Blico transformado: la conectividad digital y los espacios



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ESPACIO PÚBLICO TRANSFORMADO: LA CONECTIVIDAD DIGITAL Y LOS ESPACIOS URBANOS.

Susan Drucker.



Gary Gumpert.
El espacio público siempre ha estado moldeado y afectado por el panorama de las tecnologías de la información y comunicaciones existentes en cada época. La privacidad pública portátil responde a las necesidades de un público alienado, desconectado y desconfiado fren­te a los espacios públicos, de tal forma que la interacción pública en sí misma, se está transformando en un "espacio privado incorpóreo" como consecuencia de las tecnologías móviles. Desde los teléfonos móviles y el Wi-Fi, a la gran cantidad de los espacios privados, repletos de dispositivos y medios de comunicación, las tecnologías de la comunicación están rede­finiendo las relaciones hombre-medio ambiente. La próxima generación del paisaje urbano será el resultado de las tecnologías de la información y la comunicación, y estará poblado por personas psicológicamente separadas de la comunidad inmediata, pero coexistiendo en el ambiente físico urbano. No obstante, el espacio público ampliado es potencialmente un lu­gar de la comunidad, para el interés común y para intercambios sociales. Este capítulo explora la relación entre las tecnologías de la información y la comunicación y las funciones sociales del espacio público. Examinará los conceptos de "desplazamiento", "reemplazo" y "presencia psicológica", y la manera como la conexión digital reconfigura el paradigma del lugar" y de la "ubicación".

Cándido, el personaje del Dr. Pangloss de Voltaire, predica la siguiente filosofía: "todo es para mejor en el mejor de los mundos posibles". En el mejor "de todos los mundos posibles" vivimos vidas sociales dinámicas, vibrantes, conectadas a otros según nuestra elección, seguros, a salvo, sin miedo y protegidos de todo mal. Los espacios públicos han sido siempre los sitios destinados para la comunicación, pero al tratar de vivir en el "mejor de los mundos posibles" hemos descuidado y abandonado los espacios públicos en búsqueda de la seguridad que nos proporcionan los lugares privados.

En nuestra tradición investigativa comenzamos a desarrollar la crítica al espacio público hace veinte años con la observación de que estábamos siendo testigos de su desaparición. Observábamos el miedo, la descon­fianza, el deterioro y el abandono de las ciudades y del espacio público mientras su función socializadora se desplazaba hacia los espacios priva­dos controlables. Con el advenimiento del automóvil -la aparición de los aires acondicionados y la capacidad de trascender los lugares localizados espacialmente a través de las telecomunicaciones- se ofreció la opción de desviar la vida social, de los espacios públicos. Lamentamos presenciar el decaimiento de la ciudad y del espacio público. Hoy en día, vemos que el péndulo empieza a regresarse y notarnos el ascendente potencial de la ciudad con una reactivación de su espacio público.

Con el resurgir del espacio público vienen también distintas posturas críticas. En palabras de la socióloga Sharon Zukin: "Las tiendas, los com­plejos de entretenimiento y museos de arte, las intervenciones importantes en el espacio público están dando forma a una ciudad ideal basada en el consumo. Los símbolos comunes de los espacios públicos son cada vez más derivados del nexo de la exhibición estética y la cultura comercial. En Nueva York, por ejemplo, los proyectos de 'espacio público' de los cuales la gente habla -sin ironía- incluyen un número creciente de cafés, calles disneyficadas, y grandes lugares comerciales que intentan ofrecer una metáfora global espacial para la identidad social".

Tal vez, el resurgimiento del espacio público resulta de este proceso de mercantilización, o tal vez sea el descubrimiento de que la interacción me­diada, sin contacto social cara a cara, no satisface plenamente la necesidad humana frente a la interacción y la asociación; o tal vez es la irrupción en el espacio público de las tecnologías de la información y la comunicación, lo que nos tienta en primer lugar a abandonar los espacios públicos tradicionales. En cierto sentido, el uso mixto de los medios de comunicación dentro del espacio público es posible, pues al aumentar la dimensión del entorno físico con el uso de los teléfonos móviles, el Wi-fi, las televisiones públicas, las señales digitales de alta definición y el surgimiento de tecno­logías de vigilancia que ofrecen confort e ilusión de seguridad, se contri­buye a la creación de un nuevo y mejorado espacio público urbano. Así, los espacios físicos de las ciudades están siendo ahora aumentados por los computadores, la conectividad móvil, las redes inalámbricas, entre otros; lo que significa que el espacio físico urbano se ha agrandado y se ha vuelto digital. De esta forma podemos afirmar que las tecnologías de la información y la comunicación son poderosos agentes de cambio. La introducción de este tipo de tecnologías en el espacio público físico trae consigo cambios notables en nuestra experiencia del espacio. Irónicamente aquello que quitan las tecnologías y los dispositivos móviles, lo pueden, a su vez, regresar.
El carácter público y privado de la comunicación en el espacio público.

