Apunte2: ¿Qué chicos y qué familias recibimos? Aspectos psico-sociales



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Apunte2: ¿Qué chicos y qué familias recibimos?

Aspectos psico-sociales

Breve y sintéticamente, mostramos aquí las características de las familias, los chicos y la escuela en su interrelación actual.



La escuela se siente presionada por cumplir con su Ideario/planificación, etc, está a la vez demandada por padres demandantes desde un lugar adolescente y un sistema educativo desorientado y ahogante por momentos con intervenicones burocráticas y de política coyuntural.. Los chicos demandan fundamentalmente desde el abandono y desconexión con que se presentan

Si la escuela queda en esta triple tensión, se agudiza de su parte, una desconexión abandónica del chico con la vitalidad que debe recibir del mundo adulto, ya que funciona, al igual que otros adultos en forma “desconectada” de los mismos

Los padres/adultos en su adolescentización, quieren desear/realizar expectativas de los chicos (o angustiarse por ellos), los abruman, sobreprotegen y llenan de afecto/cosas para sentirse ellos complacidos. No transmiten cultura y costumbres o tradiciones, y prevalecen los intereses personales por sobre el grupo familiar y la individualidad de los hijos. Hay además, situaciones de abuso de distinto tipo.

Por eso:


-Se sienten culpables de cuidar y ser autoridad. Temen perder la estima si llevan adelante o sostienen sus convicciones y planteos, para que el niño las vea, escuche y confronte incluso. Se auto-culpabiliazación (“soy una mala madre”) y esto es recurrente en muchos para evitar que el individuo en cuestión no asuma su responsabilidad.

-O culpabiliza en cambio a la sociedad: la maestra, la escuela, la directora; y luego será la justicia y la policía u otros.

-El niño está sujeto (más que ser un sujeto) a su funcionalidad psicológica para los padres, les cuesta ver (sentir) el valor y potencialidad que en sí mismo tienen los hijos.

-Paradójicamente, el niño es mimado como un “rey”, se hace referente y modelo de los adultos. Ellos anhelan esa “pureza de afectos e impulsos” que parece representarles (niño “mascota o peluche”)- Pasan luego a ser confidentes y casi cómplices, con información tabicada al otro cónyuge o pareja (más propicia todavía en familias ensambladas).

-Los chicos son consultados, o se les explica todo. En la adolescencia se vuelven modelos de “juventud y potencialidad” eternos, o al menos retrospectiva como reflejo del único estímulo vital y de proyecto que realmente tienen los padres en su mundo de sentimientos. Los adultos son vistos por tanto como “incompetentes”

En la escuela, el docente, siguiendo el mismo tren pisco-social, juega de “técnico en didáctica”; “luchador sindicalizado”; seductor y manipulador (el maestro de la segunda mitad de la “Sociedad de los poetas muertos”). La escuela también se ve presionada a nivelar hacia abajo en las exigencias de la sociedad y el sistema, que abruma con planificaciones, reglamentaciones y devoluciones de quejas, y a menudo, se ve envuelta en temores hacia una posible industria del juicio.

El foco de atención se vuelve hacia los problemas adultos propios o de la sociedad, y no hacia los chicos y su preparación a ellos, en todo caso.

/Podemos compartir y discutir entre nosotros acerca de facilidades y trabas del sistema educativo en general y en particular/



/Es bueno también compartir y tomar nota de los sentimientos que estas interacciones nos producen. Las trabajaremos luego al ver las reaccionescodependientes que se producen en el actuar escolar. /

Ese abandono educativo se ve por ej. :

- En la psicopatologización de cualquier problema de conducta, lo que rompe el orden de tolerancia de los directivos o docentes, pasa a ser un caso “para el equipo psi”. O el extremo de “cortar en seguida por lo sano” con salidas autoritarias desesperadas-

- Está pendiente de la invasión de los padres que se meten en temas educativos, institucionales, y reemplazan a la protesta o iniciativa estudiantil.

- Se cae en una mimesis de los errores paternos de una educación no-directiva y/o afectista, que transforma al menor en un par

- Se confunde el “educere”, el educar dando participación al otro en el acto y vínculo educativo, con un mero “opinemos de todo”, “todo es re elaborable” y una información de “wikipedia”.



El niño/púber, busca el afianzamiento de sí, pero encuentra adultos “distraídos”, que no encauzan con palabras y límites la emocionalidad y las experiencias. Está sobre informado por la tecnología, pero sin integrar ni jerarquizar; está sobre estimulado, pero sin límites ni normas ni valoraciones; y no pocas veces el funcionamiento intelectual (no el resolver instantáneo- adaptativo) se ha empobrecido ya que todo se vende resuelto, o lo resuelven los padres. Por lo cual, crece la tensión y estrés frente a lo que no puede resolver, las frustraciones se vuelven un daño a su auto imagen. Los alumnos se aburren, no se conectan fácilmente, no ven a la escuela como un eslabón fundamental en su formación vital, sino como un trámite y exigencia adulta.

Resuelve hacia fuera, sobre adaptándose a la inseguridad adulta, corre tras ella o intenta meterse dentro de las vivencias y conflictivas de los mismos, se vuelve más dependiente de su entorno, sin animarse a “salir” al afuera de su mundo empequeñecido.

