Asignatura: Periodismo Científico Profesor: Alfredo Marcos (UVa / Depto de Filosofía) Grupos



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Asignatura: Periodismo Científico

Profesor: Alfredo Marcos (UVa / Depto. de Filosofía)

Grupos: 3ºA y 3ºB de Periodismo

Tema 3


Periodismo científico: aspectos prácticos

3.1. El periodismo científico como periodismo especializado

3.2. La comunicación de la tecnociencia como fenómeno informacional

3.3. El emisor: El periodista científico, su formación y deontología. La responsabilidad del periodista científico. Las fuentes

3.4. El canal: Los distintos medios de comunicación y la comunicación de la tecnociencia. La prensa escrita. La radio. La televisión. Internet. Otros medios de comunicación de la tecnociencia, museos, cine, literatura, ciencia-ficción...

3.5. El mensaje: La construcción formal del mensaje. Cómo abordar las singularidades de la información tecnocientífica. Problemas de lenguaje en la comunicación de la tecnociencia y recursos expositivos. Metáforas en ciencia y metáforas en comunicación de la ciencia. Los géneros periodísticos y la comunicación de la tecnociencia (noticia, reportaje, entrevista...). Qué es noticia en tecnociencia. El periodismo científico de opinión. Periodismo de precisión

3.6. El contenido: Problemas especiales y recursos para la comunicación de la ciencia según campos temáticos. La tecnología y la comunicación del riesgo. Las ciencias físicas y matemáticas. La psicología, la economía, las ciencias humanas y sociales. La biología y la medicina. La consolidación de la salud y el medioambiente como temas de interés periodístico

3.7. El receptor: La comunicación de la tecnociencia y sus públicos. Formatos generalistas y especializados. La comunicación de la tecnociencia dirigida al público en general. La comunicación de la tecnociencia dirigida a sectores específicos según su formación, intereses, edades, regiones…. Periodistas, científicos, políticos y gestores como público de la comunicación de la tecnociencia. El proceso de comunicación de la ciencia: un proceso interactivo


3.1. El periodismo científico como periodismo especializado

(Véase la selección de textos de J. L. Martínez Albertos: Curso General de Redacción Periodística, Thomson, Madrid, 2004; Javier Fernández del Moral y Francisco Esteve Ramírez: Fundamentos de información periodística especializada, Síntesis, Madrid, 1993; Montserrat Quesada Pérez: Periodismo especializado, Ediciones Internacionales Universitarias, Madrid, 1998; : Mª Rosa Berganza CondePeriodismo especializado, Ediciones Internacionales Universitarias, Madrid, 2005)


3.2. La comunicación de la tecnociencia como fenómeno informacional

(Véanse los apartados 1. y 2. de: A. Marcos, “Una medida general de la información”, en J. M. Cavero, B. Vela y E. Marcos (eds.): Aspectos Filosóficos, Psicológicos y Metodológicos de la Informática, Dykinson, Madrid, 2005)


Veamos ahora de qué elementos consta y qué estructura debe tener un sistema para cumplir las funciones recién enunciadas. Aquí proponemos entender la comunicación de la ciencia como un fenómeno informacional, con la estructura habitual de este tipo de fenómenos. A veces se distingue entre información y conocimiento1. A nuestro entender hay información cuando un acontecimiento (mensaje) produce un cambio en el conocimiento que alguien tiene sobre algo. Si no hay variación en el conocimiento no hay información, tan sólo mensaje. El que se dé información depende, pues, de varios factores, entre ellos el mensaje, el receptor y el objeto acerca del cual el receptor adquiere conocimiento. Un mensaje en chino a mí no me dice nada, no me comunica información, pero quizá sí a mi vecino. La sección de deportes de un diario me dice poco sobre el tiempo que hace, pero mucho sobre la liga de fútbol. La información es en realidad una relación que exige al menos tres polos, el mensaje, el receptor y aquello a lo que el mensaje se refiere. En el mundo físico toda información se transmite a lo largo de un canal, y este cuarto elemento también ha de ser tenido en cuenta. Además, la información científica siempre tiene un emisor concreto, una persona o institución que emite de modo intencionado2. Para entender la comunicación de la ciencia debemos reparar, pues, en todos estos elementos del fenómeno informacional: emisor, canal, mensaje, contenido y receptor.
3.3. El emisor3

El periodista científico, su formación y deontología. La responsabilidad del periodista científico. Las fuentes


