Año V número 25 La violencia en la Escuela



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La Asamblea del año XIII puso fin en forma oficial a los castigos corporales en las escuelas de estas latitudes. Su decreto incluía los siguientes fundamentos: “habiendo llegado a entender este gobierno que aún continúa en las escuelas de educación la práctica bárbara de imponer a los niños la pena de azotes, cuyo castigo es excesivo y arbitrario por parte de los preceptores, a que no están autorizados para ello en manera alguna y perjudicando a los objetivos mismos de las instituciones juveniles, siendo además absurdo e impropio que los niños que se educan para ser ciudadanos libres, sean en sus primeros años abatidos vejados y oprimidos”.


De este modo se expulsaba del marco ético y legal de nuestra sociedad la violencia física en el ámbito escolar.

Por supuesto, la violencia no se puede erradicar por decreto y la violencia continuó y continúa. En este siglo, se asumió en forma generalizada como comportamiento absolutamente censurable. Me refiero a la violencia manifiesta en diferentes actitudes y sobre todo, en el ámbito escolar.

Sin embargo, otras formas de violencia más sutiles y con frecuencia más dañinas, persistieron y persisten. La escuela no es ajena a las características de la sociedad a la que pertenece y por lo tanto en ella existe la violencia , que asume variadas formas, direcciones y sentidos.

Debemos los docentes y todos aquellos que conforman un núcleo estrecho de convivencia escolar, reflexionar sobre la violencia en la escuela , pero no sólo la que dirige a los alumnos sin también la que dice genera entre los alumnos y además la que recibe el docente, en una maraña muy difícil de desenredar.

Es decir, se intenta ver como la violencia deviene en una forma de interacción y comunicación cotidiana en el ámbito escolar.

Quiero destacar lo que he recogido de las experiencias de la licenciada Raquel Disenfel, psicóloga, dedicada a trabajos de seminarios con maestros, quien afirma lo siguiente: “Se puede observar tres aspectos violentos de nuestra sociedad que se manifiestan en la escuela : el autoritarismo, el aislamiento y los dobles mensajes”.

El autoritarismo caracteriza nuestro sistema educativo. Es la forma más corriente en que los distintos niveles directivos se comunican con los docentes.

La mayoría de las veces existen órdenes, no hay consultas, ni diálogo.

El aislamiento es otra forma de violencia que el sistema ejerce sobre el docente.

Se fomenta el trabajo solitario, no la cooperación y el diálogo.

Nunca hay tiempo para intercambiar información, para ayudarse mutuamente.

Con respecto a los dobles mensajes o mensajes contradictorios a los que los argentinos estamos tan acostumbrados, la licenciada afirma lo siguiente: “el doble mensaje confunde y ataca la inteligencia, esquizofreniza.”

Es habitual que en la escuela se le diga a los docentes, por ejemplo, que los chicos pueden participar y cuando hablan de temas de actualidad con ellos, se les dice “de estos temas no hay que hablar”.

Otro ejemplo, se admite que se debe respetar los tiempos de los chicos y después se los obliga a terminar el programa.

Otra forma de violencia es la arbitrariedad y la improvisación que parece ser otro de los males que se suma para generar un clima violento entre los docentes.

La experiencia recogida durante mi actuación docente, me lleva a pensar como tantas compañeras de tarea, que el sistema educativo esta tan deteriorado que cualquiera tiene acceso a cargos directivos, gente que no esta preparada para asumirlos.

Según se ha podido detectar, la experiencia de problemas de violencia entre los alumnos suele estar vinculada con el origen social de los chicos. La violencia están más individualizada, se pueden referir a problemas de conducta individuales y familiares.

En las escuelas donde los alumnos pertenecen a la clase media, los casos de violencia están más individualizados, se pueden referir a problemas de conducta individuales y familiares.

Cuando la violencia es generalizada en una escuela, se puede decir que se debe a un choque de “pautas culturales” diferentes.

Los chicos de clase “baja” o de condición humilde, por llamarla de alguana manera, llegan a la escuela con otras pautas culturales. Es entonces cuando la Institución responde con rigidez. Se entabla entonces, una relación coonnnloas lenguajes distintos, donde los chicos no entienden lo que se les pide y los docentes no logran entender o comprender a sus alumnos.

Este choque cultural genera violencia. La escuela que tendría que estar al servicio de los chicos, pretende que los chicos estén al servicio de la escuela y de sus normas. Repito los conceptos de pedagogía con muchos años de gabinete”:hay interferencia entre docentes y alumnos. El docente suele provenir de una clase media y con frecuencia y cada vez mas, se enfrenta con chicos provenientes de una “sub-cultura”.

El maestro debe intentar comprender y respetar la realidad de estos chicos. No debe imponer su modo de ver las cosas, pero es obligación mostrarle otra realidad, resaltando que existen situaciones alternativas.

En general se llega a una misma conclusión, dada mis experiencias de labor docente y por lo tanto puedo afirmar que los chicos llegan a la escuela con una carga de violencia traída de la casa.

Los factores que intervienen en esta situación son, entre otros, la falta de diálogo y los problemas económicos que agobian a muchas familias argentinas, creo que son éstos los factores generadores de violencia.

Y si partimos del ámbito escolar, se suma al planteo expuesto, la desvalorización manifestada en los bajos sueldos de los docentes.

Esto no debe eximir a la escuela de reflexionar por lo cual, no hay que dejar de ver lo que pasa dentro de la Institución Escolar.

Reflexionemos “el por qué?” Se dan estas conductas violentas en la escuela y de que manera se dan, teniendo en cuenta la problemática interna de la Institución misma.

Es evidente que la violencia en la escuela es un fenómeno muy complejo, pero debemos buscar soluciones. Hay que pensar que siempre se puede mejorar o de lo contrario, nos invadiría la depresión con un efecto de in-acción total. Pienso que no es tarea fácil erradicar la violencia, pero hay alternativas para suavizar situaciones de violencia, por ejemplo, favorecer la autoestima pues aumenta la capacidad intelectual y si existe un buen diálogo, nos divertimos disfrutando junto a nuestros alumnos.

Es entonces cuando el alumno responde con confianza y si existen dificultades, se debe tratar de ir solucionando las situaciones que se presenten. Pienso que no es imposible; soy optimista. La solución debe surgir desde el aula, en la tarea de respeto y consideración del docente hacia el alumno. Y continúo haciendo hincapié en el poder del respeto, el cariño y la buena comunicación para lograr cambios positivos.

Por la experiencia acumulada durante tanto años, puedo decir que cuando hay problemas de conducta que generan la violencia, ésta se reduce si el docente escucha a sus alumnos, cuando no les grita, cuando trata de hablarles de igual a igual, cuando los comprende y trata con cariño, ya que ello lo perciben causando un efecto positivo.

A los chicos les sucede como a los adultos, ellos también necesitan que los mimen, que los tengan en cuenta y que se los escuche.

Todo es posible, solo hay que proponérselo y llevarlo a la práctica.


* * *
“El Periódico Austral”, 18/9/07.

Respuestas a la violencia escolar  

 La violencia entre compañeros, la destrucción de bienes, el desapego a las reglas y el desprecio de la autoridad docente son conductas que, lamentablemente, se expanden en las escuelas del país. Ante estas manifestaciones, los maestros y profesores no suelen tener respuestas adecuadas, lo cual deja que se reproduzca la violencia y se condicione severamente la transmisión de conocimientos.

Justamente, para enseñar que se puede hacer algo y promover caminos fructíferos en la resolución de conflictos, el Observatorio Argentino de Violencia en las Escuelas, dependiente del Ministerio de Educación y de la Universidad de San Martín, premió un grupo de ocho experiencias exitosas de colegios secundarios públicos. Los programas distinguidos pusieron de manifiesto que se puede remover el prejuicio discriminatorio -que afecta, por ejemplo, a chicos bolivianos-, que es posible consensuar el respeto a reglas básicas para la convivencia y que se logran los mejores resultados cuando se adopta una actitud cooperativa y solidaria.

