Artículos en español volumen 1


Entrevista a Hannah Nydahl (1993)



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Entrevista a Hannah Nydahl (1993)


Por: Hannah Nydahl

Hannah Nydahl es una persona que ha dedicado su vida entera al Dharma. Junto con Ole, su esposo, fue una de las primeras discípulas occidentales de S.S. el Décimosexto Karmapa. Actualmente, Hannah se desempeña como traductora de los principales lamas y textos del budismo Tíbetano.

Tradicionalmente, dadas las condiciones sociales del pasado, el trabajo de la mujer ha sido menos activo que el del hombre pero no por esto menos importante. Su energía, naturalmente receptiva, ha sido cuna de las más profundas enseñanzas del vajrayana y bien se podría decir que al lado de muchas de las grandes enseñanzas ha habido grandes mujeres.

Esperamos de esta forma animar a todas las practicantes del dharma a tomar un rol más activo en el dharma.

En este numero presentamos una conversación entre Hannah Nydahl, Miriam Cotes Benítez y Gladys Jimeno que tuvo lugar en 1989, durante la -primera visita del Lama Ole Nydahl a Colombia.

Pregunta: Queremos hablar contigo acerca de las mujeres en el mundo espiritual, el papel que ellas desempeñan. Según la concepción general, aunque entendemos que puede tratarse de un prejuicio, el mundo espiritual es un mundo consagrado a los hombres, un mundo donde predominan las figuras masculinas. En el caso del budismo Tíbetano, vemos que las principales figuras de sus diferentes linajes son hombres, los lamas y gurús generalmente también son hombres. Pocas veces nos enteramos sobre mujeres que estén trabajando en la línea del desarrollo espiritual, pese a que estamos seguras de que las hay. Por eso, queremos hablar contigo acerca de cómo ha sido para ti como mujer el trabajo dentro del budismo Tíbetano. Queremos que nos cuentes cómo se siente ser una mujer dedicada a un trabajo aparentemente reservado para los hombres..

Hannah Nydahl: Si quieren saber cuál es la posición de las mujeres en el budismo Tíbetano, podría decirles que es el camino espiritual en el que hay más tolerancia al respecto de los sexos. Dado que en el budismo todo tiene que ver con la mente y lo esencial de las enseñanzas es que todos los seres poseen la naturaleza búdica, entonces, en esa medida, no se establece ninguna diferencia entre los sexos. Como seres humanos, los hombres y las mujeres tienen las mismas posibilidades de desarrollarse. No hay diferencias. De hecho, quien quiera que reciba las enseñanzas, quien quiera que las practique, obtiene los mismos resultados. Por supuesto, cuando miramos los países budistas, vemos que la mayoría de los maestros son hombres, encontramos muy pocas mujeres que se dedican a esta labor. Sin embargo, esto no ocurre porque haya una diferencia entre hombres y mujeres en términos de los resultados que pueden obtener. Este hecho está relacionado, de un lado, con las formas sociales imperantes y, de otro, con el karma.

¿Te refieres a que es una cuestión kármica el hecho de que seamos hombres o mujeres?

No, a lo que me refiero es a que el karma de una mujer es diferente al de un hombre. En casi todos los países del mundo, el papel de la mujer es ser, digamos, menos respetada, tener menos autoridad y por esta razón los bodhisattvas, los lamas, los rinpoches y en general todos los seres conscientemente encarnados, a menudo vienen al mundo como hombres pues de esta manera pueden hacer más por el dharma, pueden llegar a un mayor número de personas. Esto tiene que ver básicamente con la forma en que la gente común ve el mundo, aunque en el Tíbet, por ejemplo, el papel de la mujer es bastante importante en lo que se refiere a la transmisión de las enseñanzas del Buda lo cual, como ustedes saben, ocupa un papel prominente en el budismo. En muchos de los linajes budistas del Tíbet la transmisión se remonta a mujeres que recibieron las enseñanzas directamente del Buda. Muchas mujeres se han convertido en seres realizados y han tenido discípulos. También hay mujeres tulkus o sea mujeres que han reencarnado conscientemente para ayudar a los seres sintientes a alcanzar la iluminación. En términos generales, se podría decir que la forma en que funcionan las mujeres a este nivel en el Tíbet es a través de círculos pequeños de discípulos. Su actividad es un poco diferente a la de los hombres. En el mundo ordinario también vemos que la actividad de los hombres es distinta a la de las mujeres. De todas formas, se podría decir que en el Tíbet las mujeres guardan las enseñanzas más secretas y se las transmiten a los hombres.



