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Aula de Cultura ABC

Fundación Vocento

  1. Lunes, 19 de Abril de 2010

Aprender a vivir de manera positiva


Dña. María Jesús Ávila Reyes

Psicóloga



Quizá algunos os preguntéis a estas alturas de la vida cómo aprender a vivir de manera positiva... A veces, os imaginaréis un curso en el que, de alguna forma, nos enseñaran cómo alcanzar la felicidad. ¿Tendría muchos alumnos? ¿Ese curso sería realmente muy caro, muy exclusivo? ¿Qué le pediríamos al profesor? ¿Que nos tiene que enseñar cómo alcanzar esa felicidad que a veces nos escapa un poquito? Nuestra meta, ser felices, es algo que va innato a la persona, pero puestos en este punto, quizá la primera complicación sería ponernos de acuerdo qué es la felicidad.
Emilio Lledó nos decía que todos los seres humanos aspiran a ser felices y ser feliz quiere decir descubrir que la vida es importante y que la vida es amable. Hay que amar la vida y no solamente la nuestra pero, claro, somos muy limitados y la infelicidad, la negación, la mentira, la falsedad nos rodean y tenemos que aprender también a convivir con ello. Sin emabrgo, nosotros no podemos renunciar, en ningún momento, a ese punto de optimismo de creencia en la vida, aunque la muerte o la enfermedad nos estén cercando y nos estén cercando a veces con personas muy cercanas que están a nuestro lado.
Vivir, queridos amigos, es pensar, es poder hablar, es poder sentir y es poder amar, y ese es un don que tenemos todos los seres humanos. Sin embargo, mucha gente se siente infeliz y una de las preguntas que más me formulan tanto periodistas, como pacientes, personas que ves constantemente en los cursos que damos es si hoy somos más felices o infelices que hace unos años. Uno de los tales de Aquiles que tenemos en nuestra sociedad es la comunicación, esa capacidad de que la otra persona, se sienta escuchada y se sienta comprendida. En las parejas constantemente lo tienes y en los equipos de trabajo nos pasa lo mismo y, efectivamente, hoy en día, cuando tenemos todos los medios y toda la tecnología del mundo, comunicarse es infinitamente más difícil. Sabemos que no hay respuestas universales y que hay que tener cuidado realmente con las generalizaciones y, de hecho, muchos responderían en función de cómo se sienten en ese momento. Seguro que hay personas que lo tienen todo, absolutamente todo y, a pesar de ello, hoy se sienten más infelices. Si nos apoyamos en algunas estadísticas más significativas, comprobaremos que en los últimos años se ha producido un aumento muy importante en el diagnóstico de depresiones de crisis de ansiedad, de bajas por estrés, de consumo de ansiolíticos y antidepresivos, de falta de sueño... que parece que nos indican que algo no está funcionando bien en nuestra sociedad.
Si nuestro análisis lo hacemos por tramos de edad, el tema aún resulta más inquietante. Hoy vemos niños muy pequeños, muy pequeños, que se sienten infelices, que se sienten tristes, que están como apagados, permanentemente insatisfechos, y permanentemente diciéndote que se aburren. Si lo miramos en los adolescentes, parece que se encuentran en un estado de insatisfacción permanente que muchos podréis pensar que es propio de la adolescencia y es cierto, pero también es cierto que muchos adultos parecen encontrarse en la misma situación. A los adolescentes, en realidad, les ocurre como a muchos de nosotros, que viven con contradicciones internas muy importantes que parecen sentir una cosa, y el cerebro actuar de forma diferente.
El cerebro muchísimas veces no nos hace caso, ningún caso, ya no cuando nuestra emoción y nuestra razón va cada uno por un sitio. En el cerebro, como en nuestras casas, se producen cortocircuitos, y lo importante es aprender un poquito cómo funcionan para que realmente no se produzca algún cortacircuito de estos porque, si no, tú quieres ser feliz, quieres aprender a vivir de manera positiva y, sin embargo, te sientes mal. Esa es la gran diferencia, y el drama quizás es que nunca nos han enseñado cómo funciona ese cerebro para que esté a nuestro favor y no en nuestra contra.
