Apuntes sobre técnicas, procedimientos y normas de eia


Anexo 3. Instalaciones energéticas (centrales y minicentrales hidráulicas; parques eólicos)



Descargar 3.36 Mb.
Página22/23
Fecha de conversión10.12.2017
Tamaño3.36 Mb.
1   ...   15   16   17   18   19   20   21   22   23

Anexo 3. Instalaciones energéticas (centrales y minicentrales hidráulicas; parques eólicos)

Las instalaciones de la industria energética son muy diversas, incluyendo: refinerías de petróleo, centrales térmicas y nucleares, tuberías para transporte de gas y petróleo, líneas aéreas para transporte de energía eléctrica, aprovechamiento de energía eólica y aprovechamiento de energía hidráulica.


De todas estas, las instalaciones que están obligadas a evaluación de impacto ambiental, de acuerdo con la ley 6/2001 de modificación del RDL 1302/1986 de impacto ambiental, se incluyen en el grupo 3, industrias energéticas, del anexo I de la citada ley.

3a. Refinerías de petróleo bruto

3b. Centrales térmicas y nucleares

3c. Instalaciones de reproceso de combustibles nucleares irradiados

3d. Instalaciones diseñadas para fines de operación con combustibles o residuos radiactivos

3e. Instalaciones para producción de electricidad, vapor y agua caliente con potencia superior a 300 MW

3f. Tuberías para el transporte de gas y petróleo con diámetro superior a 800 mm y más de 40 km longitud

3g. Líneas aéreas para energía eléctrica con voltaje igual o superior a 220 kV y longitud superior a 15 km.

3h. Instalaciones para almacenamiento de productos petrolíferos mayores de 100.000 toneladas

3i. Parques eólicos de 50 o más aerogeneradores o que se encuentren a menos de 2 km de otro parque

Dentro del grupo 7 (proyectos de ingeniería hidráulica y gestión del agua) se encuentran recogidas instalaciones que pueden ser necesarias para el caso de la producción hidroeléctrica, y que señalamos.

7a. Presas y otras instalaciones destinadas a retener el agua o almacenarla permanentemente cuando el volumen nuevo o adicional de agua almacenada sea superior a 10.000.000 de metros cúbicos.

Por su parte, y dentro del apartado del grupo 9, otros proyectos, se incluyen algunos que, no alcanzando los umbrales señalados en el anexo I, también deberán someterse a EIA en caso en que se desarrollen en zonas especialmente sensibles (según referencia de Directiva 79/409/CEE relativa a la conservación de aves silvestres; o Directiva 92/43/CEE relativa a la conservación de los hábitats naturales y de la fauna y la flora silvestres; o en humedales incluidos en la lista del Convenio de Ramsar):

9.b.7. Tuberías para transporte (...) de gas y petróleo con diámetro de más de 800 mm y longitud superior a 10 kilómetros

9.b.8. Líneas aéreas para transporte de energía eléctrica con longitud superior a 3 kilómetros

9.b.9. Parques eólicos que tengan más de 10 aerogeneradores

De igual modo que el anterior, cuando se desarrollen en zonas especialmente sensibles designadas en aplicación de las Directivas 79/409/CEE y Directiva 92/43/CEE, o en humedales incluidos en la lista del Convenio Ramsar:

9.c.1. Instalaciones para la producción de energía hidroeléctrica


Por otra parte, en el anexo II de la ley, se incluyen los proyectos que deberán ser sometidos a evaluación de impacto ambiental cuando así lo decida el órgano ambiental y que son, en el ámbito de las industrias e instalaciones energéticas, entre otras:

4.a. Instalaciones para transporte de gas, vapor y agua caliente; transporte de energía eléctrica mediante líneas aéreas que tengan una longitud superior a 3 kilómetros

4.c. Instalaciones para la producción de energía hidroeléctrica

4.h. Parques eólicos no incluidos en el anexo I


Es importante destacar que las instalaciones energéticas y, particularmente las hidroeléctricas, suelen tener diversas partes que pueden ser sometidas a evaluación ambiental. Así, en una central hidroeléctrica es posible que tanto la presa, como la propia instalación de producción hidroeléctrica, como las líneas de evacuación de energía puedan ser objeto de evaluación. Esta cuestión es importante puesto que la evaluación (salvo en el caso en que se especifica la evaluación separada para líneas eléctricas) debe ser integrada de todos los elementos, teniendo en cuenta que si uno sólo de los elementos cumpliese la obligación de EIA, debería hacerse en todo el conjunto.
En el ámbito de Galicia, la tramitación de evaluación ambiental de instalaciones energéticas representa más del 30% de los expedientes que se evalúan anualmente (mediante procedimiento de evaluación de impacto o evaluación de efectos, de acuerdo con la normativa gallega). De estos, casi el 24% son de aprovechamientos hidroeléctricos, y casi el 7% de parques eólicos. Por esta razón, vamos a subdividir este anexo en dos apartados, dedicado cada uno de ellos específicamente a las tipologías de proyectos más frecuentes en Galicia.


Anexo 3.1. Aprovechamientos hidroeléctricos (centrales y minicentrales)

Una central hidroeléctrica es un conjunto de obras e instalaciones destinadas a transformar la energía potencial de un curso de agua en energía eléctrica disponible. Se consideran minicentrales aquellas con una potencia nominal instalada inferior a 10.000 KW.


Las minicentrales pueden dividirse en dos grandes grupos, según consideremos si disponen o no de regulación propia. Un río está regulado cuando se dispone de un elemento (presa o azud) con unas dimensiones que le permiten soltar o retener el caudal circulante, y modificar así el régimen ordinario de caudales circulantes por ese tramo. La regulación siempre debe estar ligada a una autorización administrativa o concesión para el uso concreto de un caudal dado. Así, pueden destacarse los siguientes tipos de minicentrales: con regulación propia y sin regulación propia.
Con regulacion propia. Son aquellas en las que se almacenan los caudales del río, gracias a la construcción de una presa o azud, para turbinarlos cuando sea preciso. Permiten, por tanto, acomodar el régimen de caudales a las necesidades energéticas, pudiendo proporcionar energía en las horas punta. En todos los casos aparecen asociadas a grandes presas, que son las que hacen posible la regulación.







Central hidroeléctrica con regulación propia



Sin regulacion propia. Son las centrales en las que, mediante sólo una toma, se desvía una parte del caudal del río, sin regularlo, hacia la central. El salto útil es constante pero el caudal que se turbina es variable, ya que depende de la aportación del río en cada momento. Según las condiciones topográficas, puede ser necesaria la construcción de un canal de derivación que lleve el agua desde la toma hasta la cabecera del salto. Dentro de este grupo se tienen:



  • Minicentrales sin derivación. Aprovechan grandes caudales y mínimos saltos. Se localizan en tramos medios o bajos de grandes ríos o pueden instalarse sobre determinadas conducciones, como canales de riego y abastecimiento.

Constan de un azud, generalmente de altura inferior a 5 metros, aunque de cierta envergadura, una obra de toma y un corto canal, que conduce las aguas hasta el edificio de la central. Desde éste, son restituidas las aguas al mismo curso del que fueron captadas mediante otro corto canal, que desemboca aguas abajo, a escasa distancia del azud.


Este tipo de minicentrales no implican en realidad una derivación de las aguas, por lo que ningún tramo de río se ve privado del caudal que poseía antes de la instalación de la central, tampoco poseen capacidad de regulación destacable, dadas las dimensiones de los azudes que se proyectan.






Central hidroeléctrica sin regulación propia y sin derivación


  • Minicentrales con derivación. Aprovechan pequeños caudales y grandes saltos y se localizan sobre tramos de cabecera, derivando el agua al lugar más favorable para el salto.

Como caso más genérico, se trata de aprovechamientos que incluyen un pequeño azud, al que se asocia la obra de toma, mediante la cual son captadas parte de las aguas del curso a explotar. Las aguas captadas son conducidas mediante diversas estructuras hasta la central que se sitúa aguas abajo del punto de toma, y desde donde una vez beneficiadas son restituidas, ya sea la curso del que fueron tomadas o a otro.


Tampoco tienen capacidad reguladora, ya que los azudes previstos son igualmente muy reducidos. Ahora bien, el tramo situado entre toma y restitución sí se ve sometido a una drástica regulación.







Central hidroeléctrica sin regulación y con derivación

Como se advierte, la tipología de las centrales marca de forma muy importante tanto los efectos previsibles como el impacto global de la infraestructura. En los diferentes apartados de los contenidos del estudio de impacto ambiental deberán tenerse presente estas circunstancias.


En continuación del orden expuesto en los apuntes, se repasan los contenidos específicos de un Estudio de Impacto Ambiental (EsIA) de central hidroeléctrica, señalando algunas indicaciones de interés a tener en cuenta, tanto por el promotor como por la administración ambiental como agentes del procedimiento de evaluación de impacto ambiental.
1. Descripción del proyecto y sus acciones
1.1. Descripción general del proyecto. Los elementos más frecuentes en una pequeña central son:

      1. Obras de retención

Presas: son obras que retienen y almacenan las aguas de un curso fluvial y permiten la regulación de sus aportaciones. Sus dimensiones y los materiales con que se construyen son variables, y dependen del volumen de agua que deban almacenar. Junto al muro de la presa, que es la estructura de barrera propiamente dicha, aparecen toda otra serie de elementos tales como compuertas, desagües, aliviaderos, etc.

Azudes: consisten en un muro de distintos tipos de materiales, que intercepta el curso fluvial, sobreelevando el nivel de las aguas lo suficiente para que éstas puedan ser desviadas del cauce hacia la toma. Generalmente es de altura inferior a 5 metros y su función no es de regulación.

1.1.2. Obras de toma de agua

Constan de un aliviadero o vertedero cuya función es captar las aguas sobreelevadas por el azud. La regulación de estos caudales desviados se realiza mediante compuertas móviles, que posibilitan la regulación de los caudales desviados hacia el aliviadero, vertedero o desagüe. Además lleva unas rejillas para evitar la entrada de sólidos en las conducciones; con el mismo objetivo pueden aparecer balsas de decantación, dotadas de aliviaderos secundarios para impedir su colmatación.



1.1.3. Aliviaderos o desagües del azud

Son estructuras que posibilitan el paso, bien por encima del azud (los aliviaderos), bien a través del mismo (desagües), de las aguas que han sido captadas por la obra de toma. Los aliviaderos de los azudes presentan a menudo compuertas similares a las que poseen las obras de toma, de manera que regulando la apertura de unas y otras compuertas, se puede controlar a voluntad el porcentaje del caudal circulante aguas arriba del azud que es derivado hacia la conducción, y el que continuará fluyendo por el cauce natural del río, aguas abajo del azud.



1.1.4. Escalas o pasos para peces

Estas estructuras aparecen en algunas ocasiones asociadas a los azudes, y tienen por objeto posibilitar el paso de especies ictícolas, y en especial de especies migradoras, desde el tramo situado aguas abajo del azud hasta el tramo aguas arriba del mismo. Existen multitud de modelos de escalas para peces. Esta diversidad se justifica por la necesidad de adaptación de estas estructuras a los diferentes desniveles a superar (alturas de los azudes), y a las capacidades natatorias de las especies presentes en cada caso. Citando algunas de las más frecuentes, nos encontramos con escalas compuestas por una sucesión de pequeñas artesas escalonadas, las cuales deben ser superadas una a una en su ascenso por los peces, así como otras escalas constituidas por rampas inclinadas provistas de paneles que provocan un cierto frenado de las aguas, y que deben ser atravesadas por los peces de una sola vez. Las escalas, aparecen lógicamente asociadas a aliviaderos situados sobre la coronación de los azudes.