3.3.1. Formación

Quien emite el mensaje es un periodista (o un grupo) especializado en comunicación de la ciencia y de la técnica. Esto implica que la tarea del comunicador de la ciencia es propiamente periodística. La formación, las habilidades, los criterios y el lenguaje para hacer llegar al público la información científica son de naturaleza propiamente periodística. Por supuesto, la comunicación de la ciencia puede ser llevada a cabo a veces por personas que, además, sean científicos, historiadores, filósofos, literatos, gestores..., pero cuando ejercen como comunicadores están haciendo una labor periodística en la que los criterios de valoración y selección de los contenidos, así como las técnicas de comunicación, deben ser propiamente periodísticos, y no necesariamente científicos, políticos o económicos. Si más arriba hemos señalado la necesidad de un cierto grado de autonomía de los sistemas, por ejemplo del sistema científico, es perfectamente razonable que aquí pidamos ese mismo grado de autonomía para el sistema de comunicación social de la ciencia, en el que deben prevalecer los criterios periodísticos, asistidos, como debe suceder en cualquier acción humana, por el sentido común crítico. Evidentemente, la autonomía del sistema de divulgación de la ciencia no puede conducir al aislamiento. Muy al contrario, debe fomentarse la relación fluida y constante con los científicos y tecnólogos, con los políticos e industriales vinculados a la actividad científica o tecnológica y, por supuesto, con el público. El emisor debe tener conocimientos científicos y tecnológicos suficientes para entender e interpretar correctamente los textos y las acciones de científicos y tecnólogos, así como las estructuras de las instituciones y comunidades científicas4. Para acceder a las fuentes científicas es imprescindible el conocimiento del inglés, lengua en la que se comunica la comunidad científica y se escriben y publican la mayor parte de los trabajos de investigación, y un buen manejo de Internet. Es importante, asimismo, que el periodista disponga de algunas nociones de filosofía, historia y sociología de la ciencia que le permitan entender la naturaleza de la ciencia. Así como una formación literaria en la que apoyar las habilidades expositivas y las capacidades de lectura de los textos científicos, tomados estos como escritura5.


3.3.2. Deontología y responsabilidad ética

Teniendo en cuenta que existe en el plan de estudios una materia dedicada especialmente a la deontología profesional, aquí haremos tan sólo unos breves apuntes al respecto.



Moral, deontología y ética.- La moral será el conjunto de los hábitos, costumbres, actitudes, valores, ideales de vida, modelos, sentimientos, intuiciones, consejos, recomendaciones, máximas, tradiciones, normas (códigos, leyes, principios, preceptos, mandatos, prohibiciones)... con los que cuento para decidir sobre el curso de mi acción en lo que atañe a su bondad o maldad.

Cuando estas normas de acción afectan especialmente al ejercicio de una determinada profesión, entonces hablamos de deontología. El primer código deontológico explícito fue el llamado Juramento Hipocrático, que rige desde antiguo el comportamiento profesional de los médicos. Tras los médicos otras profesiones se han ido dotando de códigos deontológicos, y entre ellas la profesión periodísticas (adjunto el Código Deontológico Europeo de la Profesión Periodística y el Código Deontológico de la Federación de Asociaciones de la Prensa de España (FAPE); comentaremos en clase los artículos que afectan más de cerca al periodismo científico). La observación de estas normas deontológicas contribuye a elevar la calidad de las prácticas y productos periodísticos. Debe ponerse especial cuidado, no obstante, en que las normas deontológicas no sean tomadas como instrumento y disculpa para el control político sobre el periodista.

Pero quien actúa sólo siguiendo normas, sin reflexionar sobre las mismas, no es realmente un ser moral. En nuestros días la reflexión resulta obligada sobre todo debido a dos factores. Por un lado un sin fin de problemas morales que han aparecido ante nosotros debido al desarrollo espectacular y reciente de la tecnociencia. Estos problemas ponen necesariamente en cuestión las guías morales de las que nos servíamos. La otra fuente de reflexión es el contacto entre personas de culturas diversas. Hoy este contacto es más intenso y continuo que nunca (y en gran medida debido precisamente al desarrollo tecnocientífico). La tecnociencia y la globalización nos obligan a todos a reflexionar sobre nuestras normas morales y deontológicas. Cuando esa reflexión moral se vuelve muy técnica o especializada, cuando alcanza un cierto grado de sutileza argumentativa y de precisión conceptual, cuando se exige a sí misma coherencia con lo que sabemos sobre el mundo y sobre las personas, entonces decimos que estamos haciendo filosofía moral o ética.

