Aspectos transferenciales y contratransferenciales en el proceso diagnóstico



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Resúmenes de Proyectivas

Consideraciones éticas en la práctica del psicodiagnóstico. Calzada e Ibáñez.
La fase final de la entrevista, o de la serie de entrevistas (de tipo diagnóstico) es el encuadre, que puede ser de tipo diagnóstico o terapéutico, en el que se propone el tipo de tratamiento que se va a seguir o el recurso asistencial al que se le va a derivar y por qué, buscando el acuerdo del paciente.
El profesional deberá obtener el consentimiento explícito de quienes serán evaluados informando a los mismos la finalidad de la evaluación. El consentimiento consistirá en aceptar la toma de pruebas que tendrá una finalidad determinada, según el caso, ofreciendo un espacio de devolución lo más amplia posible.
Debe quedar claro, en el establecimiento del encuadre, que la información será tratada confidencialmente (secreto profesional) y que en su oportunidad (entrevistas de devolución) le serán transmitidos los resultados obtenidos (en términos que le resulten comprensibles).
Se respetará el día y horario de encuentro fijado, y deberá quedar claro la fijación de los honorarios.
En líneas generales, el entrevistador: tratará con respeto y cortesía al evaluado, será neutral no discriminando según edad, sexo, religión u otros motivos.
En el segundo encuentro se indaga acerca de la historia vital evolutiva y los vínculos familiares.
Para la elección de las técnicas se tiene en cuenta el caso particular que se está atendiendo. Según Veccia: “Las técnicas se combinan estratégicamente según la situación planteada por la demanda y las características del sujeto… No prestar atención a estos aspectos es una manera de burocratizar la función, transformándola en rutinaria, faltando al compromiso ético que supone aplicar del mejor modo posible los conocimientos adquiridos, evitando un resultado iatrogénico para el entrevistado.”

Al pensar en el caso particular el profesional deberá: comprobar que los conocimientos, destrezas, aptitudes, u otras características que miden los tests se corresponden con conductas relevantes en el contexto en el que se van a llevar a cabo las inferencias. Y que no hay presencia de sesgo cultural para el grupo que se utilizará.


La aplicación de las técnicas y tests durante el proceso psicodiagnóstico deberán cumplir con una serie de requisitos, a saber:

  • En primer lugar, estar habilitados para hacerlo. Además, el psicólogo que se dedique a esta tarea debe especializarse en ella.

  • Conocer los fundamentos teóricos de la técnica que se planea utilizar, los pasos de la administración y las pautas para la interpretación de los datos obtenidos.

  • Mantenerse actualizado respecto de los cambios y avances en relación con sus usos, sus normas, baremos, etc.

  • Contar -en la medida de las posibilidades- con un entorno físico tranquilo, libre de distracciones, luminoso. Eliminar toda fuente de distracción como alarmas, celulares, etc.

  • Asegurarse que haya suficiente material disponible y que no haya marcas de usuarios previos en los cuadernillos, hojas, etcétera.

  • Las instrucciones deben ser leídas o dichas pausada y claramente, de manera que sepamos que la consigna ha sido comprendida.

Es necesario tener presente, para un informe:



  • Al elaborar las conclusiones diagnósticas hay que cuidar de no influir con preconceptos, diferencias sociales, valores, religión, etc.

  • Al elaborar los informes se debe contar siempre con el consentimiento de la persona evaluada o de sus representantes legales.

  • Asegurarnos que el nivel técnico y lingüístico de los contenidos sea adecuado para su comprensión por los receptores.

  • Incluir, cuando corresponda, un resumen claro en los informes, y, cuando sea per­tinente, recomendaciones concretas.




  • Explicitar claramente en los informes que los resultados de los tests son confiden­ciales y se mantendrán archivados el tiempo establecido en el Código Civil y en el Código de Ética del Psicodiagnosticador, que es de cinco años.

Resulta pertinente reiterar que no se debe informar acerca de las respuestas esperadas en los tests o de los criterios para su evaluación, a los efectos de no invalidar el uso futuro de los instrumentos. Y con una clara meta de proteger los instrumentos de trabajo del psicólogo.


Deben tomar el recaudo de suprimir el nombre y otros datos identificatorios que comprometan la confidencialidad del caso.
Cuando el fin es la investigación, es obligación suprimir el nombre y otros datos identificativos de las bases de datos de los resultados, elaboración de baremos, u otros tratamientos estadísticos, con el claro fin de no violar la confidencialidad.

Además, deberán asegurar que los materiales sean guardados en archivos seguros, inaccesibles a quienes sean ajenos a la investigación.

