Apuntes. Instrumentos de medida en terapia familiar y de pareja, utilizacion de escalas. Mertxe Rodríguez Belén López evntf 2015



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Apuntes. INSTRUMENTOS DE MEDIDA EN TERAPIA FAMILIAR Y DE PAREJA, UTILIZACION DE ESCALAS.
Mertxe Rodríguez

Belén López

EVNTF 2015


1.-  Introducción.

1.1.-Concepto de evaluación.

1.2.-Términos con los que no debe confundirse

1.3.-Lo que no debe de ser una evaluación :

1.3.1- Las pseudoevaluaciones o la trampa de las evaluaciones a priori

1.4.-Aspectos éticos a tener en cuenta en evaluación e investigación

1.5.-El consentimiento informado en la evaluación e investigación.

2.- El estudio de las familias las escalas familiares:

2.1-.Las escalas familiares

2.2-Escalas para medir el cambio :

2.2.1- SCORE-15.

2.3-Escalas de evaluación familiar

2.3.1.- Modelo Circumplejo de Sistemas Maritales y Familiares de Olson,

2.3.2.- Batería de Evaluación Familiar, FAP



2.3.2.1.-Escala de Estrés Familiar. FSS

2.3.2.2.- Escala de Comunicación Familiar. FCS

2.3.2.3.- Escala de Satisfacción Familiar, FSIS

2.3.2.4.- Escala de Recursos Familiares. FStS

2.3.3.- Escala de Inestabilidad Matrimonial


2.3.4.-Escala de Clima Familiar.

2.3.5.- El Apgar Familiar

2.3.6.-El Modelo sistémico de evaluación de la familia.

2.4-Escalas de evaluación de pareja :

2.4.2.-El PREPARE

2.4.1.- El Test corto de Ajuste Matrimonial, SMAT



3.- La investigación en terapia familiar

3.1.- Evidencias de las investigaciones en terapia familiar



4.- Prácticas.


1.-  Introducción a la evaluación.

Cuando uno se ve en la tesitura de tener que realizar una evaluación posiblemente lo primero que venga a su pensamiento es la imagen de algo laborioso, tedioso, con una extrema dificultad, quizás también pueda cuestionarse si tiene algún sentido, criticarla e incluso no ver su sentido. La realidad nos está demostrando que debido a la necesidad humana de objetivar la realidad y los hechos, no solo se plantea medir, lo que se ajusta a una medida física (temperatura, tiempo, presión, etc..), sino también todos aquellos constructos hipotéticos (cohesión, adaptabilidad, nivel de comunicación etc…) intangibles y sin medida en principio, que surgen en campos de las ciencias sociales, y de la salud.


