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Felicidad


Por: Lama Ole Nydahl

¿Que dicen las enseñanzas budistas sobre la felicidad?. Abordaré esto desde la amplia visión de un "realizador" (yogui) en Budismo Tibetano.

Básicamente, en Budismo uno hace una separación entre la felicidad condicionada y la felicidad no condicionada, entre una de tipo relativo y una de tipo absoluto. La felicidad relativa tiene que ver con las experiencias y la felicidad absoluta tiene que ver con el experimentador mismo. Cuando miramos el mundo exterior, las fábricas, calles, casas, carros, es evidente que fueron construidas porque los seres desean experimentar algo placentero. Por otro lado los hospitales y las prisiones fueron construidos para evitar cierto tipo de sufrimiento. Actualmente, los seres tratan constantemente de cambiar las condiciones externas de modo de obtener una respuesta placentera. No importa cuan bellas sean las casas, vehículos o paisajes, estos no pueden sentir felicidad. Lo único que puede ser feliz es la mente. Lo que ve a través de nuestros ojos y lo que escucha a través de nuestros oídos ahora mismo, es donde todo ocurre. Así los intentos comunes de basar la felicidad en factores externos son tanto pasajeros como inadecuados por naturaleza. Es como si alguien tratara de mover un objeto a distancia con una vara endeble. Esa es la razón por la cual cualquier intento de obtener la felicidad definitiva a través de causas condicionadas simplemente no funciona.

Especialmente al momento de la muerte se hace muy evidente que la "última camisa no tiene bolsillos" como dicen los daneses. No podemos llevarnos nada, por lo tanto sólo los valores definitivos cuentan. Entonces es verdaderamente sabio buscar las causas de la felicidad permanente. Dado que todo lo condicionado, hecho o nacido debido a su naturaleza es relativo e impermanente, no puede ser definitivo y por lo tanto caerá de nuevo. Por lo tanto los seres que no están conscientes de sus mentes atemporales encontrarán tres tipos de sufrimiento:

Primero está el estado catastrófico donde nada funciona. Por ejemplo, si uno está totalmente enfermo, la mitad de nuestros amigos y familiares están muriendo, todo se derrumba y la vida es dramática, dolorosa y trágica. El segundo tipo de sufrimiento es frecuentemente y erróneamente considerado felicidad: es la experiencia de la novedad donde las cosas cambian constantemente. Uno puede pensar "Oh, nuevas imágenes todo el tiempo, que excitante!" hasta el momento en que tratamos de aferrarnos a ellas. Por supuesto eso no es posible y al final todo se escapa de nuestras manos y nos sentimos perdidos.

Finalmente existe un tercer nivel de sufrimiento que se expresa como un sentimiento de insatisfacción o frustración. Mucha gente nunca lo descubre, ya que están muy ocupados con los dos primeros. Es el hecho de que la mente está casi siempre oscurecida. Uno difícilmente puede recordar el día anterior y la semana anterior ya se está desvaneciendo. No hay recuerdos del nacimiento o de vidas anteriores y no sabemos qué sucederá en el futuro. Uno o más de estos tres tipos de sufrimientos están siempre presentes hasta que los reconocemos y comenzamos a cambiar los valores pasajeros por otros en los que realmente podamos confiar.

¿En qué podemos realmente apoyarnos en este mundo? Ni en el materialismo ni en el nihilismo. Los fenómenos externos e internos ni poseen existencia ni no existencia. La manera en que los pensamientos y sentimientos vienen y van, las partes del átomo pueden desaparecer mientras que otras partículas pueden aparecer en el espacio aparentemente vacío. Eso significa que estas dos filosofías extremas han perdido hoy en día sus bases científicas. Ser y no ser, ninguno de los dos puede probarse y deben ser vistos como dos lados de la misma totalidad. Si uno busca una esencia real, los objetos desaparecen de nuevo, y mientras tratas de mantener ese espacio vacío este se llena de nuevo por sí mismo. Si las cosas son así, entonces ¿en qué podemos apoyarnos? ¿qué tiene el poder de mantener las cosas? Hay una sola cosa en la que podemos confiar absolutamente -el potencial del espacio-. El espacio es mucho más que un agujero negro o una "nada". A menudo sabemos quién está llamando antes de escuchar la voz en el teléfono, o recibimos una carta de alguien en quién habíamos estado pensando fuertemente. Esto no ocurre debido a una visión o una audición extraordinaria, sino porque en momentos olvidamos que estamos separados de la totalidad.