Pero la ética no es algo radicalmente distinto de la moral o de la deontología, sino el desarrollo reflexivo y crítico, hasta un nivel filosófico, de las preguntas morales que todos nos hacemos. La ética tiene valor normativo, tiene que ver con los sentimientos y las emociones, pero no se reduce a eso, tiene también una base racional (con valor universal). Y, por último -aunque quizá sea lo más importante-, la ética es una disciplina práctica: según afirma Aristóteles en su Ética a Nicómaco, estudiamos ética porque queremos hacernos mejores, no por un puro interés teórico.


Necesidad de la ética en los medios.- La actividad de los periodistas y comunicadores tiene sus propios fines y criterios. Del mismo modo las empresas de comunicación tienen sus propios objetivos. Los objetivos lícitos de profesionales y empresas deben ser perseguidos con medios aceptables desde diversos puntos de vista, y entre ellos desde el punto de vista ético. Cierto es que la obtención de beneficios económicos es un objetivo lícito para cualquier empresa, pero no se puede buscar a costa de la explotación laboral, la calumnia, el sensacionalismo o el servilismo. Cierto es que para un profesional de la comunicación el informar es un objetivo lícito, pero no puede cumplirlo mediante la traición a sus fuentes, el soborno o el chantaje... y así sucesivamente. Las restricciones éticas son necesarias en cualquier ámbito de la vida humana. Lo son, por supuesto, en los medios de comunicación, y lo son mucho más cuando éstos empiezan a disponer de herramientas tecnológicas de una gran potencia que les permiten una mayor influencia social. Cuanto mayor es el poder, mayor la responsabilidad ética. Las nuevas tecnologías multiplican las posibilidades de los medios de comunicación, por tanto multiplican la responsabilidad de los mismos. Por eso, hoy más que nunca, las empresas y los profesionales de la comunicación tienen que atenerse cuidadosamente a criterios éticos.
Ética y empresas de comunicación.- Existen exigencias específicas de una empresa de comunicación. Por ejemplo, una empresa de este género debe establecer unas condiciones de trabajo en las que se consienta una cierta autonomía y un criterio periodístico propio a los profesionales, que no pueden ser tratados como meros autómatas programados según las consignas de la casa. En esto como en todo existen grados y criterios de prudencia. Es evidente que una empresa no puede permitirse que sus profesionales sigan una política informativa frontalmente contraria a los intereses de la casa, pero de eso a exigir una uniformidad absoluta media un trecho. A veces asistimos a sorprendentes unanimidades en grandes grupos multimedia de comunicación, criterios uniformes en la selección y valoración de la noticia. La explicación más plausible es que la empresa ha ejercido una presión intensa sobre sus empleados y colaboradores. Desde luego, esta presión puede exceder lo éticamente aceptable. Sin un cierto grado de autonomía del profesional puede darse el caso de que la empresa consiga beneficios no informando, sino manipulando la información.

Otro aspecto peculiar de las empresas de comunicación, inducido en gran medida por las nuevas tecnologías, es que tienden a formar grandes grupos, con actividades muy diversas, que pueden ir desde las más propiamente periodísticas, hasta la edición de libros de texto, la distribución y venta de libros o discos, el comercio en Internet, e incluso pueden estar conectadas con la construcción, la banca o las telecomunicaciones. En un conglomerado de semejantes dimensiones, cabe que los objetivos periodísticos se vean condicionados por los de otro género. Puede darse que incluso se consienta la pérdida de credibilidad o de dinero en un medio informativo con tal de reforzar los beneficios en otra actividad del grupo. Lo mismo sucede con cabeceras de ciertos grandes grupos que se utilizan como segundas marcas con fines únicamente políticos o sensacionalistas que no se atreven a cumplir con la marca de más prestigio de la casa. En este caso, el problema moral no se produce porque la empresa de comunicación intente obtener sus objetivos a toda costa, sino precisamente por lo contrario, porque renuncia a los mismos. Y hay que recordar que entre los objetivos de una empresa de este tipo deberían figurar el de ganar dinero y el de informar con veracidad.

Por último quisiera señalar lo que creo que constituye uno de los mayores problemas éticos de la comunicación en nuestros días. La obtención de beneficios económicos puede lograrse mejorando la calidad de los productos, en todos los sentidos, o bien por el sistema que se conoce como "darle al público lo que pide". Esta tendencia está generando un subproducto periodístico que cada vez tiene mayor vigencia en los medios. Hasta tal punto es así, tanto se quiebra la deontología profesional, que en ciertas condiciones, los profesionales no se puede decir que estén haciendo ya periodismo ni que estén comunicando información sobre lo que pasa. Más bien están generando artificialmente materia noticiosa, que seleccionan y valoran con criterios impropios de la profesión y que comunican envuelta en morbo.
Ética de los profesionales de la comunicación.- La interacción entre los profesionales de los medios y su audiencia tiene efectos en las dos direcciones, no se puede olvidar. Por ello no basta como justificación apelar a "lo que pide la audiencia". Los criterios periodísticos rigurosos y de calidad, con respeto a los valores éticos, estéticos y científicos van formando un público que demanda precisamente esto, mientras que la degradación de los contenidos y las formas va generando una audiencia que pide cada vez algo más degradado y con menor calidad. Si a esto se suma una competencia entre los medios que empuja a la baja, en la que entran incluso medios de titularidad pública, entonces nos encontramos ante un proceso retroalimentado de pérdida de los valores propiamente periodísticos, científicos, estéticos y éticos.