La violencia asfixia a la educación, y los principales afectados son los chicos que se van privando del acceso a un bien básico para la conformación de su personalidad y el desarrollo de sus capacidades. Sin respetar reglas y despreciando la autoridad del saber, la violencia crea un clima de autodestrucción que no permite reconocer la importancia del estudio y del respeto de reglas básicas para la convivencia. Ante ésto, es necesario que los docentes sepan promover respuestas adecuadas.

La violencia en la escuela es un fenómeno que afecta la educación y la socialización de los chicos. Es auspicioso el programa del Ministerio de Educación y la Universidad de San Martín sobre experiencias de tratamiento de la violencia en la escuela.
* * *
Educarueca”: Violencia en la escuela: miradas demasiado cortas.
Yolanda jb / Miércoles 22 de noviembre de 2006.

Cada vez más, los medios de comunicación dedican sus portadas a incidentes violentos en centros educativos protagonizados por el alumnado, resaltando casos en los que el uso de la violencia física alarma por su crueldad y su generalización entre niños/as y adolescentes. Estas noticias de primera plana son acompañadas por reportajes en revistas no especializadas y estudios que alertan sobre situaciones como el bullyng o acoso escolar, el miedo entre el profesorado a sufrir agresiones por parte de sus alumnos/as, las palizas y peleas entre jóvenes grabadas con teléfonos móviles, etc.

El fenómeno de la violencia en la escuela tiene una complejidad enorme, y desde luego no puede reducirse a una historia de buenos y malos ni de soluciones drásticas. Esto es lo que está ocurriendo cada vez más en las explicaciones periodísticas de los conflictos escolares: la polarización de la problemática en términos de víctimas absolutas y victimarios tolerados; la simplificación del asunto en una cuestión de necesidad de reforzamiento de la autoridad (más mano dura); el silenciamiento de los aportes de la pedagogía, sociología y psicología críticas en el área de la resolución de conflictos en la escuela; en definitiva, la manipulación de la opinión pública hacia la creación de un nuevo chivo expiatorio, de ese nuevo terror que supone la infancia - juventud consentida, violenta y criminalizable.

Cuando las encuestas realizadas por sindicatos del profesorado hablan de que los docentes se ven amenazados por la violencia del alumnado, están ofreciendo sólo una de las miradas posibles. Aunque no dudamos de que estas situaciones se dan en los centros, su explicación es muy pobre. Se habla sólo de un tipo de violencia: la violencia directa, y se olvida preguntar a la otra parte (el alumnado). Para entender muchas de las cosas que están pasando hace falta entender otro concepto: el de violencia estructural. Ésta es la violencia que generan las estructuras sociales, económicas y culturales que crean situaciones de marginación y de injusticia. Es muy fácil ejercer violencia (estructural) contra una persona o un grupo sin utilizar la agresión física, es tan sencillo como excluir de un recurso a alguien (espacio, derechos básicos, voz, afectividad...). A menudo, los barrios que están condenados por este sistema capitalista a la marginación y a la precariedad (esto es, a la violencia estructural) salen en los periódicos como los lugares donde hay más violencia. Pero, ¿a nadie se le ocurre pensar que hay una correlación evidente entre violencia estructural y directa?, ¿no es cierto que quién se siente desplazado y fracasado tiene más posibilidades de utilizar la agresión?. (Es lo que desde las investigaciones de psicología comunitaria se llama estresores sociales).

Hay un mecanismo muy sencillo que explicamos en nuestras actividades formativas, y que funciona automáticamente en la mayoría de la gente: es la cadena fracaso - frustación - agresión. Cuando nos sentimos fracasados/as (a menudo porque el capitalismo hace fracasar a muchos y permite triunfar sólo a unos pocos), incubamos a continuación un sentimiento muy negativo y destructivo (que correlaciona con la autoestima), la frustración. De manera automática, ante la frustración se busca una salida activa, esto es, la agresión. (como señala, entre otros, el psicoanalista Anzieu).

Si la juventud de clase obrera actualmente se encuentra sumergida en la precariedad laboral, la falta de futuro, la invitación a un consumismo que no va a poder saciar, el olvido por parte de la administración... es lógico que se dé un aumento de sus respuestas violentas, aunque éstas no nos gusten y vayan disparadas contra cualquier blanco alejado de sus adversarios reales. Comúnmente los/las chavales/as que son tildados de violentos sufren también situaciones graves de violencia, y por tanto aprenden a utilizarla y forman parte de su repertorio de habilidades de supervivencia.

Aunque pensamos que las escuelas no son todavía esas junglas que nos presentan los expertos del alarmismo social, sí creemos que hay un aumento de las distintas formas de violencia (estructural y directa) en su seno. Pero el quid de la cuestión es ¿qué tipo de escuela esperábamos en una sociedad que es violenta?. Los caminos para salir de este embrollo son difíciles y largos, pero es necesario emprenderlos. Hay mucha gente vociferando, pero poca gente implicándose en buscar soluciones.

Huyendo de las recetas, pero dando algunas pautas sugerentes, proponemos algunas líneas que ya se vienen trabajando:

Desprogramarnos de la violencia. Se trata de desarrollar una educación que vuelva críticamente a los/las chicos/as contra la violencia. Estamos muy bien adiestrados para la violencia (ahí los mass media nos dan un máster) desde pequeñitos, una violencia que despierta fascinación y que siempre acaba siendo justificada. Una violencia en la que estamos entrenados fundamentalmente los varones, como seña estúpida de la masculinidad. Aprender que la violencia le duele a quien la sufre, a través de la empatía, resulta vital para distanciarnos críticamente de la agresión y el dominio.

Actuaciones globales. Debemos huir de los enfoques micro que acaban individualizando el problema. Ya basta de esos programas que sólo actúan desde la óptica del control de la conducta, que hablan únicamente de comportamientos disruptivos, que buscan la patologización de la infancia o la culpabilización de los/las alumnos/as y sus familias. Si el problema es de todos/as, debemos buscar las soluciones entre todos/as. Toda la institución escolar debe participar desde lo positivo, desde lo que puede aportar, siguiendo ejemplos como: programa de alumno/a ayudante, mediación y negociación, transversalidad de la Educación para la Paz, aprendizaje cooperativo, asambleas para recuperar la palabra, escuelas de madres y padres, etc.

Recuperando la comunidad. Como las causas de la violencia escolar están más allá de los muros de los colegios, es necesario trabajar también desde fuera. La importancia de los vínculos y redes sociales es crucial para prevenir la violencia y para resolver los conflictos de manera no-violenta. Abrir los centros educativos a sus barrios, acercar los contenidos y metodologías a las culturas populares, no abandonar la Educación Compensatoria para corregir las desigualdades... Pero además trabajar desde fuera creando redes comunitarias que abracen a la escuela, mediante grupos de apoyo y de autoayuda, conectando con las asociaciones del entorno y promoviéndolas, y recobrando la lucha social reivindicativa y autogestionaria para conseguir logros colectivos que nos lleven hacia el desarrollo comunitario, tan necesario para que los grupos humanos vivan en una Paz real.

* * *


“El Refugio. Bullying”- Acoso escolar.

VIOLENCIA EN LA ESCUELA


Por José Antonio Burriel
Abogado y Periodista, experto en violencia doméstica

Prefiero hablar de violencia en la escuela que de acoso escolar. Y prefiero hacerlo porque acoso supone una violencia continuada, premeditada y con una finalidad concreta contra un compañero o compañera, y, no dudando que existen casos de acoso escolar, más bien pienso que lo que sucede es violencia de escolares, una violencia que, en ocasiones, se centra en uno u otro compañero por diversos motivos.

Y esa violencia escolar hay que atajarla con energía. No solo daña, y mucho, la convivencia escolar, además del daño que se ocasiona a las victimas, sino que provoca una agresividad creciente en los menores que ejercen la violencia, que, tarde o temprano, se manifestara en sus relaciones de adultos.