Cuando sencillamente estamos allí, desnudos, abiertos y descansando en lo que sea que suceda, las cosas suceden. En esos momentos no sólo estamos experimentando a través de nuestros sentidos, sino a través de la vibración de cada átomo de nuestro cuerpo. Como el espacio y la energía tanto dentro como fuera son parte de la misma totalidad y no pueden ser separados, estamos siempre conectados con todo. En budismo esto es llamado "el Estado de Verdad" en sánscrito: "Dharmakaya" y en tibetano: "chöku". Esto significa que todo es parte de la misma totalidad. En otro nivel esto expresa que el espacio es como un contenedor dentro del cual estamos. Ese sentimiento de totalidad no aleja la necesidad de juzgar las distancias entre las cosas, esto es necesario para la supervivencia. A través de los milenios cualquiera que fuera capaz de evaluar que tan lejos estaba el tigre, u hoy en día que tan cerca está pasando el camión, es capaz de sobrevivir y traspasar sus genes. Esa es la razón por la que muchos, en primera instancia, se resisten a entender la totalidad. Sin embargo, es claro que hay mucho más espacio detrás de los seres que entre ellos. Si uno está consciente de la distancia entre las estrellas en el espacio aún Australia es cerca. Yo recomiendo tratar de desarrollar ese punto de vista. Es muy importante ver al espacio como algo que conecta a todos los seres y está vivo, como un contenedor que transmite información entre los seres.

Sin embargo, el espacio tiene mucho más que conciencia y esto es lo que lo hace interesante, es gozoso por naturaleza. La radiación de la mente misma es mucho más rica que las experiencias condicionadas de alegría por las cuales nos esforzamos. Los mejores momentos de la vida son regalos y aparecen cuando los seres se olvidan de sí mismos. Estas son las situaciones donde los sentimientos de separación desaparecen, es como estar en los brazos de nuestros seres amados, los momentos atemporales de "ser uno".

Aquí el gozo atemporal e innato de la mente puede manifestarse, y se hace permanente cuando uno permanece más allá de la esperanza y el temor, en la riqueza de la experiencia inmediata. Este estado es inseparable del espacio, expresa sus cualidades ilimitadas y es muy convincente. Así, el más alto gozo es inseparable de la percatación espontánea de la mente y es una transmisión de sabiduría. Es mentalmente gozoso; es la base tanto de lo externo e interno y puede reconocerse a sí mismo aun durante el proceso.

Finalmente, como el espacio es ilimitado se expresa a sí mismo como amor. Esto no se refiere a esa bondad en la que uno puede pensar que como occidental de una sociedad inteligente y altamente desarrollada uno debe ayudar a los seres de los ghettos y otras partes pobres del mundo. Eso por supuesto que es muy bueno, sobre todo si se les ayuda a que tengan menos hijos. Sin embargo esto es solo una sombra de la experiencia ilimitada donde el amor aparece del sentimiento de "ser uno", donde el sujeto, objeto y experiencia son una totalidad y no podemos separar nuestro deseo de ser felices del deseo de los demás de ser felices, uno está en el estado absoluto. Observando el mundo esto se siente naturalmente, no hay ninguna duda que todos los seres desean la felicidad y evitar el sufrimiento. El desarrollo pleno de la mente es preparado por el Gran Camino o Budismo Mahayana y se obtiene rápidamente a través de los incontables métodos hábiles del Camino del Diamante. Las tres escuelas antiguas del Budismo Tibetano, las cuales están basadas en la meditación y la transmisión nos llevan especialmente rápido a ese estado. Bajo el nombre del Gran Sello o la Gran Perfección, la base, el camino y la meta todo se vuelve liberador. Especialmente en el linaje Kagyu, que yo represento, el espejo y su radiación nunca están separados.