1.1.5. Conducciones

El tipo de conducciones está relacionado con la tipología de la central. Los elementos pueden ser:


Canal de derivación: conducción que parte de la toma de agua y llega a la cámara de carga. Su longitud es muy variable, de pocos metros a varios kilómetros, y su pendiente es la suficiente para garantizar el flujo de las aguas. Pueden ser abiertos, cerrados o en túnel. Sólo se utilizan en centrales con derivación.
Cámara de carga: consiste en un depósito del que arranca la tubería forzada. Su función es poner en carga dicha tubería y garantizar una presión constante sobre las turbinas. Consta de un aliviadero para evacuar el caudal, en caso de que pare la central. A veces es sustituida por una chimenea de equilibrio (en las centrales sin regulación propia y sin derivación).
Tubería forzada: es una tubería que conduce el agua desde la cámara de carga o toma, si ésta no existe, hasta la turbina de la central. Está constituida por tubos de acero, hormigón, fibrocemento o plástico reforzado con fibra de vidrio, y lleva un sistema de rejillas para impedir la entrada de sólidos. Sigue la línea de máxima pendiente y puede ir o no enterrada.
Canal de descarga : es la conducción que restituye las aguas a su cauce, después de ser turbinadas en la central. Su longitud es reducida, ya que la central suele estar muy próxima al cauce.

      1. Edificio de la central y equipo electromecánico

El edificio alberga los equipos productores de energía y los aparatos de maniobra, regulación y protección del aprovechamiento. Sus dimensiones oscilan entre 10 x 20 metros de planta, y 8 a 14 metros de altura; como estructuras adyacentes están las zonas de aparcamiento y servicios.


Las instalaciones están altamente automatizadas y el equipo electromecánico que se utiliza varía según el caudal y el tipo de salto. Por lo que respecta a las turbinas, son utilizadas tanto las tipo Pelton (para grandes saltos) como Francis (para saltos medios y caudales uniformes), y las Hélice y Kaplan (para pequeños saltos y caudales muy variables)..

      1. Accesos y tendidos eléctricos

Los accesos son necesarios tanto para la central, como para el azud y la cámara de carga. Sus dimensiones y características varían con la complejidad de la instalación, la topografía del terreno en donde se asienten y la distancia a otros caminos y carreteras de la zona. La longitud de los tendidos eléctricos está en función de las características del terreno y de la distancia de la central a la red general de distribución eléctrica


1.2. Relación de acciones inherentes al proyecto

Deben tenerse presentes elementos definitorios del proyecto como: tipo de retención, cota de obra de retención, altura sobre el lecho del río y cimientos; superficie anegada y volumen embalsado; cota de obra de toma; descripción de cámara de carga o chimenea de equilibrio; descripción de tubería a presión; descripción de edificio de la central; cota de restitución; dispositivos de amortiguación; salto bruto, salto neto y salto útil.


1.3. Utilización de materiales, suelo y otros recursos naturales
1.4. Residuos, vertidos y emisiones resultantes

2. Exposición de alternativas

3. Evaluación de efectos previsibles

Las afecciones o efectos causados por una minicentral se diferenciarán según el medio y factor ambiental al que se dirigen: Medio físico (atmósfera, aguas, suelo …), Medio biótico (flora, fauna, …), Medio perceptual (incidencia visual, capacidad de acogida…), Medio socioeconómico (empleo, aceptación social, …).


Cabe indicar que el análisis independiente de los factores ambientales que generan impacto, sobre todo en la fase de funcionamiento de un aprovechamiento hidroeléctrico, no es el más real que se puede efectuar. Ello es debido a que todos los factores (físicos, biológicos y químicos) que configuran las características del ecosistema fluvial raramente actúan independientemente. Este hecho ha sido tratado ampliamente por algunos autores como Amorós y Petts.
No obstante, a pesar de lo indicado anteriormente, por razones prácticas de exposición se describen los efectos generados por una minicentral hidroeléctrica (en sus distintas fases) en puntos independientes, pero tratando de relacionarlos con otros efectos y/o factores del medio.
Aún así, en el primer punto que se incluye seguidamente se hace una descripción que conjuga las alteraciones de la minicentral en el ecosistema fluvial, o dicho de otro modo, los efectos producidos sobre los procesos ecológicos y físicos que ocasiona en su conjunto, y en las distintas fases, el aprovechamiento hidroeléctrico y que es en esencia el conjunto de afecciones interrelacionadas que se pueden producir sobre el ecosistema fluvial.

3.1. Inventario ambiental y descripción de interacciones ecológicas y ambientales
3.2. Identificación y valoración de impactos
Efectos sobre los procesos ecológicos. Conjunto de afecciones sobre el ecosistema fluvial.




  • Fase de construcción y funcionamiento

Toda acción humana sobre el medio que ocupa provoca alteraciones de diferente signo y magnitud sobre el funcionamiento de los ecosistemas, al alterar los flujos de energía que en ellos tienen lugar. La construcción y puesta en marcha de una minicentral hidroeléctrica va ha producir, según Petts, 1992, 3 tipos de impactos fundamentales en el ecosistema fluvial:




  • Los impactos de primer orden incluirían el efecto de barrera de la presa, la modificación del régimen hidrológico, transporte sólido, calidad de las aguas, flujo de energía y estructura del ecosistema fluvial. Estos impactos se manifiestan de forma simultánea con la finalización de las obras del aprovechamiento hidroeléctrico.

  • Los impactos de segundo orden resultan de la modificación de los impactos de primer orden de acuerdo con las condiciones locales en cada punto del río, y consisten en las modificaciones en la morfología del cauce y la composición del sustrato, y las variaciones en la composición y estructura de las comunidades de macrófitas y el perifiton, es decir, se producen cambios de hábitat, tanto del macrohábitat como de los microhábitats presentes.

  • Los impactos de tercer orden integran los cambios producidos por los de primer y segundo orden, y afectan a la composición y estructura de las poblaciones de peces y macroinvertebrados. Estos impactos pueden tener lugar con un desfase considerable respecto a la puesta en funcionamiento de la minicentral.

De esta forma, en relación con lo anterior, los efectos fundamentales son producidos por:




  • La construcción del azud provoca el corte de la libre circulación de las especies migradoras, lo que trae consigo a su vez el aislamiento de las poblaciones.

  • El incremento de la sedimentación aguas abajo del azud debido a la disminución de la velocidad de las aguas y el paso de facies lótica a léntica. Esto favorece el desarrollo planctónico en detrimento de las comunidades bentónicas. Las comunidades más afectadas serán la vegetación acuática, que es sustituida por vegetación limnófila (adaptada a flujos más lentos) y el macrobentos animal. Esta colmatación del cauce fluvial perjudica a la fauna piscícola, sobre todo en fases de alevín, ya que puede obstruir el sistema branquial.

  • La instalación de las tuberías y construcción de la central también puede dar lugar al aporte de materiales al cauce, lo que trae consigo un aumento de la turbidez y sedimentación, que en función de su cantidad, puede impedir el asentamiento del perifiton y macrobentos en las rocas del fondo del río y/o dar lugar al recubrimiento de los intersticios ocupados por la comunidad bentónica.

  • Incremento de la sedimentación puntual aguas abajo, en los periodos de la limpieza de la zona embalsada. Esto puede suponer un efecto puntual muy agudo, agravado por el hecho de la diferencia de temperatura existente entre las aguas del fondo y superficiales del agua embalsada.

  • Disminución de los refugios y lugares de freza de las truchas.

  • Reducción de la cantidad o calidad de fauna que constituye la dieta mayoritaria de los peces.

  • Disminución del caudal en el tramo derivado, que produce cambios de temperatura de las aguas que afectarán a las poblaciones de peces, sobre todo en verano e invierno, reduciendo la superficie habitable, la velocidad del agua.

Además de lo anterior, los trabajos de desbroce en medios homogéneos, especialmente en el caso del bosque de ribera, para la instalación de las distintas estructuras de la minicentral, traen como consecuencia una fragmentación de estos hábitats. Las consecuencias de esta fragmentación se manifiestan en la alteración de las comunidades faunísticas y florísticas que le son propias, al modificarse sus características específicas, como el grado de insolación, la humedad o el incremento de zonas de borde, circunstancias que van a facilitar la entrada de especies generalistas, que pueden incluso llegar a desplazar a las especies que no lo son.


Como consecuencia de la detracción de caudales, se produce una alteración de la vegetación en las márgenes fluviales que va a deteriorar el ecosistema ripario, al dejar desprovistas a las aguas de protección frente a los rayos solares, así como al privarlas del aporte de materia orgánica vegetal necesaria para el correcto funcionamiento de todos los procesos que se producen en su interior.
Las consecuencias de esta pérdida se manifiestan en un incremento de la temperatura de las aguas, en una mayor productividad primaria, y en modificaciones en la distribución de las especies de plantas macrófitas. También se ven alteradas las comunidades de macroinvertebrados, con un incremento de la presencia de especies colectoras y una disminución de aquellas desmenuzadoras y fitófagas. Todo ello deriva en una menor utilización por parte de la fauna piscícola del tramo afectado.

Efectos sobre el ambiente atmosférico


A) Efectos por incremento de ruido
El ruido, por su incidencia sobre la población que lo sufre, está considerado como una de las principales causas de malestar social. Sus efectos sobre las personas están ampliamente documentados a nivel médico, siendo responsables de alteraciones del sueño, cambios en el comportamiento del individuo, estrés, etc.


  • En fase de construcción

El aumento de los niveles sonoros en esta fase se debe a las acciones que se realizan durante las obras: movimientos de tierra, voladuras, funcionamiento de los motores de los vehículos destinados al transporte de material y al movimiento de maquinaria de obra.
Estas fuentes generadoras de ruido se limitarán sólo a la fase de construcción, terminándose al ser retirada toda la maquinaria. Por tanto, se trata de un impacto de carácter puntual y reversible.
Las molestias que puede ocasionar este incremento de ruido afectarán a las viviendas más cercanas y a la fauna situada en el área de influencia.


  • En fase de funcionamiento

El origen del ruido se debe a factores de tipo mecánico, producidos por el funcionamiento de la maquinaria de la central. Esta es una fuente constante de ruidos cuya minimización exige la insonorización de dichos elementos y del edificio que los albergan.


Se viene demostrando en los estudios al efecto, que el nivel de ruido disminuye cada 20 m a razón de 1 a 2 dB hasta la distancia de los 200 m del foco emisor (mayor disminución en los primeros 100 m). Por ello, para estimar el nivel de ruido que ello supone, deberá tenerse en cuenta la distancia de las viviendas más próxima, así como otros factores como: situación del edificio de la minicentral (en zonas encajadas, rodeadas de vegetación, despejadas, etc.), ruidos de fondo producidos por el agua del río, el viento, otras fuentes sonoras etc.
Además de lo anterior, ha de considerarse que necesariamente debiera contemplarse la insonorización de la maquinaria y edificio de la central.
B) Efectos por la emisión de polvo y gases


  • En fase de construcción

Los movimientos de tierras (desmontes y terraplenes), las voladuras, el tránsito de camiones y de maquinaria pesada, la carga y descarga de materiales, etc., van a provocar un aumento de los niveles de polvo y gases en la atmósfera durante la fase de construcción.