Llegado el momento, darán a conocer los primeros resultados de la investigación, y en este punto, no está demás recordar que los resultados que se difundan no deben ser falsos ni se debe proveer el material de las técnicas psicodiagnósticas para ser difundidas en los medios masivos de comunicación.
La ética constituye nuestra línea directriz en el ejercicio profesional. El ejercicio ético del profesional psicológico que se especializa en psicodiagnóstico.

Bases conceptuales y definición del proceso diagnóstico. Sendín
¿Psicodiagnóstico o evaluación psicológica?
Hay una distinción lingüística entre psicodiagnóstico y evaluación; pero en este texto se utilizarán indistintamente: evaluación, psicodiagnóstico y diagnóstico psicológico, refiriendo al proceso mediante el cual se accede al estudio de las características psicológicas de un sujeto, en un determinado contexto y con unos objetivos concretos.
El diagnóstico psicológico como proceso
El diagnóstico psicológico, se entiende actualmente como un proceso; lo que supone la inclusión comprehensiva de una serie de fases, de diversas fuentes informativas y de muestras diferentes de conducta, con una especial atención a las interacciones que se producen entre distintos sistemas relacionales.
El profesional que realiza la tarea evaluativa se enfrenta, a lo largo de todo este proceso, a una gran cantidad de variables de diverso tipo que interactúan entre sí. No solo debe registrarlas, sino también, mediante un trabajo que implica el acceso progresivo a distintos niveles de inferencia, integradas y elaboradas, de manera que alcancen una significación psicológica. Solo así podrá captar, conceptualmente, el funcionamiento del sujeto evaluado, sus conexiones con las redes relacionales en que está inscrito y los elementos esenciales en los que basarse para diseñar una intervención psicológica ajustada a sus características específicas.

Se trata de conceptualizar y no de acumular informaciones parciales, de intentar aprehender lo que está ocurriendo y su significado psicológico y no de hacer un listado de características que, por muy exhaustivo que fuera, no permitiría alcanzar un nivel conceptual.


Se deben llevar a cabo al menos tres pasos o cambios de nivel en el trabajo de procesamiento de la información recogida. Se trata de tres tipos, cualitativamente diferentes, de transformaciones o traducciones de los datos copilados, hasta llegar a convertirlos en conceptos que resulten operativos:

  1. Transformación de las conductas del sujeto evaluado, verbales, no verbales, gráficas o de resolución de problemas, observables en una entrevista o prueba psicológica, en un indicador de prueba significativo. Se trata de una lectura de la conducta en el contexto de una técnica o prueba.

  2. Transformación del indicador de prueba en un signo o indicador psicológico. En este paso se traduce la muestra de conducta al contexto del funcionamiento global de ese sujeto; dicho de otro modo, se realiza una lectura psicológica de los datos.

  3. Integración de ese indicador psicológico con otros indicadores observables en el resto del proceso diagnóstico, elaboración de hipótesis, contraste de las mismas mediante validaciones cruzadas y formulación de conclusiones. Se produce así el paso del dato empírico al nivel conceptual.

Para poder efectuar estos “saltos” de lo meramente empírico, como descripción de resultados, listado de rasgos u obtención de perfiles, a lo conceptual, como formulación de hipótesis, contraste y elaboración de conclusiones, a través de la integración progresiva de la información procedente de distintas fuentes, es necesario tomar conciencia del nivel de amplitud y diversidad que alcanza el conjunto de las numerosas variables y las casi infinitas interacciones que se ponen en marcha durante un proceso diagnóstico.
Esquemas de las variables implicadas en un proceso diagnóstico
Toda evaluación psicológica se sitúa en la confluencia o campo de intersección de estos conjuntos de variables, el cual siempre se ve afectado por ellos y es, en gran parte, el resultado de sus múltiples interacciones. El proceso diagnóstico se puede describir como un encuentro interpersonal de características específicas, en el cual un sujeto o grupo de sujetos realiza una demanda y un técnico, el evaluador, se compromete a intentar satisfacerla.

Existen, en dicho encuentro, roles relativamente bien definidos, que modulan esta forma peculiar de contacto interpersonal, diferenciándolo de otros tipos de relación. Es importante subrayar al respecto que las características de personalidad, los estilos relacionales, el grado de experiencia y el nivel de conflicto psicológico que poseen ambas partes, sujeto y evaluador, intervienen de modo sustancial en la configuración y desarrollo del proceso.




  • Variables derivadas del sujeto

El grado de motivación, antecedentes anamnésicos, características de la personalidad, nivel sociocultural, tipo y grado de patología, edad y sexo.


  • Variables derivadas del evaluador

Las dificultades personales del técnico van a estar interfiriendo en el estilo de relación que este sea capaz de establecer con los evaluados.

