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INTERVENCIÓN PSICOSOCIAL EN LOS TIEMPOS DEL POSTCONFLICTO.

Autor: Carlos Arango Cálad Ph.D1.

En el momento en que las dinámicas del desarrollo social de nuestro país se encuentran en una situación de crisis, en que los conflictos sociales promovidos y orquestados por las clases dirigentes de este país, se han salido del control político y social, las instituciones colombianas reflexionan sobre el papel que han jugado en la creación y mantenimiento de esta situación y sobre su función de reguladoras del desarrollo social, e intentan encontrar el camino para revertir este proceso y aportar en la construcción de una nueva dinámica de convivencia para nuestra nación.

Llevamos en este país más de sesenta años de conflicto armado entre las FARC y el estado colombiano. Sin embargo fue solamente hasta el año 1997 en que a través de la Ley 387 se instituye la primera norma que reconoce la existencia del desplazamiento por conflicto armado. Era la primera vez que el estado reconocía la realidad del conflicto. Este fue un gran avance en la dirección de reconocer los problemas de este país, al hacerlo, se realizó un llamado explícito al gremio psicológico y a los profesionales del sector social para dar una respuesta coherente frente a esta realidad ya que esta ley determinaba como obligatoria la atención en salud y la atención psicosocial de la población desplazada.

Si las instituciones universitarias formadoras de psicólogos se hubieran enterado de lo que esto significaba, habrían adoptado políticas de formación orientadas a generar los profesionales formados en atención psicosocial, donde se hubiese puesto al servicio de la sociedad lo mejor y más actualizado del conocimiento psicosocial existente en la historia de la psicología social desde comienzos del siglo XX, y de la psicología comunitaria existente desde la década de los 60’s. en que se desarrollaron las estrategias de trabajo psicosocial comunitario. Sin embargo las universidades siguieron actuando como hoy de espaldas a las realidades comunitarias y formando psicólogos para responder a las demandas del mercado y no a los problemas que este sistema de mercado genera.

No solo las instituciones universitarias hicieron caso omiso de esta ley, también las instituciones estatales ignoraron el tema de la atención psicosocial a los desplazados por lo que siete años después la Corte Constitucional lanzó la Sentencia T-025 de 2004 por el incumplimiento del Estado con la población desplazada reconocida en la Ley 387 de 1997, en la que instauró un auto que reiteró la obligatoriedad en "la atención psicosocial" (ver http://www.corteconstitucional.gov.co/T-025-04/A2004.php).

No es este el lugar para desentrañar y reconstruir la manera como la preocupación por la atención psicosocial fue permeando a las instituciones estatales y de salud. El hecho actual es que desde el momento en que el estado colombiano abrió las conversaciones de paz en La Habana y declaró la existencia del escenario del postconflicto generando las convocatorias para la atención psicosocial de las víctimas del conflicto armado, es que se pone en evidencia que el gran contingente de profesionales en psicología que han sido contratados por el estado para ejercer esta función, que debían estar formados y capacitados para orientar e implementar estas políticas desde su experticia profesional, no tiene ni los conceptos, ni las técnicas y metodologías necesarias para responder a la demanda planteada, y que las 140 universidades que están inundando de profesionales el mercado laboral, apenas están empezando a preocuparse por crear las condiciones para formar personal capacitado para la intervención psicosocial en procesos comunitarios.

Como muy bien lo plantea Nelson Molina en el prólogo del texto más reciente sobre intervención psicosocial en Colombia (Moncayo y Díaz, 2015) que recoge siete revisiones sobre este concepto elaboradas por investigadores colombianos y uno cubano: “En Colombia, la intervención psicosocial se ha convertido más en un tema de política pública que en un asunto de reflexión académica” (Molina, 2015). Después de revisar el panorama presentado en el texto concluye que la intervención psicosocial que emerge de estos artículos es una “suma de nociones que puestas en conjunto producen un efecto disperso que solo se esclarece cuando se apela al interrogante: usted, ¿desde dónde está hablando?. Las respuestas a esta pregunta ponen de presente la dispersión de comprensiones existentes y la multitud de profesionales que hacen usa de ella sin tan siquiera responder con acierto la pregunta formulada. La intervención psicosocial patentiza la amnesia de una comunidad académica y profesional que invoca a su intuición más inmediata para proponer una definición que ha sido ampliamente debatida e incluso transformada. En consecuencia el uso de la categoría acusa prácticas silvestres de conquista de territorios ya explorados, que con ánimo “innovador” son presentadas como propuestas relevantes y poco exploradas” (Molina, 2015). Como también muy bien lo concluye: “hemos sido los psicólogos sociales quienes menos atención le hemos prestado a la definición de la categoría psicosocial y, así mismo, de intervención psicosocial” (Molina, 2015).

Concuerdo con Nelson Molina en todas estas afirmaciones, menos en aquella en que afirma que esta situación patentiza la amnesia de una comunidad académica y profesional. Considero que para que haya amnesia de la concepción psicosocial, esta concepción ha debido hacer parte del repertorio de la formación básica de los psicólogos que en la actualidad se están enfrentando con el problema de llevarla a la práctica, y lo que nos encontramos es que la concepción no ha hecho parte de la formación profesional básica. Lo que no ha hecho parte de la historia de aprendizaje no puede ser olvidado. A esto se le llama ausencia de formación básica profesional y señala la responsabilidad de los formadores de psicólogos en nuestro país.

En este contexto del postconflicto se me ha solicitado que presente las contribuciones que desde la psicología se pueden hacer a la construcción de la convivencia en este país y a la promoción de la reconciliación. Es una pregunta muy amplia porque mucha agua ha corrido por debajo del puente de la historia de la psicología social y comunitaria, de la que deberían estar bien informados los contextos universitarios.

Presentaré solamente las contribuciones que desde la Psicología Comunitaria de la Convivencia (Arango, 2006) hemos logrado elaborar a lo largo de 36 años de trabajo centrado en la docencia y la investigación desde la docencia, para aportar los conceptos, las metodologías, las técnicas y las experiencias necesarias para orientar una comprensión psicosocial de la realidad y un ejercicio profesional consecuente que puede contribuir a la construcción de la convivencia en el nuevo país que todos necesitamos.

