Aquel pablo de tarso



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AQUEL PABLO DE TARSO

Temario de reflexión y divulgación
para
EL AÑO DE SAN PABLO
2008 - 2009

Pedro García, Misionero Claretiano

SAN SALVADOR, El Salvador

Algo familiarmente…


Hice este trabajo sólo para Radio Claret de Panamá

y para las Emisoras Católicas de Centroamérica.

En modo alguno para Internet.

Pero la Srta. Leticia Soberón,

Presidenta de R.I.I.A.L.

en el Pontificio Consejo de las Comunicaciones Sociales del Vaticano,

y Dña. Lucre de Planas, Directora de Catholic.net,

con las cuales he trabajado estrechamente durante mucho tiempo,

enteradas del proyecto, me lo han exigido.

Sigo pensando que para Internet, no.

Hubiera requerido más tiempo, más estudio, mejor elaboración.

Veremos qué hacen ellas.

Desde luego, harán cualquier cosa, menos ceder en la suya…
Por mi parte, entregaré el texto escrito en CD

a las Emisoras que me lo pidan.

Lo puede lanzar cualquier locutor.
Aunque, para facilitar la emisión radiofónica,

mi buen compañero el P. José Sentre Cmf

lo ha grabado en audio,

montado por el amigo Oscar Bello.

El Señor les premie su colaboración tan desinteresada.
pedrogarcia@radioclaret.net

josentre@gmail.com


Parroquia del Corazón de María

79 Avda. Sur, 200

SAN SALVADOR, El Salvador C.A.

PRESENTACION
El Papa Benedicto XVI nos sorprendió gratamente a todos cuando estableció el Año del Apóstol San Pablo, comprendido entre las fechas 28 de Junio del 2008 al 29 de Junio del año 2009. Bien valía la pena conmemorar el Bimilenario del nacimiento de Pablo, el hombre más providencial que Dios regaló a la Iglesia naciente.
El Papa pedía “estudios y publicaciones especiales acerca de los textos paulinos, con vistas a dar a conocer cada vez mejor la inmensa riqueza de la enseñanza que contienen, auténtico patrimonio de la humanidad redimida por Cristo”.
De estas palabras del Papa surgió la idea del modesto trabajo que ahora emprendemos en Radio Claret de Panamá: un sencillo programa para las Emisoras Católicas de nuestra Centroamérica y de cuantas otras quieran aprovecharlo.
Este programa pretende dar a conocer la vida del Apóstol y exponer en plan popular la doctrina cristiana de sus cartas inmortales, las catorce clásicas, incluida la de los Hebreos, la cual contiene claramente de principio a fin el pensamiento paulino.
¿Y qué desarrollará nuestro programa? ¿Clases?, ciertamente que no. ¿Exhortaciones homiléticas?, mucho menos. ¿Sartas de consejos?, ni hablar… El plan es que todo se reduzca a exposiciones doctrinales, bien fundadas en la exégesis, eso sí, pero sencillas, de modo que los radioyentes ─dos veces por semana, 105 charlas─ saquen por sí mismos las enseñanzas que Pablo nos transmite a todos.
Las citas serán continuas, aunque constarán sólo en el papel y no se citarán habladas. Que con los Hechos y las Epístolas siga evangelizando el mismo Pablo, iluminando las mentes con la verdad y encendiendo los corazones en el amor de Cristo.
Pedro García Cmf

San Salvador



Febrero 23, 2008

INDICE
000. El Apóstol Pablo. - Charla Introductoria Pag. 7
001. El hombre que se presenta. Formación judía y griega 10

