Aves de rapiñA



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CAPITULO VIII

- La música de la montaña – El cóndor serrano, amante de las alturas inaccesibles – Al cura todos le dicen padre... – Perón, caudillo satánico que se comparó a un cóndor – Sacerdote que exige sexo oral de sus alumnos – Hay escasez de sacerdotes, por eso la iglesia no excomulga a los degenerados sexuales – Astucia de los sacerdotes obscenos para evitar ser denunciados - ¿Qué dice el papa y qué dicen los feligreses de los curas que violan niños? – Sabiduría divina previene de las sectas -

Estaba solo en plena montaña. Allí era imposible el silencio; el eco de los vientos era la nota, la armonía que vivía latente en su seno como en una gigantesca arpa y el aire que frotaba los peñones enhiesto arrancaba esos sonidos musicales inigualables, las faldas boscosas de los cerros vecinos los recogía con caricias, y robustecido con otras notas, lo despedía otra vez, parecería que esas moles de apariencia ruda y agreste, que parecía amenazadoras tormentas que se levantaban, negras y silenciosas, para estallar sobre mi cabeza, como si en verdad tuvieran vida escondida entre sus ocultas grutas, los intersticios, las cuevas, los árboles, los nidos.



El eco de su voz que se modula y se expresa en muy distintos tonos... y arriba, el cóndor, planeando, solitario...y me inspiró un nuevo capitulo de este “Aves de Rapiña”...

El majestuoso cóndor, amante de las alturas inaccesibles
Mejor que cualquiera descripción que pudiéramos hacer aquí, es transcribir párrafos, del bellísimo capítulo sobre el cóndor que tomamos del libro “Mis Montañas”, el doctor Joaquin V.Gonzáles. el lector apreciará sin duda la hermosura de estas páginas.

Las montañas de mi tierra –los Andes – tienen el cóndor, el morador amante de las alturas, el ave inmortal, que por lo secreto de su vida y lo inconcebible de sus hábitos domésticos, parece un símbolo indescifrable de la muda, pero la grandiosa historia de los montes americanos. El lleva marcada en la pupila la huella de un perenne insomnio, como en un momento de inspiración lo adivinó un poeta nacional, sin haberlo contemplado de cerca, y los nerviosos e inquietos movimientos de su cabeza calva, para mirar a las profundidades y a los horizontes lejanos, sugiere la creencia de que algo más que la pesquisa de la presa le preocupa, y puede ser el temor de un acontecimiento presentido, que vendrá de ignoradas regiones, en día incierto y en son de exterminio...

Veíalo recorrer sereno, con las grandes alas abiertas, el espacio bañado de sol, describiendo círculos inmensos que parecían no tener un término, como en esas parábolas en que circulan los cometas que no han de volver jamás a nuestro cielo; su sombra gigantesca, proyectada desde las alturas, rodaba como la sombra de una nube sobre las faldas, los abismos, las cumbres, y los valles...

De un lado se levantaba una muralla de ciclópeas masas graníticas y cavidades profundas, rematando en un cono cuyo vértice apenas se advertía en el fondo sin luna; las llamas, avivadas a menudo, dejábanme ver la puerta irregular de una enorme gruta...

Vinieron a interesar mi atención unos rumores para mí desconocidos, que llegaban del lado de la gruta: parecía como si en el fondo habitasen gentes de siniestra vida, o seres sobrenaturales que celebrasen asambleas tumultuosas, conferenciadas a media voz, pláticas entrecortadas, ceremonias de cultos secretos...

Luego un hondo silencio, y después una ilusión diversa; oíanse con claridad casi indudable, palabras de un timbre solemne, como de general que diese ordenes terminantes a secas en una avanzada nocturna; chasquidos de alas inmensas que se baten con esfuerzo para remontar vuelo precipitado, silbando en seguida al cortar el viento; crujir de huesos roídos por dientes de acero, y aplicando con mayor intensidad el oído, se percibía muy leve, pero distinto, el piar de polluelos que se aprietan bajo el ala materna para abrigarse todo a un tiempo...

El alba sonrojada dibujábase ya en el horizonte, los astros palidecían; los vapores acuosos del rocío recogíanse en las hondas quebradas, en masas densas coloreadas de casi imperceptible rubor...