Hoy vamos a ver algunas pequeñas cositas, a ver si nos resulta más sencillo. Si hiciéramos nuestra particular encuesta, en cuanto a los bienes de consumo que en estos momentos tenemos, las cifras serían arrolladoras. Nunca hemos tenido tanta compañía tecnológica a nuestro alrededor y nunca hemos echado tan en falta ese calor humano, esa presencia de las personas que nos quieren y a las que queremos, esa posibilidad de disfrutar del crecimiento de los hijos, de los espacios compartidos con los amigos, de la cercanía de la naturaleza, del descanso sin prisa y de las conversaciones profundas. Hace poco, una persona me decía que para sentirse feliz solamente necesitaba un poco de paz y un mínimo de tiempo para, de vez en cuando, sin prisas, poder cerrar los ojos, sentir su respiración y escuchar sus sentimientos. Hoy en día, desgraciadamente, parece con frecuencia que se nos quita, que no tenemos ese tiempo mínimo que todos necesitamos. En cierto modo, hoy parece que muchas personas no han aprendido a vivir de manera positiva y les resulta muy complicado sentirse felices, y es más difícil porque tenemos poco control sobre algunos temas y sobre hechos cruciales de nuestra vida. Hay personas que me dicen que no se sienten felices porque todo el mundo se cree con capacidad para opinar y para criticar lo que hacen los demás, porque se potencia la agresividad en lugar de la conciliación y la competitividad en lugar del compañerismo. La verdad es que, si somos objetivos, hoy somos más esclavos o más infelices porque, probablemente, mucha gente que siente que su vida se le escapa sin cumplir sus sueños, sin hacer lo que realmente pensaron, sin vivir las experiencia que anhelan y sin sentir el amor que desean o disfrutan y que tanto merecen.
Hay un escrito que me parece especialmente ilustrativo y es el valioso tiempo de los maduros. Es un mensaje de Mario Andrade, poeta, novelista, ensayista y musicólogo brasileño que dice así: Conté mis años y descubrí que tengo menos tiempo para vivir de aquí en adelante del que viví hasta ahora. Me siento como aquel chico que ganó un paquete de golosinas. Las primeras las comió con agrado pero cuando percibió que quedaban pocas, comenzó a saborearlas profundamente. Ya no tengo tiempo para reuniones interminables donde se discuten estatutos, normas, procedimientos y reglamentos internos, sabiendo que no se va a lograr nada. Ya no tengo tiempo para lidiar con mediocridades, no quiero estar en reuniones done desfilan egos inflados, no tolero a los maniobreros ni a los ventajosos, me molestan los envidiosos que tratan de desacreditar a los más capaces para apropiarse de sus lugares, de sus talentos y de sus logros. Detesto si soy testigo de los defectos que genera la lucha por un majestuoso cargo. Las personas no discuten contenidos, apenas los títulos. Mi tiempo es escaso como para discutir títulos, quiero la esencia. Mi alma tiene prisa y sin muchas golosinas en el paquete, quiero vivir al lado de gente humana, muy humana, que sepa reír de sus errores, que no se envanezca con sus triunfos, que no huya de sus responsabilidades y que defienda la dignidad humana y que desee tan solo andar del lado de la verdad y de la honradez. Lo esencial es lo que hace que la vida valga la pena. Quiero rodearme de gente que sepa tocar el corazón de las personas, gentes a quienes los golpes duros de la vida, le enseñaron a crecer con toques suaves en el alma. Sí tengo prisa, pero por vivir con la intensidad que sólo la madurez puede dar. Pretendo no desperdiciar parte alguna de las golosinas que me quedan, estoy seguro de que serán más exquisitas que las que hasta ahora he comido. Mi meta es llegar al final satisfecho y en paz con mis seres queridos y con mi conciencia. Espero que la tuya sea la misma porque, de cualquier manera, llegarás.