El nuevo Conseller de Justicia y Administraciones Públicas de la Generalitat Valenciana, Fernando De Rosa, ha anunciado una Ley de Mediación para la Prevención de la Violencia en los centros educativos. Se trata de establecer mecanismos contra el ejerció de la violencia : mediar en los conflictos entre escolares, poner frente a los agredidos a los agresores, incrementar el dialogo, etc.

Me parece una buena idea, pero con determinados condicionantes. Desde luego el primero de ellos, además de la voluntad efectiva de pasar de las palabras a los hechos, es decir, la aprobación y puesta en marcha de la prevista Ley, es la suficiente dotación económica. Recuerdo una Ley aprobada por las Cortes que “duerme el sueño de los justos” bien por motivos económicos, bien por motivos políticos o ideológicos o de intereses de este o aquel centro educativo superior: la Ley de Mediación Familiar. No estaría de más hacerla efectiva de una vez: la cultura de la mediación en los conflictos necesita tiempo y ejercicio para su aprendizaje social; sin olvidar que si los padres ponen en práctica la mediación en sus conflictos de pareja, enseñaran a los hijos a hacerlo y éstos aprenderán.

Otro de los condicionantes para la eficacia de la prevista Ley es hacer participes de su filosofía a los docentes. Y no lo digo por decir algo. Sin olvidar d lar a conocer en profundidad la ley a los padres. ¡No esta ni diseñada la ley y ya estoy exigiendo que se de a conocer!

¿Qué hacer con los violentos juegos de consolas? ¿Qué hacer con las violentas series televisivas? O se procura atajar esa violencia que incide en los menores, o…¡papel mojado para la nueva ley!

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“Educación en valores. Mi escuela y el mdo”.

Violencia en las aulas: Los expertos reclaman la implicación de los padres y más respeto hacia los profesores

23 de octubre de 2005



El acosador escolar reincide de adulto

Las estadísticas demuestran que la violencia sexista empieza en la escuela

Programas de prevención y medidas punitivas son buenos antídotos contra el ’bullying’. La violencia sexista también se da en la escuela

Mercé Beltran/ La Vanguardia

Los niños que ejercen de matones de escuela repiten a lo largo de su vida comportamientos de acoso, sea en el ámbito familiar, sea en el laboral. En algunos casos, los acosadores se convierten en personas violentas o delincuentes; en otros, seguirán teniendo actitudes de acoso. Ésta es una de las conclusiones que el investigador británico David Farrington expuso ante la IX Reunión Internacional sobre Biología y Sociología de la Violencia organizada por el Centro Reina Sofía para el Estudio de la Violencia, que recientemente congregó a numerosos expertos en Valencia, bajo el título Violencia y escuela.



El seminario repasó distintos estudios sobre el bullying (acoso escolar), los factores de riesgo que contribuyen a generar comportamientos violentos en la escuela, así como propuestas para prevenir y atajar las actitudes censurables de los escolares. A continuación se exponen algunas de las conclusiones y las propuestas de trabajo.

REINCIDENCIA. David Farrington, director de un estudio longitudinal realizado a más de 400 personas de Londres, a las que siguió desde los 8 a los 48 años, sostiene, basándose en este estudio, que los niños que a los 14 años son acosadores también lo son a los 32, y no descarta que haya una transmisión generacional de estos comportamientos de padres a hijos. Es decir, los acosadores (mayoritariamente, varones) suelen tener hijos que también lo son. La conducta agresiva en los alumnos se corrige con programas efectivos tanto en el ámbito individual como en el colectivo, así como con actitudes firmes por parte de padres y profesores, con castigos cuando hay un mal comportamiento y premios cuando la conducta es buena. sexista. Seis de cada diez víctimas de acoso son mujeres, según una encuesta elaborada por Metra-Seis para el Centro Reina Sofía para el Estudio de la Violencia. Varios ponentes abundaron sobre el componente sexista del bullying y coincidieron en señalar que los acosadores tienen muchas posibilidades de convertirse en adultos agresores de sus parejas, física y psíquicamente.

DISTORSIÓN COGNITIVA. Los agresores escolares no son diferentes de otros tipos de individuos violentos, y éstos no suelen verse a sí mismos como agresores, sino como defensores, ya que creen que se defienden de las agresiones o provocaciones de sus víctimas. De esta forma se justifican. Esta visión hostil de su entorno es lo que les lleva a sentir satisfacción cuando hacen daño a los demás y a sentirse mejor cuando dominan a los otros de forma negativa. Por ello no resulta suficiente con abrirles un expediente académico, sino que además es conveniente que reciban una atención psicológica.

VIOLENCIA SEXISTA. El acoso en la escuela también tiene un componente de violencia sexista.

DIFERENCIAS SOCIALES. Está demostrado que la situación económica está relacionada con las actitudes violentas o agresivas de los jóvenes, pero no es determinante. La pobreza o unas condiciones de vida precarias son factores de riesgo, pero la encuesta de Metra-Seis evidencia que a la hora de hablar de acoso escolar no hay diferencias entre la escuela pública y la concertada. La catedrática de la Universidad de Córdoba Rosario Ortega destaca que los acosadores de la educación privada "son más sutiles" y presentan un índice más elevado de acoso sexual que los de la enseñanza pública.

ROMPER MITOS. La ley del silencio es, en cierta forma, cómplice del acoso escolar, pero no está tan generalizada como se creía, ya que ni la mayoría de los testigos ni las víctimas permanecen mudas ante acciones de violencia escolar. Los testigos suelen intervenir y contarlo, sobre todo, a sus profesores, y cuatro de cada diez víctimas se lo cuentan a los profesores. Hay que romper con la idea de que denunciar el acoso es chivarse, y hay que extender la evidencia de que denunciar un acoso es proteger los derechos humanos que se le están negando a la víctima.

PAPEL DE LOS PROFESORES. Todos los ponentes hablaron de la importancia de que el profesor recupere su reconocimiento social, tenga autoridad y, por tanto, más armas para combatir situaciones de acoso y violencia en las aulas. El profesor Sanmartín, director del Centro Reina Sofía, es tajante: "Indisciplina habrá siempre. Por eso, hay que restaurar la dignidad de los profesores dotándolos de las capacidades necesarias para hacerse respetar". El profesor Dan Olwens, de la Universidad de Noruega, aboga por el restablecimiento de la autoridad de los profesores con propuestas legislativas que les permitan mantener un buen clima escolar. Catherine Blaya, responsable del observatorio europeo de la violencia escolar ubicado en Burdeos, apunta la importancia de mantener una disciplina coherente, tanto en casa como en la escuela. Blaya destaca también la falta de capacitación de los docentes para resolver los conflictos, por lo que apuesta por programas formativos que incluyan este tipo de cuestiones. Los programas educativos para acosadores, si no están acompañados de medidas legales, incluso punitivas, no son la solución. Es necesario mejorar la supervisión en las horas de recreo y en las zonas calientes,es decir, las más aptas para que se produzcan situaciones de acoso, como los aseos.

NORMAS CLARAS. Los centros deben tener normas claras contra el bullying,con programas que ayuden a las víctimas y castiguen y formen a los acosadores; con reuniones en las aulas en las que los niños discutan sobre las reglas de funcionamiento y se responsabilicen de ellas, en las que se propicie una cultura de empatía (ponerse en el lugar de otro). La necesidad de evaluar, a través de la inspección y de las autoridades educativas, los distintos programas de prevención es otra de las aportaciones del seminario. Si no se evalúa, se produce una relajación. En los países en los que se han aplicado programas de prevención, con una evaluación continua, y existe una legislación clara al respecto, como Inglaterra, las situaciones de acoso escolar se han reducido en un 50%.

ACTITUD DE LOS PADRES. Existe una relajación de las obligaciones educativas. Educar no es decir sí a todas las exigencias de los niños, también es decir no, fijar normas y supervisar el cumplimiento de éstas. Ni la educación autoritaria, en la que el afecto brilla por su ausencia, es buena, ni tampoco lo es aquella en la que prima el todo vale, la negligencia. Los padres no son colegas o amigos de sus hijos y son responsables de su educación, una obligación que en muchos casos los progenitores delegan en la escuela. Los padres de niños o niñas que muestran conductas violentas deben intervenir en programas de reeducación de sus hijos, programas que deben tener un seguimiento y una evaluación.