El espacio y el gozo son entendidos como inseparables. Lo que ve a través de nuestros ojos y lo que escucha a través de nuestros oídos es clara luz. No es algo exterior. Sin embargo esto no es una luz brillante como la de un proyector, en cambio es un constante estado de frescura, un excitante aquí y ahora, y donde profundos entendimientos momentáneos aparecen en conexión directa con la experiencia misma. La unión de un contínuo "aha" con toda experiencia, es el verdadero gozo y la meta.

Un estado definitivo como éste sólo puede ser completamente realizado examinando quién es uno en realidad. Este análisis nos dará la convicción de que no podemos ser el cuerpo. El cuerpo cambia constantemente. Nació y luego morirá y justo ahora esta en constante flujo. Lo que sea que no tenga una naturaleza definitiva no puede ser verdaderamente existente.

La experiencia de que no somos el cuerpo sorprende a primera vista a las personas, pero después es realmente un alivio ¿quién quiere ser algo que se hace viejo, se enferma y luego muere?. Evidentemente un cuerpo pasajero no puede ser la base para una verdadera felicidad.

Frustradas sobre su cuerpo, algunas personas se identifican con sus pensamientos y sentimientos. Sin embargo, esto es aún menos convincente. El estado mental de los seres cambia de manera mucho más visible que sus contenedores externos. En Fausto de Goethe, en un diálogo entre el diablo (Mefisto) y Fausto, el primero dice que nada cambia más rápidamente que las emociones de los seres. Quienquiera que se identifique con los estados condicionados de la mente estará realmente confundido. Los únicos verdaderos sentimientos, que no cambian y son atemporales como el océano bajo las olas, son el estado sin miedo, el gozo y la verdadera compasión. Esto es debido a que aparecen de una sola causa que nunca cambia, el radiante e ilimitado espacio de la mente. Sólo el espacio es no-creado y existe por su propio poder. Como se ha mencionado, es por naturaleza rico y gozoso, y como contenedor es ilimitado, expresa la compasión y unifica todo sin esfuerzo.

Esa es la meta de las enseñanzas del Buda. El desea que todos los seres experimenten que son el océano más que sus olas, y ayuda a liberarlos mostrándoles el espejo detrás de las imágenes. Cualquiera que pueda experimentarse a sí mismo como la radiación que conoce, no será perturbado por la corriente de lo que se conoce. Eso es lo que Buda quiere enseñar a los seres. El gozo ilimitado que él señala se obtiene por el reconocimiento de la mente misma. Entender que no ha nacido ni ha sido creada hace que todo en la vida sea un regalo.

Cuando las personas son capaces de confiar en su propia naturaleza búdica, las meditaciones del Camino del Diamante dan la posibilidad de trabajar con la mente a través de la forma o la abstracción. La forma emplea una fase de construcción y una fase de disolución. Aquí los Budas aparecen sobre o enfrente nuestro como formas de energía y luz. La retroalimentación influye sobre los movimientos en los canales de energía del cuerpo. Esto es un estado de alto gozo que siembra las semillas para las habilidades y las cualidades que están más allá de lo personal. Cuando el aspecto de Buda se solidifica se hace un puente vibratorio adicional - un mantra - entre uno y la forma de luz y finalmente, uno lo disuelve en luz y lo mezclamos en nosotros tan naturalmente como el agua se disuelve en el agua o la luz ilumina la luz. Aquí toda forma desaparece y sólo hay conciencia. En su espacio ilimitado, más allá del experimentador, de la experiencia o de cualquier cosa experimentada, la conciencia no tiene centro o límite, no hay un aquí o un allá. Esta mente reconoce sus incontables cualidades a través de su propio poder. Esta fase se realiza sin esfuerzo o violencia. Esto es completamente diferente a los intentos cristianos de sólo pensar cosas buenas o el método hindú de tratar de no pensar del todo, lo que simplifica la mente. Descansando en la esencia de lo que está consciente mientras se le permite a los pensamientos ir y venir naturalmente sin evaluarlos, se va obteniendo un entendimiento atemporal. Antes que la conciencia se apague, una vez más dejamos que aparezca un mundo fresco, radiante y nuevo. Compartimos todas las impresiones positivas acumuladas con todos los seres.

Hay una meditación del Camino del Diamante muy profunda y fácilmente accesible a través del poder de nuestros deseos, cambia a los seres profundamente y yo la enseño una docena de veces alrededor del mundo cada año, conocida como "Phowa", es la práctica de morir conscientemente.

