producir un comportamiento negando que esa idea tenga energía se opone a un principio de la física, entonces recientemente descubierto, el principio de conservación de la energía.
Los hallazgos en el campo de la física de las leyes de la termodinámica, de la ley de conservación de la energía, primero y de la ley de entropía, luego, tuvieron honda gravitación en los sistemas psicológicos que les eran contemporáneos. El problema de la conservación de la energía no fue sólo un dilema de Watson. En la misma época Freud supone, al respecto, que así como hay distintos tipos de energía en la naturaleza -térmica, luminosa, etc. - y una se transforma en otra, hay también una energía vital que se transforma en energías psíquicas de diversa naturaleza, de las cuales se propone analizar la que denomina energía libidinal.
Pero así como la física puede explicar por qué y cómo la energía calórica se convierte en luminosa, la psicología no puede aún explicar cómo la energía vital se convierte en energía psíquica. Finalmente, la aparición, muchos años más tarde, del segundo principio de la termodinámica, lleva a Freud a reformular -sobre esa base- su concepción acerca de los instintos.

En lo referente al tema de la relación posible entre mente y cuerpo otra posición es la paralelista, que sostiene la existencia de ambos procesos, pero sin interactuar entre sí. Si se acepta que no interactúan entre sí, cabe preguntarse acerca de cómo podemos conocer algo con lo cual no hay interacción y cómo es que hay una correlación entre el mundo mental y el mundo corporal. Esta correlación fue atribuida por Descartes a una armonía preestablecida, que hace que las ideas sean paralelas a los fenómenos corporales.


También se ha sostenido que percibimos la existencia de nuestra mente porque si bien el desarrollo de ambas formas son paralelas hay momentos en que ellas se cruzan. Esta conjetura se llamó ocasionalismo y fue sostenida, entre otros, por Spinoza. Es evidente que el problema de las relaciones mente-cuerpo necesariamente implica planteos filosóficos o asumir posturas filosóficas acerca de la naturaleza de la realidad, y eso es precisamente lo que ocurrió con el conductismo radical o metafísico.
El problema de las emociones
Respecto de las emociones, Watson sostiene que en el momento de nacer existen tres emociones básicas que son respuestas incondicionadas, cada una suscitada por estímulos específicos, expresada también a través de respuestas especificas. Son el amor, el miedo y la cólera.
El amor es suscitado en un bebé por las caricias, y se manifiesta porque la piel se vuelve rosada, el bebé se relaja, se tranquiliza. El miedo es suscitado por la pérdida brusca de la base de sustentación, que produce contracciones corporales, gritos y el enrojecimiento de la piel. Y la cólera es suscitada por la sujeción del bebé, imposibilitándole moverse, lo que le produce también contracturas, gritos, enrojecimiento de la piel y la alteración de procesos viscerales que tienen que ver con la defensa frente a una situación de ataque. Todas las emociones o los sentimientos posteriores son entendidos como condicionamientos a partir de estas emociones básicas. Así, por ejemplo, el miedo que se puede tener a un animal se debe a la asociación que el niño haga de ese animal y una situación dada donde se suscitó la respuesta incondicionada de miedo.
Para curarle ese miedo, habría que descondicionar del estímulo que produce miedo al animal, y condicionarlo respecto de conductas de amor, exponiéndolo cada vez más cerca de él y reforzando las respuestas positivas. Watson ejemplifica esto con una hipotética situación experimental en la que se le acercase a un niño, poco a poco, una pecera, a la que antes hubiese cobrado miedo, mientras éste estuviera haciendo algo que le agradara, como comer, por ejemplo. El supuesto es que produce miedo iría perdiendo su asociación con un estímulo incondicionado y se asociaría a un estímulo condicionado de amor.

El neoconductismo
Conductismo molar o intencional
Uno de los continuadores más importantes de Watson fue Tolman, cabeza de un movimiento que se conoce como conductismo molar o conductismo Intencional.

Tolman partió de la idea critica de que Watson hizo un análisis molecular de las conductas, centrándose en las relaciones entre estímulos y respuestas fisiológicas. Al respecto, Watson ya se había visto en la necesidad de distinguir entre conducta y actos. "Actos -decía- son grupos totales de respuestas que se integran de tal manera que el individuo hace algo para lo cual tiene modelos habituales de cómo hacerlo." De esta manera entendía que las conductas humanas son actos, integraciones de respuestas más simples. Aparentemente esos actos eran pensados como cualitativamente diferentes de las respuestas moleculares que los integran analizadas una por una. El acto fue pensado entonces, aun por Watson, como algo más que la suma de respuestas particulares.