Pero como en todo, es importante comenzar por el principio.
¿Qué es la evaluación?, ¿Qué tipos o formas de evaluación existen? ¿Cuáles son las funciones de la evaluación?, ¿Qué objetivos se pretenden con la evaluación?, ¿Qué principios o criterios deben regir una evaluación?, ¿Cómo se desarrolla un proceso evaluativo?
En la medida en que una decisión depende de la elección entre diferentes alternativas, podemos considerar que tenemos un problema de evaluación. Esta forma de plantear el problema de la evaluación resulta especialmente útil para aproximarnos a muchos ámbitos de la actividad humana. En definitiva, sea en estas o en otras situaciones, allí donde hay un problema de decisión hay siempre un problema de evaluación. De modo que, en resumidas cuentas, podemos afirmar lo siguiente: cuando una persona se enfrenta con una situación ante la que se ve obligada a elegir, tiene que resolver un problema de evaluación.
1.1.-Concepto
Podemos considerar que la palabra evaluación designa el conjunto de actividades que sirven para emitir un juicio, hacer una valoración, medir “algo” (objeto, situación, proceso) de acuerdo con determinados criterios de valor con que se emite dicho juicio. En la vida cotidiana permanentemente estamos valorando sobre todo cuando ponderamos las acciones y decisiones que tomamos. Estamos realizando una evaluación informal, que no necesariamente se basa en una información suficiente y adecuada, ni pretende ser objetiva y válida. Pero cuando queremos evaluar servicios o actividades profesionales no basta la evaluación informal. Debemos recurrir a formas de evaluación sistemática que, utilizando un procedimiento científico, cuenten y nos garanticen tanto la validez como la fiabilidad de la medida.
La evaluación es una forma de investigación aplicada, sistemática, planificada y dirigida, encaminada a identificar, obtener y proporcionar información y datos (válidos y fiables), relevantes para apoyar un juicio acerca del mérito y el valor de los diferentes componentes de un programa (tanto en la fase de diagnóstico, programación o ejecución), o de un conjunto de actividades específicas que se realizan, han realizado o realizarán, con el propósito de producir efectos y resultados concretos; comprobando la extensión y el grado en que dichos logros se han dado, de forma tal, que sirva de base o guía para una toma de decisiones racional e inteligente entre cursos de acción, o para solucionar problemas y promover el conocimiento y la comprensión de los factores asociados al éxito o al fracaso de sus resultados.
Por lo tanto sus características más relevantes son:
Es una forma de investigación aplicada...
Consiste en aplicar el método científico al conocimiento de un aspecto de la realidad, actuaciones, conocimientos, relaciones…. Dicho en otras palabras es un conocer para mejorar las formas de actuar.
Sistemática, planificada y dirigida...
Se trata de estudiar de manera consciente, organizada y con una intencionalidad expresa un aspecto de la realidad. Este estudio no consiste en un conjunto de recetas, sino en establecer una estrategia dentro de un proceso que tiene una clara direccionalidad y para cuya consecución se establecen por anticipado los planes más racionales, basándose en una teoría.
Encaminada a identificar, obtener y proporcionar una información válida y fiable...
Es un proceso para enjuiciar algo, y para ello es necesario conocer primero el objeto a evaluar. De ahí, que el proceso de evaluación implique y conlleve tareas de identificación de información (lo qué se va a evaluar), de obtención de dicha información (mediante técnicas de investigación) y de difusión de la misma.
Pero esta tarea de recogida y sistematización de datos no puede hacerse de cualquier forma. Es necesario que los procedimientos utilizados cumplan ciertos requisitos de fiabilidad y validez, a fin de que los resultados de la evaluación sean justificables y lo más objetivos y precisos posible.
Datos e información suficiente y relevante en que apoyar un juicio...
Evaluar es siempre “señalar el valor de una cosa”, o lo que es lo mismo, emitir un juicio de valor. No se trata de ponderar o enjuiciar algo con criterios subjetivos, de ahí que los resultados y juicios o valoraciones realizadas deban apoyarse en datos e información pertinente. La pertinencia de dicha información viene dada por su relevancia, es decir, por la relación que guarda con las decisiones a las que pretende servir la evaluación. Y por su suficiencia, esto es: la información no debe ser ni excesiva (estudiar hechos innecesarios o poco significativos) ni insuficiente (lo que impediría establecer un juicio adecuadamente fundamentado).
Acerca del mérito y el valor...
Puede haber un programa meritorio sin valor, si bien toda actividad que tenga un valor debe ser –además meritoria- con la evaluación de un programa se pretende establecer y juzgar tanto el mérito como el valor del mismo.
De los diferentes componentes de un programa (tanto en la fase de diagnóstico, programación o ejecución)...
Muchas veces se identifica la tarea de evaluar con una acción a posteriori de algo ocurrido. Nada más falso. La evaluación puede realizarse tanto en el diagnóstico (la evaluación de necesidades, por ejemplo, o la jerarquización de problemas), como en la fase de programación (es el caso de las evaluaciones pre- o evaluaciones del diseño de un proyecto) y en la ejecución (evaluación en curso, continua, etc.). Además, la evaluación también puede hacerse una vez que el programa o el proyecto han finalizado (evaluación de impacto o evaluación post). Por lo tanto, se trata de un elemento a considerar en las distintas etapas, siempre que haya que realizar un juicio o valor de algún aspecto o componente, apoyado en información recogida sistemáticamente.
O de un conjunto de actividades específicas que se realizan, han realizado o realizarán, con el propósito de producir efectos y resultados concretos...
Toda actuación encaminada a lograr ciertos efectos o producir unos resultados es susceptible de evaluarse de manera sistemática.
Cuando decimos “producir efectos y resultados concretos”, tenemos en cuenta una doble dimensión en esos propósitos:


  • Por una parte, valorar el logro de los objetivos propuestos en un programa, servicio o actividad;




  • Por otro lado, valorar, en qué medida se satisfacen las necesidades.