Hace 950 años, el héroe Marpa trajo la transmisión de su maestro Naropa y hoy en día un método como este sólo existe en las tres escuelas antiguas del Budismo Tibetano. Aquí uno puede aprender a controlar el proceso de muerte de modo que al momento de morir puede enviar la mente a la tierra pura del más alto gozo. Esta práctica produce señales en tres niveles. El externo es corporal y consiste de una abertura en el cráneo, ocho dedos detrás de la línea original del cabello. Es, usualmente, un pequeño corte, nada grande, sensible al tacto y visible mediante una gota de sangre. Durante la práctica muchos tienen la experiencia de dejar sus cuerpos libremente. La segunda o señal interna son estados inolvidables de libertad y gozo. También muchas impresiones subconscientes aparecen cuando esta poderosa práctica purifica el tubo central de energía que atraviesa nuestro cuerpo. En ese momento pueden surgir el temor y la inseguridad. Pero cuando su propia madurez y el poder del lama las ha conducido a través del proceso, las personas reportan un logro real y un gran alivio. La tercera, la realización secreta es la certeza de que se ha perdido el miedo en un alto grado. Es la conciencia de que somos del alguna forma indestructibles y que diferentes tipos de sufrimiento se han ido. A través del Phowa, muchas personas descansan en su propio centro y se identifican más con aquello que experimenta su conciencia, que con los muchos objetos de su experiencia. Esto no es algo intelectual, es algo total. Cualquiera puede muy fácilmente aprender a decir las palabras correctas. Uno sabe más allá de cualquier duda que el cuerpo y el habla son nuestra riqueza, el medio para brindarle beneficio a otros seres. De esta forma, la más importante de todas las experiencias budistas hace crecer la percatación inquebrantable de la mente. Uno comprende que no hay nada que probar o disculpar. Uno es eso que ve y escucha justo ahora, que experimenta y es consciente. Carece de sentido entonces dejarnos sacar de nuestro centro por los eventos fugaces del Disneylandia externo o interno. Desde un nivel de seguridad mental uno utiliza el cuerpo y el habla para ayudar a los seres en sus múltiples estados pasajeros de confusión. Ser útil a los demás desde el nivel de gozo, libre de miedo y con compasión es la meta real.

Buda enseñó diferentes métodos para llegar allí. Para los menos rebeldes que preferirían evitar dificultades les recomendó el camino de la renunciación, sugiriéndoles hacerse monjes o monjas. Este nivel les proporciona seguridad social, uno no tiene que confrontarse y está realmente protegido. Aquellos cuyo objetivo es conquistar la vida, que deseaban dejar una huella masiva a través del mundo condicionado les recomendó vivir como laicos. Aquí el Buda no se enfocó en lo que se debe evitar, sino en lo que es posible y atractivo, en hacer la vida más rica y más significativa para otros y nosotros mismos.

El más alto nivel de las enseñanzas que el Buda dio para los llamados "realizadores" está en el nivel de la visión. Anteriormente fueron llamados "yoguis", pero esa palabra hace que muchas personas piensen en un hindú con un turbante. Por lo tanto elegí el nuevo término que se enfoca en el resultado. Esto incluye a todos los que sin miedo se esfuerzan hacia la iluminación. Entre los realizadores la visión es el rey. El punto aquí es experimentar todo en el nivel de las más alta pureza. Para entrar en esto uno debe entender que no es necesario morir para ir a una tierra pura y eso también significa que no hay que ir a ninguna parte. Es un entendimiento profundamente liberador de que la mente de todos es clara luz, y que eso también incluye la nublada conciencia de una pequeña araña que puede entender únicamente algunas pulgadas cuadradas en su telaraña. Si encima de eso el buen karma nos permite reconocer todo como fresco y nuevo, sentir cada átomo vibrando de gozo y manteniéndose unido por amor, la mente entonces puede realmente expresar su poder gozoso. La felicidad entonces será definitiva, es sólo una cuestión de confianza. Cualquiera que se atreva a confiar en su bondad básica y saltar de las imágenes hacia el espejo le será dado todo regalo. Cuando la conciencia cambia de las olas al océano y se vuelve de las experiencias hacia el experimentador mismo, sólo hay gozo espontáneo.