002. Pablo y Esteban. El celoso mantenedor de la Ley 13

003. Ante las puertas de Damasco. La conversión de Pablo 16

004. Damasco–Jerusalén–Tarso. Los primeros pasos del convertido 19

005. La Iglesia de Antioquía. Emociones a montón 22
006. La primera misión. Chipre, y adentrándose en Asia 25

007. Los judaizantes a la vista. Los tenemos que conocer 28

008. En el Concilio de Jerusalén. El triunfo de la libertad cristiana 31

009. Empieza la segunda misión. Por las tierras de Galacia 34

010. Filipos. Se abre la puerta de Europa 37
011. El mundo grecorromano. Conociendo el ambiente 40

012. Algo más sobre el Imperio. Situación social y moral 43

013. El cristiano. Fermento y semilla metidos en el Imperio 46

014. Tesalónica y Berea. El Evangelio por Macedonia 49

015. Con la Biblia en la mano. La lección de los de Berea 52
016. Atenas. Frialdad e indiferencia 55

017. A partir del Areópago. Un fracaso y una lección. 58

018. Corinto. Soñando en lo imposible 61

019. Las Cartas magistrales de Pablo. Doctor para siempre 64

020. La primera a los de Tesalónica. Ya nadie parará la pluma 67
021. A ser santos llaman. Lo primero que pidió Pablo 70

022. El Señor volverá. Otra misiva a Tesalónica 73

023. ¡Lean, tesalonicenses! Un corazón que se vuelca 76

024. Entre la segunda y tercera misión. Dejando por ahora Corinto 79

025. Éfeso. Un centro misionero sin igual 82
026. Primera Carta a Corinto. Mucha luz entre sombras 85

027. ¡Y Jesucristo Crucificado! Con el escarmiento de Atenas 88

028. El Bautismo. Pablo, el gran doctor 91

029. Una palestra de la castidad. ¡Precisamente en Corinto! 94

030. Olimpíadas cristianas. A correr los valientes… 97
031. ¡La Iglesia! A pensar como Pablo 100

032. ¡Aquí estás presente, Señor! Pablo sobre la Eucaristía 103

033. El Espíritu en acción. Los carismas del Espíritu Santo 106

034. El himno incomparable al Amor. ¡Ese capítulo trece!... 109

035. La tríada gloriosa. Con las Tres teologales 112
036. ¡Pero Cristo resucitó! El fundamento de nuestra fe 115

037. Carta segunda a los Corintios. Seguían las inquietudes 118

038. Reconciliados. De enemigos, amiguísimos de Dios 121

039. Hacia la Ciudad futura. La ilusión más grande 124

040. Urgidos por el amor. Amor DE Cristo, amor A Cristo 127
041. Servidor y apóstol. La conciencia misionera de Pablo 130

042. Pablo, ¡qué apóstol! Cómo se retrata a sí mismo 133

043. En la Trinidad Santísima. Cómo nos habla Pablo 136

044. Seguimos en Éfeso. Aquella puerta tan ancha… 139

045. La carta a los Gálatas. Tan queridos y tan volubles 142
046. En Cristo Jesús. Esta insondable expresión paulina 145

047. Con las llagas de Cristo. Y con Pablo, otros y otros… 148

048. ¿Está María en San Pablo? ¿Probamos a ver?... 151

049. Con las obras del Espíritu. El vencedor de todo el mal 154

050. En la Cruz de Cristo. Sin altas teologías 157
051. La carta magna a los Romanos. Lo mejor de lo mejor 160

052. ¡Fe! Vivir de la fe. El tema de toda la carta 163

053. ¿Arrancar del pecado? Extraño, pero así es 166

054. ¿Qué es eso de Justicia? En Pablo, continuamente 169

055. ¡Gracias a Dios! Por la Gracia precisamente 172
056. La Esperanza que no falla. Optimismo total 175

057. El Amor en nuestros corazones. Derramado a torrentes 178

058. Hijos y herederos. ¿Valoramos lo que somos? 181

059. ¡Ese octavo de los Romanos! La página cumbre de Pablo 183

060. Los Judíos. Gloria, caída y esperanza del gran pueblo 187
061. Una hostia con Cristo. Esto es la vida del cristiano 190