Los espacios públicos tradicionales -ya sean los espacios físicos forma­les del centro de la ciudad o los que resultan de la integración de puntos informales integrados dentro de los vecindarios- ayudan a promover la interacción social y a crear un sentido de comunidad. Las plazas de los pueblos, los parques, los mercados, los bienes públicos, los centros comer­ciales, las áreas verdes públicas, los muelles, etc., proporcionan un con­junto amplio de lugares en los que ha sido posible la interacción humana. Sin embargo, la vida social vital en otro tiempo sostenido por el ambiente urbano, la que una vez estuvo llena de calles muy transitadas, mercados, parques, alamedas y plazas, se está transformando. La vida social del es­pacio público ahora compite con las tecnologías de la información y la comunicación, las cuales cambian la interacción hacia espacios privados, lejos de los contactos públicos. Así las cosas, la ciudad social está siendo reformulada por tecnologías que permiten la comunicación a través de la conexión más que del contacto tradicional cara a cara,



Investigaciones recientes permiten evidenciar el impacto de las tecnolo­gías de la información y la comunicación sobre la configuración futura de las ciudades y de las comunidades. Existe un importante cuerpo de literatura cada vez mayor alrededor de lo virtual, del on-line y sobre comunidades digitales. Esta literatura hace hincapié en la conexión de las personas en un espacio público electrónico que trasciende lo físico del ambiente. Recono­ciendo que el estado de las comunidades digitales es importante, el enfoque de este capítulo es sobre la relación simbiótica entre el espacio público y la comunicación mediada; sobre el impacto de la comunicación a través de medios electrónicos y su incidencia en la función, el diseño y en la manera como se experimentan los espacios públicos.

El espacio público funciona como un medio de comunicación, visto hasta ahora como información e interacción que se facilita dentro de límites articulados. Los distintos espacios públicos han sido, posiblemente, una de las formas más antiguas de la comunicación. "Estamos convencidos de que, dado que cada medio de comunicación deja su huella en nosotros mediante la alteración de nuestras instituciones, las actitudes y valores personales de igual manera el cambio del espacio público a los lugares privados y las interacciones sin-lugar debido a las tecnologías informáticas, también van a alterar nuestras actitudes y valores, en particular con respecto a nuestro sentido de compromiso cívico y de comunidad”.



El carácter público de los espacios públicos y la capacidad de fomentar la cohesión social se cuestiona cuando se transforma la interacción pública y/o cambia hacia el espacio privado incorpóreo de las tecnologías móviles. Mediante el uso de tales tecnologías de la información y la comunicación, los individuos son aislados se aíslan a sí mismos mediante el control de la conexión y ante la posibilidad de exponerse o no físicamente. La impre­visibilidad o serendipia, se reduce en un entorno en el que, el contenido controlado y la conexión "en demanda" se convierten en una expectativa. Siempre ha habido ambigüedades inherentes a la noción de espacio público; los seres humanos siempre han construido su propio sentido del espacio a medida que se acercan a un lugar público, lo que evidencia que la tecnología móvil está cambiando la relación entre lo público y lo privado.

William Whyte afirma que "Lo que atrae más a las personas al parecer es la otra gente". Pero ¿qué podría pasar si esas personas se esconden detrás de las paredes de las tecnologías informáticas y los medios de comunicación? Hace tiempo que se erigieron "los muros de los medios de comunicación". Un periódico, revista o libro plantea una barrera que separa al lector de un lugar y señala una retirada de la posible interacción cara a cara. Un muro de sonido, el espacio acústico que rodea a cada uno de nosotros, se construye a través del silencio o de ambientes acústicos no compartidos con los demás. Los auriculares portátiles que transmiten programas de radio, los CD o reproductores de música MP3 permiten a la gente estar en movimiento y en privado, al mismo tiempo. La experiencia de sonido pri­vada excluye a otros e impide la posible interacción en el espacio público. La telefonía móvil, y en menor medida, los asistentes digitales personales (PDA y BlackBerries) y acceso a Internet vía Wi-Fi están creando nuevas paredes de los medios.

