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La Historia del Catolicismo



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La Historia del Catolicismo

Eduardo Velásquez


Cuando nos adentramos dentro de una disciplina espiritual y comenzamos nuestra practica es frecuente qué encontremos toda clase de obstáculos qué de una u otra manera están ligados a nuestro contexto cultural. Las familias de la mayoría de nosotros son católicas y nosotros mismos fuimos criados cómo católicos. Vivimos, queramos o no en un mundo católico. Tenemos la Navidad, la semana santa, los bautismos, los matrimonios, el catecismo, el cura de la parroquia, la primera comunión, la virgen María... y finalmente los santos óleos. La religión en una sociedad cumple una función primordial, no hay sociedad humana qué no tenga religión. Nuestras vidas están llenas no sólo de actividades religiosas externas sino también de un sentido y unos significados sutiles qué moldean nuestro pensamiento más allá de lo qué es consciente. Uno de estos obstáculos del cual somos muy poco conscientes es el miedo espiritual. Nos da miedo pensar más allá de lo qué nos han permitido, nos da miedo hacer preguntas, nos da miedo dudar, nos da miedo vernos tal cómo somos. Si somos incapaces de explicar lo qué experimentamos preferimos hacerlo a un lado y dejar qué los expertos nos den las soluciones. Aunque el mundo parezca absurdo e inconprensible nos aferramos a nuestras creencias cómo mecanismo de salvación. Esta necesidad de creer en algo indica nuestro profundo grado de espiritualidad, nuestra identificación con la mente más qué con el cuerpo. Somos seres pensantes, seres mentales, seres con necesidad de entender, seres inteligentes, seres religiosos.

Pero cuando la religión se separa del corazón qué es el centro de nuestros sentimientos más profundos, cuando se separa de nuestra experiencia inmediata, cuando no nos explica en forma satisfactoria el porque de las cosas, cuando se debe mantener con temor, es una religión qué ya no nos sirve, una religión qué nos aliena y nos vuelve cínicos e incluso violentos, una religión qué no vivimos pero qué si "creemos".

Cómo budistas es importante entender qué el Buda Sakiamuni no era budista, no pertenecía al credo budista, simplemente buscaba la verdad, la razón de ser de la vida, la muerte, el sufrimiento. Buscaba la realidad de las cosas.

El budismo, si así se quiere llamar a la búsqueda de la verdad, no es una religión de "creencias". Es una religión de experiencias. Aquí no hay sitio alguno para los dogmas de fe, para el credo ni para el miedo. El budismo tradicionalmente ha sido ajeno a la evangelización y no ha iniciado guerras religiosas. Tampoco se mantiene por temor y es indistinto de la practica y la experiencia. Algo qué con nuestra educación, en principio, no es fácil de entender.

El rechazo social qué con frecuencia podemos experimentar es algo natural qué debemos comprender y no combatir. No podemos esperar ser "comprendidos" dentro de un contexto católico, es imposible. El miedo y el disgusto qué el Papa le tiene al budismo, manifiesto en su libro "Cruzando el Umbral de la Esperanza", y qué denota una actitud casi abiertamente belicosa es un ejemplo de esto. Entre "creencias" es difícil el entendimiento. Combatir una creencia con otra creencia no tiene fin. Lo hemos hecho durante siglos, es nuestra historia.

Debemos recordar qué cómo budistas no luchamos por el alma de nadie y mucho menos por el alma del mundo. Cómo budistas pretendemos conquistar nuestro propio egoísmo, nuestros temores, los demonios de nuestra propia creación más qué demonios externos con nombre propio.

En el budismo la duda es un signo de inteligencia. Queremos ver las cosas con nuestros propios ojos porque nos sentimos capaces. Imponer algo es inconcebible. El budismo es voluntario.