062. Los apóstoles laicos. Pablo, animador y maestro 193

063. De Tróade a Mileto y Jerusalén. El viaje tan problemático 196

064. Una Eucaristía en el viaje. Toda la noche en vela 199

065. En la temida Jerusalén. Lo que tenía que suceder… 202
066. El preso de Cesarea. Dos años interminables 205

067. ¡Irás al César! Pablo se decide, y apela 208

068. La tempestad espantosa. Las aventuras de aquel viaje 211

069. ¡Por fin, en Roma! El sueño más acariciado 214

070. Procesado y absuelto. Apóstol entre las cadenas 217
071. La carta a los Filipenses. Corazón de punta a punta 220

072. ¿Nuestra mística? ¡Jesucristo! Invariable en Pablo 223

073. El amor fraterno. Insistencia continua 226

074. Trivialidades de la vida. La virtud cristiana 229

075. Filemón. Sembrando la libertad 232

076. A los de Colosas. Jesucristo sobre todo 235

077. Cristo en Colosenses. Grandezas y un compromiso 238

078. Resucitados con Cristo. Somos seres celestiales… 241

079. Cristo x Adán. O uno u otro… 244

080. Una lección machacona. La Oración en San Pablo 247
081. Ceñidos por el amor. El principio, el medio y el fin 250

082. La carta a los Efesios. Páginas sublimes 253

083. Predestinados y elegidos. De eternidad a eternidad. 256

084. Santos, inmaculados, amantes. Así nos pensó Dios 259

085. ¡Ven, Espíritu Santo! El único Espíritu de la Iglesia 262
086. ¡Viva la Vida de Dios! “Llenos de Gracia”, como Aquélla… 265

087. El “Misterio” de Cristo. Un secreto revelado 268

088. Pablo, el héroe de la humildad. El menor que el más pequeño 271

089. ¡Perfectos! Nada de medianías. El crecimiento en Cristo 274

090. El Matrimonio cristiano. Un misterio grande 277
091. Pablo y sus colaboradores. Un equipo magnífico 280

092. Primera carta a Timoteo. A dirigir bien la Iglesia 283

093. Dios nuestro Salvador. Bondad sobre bondad 286

094. Un solo Mediador. Gozo, confianza y seguridad 289

095. Soldados. En Pablo, ya se sabe… 292
096. Jesucristo. La clave del arco 295

097. Tito. Estás en un puesto difícil… 298

098. Jesucristo más y más… El inagotable Pablo 301

099. Hebreos. Con muchas ideas de Pablo 304

100. Sacerdote y Víctima. Y el cristiano con Cristo 307
101. Tras el Jefe y el Guía. ¡A perseverar! 310

102. Timoteo, ¡ven!... Un testamento de Pablo 313

103. He terminado mi carrera. Pablo en el final 316

104. Dinos, Pablo, ¿tú, quién eres?... Estamos de despedida 319
000. El Apóstol Pablo. Charla Introductoria

¡Ya vemos, queridos amigos y amigas radioyentes, el regalo que el Papa nos ha hecho con la proclamación del Año Jubilar de San Pablo por el Bimilenario de su nacimiento!...


Este Año es una gracia especial para toda la Iglesia. Se celebrarán Congresos, Asambleas de Estudios, Convenciones de Apostolado, Peregrinaciones devotas y Actos de Culto solemnes…
Nosotros, desde nuestras casas, desde nuestros puestos de trabajo e iglesias particulares, estaremos de corazón en todas esas celebraciones.
Aunque queremos hacer también algo más.

Como simples cristianos de a pie, nuestra participación en el Año de Pablo será sencilla, pero eficaz.

Queremos conocer mejor la figura y la persona de Pablo.

Queremos imbuirnos de la sabiduría cristiana de sus cartas inmortales.

Queremos acrecentar nuestro amor a Jesucristo bajo la guía del hombre más apasionado que ha tenido el Señor.
Y todo esto lo vamos a hacer y a conseguir siguiendo un programa de radio sobre la Vida, las Cartas y los ejemplos del Apóstol.

Un programa eminentemente popular.

Que lo podamos entender todos.

Que se clave en nuestras mentes.

Que anide en nuestros corazones, por el amor que nos transmitirá a Nuestro Señor Jesucristo y por lo que nos va a estimular en la praxis de la vida cristiana.
Será Pablo quien nos seguirá evangelizando con sus propias palabras, con el acento inconfundible de su voz, con la energía de su carácter y con el fuego que pone al hablar de la Persona y de las cosas del Señor Jesucristo.
¿Quién fue San Pablo?, nos empezamos preguntando hoy.

