Artículos en español volumen 1


Beneficios de la Práctica de Dorje Sempa



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Beneficios de la Práctica de Dorje Sempa

Apartes del libro “Palabras de mi maestro perfecto” de Dza Patrul Rimpoche tomado de la revista Kagyu Life International.


I. ¿Cómo los oscurecimientos pueden ser purificados a través de la confesión?

Los principales obstáculos que previenen todas las extraordinarias experiencias y realizaciones del profundo sendero, aparecen de las acciones negativas, los oscurecimientos y las tendencias habituales. Así como la superficie de un espejo tiene que estar limpia para permitir el reflejo de las formas, nuestros oscurecimientos deben ser eliminados para permitir que la realización aparezca, como un reflejo de la conciencia primordial. El Conquistador enseñó innumerables métodos de purificación para este propósito, pero el mejor de todos ellos es la meditación y recitación relacionada con el maestro Vajrasattva.

No hay acto dañino que no pueda ser purificado por la confesión. Como los grandes maestros de tiempos antiguos afirmaron:

No hay nada bueno acerca de las acciones negativas, excepto que estás pueden ser purificadas a través de la confesión.

De todas las acciones negativas, ya sean éstas violaciones externas de los votos de patrimoksha, transgresiones interiores del entrenamiento bodhicitta, o violaciones secretas de las samayas tántricas, no hay una sola, así sea la más importante, que no pueda ser purificada por la confesión.

En los sutras el Buda relata varias historias que ilustran este punto. Por ejemplo, hay un cuento del brahmin Atapa que era conocido como Angulimala “Guirnalda de dedos”. Angulimala mató 999 personas, pero luego purificó estas acciones a través de la confesión y alcanzó el estado de Arhat en esa misma vida. También está el caso del rey Ajatashatru que mató a su padre pero luego reparó el crimen a través de la confesión y obtuvo la liberación habiendo experimentado los sufrimientos del infierno únicamente durante el tiempo que toma una bola para rebotar.

Sin embargo la purificación solamente sucede cuando usted se confiesa sinceramente en la forma correcta, usando los cuatro poderes como antídoto. El proceso de purificación nunca servirá si sus ojos o su boca están ocupados en otra cosa, o si usted está solamente repitiendo “yo lo admito, yo confieso” mientras su mente esta ocupada en otros pensamientos. Y al pensar “en el futuro, si yo actúo mal no importa porque yo puedo simplemente confesarlo después”. Esto impide que la purificación funcione del todo, aún si se confiesa. Milarepa dice:

¿cómo se puede saber si la confesión realmente ha purificado?


Usted está purificado si sus pensamientos son positivos.

Es absolutamente fundamental que toda confesión deba incluir como un antídoto todos los cuatro poderes.

II. LOS CUATRO PODERES

Los cuatro poderes son el poder del soporte, el poder del arrepentimiento, el poder de la resolución y el poder de la acción como un antídoto.



  1. El poder del soporte
    En este contexto, el poder del soporte es provisto por la toma de refugio en Vajrasattva y el cultivo de la intención y aspectos de la aplicación de la Bodhicitta. En otros casos el soporte será el objeto particular al cual usted dirige su confesión.
    Antes de cualquier confesión, es indispensable incrementar la aplicación e intención de la Bodhichitta. El Buda enseñó que el confesar sus malas acciones y caídas, sin aumentar la bodhicitta, aún si se aplican los cuatro poderes, reducirán sus faltas pero éstas no serán purificadas. Sinceramente, dar incremento a la bodhicitta, sin embargo, purificará en sí mismo todas las acciones pasadas, cualquiera que éstas hayan sido.

  2. El poder del arrepentimiento
    El poder del arrepentimiento viene de un sentimiento de remordimiento de todas las acciones que usted haya realizado en el pasado. No puede haber purificación si usted no ve sus malas acciones como algo malo y las confiesa con fiero arrepentimiento sin esconder nada.

  3. El poder de la resolución
    El poder de la resolución significa recordar las faltas que se hayan cometido y resolver no cometerlas nunca más de ahora en adelante, aún al costo de su propia vida.

  4. El poder de la acción como un antídoto
    El poder involucra tantos logros como sea posible, como un antídoto para las malas acciones del pasado. Se refiere particularmente a actividades como postrarse ante los budas y bodhisattvas, regocijarse en el mérito de otros, dedicar a la iluminación las fuentes de futuro beneficio, cultivar la bodhicitta de la intención y la aplicación y mantenerse en la esencia inalterada del estado natural. Un día un meditador, discípulo del precioso Dagpo Rimpoche, le dijo a su maestro que él sentía remordimiento cuando recordaba que alguna vez ganó su sustento vendiendo libros sagrados.

