Arquitectura, iconografía y liturgia



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Sebastián, Santiago. Arquitectura, iconografía y liturgia. Madrid: Ed. Encuentro, (1994) 1996.

EL SIMBOLISMO, LOS CENTROS MICROCOSMICOS Y EL ESPACIO
El proceso de simbolización
Las sensaciones que el hombre percibe reflejan un mundo sin significados, pero gracias a su sistema psíquico las transforma en objetos significativos y emotivos. El hombre se sirve de tales objetos para resolver primero su alimentación y cobijo, y luego los problemas referidos al sentido trascendente de su persona, de ahí que mire al cielo y transforme los astros en símbolos, a los que invocará para pedir protección y ayuda.
El simbolismo interesa aquí como fuente de conocimiento, y como tal orientación metodológica fue corriente en el mundo occidental hasta el siglo XVIII. Ha de quedar bien claro que es consustancial al ser humano el pensamiento simbólico, y no sólo es exclusivo, según se dice, del niño, del poeta y del desequilibrado. Como tal tarea no es un trabajo de pura erudición, el estudio del simbolismo interesa para el conocimiento del hombre mismo, de ahí que importe especialmente a quienes se planteen una nueva antropología, así que ciencias como la estética, la psicología, la historia, etc., habrán de tener en cuenta los resultados de la historia de las religiones, de la etnología, etc. Pocos tan calificados como los historiadores de las religiones para avanzar en el conocimiento de los símbolos, ya que poseen una documentación completa y coherente que procede de las propias fuentes del pensar simbólico.
El hombre necesita dar a lo imperceptible una forma perceptible, por ello la simbolización se produce en un contexto misterioso, ya que el objeto simbolizado tiene algo de inaprensible. Al respecto ha dicho Costa: «la simbolización facilita espontáneamente una respuesta ante las fuerzas hostiles de la naturaleza, frente a los misterios del cosmos y de la vida y la muerte. La simbolización es un recurso del inconsciente, natural y espontáneo, por tanto, dispuesto a compensar el hecho de que el hombre es incapaz de comprenderlo todo»1.


El concepto de símbolo
La palabra símbolo viene del griego “ “, que deriva del verbo “ “, con el sentido de reunir, hace referencia por Canto a algo compuesto de dos2. El hombre tiene que recurrir al símbolo para expresar una realidad abstracta, un sentimiento o una idea, que es invisible a los sentidos empleando para ello imágenes u objetos. El hombre recurre al símbolo por el deseo misterioso de trascender su estado, es una actividad psíquica tan natural y espontánea como las mismas funciones psicológicas. Es obvio que las religiones y algunos sistemas de pensamiento hayan recurrido a los símbolos para actuar directamente sobre los problemas del hombre.
El hombre para vivir tiene que adaptar las condiciones de su propia vida al universo, que no es físico sino simbólico como demuestran el lenguaje, el mito, el arte y la religión. Movidos por un imperativo ético grandes pensadores definieron al hombre como animal racional, pero Cassirer señaló que tal termino es inadecuado para abarcar la vida cultural humana, así concluye: -en lugar de definir al hombre como un animal racional lo definiremos como, un animal simbólico»3.
No se puede dar un método de lectura de los símbolos aun para los que se dedican a su estudio, no se los puede codificar con arreglo a un diccionario, sólo es posible aproximarse a ellos de forma intuitiva. Es decir, que se los alcanza por medio del inconsciente y en determinados momentos de claridad mental. Difícilmente los podremos explicar con nuestro vocabulario filosófico porque el símbolo es una llamada a una posibilidad poética cuando por poesía se entiende toda actividad creadora inconsciente.
El poder psicológico del símbolo radica tanto en la magia de sus formas como en las necesidades del espíritu humano. Precisamente, la enorme riqueza del símbolo nace de su apertura hacia el mundo, por un camino que va mas allá de la razón, por ello usamos términos simbólicos para presentar conceptos que no podemos definir o comprender del todo. Para aprehender los objetos del mundo, lo mejor es identificarse con ellos como hace el hombre primitivo; los esquemas del pensamiento de este hombre no son comparables a los nuestros porque para él no hay separación entre lo que llamamos objetivo y subjetivo. La lectura del símbolo no puede hacerse porque sea una forma de lenguaje reservada a los iniciados sino porque se trata de una llamada al inconsciente. La forma mas inmediata y privilegiada de comunicación con lo desconocido son la imaginación y el sumo.
Mircea Eliade, el conocido historiador de las religiones, ha destacado los factores que han contribuido al auge del estudio del simbolismo en el siglo XX. Por una parte los descubrimientos de la psicología profunda, pues la actividad del inconsciente se manifiesta a través de imágenes, que revelan situaciones de la consciencia que esta no puede reconocer; por otra parte después de la primera guerra mundial hubo un renacer de las experiencias poéticas por causa del surrealismo, que familiarizaron al público culto con las experiencias oníricas. El citado historiador ha destacado como el estudio profundo de las religiones lleva inevitablemente al simbolismo.

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1 J. Costa: La imagen y el impacto psico-visual. Barcelona, 1971, p. 41.