Para predecir el impacto que se puede provocar han de tenerse en cuenta una serie de factores como: el estado del suelo, los tipos de vehículos empleados, el tipo de vías, la estación del año, la climatología de la zona (pluviometría y dirección del viento dominante), la rugosidad del terreno, el tipo de vegetación que puede actuar de pantalla y otros obstáculos.
Así mismo, han de tenerse en cuenta las buenas prácticas constructivas que deben llevarse a cabo en estas zonas generalmente sensibles. Se trata de medidas preventivas y protectoras como: la aplicación de riegos periódicos que eviten la dispersión de polvo y partículas, puesta a punto de la maquinaria de obra, etc.
Basándose en esto, se puede estimar la magnitud del impacto que puede provocar el aumento de polvo y gases en esta fase, que teniendo en cuenta las oportunas medidas no debieran ser significativos.


  • En fase de funcionamiento

Ya que en esta fase sólo se prevé circulación de los vehículos propios del personal para mantenimiento y control de las instalaciones, los impactos en este sentido pueden considerarse casi despreciables en lo que respecta a emisión de polvo, y muy escasos en relación con los gases.



Efectos sobre el medio edáfico (suelo)

A) Efectos por ocupación del suelo


  • Fase de construcción y funcionamiento

La alteración más importante de este factor se debe fundamentalmente a las excavaciones para la colocación de las tuberías (derivación y forzada), que van a romper la estructura del suelo, alterando todos los procesos químicos que en él tienen lugar, lo que produce una modificación del perfil edáfico en toda la zona afectada. Esto trae como consecuencia la modificación de su capacidad productiva.


Una superficie también ocupada es la relativa a la zona inundada por el agua embalsada tras el azud, que afectará tanto a la vegetación de ribera como a otros aprovechamiento que puedan existir (huertas, prados, etc.) en ambas márgenes.
Respecto a la superficie ocupada por viales, cabe señalar que las afecciones en este sentido van a estar directamente asociadas a la longitud de caminos nuevos a construir y en función de la naturalidad de la zona por la que éstos discurran.
B) Efectos por aumento de la erosión y sedimentación


  • Fase de construcción

Los efectos de erosión son producidos principalmente por el movimiento de tierras que se producen como consecuencia de los movimientos de tierra (excavaciones) para la instalación de los distintos elementos de la minicentral (azud, conducciones y central).
Indudablemente, la erosión actúa en mayor medida ante la falta de vegetación y de suelo, de manera que en aquellos lugares en los que se vayan a realizar desbroces, talas, excavaciones y terraplenados, se perderá la capa edáfica existente y se facilitará la actuación de los agentes erosivos.
Los trabajos de instalación de estos elementos, sobre todo aquellos más próximos al cauce o situados en el mismo (azud y central), son los que pueden traer consigo, con mayor intensidad, el aporte de materiales alóctonos al cauce del río, generando procesos de sedimentación no deseados. Por otra parte, pueden existir alteraciones directas por excavación, movimiento de tierras y tráfico de maquinaria pesada en la zona de ribera. Todo ello produce la alteración de las características físicas del cauce.
A fin de minimizar al máximo los efectos en este sentido, se deben prever las oportunas medidas protectoras y correctoras que faciliten la recuperación del suelo y la recuperación de la vegetación, así como la revegetación, en las zonas afectadas y no ocupadas definitivamente por las distintas estructuras.


  • Fase de funcionamiento

Durante la etapa de funcionamiento de la minicentral se hacen precisas operaciones de mantenimiento, destinadas a mantener en condiciones operativas los mecanismos hidráulicos.
Estas operaciones generalmente consisten en la retirada de sedimentos finos tanto del vaso del azud como de las estructuras dispuestas en la obra de toma para capturar estos sedimentos. La periodicidad con que se llevan a cabo el mantenimiento es variable, y dependiente sobre todo de la carga de sedimentos que el río aporta. La limpieza del azud suele implicar la realización de sueltas de fondo o la actuación de maquinaria pesada dentro del cauce.
En ambos casos el resultado de las operaciones es el aumento del aporte de sedimentos finos al río, lo que origina un aumento temporal de la turbidez y la consiguiente sedimentación en aquellos lugares donde la corriente pierde capacidad de transporte, con las consecuencias que ya se han expuesto en el primer punto de la descripción de efectos.
Cuando se trata de los sedimentos depositados en el vaso del embalse, a los impactos anteriores hay que añadir la posibilidad de vertidos anóxicos, y en general con las características mencionadas para las descargas hipolimnéticas. La elevada concentración de sólidos en suspensión puede producir daños directos a los animales acuáticos, por el roce continuado con las partículas, que provocan erosiones en la epidermis y facilitan el ataque de enfermedades y parásitos, y también puede afectar a la integridad de los sistemas respiratorios al depositarse en las branquias.
Es importante la época en que se llevan a cabo estas operaciones de limpieza, puesto que (especialmente para la limpieza del vaso del azud) se suele aprovechar la época estival, en la que es más fácil acceder al río, pero también cuando existe menor caudal de dilución y transporte para el vertido originado, y por tanto se genera mayor impacto.

Efectos sobre las aguas


A) Efectos sobre el ciclo hidrológico


  • Fase de funcionamiento

Durante la fase de explotación, los efectos son producidos por la modificación del régimen natural de caudales aguas abajo del azud.
Los mayores efectos se van a producir entre el azud y la incorporación del canal de descarga. Esta zona (zona derivada) se va a caracterizar por un caudal inferior al que circulaba habitualmente por ella. Esto suele traducirse en una reducción del hábitat disponible total, y en la disminución de la diversidad del hábitat y de la profundidad media, aumentando en proporción las zonas lénticas.
Las condiciones de nivel de agua constante favorecen el establecimiento de las especies de ribera arbóreas o arbustivas, que van invadiendo progresivamente el cauce, en ausencia de las variaciones temporales de caudal a las que están más adaptadas las plantas herbáceas de ribera.
Dentro del cauce se tiende a producir un aumento del perifiton, las algas epilíticas y las macrofitas, debido a la uniformización de las condiciones de velocidad, la menor turbidez del agua y la mayor estabilidad del sustrato, aunque la destrucción de los productores primarios (algas, macrofitas) en aquellas zonas que quedan en seco puede producir una pérdida neta de producción primaria.
La reducción o desaparición del caudal puede, además de dejar sin agua una importante superficie del cauce, afectar a su comunicación con el medio hiporreico. Se origina como resultado una fauna macroinvertebrada con muy baja diversidad de especies y densidades muy reducidas, haciéndose menos frecuentes aquellas especies propias de hábitats lóticos. La modificación del tipo de detritus vegetal disponible en el caso de la invasión de las orillas por especies vegetales diferentes de las riparias puede perjudicar a algunos detritívoros del macrobentos en favor de otros.
La desaparición de las zonas lóticas puede reducir el hábitat de determinados estadios de desarrollo de los peces, y en particular puede afectar a la disponibilidad de frezaderos.
B) Efectos sobre la calidad de las aguas


  • Fase de construcción

Se recogen en este punto todas aquellas acciones que traen como consecuencia el aporte de materiales alóctonos a los cauces fluviales y que son responsables de la alteración de la calidad de las aguas por presencia de partículas finas en suspensión.
En la realización de obras como la desviación de caudales, construcción del azud, etc., pueden verterse al cauce ciertos volúmenes de áridos y otros materiales no tóxicos (nutrientes, etc.). Como consecuencia, se produce un enturbamiento de las aguas y por tanto, un descenso de su calidad, que además afectará, de forma secundaria, a la fauna acuática.
También cabe señalar la posibilidad de que algún tipo de residuos de construcción pueda ser arrastrado hacia el río, entre otros, aceites y hormigón. En particular, la mezcla de hormigón con agua es altamente destructiva, pues eleva el pH del medio acuático, convirtiéndolo en inhóspito para cualquier forma de vida.



  • Fase de funcionamiento

En esta fase, el efecto que se produce es la disminución de la capacidad de dilución del curso fluvial, lo que da lugar a una pérdida de potencialidad de usos del agua en el tramo afectado.
Así mismo, puede producirse un aumento de temperatura en función del propio volumen de los caudales, de las características de los lechos (calado), etc.
Aguas arriba de la toma, las alteraciones se deben a la presencia del azud. Lo que se produce es una disminución de la velocidad de flujo de las aguas, al producir el azud variaciones en el nivel de las mismas, lo que da lugar a una mayor deposición de sedimentos.
En el proceso de limpieza del vaso, pueden realizarse descargas de limos al cauce. Aunque esta acción produce un efecto de carácter temporal, puede tener graves consecuencias dependiendo de la frecuencia e intensidad con que se realice.
Aguas abajo de la restitución, el caudal fluyente vuelve a ser el mismo que el que existía antes de la detracción. El agua restituida tiene más calidad que la que se había tomado, debido a que mediante filtros y rejillas se eliminan los elementos que pudiera llevar en suspensión y que la enturbiaban, y a que al ser turbinada, aumenta su contenido en oxígeno.
El curso de agua tiene mayor capacidad erosiva, sobre todo en el punto de restitución, en donde se produce un ensanchamiento y ahondamiento del cauce.
Por último, pueden producirse vertidos accidentales de grasas, aceites, pinturas, etc., por lo que es importante prevenir este tipo de accidentes.
C) Efectos en el vaso del embalse y aguas arriba del mismo


  • Fase de funcionamiento

La modificación del hábitat que tiene lugar en el vaso de la zona de agua embalsada es considerable, pues consiste en la desaparición completa del ecosistema fluvial, que es reemplazado por un hábitat léntico (Granado-Lorencio, 1996). En el caso de una minicentral, debido a la generalmente escasa altura del azud, la longitud del tramo afectado no es muy grande.
Desaparece, ya que va a ser eliminada totalmente, la vegetación terrestre y de ribera que existía en el vaso de la zona de agua embalsada. Las fluctuaciones de nivel generan una banda desprovista de vegetación (denominada "ceja" o “carrera”), con cierto impacto visual. La comunidad de macrófitos, en el caso de instalarse, pasa a estar predominada por especies típicas de hábitats lénticos.
El macrobentos lótico pasa a ser reemplazado por un bentos de zonas lénticas y profundas, dominado generalmente por oligoquetos y quironómidos. Diversos grupos son particularmente sensibles a las fluctuaciones de nivel en las orillas, como los efemerópteros, tricópteros y plecópteros, no sólo por quedar en seco al bajar el nivel, sino también debido a la escasez de vegetación de ribera. En las orillas desprovistas de ésta los oligoquetos y quironómidos devienen en invertebrados. La eliminación de la vegetación del vaso antes de su llenado puede originar menores densidades en el bentos.
En cuanto a los peces, desaparecen las zonas de reproducción de las especies reófilas, y se favorece el desarrollo de comunidades basadas en especies con mayor tolerancia por las aguas lénticas. La escasa extensión del vaso del embalse de la minicentral no incita al desarrollo de comunidades específicas de embalses, siendo lo más frecuente el mantenimiento de la comunidad original, aunque pueden producirse modificaciones en las abundancias relativas y la estructura poblacional.
Aguas arriba del embalse los efectos de la regulación son menos evidentes, y vienen fundamentalmente derivados de la modificación de algunos fenómenos de competencia y predación como consecuencia del bloqueo de especies por el efecto barrera de la presa. Aún así, cabe añadir otra fuente de distorsión de estas interacciones bióticas, a consecuencia del cambio en la composición relativa de la comunidad de peces en el vaso del embalse, que puede incidir río arriba si se producen desplazamientos en este sentido.
De esta forma, es frecuente el aumento del número de ciprínidos que en la época estival remontan hacia las cabeceras de los ríos cuando existe un embalse en la cuenca, que pueden modificar las pautas de comportamiento sobre las poblaciones residentes.