Una frase simple resume mi charla esta noche: "compórtense como un Buda hasta que se conviertan en uno" ¿están de acuerdo?. Esto significa elevar el nivel de percepción y sólo es necesario remover el polvo de nuestros ojos para reconocer todo como una expresión de amor y perfecta sabiduría espontánea. Darse cuenta que el potencial ilimitado de la mente esta jugando aquí y ahora así como en todas partes y en todo momento. Sólo éste entendimiento puede asegurar una felicidad verdadera, absoluta y definitiva, y las meditaciones budistas apuntan directamente a esa experiencia. Hace 2550 años el Buda en concordancia con el entendimiento de esa época describió su estado como "el fin del sufrimiento". Hoy en día esa frase se quedaría corta y podemos comparar su experiencia a colocar los dedos en un toma corriente y hacer pasar todo el voltaje de nuestra ciudad por nuestros huesos. Esa intensidad, inseparable de la más alta claridad y gozo es el estado del que hablamos y esa es la razón por la cual los budas en el estado Annutara más alto se muestran siempre en unión femenina masculina, que es la manera como la mayoría de las personas se acercan a esa alegría.

Tres clases de meditación llevan a los seres a ese estado. La primera calma y mantiene la mente. Esta es comparable a una taza de café que no se sigue removiendo, las cosas naturalmente se reflejan en ella. El segundo nivel trabaja con nuestra motivación. Aquí la compasión y la sabiduría nutren nuestra absorción e involucramos más de nuestra totalidad. En el tercer y más alto estadio de identificación nada está fuera de nuestros esfuerzos. Con su visión y métodos, el entendimiento, el poder y una profunda confianza llevan a las cualidades inherentes de la mente a una completa maduración. Aquí uno se hace unidireccional porque la mente es rica y no necesita de algo en alguna parte. Se puede permanecer feliz dondequiera que esté. Segundo, uno se hace no-artificial porque la radiación del aquí y el ahora va más allá de cualquier cosa que pudiéramos imaginar. Tercero, la mente se hace consciente de sí misma en lo que sea que ocurra y el experimentador inquebrantable se siente a través de toda experiencia. El espejo es más radiante que sus imágenes y es más importante el estar conscientes, que si cosas placenteras o dolorosas pasaran. Finalmente, en el cuarto nivel no se necesita más de algún esfuerzo consciente. Sin duda o separación entre sujeto, objeto y acción uno automáticamente realiza lo que hace madurar a los seres a la larga .

Al final sólo hay un punto que debe ser liberador para psicólogos y terapeutas; que la verdad colectiva en el nivel relativo es ilusoria. Muchos piensan que entre los sueños rosados arriba y los grises oscuros abajo debe existir algo real, un nivel de verdad confiable. Eso nunca se ha descubierto en el nivel condicionado. Sin embargo, si uno busca algo realmente presente e indestructible uno consigue sólo espacio. Sólo del espacio todo aparece. A través de su claridad todas las cosas se conocen y todo lo externo e interno retorna a su esencia ilimitada. En ese espacio perfecto, el más alto gozo, amor, poder, coraje, energía, sabiduría y entendimiento son todos perfectos. En otras palabras, tenemos una verdadera garantía. El más alto nivel de funcionamiento es el nivel de la verdad más alto. Mientras mejor uno se siente, mejor todo se mueve, los más excitantes lados de la mente aparecen, entonces más cerca nos encontramos del estado de Buda.

La diferencia entre el Buda y los demás seres es sólo una: él ha desarrollado todas las cualidades del cuerpo, habla y mente. Todos pueden hacer exactamente lo mismo. Como he mencionado varias veces tanto la vía como el camino son buenas.

¡Mucha felicidad para ustedes y los suyos!

Traducido de Buddhism Today. Volumen 4, 1998.

 La estupa y el mala.



Por: Lama Ole Nydahl

La estupa es un símbolo budista que nos es familiar, conocida por aquellos que han viajado a Asia o visto películas o libros de temas budistas. La forma de la estupas nos hace pensar en otros símbolos familiares como las pirámides y otras recolecciones de piedras. Las estupas pueden variar en forma y tamaño. La gran estupa de Bodnath es bien conocida. También hay unas pequeñas que se consiguen en los Himalayas, hechas de piedras que fueron recolectadas del sitio donde fueron erigidas. También se han construido estupas en Occidente, como la de Kalachakra (de 40 pies de alta en Málaga, al sur de España), la cual fue construida bajo la guía de Lopon Tsechu Rinpoche en 1994. También hay planes de construir una estupa, como parte del proyecto de un centro budista en Hamburgo.