En The reader cybercities, Stephen Graham observó que "En poco tiempo las tecnologías móviles de comunicación han transformado la naturaleza de la vida urbana de la calle debido a los intercambios electrónicos privados…

Los asistentes móviles digitales personales -PDA- son llaves de interfaces a través de las que muchos habitantes de las ciudades forman y experimentan la vida en la ciudad. La saturación de la ciudad con los teléfonos y otras tecnologías móviles anuncian una reconstrucción de la manera en que los espacios de la ciudad son apropiados y mediatizados. Esto cambia la coreografía pública del movimiento físico en la ciudad". La privacidad pública portátil satisface las necesidades de los alienados, desconectados y desconfiados frente al espacio público. El teléfono móvil no sólo privatiza el espacio público, sino que su uso ha comenzado a alte­rar las expectativas acústicas; algunas de los muros que crean los medios y las tecnologías de la comunicación son, sin embargo, más permeables que otros.



El estado de conciencia de un individuo puede ser redefinido a través del uso dado a tecnologías y medios de información y comunicación, y al ha­cerlo así produce una reconstrucción de la relación personal-medioambiente en los entornos urbanos. Los medios y las tecnologías de comunicación móvil ajustan nuestra percepción del tiempo y el lugar, y del estado psicológico o "presencia" o sensación de estar en una situación. Gergen describe este fenómeno con el término 'presencia ausente'. Los teléfonos móviles proporcionan el medio por excelencia alentador de la 'presencia ausente', a medida que uno se mueve a través del medio ambiente urbano.

Por su parte, R. Murray Schafer acuñó el término "paisaje sonoro" para describir nuestro entorno sonoro. Schafer distingue sonidos urbanos de los paisajes sonoros naturales, En una ciudad moderna se produce un aumento en el nivel de sonido, un grado de contaminación acústica no presente en otros ambientes, que produce como resultado que en las ciudades las personas se inclinen a tratar de recuperar el control del espacio acústico en el espacio público, mediante la adición de una capa de sonido a través de dispositivos personales tales como el iPod y el teléfono celular.

Lo opuesto, a los muros generados por la privacidad pública portátil, se puede ver en el fenómeno reconocido desde hace tiempo como "la agresión auditiva". En The tuning of the world, Schafer señaló que "cuando el sonido es suficientemente fuerte para crear un perfil de gran acústica, podemos calificarlo también de imperialista". La vinculación del territorio y el sonido es fundamental para comprender las actitudes hacia el uso de tecnologías y medios de comunicación. Las relaciones espaciales se alterarán a medida que el individuo se adapte a los cambios en el espacio personal y, a su vez, el espacio personal que rodea a un individuo se medirá visual y acústicamente. El concepto de espacio acústico y su relación con la territorialidad no es nuevo, Schafer sugiere que el espacio acústico de un objeto sonoro es aquel volumen de espacio en el que el sonido puede ser escuchada. El máximo espacio acústico habitado por una persona estaría en la zona en la cual se puede oír su voz, entonces, el espacio acústico de una radio será el volumen de espacio en el que los sonidos pueden ser escuchados. Schafer concluye que "la tecnología moderna ha dado a cada persona las herramientas para activar más espacios acústicos". Es evidente que los altavoces y las grandes grabadoras portátiles han generado malestar en distintas personas y se han buscado mecanismos legales a través de los códigos locales y municipales para conseguir la reducción del ruido. Las conversaciones a través de los teléfonos móviles son consideradas con frecuencia como formas de agresión vocal, porque la conversación privada mediada por los teléfonos celulares se entromete en las formas usuales y aceptables de tal comportamiento.



