Apuntes sobre técnicas, procedimientos y normas de eia


PARTE 2ª TÉCNICAS DE EVALUACIÓN AMBIENTAL



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PARTE 2ª TÉCNICAS DE EVALUACIÓN AMBIENTAL




2.1. Bases documentales para conocimiento del proyecto y entorno territorial y humano

La implantación del proyecto en el territorio tiene unas exigencias que son optimizadas, a priori, por el propio promotor. Estas exigencias varían en función del tipo de proyecto (ej. el mejor trazado si se trata de una vía de comunicación; la existencia de recurso aprovechable si se trata de una actividad minera o extractiva).


A pesar del interés por un comportamiento distinto, la verdad es que solamente en pocas ocasiones se parte también de la optimización de las variables ambientales para la ubicación de los proyectos de obras, instalaciones o actividades. Dicho de otra forma, no suele realizarse un estudio previo de alternativas de ubicación, sino que los proyectos tienen previamente un ámbito geográfico prefijado.
En esta situación, la labor del evaluador ambiental exige de forma inicial un conocimiento del entorno ambiental del proyecto. Esto ha de materializarse en la investigación de la realidad ambiental desde tres perspectivas: (1) el territorio y sus ecosistemas como soporte de la actividad; (2) la población potencialmente afectada, de modo directo o indirecto (a través de un proceso que bien puede estar integrado con el punto 1 relativo al territorio, adquiriendo de esta forma una integración más ambiental del concepto de territorio); y (3) la tipología del proyecto en orden a prevalorar los potenciales impactos ambientales derivados de la puesta en marcha y operación del mismo.
Si bien es conveniente que los evaluadores dispongan de información y conocimientos previos sobre el entorno, algo que viene siendo denominado sensibilidad territorial, lo normal es que no dispongan de toda la información sobre los aspectos mencionados. Por ello, debe realizarse inicialmente un vaciado de información sobre las tres perspectivas indicadas en el párrafo anterior.
En cualquier caso, se hacen imprescindibles los barridos de información en los siguientes apartados:

  1. normativa regional y local referida directamente a evaluación de impacto ambiental, y otra normativa de carácter ambiental;

  2. consulta previa a la administración ambiental competente sobre aspectos más sensibles del territorio y la población en que prevé realizarse el proyecto;

  3. consultas en el ámbito de la administración local en que se ubique el proyecto;

  4. barrido de documentación y bibliografía disponible en ámbito general y especialmente en ámbito regional o local: institutos de investigación, universidades, y otros organismos gubernamentales o no gubernamentales;

  5. investigación preliminar de las tecnologías y procesos ligados a la ejecución del proyecto y a su ciclo de vida.

No obstante, conviene señalar que, a pesar de la importancia de las consultas documentales, bibliográficas y cartográficas, estas no constituyen en sí el objeto de la evaluación sino que forman, meramente, parte de la documentación de origen necesaria para establecer la evaluación.




2.2. Elaboración de modelos conceptuales del proyecto y el territorio



Un modelo conceptual es la expresión gráfica simplificada de los elementos más importantes de la realidad que queremos representar. Los antecedentes de modelos conceptuales aplicados al campo de las ciencias y tecnologías ambientales se encuentran en los desarrollos gráficos más tempranos vinculados a la teoría de sistemas. Posteriormente han recibido un gran impulso con el desarrollo de los procedimientos de modelización matemática, que han precisado una expresión más rigurosa de las relaciones entre sistemas o subsistemas naturales.
Uno de los motivos que explica la ralentización en el desarrollo de diversas disciplinas de las ciencias ambientales se encuentra precisamente en la falta de extensión de las técnicas de definición y desarrollo de los modelos conceptuales. En particular y a modo de ejemplo, puede afirmarse que la investigación -y actuaciones posteriores- en emplazamientos industriales contaminados no ha conseguido mostrar toda su influencia e importancia por esta razón.
El modelo conceptual es una herramienta secuencial de análisis e interpretación de la realidad. Podemos empezar con un ejemplo sencillo (figura 2.2.a).

Figura 2.2.a. Modelo conceptual de una industria en el entorno de manantial


En la figura observamos, en un corte del terreno –modelo bidimensional-, la ubicación de una zona industrial, destacando los focos potenciales de contaminación de los suelos y aguas. Por debajo se ha marcado el perfil del suelo y subsuelo, distinguiendo desde el punto de vista hidrogeológico tres fases: (1) fase no saturada (suelo), (2) fase saturada con aguas subterráneas (acuífero), y (3) fase no saturada por la característica intrínseca del subsuelo de impermeabilidad (sustrato impermeable). Se indica también el punto de afloramiento del manantial, que drena el acuífero. Este modelo, aunque sencillo, constituiría una herramienta potente para empezar a analizar la posible interacción entre los focos potenciales de contaminación y la calidad de las aguas subterráneas.
Se ha comentado más arriba que un modelo conceptual es una herramienta de análisis secuencial. Esto es porque se trata de una herramienta de perfeccionamiento progresivo. En este caso nos permitiría evaluar, por ejemplo, necesidades ulteriores de investigación, o definir los sistemas de seguimiento y control de la contaminación. Una vez que se disponga de la información complementaria necesaria: caracterización de potenciales contaminantes, caracterización del suelo, espesor de la zona no saturada, calidad natural de las aguas del acuífero, calidad de las aguas del manantial, puede llegar a definirse con relativa facilidad la existencia o no de riesgo de contaminación.
El modelo conceptual del territorio y de la actividad es siempre una herramienta necesaria para iniciar el proceso técnico de evaluación ambiental. Veamos cuáles son los pasos para construir un modelo conceptual. En primer lugar debe definirse el ámbito del modelo y el modo de construcción del mismo. Para ello conviene saber con qué tipo de modelos se puede contar. Esto está generalmente en relación con la función del modelo y los datos disponibles, como se verá más adelante. En la tabla adjunta se exponen los tipos de modelos conceptuales.
La tabla puede sugerir que la tipología de modelos es muy compleja, pero esto no es así en ningún modo. Se trata solamente de los tipos que pueden surgir de combinar los criterios de: referencia geográfica (si está o no referenciado al territorio), generalidad o especifidad (si los contenidos son generales o específicos del caso), y globalidad o parcialidad (si está referido a todos los vectores de potencial impacto o integradores, o solamente a alguno de ellos).