Uno de los objetivos del budismo es transformar la experiencia del mundo ordinario en algo puro, y todas las emociones en algo útil. Así como el dorje, la estupa es un símbolo sobre la forma o manera en que nuestra experiencia del mundo es transformada.

Normalmente una estupa está constituida por distintos elementos unos sobre el otro. Cada uno de estos elementos representa una parte de este mundo. La base, en forma de escalinata, representa el elemento tierra y todo lo sólido. Encima de la base hay una sección en forma de gota, que tiene una ventana donde se coloca una imagen de Buda. Esta parte simboliza el agua. Sobre la gota hay un cuadrado que simboliza el fuego. Los ojos de Buda característicos de las estupas están pintados sobre la superficie del cuadrado, pero sólo cuando la ventana con el Buda no aparece. Sobre esta parte hay una sección con anillos de menor y menor diámetro, simbolizando el elemento aire. En el tope, hay una llama con la luna y el sol que representan la transformación de la conciencia.

Al ver estupas continuamente, uno obtiene el control sobre los elementos que la estupa representa.

El Mala


Un mala tiene ciento ocho cuentas. Es un collar de cuentas, que muchos budistas utilizan cuando están recitando un mantra. Es una herramienta práctica y al mismo tiempo está llena de simbolismo. Normalmente un mala tiene ciento ocho cuentas pequeñas y una grande que se asemeja a una estupa. De hecho, esta cuenta es una estupa y lleva consigo el significado de la estupa, su forma alargada representa el "Estado de la Verdad" que se alcanza al comprender que no hay un ego o un Yo. En el "Estado de la Verdad" todas las cualidades de la mente se manifiestan libremente. La parte redonda de esta cuenta muestra el gozo que aparece cuando desaparece la ilusión de un ego y todas las energías, normalmente unidas por esperanza y miedo, son liberadas, todas las ideas fijas, todos los pensamientos del pasado y del futuro son descargados. También simboliza el enorme gozo que se manifiesta cuando uno está libre de cualquier juego o artificialidad.

Cuando comprendemos que no hay un ego, y hemos experimentado la gran alegría que trae dicha realización, las cualidades que obtenemos se muestran de forma práctica como distintas acciones o actividades de un bodhisattva.

Cuando se utiliza el mala, uno dice el mantra por cada cuenta. Uno rota el pulgar en dirección horaria sobre cada cuenta y cuando se llega a la cuenta estupa, uno rota el mala y sigue de vuelta por ese camino. Esto hace que el uso del mala sea más fácil, porque las cuentas no estarán muy prensadas en el cordón cuando las muevas.

Durante la meditación es mejor estar totalmente atentos de la visualización del Buda enfrente o arriba de uno. Entonces uno puede utilizar la sensación del mala y la repetición del mantra para fortalecer la experiencia de estar en el campo consciente de un Buda y en el campo de bendición. En esta meditación completa, la mente está con el Buda, el habla con el mantra y el cuerpo con el mala. Cuando a veces sucede - y de hecho ocurre - que la mente no esta concentrada o el habla se salta algunos mantras, una parte de la mente todavía está en la meditación debido al movimiento del mala en nuestra mano. De esta manera el mala puede ser realmente de beneficio.

Hay muchas explicaciones de por qué el mala tiene 108 cuentas. Existen ocho tipos diferentes de conciencias. Primero, están los cinco tipos de conciencias de los sentidos: gusto, olfato, visión, tacto y auditiva. La sexta es como la "consciencia policía" que mantiene un ojo en lo que sucede. La séptima es la "conciencia que almacena" y la octava es la conciencia que procesa el lenguaje, símbolos y objetos dentro de este reino. Después de alcanzar la budeidad estos ocho tipos de conciencia se transforman en una novena "super conciencia" donde todo se conoce intuitivamente. Aquí, las cosas no se experimentan a través de los sentidos sino directamente a través de la vibración de cada átomo en nuestro cuerpo. Este estado es posible porque el espacio es consciente de sí mismo. El espacio no es un hoyo negro o un separador sino un conector de la información que contiene. Cuando las ocho tipos de conciencias ordinarias se vuelven la novena "la conciencia que todo lo sabe y todo lo logra", dentro de nosotros se despiertan 100 budas en la forma de 42 budas pacíficos y 58 airados. Por lo tanto el número representa los ocho tipos de conciencias antes del estado pleno de realización y los 100 budas que se manifiestan a través del estado iluminado de la mente.