¿Estás diciendo entonces que en el Tíbet hay mujeres lamas?

Sí, hay mujeres lamas, yoguinis y tulkus. En general, si comparamos el Tíbet con otros países asiáticos, vemos que el papel que desempeña la mujer no es asignado en forma muy estricta, es, digamos, más individual, depende casi del caso específico que se esté mirando. Si la mujer es la más fuerte y la más activa en la casa, es la más respetada. Los roles de género no son tan fijos como en otras partes.

También hay otro aspecto que vale la pena destacar. Podríamos decir que hasta hace poco el budismo en Oriente casi siempre se practicaba en los monasterios. Los monasterios eran las instituciones que se encargaban de impartir la educación. Uno iba a un monasterio y allí podía aprender idiomas, artes o medicina. Era algo similar a lo que ocurría en Europa en la Edad Media. Si alguien quería educarse en Oriente, tenía que ingresar a un monasterio y convertirse en monje o monja. Por lo demás, había una gran separación entre éstos y los laicos. Los laicos no pensaban que podían aprender meditación, por ejemplo. Eran budistas y por supuesto hacían algunas prácticas, como repetición de mantras, pero consideraban que la meditación era sólo para los monjes.

Ultimamente esta situación ha cambiado. Nuestra sociedad actual es muy diferente. En ese entonces si una mujer quería practicar el dharma, automáticamente tenía que convertirse en una monja. No era bien visto que una mujer laica practicara el dharma. Como ustedes saben, las cosas han cambiado mucho en estos tiempos. La forma en que se practica el budismo en América y en Europa es muy amplia. Para practicar el dharma no hay que convertirse en monje o monja. Ahora hay la oportunidad de escoger. Actualmente uno puede elegir el camino que quiera aunque sea mujer. De hecho, las mujeres son muy activas en los centros de budismo que Ole y yo hemos fundado en Europa. Sin embargo, si miramos las cosas de cerca podemos ver que los hombres son más activos, que están haciendo más cosas. Obviamente esto no tiene nada que ver con lo que dice el dharma o con lo que enseña el budismo. Creo que esto se da porque hay más interés por parte de los hombres, porque hay más hombres que pueden o están dispuestos a dedicar su vida al dharma. De todas formas, quiero enfatizar que no se trata de que haya una prohibición expresa contra las mujeres en el budismo Tíbetano. Quien quiera hacerlo puede dedicar su vida al dharma.



Llama la atención el hecho de que el budismo se esté abriendo cada vez más hacia los laicos. ¿Crees que esta apertura pueda traer consecuencias a nivel de pérdida de calidad en la transmisión?

En absoluto. No creo que las enseñanzas se vayan a rebajar debido a esto. El Buda impartió miles de enseñanzas. Es increíble ver todo lo que está contenido en el budismo. Por ejemplo, hay una cantidad infinita de mantras. El hecho de que el budismo sea tan rico implica que puede practicarse de muchas formas. Hay enseñanzas que se ajustan a cada una de las necesidades de las personas, a cada una de sus circunstancias. Un método se puede ajustar a los ascetas, otro a los monjes, otro a una persona que trabaja. Sin embargo, cada método es completo en sí mismo y conduce a la misma meta. Incluso en los países que practican las formas más conservadoras de budismo, como Malasia e Indonesia, las cosas están cambiando. En estos países se puede ver ahora mucha más gente que hace meditación budista y, entre esta gente, ya que estamos hablando de eso, hay muchas mujeres.