Como a la vez, vimos que es un “niño rey”, el mismo cultiva un egocentrismo que intenta autoabastecerse y ser “madre de sí mismo”, quedándose don las divisiones y conflictos de los que sabe y le han compartido, pero si poderlos resolver, por lo que siente que su “deuda” con sus padres se acrecienta

Mientras su intimidad se destina al “descontrol” y lo privativo; explora sensaciones y fuerza límites sin involucrarse en las relaciones con sus sentimientos (grupos cerrados de amigos; permanente comunicación virtual-tecnol.). Según la naturaleza e intensidad de esa búsqueda y frustración personal, será también la experiencia del encuentro con un objeto mágico que “alivie” y “compense emocionalmente” su situación. Experiencia que no es necesariamente inmediata, a veces se va dando o afianzando con el tiempo. / Cfr. Factores de riesgo/



  • Busca una salida de la conflictiva de su emocionalidad a la deriva, tiende a trasladar su dependencia no resuelta, hacia manifestaciones como:

-expresiones de violencia y discriminación bajo mandatos de grupos, modas, etc.

-fugas físicas y anímicas -adicciones

experiencias fusionales de fiestas y recitales, reunidos por tendencias psíquicas fragmentarias y no de pertenencia (ciertos “tribalismos”)

-pseudo místicas (orientales, etc.) fomentan una visión irreal, una extinción de los afectos y el deseo, y hay una disociación con algún tipo de “más allá”

-la medicalización: los medicamentos y suplementos o dietas mágicas; actividades físicas y modas de la salud exacerbadas.

-suicidio

-vida afectiva y sexual de apoyo. Esto significa que las relaciones primeras, dentro de lo habitual de los púberes de hoy y adolescentes, no terminan de acceder a la experiencia del enamoramiento en muchos casos, sino que el sexo o el pseudo-noviazgo son un mutuo brindarse afecto desde el escape a la soledad. No hay invitación a un proyecto amoroso o familiar desde el mundo adulto, medianamente satisfactorio.

¿Qué proponemos a esta escuela?)

Salir de la triple demanda, y recuperar la vocacionalidad propia de ser el ámbito privilegiado para favorecer la interioridad del niño/adolescente, desarrollando nuestra espiritualidad.

-Ámbito privilegiado, por nuestra esencia, aún en las condiciones actuales.

-Interioridad, que no es mera individualización, sino la capacidad de generar y crear desde sí mismo y vincularse a los demás, y con la sociedad y la cultura.

-Espiritual como la dimensión totalizadora, experiencial y fuente de fe y confianza con la que nos comprendemos, y desde la que actuamos y transmitimos.


  • Dado que la bibliografía al respecto puede ser abrumadora, desde distintos ángulos de análisis, te ofrecemos desde visiones más abarcantes del problema y con cierto acento en los valores o lo espiritual:

-Tony Anatrella sj, “La diferencia prohibida- Sexualidad, educación y violencia. La herencia de mayo de 1968” Edic. Encuentro, Madrid, 2008

-Sergio Sinay, “La sociedad de los hijos huérfanos”, Ediciones Argentina, BSAS, 2007

- Marío Puentes, "Detrás de la droga, raíces espirituales, culturales, psicológicas, y orgánicas de la problemática de la drogadependencia”. Ed. Lugar, 2da edición 2009, sobre todo los caps II y IV


  • Desde una visión más sociológica, adjuntamos el artículo del Profesor Juan Manuel Carballeda, “La adolescencia y la drogadicción en los escenarios del desencanto”.

-También adjuntamos la Carta de honda repercusión social de los curas villeros de la Arquidiócesis de Bs.As., sobre la “despenalización de hecho”


LA ADOLESCENCIA Y LA DROGADICCIÓN EN LOS ESCENARIOS DEL DESENCANTO




Por: Alfredo Juan Manuel Carballeda.

Trabajador Social. Diplomado Superior en Ciencias Sociales (FLACSO). Magister en Servicio Social. Dr. en Servicio Social. Profesor Universitario Universidad Nacional de La Plata, Universidad de Buenos Aires. (Argentina). alfredocarballeda@ciudad.com.ar

 

Resumen

La drogadicción se presenta en este contexto en un escenario donde pujan las restricciones a la ciudadanía y los derechos subjetivos. La pérdida de espacios de socialización que sufrió nuestro país en los últimos treinta años, muestran dificultades de diversa índole que van desde la fragmentación de la vida cotidiana hasta la complejidad para acceder a formas constructivas de la pertenencia y la identidad. La drogadicción, en tanto padecimiento, se convierte en una expresión del desencanto frente a un mundo fragmentado y sin sentido. Estas cuestiones son observables desde diferentes aspectos que van desde el sentido del cuerpo, donde se inscribe una nueva forma de la biopolítica, hasta la aparición de problemáticas sociales complejas que integran desde el sufrimiento las parcelaciones institucionales que dejó como huella la crisis de los últimos años. Se es adolescente en una sociedad que puja por ser adolescente, especialmente en el mundo de los adultos. El discurso predominante referido a las drogas reafirma su “capacidad destructiva” aumentándose la carga simbólica y tal vez transformándola en algo deseable en escenografías y guiones de la vida cotidiana donde todo parece fluir sin sentido. Desde esa potencialidad de destrucción se analiza el fenómeno de la drogadicción desde determinismos centrados en las viejas metáforas médico - biológicas de la relación causa efecto.