El objetivo tradicional del periodista era el de informar con el mayor respeto posible a la verdad, con criterios de selección y valoración propiamente periodísticos. Pero también el de formar en conocimientos tecnocientíficos y valores comunes de carácter ético y estético. Estos objetivos no deben cambiar por el cambio de las tecnologías empleadas. La desatención a los valores científicos, éticos y estéticos acaba por imposibilitar la propia labor periodística, pues al periodista se le acaba pidiendo que sirva a la tiranía de la audiencia, de una audiencia que ha sido "construida" -en el sentido en que Umberto Eco hablaba de "construir al lector"- con material mediático de calidad ínfima. (Además de lo dicho remito de nuevo para este punto al Código Deontológico Europeo de la Profesión Periodística y al Código Deontológico de la Federación de Asociaciones de la Prensa de España (FAPE))


Ética, nuevas tecnologías y medios de comunicación.- La comunicación social y el periodismo siempre se ha ejercido con la ayuda de medios técnicos. En muchos momentos de la historia ha sido uno de los ámbitos más innovadores en cuanto a las tecnologías. La innovación tecnológica no es, pues, algo reciente en los medios, sino algo tradicional y esencial a los mismos. En líneas generales debemos dar la bienvenida a las nuevas tecnologías de la comunicación. Para hablar de problemas éticos de las nuevas tecnologías es conveniente empezar por la exposición de sus innegables ventajas. Deberíamos excluir actitudes extremas e irracionales ante las nuevas tecnologías, actitudes de veneración acrítica (cualquier cosa es buena por ser nueva) y también de oposición radical (lo que se ha denominado "neoluddismo", por los seguidores de Ned Ludd, principios del XIX, en Yorkshire y Nottinghamshire, que practicaban el sabotaje de las entonces nuevas máquinas textiles).

Con todo, existen problemas, básicamente de evaluación de la información y de atribución de la responsabilidad. Las condiciones de trabajo varían, por ejemplo en cuanto a la velocidad (las ediciones están separadas por horas, no por días, y cualquier error o mala interpretación se difunde y cobra carta de naturaleza como un reguero de pólvora). Pero Internet no es sólo considerada como un medio de difusión, sino también, cada vez más es vista como una fuente de documentación para todo tipo de profesionales, periodistas, abogados, médicos, académicos. En este sentido es muy útil, pero también muy peligrosa. Por ejemplo, por lo que hace a la facilidad para plagiar información y recursos, y la dificultad de establecer la autoría. La amenaza a los derechos de autor es al mismo tiempo un problema ético y económico. Es problemático también el juicio crítico acerca de las fuentes de documentación que se pueden encontrar en la red. Si el profesional no se esfuerza en este aspecto, la indeterminación respecto a la calidad de las fuentes acaba por afectar a la información publicada, lo que puede generar desconfianza. El profesional debería ver Internet no como una fuente, sino como un canal a través del que se difunde la información de muchas fuentes, cuya valoración es de lo más dispar, desde la mayor seriedad y solvencia hasta la insolvencia más crasa. El profesional debe pues formar, como deber profesional y ético, su juicio crítico al respecto, desarrollar criterios de valoración adaptados al nuevo entorno. La misma desconfianza puede surgir con la dificultad para establecer la autoría de algo cuando ésta se diluye en un entramado tecnológico, y con ella se diluye la responsabilidad. Podemos pensar a este respecto en el efecto de desconfianza que puede producir un "presentador virtual". De hecho, una de las funciones del periodista que no puede ser realizada por una máquina es la asunción de la responsabilidad.