Ole y tú fueron unos de los primeros discípulos occidentales del Karmapa. ¿Por qué crees que el budismo quiere extenderse hacia occidente? ¿Cómo explicas que sólo hasta ahora se empiecen a conocer sus enseñanzas por fuera de los países asiáticos?

Desde el punto de vista budista se trata de una cuestión kármica, es decir, actualmente están dadas las condiciones para que el budismo llegue a Occidente, la gente está lista. El budismo no es algo que se pueda imponer. Sólo llega cuando se le necesita, cuando las condiciones lo permiten. El budismo siempre ha estado libre de cualquier connotación misionera. Si se quiere, es algo de lo que se le puede hablar a la gente, algo que se le puede ofrecer, pero nunca se le puede forzar a creer en él. Si alguien es cristiano o musulmán, uno nunca le pide que deje a un lado sus creencias y se convierta al budismo. El dharma sólo se enseña a aquellos que lo piden, a aquellos que quieren saber. Es un enfoque diferente al de otras religiones.



¿Se puede ser budista y musulmán o cristiano al mismo tiempo?

Dudo que uno pueda ser musulmán y budista al mismo tiempo (risas). El budismo es muy tolerante, pero no sé si en otras religiones se aceptaría que uno practicara el budismo (risas).



Bueno, pero volviendo al tema de las mujeres, ¿cómo fue para ti ser una mujer occidental tratando de aprender el dharma en el Tíbet?

En mi caso concreto diría que no tuve muchos problemas. En general los Tíbetanos son muy maduros y en cuanto a los lamas, están dispuestos a darles las enseñanzas a cualquiera que desee aprender. La conexión de Ole y mía con el Karmapa era muy fuerte. Siempre nos trató en la misma forma. Mi función ahora también es trabajar con y para el budismo, y el hecho de que yo desarrolle actividades distintas a las que desarrolla Ole, sólo muestra que nuestras personalidades son diferentes. El es muy extrovertido y le resulta muy fácil explicar el dharma de forma que todos lo entiendan. Ole es muy dinámico en su relación con las personas. Yo no haría lo que él hace tan bien ni él haría lo que yo hago tan bien. Yo me dedico básicamente a traducir textos y a servir de intérprete para los lamas. Trabajo con grupos pequeños. Sin embargo, de hecho, Ole y yo aprendimos las mismas cosas, llevamos a cabo las mismas prácticas. Nuestros antecedentes son iguales. Nuestro trabajo con la gente es distinto pero esto sólo tiene que ver con la forma en que cada uno se manifiesta. El Karmapa, nuestro maestro, siempre nos decía que a él lo ponía muy contento el hecho de que fuéramos una pareja y trabajáramos juntos como pareja. Nunca sugirió siquiera que Ole se convirtiera en monje o que yo me convirtiera en monja. Por el contrario, como ya lo he dicho, siempre le gustó que fuéramos una pareja. El Karmapa también fue el que nos dijo qué tipo de trabajo tenía que realizar cada uno. Lo que hago ahora es lo que él me encomendó que hiciera. Otras mujeres son diferentes a mí. Por ejemplo, en Europa, hay algunas que se dedican a dar las enseñanzas, otras que se dedican a la parte administrativa, otras que se dedican a la meditación. Cada persona debe llevar a cabo las actividades que estén más de acuerdo con sus tendencias.



¿Cómo recibe la gente el budismo en Europa?