Volvíme ansioso a ver la gruta de los rumores nocturnos, y lo que en ella contemplé no ha de ser pintada en una frase, porque es un poema de primitiva grandeza, donde lo nuevo, lo virginal y lo sublime hacen que la mirada se suspenda, y el alma se sujeta a la contemplación de sus cuadros y escenas sucesivas, impregnadas de solemnidad y de religioso misterio. Era el despertar de la gruta de los cóndores a las primeras claridades del día, y en medio del himno naciente que saluda, en toda la tierra y en todos los climas, la vuelta victoriosa del padre de la vida...

Silencioso y con paso mesurado, pero solemne, un enorme cóndor de plumaje de color gris oscuro, asomó de la cueva y se detuvo en el ángulo, saliente de la roca; movió el cuello para probar sus músculos, abrió las alas en toda su amplitud, desperezándose de la inacción de la noche, y sacudiendo con violencia la cabeza, lanzó un poderoso graznido, que voló a confundirse con el cantos que de todas partes surgían en honor a la mañana. Era el himno informe y rudo de su garganta de acero, entonado en pleno espacio; era grito de alerta enviado a las cumbres altísimas, escuetas y desoladas, a las nubes que la coronaban aún porque reposaron sobre ellas, alas selvas profundas y a los valles distantes; era la voz del soberano, advirtiéndoles que iba a emprender el viaje cotidiano por encima de todas las alturas, hasta que el sol se ocultase de nuevo tras las cordilleras inaccesibles.

largo rato permaneció de pie sobre la aislada piedra, con los ojos fijos en el Oriente por dónde el día se acercaba con rapidez. De pronto batió las alas, voló un corto espacio hacia delante, rozando con las alas las copas de los árboles y las aristas de las rocas, y entonces se remontó vigoroso, de un solo impulso, hasta una inmensa altura, desde la cual emprendió su peregrinación por las remotas y desconocidas rutas del firmamento... pero en seguida, el cuadro de la gruta se ofrece más animado, más risueño, más gracioso. Empiezan a salir uno a uno, con aire grave y pensativo, los habitantes de la sombría vivienda, hasta formar bien pronto un enjambre movedizo y bullicioso, con sus medias voces de tonos y modulaciones incalificables, retozando a pequeños saltos sobre una amplia terraza de piedra laja, persiguiéndose unos a otros, girando en reducidos círculos, yéndose a posar en una piedra muy próxima o en una copa de un árbol, de la que era fuerza levantarse antes de asentar todo el peso, porque la rama se encorvaba crujiendo; entre lazándose los encorvados picos, los cuellos sin plumas y las garras negras, jugaban como niños, locos de contentos, al sentir los primeros rayos tibios del sol de invierno que se levantaba disipando las brumas, mientras dos o tres viejos patriarcas, inmóviles, soñolientos, desvelados, los contemplaban impasibles, como abuelos rodeados de sus nietos, indiferentes a la apariencia de los encantos del nuevo día que lentamente volvía el calor a sus alas entumecidas. Los polluelos salieron también a ensayarse en los primeros ejercicios atléticos; emprendían vuelos cortos, seguidos de un cóndor viejo, como para adiestrarlos y protejerlos a cualquier desfallecimiento, y regresaba después a la terraza de su gruta, donde lo esperaban otros que a su turno partían a los mismos paseos...

Desierta quedó la granítica vivienda, y ni un leve ruido salía de sus entrañas, sentí viva curiosidad de entrar en ella, y descubrí por mis propios ojos el secreto... Marcaba sobre un pavimento de grandes rocas encarnadas, y por debajo de una bóvedas cuyos troncos y arcos no se derrumbarán, sino por el sacudimiento terrestre que derrumbe la montaña misma. A la media luz de la inaccesible boca de la cueva, vi lo que puede llamarse el nido del cóndor, y, en verdad, invitan a la reflexión más grave, la rígida desnudez y la pobreza estoica del lecho en que descansa de sus viajes imponderables, el rey del mundo alado de América. Él impera sobre las cumbres, domina las más altas tempestades, asiste invulnerable a los ventisqueros aterradores y a las erupciones volcánicas;... y, no obstante, su vivienda es una gruta fría y desnuda, que el viento azota, el rayo calcina y la lluvia anega; su nido es el hueco de la piedra donde rara vez descansa su cuerpo, manteniéndose en pie, cubierto con su propio plumaje, cuando no pasa las noches a la intemperie, solo como un espíritu maldito, sobre la última roca de una loma anegrecida por el rayo, contemplando el eterno y mudo rodar de los mundos luminosos, y a sus pies la sombra de la tierra, inmensa y difusa como el vacío en que resonó por primera vez la palabra de Dios...