De lo anterior se deriva el sentido de utilidad que debe tener la evaluación y la íntima relación que debe darse entre la evaluación, la práctica y las necesidades. Una investigación evaluativa no tiene sentido, si no es para mejorar la prestación de un servicio o la efectividad y eficacia de un programa.


Comprobando la extensión y el grado en que dichos logros se han dado...
Es decir, con el proceso de evaluación se pretende dar cuenta sobre la forma o manera en que algo se ha llevado a cabo, y el grado en que dichas acciones han producido efectos o resultados concretos. Cuando hablamos de “grado”, estamos haciendo referencia tanto a la extensión, cuantificación o magnitud de un efecto o consecuencia como a su profundidad. Ya se trate de evaluar una acción, un recurso o servicio, un resultado, etc...
De forma, que sirva de base o guía para una toma de decisiones racional e inteligente…
La investigación evaluativa sólo tiene sentido si está encaminada a la toma de decisiones. En efecto, una evaluación que sólo sirva para ser archivada en una biblioteca o para decir que se ha evaluado algo, carece de sentido y no es justificable desde el punto de vista técnico e inclusive ético. La necesidad de la evaluación viene dada porque permite una retroalimentación acerca de lo que se está haciendo y los errores que se cometen o han cometido, a fin de que se puedan ir subsanando, mejorando o evitando en sucesivas ocasiones. Asimismo, sirve para proporcionar información objetiva que pueda fundamentar las decisiones haciendo que disminuyan las posibilidades de fracaso del mismo. Tampoco debemos olvidar que, en ese sentido, la evaluación es un instrumento útil para mejorar las políticas y las intervenciones, haciéndolas más eficaces y eficientes, más idóneas y pertinentes.

No es que no se puedan tomar decisiones sin evaluación previa. Lo que estamos señalando es que si lo que se pretende es una toma de decisiones racional e inteligente, la evaluación se torna imprescindible. Ella permitirá elegir la alternativa de acción más conveniente, corregir una estrategia de acción o modificar actividades previstas, en función de los cambios que se den y de los resultados que se quieren obtener.


Para solucionar problemas y promover el conocimiento y la comprensión de los factores asociados al éxito o al fracaso de sus resultados.
La evaluación no es un fin en sí mismo, sino un instrumento al servicio de unos objetivos que están relacionados con algunos aspectos o elementos de una intervención.
Al hablar de evaluación de programas y servicios, entendemos que las decisiones que se toman como resultado de una investigación evaluativa deben ir orientadas a la mejor solución posible de los problemas y las necesidades.
Además, el proceso de evaluación debe dar cuenta de los factores que han contribuido al éxito o fracaso de una acción. Sólo de esta forma se podrán corregir errores, se podrá aprender de otras experiencias, y, en definitiva, se podrá mejorar.
1.2.- Términos similares a “evaluación” con los cuales no debe confundirse
En el ámbito de los servicios, programas y proyectos de diversos campos, existen una serie de términos que se emplean con frecuencia y que –en ocasiones- se utilizan de forma similar al de evaluación, siendo necesario precisar y diferenciar su alcance.

Dicho en otras palabras, cuando hablamos de evaluación debemos diferenciarla de:




  • Medición, que se refiere a la extensión y/ o cuantificación de algo, pero sin determinar su valor.




  • Estimación, que tiene un carácter aproximado y una carga subjetiva, ya que no implica exigencia metódica y formal como la evaluación sistemática.




  • Seguimiento, que es el proceso analítico para registrar, recopilar, medir y procesar una serie de informaciones que revelan la marcha o desarrollo de un programa y que asegura una retroalimentación constante para una mejor ejecución del mismo.




  • Control, que consiste en una verificación de resultados, no de su valoración (esto último es lo que constituiría una evaluación).