 

1- El escenario de la drogadicción

 

El escenario es la sociedad. Una sociedad atravesada por relaciones violentas, fundada en la intimidación, en un contrato elaborado por quienes ganaron las batallas que llevaron a la gran contienda fundacional. Una sociedad atravesada por relaciones de fuerza, que muchas veces se develan a partir de las metáforas bélicas que utiliza para nombrar problemas y acciones sobre ellos.



La violencia de la desigualdad, el desempleo y la todavía vigencia del Mercado como Leviatán, en tanto monstruo necesario para mantener el orden de la restricción de los derechos de quienes, en diferentes grados precarizan su relación con el. La entrega de la soberanía individual al mercado, exponerse a leyes que este genera y declama justas por un propio discurso de legitimidad, fue planteado como resolución única de la conflictividad. El mercado disciplina, se entromete en la vida cotidiana, otorga un <> a las relaciones sociales que, desde lo efímero, generan solo una mayor necesidad de saciar vacíos, dando momentáneamente una sensación de identidad, de pertenencia, que se hace “real” cuando la adquisición de un objeto de consumo es posible. Contenciones efímeras al fin que, para saciar el vacío que producen requieren de nuevas adquisiciones.

Así, el sujeto es solo individuo precario, temporal; donde se obtura su posibilidad de ser en su relación con otros.

Una sociedad, donde la recuperación del pasado desde lo trágico, pero también desde lo beneficioso está volviendo lentamente, tal vez, comenzando a construir nuevas formas de la verdad, por fuera de los discursos únicos.

Una sociedad donde el porvenir sigue transitando una ruta opacada por la incertidumbre y la falta de convicciones que permitan pensar en proyectos de futuro en forma colectiva.

También existen caminos donde en forma individual y excepcional y tal vez aleatoriamente tomaron vías que permiten construcciones desde lo precario hasta lo más concreto.

El escenario de la drogadicción en tanto sociedad, da cuenta de fragmentaciones recientes, y también de una puja heroica para resolver las rupturas, en la búsqueda constante de una totalidad perdida luego de años de disoluciones que remiten a las pujas de la fundación de nuestra sociedad.

En definitiva fragmentaciones manchadas de sangre y silencio que van desde el terrorismo de estado hasta los desaparecidos sociales.

Una sociedad donde la precariedad, la falta de certidumbre con respecto al futuro y las diferentes fragmentaciones construyen padecimientos que son poco visibles y aún no han sido clasificados en los manuales que intentan dar cuenta de las características enciclopédicas del dolor.

Una sociedad donde los lazos sociales deteriorados generan la angustia expresada en <> dolor que como un fantasma se transforma en inexplicable e irreconocible tanto para unos como otros. El dolor de la identidad construida en forma frágil, inestable, fugaz. El padecimiento, de la falta de espacios de socialización y de construcción de sentidos que conecten al sujeto con el todo. Constituyen la puesta en escena en un teatro donde los guiones cambian en forma abrupta y dejan a muchos de los actores sin palabras, sin voz.

Un escenario donde los derechos subjetivos se imponen desde lo mediático, pero el ejercicio de éstos, su acceso, se restringe desde las “capacidades” que otorga el dinero. El desencanto de la “jaula de hierro”, profetizada por Max Weber, tal vez cumplida en parte, pareciera que anula las posibilidades de reconstrucción, reparación, o recuperación de ese lazo social perdido.

El mundo de los derechos subjetivos que se enfrenta a las restricciones de los derechos sociales, cuando su pérdida inicia un camino inexorable hacia la restricción de los derechos civiles.

En estos contextos aún así, la identidad se continúa construyendo desde probablemente uniones desconocidas, aún no vistas, que se presentan como terreno a develar; que conectan a cada uno de los integrantes de esta sociedad con una cultura de la resistencia y la integración.

La drogadicción puede ser una forma de expresión del desencanto en ese contexto, escenario. De un malestar que aleja, separa al sujeto de los otros de su cultura, de los elementos constitutivos de la identidad.

 

2- La adolescencia

Una sociedad adolescente donde una “etapa” de la vida se transforma en valor en si mismo, como un objeto de consumo para ser adquirido por adultos que lo logran gracias a su inserción en el mercado. Se es adolescente a costa de ropas informales; de marcas, de cuerpos trabajados en gimnasios, de cirugías, de actitudes <>, de dietas. Mientras que los jóvenes poseen cada vez más restricciones en su circulación; inserción e inscripción social.

Una sociedad donde los ancianos no son tenidos en cuenta por su sabiduría experiencia o conocimiento, sino por lograr permanecer como jóvenes de cuerpo y espíritu.

Se vive en una paradoja de una sociedad de adultos disfrazados de jóvenes que ocultan a éstos o los exhiben a su lado como trofeos que irradian lo que no se tiene.

La sociedad se convierte en adolescente, una especie de estilo de vida que exalta la adolescencia, la juventud, mientras estas, se ven encerradas en los circuitos de consumo, para pertenecer, hace falta obtener productos “simbólicos” que día a día se desactualizan. La necesidad de acceder a consumos emblemáticos, es una forma frágil y economicista de construir lazo social, solidaridad y pertenencia. Esta sensación de puro presente, da cuenta de la necesidad de resolver todo en lo inmediato, en un contexto de precariedad y exclusión social. Las ciudadanías de los jóvenes, se transforman en recortadas, flexibles inestables y efímeras. De este modo, se naturaliza la exclusión social, se crean nuevas formas de estigmatización y ser joven en la sociedad adolescente, puede ser peligroso. Tanto desde lo cotidiano, como en relación al consumo de drogas sus efectos y sospechas. “Cuidar a los jóvenes de las drogas”; surge muchas veces como discurso de adultos que exacerba su carga simbólica. De este modo las hacen más atrayentes, necesarias, transformando a la sustancia <> en un objeto de dominación, no por el efecto de ésta sino por las relaciones sociales y explicaciones socioculturales que genera la hipocresía de una sociedad que impone una gestión de los riesgos y de una supuesta peligrosidad depositada en una franja de edades o características sociales.