Desierta está la guarida de los cóndores; el esplendor del día los seduce; la ignota ley de su destino los impele a errar por los aires, y a ellos, se lanzan todos dispersos, sin más consigna que escudriñar lo recóndito y emplear la potente garra para alimentar, fortalecer y prolongar la vida. La madre asiste a los hijos jóvenes los trances peligrosos, vuela lo que ellos pueden volar, y cuando los rinde la fatiga, reposan sobre una roca, para emprender de nuevo la peregrinación. Muchas veces, no obstante, se los ve revolotear en enjambres a grandes alturas, en círculos concéntricos, alrededor de un solo punto, y sin que su ronda parezca tener fin; todos miran hacia la tierra, al fondo de un valle o al interior de la selva. ¿Quién ha tocado la llamada que los congrega desde tan remotas distancias? Uno de ellos olfateó o divisó la presa al pasar, y levantándose a una gran altura, para que lo vieran los más lejanos, comenzó a girar sobre aquel paraje, donde una víctima olvidada del cazador, la mula viajera muerta de cansancio, o la cría abandonada al nacer por el ganado o el rebaño, ofrecen comida a todos los cóndores de la comarca. Aquella es la señal convenida de la reunión, y uno a uno van llegando y siguiendo al primero en sus círculos interminables, hasta hace imposible contar el número, y hasta nublar levemente el sol, como una negra tela que el viento moviése sin cesar; y parecen acometidos de vértigo, ebrios de dar vueltas por la misma órbita; la vista se fatiga en vano siguiéndolos, porque ninguno desciende mientras un vago peligro, la presencia de un observador, , un viajero que costea a lo lejos la falda del monte, una nubecilla de humo que anuncia la vivienda humana, les advierte que el festín va a ser interrumpido, o que tal vez a mediado el ardid el hombre para darle caza.

Si durante el día no han desaparecido sus temores, no abandonarán la región, aunque la noche los sorprenda; antes bien, la esperan, porque ante su amparo, cuando todo descansa, ellos descenderán al fin a gozar tranquilos de la ansiada cena, en la cual la res exánime se rodea y se cubre de aquellos voraces y silenciosos convidados, que la desgarran, la mutilan, la descuartizan, la desmenuzan, arrancándole jirones de carne, abriéndoles el vientre con sus cuádruples puñales, que luego son garfios para extraer cada uno una víscera... cuando no queda ya sino el desnudo esqueleto, y en torno suyo los grumos de sangre amasados en el polvo, formando un charco infecto y nauseabundo; cuando cada comensal se aparta e la mesa por sentirse harto, o porque antes se agotara la provisión, empiezan a levantarse como a escondidas, volando a las rocas próximas, donde limpian los picos frotándolos como cuchillos contra las piedras. Entonces comienza a adormecerlas es vago sopor de las digestiones lentas, encogen el cuello, hunden la cabeza entre los arcos superiores de las alas, y por leves instantes se cierran esos rugosos párpados que por tanto tiempo no se juntaron, ni en las deslumbrantes irradiaciones de los soles estivales, ni en las tinieblas de las noches pasadas de centinelas sobre las cimas estremecidas por el trueno o por las convulsiones internas.