1.3.- Lo que no debe ser una evaluación
Resulta útil complementar la definición de evaluación con la visión en clave negativa de los errores o vicios más usuales con los que nos encontramos frecuentemente en la práctica.
Su conocimiento nos facilitará cierta prevención ante ellos, a la vez que, por contraste, delimitará mejor el alcance auténtico de la evaluación.
1.3.1-. Las pseudoevaluaciones o la trampa de las evaluaciones a priori
Uno de los errores más típicos en los que se suele caer es el de hacerse la trampa a sí mismo. Por decirlo metafóricamente, se trata de tirar primero el dardo para poner la diana después. Esta tarea no cabe duda de que es una manera efectiva de acertar siempre. Sucede cuando evaluamos algo a su término, sin haber prefijado claramente desde el principio lo que ha de evaluarse. Con este proceder no llevamos a cabo una auténtica evaluación (cabe, sin embargo, plantearse una evaluación sin metas prefijadas, pero siempre cuando se adopte como estrategia definida con vistas a recoger todo tipo de información y contingencias que aparecen en el desarrollo de un programa).
Otra manera de autoengañarse consiste en realizar el proceso inverso, decidiendo de antemano qué es lo que quiero que salga, dedicando después todos los esfuerzos a justificar con la evaluación lo que –miren ustedes por dónde...- va a coincidir con lo que ya había prefijado.
Ejemplos de la primera situación los encontramos cada vez que una profesional confunde su trabajo con el de un alquimista medieval en busca de la piedra filosofal. Es la actitud del vamos a hacer esto... y a ver lo que sale. La improvisación y la espontaneidad pueden llegar a ser recursos necesarios en ciertos momentos, siempre y cuando no se conviertan en el eje y la constante de dicho trabajo.
Respecto del segundo vicio mencionado, también nos lo encontramos con frecuencia, sobre todo cuando la evaluación se convierte en la llave del profesional para mantener su contrato laboral con la institución en la que trabaja.