Muchos de los sistemas o trucos técnicos utilizados con frecuencia, como abrumar a los sujetos con numerosos tests, utilizar un lenguaje incomprensible o intentar encajar a toda costa la situación del evaluado en esquemas preconcebidos, pueden entenderse también como evasivas en las que el profesional se intenta refugiar, porque se siente demasiado vulnerable ante el cuerpo a cuerpo de la relación interpersonal.

La situación diagnóstica implica el conocimiento y manejo de una serie de técnicas, pero también la capacidad para conducirse con fluidez en una interacción de gran cercanía.

Otras variables procedentes del evaluador son: nivel de expectativas, refuerzos y condicionamiento verbal durante las entrevistas, nivel de formación, estatus profesional, características de la personalidad, particularidades físicas como raza, sexo y edad.


Análisis de la interacción:

El encuentro cara a cara permite captar al sujeto y a su entorno familiar en su propia, única y original manera de comunicarse y, además, es el lugar donde se explicita el motivo prioritario de esa peculiar relación entre examinador y sujeto: lo cooperación en la tarea común de comprender disfunciones, discriminar recursos y planificar la producción de cambios que generen un mayor bienestar.

Las interferencias observables en la fluidez de la comunicación interpersonal, así como la importancia de tener en cuenta los procesos de retroalimentación que modifican y dificultan la transmisión de los mensajes, fueron señaladas por los conceptos de transferencia y contratransferencia (Freud).

Estos conceptos, referidos a todo aquello que terapeuta y paciente se transmiten y provocan mutuamente, a menudo de manera inconsciente, pueden ser aplicados también a la situación diagnóstica. Se trata de una serie de apreciaciones subjetivas que influyen en la captación de la realidad interpersonal que pueden ser positivas o negativas, según las atribuciones realizadas y los afectos desplazados sean de uno u otro signo. Dicho de otra forma, los intercambios que se producen en la situación diagnóstico conllevan habitualmente distorsiones, y éstas proceden tanto del sujeto como del evaluador.

Los desarrollos más recientes de la teoría psicoanalítica se han ido orientando cada vez más hacia una postura relacional, intersubjetiva y socio-constructivista desde la que se entiende el encuentro psicoanalítico como co-construido de manera recíproca por los participantes.

Según el enfoque de la teoría de la comunicación, los mensajes interindividuales presentan siempre un aspecto de contenido y un aspecto relacional, a la vez que dos formas básicas de ser transmitidos:



  1. Verbal: signos lingüísticos.

  2. No verbal: signos paralingüístico, como: tono de voz, ritmo, pausas, giros sintácticos y signos no-lingüísticos, como: posturas, gestos, movimientos corporales, expresiones faciales.

Al aplicar estos conceptos, parece innegable los estilos de comunicación del evaluador van a influir significativamente en los intercambios que se produzcan, pudiendo obstaculizar el trasvase de información significativa o facilitándolo si es capaz de transmitir una actitud de escucha atenta, a los dos niveles descritos. A nivel verbal, mediante: paráfrasis, preguntas breves, murmullos o palabras de aprobación, frases-resumen, adaptación del lenguaje a las características del sujeto. Y a nivel no-verbal, a través de miradas, gestos, mímica, postura, tono de voz.


Estos influyen en: el tipo de objetivos, la selección de datos relevantes, la elección de técnicas exploratorias y la interpretación de los resultados.

Cada profesional tiene como referente a por lo menos una teoría, lo que conduce a: registrar un tipo determinado de información, formular un tipo determinado de hipótesis y elegir un tipo determinado de técnicas para la recogida y análisis de los datos.

Tiene la tendencia a obtener unas conclusiones que concuerden con su modelo previo. (A la vez introducen sesgos)


  • Variables derivadas de las técnicas utilizadas

Por ejemplo: el tipo de consigna, los tiempos de ejecución, la adaptación de los reactivos al nivel socio-cultural del sujeto y la información previa sobre las tareas propuestas.
Discriminación entre datos esenciales y accesorios: influencia de las teorías y técnicas utilizadas:

En este trabajo de discriminación entre lo esencial y lo accesorio influyen de manera relevante los marcos teóricos-referenciales de los que se parte.




  • Variables derivadas del contexto institucional

Muchos aspectos de la evaluación aparecen interferidos por el propio contexto, entre ellos se pueden citar: los objetivos, la selección de información relevante, las actitudes recíprocas y el grado de cooperación del sujeto.

En la interpretación de los datos se han de tener necesariamente en cuenta estas variables moduladoras, ya que una misma conducta puede tener distintos significativos según el contexto en que aparezca.