Afecciones sobre la vegetación




  • Fase de construcción

Los efectos sobre la vegetación se deben a las labores propias de la construcción (ocupación del terreno, pérdida de suelo, desbroces, etc) y pueden asimilarse a las ya comentadas sobre el suelo.
Las formaciones vegetales de mayor interés que pueden ser afectadas son las correspondientes a la unidad de ribera. Generalmente es necesario eliminar en algunas zonas parte de esta vegetación para la instalación de los distintos elementos de la minicentral.
Por otra parte, en cuanto a la vegetación fluvial, pueden preverse afecciones debido a la incorporación de materiales al cauce, tal y como se indica en el apartado de efectos debidos a la sedimentación.


  • Fase de funcionamiento

Los efectos ya han sido expuestos en el apartado de efectos sobre los procesos ecológicos, no obstante, cabe decir que, en esta fase la vegetación que va a resultar más afectada es la rípicola comprendida entre los puntos de toma y restitución. Esto se debe a que en este tramo se van a dar condiciones de caudal inferior al natural, lo que provoca un descenso del nivel de las aguas del río, que produce no sólo afecciones sobre las comunidades vegetales estrictamente acuáticas, sino también sobre la de las márgenes.


Efectos sobre la fauna

Uno de los efectos más obvios de los azudes es el de crear un efecto de barrera a los desplazamientos, que afecta no sólo a peces, sino también a otros grupos ligados a los ecosistemas fluviales.


El azud construido para el aprovechamiento hidroeléctrico, si no se adoptan medidas de restauración adecuadas, puede constituir un obstáculo insalvable para las especies piscícolas e incluso paro otros tipos zoológicos.
A) Efecto sobre los peces


  • Fase de construcción

Las acciones que van a tener un efecto negativo sobre la fauna piscícola en la fase de construcción son básicamente la eliminación de la vegetación y movimientos de tierra necesarios para realizar las obras, la inundación de márgenes por la construcción del azud, modificación del cauce, etc. Estas acciones vienen a introducir en el medio fluvial alteraciones ya en esta fase, con efectos sobre la fauna por la incorporación de sedimentos, materiales alóctonos, etc., ya descritos en apartados anteriores.


  • Fase de funcionamiento

La presencia del azud va a producir una alteración de los desplazamientos (migración) de los peces, pudiendo bloquearlos en mayor o menor grado.
El efecto barrera de los azudes no se limita a las especies migradoras diadromas - las que realizan desplazamientos entre aguas dulces y aguas marinas - sino que afecta también a las especies que limitan sus desplazamientos migratorios a las aguas dulces, las llamadas especies potamodromas.
Entre las primeras destacan dentro de la ictiofauna el salmón (Salmo salar), las formas anadromas de trucha común (Salmo trutta), habitualmente denominadas "reos", el sábalo (Alosa alosa), la saboga (Alosa fallax), la lamprea marina (Petromyzon marinus), la lamprea de río (Lampetra fluviatilis) y el esturión (Acipenser sturio). También se incluye en este grupo la anguila (Anguilla anguilla) que, a diferencia de todas las anteriores, desarrolla su fase de reproducción en el mar, y la de crecimiento en las aguas continentales (estos migradores reciben el nombre de catadromos, mientras que los primeros se denominan anadromos). Todas estas especies presentan en la actualidad en la Península Ibérica una distribución geográfica mucho más restringida que la histórica, y dos de ellas, la lamprea de río y el esturión, pueden considerarse extinguidas en la actualidad en nuestro país. La principal causa de regresión común para todas ellas es el gran número de presas construidas durante este siglo (Doadrio et al., 1991).
Entre las especies potamodromas más afectadas por el efecto barrera de las presas se incluirían la trucha común (Salmo trutta), las diversas especies de barbo (Barbus spp.) y las bogas y madrillas (Chondrostoma spp.). Otras especies pertenecientes a la familia de los ciprínidos realizan también desplazamientos de menor importancia.
Al analizar el efecto de un obstáculo sobre las poblaciones de peces hay que tener en cuenta los siguientes factores: 1) La capacidad de franqueo de las especies afectadas, y 2) Las características del propio obstáculo, y su variación con el régimen de caudales.


  • Capacidad de franqueo de las especies afectadas

Para franquear un obstáculo un pez ha de ser capaz de desarrollar una velocidad de natación superior a la del agua, durante un tiempo suficiente para superar el obstáculo, o bien, en el caso de que éste no pueda ser sobrepasado nadando, ha de realizar un salto lo suficientemente alto y largo para evitarlo.


Las capacidades de natación y salto de un pez dependen a su vez de varios factores. En primer lugar, varían según las especies. Entre los peces ibéricos que son capaces de desarrollar mayor velocidad de natación nos encontramos los salmónidos y los ciprínidos reófilos (P.ej.: barbos). Las mismas especies citadas pueden saltar con facilidad, mientras que otras no saltan o se muestran muy reacias a ello (P.ej.: sábalos y alosas, lampreas, esturiones). Las anguilas constituyen un caso peculiar, pues son capaces de superar obstáculos por reptación, siempre que el sustrato esté húmedo. Esta capacidad llega incluso, para angulas y anguilas de tamaños menores de 10 cm, a permitirles abordar paredes verticales. Sin embargo, conviene no sobreestimar las capacidades de franqueo de este pez. De hecho, las migraciones de anguilas pueden ser bloqueadas con facilidad por obstáculos de una quincena de centímetros de altura (Legault, 1993).
El tamaño del pez - dentro de una misma especie - está directamente relacionado con su velocidad máxima de natación y con su capacidad de salto, y también con el tiempo durante el que es capaz de mantener dicha velocidad. Todas ellas aumentan con el tamaño del pez.
Este concepto resulta de la mayor importancia, por cuanto un obstáculo puede ser sobrepasado por algunos de los individuos de mayor tamaño, y dar la impresión de ser franqueable para la especie en cuestión. La importancia de un obstáculo debe evaluarse por el número de peces que no consiguen franquearlo, y no por el de los que lo superan. En el caso de migraciones de reproducción, es importante garantizar el paso de todos los individuos que hayan alcanzado la madurez sexual. A este respecto hay que tener en cuenta que en algunas especies ibéricas (P.ej: barbos) los tamaños a los que se alcanza ésta pueden ser muy diferentes para cada sexo.
Por último, las condiciones fisiológicas del pez (enfermedades, estado reproductivo, estrés, etc.) pueden afectar significativamente a la capacidad de franqueo de obstáculos.
La temperatura del agua tiene una incidencia muy importante en la capacidad de franqueo de obstáculos por parte de un pez, al afectar tanto a su metabolismo como a las características físicas del agua (viscosidad). Mientras que la velocidad máxima aumenta con la temperatura del agua de forma muy notable (P.ej.: para una trucha de 20 cm., prácticamente se duplica al pasar la temperatura de 5ºC a 15ºC), el tiempo de resistencia disminuye (P.ej.: en el caso anterior, disminuye del orden de cinco veces) (Beach, 1984). La consideración conjunta de ambas variables determinará la capacidad de tránsito del pez por el obstáculo considerado.


  • Características del obstáculo y el régimen de caudales

Se tiende a simplificar asociando la mayor o menor franqueabilidad de un obstáculo con su altura. Sin embargo, la realidad es más compleja, y el hecho de que un obstáculo sea franqueable o no depende de las condiciones hidrodinámicas al pie del obstáculo (velocidad y profundidad del agua, configuración de los chorros de corriente, turbulencia, etc.) en relación con la capacidad de natación y salto de la especie en cuestión (Larinier, 1992). Por ello juegan un papel muy importante la geometría del obstáculo y el caudal que circula por el río. Este aspecto es particularmente importante en obstáculos de escasa altura (menores de 1-1.5 m).