La diferenciación entre conductas moleculares y molares ya estaba entonces esbozada. Lo que Tolman agrega es que los actos de conducta, aunque sin duda tengan conexión con las reacciones musculares que son subyacentes y analizables en términos fisiológicos, físicos y químicos, tienen propiedades emergentes de las reacciones que están presentes en esos actos, y que -esto es lo más importante- lo que la psicología ha de estudiar es precisamente esas cualidades emergentes, en tanto que es tema de la fisiología estudiar las condiciones moleculares necesarias para que el acto pueda darse.
Puesto que Tolman plantea que el objeto de la psicología son los actos, las conductas como un todo, veamos cuáles son según él las cualidades de esos actos. Fundamentalmente son tres:

  1. los actos siempre tienden a y provienen de. Los actos siempre tienden hacia objetos, finalidades, y siempre provienen de situaciones;

  2. El tender a o el provenir de no está dado sólo por el carácter de los objetos desde los cuales o hacia los cuales se dirige el acto, sino que además siempre nos muestran cierto patrón especifico de interacción del sujeto, tanto con objetos fines como con objetos medios, que son instrumentos intermediarios para alcanzar esos objetos fines. Por ejemplo, dice Tolman, si en vez de centrarnos en los movimientos de la laringe analizamos el acto de hablar en sí veremos que se habla para algo, se habla para explicar, para darnos a entender, para descollar, para disculparnos, y para alcanzar esa finalidad a la cual tendemos realizamos nuestra conducta de acuerdo con ciertas pautas o interactuamos con otros objetos medios, como puede ser el movimiento de la laringe mismo, que es un nuevo instrumento para alcanzar aquello que perseguimos.

  3. El sujeto tiene la posibilidad de seleccionar ciertos comportamientos antes que otros, lo que significa que el determinismo no es absoluto.


El papel del significado y de la intención en la valoración de los estímulos y de las respuestas
Tolman analiza estas cualidades de los actos. Se pregunta cómo se explica que todo acto tienda a y provenga de; cómo se explica el empleo de objetos medios para alcanzar objetos fines; cómo se explica la selección de los objetos medios posibles. Es evidente que este "tender a" nos muestra cierta intención por parte del organismo, razón por la que a este conductismo también se lo ha llamado conductismo intencional. Pero no hay intención sin cognición, o sea sin algún nivel de conocimiento. No podemos suponer que el organismo es intencional respecto de su meta si no aceptamos al mismo tiempo que el organismo reconoce la meta como algo a alcanzar, a la vez que conoce los medios para llegar a esa meta. Intención y cognición se convertirán entonces en los dos conceptos explicativos fundamentales de los actos. Si hacemos algo no basta como explicación suponer que un estimulo desencadenó nuestra respuesta, sino que lo hacemos porque tenemos intenciones y cogniciones respecto del campo en que esto se produce, respecto de nosotros y de los medios para llegar nosotros a ese objeto del campo. Los determinantes de las conductas, para Tolman y los seguidores de esta escuela, no son por lo tanto los estímulos, sino las cogniciones y las intenciones, a las que llama "determinantes inmanentes" de la conducta, que son interiores al organismo. Vemos aquí cómo el concepto de respuesta es reemplazado por el concepto de acto. Ahora bien, decir intención y no definirla es correr el riesgo de caer nuevamente en un mentalismo. Cabe preguntarse si la intención es algo describible en términos observables. ¿Cómo podemos analizar una intención desde el punto de vista objetivo, cuando la intención es algo inmanente a las conductas, es interior al sujeto?
Tolman intenta una definición operacional: "Hay intención cuando una respuesta muestra docilidad (tendencia a producirse) con relación a algún fin, o siempre que una respuesta esté lista para transformarse o el organismo esté dispuesto para elegir, gradual o súbitamente, ciertas conductas antes que otras". Veamos qué es lo que esto quiere decir. Supongamos una rata colocada en un laberinto a fin de que aprenda a llegar a una meta. Vemos que la rata inicialmente se mueve en distintas direcciones. En determinado momento sigue una dirección azarosa y llega a la meta, y sucesivamente cuando la vamos colocando en el laberinto llega con más facilidad. Si la cantidad de aciertos se vuelve progresivamente mayor, concluimos que esa rata está aprendiendo.
Podría intentarse una explicación por condicionamiento: comer es necesario para la rata y ello le hace establecer una relación entre dirección del laberinto y esa necesidad básica, razón por la que aprende. ¿Pero cómo explicar que la rata pruebe moverse en lugar de quedar quieta? ¿Cómo explicar que en cada ensayo sucesivo la rata vaya descartando caminos erróneos y repitiendo caminos acertados? Tenemos que suponer una cierta selectividad en su conducta. Primero selecciona entre moverse o quedarse quieta, y luego progresivamente va registrando y seleccionando aciertos, privilegiando los caminos acertados antes que los errados.
Esta docilidad del comportamiento es lo que operacionalmente da cuenta de una intencionalidad. La intencionalidad de llegar a la comida y de llegar más rápido que más despacio.
La intencionalidad se convierte así en un dato observable, incluso en un laboratorio, porque siempre que observemos en las conductas selecciones o privilegios de ciertos caminos antes que otros o la mera capacidad o posibilidad de aprender, nos estamos enfrentando a algo que podemos observar directamente, y que llamamos intención.
Dijimos que un acto no sólo se caracteriza por su carácter intencional sino por sus componentes cognitivos, los que deben ser necesariamente incluidos en una conceptualización de los actos, por suponer que los organismos "conocen" los objetos-fin hacia los cuales se dirigen. Los organismos no desarrollarían actos si no reconociesen cuál es la posición inicial de estos objetos en cuanto a dirección y distancia respecto de donde está el organismo. Este conocer es por supuesto diferente según el desarrollo de cada especie, pero aun en animales inferiores necesitamos incluir variables cognitivas para poder explicar la "docilidad" de sus conductas, esta tendencia hacia algo y el empleo de pautas específicas de interacción con objetos-medio para llegar a objetos-fin.
Si alguna de estas características no estuviese presente el acto resultaría algo disparatado, no tendría organización. Pero no es así: los actos presentan una organización que sólo puede ser explicada a partir de los conceptos de intencionalidad y de cognición.
Otro concepto importante del conductismo de Tolman es que la conducta implica la respuesta del organismo como un todo. Aplicado al concepto de docilidad implica que el organismo reacciona como totalidad, como organización frente a la situación-estlmulo.
Intenciones y cogniciones, ya vimos, constituyen lo que Tolman llama determinantes inmanentes de la conducta. El término inmanente no tiene aquí un sentido filosófico como opuesto a trascendente, sino que se refiere, en un sentido amplio, a lo que es propio o característico del organismo. Los determinantes inmanentes pueden ser causados tanto por estímulos del medio como por estímulos del propio organismo. Es decir que las cogniciones o las intenciones pueden ser desencadenadas por estímulos externos, por ejemplo un olor, un estimulo eléctrico o estímulos vitales, por ejemplo la sensación de hambre, la sensación de falta de oxigeno, el dolor o cualquier otra sensación interna. Tolman no desconoce la existencia de los estímulos sino que entiende que el desencadenante de la conducta no son los estímulos sino los determinantes inmanentes por ellos suscitados, a diferencia de Watson, para quien los meros estímulos son las causas de las respuestas.
(Falta figura 1)