Existen dos publicaciones al alcance del público que dan cuenta de estos desarrollos. El primero es el libro Psicología Comunitaria de la Convivencia (Arango,2006) y el libro Psicología Social Comunitaria (Buelga et al, 2009) de Editorial Trillas donde presento una sistematización de toda la experiencia bajo el título de “La convivencia en los escenarios de la intervención psicosocial comunitaria” (Arango, 2009).

Intentaré exponer de una manera esquemática lo que entendemos por una perspectiva psicosocial de la realidad, posteriormente desarrollaré el concepto de intervención psicosocial comunitaria, aportaré una posible metodología general y finalmente mencionaré algunas experiencias reales de nuestro contexto colombiano que pueden ser ampliamente revisadas en los textos anteriormente mencionados y en algunos otros que mencionaré.

¿Qué entendemos por una perspectiva psicosocial de la realidad?

La perspectiva psicosocial en una forma de acercamiento de los científicos sociales a la comprensión de la realidad de una manera interdisciplinaria, donde se pretende por una parte reconocer el carácter dinámico y complejo de la realidad a la vez que se pretenden superar numerosos dualismos provenientes de los vicios dejados por la racionalidad positivista y funcionalista donde se pretendía separar el sujeto del objeto, lo interior de lo exterior, lo individual de lo social, así como pretender delimitar objetos y campos disciplinarios inherentes a la psicología, la sociología, la antropología, la política, etc.

Un ejemplo claro sobre este posicionamiento lo encontramos al revisar el estado del arte de la psicología social en Colombia realizado por Alzate y Arango (2008) donde describen lo psicosocial de la siguiente manera: “La psicología social se asume como un proyecto no confinado en los marcos propios de una disciplina, presentando un carácter decididamente intersticial o fronterizo; al menos su proyecto “fuerte” se sitúa allí: un saber que propone dar cuenta de aquello que en principio la psicología y la sociología tradicionales no asumirían: lo psicosocial. Aquellas pretenderían dar cuenta del mundo humano o social de una manera más compartimentada: “Mientras que esas otras ciencias sociales tienden a usar el nivel societal de análisis, utilizando amplios factores macrosociales para explicar la conducta social, como la clase social, factores históricos, etc., y los psicólogos suelen acudir a un nivel individual de análisis, utilizando las características individuales de las personas para explicar su conducta (factores cognitivos, rasgos de personalidad, etc.), en cambio los psicólogos sociales utilizan un nivel de análisis intermedio entre los otros dos, el de las relaciones interpersonales o, mejor aún, el de la interacción social” (Ovejero, 1988, p.449). Será ese nivel meso o intermedio el que le imprima su misma singularidad y posicione a la psicología social como una interdisciplina, en tanto conexión y comunicación de diversos saberes o disciplinas” (Alzate y Arango, 2008).

La perspectiva psicosocial no es una teoría, pero se nutre de la confluencia de varias teorías. Para acercarnos de una manera más concreta a la comprensión de la perspectiva psicosocial propongo, retomando los trabajos de Goffman (1959) que los fenómenos humanos pueden ser comprendidos como los realizados por uno o varios actores en un escenario donde representan una obra teatral. En esta metáfora teatral identificamos diversos elementos. Entre ellos destaco el concepto de papel o rol del personaje, el concepto de comedia que se refiere a la situación construida por el autor y el mundo como teatro que se refiere al contexto o escenario en el cual se representan los papeles. Es decir que la metáfora del escenario nos remite a la articulación entre los papeles (los roles, la interacción simbólica), las situaciones y el contexto (sistemas) en el que se representan. A través de esta metáfora podemos reconocer varias aristas de la perspectiva psicosocial desarrolladas diferenciadamente por diversas corrientes teóricas tales como el interaccionismo simbólico, la fenomenología social, la etnometodología, la etogenia y la teoría sistémica.

Asumiendo una posible definición, lo psicosocial es el campo de la experiencia personal e interpersonal o interexperiencia, donde, a partir de la interacción y el intercambio de significados entre las personas, se configuran los procesos y objetos en función de los cuales construimos nuestra subjetividad, nuestra identidad así como la realidad personal, social y cultural que hacen parte de nuestra vida cotidiana (Arango, 2002).

Entendemos lo psicosocial desde una perspectiva holística, es decir que tanto nuestra realidad individual, como la social o cultural hacen parte de un mismo proceso global donde no es posible acceder a la comprensión de un proceso aislándolo del contexto, sino que, por el contrario, es en relación con el contexto global como accedemos a la construcción de su sentido. Desde este punto de vista hacer referencia a procesos psicológicos, sociales, culturales o históricos considerados de una manera aislada y autónoma, nos llevaría a incurrir en una gran distorsión de su sentido, mientras no explicitemos su relación con las demás dimensiones y la perspectiva global.

En este contexto de lo psicosocial, nos planteamos el desarrollo de la persona, la sociedad y la cultura como un mismo proceso donde existe interdependencia entre las partes implicadas. Las consecuencias de adoptar este enfoque son claras ya que tal como lo plantea la psicóloga Fina Sanz: “Para que pueda darse un cambio de valores realmente efectivo tiene que haber una actuación paralela en tres áreas: la social, la relacional y la personal, porque es en esos tres espacios en donde se plasma. Trabajar sólo en alguno de ellos es una labor necesaria, imprescindible, pero insuficiente, si bien la actuación en cualquiera de ellos repercute en las demás” (Sanz, F. 1992).

Retomando la propuesta de la psicoterapeuta y sexóloga española Fina Sanz, concebimos el trabajo sobre lo psicosocial a partir de la autopercepción que las personas tienen de sí mismas, de su forma de relacionarse o vincularse con las demás y de su contexto sociocultural. “Según una persona se siente, se percibe, según sus valores y creencias, se relaciona con los/as demás de una forma u otra. Pero ese sistema de creencias y valores son fundamentalmente sociales. Y a su vez, una sociedad que funciona con base en un sistema de valores educa a sus miembros para que se relacionen de acuerdo a la interiorización de los mismos. Todo se produce coordinadamente”. (Sanz, 1993).