Las drogas, de este modo, se transforman en nuevos elementos de control y disciplinamiento, tanto desde el discurso que las construye como importantes, como desde el discurso del cuidado y el tratamiento. Se refuerza de esta manera, la estigmatización naturalizándola, generando nuevas formas de la fragmentación.

Se considera a los consumidores como jóvenes, con potencial adictivo y delincuencial habitando un espacio de “guerra natural”, sin reglas y sin ley que solo se resuelve con un sistema hobbesiano de tratamiento, donde la entrega de la soberanía es clave fundamental, actuando como extorsión para quienes reconocen su problema y desean ingresar a un sistema de tratamiento.

Así la asociación, drogas – juventud, es presentada, muchas veces, desde un fatalismo donde la única resolución es el control de determinadas poblaciones con una serie de características enumeradas por expertos y manuales internacionales.

Las drogas se siguen pensando desde el discurso médico, como si fueran bacterias o virus que ingresan a la sociedad y generan adictos por mero contacto o contagio. La drogadicción aún se presenta explicada desde relaciones causales, unívocas, determinadas desde donde se construye un fatalismo que impide la acción o resalta la inviabilidad de determinadas poblaciones. Se sigue pensando que hay adictos porque hay drogas, mientras se vive en una sociedad donde todo consumo es exaltado para llenar las mismas ausencias que el mercado produce.

Contradictoriamente, esta sociedad que se define como adolescente, forma parte de un país y un continente donde la exclusión social se orienta hacia los jóvenes, donde las cárceles bajan año tras año el promedio de edad. La sociedad adolescente, demanda cada vez mayores sistemas de control hacia éstos, ratificándose el discurso que marca una idea de joven deteriorado, sin horizontes. Tal vez sean los jóvenes los que estén construyendo con la precariedad de las herramientas que les proporcionaron, un mundo donde el pasado y el presente se integran en los escenarios de la incertidumbre.

3- La drogadicción

La drogadicción en tanto padecimiento, se transforma de alguna manera en una expresión del desencanto, en una civilización que desde los inicios de la modernidad comenzó lentamente a apropiarse del planeta, transformado lo diferente en homogéneo o en desigualdades sociales.

Es, desde esta perspectiva construida como problema social a partir de una necesidad de etiquetas y diagnósticos. Desde la ética protestante comienzan a demonizarse las sustancias, para luego construir diablos en quienes las usan o dependen de ellas. Así cada época construyó diferentes tipologías de drogadictos, desviados, viciosos, anormales, desde rasgos físicos, atribuciones e identidades supuestas.

Como complejo sociocultural, la drogadicción muestra el sistema de trasgresiones que dialoga con esta época.

Así, desde una perspectiva histórica, las drogas serán más o menos importantes de acuerdo a las características de ese sistema y del complejo tutelar para abordar el problema.

La reafirmación de la “capacidad destructiva” de la sustancia, se centra en el temor a las poblaciones que podrían estar usándola. La drogadicción, en tanto construcción social, logra poner en marcha un deseo, transformado en mito, que se vuelve insaciable, que todo lo malgasta, construyendo un mundo donde la satisfacción nunca es definitiva. Condensándola, llevando la metáfora a lo real, el mundo que occidente construyó alrededor del consumo y los objetos. En definitiva, hoy, objetos, productos que se hacen necesarios para sobrellevar mejor un presente cargado de perplejidad.

El goce, el placer, el encanto de los objetos está, tal vez, en que detienen momentáneamente la sensación del sufrimiento, colmando un vacío que se hace más profundo en la medida en que se llena.

A su vez, la drogadicción, se complementa con la “necesidad” de la trasgresión, la trasgresión es en definitiva funcional a una sociedad que necesita permanentemente ratificar el lugar de lo “sano” y de lo “enfermo”. Así como en la era Victoriana, la prostitución era una trasgresión “necesaria” debido a la represión sexual de los cuerpos y el deseo. La drogadicción actúa como excusa para imponer coerciones, siendo la coerción la negación misma de la subjetividad y la imposición de otra, preconstruida, artificial “necesaria” a los diferentes órdenes vigentes en la historia.

La drogadicción como problema social se inscribe en los cuerpos, se muestra a través de marcas que muestran diferentes itinerarios y procedencias, cuerpos de la pobreza, de la estética cuidada, cuerpos del encierro, cuerpos que muestran trayectorias, cuerpos donde el padecimiento subjetivo se hace objetivo a través de cortes y señales.

Por otra parte, el abordaje del tema, muchas veces se sigue pensando desde las relaciones causales, a partir de prácticas discursivas que lo preceden y que se remontan a viejos postulados positivistas enraizados en las ciencias naturales, ratificando determinismos, haciendo que el tratamiento se transforme en un sin sentido. Coincidiendo que la noción de problema social surge con los saberes de la normalización.