  • Variables ecológicas

Es necesario considerar una serie de aspectos del ambiente físico, en las que se puede citar: la iluminación, nivel de ruido, hora del examen, adecuación del mobiliario a las características del sujeto, el tiempo disponible.

Estos parecen modular la relación interpersonal y con ello, el nivel cuali y cuantitativo de los intercambios, lo cual afecta posteriormente a la lectura interpretativa.




  • Variables derivadas del contexto social

Tanto los evaluados como los evaluadores viven inmersos en un tipo particular de sociedad, en un momento histórico concreto, donde se ha llegado a un nivel de conocimientos específicos, con una adscripción o pertenencia a un determinado estado socio-cultural y en la cual existe una serie de coordenadas que aportan marcos de referencia o modelos de relación entre sus miembros.

Todos los productos sociales intervienen o actúan como variables mediadores en el estilo personal de llevar a cabo el procesamiento de la información.


Complejidad de las fuentes informativas
En el proceso psicodiagnóstico se producen varios tipos de informaciones que habrán de integrarse y de los que son identificables los siguientes:

  • Datos derivados de observaciones directas del comportamiento de un individuo o grupo, realizados por el evaluador o por personas del entorno.

  • Datos derivados de la propia interacción y estilos comunicativos a lo largo de sucesivas entrevistas.

  • Datos derivados de las pruebas psicológicas.

  • Elaboraciones, inferencias y juicios que surgen de los sucesos contrastes a los que se somete la información, incluida la de los marcos teóricos.

Toda esta información deberá ser analizada. Las sucesivas validaciones cruzadas entre los diferentes tipos de datos se limitan en gran medida el margen de incertidumbre, aunque en ningún caso lo eliminan por completo.
Otras fuentes de error:

  • Sesgos en la información aportada por los sujetos. Hay que intentar contrastar los datos que se consideren relevantes a través de varias vías. (Esto ocurre porque cada uno aporta su propia visión)

  • Uso inadecuado de los instrumentos de medida psicológica. Los tests, adecuadamente usados, ofrecen ventajas a la hora de registrar datos sobre el funcionamiento psicológico de un sujeto, porque representan una recopilación predeterminada de tareas y permiten que éstas sean presentadas a todos los individuos de una manera estandarizada. Dado que el examinador también registra esas conductas de una forma prefijada y estable, aportan la posibilidad de comparar las ejecuciones de un sujeto con las de muchos otros. Los instrumentos de medida intentan homogeneizar los datos a registrar y los sistemas de registro de los mismos, así como limitar el impacto de los factores subjetivos en la interpretación de los resultados, con ello reducen el margen de error, pero no consiguen eliminarlo por completo.

  • Escaso esfuerzo en la validación de hipótesis. Generalmente se produce una clasificación, aunque sea en categorías amplias, del problema que plantea cada individuo. Pero si se realiza prematuramente o se convierte en etiquetas diagnósticas, se producirá un fenómeno de cierre que bloqueará el proceso de validación de hipótesis l obstaculizar la continuidad de los contrastes sucesivos.


Proceso de generación y confirmación de hipótesis
Se puede describir el psicodiagnóstico como un proceso de generación y confirmación de hipótesis en cuanto a la naturaleza del problema que se plantea, sus causas, su evolución probable, la necesidad o no de una intervención psicológica o educativa ulterior y la planificación de dicha intervención, en función de las características, recursos y dificultades de cada sujeto y/o grupo familiar.

Se habla de la evaluación como un proceso de confirmación de hipótesis, entendiéndola como un conjunto de estrategias mediante las cuales se va cotejando la información procedente de distintas fuentes, realizando validaciones cruzadas y elevando a la categoría de conclusiones solo aquellos aspectos que resulten confirmados por un cúmulo de datos convergentes.


Proceso de toma de decisiones
Otra forma de describir el diagnóstico es como un proceso de toma de decisiones, en el que el evaluador debe decidir, en función de las características de cada caso: que aspectos evaluar, cómo evaluarlos, a qué personas del entorno del sujeto tener en cuenta como significativas, cómo planificar la intervención.

El énfasis debe ponerse siempre en la conceptualización de los problemas y no en resultados de técnicas específicas, pues cualquiera de ellas, aisladamente, es insuficiente para lograr dicha conceptualización.


Cálculo de probabilidades:

El proceso diagnóstico consiste también en la obtención de una serie de conclusiones, cotejadas a través de cálculos de probabilidades. A tal fin se confrontan dos amplias bases de datos:



  • Los conocimientos teórico-técnicos del observador.

  • Todas las informaciones obtenidas del sujeto y su contexto.

Para ello es necesario, observar los fenómenos, organizar toda la información, realizar validaciones convergentes y seleccionar los datos relevantes que permitan establecer, una descripción, pronóstico y plan de intervención para cada persona concreta.