Es decir que reconocemos una relación dialéctica entre la estructura socio-cultural y la experiencia de la persona que se concreta, se interioriza, se exterioriza, se desarrolla y cambia a través de o por la mediación de las formas de relación o los vínculos entre las personas. De esta manera establecemos una clara relación entre los vínculos afectivos y la estructura social de la que somos parte (Arango, 2002).

El enfoque psicosocial, que se ha derivado entre otros autores de los planteamientos del Interaccionismo Simbólico de G.H. Mead (1934), y del Construccionismo Social de Berger y Luckmann (1968, 1977), pone su acento en las relaciones entre las personas. Este enfoque ha sido desarrollado a través de los estudios sobre el apoyo social. En la actualidad, muchas de las propuestas teórico metodológicas alternativas al modelo clínico o médico psiquiátrico de comprensión de los problemas del comportamiento se han desarrollado, colocando un especial énfasis en el papel que puede jugar la comunidad en la solución de los problemas, o para decirlo de una forma más explícita, en la hipótesis de que gran parte de los problemas del comportamiento se explican por la ausencia de vínculos comunitarios, falta de calidad en las relaciones de colaboración y ayuda mutua de las personas, o por efecto de proceso de desintegración de la vida comunitaria. Es decir que si se trabajase en un sentido de fortalecer los vínculos y lazos de colaboración y ayuda mutua, se estaría realizando un trabajo de prevención de estos problemas.

Comprender psicosocialmente la dinámica de una comunidad, nos remite en primera instancia a las interacciones existentes entre las personas que hacen parte de dicha comunidad y en segunda instancia en el análisis de las organizaciones y estructuras sociales que están jugando un papel preponderante en esas interacciones. Por tal motivo, es a partir de los vínculos interpersonales y de las redes de relaciones entre ellas, como podemos acceder a reconstruir la dinámica de una comunidad. Este tipo de relaciones ha sido denominado como relaciones de apoyo social.

El concepto de intervención psicosocial comunitaria.

Una vez presentada la perspectiva psicosocial es necesario comprender cómo puede aplicarse en contextos y con personas reales y concretas. Para ello adoptamos el concepto de intervención psicosocial comunitaria como una herramienta técnico-práctica que orienta el trabajo psicosocial hacia la construcción de lo comunitario y la potenciación de su capacidad de intervención.

“La intervención comunitaria es el conjunto de acciones que, desde un enfoque metodológico integrador y globalizador, las personas que integramos una comunidad con nuestros distintos recursos personales, técnicos o no, ponemos en marcha para lograr la toma de conciencia y comprensión de nuestra propia realidad y la promoción de nuestro desarrollo global en todos los sectores y áreas de nuestra vida laboral, social, etc.”. Esta definición construida por el grupo de psicólogos comunitarios participantes en la investigación sobre el rol del psicólogo comunitario en la Comunidad Valenciana (Arango, C. 1995), nos presenta una serie de elementos básicos a tener en cuenta en la intervención comunitaria, a saber:

1. Las personas que integramos una comunidad: Con esta formulación se está afirmando, que la intervención comunitaria es realizada por la comunidad misma. Es decir que el psicólogo comunitario, el técnico o el profesional, hace parte de la comunidad, descartándose la idea de que pueda existir una intervención comunitaria realizada por agentes externos a una comunidad. Cuando el profesional o el técnico se colocan por fuera de la comunidad, y no hacen parte de su dinámica relacional, pierden la oportunidad de comprender la forma como esta comunidad vive e interpreta su propia realidad. Igualmente, no es posible hacer una intervención comunitaria, cuando se atribuye desde afuera de manera instrumental el carácter de comunidad a un conjunto de personas, y se interpreta su realidad desde fuera del escenario en que la comunidad existe. La comunidad implica relaciones de interioridad, de reconocimiento mutuo como pertenecientes a un nosotros construido conjuntamente (Tonnies, 1887; Laing, 1971). La comunidad, como objeto de intervención desde su exterior, es un imposible y toda intervención desde afuera de la misma es anticomunitaria y genera problemas de desintegración.

2. Con nuestros recursos personales, técnicos o no: La comunidad es una unidad de experiencias personales que confluyen hacia el alcance de un objetivo compartido. Cada experiencia personal es un cúmulo de saberes técnicos o no técnicos. El psicólogo como profesional, o los funcionarios institucionales son recursos técnicos al servicio de la comunidad. El profesional o el funcionario institucional solo pueden hacer intervención comunitaria, asumiéndose como parte de la comunidad, y cualquier persona que hace parte de la comunidad posee un saber y una experiencia útil a los objetivos comunitarios.

3. Desde un enfoque metodológico integrador y globalizador: En este punto encontramos la pertinencia de colocar al servicio de la comunidad con la que trabajamos como profesionales el enfoque psicosocial y una metodología apropiada, de tal manera que se acceda de manera integral a la realización del proyecto comunitario adoptado.

4. Ponemos en marcha un conjunto de acciones para lograr la toma de conciencia y comprensión de nuestra propia realidad: La intervención comunitaria implica la realización de acciones que hagan posible en primera instancia la explicitación de las maneras como las personas interpretan su realidad, como viven sus situaciones y construyen su realidad. En este sentido se reconoce que la realidad es una construcción social, que es necesario explicitar de manera comprensiva cómo se han realizado dichas construcciones y que es necesario reflexionar críticamente frente a estas construcciones con el fin de avanzar en la toma de conciencia sobre los alcances y limitaciones con que la comunidad ha construido su realidad. En la medida que se amplíe el campo de posibilidades de acción para la comunidad se puede hablar de toma de conciencia y de posibilidades para el cambio social, así como de la producción de conocimiento.

5. Y la promoción de nuestro desarrollo global en todos los sectores y áreas de nuestra vida laboral, social, etc. Aquí se señala que el objetivo principal de la intervención psicosocial comunitaria no es el de resolver problemas puntuales presentados de manera técnica, sino que la intervención debe apuntar al desarrollo global de todos los sectores y áreas de la vida. Es decir al desarrollo integral de las personas, de los grupos, de los sistemas, de los contextos o escenarios y de las instituciones de tal manera que se afecte la vida como una totalidad. Aquí encontramos implícito el concepto de integralidad que significa la interrelación de los diversos problemas y la necesidad de articulación en un proceso global.