“Pues imprima y venda libros” le ordenó su maestro.

Se puso a trabajar pero encontró que este trabajo lo enredaba en demasiadas distracciones. Desilusionado regresó a ver a su maestro.

“Imprimir estos libros trae muchas distracciones” dijo, “¿no es verdad que ningún método de confesión es más profundo que permanecer en la naturaleza esencial?”.

Dagpo Rimpoche quedó encantado y le dijo que estaba perfectamente correcto.

“Inclusive, si se han cometido acciones negativas tan grandes como el Monte Meru” dijo, “éstas son purificadas en un instante de estar viendo la naturaleza esencial”.

No hay ciertamente una vía más profunda para limpiarse uno mismo de acciones negativas del pasado que meditar en la bodhicitta y mantener el flujo del estado natural inalterado. Es importante mantener estas dos cosas en mente mientras el flujo de néctar y la recitación del mantra de las cien sílabas nos purifica en la meditación de Vajrasattva.

From: Mandala No. 11 (1996)



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Most recent update: October 30th, 1997
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El Budismo en Colombia

Por: Eduardo Velásquez


Es natural que cuando nos acercamos a una religión foránea lo hagamos con una actitud escéptica, con algo de sospecha. No estamos seguros si estas creencias, mitos y ceremonias son reales, son genuinas. No estamos seguros en que nos estamos metiendo o en que nos están metiendo.

Si nosotros crecemos dentro de una cultura, de una tradición particular, sus creencias y sus costumbres nos son naturales, nos parecen parte de la realidad, parte de la lógica de esa realidad. Nos explican y le dan sentido y valor a nuestras experiencias.

La cultura y la tradición en la que somos educados ejerce sobre nosotros una influencia más grande de lo que podemos imaginar. Una cultura se puede comparar con una especie de huevo, de concha conceptual, fabricada de ideas, creencias, actitudes y costumbres, de toda clase de hábitos. Esta concha nos protege encerrándonos dentro de una versión particular de la realidad.

No es de asombrarnos que el budismo, siendo una religión foránea a nuestra cultura, se nos presente con muchas dificultades. Al principio tenemos la tendencia de mirar su forma, su aspecto externo. Tal vez parezca algo exótico: las imágenes, los monasterios, las ceremonias, los lamas; tal vez parezca algo fascinante: la filosofía, la disciplina, la psicología, el poder, etc. Muchos se interesan en el budismo tibetano simplemente porque es tibetano, tal vez hayan oído de él a través de Lobsang Rampa. Si las mismas enseñanzas se presentaran dentro de otro contexto tal vez no se interesarían. Es inevitable que en un principio juzguemos, valoremos y tratemos de entender el budismo a través del lente de nuestra cultura, es inevitable que tratemos de traducirlo a nuestros propios términos, es inevitable que surjan innumerables contradicciones y dificultades.

Cuando no estamos familiarizamos con el lenguaje, con las formas, con la cultura budista, es necesario, para tener una comprensión de él, que penetremos a su interior, a la esencia, donde no existen las barreras culturales. Es necesario partir de lo que es común a todos, sin importar la cultura, la tradición o el lenguaje.

Se dice que el budismo es una religión universal precisamente porque parte y se desarrolla de algo que es común a todos como seres humanos: la experiencia del mundo a través de los sentidos, los pensamientos, las emociones, la conciencia del “yo”, el sufrimiento y la felicidad. Basta con que seamos seres humanos con estas experiencias para poder practicar el budismo.

Todos vemos, oímos, sentimos, pensamos, añoramos, soñamos, sentimos la felicidad y el sufrimiento. El Buda Sakyamuni fue un ser humano como cualquiera de nosotros, con una mente y un cuerpo igual al nuestro.

El Buda comenzó su búsqueda espiritual preguntándose porque sufrimos. El sufrimiento es común a todos los seres humanos, todos tenemos que nacer, nos podemos enfermar y todos tenemos que morir. Sentimos la incertidumbre de lo desconocido, vacíos existenciales y miedo. Tenemos mentes agitadas, inquietas y con constantes deseos insatisfechos. Y cuando finalmente logramos lo que buscamos, tenemos que luchar por mantenerlo.

El Buda quiso descubrir las causas del sufrimiento mirando dentro de su propia mente, podría haber buscado causas externas pero no lo hizo. De esta forma el Buda meditó hasta lograr un completo entendimiento de las causas del sufrimiento. Entendimiento avalado en el estado que el mismo Buda alcanzo, libre de todo sufrimiento.

Para comenzar a comprender el espíritu del budismo, debemos tomar esta misma actitud, es decir, la de buscar dentro de nosotros mismos el origen de nuestros problemas, de nuestro sufrimiento.