Pablo fue un apóstol que no conoció de vista a Jesús; pero lo vio Resucitado cuando el Señor se le apareció ante las puertas de Damasco.

Y Saulo, Pablo, que era el perseguidor más furibundo del Crucificado y de sus seguidores, se convirtió en su amante más apasionado, en su evangelizador más ardiente, en la figura más grande y emblemática de su Iglesia.
¿Y qué decir de Pablo?... Lo iremos viendo a lo largo de nuestro programa.

Los Hechos de los Apóstoles, uno de los libros más bellos de toda la Biblia, nos recordarán escenas y aventuras interesantes por demás.

Sus Cartas ─lo más rico en doctrina que la misma Biblia encierra sobre Jesucristo y su misterio─, nos irán descubriendo horizontes cada vez más vastos sobre la Persona de nuestro divino Salvador.

Y los ejemplos de su vida admirable nos estimularán a llevar una conducta cristiana generosa e intachable.


La figura de Pablo se nos presenta, ante todo, como la del gran amante de Jesucristo, y empieza con esta confesión: “El amor de Cristo me urge”, me apremia, me empuja, no me deja parar (2Co 5,14)
Por eso ─sigue confesando Pablo─, “considero todas las cosas como una pérdida, comparadas con la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús mi Señor; y las tengo todas por pura basura a cambio de ganar a Cristo” (Flp 3,8)
Siente de tal manera a Cristo dentro de sí, que dice frases tan atrevidas como ésta: “Vivo yo, pero es que ya no soy yo quien vive, sino que es Cristo quien vive en mí” (Co 2,20)
Y continúa diciendo lo que a nosotros nos parece el último disparate, lo que nunca diríamos nosotros: que tiene ganas enormes de morir. -¿Qué me interesa seguir en el mundo? ¡Venga la muerte cuanto antes!... Porque “mi vivir es Cristo, y deseo ardientemente morir y estar con Cristo, que para mí me resultaría una enorme ganancia” (Flp 1,21)
Tanto amaba a Jesús, que no detiene su lengua ni su pluma al lanzar la maldición más trágica ─aunque también la más simpática y más bella─, cuando dice: “El que no ame a nuestro Señor Jesucristo, que sea maldito” (1Co 16,22)
Y exclama en un arrebato sublime: “¿Quién nos separará del amor de Cristo? Ni la tribulación, ni la angustia, ni la persecución, ni el hambre, ni la desnudez, ni los peligros, ni la espada… ¡Nada! Ni la muerte, ni la vida, ni criatura alguna podrá separarnos del amor de Dios que tenemos en Cristo Jesús, Señor nuestro” (Ro 8,35-39)
Ese Pablo, que así vivía de Cristo y para Cristo, fue un hombre místico que había sido arrebatado por Dios en visión a lo más alto del Cielo, y confesaba:

“Vi tales cosas y escuché palabras tan inefables, que al hombre le resultan imposible el referir” (2Co 12,4-5)


Con una espiritualidad semejante, parece que Pablo fuera un hombre sólo para el Cielo, un ser extraterrestre.

Pero, no; Pablo era muy humano, se mostraba todo un caballero, y quería que los cristianos fueran tal como los describe él mismo:

“Hermanos, tengan en mucha estima todo lo que hallen de verdadero, de justo, de santo, de amable, de elogiable; toda virtud y todo lo que merece alabanza. Practiquen todo lo que aprendieron de mí, lo que recibieron de mí, lo que oyeron de mí, lo que vieron en mí” (Flp 4,8-9)
Se considera a sí mismo una verdadera estampa del Señor, hasta atreverse a decir: “Imítenme a mí, como yo imito a Jesucristo” (1Co 11,1)

Los heroísmos de su vida podrían hacernos estremecer: viajes cansadísimos, naufragios, asaltos de ladrones, muchas noches sin dormir, azotes sin cuento, cárceles tenebrosas, trabajos agotadores, fatigas continuas, muchos días sin comer, con frío y desnudez, o con calores inaguantables, sin contar sus enfermedades tan penosas (2Co 11,23-27)