Adicionalmente a esta propuesta de intervención psicosocial comunitaria, es necesario ampliar el concepto incluyendo las posibilidades de acción en red, de acción interinstitucional y de acciones orientadas por políticas públicas que reconozcan y respeten las dinámicas comunitarias. Si adoptamos el enfoque de que toda persona se encuentra inmersa en una red de relaciones, podremos entonces asumir que la estrategia de intervención psicosocial comunitaria es una estrategia de intervención en red, realizada por los ciudadanos que movilizan sus redes de relaciones para participar en la sociedad.

La intervención psicosocial comunitaria es una herramienta eficaz para que los actores pertenecientes cualquier contexto microsocial se planteen de una manera realista la posibilidad de construir y transformar su realidad, de resolver diversos problemas y de afectar su contexto con posibilidades de influencia cada vez más amplia.

La intervención psicosocial comunitaria no es ajena al proceso de democratización de la sociedad, por el contrario, se trata de construir el sentido de lo comunitario, de fortalecer las redes de apoyo social para la solución de los problemas, de fortalecer la identidad personal grupal y comunitaria, de promover el desarrollo de habilidades para solucionar problemas en un ámbito pluralista, de desarrollar el locus de control de los individuos sobre su medio ambiente ecológico y social, y todo esto no es más que la expresión de la búsqueda por consolidar el ideal de la sociedad democrática. Por tal motivo el psicólogo en la intervención comunitaria debe implementar estrategias y técnicas psicológicas de investigación que promuevan el desarrollo integral del individuo, del grupo, el surgimiento de nuevas formas de organización social, la democratización de las organizaciones e instituciones públicas y privadas y el establecimiento de relaciones entre las personas, los grupos y las organizaciones donde se resuelvan los problemas de una manera pluralista, racional y equilibrada.

Metodología general de la intervención psicosocial comunitaria.

Las redes sociales informales son el conjunto de interacciones y vínculos construidos “espontáneamente” por un conjunto de personas que comparten un mismo espacio en un mismo período de tiempo. La interacción “cara a cara” sería lo característico de este tipo de redes. Por lo tanto, las redes sociales informales son “naturales”, es decir, preexisten al proceso de intervención en red. La experiencia de estas redes informales debe ser reconocida como primer paso metodológico de la intervención. O mejor, la intervención psicosocial en redes es un procedimiento para hacer explícito y público, así como para potenciar, lo que ya preexistía de manera implícita y privada en las relaciones comunitarias. Se explicita así una trama social, la cual puede ser descrita, construida y reconocida por sus participantes y revisada críticamente por ellos para modificar los aspectos que frenan u obstaculizan el fortalecimiento de los vínculos y potenciar los aspectos valiosos de las relaciones comunitarias.

Las redes sociales poseen una autoorganización previa a la intervención en red, que es necesario reconocer y potenciar. La autoorganización previa de una red social interactúa con la organización formal impulsada por el grupo gestor de la intervención psicosocial.

La intervención en redes sociales es un enfoque de intervención psicosocial de carácter profesional, comunitario o mixto sobre numerosos problemas o situaciones sociales, donde un equipo de profesionales, de líderes o mixto, actúa como catalizador de procesos psicosociales de comunicación, participación y organización relativos a una red social informal y un conjunto de personas (amigos, parientes o vecinos de esa persona o comunidad afectados) que acompañan y apoyan el proceso de intervención para la comprensión de la situación o la solución del problema.

La intervención en red es una modalidad de intervención comunitaria o institucional sobre cierto tipo de situaciones que no pueden ser resueltos por una intervención profesional de carácter técnico y centrada meramente sobre un individuo, debido a la complejidad de la situación y al hecho de que las soluciones no dependen exclusivamente de las iniciativas individuales por estar involucradas en su solución aspectos inherentes a la cultura, las normas y reglas sociales que se salen del ámbito de control meramente individual. A medida que se va reconociendo la complejidad de los problemas humanos y la relación existente entre los problemas personales y los procesos de influencia social y cultural sobre los mismos se va reconociendo la importancia de adoptar, cada vez más, estrategias de intervención psicosocial que involucran no sólo a las personas implicadas, sino a las organizaciones comunitarias y las instituciones hasta afectar el conjunto de la comunidad.

Laing (1971) alerta a los profesionales a ser muy cuidadosos frente a la importancia de reconocer las situaciones sociales reales y su complejidad, en vez de dar por supuesto la naturaleza misma de la situación, desde una perspectiva institucional o técnica-profesional. En este sentido, para realizar una intervención en redes sociales primero que todo es necesario realizar un diagnóstico psicosocial de la situación, teniendo en cuenta, quienes definen la situación, cuáles son las relaciones sociales de producción de dicha definición o porqué una situación ha sido definida en estos términos y no en otros posibles para ese contexto social. De esta manera propone un enfoque comprensivo para el acercamiento a las situaciones vividas por las redes sociales. Recogiendo sus recomendaciones y articulándolas a un proceso metodológico inspirado en la Investigación- Acción- Participativa (Arango, 1995) es susceptible de presentarse una propuesta de intervención en red que siga los siguientes pasos metodológicos.

1. El equipo de intervención (Profesional, comunitario o mixto) convoca a una reunión a todos los que están involucrados en una situación problemática e interesados en su transformación.

2. Los miembros que responden a este llamado describen cómo son sus relaciones y se reconocen como miembros pertenecientes a una red social informal.

3. La red social informal describe en qué consiste la situación problemática.

4. La red social informal enumera las posibles interpretaciones que hacen comprensible la situación y reflexiona críticamente sobre estas interpretaciones.

5. La red social adopta una estrategia de acción para la transformación de la situación.

6. Los miembros de la red informal ejecutan las acciones sociales para el enfrentamiento de la situación

7. Se evalúa el éxito y alcances de la acción social.

8. Se definen acciones que garanticen la continuidad del programa de búsqueda de soluciones.

La intervención en redes sociales es una alternativa práctica donde es posible movilizar a la comunidad para que interprete su realidad, movilice sus recursos personales, comunitarios e institucionales hacia la transformación de sus condiciones sociales y culturales y acceda a un nivel amplio de participación en la recreación de la vida social y cultural, que conlleve a la solución integral de numerosos problemas.