MEDIOS DE COMUNICACIÓN. James S. Grisolía, especialista en neurología clínica y profesor ayudante de Neurociencia en la Universidad de California, considera que la cobertura mediática de las noticias y los documentales producen efectos complejos en la conducta violenta. No descarta que los medios puedan dar una imagen poco realista del fenómeno de la violencia en la escuela y tener un efecto mimético, pero estima que la cobertura informativa puede proporcionar orientación a los padres y estimular la comunicación entre padres e hijos, algo que ayudaría a reducir el números de agresiones y actos de violencia.

* * *


La Violencia en Nuestras Escuelas
por Pedro Noguera
Berkeley, California

La violencia en las escuelas no es algo nuevo. Varios reportes - uno por la Asociación Psicológica de Estados Unidos y otro por la Asociación Nacional de Educación - indican un aumento dramático en los incidentes de violencia en las escuelas.

Sin embargo, si uno examina la historia, es claro que los problemas relacionados a la violencia en las escuelas han existido casi desde que ellas han existido. Esto es verdad porque tradicionalmente, las escuelas publicas urbanas han servido a los niños pobres, y los niños pobres han experimentado la violencia por mucho tiempo.

Pero tenemos que reconocer que nuestras escuelas son más seguras que los barrios en donde los niños viven. Por lo menos en las escuelas hay reglas contra la violencia y hay adultos presentes que están allí para enforzarlas. En las calles, en los parques y hasta en casa frecuentemente no hay tal protección.

Sin embarque, con demasiada frecuencia, los individuos responsables de enforzar la disciplina escolar y de mantener el orden no tienen ninguna credibilidad ante los alumnos. Tengo en mente varias escuelas en donde encuentras niños jugando a los dados en los corredores o descaradamente portándose en una manera totalmente inapropiada, y los maestros y demás adultos se hacen ciegos porque temen decirles a los jóvenes que cesen. En las escuelas urbanas, las mayoría de los maestros no viven en los barrios en donde trabajan y tienen un conocimiento limitado de como son las vidas de sus alumnos afuera de la escuela. Esta brecha se intensifica con las diferencias de raza y clase social.

De acuerdo a mis propias investigaciones en las escuelas, he encontrado que los estudiantes admiran y respetan a los maestros que estrictamente mantienen normas altas de comportamiento y progreso académico, y que muestran un interés personal en sus estudiantes. Casi todas las escuelas tienen a un maestro de este tipo, pero frecuentemente, ese maestro o maestra funciona en una manera aislada en vez de como un modelo. El establecer relaciones de aprendizaje entre los maestros y el impulsar la colaboración por medio del diálogo en cuanto a estos problemas es una manera de deseminar los conocimientos y la experiencia.

También hay maneras de tratar el problema de la seguridad en una manera que no deshumaniza el ambiente escolar. En una escuela intermedia en Oakland, California, una mujer anciana provee la seguridad en la escuela en vez de un guardia armado o algún hombre grande e intimidante. Ella vive en el mismo barrio que los niños, comprende su realidad, su cultura y sus necesidades. Sin la amenza de la fuerza, ella puede intervenir en los pleitos, enforzar las reglas básicas de la escuela.

En mis entrevistas y conversaciones con los estudiantes que asisten a las escuelas una reputación de violencia, me asombro con su disgusto total con sus escuelas. En vez de apreciar las oportunidades que podr’an tener como resultado de la preparación formal, ellos ven a las escuelas como algo inecesario e inútil y no tienen respeto por sus escuelas o los adultos que trabajan allí.

Con más frecuencia, las escuelas suburbanas de la media clase, y hasta las escuelas en las zonas adineradas, están experimentando la violencia. Sin embargo, los problemas de las escuelas urbanas son particularmente severos y se complican a causa de su conexión a la pobreza, el crimen y la desesperación en el ambiente urbano. Las escuelas urbanas no solamente tienen que proveer un programa académico, pero también que encontrar los recursos para proveer el apoyo social y psicológico para los estudiantes y sus familias.

La violencia en las escuelas es solamente un síntoma de los problemas más grandes que confronta la sociedad. No hay respuestas fáciles. Pero a lo mínimo, tenemos que encontrar maneras de emplear a más adultos con quien los niños se puedan identificar en una manera constante. Esto tal vez no parece ser mucho, especialmente en comparación con las soluciones de alta tecnología que algunos han propuesto. Pero a largo plazo, podría tener más impacto.

* * *
Pueyo: “Violencia: las personas son la clave”.
Violencia en las escuelas

La violencia es un fenómeno preocupante por su cotidianeidad, la diversidad de expresiones que presenta y su extensión. Por ello nadie duda de su constante incremento a pesar de que los estudios técnicos no justifiquen siempre esta consensuada percepción colectiva. Esta creencia, el incremento constante de la violencia, genera ansiedad por la amenaza que representa la violencia para el bienestar personal y social. Nos preocupa la violencia política y el terrorismo, nos desespera la violencia de género, nos sorprende e irrita la violencia en el trabajo, nos amarga la violencia en el deporte, nos repugna la violencia sexual y los malos tratos infantiles, nos intranquiliza la violencia juvenil y, ahora también, nos desazona la violencia en la escuela. Este tipo de violencia está en primer plano de la actualidad y tan grave parece que se proponen penas de cárcel para los agresores de los maestros. Las noticias que vamos conociendo sobre la extensión del acoso escolar, las agresiones de los estudiantes a los docentes y también, de los padres a los docentes muestran, a veces con cierta imprecisión por su magnificación o minimización, que en la escuela suceden actos violentos graves con demasiada frecuencia.