Pero Pablo lo miraba todo en su desenlace final, merecedor de una gloria inmarcesible e interminable:

“Estas tribulaciones, momentáneas y ligeras, nos producen con exceso incalculable un eterno caudal de gloria. Por eso no ponemos nuestra mirada en las cosas que se ven, sino en las que no se ven; pues las que se ven son pasajeras, pero las que no se ven son eternas” (2Co 4,17-18)


Así nos puede decir a todos:

-¡Animo! Miren a los corredores del circo y a los atletas de las Olimpíadas: “Los atletas se abstienen de todo. Y ellos, al fin y al cabo, para ganar una corona de laurel que se marchita; en tanto que nuestra corona será inmarcesible” (1Co 9,25)


Entre el amor a Jesucristo, sus ansias por la vida eterna, y el hambre que siente por la salvación de todos sus hermanos, judíos y gentiles, hacen del Apóstol Pablo una figura excepcional, la más admirada y quizá también la más querida en la Iglesia.
Este es el Pablo que vamos a ver en nuestro programa. ¿Vale la pena vivirlo?... Siguiendo la senda que nos indica el Papa en este Año Jubilar de San Pablo, ¡cuántas y cuántas gracias vamos a reportar para nuestra vida cristiana!...
001. El hombre que se presenta. Formación judía y griega
¿Quién es Pablo?... Podríamos calificarlo con estas palabras: Un judío perfecto y helenizado, que, hecho cristiano, se convierte en la figura más notable de la Iglesia.
¿Un judío perfecto? Así es, y el mismo Pablo se gloría de ello: Esos mis enemigos, “¿son judíos? ¿son israelitas? ¿son descendientes de Abraham? ¡Pues, yo también! (2Co 11,22). “Hebreo e hijo de hebreos, de la tribu de Benjamín, circuncidado al octavo día de haber nacido, e intachable en cuanto a la observancia de la Ley” (Flp. 3,5-6). “Soy judío nacido en Tarso de Cilicia, pero educado en esta ciudad de Jerusalén, instruido a los pies de Gamaliel, lleno de celo por Dios” (Hch 22,3). “Viví como fariseo, conforme a la secta más estricta de nuestra religión” (Hch. 26,5). A judío no me gana nadie…
¿Ha podido Pablo decirnos más sobre su condición judía?

Sin embargo, Pablo nació lejos de Palestina. Su padre, o más probablemente su abuelo, emigró a Tarso de Cilicia, enclavada en el Asia Menor, que era Provincia Romana.

Aquí nació Pablo, judío tan judío, y venía al mundo con ciudadanía romana en un país dominado completamente por la cultura griega.

Esa ciudadanía romana y esa cultura griega le resultarían a Pablo providenciales.


Tarso era una ciudad importante, próspera, muy culta.

Entre calles cerradas por esbeltas columnas, pululaban los filósofos que repartían baratamente sus doctrinas.

Contaba con gimnasios, teatros, academias, templos a los dioses de las tribus indígenas y a las divinidades del Olimpo.
Judío ante todo, y con estricta formación judía, Pablo aprende desde pequeñito a recitar cada mañana el Shemá:

“Escucha, Israel: Yahvé es nuestro Dios, el único Yahvé. Y amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con todas tus fuerzas” (Dt 6,4)


Niño precoz, desde los cinco años, sentado a los pies del rabino en la escuela que tiene establecida la sinagoga, aprende a leer el hebreo con la Biblia.

En estos años primeros, toda la enseñanza se reduce a escuchar las historias de Israel, las gestas de su pueblo, las hazañas de sus héroes.

Va a esa escuela cada día por las calles bajo la guía del “pedagogo”, un criado que lo lleva de la mano y lo deja metido en la clase hasta que vuelva a recogerlo.
A los diez años, entra en una nueva etapa de formación.

Ahora ya no son preciosamente las historias bíblicas lo que ha de aprender y recordar, sino que entra a saber la tradición oral de la Ley, con los innumerables preceptos que los escribas y rabinos habían entretejido entorno a la Ley propiamente de Dios:

-¡No hagas esto! ¡No hagas aquello! ¡Observa el sábado así! ¡Estos son los animales impuros que no puedes comer!”...
Esta enseñanza no era nada nueva para Pablo, el cual aprendía en las clases de muchacho lo que había visto practicar desde siempre en su familia intachable.

