Boletín celam n° 297



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PRESENTACIÓN


La Secretaría General del CELAM y el Secretariado de Pastoral Indígena – SEPAI, han asumido como tarea prioritaria la atención sobre la realidad indígena. En abril pasado, en la Ciudad de Oaxaca, México, se realizó un Encuentro “Emergencia Indígena: Desafío para la pastoral de la Iglesia”, en el que participaron los Obispos más directamente relacionados con la Pastoral Indígena y algunos expertos. Cada país presentó un Informe sobre la realidad social, económica, política, cultural, religiosa y pastoral de los indígenas en Latinoamérica. Los Informes serán publicados en un volumen especial.


En este dossier ofrecemos únicamente el aspecto religioso-pastoral de la realidad. Lo hacemos para sintonizar con un segundo Encuentro de diálogo, más amplio, entre pastores y expertos sobre la así llamada Teología India. Será realizado en un Simposio, en Riobamba, Ecuador, del 21 al 25 de Octubre de 2002. Los temas básicos de diálogo serán: Métodos Teológicos; Ritos-mitos y Palabra de Dios; Semillas del Verbo y Plenitud de la Revelación en Cristo; la salvación y la mediación de la Iglesia. Estos grandes temas serán estudiados en conferencias, paneles, talleres y amplio diálogo en sesiones plenarias.
La Secretaría General abriga la esperanza de ofrecer un servicio válido y oportuno en relación al gran desafío que representa, hoy en América Latina, la emergencia indígena y la así llamada Teología India.

LA EMERGENCIA INDÍGENA:

DESAFÍO PARA LA PASTORAL DE LA IGLESIA

REGIÓN DE MÉXICO Y CENTRO AMÉRICA
MEXICO
REALIDAD RELIGIOSA Y PASTORAL DE LOS PUEBLOS INDÍGENAS DE MÉXICO
A medio año del descubrimiento de América, ante las primeras noticias, los primeros contactos y las primeras controversias, el Papa Alejandro VI, destaca la evangelización como justificante de la conquista y de la colonización: “En virtud de santa obediencia, os imponemos de enviar a las dichas tierras e islas, como habéis prometido y sin duda haréis..., hombres honestos y temerosos de Dios, instruidos, hábiles y llenos de experiencia, para que instruyan a los nativos y a los habitantes en la fe cristiana y les inculquen buenos principios” (Alejandro VI, Bula Inter Coetera, 4 de mayo de 1494).
Pero, la primera evangelización promovió y facilitó la participación de los indígenas en la tarea del Evangelio. De esta manera, en un nivel más profundo, también se propició la pronta manifestación de frutos en virtud, gracia y santidad.
En la mayoría de los pueblos indígenas de México persisten expresiones religiosas ancestrales: culto a la “Madre tierra” y en “lugares sagrados”: cerros, montañas, cuevas, manantiales, donde se practican ofrendas y sacrificios con sentido de petición (buen temporal) o agradecimiento (cosecha). Hay un ritual y una simbología para cada momento de la vida del indígena: nacimiento, iniciaciones, cargos, trabajo, fiestas, muerte. La vida del pueblo y de cada persona está estrechamente vinculada con la naturaleza y la divinidad. La sabiduría indígena se concentra en los ancianos y ancianas del pueblo y subyace en todo un cúmulo de mitos y narraciones, transmitidos de generación en generación.
Actualmente resulta imposible entender la religiosidad indígena sin los elementos cristianos, ya que a partir de la primera evangelización los pueblos indígenas integraron estos elementos logrando una síntesis en toda su concepción religiosa. Sin embargo lo más explícito de este proceso de inculturación lo encontramos en las expresiones de la llamada Piedad Popular: procesiones, fiestas patronales, devoción a imágenes, especialmente de la Virgen María y Cristos dolientes, culto a los difuntos, etc. Todo ello expresado con la simbología propia de estos pueblos: flores, velas, incienso, hierbas, música, danzas, etc.
La centralidad que los pueblos indígenas existencialmente intuyen en los sacramentos, principalmente en la Eucaristía y el Bautismo, a pesar de las deficiencias en la formación doctrinal, ha sido y es fuente y fuerza para mantener su vivencia comunitaria de fe. El aprecio y respeto por los ministros sagrados, el cuidado y atención de sus templos son características especiales de los pueblos indígenas. Pero sobre todo, la presencia y mensaje de Santa María de Guadalupe para los pueblos indígenas, es el elemento fundamental que los ha afianzado en la fe, dando sentido a su religiosidad en la aceptación y vivencia del cristianismo. Con mucha razón es reconocido “el Acontecimiento Guadalupano como el modelo de evangelización perfectamente inculturado” (Juan Pablo II, Discurso Inaugural. Santo Domingo, 24)
La Pastoral de la Iglesia con los pueblos indígenas ha seguido un proceso ascendente. Sin negar las sombras de la primera evangelización, la Iglesia mantuvo una preocupación constante por la promoción integral de los indígenas y abogando siempre por sus derechos y dignidad, como lo atestiguan entre muchos otros: Bernal Díaz del Castillo, Bernardino de Sahagún, Diego de Landa, Martín de Jesús, Toribio de Motolinía, Jerónimo de Mendieta, Vasco de Quiroga, Bartolomé de las Casas.
En años pasados la Pastoral indígena fue preferentemente asistencial (Casas misión), después pasó a un nivel más promocional, y en la actualidad, se esfuerza por ser integral e inculturada, reconociendo al indígena como verdadero sujeto de su evangelización. Son significativos los esfuerzos que realizan tanto Obispos, sacerdotes, religiosas, laicos y seminaristas, convocados por la Comisión Episcopal de Indígenas, aplicándose a las cuestiones indígenas y su pastoral. De igual manera en diócesis y regiones se multiplican las iniciativas para responder a los desafíos de la Pastoral indígena: catequesis y liturgia inculturada, traducciones de la Sagrada Escritura en lenguas indígenas, derechos indígenas, proyectos sociales alternativos, etc.
Es alentador constatar la presencia y el trabajo de sacerdotes y religiosas, que el reconocer y valorar su propio origen indígena, van asumiendo un mayor compromiso con sus pueblos. Aunque aún tenemos que lamentar lo contrario, en aquellos que pareciera han quedado vacunados contra sus propios pueblos y culturas.
Los Pastores, y los demás agentes de pastoral de las regiones indígenas del país (sacerdotes, religiosas, laicos), articuladamente buscamos avanzar en los procesos de inculturación del Evangelio con los pueblos indígenas. En nuestras Iglesias particulares, miramos la necesidad de analizar y reflexionar con profundidad las experiencias de inculturación a la luz del Magisterio de la Iglesia. Buscamos valorar los aportes de los mismos pueblos desde su propia experiencia religiosa, a fin de verse enriquecida la Iglesia misma. Pero también estamos atentos a manipulaciones y aun, a cierta ideologización que llega a darse en la interpretación de las realidades indígenas, especialmente por agentes externos.
Por ello es muy importante que tengamos, en nuestro proceso evangelizador, un conocimiento lo más fiel y profundo, de cuáles son los símbolos, ritos, categorías mentales, costumbres, etc. que todavía tienen sentido y valor para nuestros distintos hermanos indígenas; y cuáles de estos símbolos, ritos, etc. han sido impuestos o reavivados por los antropólogos, los estudiosos o inclusive por algunos sacerdotes, creando así confusión, y yendo hacia una nueva colonización cultural religiosa, y no a una genuina inculturación.
A propósito de la Inculturación, profundizando en las “semillas del Verbo”, sacerdotes, religiosas y laicos han iniciado una reflexión que se valora como teológica. Los Obispos estamos conociendo esta reflexión para ofrecer nuestro magisterio. Partiendo de la Teología como la conocemos, es decir como fe que busca comprenderse, como reflexión sistemática y vivencial del dato revelado y por consiguiente como un hablar con Dios: describimos la Sabiduría Indígena como revelación natural, conocimiento y experiencia de Dios por las “semillas del Verbo” existentes en las culturas; como sabiduría, fruto de vivencias y de experiencias religiosas convertidas en patrimonio cultural. Queda aún el trabajo teológico de descubrir, analizar y reflexionar las vivencias del paso de Dios por las culturas de los pueblos.
Miramos necesario purificar el término de la así llamada Teología India, al considerarlo no como un término unívoco o analítico, sino analógico. De igual manera estar atentos a los riesgos que esta reflexión puede presentar, especialmente con la supuesta equiparación de las revelaciones naturales en las culturas con la Revelación positiva en la Sagrada Escritura. Creemos que sobre todo la tarea de una Teología India debe ser la explicitación de la plenitud del Verbo en las culturas indígenas.




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