¿Qué razones explican esta situación de violencia en la escuela? Primero, por obvio que parezca, ningún fenómeno social complejo, y la violencia en las escuelas lo es, tiene una única y simple causa. Cada tipo de violencia tiene sus motivos, no hay una causa general que los explique a todos por igual y que no sea una generalización excesiva, abstracta e hipotética. Buscar una causa simple y común a la violencia en las escuelas es ineficaz ya que, de existir, seria necesariamente tan genérica que poco podríamos hacer para cambiarla con la rapidez y urgencia que la situación exige. No obstante es frecuente atribuir la violencia en la escuela a una razón principal. Las proposiciones son variadas y entre ellas destacan las siguientes: la sociedad se ha vuelto más violenta y la escuela refleja estos cambios sociales, los padres han fracasado o han abdicado en su tarea de educar a su prole, los niños se han transformado en tiranos porque lo tienen todo y nada satisface sus necesidades y eso los ha convertido en más violentos, los medios de comunicación socializan en la violencia a los menores, no hay castigos que disuadan a los jóvenes en su comportamiento cruel y agresivo, los profesionales de la educación han renunciado a sus responsabilidades educativas, etc… Todas estas explicaciones son más o menos probables y razonables, pero ninguna de ellas explica, a tenor de los estudios realizados, la realidad actual de la violencia en las escuelas.
Ante cualquier suceso o acto violento y de acuerdo al tipo de violencia de que se trate, podemos identificar un conflicto determinado y específico que es la razón última de aquel acto violento. Cuando un padre se dirige intencionadamente a discutir con un maestro y acaba agrediéndole o cuando un adolescente, generalmente con su grupo, espera a un docente para atacarle en la calle o en el propio centro, en cada caso podemos identificar un conflicto específico. En la escuela los conflictos entre profesores, estudiantes y padres son de naturaleza diferente. En el caso del padre, probablemente, el conflicto tiene que ver con algún desacuerdo con la actuación del maestro para con su hijo mientras que, en el caso del adolescente, la razón puede ser el deseo de vengarse o burlarse del maestro. El conflicto es la causa de la violencia pero los que la ejercen son los agresores que pretenden resolver el conflicto de un modo violento. Naturalmente que la existencia de conflictos no justifica la violencia escolar. Los conflictos en la escuela son propios de su estructura y de la función que tiene y siempre existirán. Pero, y en ello casi todos estamos de acuerdo, actuar violentamente es un recurso inaceptable.
Así pues los conflictos son la primera e inmediata causa de una actuación violenta. En torno a esos conflictos, reales o imaginarios, los actores que lo viven, los agresores, las víctimas y el contexto donde se enmarcan sus relaciones, añaden factores que facilitan, desencadenan y estimulan la utilización de las conductas violentas. También existen otros factores que las dificultan, inhiben o suprimen. El equilibrio inestable entre ambos tipos de factores determina la aparición y la gravedad de la violencia. Estos factores son los que tienen la clave de la situación actual de violencia en las escuelas.
Y, ¿cuales son? ¿Qué factores tienen una relación directa con la situación actual de violencia grave en las escuelas? Son muchos y de naturaleza diversa. Cada uno de ellos, por si solo, tiene un pequeño efecto pero todos juntos se interaccionan produciendo la facilitación y la potenciación de los actos violentos en la escuela. Estos factores se pueden enmarcar en los cambios sucedidos en el entorno educativo y escolar de los últimos 25 años. Estos cambios han producido la aparición de nuevos factores que facilitan el uso de la violencia en situaciones conflictivas y también la desaparición de otros factores que inhibían los comportamientos violentos. Además estos cambios han comportado la aparición de nuevos conflictos que se añaden a los más clásicos y tradicionales de la escuela. Más detalladamente estos factores se han originado en el constante e incesante cambio del marco legislativo de la educación, las recientes y múltiples exigencias sociales que recaen sobre la escuela los educadores y los gestores educativos en su actividad diaria, la universalidad extendida de la obligatoriedad educativa hasta los 16 años, la enorme diversidad que se concentra en los centros educativos, la constante exigencia de participación de los padres y otros agentes sociales en la escuela, etc.. Muchos de estos nuevos elementos, que influyen mucho en la dinámica cotidiana de los centros educativos, que se han ido introduciendo de forma justificada por el momento histórico que vivimos, han creado un marco de relaciones interpersonales en la escuela en el cual, los conflictos tienen nuevos elementos y reglas de juego.
Estos cambios no son la causa en sí de la violencia en las escuelas pero han actuado como factores facilitadores y potenciadores de la misma. A la vez los responsables de evitar estos conflictos no han podido o no han sabido anticipar medidas eficaces preventivas y la violencia se ha ido extendiendo de forma gradual. Por eso hoy tenemos una problemática grave, ante la que hay que actuar urgentemente con medidas basadas en el conocimiento riguroso de este nuevo patrón de relaciones interpersonales en las escuelas y que facilita la violencia en la escuela. Esta exigencia no comporta necesariamente que para comprender la violencia en la escuela haya que replantearse repetida e insistentemente prácticamente todos los fundamentos de la sociedad en que vivimos, ni de las formas de relación social que nos hemos dado y que, aún siendo manifiestamente mejorables, cuando se miran desde otro punto de mira han dado muy buenos resultados, mucho mejores de lo que los más optimistas auguraban en los años 70.
* * *
“Boletín Electrónico de la Asociación de Psiquiatras Argentinos. Nº 22. Mayo del 2005”.
VIOLENCIA ESCOLAR
PATAGONES Y “ ALGO MÁS “

Dra. Sara Amores.


Este trabajo tuvo como punto de partida reflexiones acerca del episodio de Carmen de Patagones realizadas con miembros del Capítulo de Salud Mental y Familia

INTRODUCCIÓN

Es por todos conocido el creciente aumento de la violencia, no sólo en nuestro país sino a nivel mundial. Tanto es así que en la década de los 90, la Organización Panamericana de la Salud consideró a la violencia como “la pandemia social de fines de siglo”. Si pensamos en este nuevo siglo, esto se ha maximizado.


El clima social anómico e inseguro, las relaciones familiares con déficits afectivos y el ambiente violento que caracteriza a nuestro mundo globalizado son difícilmente soportados, transformándose en caldo de cultivo de reacciones violentas.
Antes de considerarla, definiré el término:
Según el diccionario, violencia es “una fuerza intensa, impetuosa”. Deriva de vis, que quiere decir fuerza. Es abuso de la fuerza, ejercicio absoluto del poder de una o más personas sobre otras sin tenerlas en cuenta.
Como vemos, la palabra violencia está ligada con el abuso del poder. Es el no tener en cuenta a la otra persona. Es transformar al sujeto en objeto.
Maltrato, que es otro término que se utiliza, deriva de “atropellar”, que a su vez deriva de “tropa”, “tropel”, y evoca la marcha impetuosa del ganado.
Como vemos, la palabra violencia y la palabra maltrato están ligadas con el abuso del poder. Y así como es violencia el abuso del poder sobre el cuerpo de otra persona, como el maltrato físico o el abuso sexual, también es violencia el abuso del poder sobre la mente de otra persona; es decir, la imposición de nuestros propios pensamientos a otro sujeto. Es desconocer a la otra persona como alguien diferente, con derecho a pensar por sí misma.
La problemática de la Violencia es compleja. Múltiples factores se anudan para producirla, por ello es más adecuado hablar de entramado de violencia que de violencia “a secas”.
En una trama de violencia es casi imposible distinguir los factores intervinientes, una vez constituida la trama. Por ello el abordaje también debería ser múltiple.

VIOLENCIA SOCIOCULTURAL

La Comunidad Económica Europea definió violencia social como:


“Toda acción u omisión cometida en el seno de una sociedad que menoscabe la vida o la integridad física, incluso la libertad del otro, y que cause serio daño al desarrollo del hombre y a su proyecto social”.
Quiero destacar que no solamente es violencia la acción que se ejecuta sino también la omisión de la función protectora de la vida o la integridad física. Es decir que desde las instituciones a las que pertenecemos (Educación, Salud, Justicia, etc.) ejercemos violencia social no sólo cuando causamos daño al desarrollo de los individuos, sino también cuando descuidamos u omitimos nuestra función.
Violencia social no ha sido solamente la del Terrorismo de Estado de 1976, con su expresión máxima de avasallamiento de las libertades y las vidas de los sujetos sino también el empobrecimiento general (en nuestro país el 63 % de los menores de 14 años vive en la pobreza, según datos del Indec del 2º semestre del 2003), la desnutrición infantil, la corrupción organizada, la impunidad, la inseguridad, la desocupación, la precarización laboral, el aumento del analfabetismo, la deserción escolar, por citar algunos de los efectos del déficit de función de nuestras instituciones.
El tramado sociocultural, entendido como una compleja red de relaciones que sostiene y sujeta al niño y a su familia, funciona como el sostén materno en el orden social. Contrato narcisista denominan algunos autores (P. Aulagnier) a este pacto de intercambio, en que el sujeto recibe del conjunto sociocultural un soporte identificatorio y por ello hace de su voz un elemento que se suma al discurso del conjunto. A cambio de ello, el grupo reconoce que sólo puede existir gracias a lo que la voz (de ese sujeto) repite, valorizando de ese modo la función que él solicita.
¿Qué sucede cuando hay un quiebre del contrato narcisista y los Otros ya no son garantía de protección y seguridad, cuando se ausentan de su función? (Recordemos que también hay violencia por omisión).
A nivel de pensamiento promueve una interrupción de la capacidad de pensar, obnubilación o delirios. Los mecanismos de defensa son del orden de la desmentida y la negación. A nivel identificatorio propone modelos mortíferos.
Opera destruyendo los puntos de referencia constitutivos de la identidad social del sujeto. Se produce una pérdida de referentes que coloca a los sujetos y a sus familias en situación de desamparo.