Entre otros detalles de la forma del obstáculo que influyen en su posible franqueo destaca la existencia de una lámina suficiente de agua en las paredes del azud como para permitir la natación del pez, la existencia de una poza a pie de obstáculo, con condiciones admisibles de turbulencia, en la que el pez pueda tomar impulso, o la inexistencia de cambios de pendiente a lo largo del perfil de la pared del azud. El fallo en alguna de estas condiciones puede hacer infranqueable el obstáculo. Estas condiciones varían en función del caudal, por lo que obstáculos que por su naturaleza son franqueables durante una época del año (P.ej.: pequeños azudes en época invernal), pueden resultar no serlo en otras épocas, o serlo sólo para determinadas especies o individuos de cierto tamaño. No se debe subestimar el impacto de estos obstáculos temporalmente infranqueables, por cuanto pueden originar retrasos en las migraciones, obligando a los peces a permanecer en tramos de río poco adecuados, modificando la sincronía entre los fenómenos de migración y maduración sexual, o provocando heridas y estrés en los individuos que intentan repetidamente su franqueo en condiciones desfavorables (Larinier, 1992).
También es importante tener en cuenta que en el mismo tramo de río pueden convivir varias especies que desarrollen movimientos migratorios durante distintas épocas del año. Mientras que en las cabeceras de nuestros ríos es relativamente frecuente encontrarnos con comunidades ícticas monoespecíficas, con necesidades estacionales en cuanto al franqueo de obstáculos, en los tramos medios y bajos de los ríos la diversidad de especies presentes puede hacer deseable que los obstáculos sean franqueables durante todo el año.
En una primera aproximación, se puede considerar que los obstáculos de una altura superior a 0,5-0,6 m pueden afectar significativamente a la migración de los salmónidos anadromos - salmones y reos -, siendo suficientes obstáculos de algunas decenas de centímetros para bloquear las migraciones de peces con menor capacidad de natación, como las anguilas (Larinier, 1992). Por ello, y a diferencia de otros impactos ya citados, la magnitud del impacto ocasionado por una minicentral suele ser equivalente al generado por una gran presa, cuando no se adoptan medidas de corrección.
Los efectos de la infranqueabilidad de un obstáculo sobre las poblaciones afectadas pueden ser de diversa magnitud, en función de la biología de la especie y de la localización del obstáculo.
El impacto más obvio se produce cuando se bloquea completamente una ruta migratoria de reproducción, aislando los lugares de crecimiento y reproducción. Ello puede llevar a la extinción total de la población, y a la pérdida de diversidad genética en el conjunto de la especie, en el caso de existencia de poblaciones locales genéticamente singulares, como resulta frecuente en el caso de los salmónidos (Apostolidis et al.,1996; García‑Marín et al.,1991; Ryman y Stahl, 1981). Este caso resulta más frecuente dentro de los migradores anadromos, cuyas zonas de reproducción suelen estar mucho más restringidas dentro de la red fluvial que las zonas de crecimiento para los migradores catadromos. En el caso de las especies potamodromas el aislamiento físico puede llevar a la fragmentación de las poblaciones, lo que aumenta su riesgo de desaparición.
Aún sin llegar este caso extremo, se pueden producir efectos negativos sobre el reclutamiento de juveniles al reducir la superficie de las áreas disponibles para la reproducción, obligando en algunos casos al empleo de zonas marginales menos adecuadas para la freza (Baras et al., 1994), o concentrando a los reproductores en sectores donde son más susceptibles de ser predados.
De otra parte, las barreras afectan a la estructura genética de las poblaciones afectadas, debido a la disminución del número de reproductores que alcanzan las zonas de desove y a la reducción del flujo genético entre poblaciones. La disminución del número de individuos que participan en la reproducción de una población, provoca, mediante el mecanismo conocido como deriva genética, un aumento en la probabilidad de cambio (que puede llegar a la desaparición) de la frecuencia con que aparece determinada información genética en la población. El principio general a tener en cuenta es que, cuanto menor sea el número de individuos involucrados en la reproducción, mayores serán los efectos de la deriva genética. Además, la deriva cobra mayor importancia como proceso de mecanismo determinante de la estructura genética de la población cuando se reduce el flujo genético con otras poblaciones.
Con independencia de los efectos relacionados con aspectos de la reproducción, la barrera puede imposibilitar el acceso de los peces a determinadas zonas de alimentación, disminuyendo el potencial de producción de la especie en la cuenca fluvial, o limitando el desarrollo en algunas etapas del ciclo vital.
También pueden originarse modificaciones más sutiles, y más largo plazo, que pueden afectar al funcionamiento del ecosistema fluvial en su conjunto. Por ejemplo, en los ríos pobres en nutrientes del norte de América del Norte, las migraciones de retorno de los salmones del género Oncorhynchus no constituyen únicamente la una parte de la estrategia vital de estos peces, sino también una vía que tiene el ecosistema fluvial de recuperar una cantidad apreciable de nutrientes que, debido a la acción continua de la corriente se han ido exportando aguas abajo (en forma de partículas disueltas, detritos, macroinvertebrados, peces, etc.), y que con la muerte de los adultos tras la reproducción retornan al sistema (Northcote, 1991).
Incluso asegurando la franqueabilidad del obstáculo, no se obvian todos los efectos derivados de la barrera que supone una presa. En primer lugar hay que tener en cuenta que, por muy adecuado que sea su diseño, un dispositivo de paso en una presa nunca resultará completamente permeable al paso de los peces. De otra parte, el franqueo de un paso suele imponer retrasos en la migración y un aumento del desgaste físico del pez (haciéndolo más susceptible a las enfermedades y a la predación). Ello puede alterar la sincronización entre los procesos de maduración sexual y migración, afectando al éxito reproductor, especialmente cuando se acumulan en una cuenca fluvial un obstáculo tras otro.
El franqueo aguas abajo del obstáculo es igualmente importante, aunque tradicionalmente se le ha otorgado menor atención que al franqueo aguas arriba.
Un primer problema que se presenta es la localización del obstáculo. La corriente juega un importante papel de orientación del pez en las migraciones aguas arriba y aguas abajo. Los peces nadan activamente contra la corriente en las migraciones aguas arriba, y tienden a derivar pasivamente con ella durante las migraciones aguas abajo.
Mientras que en la migración de remonte la corriente puede seguir siendo aprovechada para dirigir a los peces hacia la entrada de los dispositivos de paso (la denominada "llamada" de un paso), en el caso de la migración aguas abajo esta posibilidad desaparece con el embalse creado como consecuencia de una presa. En minicentrales con escasa capacidad de embalse y alta tasa de renovación del agua la localización de la salida aguas abajo resulta menos difícil que en los grandes embalses. Aún así, la concentración de juveniles en zonas embalsadas originadas por la desorientación puede hacerles más susceptibles de predación.
En ausencia de dispositivos de corrección, el paso en sí del obstáculo ha de realizarse bien a través de vertederos en lámina libre u orificios de fondo en el azud (siendo preciso en ambos casos que circule caudal por ellos), bien (lo que sucede con mayor frecuencia) a través del canal de descarga de la central, previo paso a través de las turbinas. Las rejillas que se suelen instalar en la toma del canal de derivación para protección de las turbinas normalmente no evitan el acceso a las mismas a peces del tamaño de los juveniles de las especies anadromas, o de las anguilas que retornan al mar a desovar.
Durante el tránsito a través de la turbina los peces se ven sometidos a situaciones que pueden originar una mortalidad muy elevada, incluso absoluta: choque con las partes fijas o móviles de la turbina, aceleraciones y deceleraciones brutales (pasando de velocidades de 3-5 m/s a la entrada de la rueda de la turbina a velocidades de 10-30 m/s en la rueda), y variaciones muy grandes de la presión (Travade y Larinier, 1992).
La mayoría de los estudios sobre mortalidad en el paso de turbinas se han realizado sobre juveniles de salmónidos. La mortalidad es total en turbinas de tipo Pelton. En turbinas Francis y Kaplan la mortalidad observada es muy variable en función de las características de la rueda de la turbina, su régimen de funcionamiento, la altura del salto, la especie afectada y el tamaño del pez. Puede variar entre menos de un 5% hasta más de un 90% en turbinas Francis, y son normalmente más bajas en las de tipo Kaplan, variando aproximadamente de un 5% a un 20% (Travade y Larinier, 1992).
B) Efecto sobre otros grupos zoológicos


  • Fase de construcción

Los efectos sobre la fauna terrestre se producen mayoritariamente durante esta fase, debido al aumento de ruidos, a la pérdida de suelo útil y a la destrucción del hábitat (alteración y desaparición de la cubierta vegetal a la cual está asociada la fauna) y también como consecuencia de la construcción del azud, al quedar inundadas zonas de la ribera, lo que puede originar que puedan quedar destruidos ciertos hábitats faunísticos. Así mismo, como consecuencia de la inundación, se dificulta la movilidad de las especies, sobre todo aquellas que sólo están acostumbradas a cruzar pequeños cursos de agua.
Debido a estos motivos, la fauna local sufrirá desplazamientos temporales como consecuencia de los ruidos, presencia de tráfico rodado y presencia humana. Por ello deben extremarse los cuidados durante las obras que sean causantes de ruidos intensos. Los animales más afectados serán aquellos asociados a la unidad ambiental del bosque de ribera, micromamíferos, reptiles y anfibios, especialmente estos últimos, debido a su limitada capacidad para responder a amenazas temporales o a cambios adversos en sus hábitats.
Deben señalarse también los efectos negativos que ejerce el ruido y el tránsito de vehículos y maquinaria pesada en zonas que no estuviesen sometidas a este impacto, lo que puede causar reacciones de sorpresa en algunos animales.
Especialmente importante es este último efecto sobre las aves, sobre todo en periodos de cría y reproducción, que puede ocasionar abandono temporal de los refugios (nidos), cambio en el comportamiento reproductor, etc. A pesar de ello, dado que las obras son de carácter temporal, las reacciones de la avifauna suelen desaparecer en poco tiempo.


  • Fase de funcionamiento

En el caso de las aves, el efecto de barrera de los azudes de una minicentral es prácticamente despreciable, dada la capacidad de vuelo que muestra este grupo. No sucede así entre las especies de mamíferos ligados a los cursos de agua. Está documentada la influencia de las presas como barrera sobre la nutria (Lutra lutra). Esta especie tiene una cierta capacidad de desplazamiento por zonas alejadas del cauce del río y por tanto, en el caso de los azudes de tamaño reducido, el impacto directo sobre su capacidad de desplazamiento por el río es limitado.
En relación con los invertebrados, durante toda su vida acuática, estos se ven sometidos (de forma más intensa que los peces, debido a su menor movilidad), al efecto continuo de la corriente, que tiene como consecuencia episodios de deriva aguas abajo (en ocasiones muy intensos) de índole accidental o ligada al comportamiento. Como consecuencia de esta deriva, las poblaciones muestran una tendencia, de intensidad variable según las especies, a desplazarse aguas abajo, que se contrarresta mediante distintas estrategias, entre ellas la realización de desplazamientos aguas arriba durante la reproducción, caminando sobre el fondo, volando, o utilizando otro organismo como soporte (Hynes, 1970). Mientras que en muchas especies los estadios adultos tienen una elevada capacidad de vuelo, en otras ésta es limitada, y para ellas un azud de un cierto tamaño puede suponer un obstáculo infranqueable.
Por otro lado, la instalación del tendido eléctrico que debe ser conectado a la central, aumenta el riesgo de electrocución de las aves. La electrocución es la principal causa de muerte en los tendidos eléctricos, siendo menos importante el número de bajas ocasionadas por los choques contra los cables.
La electrocución puede sobrevenir por contacto simultáneo con dos conductores (P.ej.: al ir a posarse en las torretas o levantar el vuelo, en aves de cierto tamaño), o por derivación a tierra, si el ave toca simultáneamente la torreta metálica no aislada y un conductor.
En cuanto a la electrocución, la mayor parte se produce en líneas de distribución con voltaje inferior a 45 kV, y dentro de éstas, su peligrosidad varía dependiendo del diseño de los apoyos de las líneas. Las aves de presa, con una gran talla y una clara preferencia por oteaderos elevados, suelen ser las víctimas más frecuentes de los accidentes por electrocución (Ferrer & De la Riva, 1987).
En cuanto a los accidentes por colisión, éstos ocurren en cualquier tipo de línea, aunque la mayor frecuencia tiene lugar contra los cables de tierra de las líneas de transporte (Faanes, 1987), debido a que, por su pequeña sección, resultan menos visibles para las aves que los cables conductores.
Por último, el ruido producido por el funcionamiento de las turbinas de la minicentral, puede ahuyentar o alterar el comportamiento de comunidades que habiten en la zona y que sean sensibles a este tipo de efecto.

Efectos sobre el paisaje




  • Fase construcción y funcionamiento

El efecto del aprovechamiento hidroeléctrico en el paisaje viene determinado por la intrusión de elementos antrópicos en el mismo, la modificación de elementos naturales y la alteración en las propiedades morfológicas: líneas, forma, color, textura y unicidad.
Así los efectos sobre el sobre el paisaje se van a producir como consecuencia de la alteración de sus elementos característicos, ya sea eliminando los existentes (bosque de ribera, usos del suelo tradicionales), o introduciendo estructuras extrañas (edificios, tubería de derivación, tuberías forzadas, vías de acceso, etc.) así como por la presencia de maquinaria en la fase de obras.
Los impactos que, sobre el paisaje, producen los distintos elementos de la pequeña central, son reducidos en el caso del azud, obras de toma, escalas para peces y chimenea de equilibrio al tratarse de estructuras de dimensiones pequeñas, que solo pueden ser vistos a escasa distancia. Además, la topografía y relieve y la vegetación existente puede ayudar a ocultar estos elementos, de tal forma que sólo puedan ser vistas desde unos pocos puntos.
En el caso de la tubería de derivación, en función de su longitud puede producirse un mayor o menor impacto visual. El disponer este elemento enterrado y contemplarse la revegetación de las zonas afectadas, ayuda notablemente a que el efecto causado quede muy reducido.
La tubería forzada es otro de los elementos que más efectos negativos puede tener a priori sobre el paisaje, no obstante, al igual que con la tubería de derivación, si ésta se proyecta enterrada, y se efectúa posteriormente una revegetación adecuada de la zona por donde discurre, ello disminuye considerablemente el efecto negativo sobre el paisaje.

El efecto causado por los edificios de la central y anejos depende de su adaptación al entorno, tanto en lo que respecta al diseño como a los materiales con que se construyan. Además, se sitúan en una zona relativamente alejada de la actividad humana y pueden quedar ocultas por la vegetación ya presente, ello provocará un menor impacto en el paisaje.


En cuanto a los tendidos eléctricos, el efecto se produce por su incidencia visual, y porque necesitan unas zonas adyacentes desprovistas de vegetación, como medida de seguridad. El efecto de estos elementos será mayor o menor en función de la longitud de su trazado y por la naturalidad de la zona por la que discurra..
Un último efecto que se produce sobre el paisaje, es el aspecto que ofrece el tramo de río situado entre el azud y punto de restitución. Aspecto casi permanente de estiaje.

Efectos sobre el medio socioeconómico




  • Fase de construcción y funcionamiento

La construcción y explotación de una minicentral produce impactos positivos y negativos sobre el sistema socioeconómico.
Así, la fase de construcción es fuente de empleo e ingresos indirectos para la zona en la que se ubica el aprovechamiento. Este beneficio para la población termina con la siguiente fase, de explotación, debido al funcionamiento automático de las instalaciones.
Los efectos negativos que pueden ser más notables en la zona de implantación pueden ser los siguientes:


  • Afección a cotos de pesca.