Es muy interesante. Cuando introducimos el budismo a los diferentes países, siempre tenemos que hacerlo de distinta manera, de acuerdo con la cultura de cada país, de acuerdo con sus antecedentes. Dinamarca, por ejemplo, es un país donde la religión no es muy importante. Aunque oficialmente es un país cristiano, la mayoría de la gente allá es muy nihilista. Cuando hablamos de budismo tenemos que ser muy cuidadosos de no parecer demasiado religiosos porque si lo hacemos, la gente reacciona inmediatamente en forma negativa. En Dinamarca preferimos presentar el budismo como un sistema sicológico porque esto es algo con lo que la gente se puede relacionar más fácilmente. En otros países es diferente. En el caso de Polonia, para poner otro ejemplo, le damos a la presentación del budismo un matiz más religioso. Allí la gente es muy católica y se puede relacionar con los aspectos religiosos más directamente. Es curioso: aunque en Polonia la gente es muy aferrada a su religión, no rechaza el budismo. Por el contrario, es capaz de ver las cosas que éste tiene en común con sus principios de religiosidad.



¿Cuál es tu impresión de Colombia en este aspecto?

He estado aquí muy poco tiempo. Sin embargo, me he dado cuenta de que es un país muy religioso. Hace poco estuvimos con Ole en Venezuela y nos dimos cuenta de que la gente que allí se acerca a las enseñanzas no es lo que se podría llamar gente típica. Tal vez aquí sea igual. No sé. Me parece que la gente que se acerca al budismo en estos países no es la gente usual, no es la gente que está cien por ciento identificada con el establecimiento.



Bueno, la gente que en Colombia se acerca al budismo es muy diferente entre sí, muy heterogénea. Sus antecedentes sociales y culturales son distintos. Aquí es posible encontrar todo tipo de personas: jóvenes, viejos, hombres, mujeres...

Sí, yo también he notado eso. Es un buen signo.



La gente que acude a recibir las enseñanzas en nuestro país no es necesariamente gente "rara", hippies o algo así...

Así es. Al principio en Europa la mayoría de la gente que se acercaba a las enseñanzas era gente así, quizás se podría decir que eran hippies. Era un tiempo en que ser hippie significaba que se estaba buscando otro tipo de vida. Algunos países de Europa eran muy prósperos pero, sin embargo, la gente no era feliz. El movimiento hippie era un movimiento hacia un tipo de vida mejor y por eso, quizás, la gente que era hippie se acercaba al budismo. Ahora toda clase de gente, incluida aquella que lleva una vida "normal", acude a los centros para buscar las enseñanzas del Buda. Es muy importante que la gente pueda integrar las enseñanzas a su vida, que no necesite ser "extraña" para practicar el dharma. Por eso, la forma en que se presenta el budismo juega un papel fundamental en la relación que la gente establece con él. Dependiendo de la forma en que se presente el dharma, la gente pude excluirse o sacar provecho de él. El budismo no debe verse como algo exótico o foráneo. El budismo consiste en una serie de enseñanzas prácticas que son útiles para cualquier persona.



¿Tú y Ole tienen hijos?

Nosotros no somos una pareja típica. Somos bastante radicales. Fuimos los primeros discípulos occidentales del Karmapa y para poder llevar a cabo lo que él nos encomendó que hiciéramos, tuvimos que tomar la decisión de no tener nuestros propios hijos. Es muy difícil combinar lo que hacemos con las tareas que implica tener una familia. De todas maneras, en este mundo hay muchos niños. Creo que para mí hubiera sido muy difícil tener hijos y no estar pendiente de ellos todo el tiempo. Soy demasiado responsable (risas). Cada mujer es distinta. Puede que para otras mujeres resulte fácil integrar varias actividades pero, en mi caso, si tuviera hijos creo que no sería ni buena madre, ni buena traductora.



¿Pero no es difícil para ti como mujer haber renunciado a ser madre?

No; lo que hago, mi vida entera, está dedicada a mis hijos (risas). Tengo miles de hijos en todas partes del mundo (risas). No tienen que ser míos para que yo me sienta su madre.