Debemos tener en cuenta los fenómenos de violencia sociocultural que se transmiten a la familia. El hecho de estar inmersos en una cultura donde muchas veces no sólo se ejecutan sino se propician los hechos de violencia, hace que terminemos acostumbrándonos a ellos y los consideremos naturales. Y justamente, una de las formas de ejercer violencia es naturalizarla. Es decir que pasa a transformarse la violencia en algo egosintónico, no nos hace ruido; algo que debería ser egodistónico se transforma en egosintónico, naturalizado, de lo que no nos damos cuenta, pero existe.


Cuando se vive en clima de violencia social los sujetos tienden a invisibilizarla, considerarla propia de la “naturaleza” humana, y a vivirla en silencio como algo inevitable.
La familia, como intermediaria entre el sujeto y la cultura, percibe de ésta valores e ideales. Nuestra cultura promueve el consumismo, el “todo vale”, el “sálvese quien pueda”; privilegia la actuación sobre la reflexión; nos impone usos y costumbres determinados. En ese sentido, la familia debería poder hacer de “filtro” de los fenómenos de violencia sociocultural, tamizarlos y metabolizarlos, especialmente para sus miembros más jóvenes: me refiero a los niños. En la actualidad, el ejercicio de esta función de tamiz, de filtro, se hace cada vez más difícil para la familia; y muchas veces, el temor impide el ejercicio de las funciones parentales.


VIOLENCIA ESCOLAR

En realidad sería más adecuado hablar de violencia en la escuela que pone el acento en, que alude al lugar donde se producen los hechos y a los factores productores de violencia en la escuela. Violencia escolar califica y centra en la institución.


Quizás esta temática sea una de las que mejor nos permite analizar la complejidad del fenómeno.
Algunos hechos de violencia registrados en escuelas de nuestro país hacen que, como profesionales, debamos reflexionar sobre ellos y no considerarlos como hechos aislados, producto de situaciones particulares, sino pensar en la multiplicidad de factores y variables en juego, para permitirnos, en la medida de lo posible, encarar una tarea preventiva, que los tenga en cuenta para poder operar a distintos niveles: con los adolescentes, con los docentes, con los padres...
Si bien la llamada “masacre de Patagones” fue una de las máximas expresiones de la misma, hubo otras situaciones, en distintos lugares del país, en Córdoba, Salta, Jujuy, Santa Fe y varios en el conurbano bonaerense, que invitan a la reflexión.
La tentación de buscar una explicación “única” es muy intensa y además tranquilizadora. Las escuchamos en las opiniones vertidas en los distintos medios de comunicación acerca de Patagones: problema individual: “Junior tuvo un episodio psicótico” (solución individual: psicofármacos, internación); problema familiar: “familia autoritaria y exigente que no comprende a los hijos” (solución exclusión de la familia, quitar la patria potestad para con el otro hijo o, en el mejor de los casos, tratamiento familiar); problema de la escuela: “docentes que no escuchan a los alumnos, personal directivo y profesional ineficiente para su función” (solución reemplazo institucional, cambio del personal); problema sociocultural: “copiar modelos extranjeros, como el de Columbine o influencia de determinado tipo de música (solución evitar que los adolescentes tengan acceso a dicha información).
Como vemos cada una de dichas explicaciones y sus correspondientes soluciones contienen parte de verdad, pero la gravedad del problema amerita una reflexión profunda que contemple los diversos factores en juego.

Decíamos que justamente la violencia en el ámbito escolar permite pensar cómo interjuegan los distintos factores:


Como lo planteáramos es también violencia el déficit (omisión) de la función protectora del Estado para con sus ciudadanos, especialmente para con los más jóvenes (niños y adolescentes).
Las instituciones a las que pertenecemos, Salud, Educación, Justicia ... no quedan al margen de esta desprotección. Pero además se ejerce sobre ellas una acción represiva tendiente a que adecúen sus modelos para garantizar la persistencia del sistema de exclusión social.
Las instituciones educativas y los agentes educadores, (también ellos sometidos a condiciones de trabajo estresantes, a la inseguridad y a la precarización laboral) se ven enfrentados a un dilema:

  • tratan de imponer a sus alumnos lo que se espera de ellos, de acuerdo a la memoria escolar, en cuanto a métodos y contenidos, acentuando, tensando al extremo la relación asimétrica docente-alumno.

  • se acoplan, se someten al “mundo adolescente”, cada vez más inaccesible a los dispositivos escolares instituidos, en una situación de simetrización que anula la diferencia docente-alumno.

Como todo dilema no permite solución. Por otra parte, ambas propuestas son violentas, la primera por imposición y la segunda por omisión.
De una u otra manera se produce que los cuerpos docentes-alumnos, a pesar de compartir espacios, estén cada vez menos próximos y en conflicto sobre sus posibilidades de encuentro.

¿Qué sucede cuando la postulación de Igualdad ante la Ley y la Igualdad de Oportunidades Educativas no se puede sostener, porque nuestra sociedad está más regulada por el Mercado que por el Estado?


Una de las maneras perversas de sostenerlas es la creación de grupos sociales denominados “excluidos”, “marginales”, que se (los) ubican por fuera del sistema educativo y legal. Funcional a esto es el apelativo de escuelas “marginales”, “carenciadas”.
Se da lugar a lo que se ha dado en llamar “profecía autocumplida”, ya que precisamente en las escuelas así denominadas (aunque no exclusivamente en ellas) se producen el mayor número de hechos violentos.
La relación institución escuela-institución familia, que debería ser analógica, en el sentido del uso de un lenguaje común que favorezca la producción de marcas subjetivas similares, lo que permitiría la transferencia entre ellas, habida cuenta de sus diferencias, es ambigua.
Uno de los efectos de la pérdida de referentes sociales ya explicitada, es el borramiento de las diferencias entre lo privado y lo público. Docentes y padres muchas veces acceden al espacio que no les es propio, generando confusión, al hacer interpretaciones sobre la disfuncionalidad familiar (los primeros) y sobre la ineficacia docente, desautorizándolos (los segundos).
La familia, frente a este déficit de referencias identificatorias, pierde el estímulo para alentar el crecimiento del hijo en pos de un futuro valorado y simultáneamente referido a otros modelos sociales, también valorizados, omitiendo su función. Se produce un corrimiento del ser al tener, no importa tanto el estudiar, el aprender sino el “aprobar” lo más rápido posible para tener dinero. Tener algo es más importante que ser alguien.
Una manera opuesta, también violenta, que puede encontrar la familia es la de imponer sus propios modelos, en forma autoritaria, no permitiendo que el hijo piense y decida por sí mismo, desubjetivándolo, transformándolo en un robot, anulando su capacidad de pensar. Esta desubjetivación, en algunas familias, se expresa en la dificultad de dar un lugar y un nombre propio diferente al hijo. No sólo nominándolo como al padre sino no permitiendo que un segundo nombre o un sobrenombre, lo discrimine, llamándolo por ejemplo Junior, o como lo refleja la película Martín Hache (coproducción argentino-española del realizador Adolfo Aristarain), en que el hijo es llamado H (de hijo).
Los hijos en esta situación, sólo encuentran como “salida” el ejercer violencia hacia sí mismos o hacia los demás, quizás como una manera “fallida” encontrar un lugar propio. Un fenómeno en consonancia con lo planteado es el maltrato entre pares. Hay distintos tipos de maltrato, pero parecería que el que involucra amenaza o intimidación (con prohibición de denuncia) está en aumento. Nuestra sociedad mercantilista, competitiva y desigual, alimenta silenciosamente este maltrato entre pares.
El maltrato involucra a tres “personas”: el maltratado, el maltratador (uno o varios) y los espectadores. Generalmente, el maltratado es un alumno con dificultades en las relaciones sociales o con determinadas características personales que dificultan su competencia escolar, pero como círculo vicioso, la violencia de sus pares, lo vuelve inseguro, lo intimida y retrae aún más. Pero por otra parte, no llama la atención al personal docente, ya que “no molesta”.
El maltratador (uno o varios) posiblemente sea tan inseguro y temeroso como el maltratado y el maltrato sea una forma “fallida” de encontrar un lugar y reasegurarse o quizás rechace en sí mismo estos aspectos “débiles”, proyectándolos en otro.
Pero son necesarios espectadores, que contemplen pasivamente la escena donde otro/s son protagonistas activos.
Interesa señalar que, los efectos lesivos de esta situación, alcanzan no sólo a los protagonistas sino también a los involuntarios testigos, que se acostumbran a tolerar la intimidación y el abuso.
Debemos tener en cuenta que la posición de víctima y victimario es intercambiable, que el maltratado puede transformarse en maltratador. Hechos de violencia extrema (con armas de fuego) así lo atestiguan. Como un ejemplo, entre otros, en el año 2003, en la ciudad de La Plata, un alumno “maltratado” esperó a su “maltratador” a la salida de la escuela y le disparó en el abdomen, lo que le produjo una perforación intestinal.