Otro problema ético-político que genera Internet, y que atañe a los medios, es el de la creación de nuevas comunidades al margen de los tradicionales estados nacionales. Esta tendencia puede sustanciarse en una doble dirección, y la actitud de los medios no será en absoluto indiferente. Podemos avanzar hacia una auténtica comunidad universal (anacional) de escala planetaria y de las dimensiones de la familia humana, o bien generar infinidad de comunidades también anacionales que atomicen y rompan la vida social en grupúsculos ligados por aficiones, hobbies, afinidades ideológicas, intereses de diverso tipo. Se generan así comunidades transversales, no localizadas territorialmente, pero sí en la red, con nuevos nexos de solidaridad y nuevas lealtades. La tendencia a la atomización está presente, y si no se compensa con la tendencia a la universalización puede degenerar en ruptura de la convivencia y en un repliegue acrítico de cada cual hacia el pequeño sector en el que encuentra reforzadas sus ideas o preferencias. Esto constituiría, qué duda cabe, una forma de empobrecimiento moral. La tendencia hacia la universalización, desde mi punto de vista debe ser reforzada desde los medios y constituye una promesa alentadora. Precisamente la difusión de contenidos científicos y tecnológicos a través de los medios representa una de las mejores ayudas a la universalización.

Las comunidades "virtuales" generan nuevos problemas éticos para el periodismo. Se puede entender lo virtual como simulacro (simuladores virtuales), en este sentido la llamada realidad virtual no es real y tiene poco que ver con los medios. Los medios pueden informar de que ha salido la última versión de "Final Fantasy", pero no dar como noticia real lo que ocurre "dentro" de esta nueva versión (eso es ficción). Pero "virtual" también significa construcción de un "mundo" en la red, real. Por ejemplo Geocities no es la maqueta de NY, sino una "ciudad" distinta: en 1995 tenía 10.000 páginas web, en 1996, 100.000, en 1997, 1.000.000 y en el '98, 625.000.000, con casas, ciudades y barrios, distribuidos por afinidades e intereses. Algunas "ciudades" han elegido alcalde o sheriff, han hecho campañas electorales... Podría haber, por supuesto, un periódico que informase sobre todo ello, no estaría informando sobre una ciudad imaginaria, sino real, pero virtual en la medida en que está en Internet.

Al margen de Internet (aunque acaben por estar relacionadas con esta red) hay otras nuevas tecnologías que plantean problemas éticos nuevos cuando se aplican a los medios de comunicación. Por ejemplo las nuevas tecnologías aplicadas a la obtención de información, como los nuevos sistemas de escucha o de filmado, que pueden ser muy potentes y discretos, ponen sobre la mesa todos los problemas éticos relacionados con la protección de la intimidad. Los reportajes con cámara oculta, tan de moda, son un bosque de problemas éticos. Por mencionar el más elemental: a veces se diseñan para denunciar delitos, pero para poder documentarlos inducen al delito, que no sabemos a ciencia cierta si se hubiese cometido en ausencia de la cámara.

Por último, quisiera considerar los problemas éticos que suscita la informatización de los medios. Podemos ver los sistemas informáticos como sistemas tecnológicos (máquinas y lenguajes) con repercusión social, o como sistemas sociales basados en computadoras. Cada vez más se impone esta segunda visión. Es obvio que según cómo se diseñe un sistema informático tendremos unas relaciones sociales u otras en el entorno en el que se utilice. Pondré un ejemplo referido a los medios de comunicación: el software que emplea un periódico puede descargar la mayor parte del trabajo de maquetación sobre los editores, incluso sobre los propios redactores y colaboradores. El efecto de este diseño informático es doble. Los editores, que en principio están interesados por los contenidos, harán el trabajo de maquetación con desgana y con poca competencia. En consecuencia el valor estético y la facilidad de visualización del producto disminuyen. Por otro lado, los profesionales de la maquetación, serán prescindibles, con lo que la empresa puede pensar que ahorra costes laborales (por supuesto haciendo un peor producto y quizá ingresando menos por esta razón). Además las habilidades estéticas de estos profesionales, su oficio, digamos, y la sabiduría ligada al mismo se pierden. Un método de desarrollo de software distinto, más interactivo, puede producir un software que recoja las habilidades propias del maquetador, orientado a este tipo de profesional, pero incide sobre estrategias empresariales y jerarquías de valores. Un problema que en principio puede parecer sólo técnico e instrumental, resulta decisivo en relación con las condiciones laborales y humanas en una empresa, con las propias estrategias empresariales, con las jerarquías de valores, la calidad del producto periodístico... (véase Hirsheim, Klein & Lyytinen: Information Systems Development and Data Modelling: Conceptual and Philosophical Foundations, C.U.P., 1995).


3.3.1. Fuentes en periodismo científico

(Este punto se desarrollará como comentario al texto de Carlos Elías titulado La ciencia a través del periodismo, Nivola, Madrid, 2003)






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