Experiencias de intervención psicosocial en convivencia en el contexto colombiano.

Los discursos sobre la intervención psicosocial que no han validado sus presupuestos teóricos y metodológicos en experiencias de campo, no dejan de ser letra muerta. El enfoque de Psicología Comunitaria de la Convivencia que ofrecemos a la comunidad psicológica nacional ha sido construido desde sus orígenes en la búsqueda de criterios de intervención, en la construcción de alternativas metodológicas, y en el desarrollo de interpretaciones psicosociales de la realidad sobre la base de experiencias reales de trabajo comunitario, registradas, sistematizadas y organizadas en textos que pretenden ser didácticos y orientadores de los que comparten la búsqueda de alternativas de intervención psicológica aplicables a nuestras realidades.

Los primeros criterios de intervención provienen de la visita con dos grupos de estudiantes a la experiencia del Hospital Psiquiátrico de Boyacá y de los aportes de la red internacional de alternativas a la psiquiatría, como movimiento profesional de cuestionamiento del modelo clínico psiquiátrico. Explicitamos catorce criterios de intervención que pueden encontrarse en el artículo titulado: Puertas abiertas para la locura: la experiencia del Hospital Psiquiátrico de Boyacá. (Arango, 2006). Estos criterios atraviesan de cabo a rabo el espíritu de este escrito.

Las primeras experiencias de construcción de un enfoque de intervención comunitaria se centraron en el reconocimiento de las problemáticas de la vida cotidiana de un grupo de escolares y de sus familias en la perspectiva de construir participativamente con ellos y con los profesionales de un centro parroquial un modelo de atención integral en salud. La aplicación de los criterios de intervención, el desarrollo de talleres de trabajo participativo con los escolares, de visitas domiciliarias a sus familias, de trabajo de reflexión interdisciplinaria con los profesionales, y de discusión de la información con la comunidad en general para la construcción de soluciones integrales de salud, muestra que sí es posible llevar a la práctica este modelo de intervención, identificándose los alcances y las limitaciones encontradas sobre todo determinadas por la falta de experiencia de los profesionales y el carácter naciente del enfoque de intervención. Mayor información puede encontrarse en el capítulo: Vida cotidiana e interdisciplinariedad en el enfoque comunitario: La experiencia del Centro Parroquial San Joaquín. (Arango y cols. 1982, Arango, 2006).

Posteriormente integramos a este enfoque la estrategia metodológica de la Investigación- Acción-Participativa (Fals Borda, 1978, Arango, 1995) como una alternativa práctica que orienta el proceso de investigación-intervención comunitaria. A partir de este enfoque epistemológico y metodológico realizamos dos experiencias investigativas sobre el fenómeno de la participación comunitaria, trabajadas con dos comunidades afrocolombianas del litoral pacífico. En la descripción de estas experiencias pueden encontrarse amplias revisiones sobre la comprensión psicosocial del comportamiento humano, a la vez que logramos tematizar el papel que juegan los valores de la cultura afrocolombiana en el comportamiento participativo de la población como categoría psicosocial. (Arango,2006).

Con estas herramientas conceptuales y metodológicas abordamos otra experiencia centrada en la construcción participativa de un plan de desarrollo comunitario, de los habitantes de un barrio de acción preferente en la ciudad de Valencia (España). Considero que esta experiencia se constituye en una realización paradigmática, sobre cómo aplicar el enfoque de la Intervención Psicosocial Comunitaria con una población en conflicto, sin quedar atrapados en el juego ideológico de la atención a las víctimas, dejando por fuera de la intervención a los demás actores del contexto afectado. El ideal del trabajo preventivo que promueve el desarrollo integral de la comunidad, se realiza en este caso de una manera que ilustra las formas de proceder para avanzar exitosamente con un enfoque de intervención psicosocial comunitario. Recomiendo revisar el artículo: Pobreza, participación y desarrollo comunitario en el Estado de Bienestar (Arango, 2006; Arango et al. 1996)

Finalmente, podemos ver como estas las herramientas de la intervención psicosocial comunitaria (criterios de intervención, conceptos teóricos, estrategias metodológicas) pueden aplicarse a los procesos de convivencia.

La primera experiencia de intervención psicosocial sobre procesos de convivencia la realizamos en la ciudad de Cali a través de un proyecto de investigación financiado por Colciencias y ejecutado entre la Universidad del Valle y el equipo de educadores del Programa Interinstitucional de Educación para la Participación y la Convivencia Ciudadana EDUPAR2 (Arango, 2001, Arango y Campo, 2000, 2001, 2002). Vale la pena anotar que si no hubiera sido por que este programa interinstitucional creó las condiciones para el desarrollo de programas de convivencia, esta investigación no hubiese llegado a existir, ya que las actuales instituciones no están diseñadas para asumir este tipo de procesos.

Con el equipo de educadores, que en su mayoría eran psicólogos, nos interrogamos sobre las maneras de enfrentar la violencia generalizada de Colombia sin caer en las trampas de los clásicos modelos de atención centrados en una lectura negativa de la realidad en términos de conflictos, violencia intrafamiliar, o los modelos clínico-psiquiátricos diagnosticadores de problemas de salud mental con sus consecuentes modelos de rehabilitación donde desaparecen los contextos y los fenómenos propios de la vida y la cultura, a la vez que cierran la puerta a los procesos de participación comunitaria. Esta experiencia propone el abordaje de una estrategia educativa y preventiva sobre los procesos de convivencia en un barrio popular de la ciudad de Cali, buscando la construcción de un discurso positivo sobre la convivencia donde se reconozcan sus posibles dimensiones. Se partió entonces de caracterización de la vida cotidiana y el reconocimiento de los procesos de convivencia en ella. Nos preguntamos : ¿Cuáles son los núcleos temáticos y las prácticas culturales alrededor de las cuales se producen relaciones de reconocimiento, aceptación, intercambio, encuentro, compromiso y fortalecimiento de los vínculos personales y comunitarios? ¿Cuál es la relación entre estas prácticas culturales de convivencia y el desarrollo integral de las personas? Y ¿qué acciones educativas pueden conducir al fortalecimiento de la convivencia social?

