Arturo jauretche el medio pelo



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APÉNDICE



NOTA - Pág. 25.
El tema de la "relación adversa de los términos del intercambio", requiere mucha mayor extensión para su tratamiento y será abordado en "Política y Economía" con la latitud adecuada. Me he limitado a señalar algunos de los factores determinantes pero podría objetarse que esta explicación es también válida para los países altamente industrializados, donde sin embargo la relación materia prima-producto industrial es mucho menos adversa, pero sería olvidar que en los países centros los precios de las materias primas son precios políticos, que se practican en mucha mayor escala en las naciones industrializadas que los liberales nos proponen como ejemplos de anti-intervencionismo de Estado que en las dependientes. Así Prebisch ("Hacia una dinámica del desarrollo Latinoamericano"), nos dice: "En los Estados Unidos, los precios internos de sostén mantienen una paridad variable con los precios de los productos industriales adquiridos por los agricultores, y hay el subsidio de las exportaciones en el mercado internacional. En Europa occidental, existe el aumento de las restricciones a la importación de productos agrícolas, como medio de ampliar el mercado por la propia producción y amparar precios internos elevados. Así mismo se contempla acudir al subsidio a las exportaciones al mercado mundial en caso de excedentes". Pero parece que esto no es intervencionismo de Estado, como tampoco lo sería la formación de mercados comunes; en cambio lo eran nuestros tratados bilaterales, que en definitiva son el mismo perro con distinto collar. (Ahí anda el Sr. Krieger Vasena dando vueltas alrededor del Mercado Común Europeo para que nos dejen un agujerito después que con el Sr. Verrier y el Sr. Alemann destruyeron aquellos tratados y convirtieron en saldos exigibles a corto plazo las cuentas corrientes que nos abrían la puerta. ¡Oh los genios de la ciencia aséptica y extranjera!).

Lo que importa es que el deterioro de los precios de las materias primas es un hecho cierto y aceptado como tal en la teoría económica de los países que pretenden que no los tomemos en cuenta, y que por consiguiente sigamos como exclusivos productores de ellos, con el apoyo de sus cómplices, gobernantes locales, los teóricos de la economía de dependencia, y los "prácticos" grupos económicos ligados a la misma. Este reconocimiento del hecho lo hizo Lincoln Gordon, embajador de los Estados Unidos en el Brasil en un discurso pronunciado en el Consejo Económico Nacional Brasileño el 29 de Enero de 1963, cuyo texto reproduce Prebisch.

Heilbroner ("El gran ascenso" - Ed. Fondo de Cultura Económica - 1964) dice: "Mientras que el precio de las materias primas fluctúa hacia arriba y hacia abajo, en años recientes el valor de los artículos manufacturados, por los que aquella se cambia, se ha movido en una sola dirección: hacia arriba. Y así, los términos del comercio (el quid pro quo real de las mercancías recibidas a cambio de las ofrecidas) se ha movido en contra de los intereses del exportador de materias primas: ha dado más y más material bruto por menos y menos maquinaria".

Enseguida agrega, para los que lo esperan todo de la ayuda exterior: "El resultado fue que las naciones pobres recibieron 2.000 millones de dólares menos en su poder adquisitivo real, suma mayor que toda la ayuda que recibieron ese año." (Se refiere a 1957). "Efectivamente las naciones subdesarrolladas subvencionaron involuntariamente al mundo desarrollado."

Con razón dice Prebisch en el prólogo (Op. cit.), refiriéndose a sus "colaboradores" en la redacción del Informe y Plan de 1955: "No se quiere leer, no se quiere pensar, se siguen repitiendo trasnochados conceptos del siglo XIX sin vigencia alguna con la realidad actual." Es que los "amigos" locales de Prebisch no quieren enterarse de lo que les costaría el apoyo de la gran prensa y los intereses económicos que les dan prestigio y los llevan a las posiciones claves de la economía. Prebisch ahora ha sido silenciado y de genio a pasado a ser un "punto" desconocido, por haberse enterado; sus "amigos" se curan en salud, pues lo que les importa es su triunfo personal aunque el país reviente, y saben que el precio del triunfo es la traición a la verdad argentina.

Ni remotamente con estas anotaciones me aproximo a la totalidad del tema que como he dicho, no cabe en este libro, pero es inseparable de la actualización de la llamada renta diferencial y de la estructura social de producción así como de la tecnificación que alteró la primera.




