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GOBIERNO DE PUERTO RICO
18 va Asamblea 3 ra Sesión

Legislativa Ordinaria


CÁMARA DE REPRESENTANTES
R. de la C. 197
SEGUNDO INFORME FINAL
12 de marzo de 2018

A LA CÁMARA DE REPRESENTANTES:
La Comisión de lo Jurídico, previo estudio y consideración de la R. de la C. 197, tiene a bien recomendar la aprobación de este segundo informe final, con sus correspondientes hallazgos, conclusiones y recomendaciones.
ALCANCE DE LA MEDIDA
La R. de la C. 197 tiene el propósito de ordenarle a la Comisión de lo Jurídico de la Cámara de Representantes de Puerto Rico, realizar una investigación exhaustiva sobre los beneficios, ventajas y repercusiones que pueda tener el implementar los “Puntos de Encuentro Familiar” en Puerto Rico con miras a fortalecer los vínculos familiares que actualmente están siendo lacerados por divorcios y separaciones y ofrecer seguridad y certeza en las relaciones filiales; y para otros fines relacionados.
Se nos señala en su Exposición de Motivos que
[l]as situaciones de divorcio, separación, ruptura o crisis familiar suponen un cambio en las relaciones de los miembros de la familia y, en la mayoría de los casos, están implicados hijos menores de edad, cuyos intereses deben prevalecer debido a que la responsabilidad de los padres no finaliza con la ruptura de la relación de pareja.
La creación de los Puntos de Encuentro Familiar representa una opción para facilitar el derecho de los niños a mantener relaciones con el progenitor con el que no convive y familiares con derechos de visitas en un lugar adecuado, teniendo en cuenta el mejor bienestar del menor.
Los divorcios y las separaciones con hijos menores de edad se han convertido en una de las problemáticas más difíciles de resolver y en la actualidad existe un alto número de incidentes de enfrentamiento, de largos litigios y en casos extremos hasta agresiones. Los rencores, la violencia, la negación a conceder relaciones filiales y la falta de un acuerdo entre los padres ubican a familias en una constante pugna, en la cual se pierde noción de las consecuencias y los menores, quienes deben ser prioridad, se ven afectados tal vez, permanentemente.
La dilación de los Tribunales en fijar y cumplir con las relaciones filiales es tema principal de discusión. La demora, así como, el incumplimiento del mismo, perjudica los vínculos con los hijos, los cuales ya suelen estar afectados por las continuas discusiones entre sus progenitores.
Entre los factores que inciden e impiden que se desarrolle una relación saludable entre el padre no custodio (padre o madre) y el menor, podemos identificar: mudanzas no autorizadas que aumentan la distancia, ocultar información sobre el domicilio, acuerdos no respetados y horarios de visita que confligen con actividades alternativas, entre otras, que se utilizan para alejar al menor del padre no custodio.
Para el padre no custodio los intentos fallidos de visitas, pueden provocar daños emocionales, gastos por las gestiones judiciales e incertidumbre en su intento de ejercer su derecho de visita.
Los “Puntos de Encuentro Familiar”, funcionan en España con éxito, enfrentando a los problemas que acompañan las separaciones con hijos menores y a las estrategias de alienación parental.
Puerto Rico no está ajeno a esta situación. Es por ello que esta Asamblea Legislativa entiende que la implementación de los “Puntos de Encuentro Familiar” otorgará un medio idóneo para las familias, aliviando las tensiones y formalizando el cumplimiento para relaciones filiales saludables.
Así como en ocasiones es muy difícil el cumplimiento de las relaciones filiales, también hacemos notar la importancia que puede tener una medida estableciendo puntos de encuentro familiar, asegurando el cumplimiento efectivo de todas las relaciones filiales, incluyendo aquellos casos en los cuales el que falla es el padre no custodio que se aleja voluntariamente de los hijos. Precisamente, es con estos padres que se puede lograr un trabajo a conciencia para que se responsabilicen de sus deberes tanto alimentarios como afectivos.
En el pasado, no era previsible que abuelos y tíos reclamaran por sus relaciones filiales. No obstante, en vista de que el impedimento de contacto con los hijos se hace extensivo a todo el grupo familiar del padre no custodio y en ocasiones a ambos grupos familiares, nos vemos llamados a evaluar alternativas para asegurar el mejor bienestar del menor. Este sector de abuelos y tíos se verán beneficiados con la implementación de los “Puntos de Encuentro Familiar” para el cumplimiento con las relaciones filiales obtenidas judicialmente.
Dicho lo anterior, el proponente de la Resolución objeto de este informe final, entendió necesario y conveniente realizar un estudio exhaustivo sobre los beneficios, ventajas y repercusiones que pueda tener el implantar los denominados “Puntos de Encuentro Familiar” en Puerto Rico, con miras a fortalecer los vínculos familiares que, actualmente, están siendo lacerados por divorcios y separaciones. Mientras que, a su vez, se procura ofrecer seguridad y certeza en las relaciones filiales, teniendo siempre en cuenta el mejor bienestar del menor.
INTRODUCCIÓN