Aprende la Biblia hebrea y también la traducción griega de los Setenta, que llegará a sabérsela y citarla prácticamente de memoria.


Junto a la cultura judía, Pablo aprende el griego en el trato con la gente, lengua que después va a dominar a perfección.

En ese trato con los demás se va infiltrando dentro del muchacho tan despierto lo mucho bueno que atesora la cultura griega.

Oye al azar a maestros griegos que repiten dichos de los antiguos filósofos.

Sabe cómo se desarrollan las carreras y competencias del circo.

Se entera de los misterios que practican las otras religiones.

No se contamina con nada inmoral, pero se le quedan grabadas en la mente mil maneras de formas sociales dignas de respeto e imitación.


A la par de esta formación religiosa y humana, Pablo se ejercita en un oficio o profesión.

Los rabinos más famosos se gloriaban de ejercer a la vez la profesión de Maestros de Israel junto con el oficio de un trabajo manual. Como aquel Doctor de la Ley que llevaba de adorno, colgado de una oreja, un pequeño martillo que acreditaba su labor de carpintero…


Todos los judíos conocían bien algunos principios clásicos.

Como éste: “Es hermoso el estudio de la Thorá, acompañado de una ocupación profana”.

Y este otro más severo: “Quien no enseña a su hijo un oficio, le enseña a ser ladrón”.
Irrenunciable en toda familia judía, el trabajo era una cosa sagrada, y Pablo aprendió lo que era probablemente el oficio de su padre, con taller propio: tejedor de lonas para tiendas de campaña y piezas duras para vestir, destinadas sobre todo a la gente campesina.

Los numerosos rebaños de cabras, que pastaban más allá de las montañas del Tauro, proporcionaban con su pelo rígido material abundante para aquella industria.


A los quince años se ha de meter Pablo en el estudio de la Biblia con una doctrina ya superior. Y es ahora cuando su padre ─que por lo visto era un judío, si no rico, al menos bien acomodado─, le propone al muchacho ir a Jerusalén, donde están las escuelas superiores y más acreditadas del judaísmo.

Podemos imaginarnos la ilusión enorme de Pablo al encontrarse en la Ciudad Santa, en la que escoge la escuela del respetadísimo rabbí Gamaliel, nieto del famoso Hillel, que formó la escuela más prestigiosa, más moderada y más seguida del pueblo.


Las clases se desarrollaban en casa del Rabino, o más bien en la explanada del Templo.

Sentado el maestro en un pedestal y recostado en la columna, tenía a sus pies sentados en el suelo a los alumnos que escuchaban atentos, proponían, discutían y sacaban sus propias conclusiones.

Pablo va a resultar un alumno aplicadísimo y un maestro consumado. La Biblia la va a dominar al dedillo y la va a saber aplicar magníficamente en todas sus enseñanzas.
¿Cuántos años siguió Pablo en Jerusalén como discípulo de Gamaliel? No lo sabemos. Pablo fue a Jerusalén algo antes del año 20, y estaría allí unos cinco años.

Para cuando Jesús inició su predicación el año 28, Pablo ya había regresado a Tarso; por eso, es difícil que Pablo conociera de vista a Jesús.

Pablo volvió después a la Ciudad Santa como maestro de la Ley, en la cual empezaba a destacar de manera notable.

De hecho, vamos a encontrar a Pablo en Jerusalén, de manera cierta, el año 34, cuando la muerte de Esteban.


Aquí nos quedamos hoy: con un Pablo judío de la diáspora, muy formado en la lengua y cultura griegas, pero, sobre todo, sobresaliente en la cultura hebrea.

Hubiese sido un gran Maestro de Israel, de no haber venido después una intervención de Dios tan fuera de serie...

Pablo era un judío excepcional, pero abierto a todos los horizontes del mundo.
En adelante, vamos a seguir paso a paso las andanzas de este coloso, desde su conversión a Cristo hasta que veamos rodar su cabeza por tierra en las afueras de Roma.




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