A modo de cierre y apertura a la prevención:
Como profesionales dedicados a la Salud Mental, para encarar tareas preventivas, debemos reconocer primero que los hechos de violencia no son hechos aislados y que responden a múltiples causas. Tenemos que aprender a detectar en los distintos niveles: comunitario, familiar, sistema escolar (docentes y alumnos), las primeras manifestaciones de violencia, antes de que ésta constituya un entramado de difícil desarticulación. Lo que algunos denominan pre-violencia, y hacia allí dirigir nuestras acciones.
* * *

Violencia en la escuela: Cómo Prevenirla y Afrontarla
Arellano Norka

Reyes Merlín

Velásquez María
RESUMEN
La necesidad de formar un docente para prevenir y controlar hechos de violencia en la escuela lleva a una revisión teórica relacionada con este tema. Por lo cual el objetivo es Proporcionar los elementos teóricos que le permitan al docente conocer algunas de las técnicas para manejar y prevenir el fenómeno mencionado. En función de ello se discierne en relación a la Violencia existente en instituciones escolares y al manejo de técnicas para prevenirla y afrontarla.
Palabras Claves: Violencia Escolar, Técnicas de Prevención, Docente.
INTRODUCCIÓN

Una escuela que no promueva la participación y toma de decisiones por parte de los alumnos, donde todo es organizado por la institución, y no existen instancias para la discusión y el desarrollo de proyectos, son indicadores de una práctica educativa autoritaria, propia de una organización jerárquica y vertical, en la cual las autoridades escolares creen poseer la verdad y tener siempre la razón, siendo la posesión de esta verdad prerrogativa de quienes ostentan el poder, impidiéndose de forma violenta la construcción del saber, la oportunidad de crear y de ser uno mismo, es esta práctica educativa caldo de cultivo para la violencia escolar. En función de lo cual, la formación continua de los docentes, resulta cada vez más imprescindible, tanto por las exigencias derivadas de los cambios en los entornos sociales, como los propios cambios de la escuela y lo más importante por el desarrollo de las nuevas generaciones. Es aquí donde la formación y el papel del maestro se ve sometido a una serie de replanteamientos que le exigen una puesta al día continua y la aceptación de nuevas tareas en los centros educativos.

En el caso de Venezuela y específicamente en instituciones tomadas como muestra, en la investigación “La formación de los docentes en la prevención de la violencia”, donde Arellano, Méndez y Nava (2006) señalan la necesidad de formar a los docentes, lo cual queda ratificado por los resultados obtenidos, en relación al objetivo “Revelar el Nivel de Formación de los Docentes que Permitan la Prevención y Tratamiento de la Violencia Escolar”, que muestran una alta variedad de grados académicos existentes en la institución, destacándose un (39 %) que no son Licenciados en Educación, evidenciándose como un elevado porcentaje de los profesores, no tienen las competencias académicas para fungir como docentes. Estos resultados permiten inferir que al no poseer componente pedagógico y no actualizarse, sus competencias para manejar problemas relacionados con adolescentes y con la violencia escolar están limitados para prevenir y resolver problemas de éste tipo.

En la investigación mencionada, a pesar de que la institución presenta históricamente un comportamiento violento por parte de sus estudiantes, se encontró que los docentes encuestados no han sido capacitados con los talleres: Violencia escolar en un 82.105 %; Comunicación en un 52.631 %; Prevención y tratamiento de la violencia escolar, con el 88,421 %; Autocontrol de la Agresión con el 95.789 %; Antiviolencia con un 94.736 %; Métodos disuasorios (circulo de amigos), en un 91.578 %; Tampoco han recibido formación en la búsqueda de acuerdos con una alta incidencia de un 96.842 %; Estrategias de trabajo en tiempos y contextos turbulentos, en un 98.948 %; Grupos de trabajo cooperativo con un 68.422 %; Ayuda entre iguales, con una incidencia de 82.105 %.

En función de estos resultados es oportuno señalar lo planteado por Andréu y López (2002):

... el desarrollo profesional de los maestros implica su crecimiento en su ámbito de trabajo, consolida su confianza, el desarrollo de habilidades, el continuo "estar al día", ampliando y profundizando su conocimiento de lo que enseña y consiguiendo una mayor conciencia de lo que hacen en el aula y de por qué lo hacen. Cuestiones que hacen desaparecer las rutinas del quehacer educativo en el aula, aportando ilusión y posibilidades de abrir nuevas perspectivas educativas.. (p.4).


Queda claro la necesidad de reflexionar sobre la importancia de la educación como un factor que puede ser el instrumento para facilitar la construcción de una sociedad más justa, más participativa, con mejores posibilidades de crecimiento, lo cual tiene su respaldo en la Constitución Bolivariana de Venezuela quien le otorgó rango constitucional a los Métodos Alternos de Resolución de Conflictos (MARC), cuando en su artículo 258, dictamina: “La ley promoverá el arbitraje, la conciliación, la mediación y cualesquiera otros medios alternativos para la solución de conflictos”. Este marco legal faculta que desde las instituciones educativas se diseñe, implemente y desarrolle proyectos para el manejo del conflicto escolar.

FUNDAMENTACIÓN TEORICA

Prevención y tratamiento de la violencia escolar:

El profesorado necesita una formación conceptual procedimental y actitudinal para atacar el problema de la violencia y para acompañar a las familias en la búsqueda de soluciones, el éxito de la intervención requiere de una acción coordinada de todos los que intervienen en el problema, por lo cual el trabajo en equipo es imprescindible y la participación de la familia es fundamental.

La prevención está al alcance de todos, dado que esta no es otra cosa que la puesta en marcha de las medidas apropiadas para impedir la aparición de interacciones violentas en los individuos y en la comunidad en general (Fernández, 1999).

Díaz – Aguado (2005) destaca como forma de prevenir la violencia en las aulas:

Para prevenirla es necesario romper la “conspiración del silencio” que ha existido hasta hace poco sobre este tema, y enseñar a condenarla en todas sus manifestaciones, insertando su tratamiento en un contexto normalizado orientado a mejorar la convivencia. Conviene tener en cuenta, en este sentido, que algunas de las características de la escuela tradicional contribuyen a que en ella se produzca la violencia o dificultan su erradicación: como la permisividad que suele existir hacia la violencia entre iguales como reacción (expresada en la máxima “si te pegan, pega”) o como forma de resolución de conflictos entre iguales; la forma de tratar la diversidad actuando como si no existiera; o las frecuentes situaciones de exclusión que se viven en ella...(p.3)
La autora refiere la importancia de tratar al adolescente como si fuera un profesional capaz de prevenir la violencia, lo que implica también formar a los estudiantes en métodos de resolución de conflictos. Enfatiza Díaz -Aguado, la importancia de proporcionarle el apoyo y la motivación necesarias al alumno en esta tarea, dado que esto favorece que pueda descubrir el significado que ella tiene para el experto que habitualmente la realiza, y que llegue a identificarse con dicho significado de forma mucho más eficaz que si le pidiéramos estudiar conceptos y definiciones sobre violencia y resolución de conflictos. Es por esto recomendable realizar simulaciones en situaciones hipotéticas y actuar como mediador en la resolución de conflictos entre pares

Para prevenir que el conflicto siga una espiral de desarrollo y estalle en violencia, uno de los aspectos que debe buscarse es el autocontrol, la experiencia de los autores en la docencia permite afirmar que hoy los adolescentes parecen no tener conciencia de los limites, presentando problemas para autocontrolarse, autolimitarse y ponerse en el lugar de. Se hace necesario comenzar a trabajar desde la escuela con las técnicas de autocontrol, entendiéndose por ésta la capacidad consciente de regular los impulsos de manera voluntaria a fin de alcanzar un mayor equilibrio personal y relacionar, lo cual facilita a las personas dominar sus impulsos, sus emociones en determinado lugar o circunstancia.(ESHC. 2005)

Para prevenir la violencia, uno de los aspectos más importantes es aprender a controlar la rabia, que si bien es un sentimiento normal e inevitable, hay distintas formas de abordarla, el docente debe aprender a aceptarla y a saber mantener la calma, pero debe tener claro que puede tener consecuencias muy graves si no se sabe controlar.