Para apresar a este osado ocupante de la hacienda ajena, solo en virtud de ese derecho inventado por los fuertes y los poderosos, el hombre ha debido recurrir a la astucia y al veneno, porque se siente incapaz de perseguirlo en su vuelo, y porque solo así la humanidad ha podido vencer a los grandes rebeldes a sus leyes y a sus dogmas. Yo he visto también al indomable cóndor caer en manos del campesino montañés. Cuando, conduciendo al ganado por los desfiladeros y las águilas cuchillas de los montes, alguna res se derrumbaba y queda entregada a la voracidad de las aves carniceras, él espera la noche para tender la celada a los convidados del banquete próximo, que ya se ciernen sobre la víctima a alturas increíbles, para descender sobre ella en el silencio de las sombras; impregnada de mortífero ungüento la carne muerta, y escondido a larga distancia, dentro de una piedra socavada por el agua, o en un paraje cerrado por tupidas e impenetrables ramas, aguarda la catástrofe. El hombre congrega la negra multitud sobre la presa; comen, engullen, devoran con ansia, con desesperación e inquietud por marcharse pronto, y con avidez de una prolongada abstinencia, y cuando llega el instante de emprender la fuga de sospechados peligros, sienten que sus alas no tienen vigor, que los músculos potentes que las agitan y los sostienen sobre los vientos y las calmas de la atmósfera, se vuelven flácidos y débiles, y ya no pueden siquiera levantar el peso de las plumas que los visten; desmayo, aniquilamiento, agonía, invaden sus cuerpos antes invulnerables, se esfuerzan por huir, y se revuelcan como ebrios ; abren los picos untados aún en el cebo de la carne, y los resoplidos de las angustias resuenan ahogados, pavorosos, horribles; uno tras otro, en confusión, lanzando postreros graznidos que retuercen el alma y erizan el cabello, van cayendo en espantosa lucha contra la muerte, mordiendo la tierra con ira satánica, rasgándolas en hondos surcos con sus garfios acerados, azotándola con aletazos feroces, como queriendo arancarle las entrañas, hasta que, por último, después de un estertor de intraducible resonancia, abandonan su cuerpo al polvo, extendiendo el rugoso cuello, y abriendo en toda su extensión las gigantescas alas, expiran...

Bueno, ¿A quién compararé al cóndor, ave de rapiña que ama las alturas? Pues, a los satánicos curas, sacerdotes católicos, falsos beatos, fingidos célibes, pederastas que toman el antibiblico titulo de padre, para mejor embaucar a los necios: sacarles el dinero, acostarse con sus mujeres... (No nos olvidemos que Cristo prohibió llamar “padre”, a cualquier líder religioso, afirmando. “Todos ustedes son hermanos” –Mateo 23:8 –12)

Y el cantante Alberto Cortéz, dijo con mucho humor y sentido de la realidad:



  • “Al cura, todos lo llamamos “padre”... menos sus hijos, que lo llaman tío” –

no son mediadores entre Dios y los hombres, ese sitio solo lo tiene Jesucristo.

Porque Dios es único y único* es también el mediador entre Dios y los hombres, Cristo Jesús, hombre también él, que se entregó a si mismo como precio de rescate por todos”.

(1° Timoteo 2:5-6/ fuenterrabia).

Hoy, casualmente, vino a pedirme un libro un ex –viajante de comercio que quedó sin trabajo y sin casa, y me dijo:



  • Ya mañana mismo vuelvo a trabajar, las oraciones suyas son las que hicieron todo –

  • No diga eso –dije- eso es creencia herética católica y evangélica donde creen que el pastor o el cura es intercesor entre Dios y los hombres. No es así. Todos somos iguales, ore usted a Dios por medio de Cristo y todo estará bien –

Bueno, en cuanto a esto de comparar a los satánicos caudillos con cóndores, ya lo hizo Perón cuando dijo: “los simples andan en bandadas, como los gorriones, los sabios, andamos solos, como los cóndores”.

Y un vecino nuestro, el gallego don Sanchez, decía:



  • “A los curas le dicen “padre”, porque han dejado embarazadas a todas las mujeres de barrio”.

Bien, hablaremos de estas aves de rapiña: los curas pederastas o violadores de niños, a los cuales comparamos con inmundos y arrogantes cóndores...

¿O.K.?
Sacerdotes Pederastas Ángeles Caídos


Una ola de denuncias sobre abusos sexuales a menores por parte de sacerdotes dejó al descubierto los intentos de la Iglesia Católica por encubrirlos.

El Cardenal de Boston, Bernard Law, ha sido acusado de ocultar los casos de pederastas que estaban bajo su mando en su diócesis.

Frank Martinelli, de 54 años, es un asesor de organizaciones sin fines de lucro, radicado en Milwakee, casado y con un hijo. Cuando tenía 15, su sueño era ser sacerdote. De hecho, a esa edad fue monaguillo del padre Laurence Brett en Stanford, Conecticut. El deseo de Frank de formar parte del ministerio de la Iglesia Católica se esfumó cuando el joven sacerdote acarició al adolescente en un baño, durante un viaje de excursión a Washington, para luego instigarlo a que le practicara el sexo oral. Confundido y asustado, Frank Martinelli no comentó esa amarga experiencia en los próximos 30 años, hasta que, por esas cosas de la vida, un amigo de la adolescencia le reveló que el padre Brett también había abusado de él. Recién ahí comenzó a recibir tratamiento psicológico, se decidió por contarlo todo y entablar una demanda contra el sacerdote y la diócesis de Bridgeport, a cargo del obispo Edward Egan.