Se trata de un proceso que se ha desarrollado, históricamente, a través de una doble vía:



  • Fenomenológica. Se tarta de describir el modo particular de experiencia y conducta del evaluado y su relación con el entorno; orientándose a recoger las características individuales y propugnando una visión holística.

  • Sintomatológica o de criterios. Se selecciona algunos aspectos, de los datos disponibles, a los que se dota de una especial significación.

Pueden ser complementarias, si se entiende el psicodiagnóstico como un proceso dialéctico, con una parte retrospectiva y otra predictiva o anticipatorio, donde el síntoma o el fenómeno simple se van interconectando hasta formar parte de una visión global del funcionamiento psíquico.
Intento de definición del proceso diagnóstico
La evaluación psicológica se contempla como un proceso que consiste en la recopilación de informaciones relativas a repertorios de comportamientos, funcionamiento cognitivo, estados emocionales, y estilos relacionales de una persona. La información recogida se integra, contrasta, selecciona y procesa en sucesivos pasos hasta convertirla en una descripción significativa del funcionamiento psicológico del evaluado. El producto de todo este proceso puede cubrir distintos objetivos:

  • Establecer un cuadro diagnóstico.

  • Describir el funcionamiento psíquico en sus diferentes aspectos.

  • Elegir y diseñar técnicas de intervención.

  • Orientar.

  • Seleccionar sujetos.

  • Establecer la línea/base de determinadas dimensiones con la que comparar cambios ulteriores.

El evaluador debe tomar una serie de decisiones, en función de la información disponible:

  • Llevar a cabo el proceso completo o suprimir la fase de aplicación de pruebas.

  • Determinar las áreas de funcionamiento psicológico que requieren una exploración más detallada.

  • Seleccionar los instrumentos de medida a utilizar.

  • Definir el grado de severidad de los problemas planteados.

  • Precisar la necesidad o no de intervención ulterior.

  • Elegir y diseñar dicha intervención.

Definición de Evaluación Psicológica: “encuentro interpersonal que se realiza mediante un proceso modulado por numerosas variables y sus interacciones, a lo largo del cual el técnico va transformando progresivamente los datos empíricos hasta llegar a un análisis conceptual que permita una planificación de la intervención”.

Se hace referencia a una situación procesual, dinámica, interactiva, y proveedora de elementos para diseñar intervenciones encaminadas a producir cambios. Se asume que quedan incluidos el evaluador, el/los evaluados y lo evaluado, y que se trata de un conjunto de procedimientos que se van articulando a través de distintas fases y tareas.



Encuadre, objetivos y fases del proceso diagnóstico. Sendín
Diferencias y conexiones entre evaluación e intervención
Existen diferencias marcadas entre los procesos de evaluación y de intervención, sobre todo en relación a:

  • Marco o encuadre en que se desarrollan, son distintos:

  1. El tiempo.

  2. Los roles de los implicados.

  3. Los límites existentes.

  • Fines u objetivos prioritarios que se pretenden lograr también aparecen diferencias:

  1. Descripción y planificación en el caso del diagnóstico.

  2. Modificación en el caso de la intervención.

Existen ciertos elementos comunes en los que evaluación e intervención parecen solapar sus funciones y que representan una de las vías de conexión mutua entre ambos procesos.

El individuo parece reaccionar a las variables interpersonales movilizadas durante todo el proceso evaluativo y, en bastantes ocasiones, éstas actúan como disparadores o estímulos interactivos para la puesta en marcha de sus propios recursos que, consecuentemente, le ayudan a buscar por sí mismos nuevas formas de abordaje para sus dificultades.

No se pretende afirmar que a través de un diagnóstico el sujeto modifica siempre o significativamente su funcionamiento, porque ello no ocurre en todos los casos, pero sí reconocer y destacar que, con frecuencia, la situación procesual e interactiva produce efectos terapéuticos constatables y parece actuar a modo de experiencia emocional correctora.

La evaluación psicológica podría también entenderse como una especie de primer escalón de la intervención psicológica o como una especie de intervención preventiva.

Evaluación e intervención representan dos procesos diferentes pero complementarios, en cuya interacción, el diagnóstico funciona, fundamentalmente, como un sistema de validación de la intervención.

No obstante, la influencia entre ambas es recíproca de manera que también los datos derivados del tratamiento pueden servir como validadotes de la evaluación, sobre todo en los aspectos pronósticos y evolutivos que se hubieran podido establecer en el diagnóstico inicial y que van a ser confirmados o refutados por el seguimiento continuado del sujeto.