En síntesis, un “Punto de Encuentro Familiar” es un espacio neutral e idóneo que favorece y hace posible el mantenimiento de las relaciones entre el menor y sus familias cuando, en un proceso o una situación de separación y/o divorcio, o acogimiento familiar, el ejercicio del derecho de visitas se ve interrumpido o bien es de cumplimiento difícil o conflictivo. Es una alternativa positiva a los tradicionales sistemas de intercambio de los hijos establecidos hasta la fecha, puesto que sirve de espacio mediador en la relación entre los progenitores y favorece la interacción paterno-filial, preservando los derechos del menor y el derecho de los padres a ejercer como tales.
Básicamente, en estos lugares se pueden realizar dos tipos de visitas, además de la función de recogida y entrega (o intercambio). La convivencia en el centro se realiza principalmente en los casos de reiniciación, tras un periodo de suspensión, de las relaciones paterno o materno filiales, cuando éstas nunca se hubieran desarrollado con normalidad, así como en aquellas situaciones en que el progenitor no custodio presenta factores de riesgo que requieran supervisión (Sepúlveda y Serrano, 2000).
Los servicios de visita tutelada requieren la presencia de un profesional en todo momento. Dicho profesional se encarga de vigilar y apoyar a padres o visitantes en el ejercicio de sus roles y tareas. Su actuación queda siempre supeditada al interés del menor. Los servicios de visita no tutelada transcurren en el interior del centro, sin la presencia de un profesional. Muchas veces, si cuentan con permisos judiciales, pueden desarrollar la visita en el exterior del centro. El objetivo principal del servicio de recogida y entrega es garantizar que el régimen de visitas se realice. Por ello, los profesionales reducen su labor a constatar que los intercambios del menor se realizan en las condiciones estipuladas por la sentencia judicial pertinente. Los visitantes pueden salir del centro en compañía del menor.
Siempre se sigue el mismo procedimiento cuando se realizan las visitas y los intercambios. El progenitor custodio, o tutor legal, deja al menor en el centro, y el otro progenitor, o persona que ejerce el derecho de visitas, lo recoge (gestión de impasse).
Esto siempre ha de realizarse evitando el contacto físico y visual entre ambos progenitores, por lo que se establecen unos horarios para evitar que ambos coincidan en las dependencias del punto de encuentro1.
Dicho lo anterior, el autor de la presente Resolución nos expone que la implantación de este tipo de lugar en Puerto Rico, pudiera otorgar un medio idóneo para las familias, aliviando las tensiones y formalizando el cumplimiento de relaciones filiales saludables.
TRÁMITE PROCESAL
Para el cabal análisis de esta medida, la Comisión le requirió memoriales explicativos al Departamento de la Familia, al Colegio de Trabajadores Sociales de Puerto Rico y a la señora Yolanda Rivera Rivera, Consejera en Familia, siendo estos dos últimos los que nos hicieron llegar sus comentarios. Lamentablemente, el Departamento de la Familia les hizo caso omiso a nuestras solicitudes de memorial, pero ello no es óbice para que esta Comisión descargue la responsabilidad que le fue encomendada a través de la Resolución objeto de este informe final. A tales efectos, rendimos este informe con los hallazgos, conclusiones y recomendaciones que se describen a continuación.
HALLAZGOS, CONCLUSIONES Y RECOMENDACIONES
En ponencia escrita que nos remitiera la señora Yolanda Rivera Rivera, Consejera en Familia, esta expuso que llevar tres años realizando una investigación sobre los centros de visitas supervisadas para padres y madres no custodios a nivel mundial. Debido a su carrera profesional de consejera de familia, mediadora y tanatóloga, ha estado expuesta a todos los conflictos que surgen a raíz de un divorcio o separación de parejas. Su comunicación con abogados, jueces, trabajadores sociales, psicólogos y sus colegas consejeros fueron creando en esta dama, la necesidad de investigar a profundidad cómo funcionan dichos centros a nivel mundial e identificar por qué Puerto Rico no ha podido ofrecer un servicio tan vital para el fortalecimiento de la familia.
Si bien es cierto que la Resolución hace referencia a los “Puntos de Encuentro Familiar” de España, nos indica la consejera que desde el 1980 existen centros de visitas supervisadas a padres y madres no custodios en diferentes países del mundo. Se conocen además como Centros de Visitas Supervisadas, Centros de Convivencia Familiar, Contact Children Services, entre otros.
Asimismo, nos dijo que algunos de los países que ofrecen a sus familias la oportunidad de poder tener acceso a un centro de visitas supervisadas son: Estados Unidos, Canadá, Australia, Nueva Zelandia, Francia, Suiza, Bélgica, Argentina, Méjico, Inglaterra, Alemania, Italia. Inclusive, se creó la Confederación Europea de los Puntos de Encuentro. En la mayoría de estos países, dichos centros están regulados y fiscalizados por el gobierno con legislación correspondiente a sus servicios, facilidades físicas, competencias del personal, población a la cual se dirigen los servicios, la calidad del servicio y su costo. La proliferación de dichos centros a nivel mundial es clara evidencia del beneficio que brindan a la sociedad, especialmente, al fortalecimiento de las familias y al mejor bienestar de los menores.