 

4- La Intervención

Pensar la drogadicción desde los derechos sociales y civiles, tal vez sea una vía de entrada para discutir la relación entre este tema y la autonomía perdida a partir de la merma, de los derechos sociales. Desnaturalizando de este modo, las lógicas de la desigualdad. En este aspecto la drogadicción dialoga en forma intensa con la intervención, con el sentido de ésta desde numerosas formas de interpelación. Así la intervención requiere de un diálogo con la ética, desde una perspectiva de <>, en tanto reflexión, revisando los argumentos que la justifican y que la sostienen. La reflexión, en tanto deliberación hace responsable a la intervención y ratifica o no su propia autonomía. Una reflexión ética implica la revisión de los marcos conceptuales, los esquemas de justificación, la mirada a la influencia de las representaciones sociales, los mandatos, las creencias, las construcciones simbólicas de ésta.

En definitiva, los interrogantes convergen en dilucidar, ¿cuál es el sentido de la intervención en este tema?; ¿cómo hacer que esta se integre a un contexto de crisis e incertidumbre?; ¿cómo lograr intervenciones que se orienten estratégicamente a recuperar lo propio?, la cultura, la identidad, la soberanía de ese otro. Tal vez, una posibilidad de respuesta sea la mirada hacia nuestra propia historia, en términos de generar otras preguntas relacionadas con lo que nuestra sociedad perdió en las últimas décadas, reflexionando acerca de las capacidades y habilidades perdidas por las desigualdades sociales, el hambre, la injusticia. ¿Cuánto de todo esto se está en condiciones de ser recuperado? Y, básicamente como pensar intervenciones que estratégicamente se orienten a una perspectiva de futuro dentro de un proyecto colectivo.

 

Bibliografía

Heler, Mario. Ciencia Incierta. Editorial Biblos . Buenos Aires. 2004

Sissa, Julia. El Placer y el Mal. Editorial Manantial. Buenos Aires 1999.

 




La droga en las villas: despenalizada de hecho

El lado oscuro de nuestros barrios, es la droga instalada desde hace años, quizás con más fuerza desde el 2001. Entre nosotros la droga está despenalizada de hecho. Se la puede tener, llevar, consumir sin ser prácticamente molestado. Habitualmente ni la fuerza pública, ni ningún organismo que represente al Estado se mete en la vida de estos chicos que tienen veneno en sus manos.

Miles de mujeres y de hombres hacen filas para viajar y trabajar honradamente, para llevar el pan de cada día a la mesa, para ahorrar e ir de a poco comprando ladrillos y así mejorar la casa. Se va dando así esa dinámica linda que va transformando las Villas en barrios obreros. Miles y miles de niños con sus guardapolvos desfilan por pasillos y calles en ida y vuelta de casa a la escuela, y de esta a casa. Mientras tanto los abuelos, quienes atesoran la sabiduría popular, se reúnen a la sombra de un árbol o de un techo de chapa a compartir un mate o un tereré y a contar anécdotas. Y al caer la tarde muchos de todas las edades se reúnen a rezar las novenas y preparar las fiestas en torno a las ermitas levantadas por la fe de los vecinos.

La contracara, el lado oscuro de nuestros barrios, es la droga instalada desde hace años, quizás con más fuerza desde el 2001. Entre nosotros la droga está despenalizada de hecho. Se la puede tener, llevar, consumir sin ser prácticamente molestado. Habitualmente ni la fuerza pública, ni ningún organismo que represente al Estado se mete en la vida de estos chicos que tienen veneno en sus manos.

Ante la confusión que se genera en la opinión pública con la prensa amarilla que responsabiliza a la Villa del problema de la droga y la delincuencia, decimos claramente: el problema no es la Villa sino el narcotráfico. La mayoría de los que se enriquecen con el narcotráfico no viven en las Villas, en estos barrios donde se corta la luz, donde una ambulancia tarda en entrar, donde es común ver cloacas rebalsadas. Otra cosa distinta es que el espacio de la Villa -como zona liberada- resulte funcional a esta situación.

La vida para los jóvenes de nuestros barrios se fue tornando cada vez más difícil hasta convertirse en las primeras víctimas de esta despenalización de hecho. Miles arruinados en su mente y en su espíritu se convencieron que no hay posibilidades para ellos en la sociedad.

Por otra parte profundamente ligado al tema de la droga se da el fenómeno de la delincuencia, de las peleas, y los hechos de muerte violenta ("estaba dado vuelta"). Esto nos hace tomar conciencia de otro gran tráfico que hay en nuestra sociedad que es el tráfico de armas, y que visualizamos como fuera de control. Cuando vemos muertes causadas por menores adictos, también nos preguntamos ¿quién es el que pone el arma en manos de los menores? De este espiral de locura y violencia las primeras víctimas son los mismos vecinos de la Villa.

La destrucción pasó como un ciclón por las familias, donde la mamá perdió hasta la plancha porque su hijo la vendió para comprar droga. Estas familias deambularon por distintas oficinas del Estado sin encontrar demasiadas soluciones año a año. Toda la familia queda golpeada porque su hijo está todo el día en la calle consumiendo. Asombra ver como ese niño que fue al catecismo, que jugaba muy bien en el fútbol dominguero, hoy "está perdido". Causa un profundo dolor ver que esa niña que iba a la escuela hoy se prostituye para fumar "paco".