  • Disminución del valor de las tierras afectadas por la central y pérdida del suelo para los usos que se estaban dando. Este efecto es más importante en las tierras inundadas como consecuencia de la lámina de agua creada por el azud.

  • Alteración de la estructura del suelo y de la humedad edáfica, lo que repercute en la productividad de áreas tanto agrícolas, como forestales, en las zonas por donde se dispone la tubería de derivación.

  • Pueden verse alterados los usos recreativos en zonas próximas al río, relacionados con la caza y sobre otros usos recreativos como baño, de existir en el tramo derivado zonas al efecto.

  • Los efectos sobre la red viaria pueden ser debidos a la utilización de los caminos de comunicación ya existentes, que pueden provocar alguna alteración en su utilización (circulación) durante la fase de obras. No obstante, dado que éstos son generalmente acondicionados, pude considerarse un efecto positivo después de la fase de obras. No obstante, el arreglo de los caminos facilita el acceso en vehículo hasta las inmediaciones de la minicentral, lo que puede llevar a un aumento de la presencia humana y de los impactos de ella derivada, hecho a resaltar dado que muchas de estas instalaciones se encuentran situadas en parajes recónditos y bien conservados (García de Jalón, 1992).

  • La instalación de una minicentral en cualquier zona provoca el rechazo inicial por parte de los habitantes de las proximidades que pueden verse afectados directamente. Ello debido a los efectos de ocupación del suelo (con afección a fincas), aumento de ruidos durante la construcción y otros ya descritos.



Efectos en la fase de abandono

Una vez abandonada la explotación de la minicentral, si no se procede a la demolición del obstáculo (azud) y de las edificaciones de central e infraestructuras anejas, los impactos derivados de su presencia (impactos visuales, efectos de barrera y modificación de la carga de sedimentos, etc.) persisten en el tiempo.


Por otra parte, los efectos derivados de la modificación del régimen de caudales y de las características físico-químicas del agua se amortiguan notablemente o desaparecen totalmente, pero, como consecuencia del cambio en el balance entre el régimen de caudales (restituido al régimen natural) y la estructura del cauce generada durante el período de funcionamiento de la minicentral, pueden iniciarse procesos de reajuste en la morfología del cauce hasta volver a alcanzar un equilibrio dinámico con el nuevo régimen fluvial.
Generalmente, se suele proponer al finalizar la concesión llevar a cabo una serie de actuaciones a fin de minimizar los efectos sobre el medio correspondientes a esta fase de abandono. Éstas hacen relación al desmantelamiento y retirada de las partes metálicas (rejas, compuertas etc.), demolición paulatina del azud, sellado de las conducciones, retirada de los elementos electromecánicos de la central y cesión del edificio para actividades recreativas o culturales y desmantelamiento de la línea eléctrica (ello se hace en función del uso a que se destine el edificio de la central, que puede hacer conveniente su presencia para el abastecimiento de electricidad).
No obstante, las acciones necesarias para el desmantelamiento de las instalaciones pueden suponer afecciones puntuales significativas sobre el medio. Sobre todo en el caso del desmantelamiento del azud, se puede producir una importante alteración sobre el medio acuático debido a una liberación brusca de los sedimentos acumulados en la zona embalsada, por ello se propone su demolición paulatina y en caso necesario el previo dragado del vaso, de forma que se eviten efectos indeseados.
Otro riesgo que puede originarse con la retirada de los elementos mecánicos de la central es el vertido de aceites, que puede provocar alteraciones puntuales, pero significativas, sobre el suelo o sobre el agua, y consecuentemente sobre la vegetación y la fauna terrestre o fluvial.
El que las tuberías estén o no enterradas supone que en un caso puede proponerse su retirada o bien solamente el sellado de todas las conducciones. En el primer caso las acciones a emprender pueden suponer riesgos similares a la retirada de otros elementos. En el segundo caso, el efecto consecuencia de las obras se supone casi despreciable, siempre que se realice cuidadosamente.
A parte de los efectos negativos que pueden producirse por las obras de retirada de los distintos elementos, también se producirán efectos positivos, concretados sobre todo en la recuperación progresiva del tramo derivado en cuanto al ciclo hidrológico y a los procesos ecológicos de vegetación y fauna.

4. Propuesta de medidas protectoras y correctoras
Toda minicentral hidroeléctrica produce en mayor o menor medida daños en el ecosistema fluvial como se ha expuesto en el punto anterior. En este punto se describen las medidas adecuadas para atenuar o suprimir los efectos ambientales negativos de la construcción y puesta en marcha de una minicentral.
En algunos casos se trata de medidas protectoras y correctoras. En defecto de las anteriores medidas, se incluyen aquellas otras dirigidas a compensar dichos efectos, a ser posible con acciones de restauración, o de la misma naturaleza y efecto contrario al de la acción emprendida.
En todo caso, las medidas a introducir en el proyecto (preventivas) y en fase de funcionamiento (correctoras y compensatorias), deben tener los siguientes objetivos:


  • Medidas dirigidas a mejorar el diseño.

  • Medidas para mejorar el funcionamiento durante la fase operacional.

  • Medidas dirigidas a mejorar la capacidad de acogida del medio.

  • Medidas dirigidas a la recuperación de impactos inevitables.

  • Medidas compensatorias para los factores afectados por efectos inevitables e incorregibles.

  • Medidas para el control y la vigilancia medioambiental, durante la fase de funcionamiento.



4.1. Caudales ecológicos

Las minicentrales hidroeléctricas necesitan derivar caudal del río para soltarlo aguas abajo aprovechando el desnivel topográfico para la producción eléctrica. El tramo de río desde el azud de derivación hasta la suelta de las turbinas se ve afectado por una disminución de las aguas que por él circulan y por un régimen de caudales diferente del natural. El objetivo consiste por lo tanto en evaluar cual es el caudal mínimo que debe circular y que características ha de tener el régimen de caudales que circule con el fin de que se mantengan las comunidades fluviales del tramo derivado.


Los caudales ecológicos han sido diseñados para mantener un hábitat fluvial con capacidad para sostener la vida de la ribera y del medio acuático. Estos caudales se pueden justificar por muchos motivos: para preservar especies autóctonas de fauna y flora, para conservar la pesca, para mantener la calidad estética de un paraje fluvial, o para proteger tramos de interés científico o cultural. Obviamente los mejores caudales ecológicos serán aquellos que imitan el régimen natural de caudales, ya que las biocenosis acuáticas han evolucionado de acuerdo con las pautas históricas de distribución de estiajes y crecidas, y para completar sus ciclos biológicos dependen de las características de estas pautas.
Sin embargo, la necesidad de aprovechar el recurso, obliga a pensar no ya en unos caudales ecológicos óptimos, sino más bien en unos caudales ecológicos mínimos, definidos como aquellos que mantengan las poblaciones naturales del río y sus valores ecológicos, y que cualquier disminución de su cuantía implique una pérdida marcada de los mismos. La fijación de estos caudales mínimos deberá tener en cuenta cuestiones diversas, como los caudales necesarios para que los peces migradores asciendan a sus frezaderos y pasen por las escalas; para que provean suficiente espacio para los peces; para asegurar niveles aceptables de temperatura del agua, del oxígeno disuelto o de la salinidad en una zona particular del río, etc.
El régimen de caudales ecológicos también incluye crecidas artificiales, que se planifican para remover sedimentos finos acumulados en el lecho, arrastrar vegetación acuática, detritus, aguas excesivamente salinas, conservar la morfología fluvial del cauce o provocar inundaciones para mantener la cubierta vegetal de las riberas.
La dificultad más importante en la fijación de los caudales ecológicos reside en decidir hasta qué punto es aceptable modificar el régimen de caudales naturales sin poner en peligro la supervivencia y los niveles normales de las poblaciones acuáticas. Aunque en las dos últimas décadas se ha investigado mucho sobre los efectos de la regulación de caudales, todavía persiste un gran desconocimiento científico, especialmente sobre los requerimientos de muchas especies ibéricas, de las que se carecen de datos cuantitativos. Evidentemente, un análisis del ecosistémico del río exige un trabajo arduo, pero también requiere una metodología de análisis estandarizada, para que los resultados de distintos tramos y de distintos ríos sean comparables.
A) Criterios basados regímenes de caudales históricos
Un método sencillo de estimar caudales ecológicos mínimos consiste en estudiar los regímenes de caudales naturales. Las comunidades fluviales han evolucionado sometidos a determinados tipos de regímenes de caudales y por tanto sus ciclos biológicos y requerimientos ecológicos están adaptados a las variaciones estacionales propias de dicho régimen. Asimismo, están adaptadas a tolerar unos caudales mínimos durante un estío mas o menos largo, e incluso pueden tolerar caudales muy exiguos durante uno o varios días, que obviamente no pueden mantener durante períodos largos a los que no estén adaptados.
Una primera aproximación para señalar unos caudales mínimos circulantes por los tramos regulados, era utilizada frecuentemente debido a su sencillez, es el criterio de fijar el 10 %, o cualquier otro porcentaje fijo, de las aportaciones naturales (o caudal medio anual) de la cuenca. Resulta obvio que este criterio no está sostenido por ninguna base científica, ya que cada río tiene un régimen de caudales y unas características geomorfológicas peculiares que exigen unos porcentajes de caudal diferentes para mantener sus comunidades biológicas.
También se ha utilizado como criterio para fijar el caudal ecológico aquel que toma la media de los caudales mínimos anuales registrados durante una serie de años. Este criterio no tiene en cuenta suficientemente las necesidades de las poblaciones del río, ya que la fauna fluvial está adaptada a vivir con esos caudales mínimos pero durante cortos períodos de tiempo, no de forma permanente.
Si quisiéramos citar un método basado en criterios históricos que tenga un sentido biológico, deberíamos de contemplar la variación estacional que caracteriza al régimen natural de caudales. Esta fluctuación estacional se analiza, con frecuencia, mediante los valores de los caudales medios mensuales de una serie foronómica de 10 o más años. Es decir, de los 28 a 31 días de cada mes de cada año, se hace la media de los caudales diarios, y con estas medias se realiza, a su vez, la media de las mensuales de la serie de años, para ese mes. Si en vez, de utilizar las medias mensuales utilizamos del el caudal mínimo diario que se dio en cada mes, tendríamos unos caudales mensuales que fluctúan de manera similar al régimen natural, y con unas cantidades de caudal que realmente circulan por el cauce en condiciones naturales.
Por tanto, en este caso se debiera proponer como régimen caudales mínimos ecológicos a los caudales mínimos de cada mes por cada año, y las medias respectivas a lo largo de la serie de años.
B) Fijación de Caudales Ecológicos mediante la valoración del Habitat Potencial Útil
El concepto de "caudal ecológico" comprende enfoques científicos que normalmente ocupan a profesionales diferentes, con áreas de trabajo distintas. El término caudal es elemento básico de hidráulicas e ingenieros gestores del recurso agua, mientras que el adjetivo ecológico nos refiere al mundo de la biología y de la gestión de la naturaleza. Por ello, la fijación de caudales ecológicos es una tarea con una clara vocación multidisciplinar. Parece lógico que la metodología más acertada responda a esta vocación, y así se ha propuesto un criterio basado en la relación de las exigencias de hábitat de las especies fluviales, con las variaciones de las características de éste en función de los caudales circulantes.
Stalnaker (1979) y Bovee (1982) han desarrollado un método basado en las relaciones cuantitativas obtenidas por simulación hidráulica, entre los caudales circulantes y los parámetros físicos e hidráulicas que determinan el hábitat biológico. La base conceptual de esta metodología reside en conocer los requerimientos de caudal circulante de algunas especies o de determinadas comunidades reófilas, y de su distribución en el tiempo, para poder evaluar las necesidades de caudal con objeto de mantener sus poblaciones.
Una metodología basada en este último criterio ha sido puesta a punto y utilizada en los ríos regulados de la Península Ibérica con el fin de proponer unos regímenes de caudales ecológicos capaces de mantener una comunidad piscícola similar, al menos en términos cualitativos, a la que de forma natural existe en los ríos, en condiciones naturales (García de Jalón, 1990).
Esta metodología está siendo utilizada ampliamente en Norteamérica. Souchon (1983) ya propuso su adaptación a los ríos franceses y Gustard (1987) a los del Reino Unido. En España, hay una demanda legal de fijación de caudales ecológicos establecida en los Planes Hidrológicos, pero cuya definición no está precisada (Manteiga y Olmeda, 1992). Sin embargo, también se han realizado los primeros intentos de aplicar la metodología IFIM a nuestros ríos (García de Jalón, 1990; Cubillo et al. 1990), e iniciado el desarrollo de otras nuevas (Palau, 1994). También, en la actualidad y a modo de ejemplo, en la Comunidad Gallega, se están estableciendo, por la Consejería de Medio Ambiente, caudales ecológicos para aprovechamientos hidroeléctricos, basados en la en el método IFIM-PHABSIM (método incremental de simulación del hábitat físico, que está basado en elementos hidráulicos y biológicos) que permite la determinación del caudal ecológico del río según las peculiaridades morfológicas del lecho, necesidades de las especies piscícolas, fenología natural de la cuenca.
El esquema conceptual de dicha metodología parte de tres puntos básicos:
1) Un modelo de hidráulica fluvial: A través del cual se pueden relacionar los diferentes caudales circulantes (Qi) con una serie de parámetros físicos que varían con ellos, como son la profundidad de las aguas, su velocidad, anchura del cauce inundado, temperatura, cobertura y granulometría del substrato de fondo.
2) Curvas de preferencia de la fauna: Definidas para cada uno de los parámetros hidráulicos anteriores. Se refieren al grado de adecuación de la fauna acuática a los distintos valores que toman dichos parámetros cuando varían los caudales, según su espectro ecológico. Cada especie encuentra su óptimo en un rango de variación de cada parámetro, y fuera del mismo tolera las condiciones existentes o deja de poder existir ante ellas. Se puede así definir para cada parámetro una curva de preferencia de alguna especie representativa de la fauna del río (normalmente se elige la trucha u otro pez abundante), que se uniformiza para fluctuar entre 0 y 1, de forma que se da el valor 0 para valores del parámetro que resultan intolerables, y el valor 1 para aquellos valores del parámetro hidráulica que resulten óptimos para la especie.
3) Valor potencial del hábitat fluvial: Podemos considerar que el río está dividido en celdas diferenciadas, en las que para un determinado caudal circulante existe una profundidad media (pi), una velocidad media (vi) y un tipo de substrato (si) determinados. Las curvas de preferencia nos dan unos valores de preferencia de cada parámetro que son c1(pi), c2(vi) y c3(si). El producto de ellos es un indicador del valor de esa celda como hábitat potencial, y la integración de dicho valor en todas las celdas de una sección transversal del río, ponderándolas por la superficie que representan, sirve a su vez de indicador del valor como hábitat potencial del tramo fluvial representado por esa sección.
Finalmente, utilizando el modelo hidráulico es posible simular para cada caudal los valores de las variables físicas que le corresponden a cada celda, y por consiguiente el valor como hábitat de todas las celdas y por integración el de todo el tramo fluvial. Así se obtiene una relación entre el valor ecológico del hábitat potencial y los caudales circulantes por el río, sirviendo de instrumento para fijar los caudales mínimos ecológicos con base científica, ante el Objetivo de mantener una comunidad piscícola determinada.
La implantación de esta metodología entraña una serie de trabajos de campo y de gabinete, que pueden resumirse en las siguientes actividades:
a) Descripción del medio físico