Cuando ves estas personas que consideras sabias que, realmente, han llegado a estos pensamientos, te das cuenta de que muchas veces se nos escapa realmente lo importante, y recordemos que lo importante no es la realidad, sino que es el sentimiento o la emoción y la emoción es lo que nos pertenece. Nosotros no sentimos en función de las circunstancias. Ante las mismas circunstancias unas personas se pueden considerar muy bien y otras sentirse infinitamente desgraciadas, y no es verdad que los demás sean responsables de nuestra felicidad o de nuestra desdicha, es algo que solamente a nosotros nos corresponde y que afortunadamente podemos aprender. Nuestra felicidad, queridos amigos, es demasiado importante para dejarla en manos ajenas, pero, sin duda, uno de los caminos para ser más felices es vivir la vida con positividad. Ser optimista o pesimista, en realidad, no es una cuestión baladí porque puede marcar en gran sentido nuestra vida, pueda hacer que nos sintamos felices o infelices y por ello es importante que empecemos a caminar en ese largo sendero que es la positividad.
Titulamos la conferencia Aprender a vivir de manera positiva y el ser positivo es el camino más corto para llegar a la felicidad. A veces no es fácil aprender, a veces hay personas que nacen más positivos y otros nacen más negativos. En bebés con tres meses ya se ve el que es alegre, optimista, positivo, risueño, conquistador y se ve el que es negativo, pesimista, y es verdad que es una cualidad con la que se nace pero también es cierto que podemos aprender a lo largo de la vida, y hay personas que lo tienen más fácil en ese sentido, y otras mucho más díficl. Los que lo tienen más difícil deben tener en cueneta que, sencillamente, es más apasionante, hay que recorrer un poquito más de camino, pero cuando llegáis al final os vais a sentir, incluso, mejor que las personas que lo tienen un poco más fácil, porque cuando llegas a la meta, en ese instante lo que anhelas es ponerte otra nueva meta, todos, incluso los más mayores, todos podemos aprender en cualquier momento cuando realmente nos lo proponemos.
Una persona optimista es una persona con una actitud positiva ante la vida y entre los principales rasgos destacaría, sobre todo, su disposición a la alegría, su permanente motivación, su capacidad para crear un buen clima y un ambiente distendido. A veces se ha pensado que una persona positiva es una persona poco realista y no es cierto. La persona optimista evalúa correctamente los aspectos negativos de las cosas pero lo hace con una visión positiva que le ayuda a superarlos y aprender de todas las experiencias. Esa es, un poquito, la diferencia. La persona positiva se enfrenta con éxito a las situaciones más difíciles y las supera si por encima de todo cree que siempre, por muy limitada que esté, se puede volver a levantar. Os voy a poner algunos ejemplos:
Pepe era el tipo de persona que te encantaría ser, siempre estaba de buen humor y siempre tenía algo positivo que decir, cuando alguien le preguntaba cómo le iba, él respondía mejor imposible. Había cambiado de trabajo, y varios de sus colaboradores le habían seguido en todos sus cambios. La razón de que le siguieran era su actitud, era un motivador natural: si un empleado tenía un mal día, Pepe estaba ahí para decirle al empleado cómo ver el lado positivo de la situación. Un día fui a buscar a Pepe y le pregunté: No lo entiendo, no es posible ser una persona positiva todo el tiempo, ¿cómo lo haces? Pepe respondió: Cada mañana me despierto y me digo a mí mismo: Pepe tienes dos opciones hoy, puedes escoger estar de buen o de mal humor; escojo estar de mal humor, escojo de estar buen humor. Cada vez que sucede algo malo, puedo escoger entre ser una víctima o aprender de ello y escojo aprender de ello. Cada vez que alguien viene a mí para quejarse puedo aceptar su queja o puedo señalarle el lado positivo de la vida y escojo señalarle el lado positivo de la vida. Sí, claro, pero no es tan fácil, respondí. Sí lo es, dijo Pepe, todo en la vida es acerca de elecciones, cuando quitas todo lo demás cada situación es una elección. Tú eliges cómo reaccionas ante cada situación, tú elijes cómo la gente afectará a tu estado de ánimo, tú elijes estar de buen o de mal humor... En resumen, tú eliges cómo vivir la vida.