Se adoptó una estrategia metodológica basada en la IAP que garantizase la participación de un grupo de 25 líderes comunitarios del barrio Calimio-Decepaz de Cali, que a la vez los capacitase, saliendo como diplomados en convivencia al final del proceso.

Entre los resultados obtenidos vale la pena resaltar los siguientes: Las relaciones de convivencia de estos líderes vistas en conjunto, presentan un panorama desarticulado y sin armonía donde la mayor parte del tiempo se utiliza en la lucha por la subsistencia en el mundo del trabajo, el mejoramiento de las condiciones de vida y del reconocimiento personal en el ámbito de la vida comunitaria, donde las instituciones juegan un papel fundamental orientando un desarrollo desordenado. En un segundo plano encontramos el mundo familiar, que se vive más como un destino que como una opción libre, y frente al cual se proyectan las más profundas aspiraciones personales. Estos dos mundos, el trabajo y la familia absorben gran parte de la atención y energía de los participantes quedando relegadas las relaciones de amistad y el autocuidado o relación consigo mismo. Finalmente, se observa una relación descuidada con los demás ciudadanos y con el ecosistema o la naturaleza, relaciones estas mediadas por una cultura del consumo, insolidaria y competitiva impuesta por los medios masivos de comunicación.

A partir de la descripción de la vida cotidiana se encontró que en la mayoría de las personas participantes existen grandes dificultades para mantener vínculos afectivos estables, lo que se expresa en la generación de hogares rotos e inestables. La mujer es cabeza de familia, en un contexto de precariedad económica donde los padres deben resolver los problemas de la subsistencia quedando en un segundo plano el cuidado de los hijos. Los niños y los jóvenes que no pueden acudir a centros educativos quedan a la deriva o en manos de terceros, dándose procesos de socialización inadecuados para la convivencia y la vida en sociedad.

La formación de nuevas familias se da en un contexto de desprotección familiar e institucional, donde los valores tradicionales de la familia patriarcal ya no se corresponden con las nuevas condiciones de desarrollo social y económico. La resultante es un proceso de presión familiar y social sobre las mujeres con embarazos prematuros, que obligan a la conformación de nuevos hogares sin condiciones educativas, económicas ni de apoyo social suficientes para garantizar una adecuada socialización de la persona. Este círculo vicioso se constituye en el caldo de cultivo de personas frustradas y resentidas con la sociedad, que van a engrosar las filas del conflicto social.

En la dimensión subjetiva los procesos de convivencia son una resultante de la manera como hemos interiorizado el mundo de la cultura en la socialización primaria y secundaria y de la manera como hemos construido nuestra identidad personal y grupal. Subjetivamente el meollo de la convivencia radica en el hecho de que las personas reproducen un programa familiar, social o cultural a partir de mensajes y experiencias interiorizadas en las primeras etapas de la vida mediante la identificación con ciertos modelos y personajes arquetípicos, a partir de los cuales regulan sus relaciones de amor, amistad, colaboración y ayuda mutua o de odio, competitividad, conflicto e intolerancia. Los mitos y modelos de identificación que le dan significado a la trama de la vida cotidiana representan en su esencia la herencia cultural que hemos recibido a lo largo de la historia de la humanidad y que en la actualidad se expresa en Colombia como el problema de la violencia o el problema de la convivencia. El problema de la violencia en Colombia puede ser interpretado desde esta perspectiva como la concreción de un círculo vicioso transmitido de generación en generación que se constituye en el caldo de cultivo de personas frustradas y resentidas con la sociedad, que van a engrosar las filas del conflicto social.

En la dimensión objetiva, identificamos el papel jugado por las instituciones (familia, escuela, empresas y medios de comunicación) en el mantenimiento y reproducción de valores, mitos y creencias de varias formaciones socioculturales:

1. De la cultura patriarcal judeo-cristiana en función de la cual se reproducen los roles masculinos y femeninos en un contexto de inequidad social que afecta tanto a hombres como a mujeres.

2. De una cultura tecnocrática, centrada en la economía del mercado y el consumo, que impone valores competitivos e insolidarios y destruye el tejido social propio de las diversas formaciones étnicas y culturales con graves consecuencias sobre la vida del ecosistema.

3. De una cultura de la corrupción, el clientelismo político y la intolerancia democrática, que mantiene un contexto de violencia, desapariciones, asesinatos y favores a los amigos.

Los procesos de socialización y de institucionalización de la convivencia se concretan en las relaciones entre las personas, en las interacciones familiares y laborales, o más precisamente en la manera como nos vinculamos afectivamente en todos los ámbitos. La transformación de la convivencia implicaría el construir modelos diferentes de identificación y de relación entre hombres y mujeres. Este no es un problema meramente personal y subjetivo, es un problema colectivo en el cual juega un papel crucial las instituciones sociales y sus programaciones. La construcción de un plan para el desarrollo y fortalecimiento de la convivencia en el contexto del barrio no tendrá sentido sin el concurso y respaldo de las instituciones.

Entre las conclusiones y recomendaciones planteamos que: Es posible educar para la convivencia en contextos comunitarios siempre y cuando contemos con conceptos vivos y coherentes sobre la convivencia y con un modelo pedagógico basado en lo afectivo y acorde con el contexto social abordado. La meta fundamental del ejercicio educativo es el desarrollo integral del ser humano, a partir de la construcción de una cultura local para la convivencia y la democracia. Se recomienda la estrategia de educación para la convivencia desarrollada por el equipo del Programa EDUPAR que busca alcanzar dos metas educativas: la formación personal y al desarrollo de vínculos humanos que dignifiquen la vida y promuevan la convivencia social (Arango, Campo y otros. 2002).