Fig. 1. Modelo de conducta según Tolman.


A los estímulos internos o externos los llama causas iniciadoras. Los determinantes inmanentes, responsables de la ejecución de la conducta, revelan tanto capacidades propias de la especie como capacidades propias de ese organismo en particular. El ajuste a la situación específica, su coherencia, la adaptación del organismo al medio dependerán de estas capacidades.
Dijimos que los determinantes inmanentes son sucesos internos que pueden sustituir a sucesos externos. En un ser humano estos sucesos internos los llamamos por ejemplo pensamientos, conceptos, símbolos. Las cogniciones y la intencionalidad determinan las respuestas, que en realidad son actos, aun en especies inferiores. Según Tolman la diferencia entre su punto de vista y el de Watson es que una explicación en términos de contracción muscular y de secreción glandular como tales no es psicología conductista sino mera fisiología.
Sostiene que:

  1. es posible un conductismo no fisiologista, y

  2. que una vez elaborado un nuevo conductismo éste será capaz, no sólo de encarar los problemas del viejo conductismo watsoniano, sino también de retomar con una nueva metodología los problemas de la pslcología anterior.

Sus conceptos fundamentales son cuatro:



  1. agente estimulante, definido en términos físicos: "Son las causas independientes, iniciadoras de los fenómenos de conducta total". Puede resultar de la estimulación de un órgano, por ejemplo, o puede ser un acto precedente, un recuerdo, la evocación de una situación, aunque en este caso sea difícil reconocer cuál es la forma física del estimulo; pero el que no sean aún observables no permite asegurar que no existan modificaciones neuronales;