1.3.2. -La identificación de la medida con la evaluación
Otra de las cosas que no se debe confundir con la evaluación es identificar la medida que sale de los datos obtenidos con la evaluación que surge de la valoración efectuada a partir de esa medida. Esta confusión, no por sutil deja de ser importante. De caer en ella al reducir la evaluación a mera cuantificación de datos, números o porcentajes, cuando sabemos que los constructos y las intervenciones no son reducibles a cifras. No podemos absolutizar los datos porque, en sí mismos, no dicen nada, sin una referencia al contexto que les da sentido y relieve. Es necesario tener en cuenta y contextualizar la evaluación, en referencia al entorno, circunstancias, etc.., en definitiva, es necesario completar los datos cuantitativos con referencias cualitativas y contextuales, para poder valorarlos en su justa medida.
1.3.3.- El sectarismo o parcialidad
Se suele dar debido a los prejuicios, intereses o apasionamiento con que a menudo se afrontan las evaluaciones. Puede haber tendenciosidad tanto en la selección y obtención de informaciones como en el momento de difundirla.
De la misma forma que la evaluación no es un mero dato, tampoco se puede reducir a mera opinión sin suficiente fundamento, sin explicaciones y sin recomendaciones o alternativas sugeridas para afianzar los resultados positivos y/o evitar los negativos. Un profesional riguroso no puede conformarse con evaluaciones que se resuelven en afirmaciones genéricas y totalitarias. Se trata de aportar no sólo descripción de hechos sino su interpretación y sobre todo proponer vías de mejora.
1.3.4-. La indiscriminación
Antes de ponerse a valorar algo, es preciso saber qué, para qué y a quién le interesa esa evaluación. En función de la respuesta que se dé a cada una de estas preguntas se establecen diferentes niveles. No es lo mismo evaluar una actividad, un programa de actividades, la organización con la que se realizó, las expectativas de la entidad organizadora o la satisfacción de los destinatarios. En cada caso existen distintos y hasta contradictorios intereses y el evaluador tiene que saber dar a cada cual lo suyo, sin mezclar o confundir la perspectiva institucional con la profesional o la comunitaria. Al equipo de trabajo le interesa, por ejemplo, la calidad del programa, mientras que a la población beneficiaria del mismo le puede interesar saber el grado de cumplimiento de sus expectativas, y la institución que lo financia puede preocuparse de la relación coste/beneficio por participante.
1.3.5.- la burocratizacion
La burocratización de la evaluación acostumbra a darse en ámbitos institucionales en donde ésta termina convirtiéndose en una rutina obligada y puramente formal. En estas circunstancias se trata de un puro trámite que no aporta nada nuevo a lo anterior ni mejora lo posterior.
1.3.6-. El “principio de indeterminación”
En concreto se refiere al límite de nuestro conocimiento a la hora de captar la realidad. Este límite en nuestro contexto es el que se nos plantea en forma de relación inversa entre exactitud y la amplitud del conocimiento, de forma que cuanto más preciso queremos que sea, menos abarcamos en el mismo. Inversamente, cuanto más amplio pretenda ser el conocimiento de la realidad, menos exacto tiende a ser.
Otra manera de acercarnos a este problema es el de constatar la imposibilidad de aislar y manipular las variables a evaluar sin modificar el medio natural. Aquí se encuentra la clave del dilema evaluación cuantitativa-cualitativa. Ambos enfoques se pueden aplicar al terreno que nos ocupa, pero teniendo en cuenta la dimensión procesual, compleja, práctica y participativa, el enfoque cualitativo resulta más apropiado en la mayor parte de las situaciones, sin desechar lo cuantitativo como complemento.
El enfoque cuantitativo intenta acercarse a la realidad desde una perspectiva experimental y analítica acotando al máximo la realidad que se evalúa y controlando todas las variables que intervengan en ella, con el fin de encontrar relaciones causales entre ellas. En este contexto, evaluar equivale a investigar, los métodos, por tanto, serían los mismos –los propios de la investigación experimental y cuasi-experimental: matemáticos y estadísticos- y sólo se diferenciarían en los objetivos que pretenden en investigación, buscaría explicar la realidad, en evaluación, valorar la realidad.
El enfoque cualitativo pretende estudiar la realidad con una pretensión descriptiva y comprensiva sin aspirar a explicarla como en el anterior posicionamiento. Opta por la comprensión global y abierta de los fenómenos, sin aislar ni manipular las variables que intervienen en ellos, para no modificar o alterar el contexto y las circunstancias naturales en las que se dan. Los métodos utilizados desde esta perspectiva son los basados en la observación y descripción de los fenómenos (etnografía, estudio de casos, observación sistemática, triangulación).
Junto a estos dos enfoques extremos, en la práctica se encuentran posturas intermedias que abogan por una utilización conjunta de los enfoques descritos, según las circunstancias y características de cada evaluación.
1.4.-Aspectos éticos a tener en cuenta en evaluación e investigación.
Ya que hablamos de investigación y nos adentramos en el mundo de los diferentes tipos de investigaciones, hemos de realizar una pequeña parada para recordar algo que es de importancia trascendental en toda evaluación o investigación, la ética.
La ética consiste en los principios de la conducta correcta. En general, no hay desacuerdo sobre los principios éticos en sí mismos, ya que representan valores humanos básicos. Sin embargo, puede haber diferencias sobre cómo se interpretan y se ejecutan en casos específicos.
Entre los principios básicos se cuentan la beneficencia, la no maleficencia, el respeto y la justicia.
Si la investigación supone la experimentación con seres humanos, deberá hacerse todo lo posible por aumentar al máximo los beneficios para las personas que son sujetos de estudio (beneficencia) y estos no deberán sufrir ningún daño (no maleficencia).
1.4.1.- El principio de beneficencia supone que:
• Un diseño científico y técnicamente válido es un requisito ético; un diseño que no proporcione la respuesta a la pregunta de investigación es éticamente inadmisible, ya que los pacientes se someterán a un proceso innecesario.

• El tamaño de la muestra es suficiente para generar resultados estadísticamente válidos, pero no es mayor que el necesario para obtener las respuestas.


1.4.2.- El principio de no maleficencia supone que:
• Los riesgos se evalúan adecuadamente y se equilibran con los posibles beneficios, se reducen al mínimo de todas las maneras posibles, incluido un tamizaje adecuado de las contraindicaciones, y se vigilan meticulosamente.

• Si se encuentran efectos adversos, se proporciona un tratamiento adecuado.