Con respecto a la situación del desarrollo del barrio estudiado concluimos que siendo este barrio creado por un programa piloto presentado como polo de desarrollo urbanístico de la ciudad de Cali, las instituciones van a la saga del desarrollo, respondiendo reactivamente a las necesidades y demandas de la comunidad, más que orientando el desarrollo social y comunitario en una dirección más ordenada y racional. El desarrollo del barrio responde a una dinámica social que se sale del control de las instituciones, y que no está siendo orientado por ellas. El principal factor determinante del desarrollo se basa en la situación económica, que se concreta en la lucha por realizar las necesidades de subsistencia y de protección. Mientras no existan fuentes de riqueza y de acumulación de capital propios del barrio, se mantendrá una dinámica centrifuga que genera desintegración social y búsqueda de alternativas y recursos por fuera del mismo, lo que afecta considerablemente la realización de las demás necesidades básicas. Es absolutamente necesario que se realice una evaluación de la dinámica económica que subyace a las políticas de desarrollo social y se adopte una estrategia integral de desarrollo humano que parta de la generación de una dinámica económica que haga posible la acumulación de capital al interior del barrio y la creación de diversas fuentes de trabajo y producción de riqueza material.

Para transformar objetivamente las relaciones de convivencia es necesario afectar los procesos de institucionalización a partir de los cuales se mantienen vigentes los valores y las prácticas culturales. En este sentido se hace necesario revisar y transformar los enfoques y las estrategias adoptadas por las instituciones en sus programaciones.

Podremos hablar de una transformación objetiva de la convivencia cuando hayamos logrado la transformación de los ciclos de la vida cotidiana. En esta dirección se identificaron nueve estrategias de intervención adoptadas por los líderes en su plan de acción.

En síntesis se hace necesario emprender acciones institucionales orientadas a la transformación de la cultura patriarcal judeocristiana, de la cultura mercantil del consumo y de la cultura política. Esto solamente puede hacerse si en nuestros actos intencionales como funcionarios de las instituciones públicas y privadas introducimos el ejercicio vivo de nuevos valores que orienten nuestra vida pública y privada. En el contexto de las comunas y los barrios se recomienda la adopción de planes interinstitucionales de desarrollo de la convivencia donde se asuman responsabilidades compartidas entre las organizaciones de base y las instituciones.

La realización y difusión de esta experiencia hizo posible que fuésemos invitados a formar parte de la Red de Prevención de la Violencia Intrafamiliar y Promoción del Buen Trato de la ciudad de Cali, más conocida como la Red del Buen Trato de Cali, a la cual estuvimos vinculados por más de diez años participando en el nivel del Comité Coordinador, acompañando y asesorando las acciones en red a nivel de ciudad.

En el contexto de colaboración con la Red del Buen Trato realizamos una replicación de la estrategia investigativa y educativa con un grupo de trescientos líderes comunitarios, vinculados al trabajo de promoción de la convivencia. Cada uno de los líderes trabajaba con veinte familias, para un total de seis mil familias de nueve contextos comunitarios en cuatro comunas de la ciudad de Cali y en cinco municipios rurales del sur de Colombia (Jamundí, Suárez, Puerto Tejada, Padilla y Buenos Aires). La experiencia se denominó “Redes sociales para la convivencia familiar”, fue ejecutada por la Universidad del Valle y el Programa EUPAR y financiada por Plan Internacional (Arango y Campo, 2004, 2013)

En esta estrategia de intervención psicosocial se exploraron las relaciones de convivencia en las familias, se discutieron los resultados con los participantes de cada contexto. Se diseñaron estrategias de promoción para la conformación de redes de apoyo social a las familias. La estrategia adoptada hace posible caracterizar la convivencia familiar desde los diversos contextos interactivos desde los que fue abordada. Ellos son: el contexto de la experiencia personal, el contexto de la experiencia comunitaria entre promotores y grupos familiares, el contexto interinstitucional de los ejecutores del programa, el contexto interinstitucional de la Red de Promoción de Buen Trato de Cali y, finalmente, el contexto del grupo de educadores gestores de la propuesta general. Pudimos explicitar de qué manera la reflexión y conceptualización sobre la convivencia cambia en función del contexto interactivo en que se discuta, permitiéndonos reconocer el carácter psicosocial de los procesos de convivencia donde participa de diferente manera toda la sociedad.

Se realizó un acercamiento psicosocial a la convivencia familiar como una construcción social que posee diversos significados y en la que confluyen los diversos actores sociales e institucionales sustentadores de la cultura. La reflexión derivada de esta investigación permite delimitar algunos problemas que son necesarios de enfrentar y resolver en el momento de asumir el problema educativo de la convivencia familiar. Particularmente se hace referencia a las contradicciones inherentes a la crisis del sistema patriarcal y la ideología subyacente a la idea de fortalecer a la familia como base de la sociedad al lado de la idea de promover el desarrollo de una cultura democrática y participativa sobre la base de la equidad.

Igualmente se realiza una interesante reflexión respecto al papel que las redes de apoyo social básicas de la comunidad puede jugar en la creación de nuevas prácticas culturales promotoras de la convivencia y al peligro y la dificultad inherente a la pretensión de institucionalizar los procesos de atención a la convivencia cuando ésta hace parte de la vida cotidiana de la población y debe ser autogestionada por ella sin que medien los procesos típicos de protocolización y gestión institucional.

A partir de la vinculación a la Red del Buen Trato de Cali, participamos en la orientación del proceso de construcción de un lenguaje común que actuara como horizonte de significados compartidos, como impulsamos una estrategia de organización de los nodos de la red a partir de unas mismos criterios compartidos, impulsamos la visibilización y sistematización de experiencias de trabajo, la realización de encuentros públicos de intercambio de experiencias y finalmente la declaratoria de la necesidad de contar con una política pública de convivencia familiar para la ciudad de Cali.

La construcción participativa de la Política Pública de Convivencia Familiar de la ciudad de Cali (Red del Buen Trato, 2005), coordinada por el Programa EDUPAR y con la participación de las instituciones y organizaciones comunitarias que hacen parte de la Red del Buen Trato, fue una experiencia que hizo posible elevar el nivel de reflexión crítica sobre la problemática de la convivencia familiar, las dificultades de la atención institucional a la violencia familiar y el maltrato infantil con los modelos tradicionales de atención psicológica, de trabajo social y jurídico, y las necesidades de desarrollar estrategias creativas y comunitarias para el manejo de los procesos de la convivencia por parte de la población.