La despenalización de hecho generó inseguridad social. La raíz de la inseguridad social hay que buscarla en la insolidaridad social.[1] A poco que nos pongamos a la luz de Palabra de Dios, descubrimos que como sociedad no nos hemos movilizado suficientemente ante el hecho dramático del hambre de los niños, que da lugar a adolescentes débiles física y mentalmente. Con madres y padres angustiados sin trabajo o changas mal remuneradas. A los que les resulta más difícil entusiasmar a sus hijos con actividades en clubes y cursos o cualquier otra forma positiva de ocupar el tiempo, ya que no cuentan con el apoyo y el dinero necesario. Se generan así situaciones infrahumanas aprovechadas a su vez, por los gananciosos distribuidores de droga.

Como sacerdotes y vecinos de estas barriadas humildes, sentimos la llamada evangélica de acompañar a aquellos niños, adolescentes y jóvenes que en gran cantidad se encuentran en este infierno de la droga y a la vez de exhortar a la conversión a los que pisotean la dignidad de los mismos de esta inescrupulosa manera, avisándoles que Dios y la Virgen les van a pedir cuentas.

Ahora escuchamos hablar de despenalizar en el derecho el consumo de sustancias. Nos preguntamos: ¿ministros y jueces conocen la situación en nuestros barrios? ¿Han dialogado con el hombre común de la Villa ? ¿Se han sentado a elaborar con ellos proyectos liberadores -la droga esclaviza- o simplemente se piensa en implementar recetas de otras latitudes?[2]



¿Cómo decodifican nuestros adolescentes y jóvenes el mensaje: se puede consumir libremente, por ejemplo cocaína?

Algunas propuestas

Cuando un cura se acerca y saluda a los chicos y chicas que están en los pasillos de consumo, en esos lugares de tristeza y desesperación, recibe generalmente preguntas y pedidos de este tipo: "¿Dios a mí me ama?" "¿Me voy para arriba o para abajo?" "Padre me da la bendición de Dios". "¿No me ayuda a salir de este lugar?, no aguanto más esta vida"...


Apoyándonos en el Evangelio de Jesús nosotros creemos que cada persona es sagrada, cada una tiene una dignidad infinita, ninguna vida está de sobra.

Por eso nos resistimos a mirar esta realidad social desde los papeles de las estadísticas, desde los fríos números. Desde esta perspectiva un adolescente que comienza hoy a consumir paco, es sólo uno más. ¿Qué importancia tiene esto si no afecta a los números y estadísticas que aletargan nuestra conciencia y nuestro compromiso? Tal vez esta mirada se inquieta si los números crecen demasiado, nada más.

Nosotros queremos intentar mirar la realidad desde el corazón de Dios. Es que Dios no quiere que ninguno de sus hijitos se pierda, para todos quiere una vida plena.
Por eso sin ser expertos en la materia, aunque con cercanía diaria con esta realidad, acercamos algunas propuestas-intuiciones en base a las cuales estamos trabajando. De hecho en varias Villas venimos transitando distintos caminos de prevención, recuperación y reinserción; de acuerdo con cada realidad y con las posibilidades que contamos.

Prevención

No hay que ser ingenuos, la tríada hambre-criminalidad-droga es demasiado fuerte. Frente a esta dramática situación tenemos que tomar conciencia de que hay que realizar un trabajo de prevención sistemático y a largo plazo.

Nos parece que se trata principalmente de crear ámbitos de contención y escucha de nuestros niños, adolescentes y jóvenes -en este sentido no es menor todo lo que se haga para fortalecer a sus familias- Ámbitos de recreación y de construcción de un proyecto real para su vida. La verdad es que se logra poco con el no a la droga sin un fuerte sí a la vida.

Muy unido al tema del consumo de droga, tal vez como una de sus grandes causales esta la falta de sentido, de un horizonte hacia el cual caminar. El aburrimiento, el tedio, el no tener que hacer, van minando la pasión por la vida y donde no hay pasión por ella, aparece la adicción. El gran trabajo de prevención nos parece que tiene que tener como eje el mostrar que la vida tiene sentido. Por eso nos parece que las adicciones son principalmente enfermedades espirituales, sin negar obviamente su dimensión biológica y psicológica. [3] Una persona espiritualmente saludable está convencida de que la vida merece vivirse, le encuentra sentido a lo que hace, tiene la "alegría de vivir".



Nuestro país tiene una enorme deuda social. "La deuda social es también una deuda existencial de crisis de sentido de la vida: se puede pensar legítimamente que la suerte de la humanidad está en manos de quienes sepan dar razones para vivir"[4].
El sentido de la vida se adquiere por "contagio", los valores se descubren encarnados en personas concretas, por eso, la importancia fundamental de generar en nuestros barrios líderes positivos que puedan trasmitir valores vividos por la fuerza de su testimonio.
Tenemos por otro lado que aprovechar los ámbitos que existen y que son naturalmente lugares de prevención, como por ejemplo la escuela. "La escuela es el principal mecanismo de inclusión. Quienes se van de la escuela pierden toda esperanza ya que la escuela es el lugar donde los chicos pueden elaborar un proyecto de vida y empezar a formar su identidad. En la actualidad, la deserción escolar no suele dar lugar al ingreso a un trabajo sino que lleva al joven al terreno de la exclusión social: la deserción escolar parece significar el reclutamiento, especialmente de los adolescentes, a un mundo en el que aumenta su vulnerabilidad en relación a la violencia urbana, al abuso y a la adicción a las drogas o al alcohol. Si bien la escuela puede no lograr evitar estos problemas, la misma parece constituir la última frontera en que el Estado, las familias y los adultos se hacen cargo de los jóvenes, en el que funcionan, a veces a duras penas, valores y normas vinculados a la humanidad y la ciudadanía y en el que el futuro todavía no ha muerto." [5]

Por eso no hay que quedarse en el mero demandar cosas a la escuela en general y a los docentes en particular, sino que hay que apoyar decididamente su fundamental labor. La educación es un camino real de promoción por eso son necesarias más escuelas y mayor presupuesto para educación en los barrios más pobres de la ciudad.