Indicó, también, que las fórmulas tradicionales de resolver los conflictos de pareja, llámense estas formas separación o divorcio, han demostrado en algunos casos: retardo en relación a la extensión de tiempo que transcurre en los tribunales durante el proceso, ineficacia: en el poder mantener buenas relaciones entre las partes pues se pierde mucho tiempo lo que ocasiona mayor hostilidad, inequidad: entre el trato del padre y/o madre custodio y el no custodio. En ocasiones, ello ha alimentado al litigio, prolongando el conflicto en el tiempo y deteriorando o atentando a que los hijos logren relacionarse de forma igual y/o equilibrada con sus padres, llegando a extremos de forzarlos (cuando cuentan con edad suficiente para hacerlo) a elegir con cuál de sus progenitores relacionarse. Se torna indispensable, entonces, construir nuevos ámbitos de colaboración, y nuevas formas de resolver los conflictos de pareja. Así, la mediación en su especialidad familiar, se configura como una herramienta ideal para que las parejas aborden la separación o el divorcio de forma tal que “aprendan” a separarse, manteniendo su responsabilidad como padres y permitiendo con todo ello que sus hijos puedan relacionarse con ambos de forma equilibrada.
En estos procesos de separación o divorcio, menciona la señora Rivera, la vía judicial no es sustituida por la mediación, sino, facilitada y/o complementada por ésta. La experiencia de otros países europeos y de Latino América, así lo indican y aconsejan. En los últimos tiempos, ha habido muchos e importantes cambios sociales en la realidad familiar, los cuales afectan y transforman la estructura familiar. Todos estos cambios, tanto en la estructura como de desarrollo individual provocan crisis o momentos de desequilibrio en la familia que es preciso afrontar, necesitándose un periodo de transición en el que sus miembros busquen la forma de reajustar y equilibrar de nuevo su convivencia de forma satisfactoria para todos.
Sin embargo, y por muy diversas razones y circunstancias, como pueden ser: la falta de oportunidades y/o herramientas para solucionar las dificultades que se presentan en el sistema familiar o poca capacidad de comunicación. Lo cierto es que, a veces, esto no se hace posible y el reajuste resulta desfavorable y es, generalmente, el cúmulo de conflictos no resueltos lo que va deteriorando los vínculos sentimentales y funcionales.
Por consiguiente, el momento de la separación (sea de mutuo acuerdo o impuesta por una de las partes), se vive como un fracaso. Se ha pasado por un proceso de deterioro de la relación de pareja que inexorablemente ha trascendido a las relaciones paterno/materno filiales. Con mucha frecuencia, hasta que se produce la separación, la pareja ha ido sumiéndose en un círculo de desconfianza, reproches, descalificaciones e incluso agresiones físicas y/o psíquicas. Son muchas las circunstancias en las que uno o ambos progenitores han utilizado a los hijos para legitimar sus propias conductas y condenar las de su pareja tratando de manipular la situación a su favor.
Desafortunadamente, la señora Rivera ha constatado casi a diario que la ruptura de la pareja, conlleva muchos efectos colaterales no deseados. Estas consecuencias negativas recaen, sobre todo, en los miembros del grupo familiar, dilatándose en el tiempo, en la medida que exista en el grupo familiar hijos; hijos que las más de las veces son convertidos en campos de batalla y/o en piezas de trofeo de los conflictos que acarrean sus padres.
Una de las consecuencias mayores en estos procesos es la alienación parental, la cual consiste en programar un hijo para que odie uno de sus padres sin que tenga justificación. Cuando el síndrome es presente, el hijo da su propia contribución en la campaña de denigración del padre alienado (Gardner). Cuando la familia no sea capaz de resolver la crisis y la situación por ella misma, deberá pedir ayuda a profesionales. La mediación familiar, instaurada oficialmente como vía habitual en la gestión de los conflictos familiares en sus inicios, supone una colaboración, que redundará en beneficio propio y de terceros en el momento de la intervención judicial. Es de vital importancia para el proceso de mediación, que los padres entiendan que la ruptura de la pareja, finiquita la convivencia, pero no la relación entre ellos y sus hijos. Esta relación será redefinida para uno de ellos de forma imperiosa dada la calidad de padre o madre no custodio. La separación supone, por tanto, una crisis más, aunque con unas características y consecuencias específicas. Los cambios en la estructura y en las relaciones que tienen lugar como resultado de procesos de separación y/o divorcio, pueden resultar beneficiosos para todos los miembros de la familia, y, especialmente, para los hijos, por cuanto que supone poner freno a esa espiral de destrucción mutua en la que los hijos son las principales víctimas.
Es en este contexto que se enmarca la figura de los Centros de Visitas Supervisadas, acotó la consejera.
Los profesionales de los centros de visitas supervisadas deben asumir el desafío de acompañar a los miembros del grupo familiar para facilitarles el descubrimiento o re encuadre, tanto de su responsabilidad común hacia sus hijos como en el ejercicio consciente de sus derechos y obligaciones co-parentales. Los centros de visitas supervisadas se desarrollan como una alternativa de intervención temporal, realizada en un lugar idóneo y neutral, donde se produce el encuentro de los miembros de la familia en crisis, atendidos por profesionales debidamente formados, facilitando la relación paterno-filial y garantizando la seguridad y el bienestar del menor y del padre/madre vulnerable.
Los objetivos generales de estos lugares son:


  1. favorecer el cumplimiento del derecho fundamental del menor de mantener la relación con ambos progenitores después de la separación, estableciendo los vínculos necesarios para su buen desarrollo psíquico, afectivo y emocional y,

  2. preparar a los padres para que consigan autonomía y puedan mantener las relaciones con sus hijos sin depender de este servicio.

Del mismo modo, sus objetivos específicos son:




  1. garantizar que el cumplimiento del régimen de visitas no suponga una amenaza para la seguridad del niño o del padre / madre vulnerable;

  2. facilitar el encuentro del hijo con el progenitor que no tiene la custodia y con la familia extendida de este;

  3. permitir a los menores expresar sus sentimientos y necesidades, sin temor a que sean contrarios a lo indicado por sus padres;

  4. evitar el sentimiento de abandono del menor;

  5. facilitar orientación profesional para mejorar las relaciones paterno / filiales y las habilidades de crianza parentales, y

  6. disponer de información fidedigna sobre las actitudes y aptitudes parentales que ayude a defender en otras instancias administrativas o judiciales -si fuera necesario-, los derechos del niño.

En resumen, este recurso social está orientado, principalmente, a padres separados y/o divorciados y parejas separadas sin ningún tipo de vínculo formal legalizado que, debido a la existencia de conflictos, encuentran dificultades para ejercer con éxito la co-parentalidad. También, puede recurrirse a los centros de visitas supervisadas para proceder al mantenimiento de la relación del menor con la familia extendida y, en casos en que se establece la necesidad de que el menor se re vincule con su familia biológica, cuando está conviviendo con una familia en régimen de padres adoptivos.


Definitivamente, nos dice la señora Yolanda Rivera que, estos puntos de encuentro son una alternativa positiva a los tradicionales sistemas de intercambio de los hijos establecidos hasta la fecha, puesto que, debido al posible conflicto y tensión en las relaciones entre los progenitores, sirve de espacio mediador en la relación y favorece la interacción paterno- materno-filial, preservando los derechos del menor y de los padres a ejercer como tales.
En Puerto Rico existe solamente un centro de visitas supervisadas. El centro se conoce como Proyecto Encuentro y pertenece a la Administración para el Sustento de Menores (ASUME) y a la Administración de Familias y Niños (ADFAN). Está ubicado en la Región de Bayamón #3 del Departamento de la Familia. El proyecto está respaldado por fondos federales pertenecientes al Access and Visitation Grant Program y tiene más de diez años en Puerto Rico. El Proyecto Encuentro está dirigido a proveer un espacio para el desarrollo de relaciones paterno/maternas filiales saludables, exitosas y en un ambiente neutral y seguro para las partes.
Actualmente, pueden recibir los servicios del Proyecto Encuentro las familias que presentan problemas de violencia doméstica, en las cuales existen menores entre las edades de 2 a 17 años sujetos a visitas supervisadas.  Además, estas familias deben:


  1. residir en los pueblos de Bayamón, Cataño, Corozal, Dorado, Guaynabo, Naranjito, San Juan, Toa Alta, Toa Baja, Vega Alta o Vega Baja;




  1. ser referido por un juez/a de Familia o por el centro de Mediación de Conflictos del Tribunal de Bayamón.