b) Análisis de las condiciones hidráulicas

c) Estudio de los requerimientos biológicos

d) Determinación del Hábitat Potencial Útil

e) Evaluación del régimen de caudales ecológicos
Una descripción más detallada del Método IFIM-PHABSIM se realiza en el apartado correspondiente del presente estudio.

    1. Escalas piscícolas

Existen diseñadas variados tipos de escalas piscícolas para diferentes clases de ríos, diferentes especies y distintos aprovechamientos del recurso agua. Sin embargo nos restringiremos a las escalas de "artesas" o de diques sucesivos debido a que su generalizado uso asegura una mayor eficacia, presentan cierta facilidad de construcción y la comprobación de su adecuado funcionamiento resulta sencilla. Las escalas de artesas son las que mejor se ajustan a las especies reófilas, nadadoras en la columna de agua y de cuerpo fusiforme y alargado (salmónidos, barbos, bogas, cachos), dominantes en los tramos fluviales afectados por minicentrales.


Estas escalas consisten en una serie de artesas o depósitos dispuestos sucesivamente uno después de otro, y comunicados entre sí por vertederos. La escala se diseña para permitir el paso de individuos adultos de barbos y bogas, es decir que se trata de peces de tamaños comprendidos generalmente entre 12 cm y 75 cm (máximo tamaño de barbos y truchas adultas).
Los parámetros fundamentales en el diseño de las escalas son los siguientes:


  • Salto entre artesas

  • Caudal de llamada

  • Tamaño de las artesas

  • Longitud de la escala

  • Anchura de los vertederos de las artesas

  • Ubicación de la escala



    1. Protección del paso por las turbinas

La mortalidad de los peces que se mueven aguas abajo puede ser muy elevada si se introducen en los canales de derivación que terminan en las turbinas de producción eléctrica. Con objeto de evitar estas muertes es necesario recurrir a dispositivos que desvíen a los peces o que les impidan la entrada en los canales de derivación.


El dispositivo mas frecuentemente empleado son las rejillas metálicas que impiden el paso a los peces, les desvían del canal de derivación o/y les conducen por un paso o escala debajo del azud. Las rejillas son por lo general retículos rectangulares con luz de malla entre 5 mm y 25 mm, según el tamaño de los peces. La disposición y el ángulo de incidencia de la en las rejillas han de ser tales que las velocidades del agua al entrar por las rejillas sean bajas (menores de 30 cm/s), con objeto de evitar que los peces queden atrapas por ellas. El problema de las rejillas es que se atascan al colmatarse sus huecos con detritus y flotantes que el agua arrastra, por lo que necesitan un mantenimiento continuo.
Otros tipos de dispositivos se basan en procedimientos (estímulos visuales, eléctricos, hidrodinámicos o auditivos) que inducen cambios de comportamiento en los peces (repulsión o atracción) consistentes en evitar las turbinas. Entre ellos los mas efectivos son las barreras eléctricas, consistentes en establecer uno o sucesivos electrodos metálicos, situados en el fondo del canal de derivación, y conectados al polo negativo un generador eléctrico de corriente continua. Estos electrodos crean un campo eléctrico que repele a los peces al acercarse al mismo.

    1. Mejora del hábitat

Se puede intentar mitigar la degradación del tramo de cauce derivado mediante la aplicación de técnicas de mejora de su hábitat. Estas técnicas son diversas y exigen unos conocimientos multidisciplinares para su aplicación, y en especial son importantes los condicionantes geomorfológicos (González del Tánago y García de Jalón, 1996).


La componente del hábitat piscícola mas afectado por la reducción de caudal es la perdida de refugio para los individuos mayores de la población. En este sentido sería importante el favorecer orillas con intensa cobertura arbórea o arbustiva y la formación de pozas y remansos para potenciar la capacidad de refugio del tramo. Con estos objetivos las actuaciones de mejora que se plantean son de dos tipos:


  1. actuaciones en el cauce que favorezcan la formación de pozas estables;

  2. revegetación de orillas y acotado al pastoreo.

Para la formación de pozas en un río, no se debe escarbar directamente el fondo, pues la dinámica fluvial lo rellenaría de acarreos en la siguiente crecida. Por el contrario debemos utilizar la fuerza de la corriente para que escarbe el lecho y cree una zona profunda. Para ello, existen dos tipos de estructuras que nos facilitan la actuación: deflectores y azudes sucesivos.


a) Deflectores de corriente
También llamados "deflectores de ala", son las estructuras más frecuentemente utilizadas. Su funcionamiento consiste en cambiar la dirección del flujo con el propósito de proteger las orillas, excavar pozas, concentrar las aguas en estiaje, o bien crear rápidos.


Figura 1. Deflectores de corriente
Los deflectores se construyen fácilmente a partir de muchos tipos de materiales (troncos, piedras, gaviones,..) pero han de ser cuidadosamente instalados para evitar ser erosionados y arrastrados por las crecidas. Wesche (1985) da detalles técnicos para su construcción. Generalmente son diseñados de forma triangular, con su lado de mayor longitud bien anclado en las orillas.
b) Azudes
Son pequeñas presas de perfil bajo, utilizadas generalmente para crear o ahondar pozas, y para recolectar y sujetar gravas para potenciar los frezaderos naturales en ríos de fuertes pendientes.


Figura 2. Azudes
Los azudes se construyen con piedras, troncos, o gaviones con un vertedero para facilitar el paso de peces migradores en aguas bajas. La forma del azud puede ser recta o bien en ángulo, siendo la ventaja de estos últimos que protegen mejor los anclajes laterales. En la creación de frezaderos es más efectiva la disposición de dos azudes próximos, de tal manera que el fondo del azud más alto esté al nivel del desagüe más bajo.
c) Revegetación de orillas
En los tramos de cauce derivado cuyas orillas carentes de cobertura vegetal sean profundas, se puede aumentar su capacidad de refugio mediante su repoblación con especies arbóreas y subarbustivas. La repoblación debe hacerse siempre utilizando las especies autóctonas de la zona. Para ello, la recolección de material vivo debe efectuarse en tramos próximos siempre que ello sea posible, antes que recurrir a material de viveros comerciales. En cuanto a las labores de revegetación, los más efectivos son los estaquillados de mimbres y salicáceas arbóreas (sauces y chopos), y las plantaciones de árboles.
Los estaquillados con salicáceas son muy utilizadas en la revitalización de ríos. En la época de "parada vegetativa" (entre noviembre y marzo), se cortan varas o estacas de longitud menor de un metro (para que resista la corriente) y grosor mayor de un centímetro (para que tengan reservas). La colocación de las estaquillas debe hacerse inmediatamente, aunque también existe la posibilidad de enterrar las varas en arena húmeda hasta que brotan, con lo que el éxito es mayor.
Existen varias formas de colocación: a) clavando las estaquillas directamente; b) extendido de capas de estaquillas unidas entre sí con alambre, ancladas con estacas de madera y cubiertas con una capa de tierra; c) En fajinas que son manojos cilíndricos de varas de sauce, atadas con alambre y enterrados.
Las especies arbóreas más utilizadas en plantaciones de ribera son los chopos (negros y blancos), aunque también se usan otras como el fresno, aliso, olmo, etc. La plantación de árboles debe siempre realizarse afianzándolos con sistemas de anclaje, para evitar que sean arrastrados por las crecidas.


    1. Adecuación de las instalaciones eléctricas

Como medidas de gestión encaminadas a paliar el impacto de los tendidos eléctricos, especialmente cara a los problemas de electrocución y colisión, a continuación se enumeran y comentan brevemente algunas de ellas:




  • Se recomienda que siempre se realicen estudios de impacto ambiental previos a la instalación de nuevos tendidos eléctricos. Los recorridos de las nuevas líneas deben ser por aquellos ecosistemas de menor importancia.