Nos parece conveniente proponer la posibilidad de que se dicte una materia específica de prevención de adicciones ya desde la primaria, tal vez desde el preescolar. No nos referimos a esa prevención que explica el tipo de drogas, o como se consumen etc. Nos parece más conveniente un tipo de prevención que transmita a los chicos que tenemos vida y esta vida es sagrada y por eso tenemos que aprender a cuidarla. Hay material elaborado a partir de experiencias en zonas de alta vulnerabilidad social que se puede utilizar.[6] Si fuera necesario, la delicadeza del tema amerita un proyecto de ley en la legislatura que al aprobarse posibilite el dictado de la misma.

El abordar la tarea de la prevención de las adicciones requiere un trabajo hecho con esperanza, con la confianza audaz de que es posible crear ámbitos sanos y dichosos que ayuden a curar las heridas. "A quienes dicen ‘trastornos precoces efectos durables' se les puede responder que los trastornos precoces provocan efectos precoces que pueden durar si el entorno social y familiar los convierte en relatos permanentes." [7]

Mirar con esperanza esta difícil situación que vivimos en nuestros barrios nos aleja de una mirada fatalista. Por otro lado nuestra fe católica nunca dijo que algunos están predestinados a vivir bien y otros a la miseria. Nuestra fe lee esta situación como una situación de pecado que clama al cielo y que llamamos pecado social. Esta situación de injusticia se contrapone al proyecto de amor del Buen Dios. Con humildad pidamos perdón al Señor por nuestra complicidad manifestada de tantas maneras y pidámosle la gracia de poner todo lo que esté de nuestra parte para transformar esta dolorosa realidad.

Recuperación

Cuando las estadísticas nos dicen que son demasiados niños, jóvenes y adultos que fuman pasta base, tengamos por seguro que llegamos tarde. La pregunta es: ¿queremos seguir llegando tarde? Son personas, seres humanos que mueren o quedan con una vida hipotecada. Por ellos hay que hacer algo ya. Aunque sólo salvemos a uno.



Pedagogía de la presencia [8]

El primer paso es acercarse a los chicos, no esperar a que estos golpeen las puertas de nuestras instituciones. Este primer paso es a la vez una afirmación de la dignidad de estas chicas, de estos chicos, del valor sagrado de sus personas; no son vidas que ‘estan de sobra', que molestan, o que afean nuestros barrios. Este primer paso es acercar el corazón. Corazón que se acerca es corazón que ve y se deja tocar por este doloroso grito y por eso se pone a su escucha. El hábito de la escucha no es algo común en nuestros días y es esencial para un verdadero encuentro. Si escucháramos más, seguramente el nivel de violencia que vivimos bajaría notablemente

Ponerse a la escucha no es buscar que rápidamente acaten las pautas sociales. A veces queremos que rápidamente cumplan normas, que respeten derechos para entrar en sociedad, cuando como sociedad no les hemos respetado sus derechos más elementales.
Acercarse, caminar los barrios, escuchar, encontrarse es el primer paso imprescindible.
Adaptar nuestros programas e instituciones a la realidad y no la realidad a ellos.
La burocracia expulsa, pone trabas
(excesivas entrevistas y requisitos), en definitiva pone en riesgo la vida de muchas personas. Además muchas veces la realidad de los procesos de recuperación está marcada por los números-dinero (becas por un año, ese sería el tiempo de recuperación) , dejando a un segundo plano los procesos personales.

Por consiguiente teniendo en cuenta el proceso de cada persona hay que discernir que camino de recuperación proponerle: atención ambulatoria en un centro de día; internación en una comunidad terapéutica, etc.

Por otro lado es necesario adaptarse a la realidad de los más pobres. Por ejemplo se da el caso de mamás que consumen y no tiene con quién dejar a sus hijos; hay que plantearse entonces la posibilidad de que ingresen juntos en un mismo lugar.

Hay que poner el centro de nuestro esfuerzo en adaptar nuestros programas e instituciones a la realidad y no la realidad a ellos; creando ámbitos que rompan las cadenas invisibles que esclavizan a nuestros adolescentes y jóvenes.



Hoy vivimos la cultura de la imagen. De muchas maneras se busca tener cautiva nuestra mirada. Si esto se logra en gran parte se adueñan de nuestra vida.
A veces se busca transmitir la idea de que: ‘estamos trabajando fuertemente en la lucha contra la droga'. Es así que por ejemplo se abre un solo centro de recuperación para toda una ciudad y se empapela la misma para dar una buena imagen. Si se da imagen de algo que no es, que en realidad se está haciendo insuficientemente, no solo se corre el riesgo del autoengaño, sino que quedan vidas en el camino.

En relación a esto último hay una responsabilidad grande de los publicistas y de los medios de comunicación en general, valga como ejemplo este verano: Por un lado la propaganda de una bebida alcohólica en la playa que al parecer era sinónimo de plenitud y alegría, por otro lado la realidad de la violencia como consecuencia del exceso de alcohol en muchos jóvenes en la costa.