El Proyecto Encuentro ofrece una alternativa muy necesaria para las familias con problemas de violencia doméstica y dificultad en la coordinación de las relaciones filiales. Este, cuenta con trabajadores sociales que apoyan en la coordinación de las visitas y ofrecen recomendaciones sobre el desarrollo de la relación entre los padres, las madres y sus hijos e hijas, mediante la intervención con los padres o las madres y la observación de la conducta. 


Lamentablemente, el programa no ofrece los servicios de mediación y consejería. Tampoco, está regulado por los estatutos federales que rigen los proveedores de estos servicios en Estados Unidos. Las facilidades físicas no cumplen con la reglamentación, según expone la señora Rivera. La localización no favorece el acceso al mismo y la cantidad de personas que se atienden no guarda relación con la demanda que tiene el servicio. La evaluación del servicio en cuanto a calidad y alcance podría redundar en la posibilidad de justificar un aumento en dichos fondos.
Para finalizar, nos manifestó la señora Rivera que, definitivamente, nuestra población necesita poder tener y beneficiarse de todos los beneficios que presenta la implementación de este servicio en Puerto Rico. Fue su recomendación que se presente legislación dirigida a la implementación compulsoria de estos centros en Puerto Rico. En varios países estos centros están organizados bajo organizaciones sin fines de lucro en alianza con el Departamento de la Familia o con el Departamento de Justicia. De hecho, en el estudio realizado por la consejera sobre este tema, descubrió que existen varios programas de fondos federales directamente dirigidos a estos servicios.
Por otra parte, nos comentó el Colegio de Profesionales del Trabajo Social, a través de su presidente, Larry E. Alicea Rodríguez que, sin lugar a dudas el tema de las relaciones filiales reviste de gran importancia, ya que afecta a miles de niños y niñas en nuestro país, población vulnerable que requiere una atención particular.
Con relación a los puntos de encuentro familiar, coinciden con la Exposición de Motivos al indicar que pueden representar una opción que permita un medio idóneo para algunas familias, aliviando las tensiones y canalizando el cumplimiento de las relaciones filiales. De igual manera, indicaron que los puntos de encuentro pueden tener varios objetivos, entre los cuales distinguieron:


  1. Establecer en las familias en situación de ruptura de la convivencia familiar, los vínculos necesarios para un buen desarrollo psíquico, afectivo y emocional del menor;

  2. Garantizar que el cumplimiento del régimen de visitas no suponga una amenaza para la seguridad del menor y prevenir la violencia de género; y

  3. Preparar a los progenitores y familias biológicas y acogedoras para conseguir autonomía y poder mantener las relaciones con los menores sin depender de este servicio. (APROME)

Ahora bien, nos dicen que idoneidad de los puntos de encuentros definitivamente dependerá de su implantación. Es decir, se debe tomar en consideración los espacios, el ambiente, los profesionales que intervienen, los recursos a destinarse, entre otros, Asimismo, se debe tener en cuenta que los puntos de encuentro no son idóneos para todas las familias. Al presente el Departamento de la Familia en el área de Bayamón con el Proyecto Encuentro, limitado a relaciones filiales con las personas identificadas como agresores en situaciones de violencia de género.


Ciertamente, analizados los comentarios vertidos por la señora Rivera, Consejera en Familia, y por el presidente del Colegio de Profesionales del Trabajo Social, Larry E. Alicea Rodríguez, debemos concluir que los denominados “puntos de encuentro familiar”, tal y como son aquí propuestos y definidos pudieran ser una opción práctica para facilitar un espacio mediador en la relación entre los progenitores, toda vez que se favorece la interacción paterno-filial, preservando los derechos del menor y el derecho de los padres a ejercer como tales.
Por las consideraciones antes expuestas, esta Comisión de lo Jurídico de la Cámara de Representantes de Puerto Rico, recomienda la aprobación de este segundo informe final sobre la R. de la C. 197, con sus correspondientes hallazgos, conclusiones y recomendaciones y que el mismo sea remitido al Departamento de la Familia, para su conocimiento y acción correspondiente.

Respetuosamente sometido,

Hon. María M. Charbonier Laureano

Presidenta

Comisión de lo Jurídico




1 http://scielo.isciii.es/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S1132-05592007000300001



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