TIPOS MODELOS

General

Específico

No referenciado

Modelo conceptual no referenciado, general (global o parcial)

Modelo conceptual no referenciado, específico (global o parcial)

Referenciado (bidimensional)

Modelo conceptual referenciado bidimensional, general (global o parcial)

Modelo conceptual referenciado bidimensional, específico (global o parcial)

Referenciado (tridimensional)

Modelo conceptual referenciado tridimensional, general (global o parcial)

Modelo conceptual referenciado tridimensional, específico (global o parcial)

Desde el punto de vista estricto de la representación o ámbito geográfico, los modelos conceptuales pueden dividirse en: (1) no referenciados espacialmente; (2) referenciados espacialmente. Los primeros establecen, sin atención a la distribución espacial, las relaciones entre: a) contaminantes o procesos potencialmente contaminantes; b) modo de exposición; c) medios afectables (generales y de detalle); y d) población expuesta. En la figura 2.2.b se muestra el modelo conceptual no referenciado (genérico) para un integrador de aguas subterráneas.


Figura 2.2.b. Modelo conceptual no referenciado (genérico) para un integrador de aguas


Como se observa en la figura, tiene carácter no referenciado porque no se ajusta a ninguna forma del terreno, es un modelo conceptual puro. Es genérico porque no ofrece datos concretos de la realidad ambiental en estudio (ej. tipo de residuos, localización del acuífero, indicadores de la biota), quiere decirse que valdría como base para el análisis de cualquier problemática en acuíferos. Y es específico porque solamente se refiere al integrador de las aguas subterráneas.
Por el contrario, los modelos conceptuales referenciados, establecen las relaciones sobre una consideración espacial de tipo teórico (caso de los genéricos) o concreta (caso de los específicos). Pueden subdividirse, a su vez, en bidimensionales (cortes, secciones tipo o perfiles longitudinales) (véase figura 2.2.a) o tridimensionales (bloques diagrama) (véase figura 2.2.c adjunta).

Figura 2.2.c. Modelo conceptual referenciado tridimensional (específico)



para un integrador de aguas subterráneas
Otra posible división de los modelos conceptuales está en el grado de adaptación a la realidad medioambiental que se está investigando. Así, puede hablarse de modelos conceptuales genéricos, aquellos en que se establecen las referencias generales posibles entre los elementos fundamentales de un modelo: origen, medios de extensión y poblaciones expuestas. El caso expuesto en la figura 2.2.b constituye también un modelo conceptual de carácter genérico. Cuando los elementos que se consideran en el modelo conceptual adquieren un carácter real y concreto, pasamos al campo de los modelos específicos. Un ejemplo de modelo conceptual específico (de tipo referenciado), se muestra en la figura 2.2.d adjunta.

Figura 2.2.d. Modelo conceptual específico (referenciado bidimensional)
Los modelos conceptuales específicos pueden presentar una amplia gama en el nivel de detalle, desde aquellos de menor detalle, conocidos como modelos conceptuales previos (o borrador de modelo conceptual), de aplicación preferente en las fases de investigación preliminar de emplazamientos contaminados, y los modelos conceptuales muy detallados en que se definen y cuantifican el conjunto de los elementos básicos considerados.
Finalmente, y dentro de la clasificación que se propone, pueden diferenciarse los modelos parciales y los globales. Los parciales son aquellos que no consideran el global de los medios o de las poblaciones expuestas. Por ejemplo, la figura 1 representa un modelo conceptual parcial, referido al integrador del medio "aguas subterráneas o acuífero". Los modelos conceptuales globales se plantean, dada la dificultad de su manejo, como agregación de distintos modelos conceptuales parciales.

Se advierte, de esta forma, que las posibilidades de elaboración del modelo conceptual están ligadas a la función que se persigue con el mismo y al nivel de disposición de datos concretos sobre el medio o la actividad.


El proceso de elaboración del modelo debe partir entonces de la selección del tipo de modelo que va a elaborarse. Esta decisión implica conocer qué quiere representarse en los tres apartados fundamentales que originan los tipos de modelos: (1) la referencia espacial; (2) la generalidad o especifidad de los datos; (3) la globalidad o parcialidad del análisis.
Para el caso de aplicación en evaluación ambiental, pensamos que es conveniente partir, especialmente cuando el evaluador comienza a evaluar una tipología de actividad no conocida, comenzar por la elaboración de un modelo conceptual no referenciado, general y global. El proceso interactivo de adquisición de datos y conocimientos del entorno y de la actividad debe llegar a materializarse en modelos conceptuales referenciados y específicos. Dentro de estos la selección de globalidad o parcialidad debe establecerse en función de la complejidad gráfica del modelo.





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