Con el animo de entender un poco más la animadversidad del Sumo Pontífice hacia el budismo quise estudiar un poco más la historia del catolicismo en el mundo y en Colombia. Historia de la cual sólo recordaba apartes de la época de colegio y qué nunca comprendí en toda su dimensión. Lo hice también por motivos personales, tratando de entender de donde viene el temor religioso dentro del cual fui educado y qué hace a tantos infeliz. Quiero compartir ahora con ustedes el resultado de mi investigación porque creo qué les podría ser igualmente útil. Entender nuestra historia es entender nuestra forma de pensar.

La historia de la iglesia católica apostólica y romana qué es cómo se denomina el catolicismo colombiano tiene su origen cómo institución en la iglesia qué reclama cómo fundador a San Pedro, uno de los doce apóstoles de Jesucristo quien se cree qué predico y murió en Roma bajo el dominio de Nerón en el año 64 luego del incendio de Roma. Durante los tres primeros siglos después de la muerte de Jesucristo la iglesia fue perseguida asiduamente por el poder del Imperio. El martirio al qué los cristianos fueron sometidos y su capacidad de resistir al tormento antes qué renunciar a su fe, antes qué minar su expansión, acelero el proceso de consolidación de la iglesia. En el año 313 el emperador Constantino publico el edicto de Milán legalizando la iglesia. La alianza con el poder imperial le dio gran autoridad y comenzó a perseguir a sus enemigos hasta consolidarse como la religión del estado para finales del siglo.

El imperio romano contaba entonces con dos capitales, Roma la antigua y Constantinopla a donde se había trasladado el emperador. Cuando el imperio en el occidente comenzó a desintegrarse los Papas llenaron el vacío de poder a fin de mantener el orden. Ya hacia el siglo V la iglesia reclamaba supremacía sobre los demás creencias y el Papa tenia completa jurisdicción legal qué sólo le era disputada por el patriarca de Constantinopla. Esta disputa continuo hasta el año 1054 cuando se dividió la iglesia de roma de la iglesia ortodoxa oriental.

Los Papas de la edad media personificaban el poder y majestuosidad de Roma para los pueblos "bárbaros" qué conquistaban. En ausencia de un poder civil qué mantuviera unidos los territorios convertidos los Papas se erigieron en un poder político qué abarco a toda la Europa occidental para el siglo X. En 1095 el Papa Urbano II se embarco en la primera de las cruzadas para recuperar la tierra santa a tiempo de qué la iglesia alcanzaba su apogeo. Entre 1100 y 1300 los Papas alcanzaron la autoridad absoluta sobre toda la iglesia y sobre muchos de los gobernantes civiles. El Papa Inocencio III (1198-1216) en su primer sermón después de ser elegido Papa declaraba: "El sucesor de Pedro es el vicario de Cristo qué ha sido establecido cómo mediador entre Dios y el hombre, más bajo qué Dios pero más allá del hombre, inferior a Dios pero superior al hombre; quien juzgara a todos y será juzgado por nadie." Los concilios en Roma aumentaron pasando legislación para toda la iglesia y el papa nombro delegados qué viajaban por toda Europa investigando y asegurándose qué sus ordenes fueran cumplidas. En el cuarto concilio de 1215 algunos gobernantes fueron removidos, se pasaron leyes canónicas definiendo el misterio de la transubstanciación y se estableció la prescripción de la penitencia y los procedimientos legales para inculpar y condenar a los "herejes". La inquisición había nacido y el Papa se establecía en la plenitud de su potestad (plenitudo potestatis).

Los primeros en sufrir los rigores de la inquisición fueron los Cataros del sur de Francia qué pregonaban un regreso al ejemplo de Cristo y sus apóstoles rechazando la riqueza y poder político de los Papas. Los Cataros, a quienes los habitantes del sur de Francia apodaron los "buena gente", encontraron rápidamente soporte entre las gentes cansadas de los abusos de la iglesia, provocando así, la ira de Inocencio III. Una cruzada enviada por el Papa puso fin a los Cataros. Juzgados por el tribunal de la inquisición la mayoría fueron quemados vivos y salvajemente torturados.