Era el año 1992; sin embargo, desde 1964 las autoridades eclesiásticas de esa localidad sabían de las desviaciones de Brett. En el proceso legal en su contra, el sacerdote reconoció haber caído en seis faltas relacionadas con abusos sexuales. Pero, como si no bastara ello, continuó desenvolviéndose en el ministerio. Sólo unas semanas después, el obispo Egan prohibió a Laurence Brett que siguiera ejerciendo el sacerdocio.

En 1997, Frank Martinelli fue indemnizado con un millón de dólares, pues el jurado que tuvo a cargo el caso, decidió que la diócesis había faltado a sus obligaciones al no avisarle sobre las debilidades del sacerdote.

En los últimos años, la Iglesia Católica se ha visto sacudida por una serie de escándalos relacionados con sacerdotes pederastas. Sin embargo, lo que más llama la atención no son los abusos per se, sino el hecho de que, al igual que con el padre Laurence Brett, la iglesia ha encubierto estos graves casos y ha permitido que los clérigos pedófilos continúen en sus ordenes sacerdotales, sin tomar medidas que sienten precedentes y prevengan el cometimiento de estos actos a futuro. Lo único que hizo la iglesia católica, sobretodo la estadounidense, fue trasladarlos a otras parroquias en otras ciudades, estados o en el extranjero. Solo los pastores pederastas con mucha reincidencia fueron retirados del ministerio.

El padre Paul Shanley fue arrestado en mayo y afrenta cargos por violaciones a niños en Boston, Massachusetts.
El siglo sacerdotal
En la década de los ochenta, el reverendo Thomas Doyle, un experto en Derecho Canónico de la Nunciatura del Vaticano en Washington, elaboró un informe recomendado que se alejara de los sacerdotes pedófilos del contacto con los niños, se brindara ayuda a las víctimas y se comunicara al mundo de la verdad. No obstante, cada vez que surgía un caso, la Iglesia sostenía que se trataba de un hecho aislado.

Al subir al grado de cardenal, ellos se comprometen ante el Sumo Pontífice a guardar en secreto cualquier situación que, si es revelada, pudiera perjudicar a institución católica.

Si librar a la iglesia del escándalo era literalmente una virtud cardenal, los obispos de las 194 diócesis de los Estados Unidos, que tenían responsabilidad directa sobre las conductas clericales erróneas, la convirtieron en su principal máxima: lo mejor era que la gente no supiera nada”. Señaló la revista Time en un artículo publicado en su edición de la última semana de marzo, en el cual indica también que en el Vaticano le dijo a los obispos que se las arreglaran solos con relación a los abusos sexuales. Entonces, si las denuncias llegaban a la diócesis, el obispo hacía el rol de fiscal, juez y dictaba sentencia. La imagen de la Iglesia y la necesidad de retener clérigos ante la falta de vocación sacerdotal influyen en el secretismo.



Rita Milla asegura que mantuvo relaciones sexuales con seis sacerdotes. Uno de ellos la habría embarazado de su hija Jaqueline , quién la acompaña en la foto.

En los últimos meses, los medios de comunicación han bombardeado al público con noticias de estos escándalos. En la televisión, se observan mujeres y hombres adultos mostrando fotos mientras afirmaban: “Este soy yo a los 12 años, cuando el padre... abusó de mi”. ¿Porqué esperaron a que transcurriera tanto tiempo para ponerlo en conocimiento público? Es digno de cuestionar, si se considera que estas denuncias hubieran servido para prevenir estos comportamientos erróneos del clero. Según se conoce, al ser trasmitidas las acusaciones a los obispos de las distintas diócesis, ellos se encargaron de convencer a las familias de que revelar los hechos podría afectar la fe, por lo que las víctimas y sus allegados desistían de hablar con la policía y los feligreses. Además, los convencían de que lo mejor era otorgar al sacerdote pederasta el perdón cristiano y se comprometían a enviarlo a un centro de rehabilitación.
Sanciones y soluciones
La ola de acusaciones públicas, que sacudió a la institución católica este año, empezó a tener una repercusión importante el pasado febrero. En ese mes, el diario The Boston Globe reveló que la arquidiócesis ocultó las denuncias contra al menos 70 sacerdotes, durante 10 años, a partir de ese hecho, salieron a la luz escándalos similares en el resto de Estados Unidos. Desde entonces. Un obispo y 62 sacerdotes han debido renunciar o han sido suspendidos, mientras que la policía ha recibido información relativa a 260 clérigos y las investigaciones al respecto ya se han iniciado.