Las respuestas a los problemas de violaciones al espacio acústico han tomado muchas formas que han incluido desde disposiciones normativas, como la creación de ambientes libres de teléfono móvil en restaurantes, hospitales y teatros, hasta la definición de áreas designadas para su uso. Al­gunas ciudades y municipios han comenzado a asumir en serio el ambiente acústico alterado por los modernos dispositivos de comunicación móvil. Estos esfuerzos ven el problema como un asunto de seguridad pública debi­do a que al sintonizarse con el mundo, mediante aparatos, la gente se vuelve imprudente al conducir y negligente como peatón. Muchos lugares en todo el mundo se han ocupado del peligro de conducir mientras se habla o se envían mensajes de texto, lo que ha llevado a varios gobiernos a establecer prohibiciones totales como en Israel, Japón, Portugal, Nueva Zelanda y Singapur. Y no solo en los automóviles, el uso de disposi­tivos móviles está comenzando a ser abordado en los espacios públicos. Por ejemplo, en Nueva York, un Código de ruido entró en vigor el 1 de julio 2007 administrado por el Departamento de Protección Ambiental de la ciudad de Nueva York, recomienda: "Mantenga conversaciones de teléfono celular al mínimo en los lugares públicos. Las conversaciones por el teléfono celular pueden ser perjudiciales especialmente en locales cerrados como el trans­porte público, donde deben evitarse siempre que sea posible''. Un proyecto de ley presentado en 2007 podría prohibir el uso de reproductores de MP3, teléfonos celulares y cualquier otro dispositivo electrónico utilizado por los peatones que crucen las calles en Nueva York u otras "grandes ciudades" en el Estado. Esta propuesta es consecuencia de dos muertes de peatones debido a que las personas estaban escuchando su iPod en el momento del accidente". Los países y las ciudades están creando zonas de prohibición del teléfono celular también conocidas como "zonas de zen". Esto en concordancia con las medidas adoptadas por Dinamarca, Alemania, Finlandia y Francia, donde se crearon las zonas libres de teléfonos en el transporte público, tal vez sentando un precedente para ser aplicado en los espacios públicos urbanos. La industria ha reaccionado a través de algunas agencias gubernamentales para prohibir los teléfonos celulares mediante la comercialización de un mensaje que busca la autorregulación de su uso. Una encuesta comisionada por Let's Talk en 2009, indicó que los estadounidenses son menos proclives a hablar por sus teléfonos móviles en algunos lugares públicos de lo que fueron hace dos años. Los resultados revelan que los encuestados están divididos frente a la conveniencia del uso de teléfonos móviles en lugares públicos: "La gente está empezando a autorregularse". Los esfuerzos para prohibir los teléfonos móviles en restaurantes, cines y otros lugares públicos pueden dar lugar a la autorregulación.

El espacio público es donde los rituales de la comunidad son promulga­dos, y la identidad de rol exhibida. Los rituales del comportamiento público incluyen el reconocimiento tácito de los demás: saludos, asentir con la cabe­za, apretones de manos y besos, estos son los elementos de contacto social que sirven para facilitar las interacciones potencialmente significativas. En el mundo actual: tales rituales entran en conflicto con los rituales de la con­ducta mediada por dispositivos de comunicación móvil, en tanto que estos rituales se superponen a los rituales de comportamiento público. El teórico de los medios JAMES W. CAREY sugirió un "ritual" modelo de comunicación, atrae a las personas y las junta en comunión y comunidad. Este punto de vista ritual pone de relieve la importancia de las prácticas repetitivas que definen y sustentan a las distintas comunidades. Para CAREY, el punto de vista ritual está en que las culturas se forman con el tiempo y los grupos mantienen su identidad a través de estos rituales.
El espacio público enriquecido por las tecnologías de la información y la comunicación

Durante siglos los rituales de la participación se han promulgado en los espacios públicos. El espacio público, como una manifestación de la co­munidad, funcionaba como un medio de comunicación gracias a lo cual se sostenía la comunidad. Progresivamente, las tecnologías de la informa­ción y la comunicación han sido invocadas para la interacción, la infor­mación y el entretenimiento, trasladando estas funciones de los espacios físicos tradicionales a los dispositivos tecnológicos.