Cuando hacemos postraciones se recomienda utilizar uno más pequeño (1/4 de mala) con 27 cuentas. Este tamaño se ajusta bien a la mayoría de las manos.

Muchas personas extienden la función del mala añadiéndole contadores extras. En nuestra tradición Kagyu las colocamos después de la décima cuenta y si utilizamos dos de estos contadores adicionales, se colocan después de las cuentas número 10 y 20.

Los malas de distintos materiales

Los malas pueden hacerse de distintos materiales que son buenos para los distintos budas. Tanto los materiales de semilla de loto como los de árbol de bodhi son buenos para decir todos los mantras. El nombre de semilla de loto es un nombre romántico para las semillas del árbol de pera chino. Estos malas normalmente se hacen en China y se exportan via Nepal y Hong Kong. Los malas del árbol de bodhi se hacen del mismo tipo de árbol bajo el cual el buda se sentó cuando alcanzó el estado de plena realización de la mente. La forma y el tamaño de estas cuentas varían un poco. Por lo general hay dos tipos de cuentas de árbol de bodhi: un tipo tiene el sol y la luna mientras que la otra tiene triángulos tallados encima. Las que tienen los triángulos son especialmente buenas para las prácticas con protectores. Las de árbol de bodhi o semillas de loto pueden sostener energías pacíficas, protectoras, expansivas y fascinadoras, al igual que todos los tipos de mantras. Ambos, son también materiales agradables porque no se calientan o enfrían y son relativamente ligeros.

Entre otros materiales empleados para malas el ámbar y la madera de sándalo son especialmente populares. Los malas de madera de sándalo no son el material que más dura, porque la madera es suave, pero su aroma es agradable. Los malas de hueso o hematita (una piedra muy pesada) son hechos especialmente para prácticas con protectores.

Si uno quiere obtener un mala de buena calidad, los materiales que se recomiendan son los de árbol de bodhi, semilla de loto y ámbar. Otros materiales pueden ser por supuesto igual de buenos. Uno puede elegir el color del mala de manera que concuerde con el color del aspecto búdico en el cual uno medita, por ejemplo negro o negro azulado para Manto Negro, verde para la Tara Verde, blanco para Ojos Amorosos, azul para el buda de la medicina, etc.

Se dice que es señal de un buen estilo si el mala de uno cabe en nuestra mano cerrada. Si es muy grande puede ser señal de orgullo. En lo que se refiere al cordón es buena idea que esté apretado para mantras cortos y más flojo para mantras largos. Con frecuencia los malas se hacen de un tamaño que se ajusta a nuestra muñeca. Por lo general el mala se siente mejor cuando es hecho con un cordón grueso y suave.



"La estupa de Swayambhu en Kathmandú, Nepal es la estupa más antigua
que existe en nuestro mundo 'Swayambhu' significa 'autosurgida'. Dentro
de la estupa hay otra estupa más pequeña que surgió por sí misma. Esto
sucedió en el último kalpa en la época antes del primer buda de nuestro
kalpa. La otra estupa, tal como la conocemos hoy en día, se construyó
alrededor, más adelante, en la época después del buda Kashyapa y anterior
a la del buda Shakyamuni. Dentro, hay reliquias del Buda Kashyapa.

"La estupa trae tanta bendición que con sólo desear ir allá y tomar siete


pasos en esa dirección, incluso si uno fuera a morir en ese momento uno no
renacería en reinos inferiores. Se dice que cada sexto mes Tíbetano, en luna
llena, uno puede ver un reflejo de la estupa en el cielo en Swayambhu. En
ese momento las personas hacen deseos."

Lopon Tsechu Rinpoche.




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