La construcción y aprobación de la política pública implicó un cambio de actividades y de comportamientos por parte de los actores de la red, ya que ahora ya no solamente existía la preocupación sobre el cómo proceder para trabajar los procesos de la convivencia en las comunidades y en las instituciones de atención, sino que ahora era necesario realizar acciones de gestión política y administrativa para quedar incluidos en las dinámicas de distribución y administración de los recursos públicos para el financiamiento de las estrategias, los programas y los proyectos. Este cambio de escenarios, nos permitió entrar en la dinámica de lucha contra los procesos de corrupción administrativa, de apropiación de los recursos públicos por parte de las fundaciones fantasmas y contra los procesos de desarticulación político administrativa que hace el juego a estas lógicas de la cultura política de la corrupción y el clientelismo.

La experiencia de la construcción participativa de la Política Pública de Convivencia Familiar nos llevó a vivenciar de manera directa el problema de la institucionalización como proceso psicosocial en Colombia y del papel que las instituciones colombianas están jugando en la instauración y mantenimiento de una realidad que genera conflictividad donde las instituciones, lejos de ofrecer alternativas que contribuyan a la solución de los problemas, hacen el juego a las dinámicas de mantenimiento de un orden social que da la espalda a los procesos comunitarios, y se niega a asumir su papel como garante de la construcción de una sociedad participativa, como lo fundamenta nuestra constitución nacional de 1991.

En el contexto de la implementación de esta política pública logramos diseñar una estrategia de intervención psicosocial donde evaluamos participativamente con los actores más representativos de la Red del Buen Trato de Cali, las estrategias de atención a la convivencia familiar, su efectividad, así como logramos establecer los principios y criterios sobre el tipo de institución que ofreciera las condiciones y procedimientos para ofrecer a la población una adecuada atención a los procesos de la convivencia. Se trató de la investigación denominada: “Saberes expertos y saberes populares en convivencia familiar. Hacia la construcción de una estrategia alternativa de intervención” (Arango y cols, 2008)

Con los 80 funcionarios institucionales y actores comunitarios participantes en esta estrategia, reconstruimos las experiencias personales de convivencia y tematizamos los problemas de la convivencia en la vida cotidiana. Sin embargo, cuando reconstruimos los problemas de convivencia de los usuarios a los servicios de atención, que son los mismos problemas propios de una misma cultura, nos encontramos con un cambio de discurso que hace lectura negativa, que patologiza y psicologíza los procesos de la convivencia de los usuarios convirtiéndolos en problemas de violencia y conflicto, introduciendo una lógica de la protocolización de la atención, de remisión de casos, que en la práctica se constituye en una cadena de abusos institucionales, que no resuelve en lo más mínimo la problemática de los usuarios y que mantiene saturada la capacidad de atención institucional, donde solo se realizan efectivamente los programas institucionales, generando en los usuarios un estado de frustración que incentiva la conflictividad general de la población. “La violencia no solamente la encontramos en los procesos de convivencia, sino que también la encontramos y analizamos en los procesos de atención institucional de la convivencia. Allí hablamos de procesos de institucionalización y mercantilización de la violencia como un nuevo eslabón en la cadena de la violencia. Por tal motivo, al hablar de prevención necesariamente tenemos que plantearnos el problema de la prevención de la institucionalización” (Arango y cols.2008).

“La intervención alternativa debe estar orientada por el principio de la desinstitucionalización de tal manera que la institución promueva la creación de estrategias de trabajo comunitario, de trabajo con la comunidad, más que de atención a la comunidad, que lleven a que la comunidad se empodere con respecto a los factores que juegan un papel en la construcción de la convivencia. Por desinstitucionalización entendemos una acción institucional y profesional crítica y consiente de los efectos perversos de la atención institucional y de la necesidad de transformación del papel de las instituciones y del rol profesional para que se orienten hacia la realización del enfoque comunitario” (Arango y cols. 2008).

Finalmente, con la Red Colombiana de Psicólogos Comunitarios que cuenta en la actualidad con 220 profesionales, estamos empeñados en conformar un escenario público de actuación en red que haga posible por una parte la visibilización de las estrategias de trabajo psicológico y psicosocial en las comunidades, que nos permita comprender en términos psicosociales las problemáticas de los diversos contextos regionales del país, que nos permita crear las condiciones para conversar y discutir sobre las maneras de interpretar la construcción psicosocial de nuestro proyecto de nación, y finalmente, establecer la agenda de investigaciones que la psicología comunitaria requiere para la reorientar la construcción de una Colombia donde se supere efectivamente este escenario del postconflicto y pasemos a hablar con pertinencia de un escenario de convivencia. Para ello hemos adoptado una estrategia que denominamos la Expedición Psicosocial Colombiana, que está en proceso de construcción permanente y a la cual ya empiezan a sumarse formalmente varias universidades y programas formadores de psicólogos.

La intervención psicosocial en los tiempos del posconflicto , requiere no solamente del concurso de profesionales formados en la perspectiva psicosocial, lo que se constituye en el llamado central de la sociedad colombiana a los formadores de psicólogos, sino también, del reconocimiento y validación de las experiencias comunitarias que tienen mucho que enseñar y aportar a los profesionales sobre cuál es el tipo de país que necesitamos, que de manera incluyente integre los saberes populares de nuestras comunidades que han sabido sobrevivir y resistir a las dinámicas de la violencia institucionalizada en Colombia.

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1 Carlos Arango Cálad. carlosarango68@gmail.com

2 El Programa EDUPAR fue creado por un convenio interinstitucional en 1991 y renovado en 1996 entre las siguientes instituciones: Alcaldía de Santiago de Cali, Secretaría de Bienestar Social y Gestión Comunitaria, Fundación FES, Cámara de Comercio de Cali, SENA, Consejería para los Derechos Humanos DESEPAZ, Foro Nacional por Colombia, Fundación Social, Foster Parents Plan Internacional, Universidad Javeriana y Universidad del Valle.




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