La evaluación psicológica representa, por tanto un proceso que, a la vez que permite la planificación de la intervención, pone posteriormente de relieve y contrasta la magnitud de sus efectos. Es decir, a través del proceso diagnóstico se toman decisiones sobre el tipo, secuencia y objetivos del plan de tratamiento y, a posteriori, son también las técnicas evaluativos las encargadas de valorar los cambios producidos.

El diagnóstico se puede considerar como una necesidad y un requisito antes de proceder a la intervención y en una fase ulterior, como una vía de comprobación de la efectividad misma.
Encuadre del proceso diagnóstico
La situación diagnóstica se caracteriza por ofrecer un marco o encuadre específico, prefijado y constante para todos los sujetos.

Tal encuentro ha de enmarcarse en un encuadre específico, donde los roles están suficientemente definidos y según los cuales:



  1. Una persona, grupo familiar, profesores, etc., realizan una demanda.

  2. Otra, el evaluador, acepta la petición y se compromete a ofrecerles un tipo específico de ayuda, con unos límites bastante precisos.




Se van a mantener constantes determinadas variables que intervienen en el propio proceso:

  1. La aclaración de los respectivos roles.

  2. El lugar de los encuentros.

  3. El tiempo y número previsible de entrevistas.

  4. Los objetivos, naturaleza y límites de la tarea.

La definición de éstos debe ser lo suficientemente precisa, pero dejando un margen de flexibilidad para llevar a cabo ligeras adaptaciones.


  • Elementos adaptables

Si bien la mayoría de los elementos del encuadre son fijos para todos los sujetos, un pequeño número de ellos puede variar según las circunstancias de cada caso, a fin de ajustar el marco del proceso a las características específicas del evaluado:

  1. El número de personas implicadas.

  2. El número de entrevistas necesarias.

  3. El tipo de pruebas a aplicar.

  4. La presencia de dificultades específicas en el sujeto, que pueden lentificar la ejecución o exigir otras modificaciones.

El rango de variación es casi siempre estimable y comunicable a los sujetos de antemano.

De este modo se crea una situación estándar que permite también observar las variaciones interindividuales en cuanto a las modalidades de adaptación de cada sujeto a la misma.




  • Aclaraciones básicas

En la definición del encuadre, (imprescindible en el primer contacto con el sujeto), el psicólogo debe asegurarse de que quede suficientemente explicado:

  1. En qué va a consistir la evaluación.

  2. Cuáles son los fines y límites, es decir, qué se espera y qué no se espera lograr.

  3. Qué utilidad puede reportar este proceso al sujeto.

  4. Hay que garantizar al sujeto la confidencialidad y ofrecerle un protocolo de consentimiento informado, si fuera necesario.


Objetivos diagnósticos
Los objetivos de la evaluación tienen que ser enunciados en referencia a los elementos señalados.


  • Preguntas previas

Si esta conceptualización del psicodiagnóstico como un proceso interactivo resulta aceptable, habrá que preguntarse en cada caso antes de iniciarlo:

  1. Si es o no necesario.

  2. Que utilidad puede reportar al sujeto.

  3. Que fines se persiguen con su puesta en marcha.

Si el profesional no es capaz de contestar a estas probablemente no sea adecuado realizarlo, si por el contrario puede responder a ellas se inicia el proceso intentando alcanzar la serie de objetivos jerarquizados.


  • Objetivos principales




  1. Descripción/comprensión del caso lo más amplia posible.

La descripción derivada del proceso evaluativo ha de incluir las múltiples conexiones con los sistemas y subsistemas relacionales en los que el sujeto aparece inscrito. En otros términos, aunque el diagnóstico sea individual, no puede ser individualista, sino contemplar siempre los contextos inmediatos con los que el sujeto interactúa. Para cumplir este objetivo hay que integrar toda la gama de informaciones que, procedentes de distintas fuentes, permitan identificar y definir dos grupos de aspectos del funcionamiento del sujeto:

    1. Aspectos disfuncionales. Pueden ser explícitos o implícitos y estar presentes tanto en el sujeto como en su entorno inmediato. Se trata de identificar todos aquellos factores que intervienen en la generación y mantenimiento de las dificultades y que presentan, a menudo, efectos acumulativos.

    2. Recursos adaptativos potenciales. Pueden aparecer tanto en la persona evaluada como en su entorno. Su descubrimiento es extremadamente útil, a fin de que puedan servir como referencia y ser instrumentalizados para favorecer cambios y apoyar el proceso de intervención.

Con la integración de estos se pretende comunicar que un diagnóstico es incompleto si solo registra los conflictos, deficiencias o disfunciones de un sujeto.