Durante los siguientes 300 años los Papas entraron cada vez más en conflicto con los gobernantes civiles. Los "grupos herejes", a pesar de la crueldad de la inquisición, crecieron por toda Europa cómo una reacción a la corrupción de la iglesia. Algunos de los más notables fueron los místicos Master Eckhart (1260-1328) y Tauler (1300-1361) qué predicaban por una asociación de laicos qué llevaran una vida de meditación contemplativa y mística, llamados "los amigos de Dios". Los grupos fundados por Gerard Groote (1340-1384) en los países bajos y qué se hacían llamar "los hermanos de la vida común" predicaban una "nueva piedad" qué hacia énfasis en el entendimiento individual de la Biblia, el cual requería largas horas de meditación. Los grupos qué seguían los escritos místicos de Thomas a Kempis en Alemania, los grupos seguidores de John Wycliffe (1324-1384) en Inglaterra. Los grupos de Juan Huss (1369-1415) en Bohemia y Jeronimo Savanarola (1452-1498) en Florencia, quienes fueron quemados en la hoguera.

Para el año 1305 la residencia del Papa había sido trasladada a Avignon y se encontraba prácticamente bajo el tutelaje de la monarquía francesa. En 1378 el Papa Gregorio XI se traslado de nuevo a Roma y murió al poco tiempo de haber llegado. Los cardenales reunidos, en su mayoría franceses, eligieron, presionados por la muchedumbre Romana, un Papa Romano, Urbano VI. Pero cuando se pudieron retirar a un sitio más seguro eligieron a un Francés cómo el Papa Clemente VII. Los dos Papas reclamaron su autenticidad y hasta el año 1415 dividieron a Europa en dos. En el año 1406 los cardenales de ambos Papas tratando de resolver el conflicto se reunieron en el concilio de Pisa y destituyeron a ambos Papas nombrando a un tercero Alejandro V. Sin embargo, ninguno de los dos Papas renuncio a su poder y quedaron entonces tres Papas. La decadencia moral a la qué había llegado la institución del Papa alisto el camino para las reformas del siglo XVI.

En 1517 Martín Lutero indignado con las ventas de indulgencias (perdones concedidos por pecados cometidos) por parte del pontífice romano para recoger fondos para la reconstrucción de la basílica de San Pedro, inicio un debate publico qué termino en un movimiento qué rompió con la iglesia romana, el Protestantismo. Los católicos alarmados por la diseminación del protestantismo se reunieron con el objeto de formar la liga Santa. En 1546 estallo la guerra, año en el qué murió Lutero. Finalmente las fuerzas imperiales fueron expulsadas del territorio alemán y el luteranismo aceptado cómo una religión legal. En Suiza Ulrico Zwinglio (1484-1531) perdió una corta guerra con los católicos y fue muerto. En 1618 estallo la guerra de los treinta años qué termino con la paz de Westfalia reconociéndose al catolicismo, el luteranismo y el calvinismo cómo religiones legales.

La contra reforma en la iglesia qué pretendía neutralizar el poder de los protestantes tuvo su apogeo en la inquisición española. En 1469 Fernando V de Aragón e Isabel de Castilla contrajeron matrimonio en una ceremonia políticamente arreglada por Juan II padre de Fernando quien quería anexar a Castilla. Cómo Fernando e Isabel eran primos Juan II en colaboración con el arzobispo de Toledo falsificaron la bula en la qué el Papa Pío II los dispensaba de toda consanguinidad. Isabel al enterarse de la falsificación le pidió al Papa Sixto IV qué le resolviera su situación y en 1470 los reinos de Castilla y Aragón se unierón. Los gobernantes iniciaron la unificación de España estableciendo a la religión católica cómo la única y minando el poder de la nobleza confiscándoles las tierras. En 1478, después de una disputa con el Papa Sixto IV, obtuvieron de él: 1.El derecho de elegir a los altos jerarcas de la iglesia, incluyendo al inquisidor general, 2. La propagación de un catecismo nuevo y 3. El nombramiento de una junta para la conversión de los apostatas. Con esto quedo instituido "el tribunal del Santo Oficio". Los "Reyes Católicos" cómo son conocidos Fernando V e Isabel II iniciaron tal vez la época más drástica y cruel de la inquisición. Su poder era absoluto, los reyes nombraban, con el beneplácito del Papa, al inquisidor general, quien tenia jurisdicción no sólo sobre los crímenes contra la iglesia sino también muchos otros. Su potestad era suprema e inapelable. Uno de los inquisidores generales más infames de la época, un Dominico, Tomás de Torquemada, ordeno más de 2000 muertes en la hoguera. Sus métodos de tortura eran tan brutales y tal el terror qué infligió qué causo un desacuerdo con Sixto IV quien fue incapaz de detener lo qué el mismo había permitido. Tomas de Torquemada estableció tribunales del Santo Oficio en Sevilla, Córdoba, Jaén, Ciudad Real y más adelante en las islas canarias y en América, en México, Cartagena de Indias y Lima. Así llego el catolicismo a la América Latina.