Mark Vincent Serano, quién de niño fue abusado sexualmente por un clérigo, sostiene la foto de Eric Patterson que se habría suicidado por ese mismo motivo.

De su lado, los legisladores norteamericanos realizan gestiones para incluir a la iglesia, lo mas pronto posible, en las leyes que hablan sobre los informantes obligatorios. Actualmente, la mayoría de los obispos se han comprometido a comunicar a las autoridades policiales las acusaciones que surjan a futuro. Aseguran estar revisando con detenimiento y profundidad sus archivos secretos, para así contribuir a las investigaciones con los detalles de los casos que tengan registrados en los últimos 49 años.

En abril, luego de las celebraciones de semana santa, el Papa se reunió con la curia de los Estados Unidos para tratar el tema. En la cita, el Pontífice les dijo a los cardenales que “No hay lugar en la iglesia católica para sacerdotes que abusen sexualmente de menores”; mientras que, días después, los cardenales anunciaron que adoptarían una resolución en junio, durante una conferencia en Dallas. Es así que aprobaron un acuerdo en el que se prohibe el ejercicio al ministerio a los religiosos que hayan abusado de menores. La resolución se ha establecido en el marco de una política provisoria de dos años que no requiere la aprobación del Vaticano.

Sin embargo, un diario católico estadounidense señaló que esta política de “tolerancia cero” podría no ser aceptada por la Santa Sede. “La iglesia se trata de reconciliación . su máxima prioridad no puede ser la expulsión de pederastas”, dijo un funcionario del Vaticano a The National Catolic Reporter.

Sea aceptada o no esta sanción, al cabo de 24 meses, la Santa Sede deberá mostrar una real intención, no solo condenas verbales, por manejar de forma distinta y transparente esta clase de escándalos.
Y... ¿Qué dicen los fieles?
Según un sondeo difundido por Zogbi International y Le Moyne College Syracusse, Nueva York: - El 96% de los encuestados señaló que deseaba que el Papa Juan Pablo II adopte acciones disciplinarias contra los obispos que no alejen del sacerdocio a los pederastas.

  • El 79% apoyaba con firmeza la nueva política de los obispos de sacar del ministerio a los pedófilos

  • El 75% sostuvo que era muy improbable que dejaran la iglesia católica a raíz de un escándalo.

  • El 5% aseguró que abandonará esta religión.

  • El 17% indicó que contribuyó con menos dinero a su parroquia luego de salir a luz pública las denuncias de abusos sexuales.

La encuesta se realizó con una muestra de 5 o 6 católicos en los Estados Unidos.

Bien dijo el Jesucristo en su profético Apocalipsis, al referirse a la inmoralidad de la gran Babilonia: “Las naciones se emborracharon con el vino de su pasión inmoral, los reyes del mundo cometieron con ella inmoralidades sexuales... se han emborrachado con el vino de sus inmoralidades” (Apoc. 17:2/ 18:2-3), y otra vez.

“Tenía en la mano una copa llena de cosas odiosas de las impurezas de sus inmoralidades sexuales” (Apoc. 17:4 /Dios Habla Hoy)

Y ¿Qué de los curas homosexuales?



Bueno, eso lo veremos en el siguiente capitulo... ahora, un poco de consejos sabios para no dejarse engañar con la gran prostituta mística:
(Proverbios 3:1-10)
No olvides mis enseñanzas, hijo mío; guarda en tu memoria mis mandamientos, y tendrás vida larga y llena de felicidad. No abandones nunca el amor y la verdad; llévalos contigo como un collar. Grábatelos en la mente y tendrás el favor y el aprecio de Dios y de los hombres.

Confía de todo corazón en el Señor. Y no en tu propia inteligencia. Ten presente al Señor en todo lo que hagas, y el te llevará por camino recto.

No te creas demasiado sabio; honra al Señor y apártate del mal: honra al Señor con tus riquezas y con los primeros frutos de tu cosecha; así se llenarán a reventar tus graneros y tus depósitos de vino.



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