Reflexioné lo que Pepe me dijo y por cuestiones de residencia perdimos contacto pero, con frecuencia, pensaba en Pepe cuando tenía que hacer una elección en la vida. Varios años más tarde, me enteré de que Pepe hizo algo que nunca debió de hacerse en un negocio, dejó la puerta de atrás abierta y una mañana fue asaltado por tres ladrones armados. Mientras trataba de abrir la caja fuerte, su mano, temblando por el nerviosismo, resbaló de la combinación, los asaltantes sintieron pánico y le dispararon. Pepe fue encontrado relativamente pronto y llevado de emergencia a la clínica. Después de ocho horas de cirugía y semanas de terapia intensiva, Pepe fue dado de alta a un con fragmentos de bala en su cuerpo. Me encontré con Pepe seis meses después del accidente y cuando le pregunté cómo estaba me respondió que mejor imposible. Le pregunté qué paso por su mente en el momento del asalto y contestó: Cuando estaba tirado en el piso recordé que tenía dos opciones, podía elegir vivir o podía elegir morir y elegí vivir.



¿No sentiste miedo?, le pregunté. Pepe continuó: Los médicos fueron geniales, no dejaban de decirme que iba a estar bien, pero cuando me llevaron al quirófano y vi las expresiones en sus caras realmente me asusté. Podía leer en sus ojos: es hombre muerto. Supe entonces que había que tomar una decisión. ¿Qué hiciste?, pregunté y Pepe me dijo: Bueno, uno de los médicos me preguntó si era alérgico a algo y respirando profundo grité: Sí, a las balas. Mientras reían les dije: Estoy escogiendo vivir.
Pepe volvió y vivió por la maestría de los médicos pero sobre todo por su asombrosa actitud, aprendió que cada día tenemos la elección de vivir plenamente, la actitud finalmente lo es todo, al final, la decisión de cómo eres, cómo te ves, cómo te sientes y cómo vives es tuyo.
Esta es la historia de Pepe. Cuando a mí una persona me viene muy mal o me dice que está muy deprimida y me dice aquello de que la culpa de que me sienta tan mal la tienen los demás o me resulta imposible en mis circunstancias encontrarme mejor, a veces, cuando tengo un día un poco especial, les cuento esta historia. Creer en nosotros mismos, sin embargo, no es tan fácil y, sobre todo, es animarnos en los momentos difíciles, es premiarnos en los aparentes fracasos, querernos cuando nos encontremos solos y sonreir siempre, siempre, que nos sintamos tristes... ¿Podemos, entonces, a aprender a ser más felices? La psicología del siglo XXI os aseguro que nos dice que sí y sabemos que la felicidad está dentro de nosotros. Lo que tenemos que hacer es vivir en un estado de permanente aprendizaje. No tengamos dudas de que podemos aprenderlo, pero ¿por qué? Entonces, ¿qué pasa con todas esas personas que aún desconocen cómo acercarse a la felicidad, desconocen cómo aprender a ser más felices? La verdad es que aunque últimamente proliferan mucho los libros de autoayuda, sin embargo, hasta etapas muy recientes, los profesionales de la salud nos encargábamos más de ver la enfermedad que de ver realmente cuándo la persona estaba bien y no hemos ayudado demasiado. Es como si desde que éramos pequeños nos fijáramos más en los aspectos más negativos que en los aspectos positivos y esto hace que lo que para muchos pueda ser una oportunidad, otros lo vivan como una auténtica preocupación. La diferencia, de verdad, está en cómo nosotros lo queramos interpretar, y la forma de aprender realmente y de afrontar la vida, dependerá de cómo nos demos esas autoinstrucciones nosotros, y esas autoinstrucciones que en un momento determinado nos transmiten de verdad ánimo y nos transmita fortaleza y nos transmita ilusión.
No nos gustan los castigos, no nos gusta la humillación, no nos gusta que nos ignoren, la mayoría de las veces cuando tú quieres conseguir algo, hazlo desde el refuerzo, hazlo animando a la otra persona porque, aunque se haya equivocado, será mucho más fácil que pueda rectificar cuando tú le ayudes que cuando le digas que es un desastre. Eso, que parece tan sencillo, desgraciadamente lo hacemos muy mal.
Yo tenía una sesión de coaching esta tarde y le decía a una persona ante una circunstancia determinada que, por favor, intentase ser positiva y me decía: Es que eso es ser pelota, y yo le decía, no, que no de verdad, que es distinto, pero vas a conseguir mucho más desde la positividad y, siempre, cada persona puede tener algo que sea positivo que desde la humillación o el castigo. Cuando tienes un hijo que te ha suspendido siete, dices: ¿Qué positividad puedes tener ahí? Le puedes decir que tiene siete grandes oportunidad de mejorar, claro, depende cómo lo quieras ver.