Entender el diagnóstico como proveedor de elementos para el diseño de una intervención lo más ajustada posible a las características de cada individuo. Los resultados de un proceso evaluativo son mucho más útiles si logran aportar una visión integrada de los aspectos saludables y conflictivos de un individuo y su entorno, es decir, una síntesis de sus puntos débiles y fuertes, ofrece (en el ámbito clínico):



  1. Mayor precisión para la selección y el diseño de la intervención con ese sujeto.

  2. Información sobre programas preventivos que pueden asociarse al tratamiento.

  3. Información pronóstica, con una valoración de los obstáculos a superar.

La conjunción de los aspectos disfuncionales y adaptativos con que cuentan el evaluado y su contexto, permite definir y comprender mejor:

  1. Lo que está ocurriendo.

  2. Los motivos que provocaron la situación actual.

  3. Los intentos previos de solucionar los problemas.

  4. Las probabilidades de introducir cambios en su funcionamiento.




  1. Planificación de la intervención

La elaboración de toda la información diagnóstica ha de servir también para planificar el tipo de intervención más adecuada, ya que permite conocer con bastante exactitud y con ello tomar decisiones ajustadas acerca de:

    1. La modalidad terapéutica o programa psicopedagógico de elección.

    2. La posible combinación o sucesión de varias modalidades.

    3. Los obstáculos y limitaciones que se pueden prever desde el inicio.

    4. Las prioridades o secuencia en el abordaje de los problemas del sujeto.

    5. Los recursos, del propio sujeto y de su entorno, que habrá que intentar movilizar para lograr un cambio significativo.

    6. Los indicadores pronósticos.

La síntesis de esta información hace posible seleccionar con mayor garantía el tipo de intervención.





  1. Ofrecer una experiencia de relación interpersonal cooperativa

El psicodiagnóstico representa una situación interactiva peculiar, donde el sujeto no se siente juzgado, sino escuchado y aceptado con todas sus dificultades y donde se le devuelve una descripción de su funcionamiento psicológico que, con frecuencia, le resulta útil para aumentar su capacidad de reflexión y auto-conocimiento.

Obviamente no todos los individuos presentan el mismo grado de receptibilidad ni de recursos potenciales para iniciar conductas deliberadas encaminadas a recuperar su homeostasis y por ello no todos registran o son capaces de utilizar del mismo modo los beneficios derivados de esta experiencia.




  1. Instrumentalización indirecta de los recursos potenciales.

Se puede producir a través de muchas de las actividades que se solicitan habitualmente a los evaluados durante el proceso diagnóstico para recopilar información. Tales actividades ayudan, indirecta y simultáneamente, a incrementar su capacidad de observación y análisis de las situaciones.

Así parecen funcionar como elementos importantes en dicha instrumentalización:



  1. La petición de autorregistros o descripciones detalladas de acontecimientos pasados y presentes.

  2. La co-responsabilización en la resolución de los problemas. El psicólogo se presenta como un acompañante cualificado que necesita contar con la ayuda de todos los implicados.

  3. La valoración del esfuerzo y la transmisión de confianza en sus posibilidades que suponen un cambio con respecto al sistema de refuerzo social al que muchos sujetos habían estado habituados.

  4. La conexión de aspectos del funcionamiento psicológico con las consecuencias conductuales que generan los motivos de la demanda, conexión, que a menudo, no había sido percibida anteriormente.




    1. Recopilación de informaciones con valor pronóstico

Se produce usualmente mediante el registro, a través de la actuación del sujeto durante todo el proceso diagnóstico, de una serie de informaciones cualitativas que representan indicadores de motivación y de pronóstico favorable, ambos relacionados con las posibilidades de cambio o potencial de modificabilidad que el caso presenta.

  1. Indicadores de motivación.

En función del nivel de esfuerzo para aportar datos y del grado de implicación personal en el proceso que presente el sujeto evaluado, se podrán derivar hipótesis prospectivas, favorables o desfavorables, registrando la aparición de: conductas cooperativas, respuestas ajustadas a las demandas de cada momento y a la receptibilidad para comprender el feed-back relacional.

(Pertenecientes a la comunicación analógica)



  1. Indicadores de pronóstico favorable.

Se señalarán algunos elementos cuya presencia continuada y conjunta a o largo del proceso diagnóstico permite interpretarlos como indicadores de pronóstico favorable.

Su aparición se relaciona con la existencia de recursos adaptativos, con una alta motivación para iniciar procesos de cambio y en definitiva, con lo que se podría denominar potencial de modificabilidad de un sujeto y/o sistema.

Inversamente, su ausencia conjunta apunta a la hipótesis de un pronóstico desfavorable.