1.4.3.- El principio del respeto supone que:
• Los participantes están bien informados y dan su libre consentimiento para participar en el estudio.
• Los ensayos clínicos con niños y personas con discapacidad mental se limitan a afecciones específicas de ellos, y se obtiene el consentimiento fundamentado de los padres o tutores.
• Se cumple la confidencialidad. La confidencialidad es una obligación ética en la práctica de la medicina. Ya que en la investigación es probable que otras personas que intervienen en ella traten la información, deben tomarse medidas para garantizar la confidencialidad de los registros, ya sea mediante la limitación del acceso o con el reemplazo de la identificación de los pacientes por números de código.
Los estudios de familias en nuestro ámbito, se incluyen entre los estudios epidemiológicos, de campo y cualitativos.
Esta investigación se basa principalmente en la observación y, en general, no requiere ninguna intervención más invasiva que la de hacer preguntas. Estos estudios no conllevan riesgos físicos para los pacientes de la investigación. Sin embargo, pueden ser intrusivos. El daño psicosocial puede ser tanto o más significativo para la persona que el daño físico.
Entre las consideraciones éticas se cuentan la obtención del consentimiento fundamentado y libre, la confidencialidad y la beneficencia.
El principio del consentimiento fundamentado y libre implica que los pacientes deberán, de manera individual, comprender las razones de la recopilación de la información y dar su conformidad para ello. En encuestas comunitarias en gran escala, la comunidad también debe dar su conformidad para el estudio.
El principio de la confidencialidad implica que la recopilación de información en la investigación cualitativa se basa en la confianza mutua. Esta confianza se quebrantará seriamente ante cualquier posibilidad de incumplimiento de la confidencialidad.
La información recopilada sobre los pacientes en los estudios sobre el terreno se clasifica, en general, como vinculada o no vinculada (CIOMS, 1991). La información no vinculada es aquella que no puede vincularse, asociarse o conectarse con la persona a la que se refiere. En este caso, la confidencialidad no está en juego. Puede que la información vinculada continúe siendo anónima, si se vincula a la persona por un código u otros medios, y el investigador no puede conocer la identidad de la persona. En otros casos, deberá mantenerse el cumplimiento estricto de la confidencialidad.
El principio de beneficencia implica que:
• El individuo tiene derecho a estar informado sobre cualquier afección revelada durante el estudio y deberá recibir ayuda para obtener la atención apropiada.

• La comunidad tiene derecho a estar informada acerca del resultado del estudio y sobre cualquier posible implicación.


• Los investigadores tienen la obligación ética de desempeñar una función de promoción de la causa para mejorar el estado de salud de la comunidad, a partir de los resultados del estudio.
• En la medida de lo posible, debe emplearse al personal local, que deberá estar capacitado en las técnicas necesarias. Un estudio epidemiológico o sobre el terreno realizado éticamente deberá dejar algún beneficio a la comunidad en la que se llevó a cabo. Deberá desalentarse la llamada “investigación de safari”. En los que todos los beneficios que resultaban de las investigaciones que tenían éxito, se dirigían a las poblaciones de los países ricos y ninguno a la gente donde se realizaba la investigación.
1.5.- El consentimiento informado en la evaluación e investigación
Todos los individuos tienen derechos individuales que no deben ser infringidos. Los participantes individuales en los estudios tienen, por ejemplo, el derecho a decidir lo que ocurre con los (identificables) datos personales recogidos, a lo que han dicho durante un estudio o una entrevista, así como para cualquier fotografía que se tomó.
Por lo tanto, es importante que todos los participantes den su consentimiento informado por escrito antes de su inclusión en el estudio. La identificación de los detalles (nombres, fechas de nacimiento, números de identidad y otros datos) de los participantes que se estudian no debe ser publicada en descripciones escritas, fotografías y perfiles a menos que la información sea esencial para fines científicos y el participante (o su padre o tutor si el participante es incapaz) den su consentimiento informado por escrito para su publicación. El anonimato completo es difícil de lograr en algunos casos, y el consentimiento informado debe ser obtenido si hay alguna duda. Se han de buscar las formas de enmascarar la identidad garantizando que dichas alteraciones no distorsionan el significado científico del estudio. Por ejemplo, enmascarando la región de los ojos en las fotografías de los participantes, siempre y cuando esto sea efectivo, en ocasiones puede ser insuficiente.
En toda investigación o transmisión de resultados hay que asegurar y declarar el cumplimiento de este precepto, “ El consentimiento informado se obtuvo de todos los participantes individuales incluidos en el estudio” o bien si la identificación de la información sobre los participantes está disponible en el artículo hay que asegurarse de que “el consentimiento informado adicional se obtuvo de todos los participantes individuales para los cuales la información de identificación se incluye en este artículo”.

La exigencia de obtener el consentimiento informado como requisito previo y prácticamente ineludible para cualquier actividad sobre la persona confirma el reconocimiento de la libertad personal como principio básico de la actuación. Este deber de “consulta” a la persona afectada se ha constituido como un elemento ineludible en una multiplicidad de actos biomédicos, terapéuticos, y de intervención.






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