NOTA — Pág. 125

Para los "cabecitas negras" no hubo Hotel de Inmigrantes y la Villa Miseria cumplió las funciones de aquel hotel y del conventillo, respecto de los extranjeros. Vista con los ojos "urbanísticos" de la gran ciudad es efectivamente Villa Miseria. Visto con los ojos del economista o del sociólogo es Villa Prosperidad. También con los ojos del "cabecita negra" porque no emigraron de un campo idílico, ni abandonaron cómodas residencias sino rancheríos tan precarios y pobres como las viviendas en que se hacinaron en la gran ciudad, pero con trabajo, es decir con pan, ropa y diversiones que antes no conocían.

Además con medios de cultura accesibles. Hace pocos días viajando con Carlos Seeber, de Añatuya a Pinto, al pasar por Icaño recogimos un grupo de "changuitos" que salían de la escuela: había dos Corias, un García, un Bazán y tres Rojas (el Almirante es también de Icaño) y los llevamos hasta sus ranchos, el más cercano de los cuales está a una legua de la escuela adonde van todos los días a pie y bajo el sol santiagueño. Lo recuerdo porque los hijos de los "cabecitas negras" de las villas miserias tienen la escuela más a mano.

La Villa Desocupación de la Década Infame, sí era Villa Miseria. La ciudad tenía miles de habitaciones desocupadas cuyos avisos se leían por todos los barrios y ocupaban un amplio espacio en los clasificados de los diarios. Había habitaciones pero no medios para pagarlas. El caso de la Villa Miseria es inverso: hay medios pero no hay habitaciones que pagar. Además, nadie sabe mejor que el interesado dónde se está mejor, si en la Villa Miseria con trabajo, o en el Barrio de las Latas pueblerino, sin ocupación, y la elección de las villas miserias es un plebiscito decisivo.

Pero casi toda la literatura periodística, o de conversación entre canasta y canasta, o copa y copa, y conmiseración que expresa revelan hipocresía: no es la pobreza de la Villa Miseria la que molesta sino su vista. Por eso, cuando algún intendente rodeó con un tapial las Villas Miserias del bajo Belgrano, muchos de estos conmiserativos dieron el problema por resuelto: lo que no se ve no existe o, mejor dicho, lo que no se ve no molesta.

La verdad es que la Villa Miseria es un hogar de tránsito y que la mayoría de sus habitantes han ido emigrando de las mismas, a medida que el lote en mensualidades y la prefabricada les iba permitiendo realizar la casa propia. (Alguna vez habrá que averiguar quién inventó la prefabricada y dio la solución más positiva que se ha dado a nuestro problema de la vivienda en la forma que he descripto en la "Advertencia preliminar" de este libro).

La población de las Villas Miserias se renueva constantemente y prácticamente hoy, quedan en ellas pocos de sus primeros ocupantes que en los últimos años han sido sustituidos en gran número por bolivianos, paraguayos y chilenos, que van ocupando las vacante, ya que el problema de la desocupación rural es común a toda esta parte de América. Esto no excluye que haya un porcentaje de población permanente, constituido por sectores de extrema pobreza sin posibilidades de ascenso. Por otra parte el fenómeno es de carácter universal y está en relación con el progreso industrial. Así en España —que en los últimos quince años ha dado un salto del siglo XVIII cuando Carlos III fracasó en su propósito de construir una España de tipo capitalista— con el desarrollo industrial, se ha generado un fenómeno similar al del "cabecita negra" con todas sus implicancias; en Bilbao se llamó barrios de "coreanos", a los equivalentes, porque "coreano" se le dice al trabajador estacional del mediodía español que emigra a los centros de producción industrial.

También irrita a las "señoras gordas" que se vean las antenas de los televisores y la sospecha de que haya heladeras y cocinas a gas, pues no pueden comprender que la búsqueda del confort es una necesidad humana, y que el que no consigue casa adecuada, se provea de lo que está a su alcance dentro de sus recursos.

Afortunadamente, desde que escribí "Los profetas del odio", hace diez años, la actitud de los intelectuales y especialmente los periodistas ha ido cambiando bastante y ahora muchos contribuyen a poner los puntos sobre las íes. Para quien quiera tener una visión aproximada del mundo de la Villa Miseria, visto con otros ojos que los que se ponen detrás de un hipotético "impertinente", y arrugando la nariz para no sentir olores presumidos, recomiendo la lectura de la novela de Bernardo Verbistky, "Villa Miseria, también es América", que ha incorporado el tema, con inteligencia y amor, a su excelente producción novelística. Podrá ver allí un mundo de hombres como cualquier otro, y eliminar esa actitud corriente de observador de infusorios en un estanque de agua putrefacta.





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