  • Los tendidos deben evitar en su trazado y construcción daños a los recursos naturales, por lo que se debe procurar que los nuevos tendidos eléctricos vayan enterrados, sobre todo a su paso por zonas de elevado interés faunístico.




  • En caso de ser necesario proceder a la corta de árboles que puedan constituir un peligro para la conservación de las líneas se ha de actuar en los períodos de tiempo que no afecten a la reproducción de la ornitofauna presente.




  • En el mantenimiento de las calles de seguridad se debe evitar la utilización de herbicidas que puedan tener efectos negativos sobre la fauna de la zona, recomendándose que tales trabajos de mantenimiento se realicen por desbroce.




  • En caso de que la instalación de líneas sea necesaria, la realización de las obras debería tener en cuenta las épocas de reproducción e hibernación de las especies presentes en el entorno, de forma que el impacto producido por el ruido y el trasiego de personas sea minimizado.




  • Se debe procurar que los edificios anexos a las minicentrales estén lo más cerca posible de las líneas ya implantadas para evitar así realizar nuevos tendidos.


a) Electrocución
Las propuestas específicas para minimizar la electrocución de las aves son las siguientes:


  • Modificación de los tramos de mayor peligrosidad con aislamiento de los conductores en las proximidades de los aisladores, estos incluidos, con fundas de material aislante (se puede utilizar cable seco de 12-20 kV del tipo empleado en líneas subterráneas).




  • Instalación de elementos disuasorios entre los postes y los conductores para evitar que las aves se posen en puntos peligrosos (posaderos elevados o bolas plateadas que ahuyenten a las aves).




  • En aquellas derivaciones que presenten soportes rígidos a lo largo de la línea deben sustituirse estos aisladores por aisladores que impliquen un menor riesgo de electrocución (cadenas de suspensión).




  • En los puntos en los que se inician derivaciones de línea se produce alta peligrosidad debido al abigarramiento de conductores, por lo que se recomienda la instalación de elementos disuasorios para evitar que se posen aves.


b) Colisión
Las propuestas específicas para minimizar la colisión de las aves son las siguientes:


  • Señalización con dispositivos que hagan visibles los cables del tendido eléctrico de los tramos con mayor riesgo para minimizar el riesgo de colisión. Se recomiendan espirales de PVC de color naranja de 1 m de longitud, separadas 10 m entre si, colocadas al tresbolillo en los conductores de la línea. Este modelo de señalizador ha conseguido reducir la tasa de colisión en un 60 % y si sólo se consideran las especies incluidas en la lista roja se han conseguido reducciones del 75 % (Roig et al, 1993). También son recomendables tubos de polietileno tipo “malla”, de color amarillo, 30 cm de diámetro y 40 cm de longitud.



    1. Mejoras paisajísticas

Las mejoras destinadas a minimizar los impactos paisajísticos, se pueden dividir en los siguientes apartados.


a) Adecuación de las instalaciones
Las instalaciones de una minicentral se deberían ubicar en aquellos lugares donde su visibilidad (cuenca visual) sea menor, teniendo en especial consideración la visibilidad desde puntos más frecuentados (carreteras, caminos, núcleos urbanos, miradores, etc.). También debe considerarse el entorno en el que se ubican (si es la única edificación de la cuenca visual su impacto se eleva, etc.).
La presa, y el canal de derivación, si existe, podrán revestirse en su cara visible con piedras similares al terreno del entorno, aportando una coloración y textura menos contrastada. Las edificaciones se podrán recubrir de la misma manera o asemejarlas en su aspecto y dimensiones a la arquitectura tradicional, si existe en su entorno.
Finalmente, delante de las edificaciones, la presa y el canal, se podrán realizar plantaciones de árboles típicos de la zona, evitándose especies ornamentales, así como aquellas de un marcado colorido en otoño. La plantación deberá realizarse de estructura irregular.
En el trazado de pistas y caminos de acceso a las obras deberá prevalecer a prevención ante posibles impactos, reduciéndose al máximo el número de nuevas aperturas de caminos, incluyendo aquellos tramos que se utilizan para la colocación de los postes de los tendidos eléctricos.
b) Adecuación de postes y tendidos eléctricos
Los postes y tendidos eléctricos deberán invadir en el menor grado posible las cuencas visuales, evitándose por ejemplo cruces transversales de valles o cañones, etc.
Los postes se podrán pintar del color mayoritario del fondo (por ejemplo azul celeste o gris claro cuando el fondo es el cielo, y dependiendo de la región donde se ubique; marrón, verde o gris medio cuando el fondo es el valle, etc.), y nunca de color blanco, ya que este color siempre juega un papel destacado en un paisaje.
Además, los colores utilizados deberán ser mates para evitar reflejos no naturales.

Medidas dirigidas a la protección del medio edáfico


a) Protección del suelo
Antes del inicio de las obras es aconsejable la definición exacta de la localización de depósitos para las tierras y lugares de acopio, para las instalaciones auxiliares y el parque de maquinaria.
La capa edáfica o superficial del suelo separada durante las excavaciones se debe conservar adecuadamente para ser utilizada posteriormente en la recuperación de las superficies alteradas. Para ello se separará y apilará en los lugares indicados para ello, en montones de altura no superior al 1,50 y con una duración del almacenamiento lo menor posible para evitar la degradación del recurso. En el caso de que este periodo superase los dos meses, se añadirá mulch para mejorar la estructura del suelo y para mantener las condiciones de oxigenación y no apelmazamiento del suelo. En todo caso se deberá aportar cantidad suficiente para mantener un 6% de materia orgánica en este suelo. Así mismo, se procederá al abonado y a la plantación de especies pratenses (preferentemente fjjadoras de nitrógeno) en una dosis mínima de 50 Kg/Ha que permitan mantener la estructura y composición del suelo.
En ningún caso esta tierra vegetal podrá mezclarse con los estériles procedentes de la excavación o con cualquier otro tipo de residuos o escombros. Además se debe garantizar su no deterioro por erosión hídrica o compactación por el paso de maquinaria.
Durante el proceso de excavación de la traza de la tubería de conducción, de ir este elemento enterrado, se preverá la existencia de desprendimientos del material de excavación o de relleno, estableciéndose medidas protectoras en los siguientes casos:


  1. Con pendientes superiores al 80%, cuando exista riesgo de desprendimiento sobre formaciones vegetales naturales;

  2. Cuando exista riesgo de desprendimiento sobre el lecho fluvial, al encontrarse los rellenos a menos de 8 metros del cauce,

  3. En caso de que sea necesario el empleo de voladuras.

En estos casos se debiera proceder al establecimiento de pantallas protectoras para rellenos, para lo que se colocará un cerramiento con hincado de postes de pino de 0,15 m de diámetro y 2 m. De longitud, hincados a una profundidad mínima de 50 cm. La separación entre los postes será de 1 metro. Posteriormente se colocará una malla de enrejados de simple tensión 60/17, con diámetro de alambre de 3 mm.



5. Programa de vigilancia ambiental
El programa de vigilancia ambiental habrá de adaptarse a las condiciones previstas en el apartado anterior, sumados a los elementos generales definidos en los apuntes para el programa de vigilancia ambiental

6. Documento de síntesis
El documento de síntesis, con una extensión no superior a 25 hojas, y redactado en términos fácilmente comprensibles, contendrá la información básica (tanto textual como gráfica) sobre los trabajos realizados, conclusiones relativas a las alternativas propuestas, medidas preventivas y correctoras y programa de vigilancia ambiental. Es importante que este documento se redacte teniendo presente su función básica de tipo informativo-divulgativo, especialmente de cara al proceso de información pública.
Por otra parte, y aunque no es habitual su redacción, se incide en la necesidad de elaborar, en su caso, y tal como se dispone en la normativa de referencia, las dificultades informativas o técnicas encontradas en la realización del estudio con especificación del origen y causa de las dificultades encontradas.


Anexo 3.2. Parques eólicos

La tramitación de expedientes de evaluación ambiental de parques eólicos en Galicia viene representando en los últimos años cerca del 7% sobre el total de expedientes anuales tramitados.


En continuación del orden expuesto en los apuntes, se repasan brevemente los contenidos del Estudio de Impacto Ambiental (EsIA), señalando algunas indicaciones de interés a tener en cuenta, tanto por el promotor como por la administración ambiental como agentes del procedimiento de evaluación de impacto ambiental.
1. Descripción del proyecto y sus acciones
1.1. Descripción general del proyecto

Deberá indicarse, además de los elementos habituales: número de aerogeneradores; modelo y disposición; potencia unitaria y total; producción estimada; período de explotación; duración de cada fase las obras


1.2. Relación de acciones inherentes al proyecto

Relación de acciones por fases y por elementos fundamentales: viales de acceso y de comunicación de los aerogeneradores del parque, aerogeneradores (incluida cimentación), cableado de electricidad hasta caseta de control; caseta de control y centro de transformación (subestación), línea eléctrica de evacuación de la energía producida.


1.3. Utilización de materiales, suelo y otros recursos naturales
1.4. Residuos, vertidos y emisiones resultantes
2. Exposición de alternativas
3. Evaluación de efectos previsibles
3.1. Inventario ambiental y descripción de interacciones ecológicas y ambientales
3.2. Identificación y valoración de impactos

Deberá incluir, junto a los contenidos habituales: modelización infográfica del terreno, que muestre el parque eólico con todas las instalaciones proyectadas y las preexistentes. Atención también a: estudio de la incidencia del parque sobre la poblaciónb de aves que habita en el entorno; así como potencial afección de quirópteros forestales.



4. Propuesta de medidas protectoras y correctoras

5. Programa de vigilancia ambiental

El programa de vigilancia ambiental habrá de adaptarse a las condiciones previstas en el apartado anterior, sumados a los elementos generales definidos en los apuntes para el programa de vigilancia ambiental.


6. Documento de síntesis

El documento de síntesis, con una extensión no superior a 25 hojas, y redactado en términos fácilmente comprensibles, contendrá la información básica (tanto textual como gráfica) sobre los trabajos realizados, conclusiones relativas a las alternativas propuestas, medidas preventivas y correctoras y programa de vigilancia ambiental. Es importante que este documento se redacte teniendo presente su función básica de tipo informativo-divulgativo, especialmente de cara al proceso de información pública.


Por otra parte, y aunque no es habitual su redacción, se incide en la necesidad de elaborar, en su caso, y tal como se dispone en la normativa de referencia, las dificultades informativas o técnicas encontradas en la realización del estudio con especificación del origen y causa de las dificultades encontradas.




Compartir con tus amigos:
1   ...   15   16   17   18   19   20   21   22   23


La base de datos está protegida por derechos de autor ©psicolog.org 2019
enviar mensaje

    Página principal
Universidad nacional
Curriculum vitae
derechos humanos
ciencias sociales
salud mental
buenos aires
datos personales
Datos personales
psicoan lisis
distrito federal
Psicoan lisis
plata facultad
Proyecto educativo
psicol gicos
Corte interamericana
violencia familiar
psicol gicas
letras departamento
caracter sticas
consejo directivo
vitae datos
recursos humanos
general universitario
Programa nacional
diagn stico
educativo institucional
Datos generales
Escuela superior
trabajo social
Diagn stico
poblaciones vulnerables
datos generales
Pontificia universidad
nacional contra
Corte suprema
Universidad autonoma
salvador facultad
culum vitae
Caracter sticas
Amparo directo
Instituto superior
curriculum vitae
Reglamento interno
polit cnica
ciencias humanas
guayaquil facultad
desarrollo humano
desarrollo integral
redes sociales
personales nombre
aires facultad