La conquista de América fue una empresa eminentemente comercial. Los conquistadores eran aventureros en busca de riqueza y títulos y los reyes de España, qué estaban más interesados en expandir sus territorio Europeos qué en colonizar tierras nuevas, apoyaban la empresa a cambio de una parte de la riqueza recogida. Para qué esto fuera "legal" se requería de una justificación mayor. Qué mejor, siguiendo el ejemplo de las antiguas cruzadas, qué la evangelización del Nuevo Mundo.

Aunque se discutía en España si los negros y los indios tenían "derechos humanos" o incluso si tenían alma, nunca se discutió su "deber de ser católicos", pues bajo la fachada de la evangelización podía continuar el pillaje. En principio la evangelización consistía en exigirles a los españoles qué bautizaran a los esclavos qué compraban antes de enviarlos a los sitios de trabajo. Ninguna otra evangelización era posible pues ni los indígenas ni los negros hablaban el castellano.

La influencia de la inquisición sobre las poblaciones indígenas y los negros traídos del África, fue al principio de la conquista, nula. Estos eran esclavos. No había necesidad alguna de juicio, sus dueños podían decidir libremente su suerte. La esclavitud indígena en el continente rápidamente dio paso al llamado "sistema de encomiendas" qué no era otra cosa qué una esclavitud encubierta y legalizada.

Para el bautismo de los esclavos se trajeron de España religiosos, algunos de los cuales, no soportaron ver el maltrato al qué eran sometidos y se convirtieron en verdaderos apóstoles de la causa. Seria injusto no mencionar a hombres verdaderamente religiosos cómo Fray Bartolome de las Casas, San Pedro Claver, el mulato Martín de Porres canonizado difícilmente (por ser un "inferior") 200 años más tarde, fray Gil González silenciado por el fuego inquisitorio así como muchos otros misioneros posteriores, "hombres de buena fe" qué tanto hicieron por una verdadera evangelización y educación de la población indígena, a pesar de qué es discutible su derecho a embarcarse en tal empresa. Los indios ya tenían su cultura y su religión, y aunque estaban menos desarrollados tecnológicamente qué los europeos tenían unas costumbres menos sanguinarias.

Cómo los españoles se mezclaron libremente con las indias pronto empezó a surgir una población criolla, la población de la época de la colonia qué gracias a la inquisición no conoció credo alguno más qué el catolicismo. Para la época de la colonia, la influencia del clero abarcaba todos los aspectos de la sociedad. El monopolio en la educación era total. En 1605 los jesuitas fundaron el primer colegio, el San Bartolome. Luego la universidad javeriana en 1623 y en 1654 los dominicos fundan el Rosario y luego la Santo Tomas.