A propósito de niños, ¿cómo se les enseña el budismo a ellos? ¿Pueden meditar, repetir mantras?

Sí, pueden repetir mantras pero sólo si ellos quieren. Con los niños lo mejor es darles buen ejemplo, enseñarles a ser, digamos, altruistas, cuando se presenta la oportunidad, para que así no se vuelvan demasiado egoístas. A los niños jamás se les debe forzar a que sean lo que uno quiere que sean. Como budistas lo único que podemos hacer es dejarles buenas impresiones en la mente para que ellos más tarde las desarrollen. La gente sólo es budista si ese es su karma. Los hijos de nuestros amigos, por ejemplo, tienen una inclinación hacia el budismo. Les gustan los lamas. Para ellos es natural. Quizás esto signifique que cuando crezcan también van a ser budistas. Sin embargo, esto tiene que ver directamente con su karma. Uno no puede decidir si sus hijos serán budistas o no. Lo único que tal vez puede hacer es darles la oportunidad de que conozcan las enseñanzas.



En el budismo se habla de cómo el hombre y la mujer se complementan, ¿podrías desarrollar esta idea un poco más?

Bueno, en el budismo de lo que se habla es del principio masculino y femenino. Esto no se refiere necesariamente a un cuerpo de hombre o de mujer. En cada persona hay un principio masculino y uno femenino. Cuando un ser se realiza, estos principios se integran en él o en ella. Cuando se habla de masculino y femenino en el budismo, se está haciendo referencia a cualidades de la mente. La compasión es una cualidad masculina y la sabiduría es una cualidad femenina. En ningún momento se habla de que esas cualidades sólo las tengan los hombres o las mujeres respectivamente. En el budismo las principales enseñanzas tienen que ver con el vacío, pero el vacío visto no como lo que generalmente se nos ha enseñado, sino como el espacio que se abre después de meditar mucho. El significado profundo de este vacío está relacionado con lo femenino. Otra enseñanza central para el budismo es la que tiene que ver con la luminosidad de la mente. Esta luminosidad se relaciona con lo masculino. En el budismo se hace referencia a estas cualidades como a cualidades absolutas de la mente que son inherentes a todos los seres, sin importar que tengan un cuerpo de hombre o de mujer. En el mundo ordinario también se pueden ver ejemplos de los principios masculino y femenino. La actividad es el principio masculino. El principio femenino es el espacio donde se da esa actividad. Cuando se están explicando estos principios se los nombra como si fueran dos cosas diferentes, separadas. No obstante, son una sola cosa. Esta unidad está simbolizada en algunas imágenes de yidams o Budas en unión.



Entiendo que en cada persona existen los dos principios en unión, pero si uno es mujer, ¿quiere esto decir que su relación con el principio femenino es más fuerte que con el principio masculino?

La naturaleza de la mente no depende del cuerpo que se tenga. La esencia de la mente es igual para las mujeres, para los hombres e incluso para los animales. A un nivel absoluto, la esencia de la mente es la combinación del vacío y la luminosidad. Sin embargo, dado que vivimos como seres ordinarios, no reconocemos la naturaleza de la mente, vemos las cosas como si estuvieran separadas, como si en lugar de integradas fueran duales. Por esto obtenemos cuerpos de mujer o de hombre. A este nivel, por supuesto, se puede hablar de supremacía de uno de los dos principios en las personas y es por eso que a veces es necesario complementarnos con nuestros opuestos. Esto, sin embargo, no siempre tiene que ser así. En esencia, los dos principios siempre están presentes en la mente de cada persona. En el budismo Tíbetano hay enseñanzas concretas para trabajar con esto. Son enseñanzas muy secretas. La mayoría de la gente no está preparada para recibirlas y si uno no está preparado, estas prácticas pueden resultar muy peligrosas.



Tomado de: Mandala No. 5 (1993)


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