Tal vez esto sea una llamada de atención para que veamos que como sociedad estamos dejando muy solos a nuestros adolescentes y jóvenes. No les enseñamos que hacer frente al aburrimiento, la tristeza, la bronca o la soledad, etc. No les mostramos que no hay que encontrar "algo" para combatirlas sino encontrar a "alguien" con quien compartir y hablar de lo que les pasa. Hablar y compartir con "alguien" que los puede ayudar es lo contrario a la adicción.

El mundo adulto no puede ausentarse, no puede desproteger a los niños/as y adolescentes. La justicia debe proteger a esos chicos que tienen su libertad muy condicionada; prueba de ello es que dinero que consiguen va a parar a aquellos que no les importa nada de sus vidas y les ponen veneno en sus manos. La justicia tiene que tenderle la mano a esas mamás que desesperadas no saben como ayudar a sus hijos.



Pensar en el después del camino de recuperación.

No alcanza con el pago de una beca de tratamiento. Hay jóvenes que no pueden volver a sus barrios -cerca de su casa se compra y se consume libremente droga- se da una suerte de factor cuasi-biológico que favorece la recaída en el consumo. La no conveniencia de la vuelta al barrio es señalada reiteradamente por muchas familias que los aman y acompañan. Tenemos que ir tejiendo con ellos una propuesta de real reinserción social. Desde el elemental derecho a la identidad o sea que accedan a sacar su documento hasta una salida laboral y un lugar para vivir con dignidad.

Sabemos también que muchos jóvenes que hoy están privados de su libertad han cometido delitos a causa del consumo de droga. En ese caso hay que replicar las experiencias que tratan su adicción; utilizándose así positivamente el tiempo en prisión para que al salir puedan reinsertarse en la sociedad. De alguna manera este también es un trabajo de prevención.

Por último ponemos bajo la protección y el cuidado de la Virgen de Luján, Madre de nuestro Pueblo, a las familias que en nuestros barrios sufren el flagelo de la droga.

- José María Di Paola, Carlos Olivero, Facundo Berretta y Juan Isasmendi de la Villa 21-24 y N.H.T. Zabaleta.

- Guillermo Torre y Martín Carrozza de la Villa 31.

- Gustavo Carrara, Adolfo Benassi y Joaquín Giangreco de la Villa 1-11-14.

- Jorge Tome y Franco Punturo de la Villa 20.

- Sebastián Sury y José Nicolás Zámolo de la Villa 15.

- Pedro Baya Casal y Martín De Chiara de la Villa 3 y del Barrio Ramón Carrillo.

- Nibaldo Valentín Leal de la Villa 6.

- Sergio Serrese de la Villa 19.

- Enrique Evangelista de la Villa 26.

- Jorge Torres Carbonell de la Villa Rodrigo Bueno.




Equipo de Sacerdotes para las villas de emergencia

Ciudad Autónoma de Buenos Aires, 25 de Marzo de 2009.

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[1] Cf. Mons. Miguel Esteban Hesayne. Jesús, el Reino y la inseguridad. Homilía del 32º domingo durante el año (9/11/ 2008)
[2] Mons. Jorge Lozano: "Hemos escuchado con preocupación a algunos funcionarios manifestándose abiertamente por la despenalización del consumo de drogas. Se argumenta que no se quiere criminalizar al adicto, ponerlo en el mismo nivel de delito que al narcotraficante. Excelente intención. Pero ¿se logra el propósito andando ese camino? ¿La legislación actual penaliza al consumidor? No. La ley 23.737 establece que cuando la tenencia es para uso personal y hay una "dependencia física o psíquica" de la sustancia, el juez puede imponer una "medida de seguridad curativa, consistente en un tratamiento de desintoxicación y rehabilitación por el tiempo necesario", por lo que deja en suspenso la pena que le pudiera corresponder.

Considera al consumidor como una persona enferma (no un delincuente) y manda a proveerlo de un tratamiento de desintoxicación y rehabilitación. La despenalización del adicto ya está en vigencia." Artículo periodístico publicado en el Diario La Nación sobre la posible despenalización del consumo de drogas para consumo personal. (29/12/ 2008)


[3] Nos parece muy iluminador el trabajo de López Rosende Juan Manuel. Huérfanos de amor. Trastornos psicológicos y espirituales. Editorial Dunken. Buenos Aires, 2008.
[4] CEA. Hacia un bicentenario en justicia y solidaridad. (2010-2016) Nº 25
[5] Card. Jorge Mario Bergoglio S. J. Carta pastoral sobre la niñez y adolescencia en riesgo. (1/10/05 )
[6] Por ejemplo: Aldo Tamai- Claudia Betancour. Promoción de la Salud para niños en edad escolar. Estrategias para la prevención de adicciones y otras situaciones de riesgo en edad escolar. Editorial Guadalupe. Buenos Aires, 2007
[7] Cyrulnik Boris. La maravilla del dolor. El sentido de la resiliencia. Granica. Buenos Aires, 2001. Pag. 92. Del mismo autor se puede leer obras como: "El amor que nos cura."; "Los patitos feos. La resiliencia: una infancia infeliz no determina la vida."
[8] Gomes Da Costa Antonio Carlos. Pedagogía de la presencia. Losada - UNICEF Argentina. Buenos Aires, 1995.


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