2 R. Alleau: De la nature des symboles. París, 1958, p. 11.

3 E. Cassirer: Antropología filosófica. Tr. México, 1945, p. 49.

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El lenguaje de los sueños
Hay muchas cosas que están más allá del entendimiento humano, así que usamos constantemente términos simbólicos para representar conceptos que no podemos definir o comprender del todo. Esta es la razón por la cual todas las religiones emplean un lenguaje simbólico, aunque no hay que pensar que todos los símbolos tengan una motivación religiosa, pues el hombre crea símbolos inconsciente y espontáneamente. Al respecto decía Jung: «el aspecto inconsciente de cualquier suceso se nos revela en sueños, donde aparece no como un pensamiento sino como una imagen simbólica»4.
Sabemos que el hombre jamás percibe cosa alguna por entero; aunque puede ver y tocar, sus sentimientos limitan la percepción del mundo que le rodea. Además hay aspectos inconscientes a nuestra percepción. Los sentidos reaccionan ante fenómenos visuales o sonoros que son trasladados desde el reino de la realidad al de la mente, pero dentro de ésta se convierten en sucesos psíquicos cuya naturaleza última no puede conocerse, entre otras cosas porque la psique no puede conocer su propia sustancia psíquica. Cada hecho o fenómeno es desconocido en ciertos aspectos porque no podemos conocer la naturaleza última de la propia materia. Además, hay ciertos sucesos de los que no nos damos cuenta ya que están ocultos en las zonas oscuras de la consciencia. El único medio de llegar a estas zonas oscuras es el sueño, y por regla general el aspecto inconsciente de cualquier suceso se nos revela en sueños, donde aparece no como un pensamiento racional sino como una imagen simbólica. El estudio de los sueños fue lo que facilitó primeramente a los psicólogos el investigar el aspecto inconsciente de los sucesos de la psique.




Es absurdo admitir que nuestro conocimiento actual de la psique sea completo, pues hay grandes zonas de la mente humana que están sumidas en las tinieblas. Nuestra psique es parte de la naturaleza y su enigma es ilimitado, por tanto no podemos conocer con precisión la psique ni la naturaleza. Sólo afirmamos lo que creemos que son y describimos lo mejor que podemos como funcionan.
Freud fue el primero en explorar empíricamente el fondo inconsciente de la consciencia. Trabajó bajo la suposición de que los sueños no son algo casual sino que están asociados con pensamientos y problemas conscientes. En un principio averiguó que ciertos síntomas neuróticos como la histeria, ciertos tipos de dolor y la conducta anormal tienen un significado simbólico. Freud empleó la técnica de la «asociación libre» y redujo los sueños a ciertos tipos básicos. Tal técnica desempeñó un papel importante en el desarrollo del psicoanálisis ya que le permitió utilizar los sueños como punto de partida desde el cual explorar el inconsciente del paciente.
Jung empezó a dudar del método freudiano de la «asociación libre» para concentrarse en el significado propio del sueño. A Jung no le interesaban los complejos del paciente, sino una finalidad de mayor alcance por el papel importante que desempeñan los sueños y sus imágenes simbólicas. Este pensamiento hizo cambiar de dirección su investigación psicológica: «significó que paulatinamente renunció a las demás asociaciones que alejaban del texto del sueño, en la creencia de que lo último expresaba algo específico que el inconsciente trataba de decir»5.
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4 C. Jung: El hombre y sus símbolos. Tr. Madrid, 1969, p. 23.

5 C. Jung: El hombre y sus símbolos. Tr. Madrid, 1969.

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Algunos de los símbolos oníricos derivan de lo que Jung llamó el "inconsciente colectivo", es decir, esa parte de la psique que conserva y transmite la común herencia psicológica de la humanidad. Estos símbolos son desconocidos para el hombre moderno, que no puede entenderlos ni asimilarlos directamente. Las analogías que hay entre los mitos antiguos y las historias que aparecen en los sueños de los hombres modernos no son accidentales, existen porque la mente del hombre moderno conserva la capacidad de crear símbolos que en otro tiempo encontró expresión en las creencias y ritos del hombre primitivo. Algunos símbolos se refieren a la adolescencia o infancia; otros a la madurez y otros, finalmente, a la ancianidad, cuando el hombre se prepara para su muerte inevitable.
Cuando el psiquiatra actual examina los símbolos producidos por el inconsciente puede identificar e interpretar esos símbolos en un contexto que les dé perspectiva histórica y también significado psicológico. El hombre moderno lleva supervivencias de una mitología abundante, y si no se quiere reconocer que la vida del hombre actual está llena de mitos y de símbolos es porque el hombre se ha ido desacralizando, aunque conserva las matrices de la imaginación.
Mircea Eliade dice que puede intentarse una renovación espiritual del hombre moderno por medio de estas imágenes, aunque estén gastadas, ya que este sigue alimentándose de ídolos aunque se hallen caídos. Es, pues, tarea del hombre moderno poner en juego el rico tesoro de imágenes que lleva consigo para contemplarlas en su pureza virginal.


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