Varios teóricos han predicho la muerte "de la ciudad", es el caso de Frances Cairncroos quien prevé un mundo en el que todos tendrían la libertad para ubicar sus preferencias, en el lugar que mejor se adapte a su interacción libre y con un costo uniforme, con cualquier otra persona en el mundo. Por su parte Morley y Robins han afirmado que se hizo un gran daño con la desterritorialización del espacio y la geografía postmoderna emergente dominada por los espacios de los medios de comunicación. Y Anthony Vidler, Director del Depar­tamento de Historia del Arte y profesor de arquitectura en la Universidad de California, Los Ángeles, hace notar que "el espacio público urbano ha sufrido ataques importantes en los últimos 20 años a partir de la creciente privatización alentada por la confianza en los servicios de Internet hasta la expansión de los centros comerciales".

Al mismo tiempo, el espacio doméstico, como la contraparte del espacio público, se ha estado redefiniendo. Las tecnologías y los medios de infor­mación y comunicación alteraron los espacios domésticos multifuncionales con la aparición de diversos espacios en el hogar que fueron proporcio­nando lugares de conexión global. En Televisión tecnología y forma cultural: en La historia social de Raymond Williams, el autor utilizó el término "privatización móvil" para explicar cómo la televisión se basaba en una significativa y generalizada reconfiguración social. Haciendo hincapié en una redefinición territorial del espacio doméstico, Williams sugirió que el hogar gradualmente se ha convertido en un lugar situado tan distante como otros sitios, y retirado de las ideas iniciales de ciudad: pero vinculado a través de las emisiones comunicativas y otros tipos de "flujos" entre los distintos lugares. No sólo la televisión ha tenido un impacto en el hogar, sino subsecuentemente la cantidad de aparatos de televisión en el hogar redefinieron la naturaleza de las relaciones sociales dentro de la familia. Ahora, las televisiones portátiles y la descarga de video en dispositivos portátiles intensifican el efecto de fragmentación.

Williams afirmó que las tecnologías responden a necesidades históri­cas, siendo la necesidad misma menos importante que "su lugar, en una formación social existente". Para él, la necesidad histórica de la televisión surgió de una sociedad "caracterizada por una movilidad y una mayor extensión en la escala de las organizaciones". En esta configuración los nuevos hogares se destacan como privados y "autosu­ficientes", y crean la necesidad de una nueva forma de comunicación. La casa se convirtió en un centro de existencia capaz de llenar diversas ne­cesidades, incluyendo las necesidades sociales y de entretenimiento. Los espacios domésticos se han convertido en espacios cada vez más mutables con la posibilidad de ser transformados para alterar su naturaleza intrínseca y el uso de los espacios.

El hogar y la oficina "cableada" ofrece sustitutos seguros y convenientes para lo que Oldengurg ha denominado: "terceros lugares", aquellos que están en el intermedio entre los lugares públicos y el hogar. Cuan­do el hogar o el espacio privado se convirtieron en cableados el equilibrio interactivo de la comunicación cara a cara fue cubierto por la interacción mediada, siendo el espacio público la alternativa no mediada o menos me­diada. El individuo se fue despegando gradualmente del espacio público físico, disfrutando de la elección y el control, viviendo en una variedad de comunidades distantes basadas en intereses particulares. El ciudadano desapegado pero conectado reside en un lugar de su elección, pero en una variedad de comunidades distantes, que a su vez redefinen sus espacios físicos de manera paradójica.

Podemos identificar entonces que el impacto de desplazamiento producido por las tecnologías de la información y la comunicación sobre las relaciones espaciales y sociales es de tres tipos:

Relocalización: es un concepto de carácter temporal y se refiere a la cantidad de tiempo invertido en actividades que posibilitan las tecnolo­gías de la información y la comunicación, que altera fundamentalmente la cantidad de tiempo disponible para otras cuestiones. Por lo tanto, resulta evidente que el individuo contemporáneo pasa cada vez más tiempo conec­tado electrónicamente con los demás en lugar de privilegiar la interacción física basada en la relación cara a cara.

Sustitución: la sustitución o modificación de uno o varios lugares por otro. El reemplazo es un concepto espacial.

Des-ubicación: se refiere a la redefinición del espacio social y de pre­sencia psicológica con su emancipación potencial de un lugar.

Cada uno de estos conceptos desconecta o desplaza a la gente de un lugar.