Cuando algo se te da mal, que no te dé vergüenza, tú intentas hacerlo lo mejor posible, y ahí es donde llegas, es imposible que a todos se nos dé bien todo porque no somos dioses, en el sentido de que Dios sabe hacer cualquier cosa. El aceptar nuestros errores, el aceptar esos fallos, el aceptarlos en los demás, realmente es lo mejor y más importante que podéis aprender. Aprender a vivir es aprender a tolerar, es aprender a observar, es aprender a callar cuando el otro necesita hablar y eso es difícil. Es aprender a no decir lo que en ese momento tienes ganas si después de decirlo el otro se va a sentir muchísimo peor. Es aprender a vivir, es aprender a utilizar realmente ese control, esa posibilidad que tenemos sobre nuestras emociones para que nosotros y los que están a nuestro lado, realmente, se sientan mejor, y eso os prometo que se puede conseguir. Si no, yo llevo 30 años viviendo largamente desde la psicología, no se podría hacer, si eso no fuera posible, sería imposible conseguirlo y os puedo asegurar que cualquier persona, y los niños son los que mejor lo hacen, cualquier persona es algo que lo pueden conseguir siempre que realmente quiera.
Una cosa que podeís hacer con todas las personas que tenéis alrededor cuando queréis darles realmente un regalo de verdad, con vuestros hijos, con vuestra pareja, es la lista:
Cierto día, una maestra pidió a sus alumnos que pusieron los nombres de sus compañeros de clase en una hoja de papel, dejando un espacio entre nombre y nombre; después pidió que pensaran en la cosa más linda que pudieran decir de cada uno de sus compañeros y que lo escribieran debajo de su nombre. A medida que los niños dejaban el aula, entregaban a la maestra la hoja de papel donde habían escrito lo más bonito que les parecía de cada uno de sus compañeros.
Durante el fin de semana, la maestra escribió el nombre de cada uno de sus alumnos en hojas separadas de papel y copió en ella todas las cosas lindas que cada uno de sus compañeros había escrito acerca de él. El lunes entregó a cada alumno su lista. Inmediatamente, toda la clase estaba sonriendo. Es verdad, ella escuchó a alguien diciendo casi como en un susurro: Yo nunca supe que podía significar algo para alguien, y yo no sabía que mis compañeros me querían tanto... Esos eran los comentarios.
Nadie volvió a mencionar aquellos papeles en clase. La maestra nunca supo si ellos comentaron su contenido con algunos de sus compañeros o con sus padres, pero eso no era lo importante, el ejercicio había cumplido su propósito, los alumnos estaban felices consigo mismos y con sus compañeros.
Aquel grupo de alumnos siguió adelante y progresó. Varios años más tarde, uno de los estudiantes fue muerto en Vietnam y la maestra asistió a su funeral. Nunca había visto antes a un soldado en un ataúd militar, pero él se veía tan bonito y tan maduro... La iglesia estaba llena con sus amigos, uno a uno de aquellos que tanto la apreciaban caminaron silenciosamente para darle una última mirada, la maestra fue la última en acercarse al ataúd, mientras estaba allí, uno de los soldados que actuaba como guardia de honor se acercó a ella y le preguntó: ¿Era usted la profesora de matemáticas de Marcos? Ella balbuceó que sí. Marcos hablaba mucho acerca de usted. Después del funeral la mayoría de los ex compañeros de Marcos fueron juntos a la merienda y allí estaba también los padres de Marcos, obviamente deseando hablar con su profesora: Queríamos mostrarle algo, dijo el padre, sacando del bolsillo una billetera, lo encontraron en la ropa de Marcos cuando fue muerto. Pensamos tal vez usted lo reconocería. Sacó cuidadosamente dos pedazos de papel gastados que él había arreglado con cinta y que se veía que había sido abierto y cerrado muchas veces.
La maestra se dio cuenta sin mirar mucho que era la hoja en la que ella había registrado todas las cosas lindas que los compañeros de Marcos habían escrito acerca de él. Gracias por haber hecho lo que hizo, dijo la madre de Marcos, como usted ve, Marcos los guardaba como un tesoro.
Todos los ex compañeros de Marcos comentaron a juntarse alrededor. Carlos sonrió y dijo tímidamente: Yo todavía tengo mi lista, la tengo en el cajón de mi cuarto de estudio. La esposa de Felipe dijo: Felipe me pidió que pusiera el suyo en el álbum de casamiento. Yo tengo el mío también, dijo Marilin, está en mi diario. Entonces, Victoria otra de sus compañeras metió la mano en su cartera, sacó una billetera y mostró al grupo su gastada y arrugada lista: Yo la llevo conmigo todo el tiempo, y sin ni siquiera pestañear dijo: Yo creo que todos hemos conservado nuestras listas.
Fue entonces cuando la maestra se sentó y lloró, lloró por Marcos y por todos sus compañeros que no lo volverían a ver.
La densidad de la población de nuestra sociedad es tan pesada que olvidamos que la vida va a terminar un día y no sabemos cuándo será ese día, así que por favor, digan a la gente que ustedes quieren y para quienes desean el bien que ellos son especiales e importantes díganselo antes de que sea demasiado tarde. Y, seguramente, una de las cosas que podríamos casi terminar esta conferencia es con una pregunta que la mayoría de vosotros conocéis que le hicieron al Dalai Lama y le preguntaban qué le sorprende más de la humanidad, y él respondió los hombres, porque pierden la salud para ganar dinero y después pierden el dinero para recuperar la salud, y por pensar ansiosamente en el futuro, no disfrutan el presente, por lo que no viven ni el presente ni el futuro y viven como si no tuviesen que morir nunca y mueren como si nunca hubieran vivido. La felicidad no brota de la razón sino del corazón.


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