En el siguiente siglo esta influencia se consolido en la construcción de innumerables templos, en le auge del arte religioso, en el culto esplendoroso, las fiestas religiosas, las misas solemnes, los sermones grandilocuentes, la fundación de muchas cofradías piadosas y la acumulación de tierras y riqueza, qué causo en 1729, el primer desacuerdo entre la autoridad civil y la religiosa. Para el siglo XIX la propiedad eclesiástica era la más grande en Colombia y sin ningún control fiscal por parte del estado. Luego de la guerra de la independencia los vientos republicanos soplaron con las ideas del filosofo ingles Jeremías Bentham llevando eventualmente a una separación del estado y la iglesia entre 1853 y 1886. En 1887 se firmo el concordato entre Colombia y el Vaticano, garantizando las propiedades de la iglesia y estableciendo a la religión católica apostólica y romana cómo la religión nacional hasta 1992 cuando cayo con el cambio de constitución.

La inquisición durante la época de la colonia en la cual el poder político y el de la iglesia estaban inseparablemente ligados tenia una función de control social por medio de un sistema de justicia autónomo. Los principales delitos qué perseguía eran: la herejía, la apostasia, la blasfemia, la superstición, la brujería, la incitación, la idolatría y muchos otros mas. Las acusaciones, interrogatorios y testigos eran secretos. La tortura era utilizada para lograr la confesión y el arrepentimiento o cómo suplicio previo a la muerte en la hoguera. Algunas de estas torturas qué se exhiben hoy en el palacio de la inquisición de Lima lo dejan a uno varios días sin poder dormir. Sofisticadas maquinas para despellejar al reo, chalecos de fique qué untaban de sal para ponerle al penitente luego de arrancarle la piel de la espalda y maquinas para descuartizar al condenado, entre otras. El primer auto de fe en el nuevo mundo fue en Santo Domingo en 1523, luego comenzó en Méjico en 1536, Lima en 1570 y Cartagena en 1610. Se mantuvo activa, de una u otra manera, durante toda la época de la colonia hasta 1813 cuando fue abolida cómo un sistema de tormento físico para luego reaparecer cómo un mecanismo de censura literaria y de la educación qué se mantuvo vigente hasta 1960 cuando finalmente fue abolida en el concilio vaticano II.

Lo qué esto quiere decir es qué hasta hace muy poco, unas escasas tres o cuatro generaciones las dudas o cuestionamientos a la iglesia católica se castigaban con penas físicas qué podían llegar a la tortura e incluso a la muerte y aun más: a la condena eterna. No debemos sorprendernos entonces si el miedo espiritual, el miedo a la muerte, el miedo a ir a incurrir en la ira divina, el miedo a cuestionarnos y cuestionar a nuestro mundo, es parte de nuestra intima psicología. Entre más sensibles, más humanos seamos, más intensa es nuestra necesidad espiritual y más confuso el panorama cuando no encontramos alivio a nuestras dudas.

Cómo budistas de un linaje y una tradición muy particular, es nuestro deber ser tolerantes, pacientes y tratar de comprender a los demás en la mejor forma posible antes qué esperar ser comprendidos. En el budismo no luchamos por ideas. No somos evangelizadores, ni predicadores, ni misioneros. Somos amantes de la verdad, no cómo una verdad congelada, una doctrina, sino cómo una verdad viva, aquello qué es presente tal cual, la realidad. El termino tibetano para budismo es "chod" qué significa "las cosas cómo son". No es una "creencia", un dogma, una serie de ideas qué se le imponen a la realidad sino la realidad misma. Esta realidad sólo es aprehensible cuando hemos roto a través del caparazón conceptual qué funciona a la manera de un filtro. Tenemos qué ir más allá de las ideas, de las "creencias". No podemos combatir una creencia con otra creencia, no hay fin, lo hemos hecho ya durante siglos. Debemos por el contrario estudiarla, respetarla y conocerla hasta verla por lo qué es, entonces podremos ir más allá. En nuestro medio particular es importante entender qué no estamos tratando de suplantar el catolicismo por el budismo, estamos tratando de ir más allá tanto del uno cómo del otro.

A este respecto es importante conocer nuestra tradición católica, es importante comprender el medio en cual hemos sido educados, es importante conocer su historia.



From: Mandala No. 9 (1995)



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