Después de un periodo de tiempo significativo en que el espacio priva­do ha sido dominante, el espacio público aparece de nuevo, rejuvenecido gracias a la novedad de la conexión permanente y el control en la elección, coexistiendo ahora con la estimulación pasada de moda otrora asociada con los espacios públicos tradicionales. La elección y el control invitaron a los individuos a trasladar sus energías, de los espacios públicos a los espacios privados. La movilidad que posibilita las tecnologías de la información y la comunicación así como los espacios públicos ampliados y rejuvenecidos" con los dispositivos de comunicación móvil insertos en ellos, han anunciado el retorno a los espacios públicos. Aquellos individuos que han reingresado a este espacio público son personas diferentes, que hacen nuevas demandas y tienen nuevos usos para esos espacios. Son personas pertenecientes a la generación de los medios y las tecnologías de la información y la comunicación, bajo la tutela mediática, marcados por características de una era digital y con la reciente adquisición de talentos múltiples, con la expectativa de la conexión inmediata, el control sobre el contacto personal y el acceso a la información, independientemente dela distancia. Estas personas operan en un nuevo estado psico-social que abarca y vincula los ambientes físicos con los de la comunicación mediada electrónicamente, de esta forma, la tecnología de la comunicación desplaza y traslada funciones dentro de una comunidad.

La introducción de las tecnologías de la información y la comunicación en los espacios públicos físicos trae consigo el cambio notable en nuestra experiencia del espacio. Algunas de estas tecnologías están insertas en los espacios públicos (por ejemplo, las señales digitales, pantallas gigantes, los transmisores que permiten Bluetooth, GPS, Wi-Fi y cámaras de circuito cerrado de televisión y micrófonos). Otros dispositivos de información y comunicación son llevados a los espacios públicos por los usuarios de esos espacios (por ejemplo, teléfonos móviles, teléfonos inteligentes, lectores de libros electrónicos, juegos de mano, reproductores de MP3, i-pods, i-pads, ordenadores portátiles) y medios de comunicación como radios, periódicos, revistas y libros.

Desde la perspectiva del diseño, existe un grado de tensión entre la interacción potencial con el espacio público (físico) y la que impone el sentido del espacio. Podríamos argumentar que el teléfono móvil, por ejemplo, aumenta el número de personas que psicológicamente pueden habitar un espacio, pero también disminuye el número de personas que efectivamente pueden comunicarse en ese mismo espacio sin crear ruido. Así, diez personas hablando con alguien más a través de un teléfono celular son distintas a diez personas hablando entre sí en la misma habitación. Si se fuera a diseñar un espacio para uso mixto (para los usuarios y no usuarios de teléfonos móviles) ¿estaríamos hablando del mismo espacio? Hay un nuevo tipo de interacción entre las personas que están cableadas o conecta­das por red, lo que lleva a desplazar un lugar público. Abundan los retos de diseño. ¿Pueden los espacios públicos diseñarse de manera diferente y usarse en ellos diferentes materiales?
Espacios mediados: ¿sanos y salvos?

Un espacio público activo, vibrante, va a ser también un factor de disua­sión de la delincuencia, porque el desplazamiento de las personas al es­pacio privado controlado, conlleva la concepción de la ciudad como hostil e insegura.

La presencia de individuos considerados como "inapropiados'''' o "amenazantes" para el disfrute y la apropiación del espacio público, como delincuentes, indigentes, distribuidores de drogas, pandillas de jóvenes, entre otros, conllevan al secuestro del espacio público. El temor a la delincuencia puede haber dado lugar al inicio del éxodo de los espacios públicos hacia los privados, pero el terrorismo ha contribuido también a la aprensión. Para minimizar estos temores, las tecnologías de la información y la comunicación pueden fomentar la percepción o la ilu­sión de seguridad. Las telecomunicaciones móviles y los dispositivos de vigilancia se han convertido en esenciales para proporcionar un sentido de conexión y seguridad, Vidler vio el espacio público como "el sitio de interacción, encuentro y de apoyo entre extraños; la plaza el lugar de reunión y vigilancia" la tienda de la esquina como un comunicador de la información y de intercambio. Estos espacios, sin romanticismo ni nos­talgia, siguen definiendo una cultura urbana, que hace todos los esfuerzos para "garantizar" su existencia", Vidler, así como Jane Jacobs antes que él, afirmó que la verdadera seguridad consiste: "de lo público, en sí mismo" La relación entre los ojos de la vecindad, la comunidad y la seguridad no es algo nuevo. Inherente a estas observaciones hay un retomo a la vigilancia no electrónica en la era de la vigilancia electrónica omnipresente. Hay un contrato no escrito que rige a los individuos localizados físicamente en proximidad, lo cual estipula el compromiso, sin embargo, la dependencia frente a la vigilancia electrónica ha minado la obligación del vecino en la ecuación: protección/seguridad.