Surgen de los procesos comunicativos tanto digitales como analógicos (o tanto simbólicos como procedimentales), se pueden destacar los siguientes:



  • Respecto por el encuadre y grado de colaboración a lo largo de todo el proceso.

  • Buen nivel de desarrollo intelectual.

  • Responsabilidad afectiva o capacidad para registrar y expresar emociones.

  • Plasticidad/flexibilidad para adecuar y modificar actitudes a lo largo del proceso.

  • Permeabilidad/sensibilidad para utilizar el proceso de introspección de manera ajustada a las exigencias externas y acorde con la conexión entre los motivos explícitos e implícitos de la demanda.

  • Nivel aceptable de estructuración del entorno.

  • Síntomas de instauración reciente y asociados con cambios externos que pudieran haber actuado como desencadenantes.

  1. Integración de los indicadores.

Si el evaluador registra varios de estos indicadores a lo largo del proceso evaluativo, podrá emitir la hipótesis de pronóstico favorable, al entender que su presencia conjunta representa una actitud flexible y adaptativa, un alto grado de motivación para el cambio y una buena capacidad para el trabajo elaborativo por parte del sujeto. Viceversa, su ausencia global señalará casi siempre, serias dificultades y fuertes resistencias a la introducción de modificaciones significativas. Tales hipótesis estarán sujetas a ulteriores contrastes.
Fases del proceso diagnóstico


  • Fases en sentido teórico

Se hace referencia a las fases de elaboración teórica, pasos a secuencia de actividades que el profesional debe llevar a cabo: recopilación de información – formulación de hipótesis – verificación o contraste de las mismas – derivación de conclusiones.

Dado que al hablar del ámbito clínico se ha insistido en que los aspectos teóricos son indisociables de los objetivos prácticos, el trabajo del diagnosticador requiere la inclusión de una última fase: la elaboración de una síntesis significativa de las conclusiones y su comunicación.

Tal comunicación ha de hacerse al sujeto y, en su caso, al derivador, con el objeto de dar respuesta a los fines para los que la evaluación se ha realizado: descripción, comprensión, pronóstico y orientación y/o propuestas de intervención.

Por otra parte, en psicodiagnóstico, estos mismos objetivos prácticos determinan, en gran medida, el procedimiento a seguir para la verificación de hipótesis.

Si con la evaluación se pretende solo establecer descripciones, clasificaciones o predicciones, con vistas a aportar una orientación, una selección del caso, su detección o su ubicación, bastará un proceso correlacional, que permite, a través de la comparación e integración progresiva de informaciones, contrastar las hipótesis y llegar a unos postulados, con niveles aceptables de probabilidad.

Si, además, se desea lograr explicar y ayudar a modificar comportamientos, es decir, planificar una intervención, será necesario utilizar el proceso experimental, que intenta verificar las conclusiones mediante un determinado tratamiento y comprobar posteriormente sus efectos. De este modo, el trabajo experimental incluiría todo el circuito evaluación – intervención – reevaluación, conectando los aspectos evaluativos y los interventivos.


  • Fases en sentido práctico

La conceptualización del diagnóstico como un proceso implica la idea de que se trata de un procedimiento que comprende una serie de momentos diferentes y sucesivos relacionados entre sí, cuyas peculiaridades constituyen y otorgan sentido a todo el conjunto. No se trata, pues, de un encuentro puntual con un sujeto o familia, sino de varios, en sucesivos episodios, a través de tos cuales se van recogiendo distintos tipos de información,

Ello permite que el funcionamiento del individuo pueda irse observando diacrónicamente, en distintas situaciones y momentos, lo cual aumentará, cuantitativa y cualitativamente, el muestreo o recogida de conductas, respuestas y actitudes ante campos estimulares interactivos que presentan un cierto grado de modificabilidad. De este modo se posibilita el contraste entre esos diferentes momentos y la diversidad de estímulos comunicacionales que se ponen en marcha.


  • Fases básicas




  1. Entrevista inicial.

  2. Entrevista de aplicación de pruebas psicológicas.

  3. Entrevista de comunicación de resultados, que incluye la confección de un informe escrito.

Para avanzar eficazmente en esta secuencia, no se puede pasar a la fase siguiente con expectativas de lograr sus objetivos si no se han cubierto los objetivos de la anterior. Las informaciones recogidas en cada una revierten y retroalimentan las obtenidas en las demás.

Son necesarias todas estas fases para cubrir los objetivos básicos de un diagnóstico pero, en ocasiones, dependiendo de los resultados de la entrevista inicial, del tipo de información obtenida por otras fuentes y/o de las características de la demanda, estará indicado alargar, acortar, o incluso eliminar la fase de aplicación de pruebas. En cambio la primera y última fase resultan indispensables.




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