El budismo no es cuestión de ideología, no es algo a lo que nos podamos convertir, ni tampoco algo que podamos traducir o importar, solo se puede vivir y realizar. Es un error pensar que el budismo viene de otra parte, que se viste distinto, que habla otro idioma. Si tenemos mente, si pensamos, si somos conscientes, entonces somos como el Buda. Si tenemos el propósito de estudiarnos a nosotros mismos a través de la experiencia en sí, sin interponer filtros ideológicos conceptuales o emocionales entonces podremos ser unos practicantes del budismo y de la meditación.

Al arte de ser consciente en la experiencia, de concientizarnos de lo que es, se le llama meditación. A través de ella podemos descubrir lo que somos, no como una explicación sino como un acto de “ser”. Esto no es cuestión de fe o de creencias, es cuestión de descubrir algo, de des- cubrir. Es decir no es cuestión de ponernos algo, de añadir algo a nuestra colección de ideas y pensamientos sino mas bien de simplificarnos completamente, de des-cubrirnos completamente.

Es por esto que no podemos decir que el budismo se ha importado a Colombia. Tal vez hay técnicas de meditación, instrucciones y maestros que vengan de otras partes, pero nuestras mentes, nuestras experiencias, son nuestras.

El hecho de que la palabra budismo sea nuevas en Colombia puede parecer como un atentado a nuestra tradición, a nuestra autenticidad.

¿Por qué estos nombres, por qué estos textos extranjeros, por qué estas ceremonias? El caso creo, puede ser algo similar a lo que sucede con la agricultura. Aquí en Colombia tenemos plantas, semillas y una flora propia. Estas semillas tienen un poder germinativo natural, un proceso de desarrollo natural, nadie nos ha enseñado a hacer crecer una planta. Sin embargo, hay métodos y prácticas que pueden proporcionar un ambiente más adecuado para que estas plantas se desarrollen mejor. Muchas técnicas agrícolas pueden venir de otros paises, de otras culturas, pueden tener nombres extranjeros, aquí simplemente las ponemos en práctica para descubrir si funcionan o no.

Así como la agricultura no se ha inventado el crecimiento de las plantas el budismo no se ha inventado el desarrollo espiritual. El budismo es la suma de los conocimientos acumulados por seres altamente dotados durante más de 2.500 años de experiencia. Es conocimiento sobre la forma más propicia para que este desarrollo se presente en forma natural. Dentro de este contexto vemos la importancia que tiene el budismo tibetano, donde a través de los siglos, se estudió, se practicó y se trasmitieron las enseñanzas en un ambiente descontaminado de presiones políticas, económicas, militares y religiosas. Estas experiencias fueron trasmitidas en forma ininterrumpida y directamente de maestro a discípulo garantizando así su pureza, no como un dogma sino como una experiencia viva y actualizada. La experiencia que se acumulo es el resultado de muchas generaciones de gente dedicada exclusivamente al estudio de la mente. Es por esto que el budismo tibetano es un tesoro para la humanidad, más aun que las grandes ciencias occidentales, que no apuntan tan directamente como el budismo hacia nuestra felicidad.

Aquí en Colombia la modernización nos ha alejado cada vez más de nosotros mismos, de nuestra naturaleza espiritual, de nuestros valores morales. Aunque hemos progresado materialmente hoy en día nos encontramos en una situación deplorable. El crimen, los robos, el fraude, se han vuelto tan comunes que son una forma de vida para muchos. La desorganización que existe y la falta de consideración de los unos con los otros son un indicio de que padecemos graves problemas mentales. En general estamos sumidos en el mundo del egoísmo, la competencia, la avaricia y la agresividad. El sufrimiento que esto genera es una enfermedad que todos padecemos. Como sociedad humana nos estamos suicidando, estamos agonizando. Todos los días hay víctimas de los desequilibrados mentales que no se pueden recuperar, hay miles de personas en agonía solitaria.

La espiritualidad no es un romanticismo, ni un recurso de los débiles, ni algo simplemente conveniente, es una realidad palpable, una necesidad imperante. Somos seres espirituales con grandes cualidades innatas, basta con que nos descubramos a nosotros mismos para apreciar el extraordinario potencial que tenemos. Somos la semilla de los sentimientos mas profundos, de las aspiraciones más nobles, de la sabiduría y de la bondad. Tenemos la capacidad de crear un mundo digno y sano, de abandonar el egoísmo y la agresión, de abandonar el sufrimiento. Tan solo tenemos que saber como hacerlo, como propiciar el ambiente adecuado, como descontaminar y purificar nuestras mentes.



From: Mandala No. 10 (1996)


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