Con la rápida aceleración y la adopción de tecnologías de información y comunicación hemos aceptado y abrazado el "culto' a la vigilancia que ubica a las personas de manera segura a distancia. La fusión público-privada del gobierno y los intereses comerciales han creado una red en expansión cada vez más abarcadora de la vigilancia. Potentes cámaras, sensores, tecnología satelital de posicionamiento global y las tecnologías biométricas están construyendo la infraestructura de vigilancia. La tendencia ha sido hacia una aceptación general del aumento de la vigilancia tanto en los sec­tores públicos corno en los privados. La proliferación de la posibilidad de la vigilancia en los entornos físicos y electrónicos ha sido bien documentada, A través de todo el mundo los clics del mouse son rastrearles, las cámaras se vuelven ubicuas, la seguridad de los documentos se vuelve frágil y las expectativas de privacidad se reducen.

Las tecnologías de vigilancia hacen que la seguridad parezca concreta y real y sirva como una luz verde para aquellos que contemplan una nueva entrada en el espacio público. Las tecnologías de vigilancia inmersas en la sociedad incluyen cámaras digitales y grabadoras de video digital con cámaras de vigilancia para hacer acercamientos, recorridos e inclinaciones. Las cámaras espías y los sistemas de vigilancia en red, que se activan por movimiento, mantienen un ojo electrónico vigilante a todos los movimientos sospechosos; las cámaras digitales inteligentes están conectadas en red con televisores e Internet, así como los dispositivos de comunicación móvil que son llevados por muchos consigo a los espacios públicos. Complementan es­tas tecnologías los teléfonos móviles equipados con cámaras fijas y de video sin contar la aparición de cámaras personales cada vez más pequeñas.



Sin embargo, el potencial para la vigilancia puede tener un "efecto per­turbador" sobre el uso dado a los espacios públicos en lo que respecta a las reuniones de grupo (Por ejemplo, la protesta, la interacción social, el uso de la interacción mediada, la investigación y la difusión de información).
Conclusiones

Se puede afirmar que, aunque las tecnologías de información y comunica­ción pueden expulsar a la gente del espacio público, a la vez les invitará a volver a él, al aumentar su potencial comunicativo. Las funciones comu­nicativas de los espacios públicos no han sido inmunes al poder transfor­mador de los cambios en el paisaje mediático. Se puede llegar incluso a considerar la posibilidad de que algunas formas de espacio público se han redefinido como privadas.



Resulta claro que tanto psicológicamente como en términos de propie­dad: el resurgimiento actual del espacio público está siendo marcado por una mayor privatización. Pero dado que la tecnología de la información y la comunicación no es reversible, no se puede desconocer o erradicar la conciencia de dicha invención del conocimiento humano, por el contrario, los dispositivos y medios de comunicación deben ser entendidos y consi­derados como una fuerza con influencia transformadora de los espacios públicos.

Luc Lévesque ha explorado el paisaje "intersticial" visto como lugar de "otredad" o espacio sin uso preciso. Intersticio sugiere espacio sobrante, o como dice el autor, "en un mundo cada vez más mediatizado y virtuali­zado, la condición intersticial en particular ofrece la posibilidad de apren­der de la experiencia de un nuevo tipo de desierto". La vida moderna se vive en el intersticio entre los espacios físicos y los mediados. La teoría del intersticio del espacio mediado sugiere que el ambiente físico y el entorno de los medios y dispositivos de comunicación coexistan y se definan mutuamente; existe, entonces, una relación recipro­ca entre los espacios físicos y los dispositivos mediáticos.

Para terminar, los espacios públicos ampliados, aumentados o agran­dados por las tecnologías de la información y la comunicación: crean un intersticio, una nueva forma de espacio público que ofrece la posibilidad de ampliar su uso y las posibilidades de participación de las personas que los frecuentan. Los espacios públicos mediatizados, aumentados e impreg­nados por las tecnologías de la información y la comunicación ofrecen simultáneamente a aquellos que ingresan, la elección de una permutación simultánea de conexión y desapego, con las consecuentes implicaciones que esto conlleva para la vida en sociedad.


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