  2. indicio para la conducta. Los estímulos se convierten en indicios. ¿Cuál es la diferencia entre un estimulo y un indicio? Un estímulo es por ejemplo el ruido de una puerta al abrirse, que se convierte en indicio cuando ese ruido indica que alguien la abrió, o que el viento la abrió. Si alguien se alerta frente al ruido está respondiendo no al estimulo sino a ese estímulo convertido en indicio. El indicio es definido como "la semejanza o diferencia entre estímulos, de modo que permitan una conducta discriminativa". El pasaje del estímulo al indicio ya supone cierta actividad por parte del organismo, puesto que los estímulos existen en el medio, pero los indicios suponen cierta discriminación por parte del sujeto. La integración de diversos indicios configura el objeto de la conducta, que está determinado por el significado conductual de distintos indicios de un objeto cualquiera, en el que se recortan, de la totalidad de estímulos, algunos indicios y se los relaciona entre sí. Un objeto de conducta puede ser definido de un modo conductista no fisiologista, diciendo que está determinado por el grupo de conductas a las que ese objeto pueda dar lugar. Si nos preguntamos ¿qué es una puerta?, podemos responder: una puerta es algo que suscita a los organismos conductas tales como abrirla, golpearla, cerrarla, ponerla, sacarla, etcétera. De esa manera se puede acceder de un modo operacional a problemas tales como saber cómo se forman los conceptos. El concepto deja de ser algo privado que sólo puede ser conocido por información del sujeto para convertirse en una entidad que determinará respuestas posibles. Diré, por ejemplo, que un niño ha adquirido cierto concepto cuando perciba que frente a ese objeto en distintas situaciones realiza conductas dentro de cierta familia de conductas, y que esas conductas son distintas de las familias de conductas que realiza frente a otro objeto. El sólo hecho de nombrar la puerta: "puerta", no nos está indicando que tenga el concepto. Hablar ya es una respuesta, pero no basta con la respuesta de hablar, porque puede ser que frente a una ventana también diga "puerta" y entonces sabremos que todavía no tiene formado el concepto "puerta". Está respondiendo a ciertos indicios de la puerta, que son los mismos que toma de la situación ventana. Es decir que todavía no tiene una categoría interna de puerta y otra categoría de ventana. Y para saber esto no necesitamos preguntarle al niño si tiene o no el concepto. Más aún, si se lo preguntamos no nos lo va a saber contestar. Pero si lo vemos obrar sí sabremos si sabe qué es una puerta y si la diferencia de una ventana.

  3. Acto de conducta, y las cualidades del acto. Para el conductismo watsoniano ¿cuáles eran los problemas básicos? Recordemos: dado un estímulo, ver cuál es la respuesta. Dada una respuesta, ver cuál es el estímulo que lo provoca. Y dada una respuesta a un estímulo que no es innato, ver cómo se ha aprendido. Para Tolman los problemas que plantea el acto son completamente otros: 1) dados los agentes estimulantes determinar cuáles son los indicios de la conducta. De qué manera el organismo establece indicios a partir de los agentes estimulantes. 2) Dados los indicios determinar cuál es el objeto de conducta, v 3) dado el objeto determinante de la conducta ver cuál es el acto de conducta del organismo, tanto si la estudiamos en un ser humano como en un animal. Porque también es psicología estudiar en un animal cómo un agente estimulante se convierte en indicio, cómo los indicios se articulan en el objeto y cómo la conducta es respuesta a objetos y no a estímulos.

¿Cuándo entonces comienza a ser lícito hablar de la existencia de procesos psicológicos? Veamos algunas respuestas: Rubinstein, psicólogo soviético, reflexólogo contemporáneo, dice que puede hablarse de proceso psicológico cuando la realidad externa a un organismo es para ese organismo no estímulos aislados sino un objeto total. Piaget -fundador de la Psicología Genética- dice que aparecen procesos psicológicos cuando los procesos de asimilación ya no implican la incorporación física del objeto sino otras formas de asimilación sin destrucción del objeto, y que esto es válido tanto para los animales como para el hombre.


Estos son sólo dos de los muchos criterios acerca de cuándo se supone aparecen los procesos psicológicos. En ambos podemos señalar el consenso en reconocer una continuidad psíquica entre las especies en un nivel crecientemente superior, idea que tanto escandalizó al mundo cultural de fines del siglo XIX. Pero cabe agregar que algunos neoconductistas creyeron que la evolución biológica no había aportado nada cualitativamente nuevo en las estructuras conductuales, y que sus diferencias podían ser explicadas sólo por una mayor complejidad de los procesos básicos. La investigación debía encaminarse a ver cómo bajo las diferentes conductas subyacen los mismos principios de condicionamiento o aprendizaje simple que se plasman, según el tipo de organismo, en complejizaciones mayores o menores, dependiendo del número de mecanismos implicados.
Tolman, al introducir el concepto de conducta molar, organizada, con intencionalidad y significado, establece un puente entre el conductismo y las tendencias cognitivas que luego se desarrollaron intensamente.


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