Si quiere mantener un ambiente cordial en el aula de clase y evitar estallidos de violencia, se pueden considerar las siguientes recomendaciones:



  • Predique con el ejemplo: Si se ve envuelto en un pleito o discusión que le genera sentimiento de enojo, evite explotar y mostrar conductas agresivas, intente racionalizar el problema y en un tono suave y calmado, busque donde existen los puntos coincidentes y a partir de ellos abogue por el consenso

  • Aléjese del lugar en el caso de no poder controlar la situación.

  • Aceptación: Jamás ponga en entredicho la naturaleza y la necesidad del enojo. Ayude a los alumnos a ver que es algo muy humano con lo cual tienen que lidiar. De otra forma es peligroso porque absorber y evadir los enojos significa acumular una presión que posteriormente se libera con peores reacciones.

  • Identificación y búsqueda de opciones para la expresión de sentimientos de enojo: Dialogue con él e incentívelo a buscar otras maneras de expresarse

  • Desfogue físico: Para liberar la carga de energía negativa que produce el enojo, proponga a actividades como correr, patear o arrojar una pelota con fuerza, etc. El cansancio físico y gasto de energías disminuye el enojo.

  • Expresión creadora a través de cuentos, pintura, incentívelos a expresarse a través del arte, colocando en este sus emociones

  • Comunicación: Hablar sobre los problemas que ocasiona el enojo lleva a entenderlos mejor, incluso a minimizar su carga y su importancia. Impúlselos a que recurran al diálogo, ya sea con usted o con sus amigos.

  • Buen humor: Si se toma de la mejor forma, el enojo puede hasta provocar risa. Enseñe a ver las cosas positivas y a identificar cuando las razones del enojo son absurdas. De esta forma, lo tomarán de buen humor y lo asimilarán más pronto y mejor.

  • Charla a solas: Recomiéndele el monologo, dado que hablar consigo mismo hace que con las palabras se libere el enojo. Lo mejor es que esas palabras se quedan en el individuo y no dañan a nadie más. Sugiérale que estando solo puede gritar para liberar la presión del enojo

  • Conteo: Contar números u objetos a la vista le permite alejarse del sentimiento del enojo y relajarse en un patrón fijo y monótono. Ésta es una de las técnicas más populares y más efectivas a corto plazo.

  • Ante la tempestad, la calma: En caso de una situación de enojo a nivel grupal, lo más sabio que puede hacer es mantenerse calmado y escuchar lo que dicen los demás. Como usted es el único escuchando con la mente fría, puede evitar discusiones inútiles, identificar los conflictos y tratar de solucionarlos.

Además de las recomendaciones dadas el docente puede aplicar algunas de las técnicas que se recomiendan para manejar la violencia como son: Tiempo Fuera, la técnica de semáforo, el Pensamiento Lateral
Tiempo Fuera: Esta técnica busca sacar de contexto a la persona para que baje el enojo poco a poco y reflexione acerca de la manera en que se reacciona en una situación dada. Si el alumno está muy alterado y nota que no lo está escuchando, envíelo a un lugar privado unos minutos para que se calme y poder iniciar el diálogo, y si es el docente aléjese del lugar, cálmese y regrese a retomar la situación.

Es importante aprender y enseñar a meditar y darse cuenta de las actitudes fuera de control, en este caso cuando al estar consciente de que se ésta por perder el control es recomendable pedir un “tiempo fuera”, frase esta que debe ser conocida por los docentes como una clave que implica “quiero estar en privado”, tiempo que debe ser dado al alumno hasta que supere la crisis. Si el docente quiere aplicar esta técnica es importante que considere las siguientes sugerencias:



  • Busque un lugar seguro y con supervisión en donde el joven pueda estar tranquilo sin que nadie lo moleste, dígale que al final de su tiempo fuera, van a conversar sobre su comportamiento. Invítelo a que tome asiento tranquilo, sin hablar con nadie, hasta que esté bien calmado y dispuesto a tener una conversación. Cuando este dispuesto al dialogo hable con él sobre lo que ocurrió.


La Técnica del Semáforo: El equipo del Psicólogo Escolar. com, plantean que esta técnica está especialmente indicada para la enseñanza del Autocontrol de las Emociones Negativas: Ira, Agresividad, Impulsividad, etc., resulta esencial dada la importancia de educar en actitudes de tolerancia, respeto, convivencia. La escuela está siendo cada vez más consciente de la necesidad de erradicar fenómenos de violencia que se han instalado en su seno, resultando prioritario la educación de los aspectos emocionales de la inteligencia. (Psicólogo escolar.com)
Pasos para la enseñanza de la Técnica del Semáforo:

  1. Asociar los colores del semáforo con las emociones y la conducta:

    • Rojo: pararse. Cuando no se puede controlar una emoción (se tiene mucha rabia, se quiere agredir a alguien, se está muy nerviosos…) hay que pararse como cuando se está frente a la luz roja del semáforo.

    • Amarillo: pensar. Después de detenerse es el momento de pensar y darse cuenta del problema que se está planteando y de lo que se está sintiendo.

    • Verde: solucionarlo. Al darse tiempo de pensar pueden surgir alternativas o soluciones al conflicto o problema.  Es la hora de elegir la mejor solución.

El Pensamiento Lateral: Para aprender a buscar opciones e ideas nuevas que faciliten la resolución de conflictos se puede utilizar e incentivar “El Pensamiento Lateral para lo cual se recomiendan diversos ejercicios que pueden aplicarse a manera de juego, en estos ejercicios no existe trampas, sino buscar la solución de una manera distinta a la comúnmente abordada, las soluciones a veces generan expresiones ¡¿Cómo no se me ocurrio¡?

Enmarcado en la definición dada en Wikipendia, su objetivo es buscar representar otros caminos alternativos que no estamos acostumbrados a usar, dado que estamos habituados a pensar en una sola dirección y dar por obvio aquello que no lo es. Según el autor, la mayoría de la gente tiende solo a ver una forma de resolver el problema.

Se puede inferir de lo anteriormente expuesto que existen diferentes formas de resolver un problema que muchas veces no son visibles a simple vista por lo cual debería buscarse otras soluciones, rompiendo con la lógica que se ha aprendido y utilizado durante décadas con el pensamiento de tipo vertical, esta trasgresión lleva a encontrar nuevos caminos que antes podían no haberse visto. El pensamiento vertical crea patrones y adapta las novedades a lo que conoce, mientras que el lateral está dispuesto a explorar esas nuevas situaciones para ver a donde conducen. Aprender a buscar nuevas opciones implica entender que la solución a los problemas puede encontrarse en el otro, que a veces es necesario romper con paradigmas para encontrar nuevos caminos lo cuales en muchas ocasiones no son los mas evidentes.
La Comunicación:

La autentica educación tiene como fin el desarrollo integral de la persona, por eso debe proporcionar, además de conocimientos, valores, creencias y actitudes frente a distintas situaciones. Para encarar esta tarea se debe estimular la comunicación y erradicar todos los aspectos que no la hacen efectiva.

La comunicación es prevención porque posibilita encontrar un espacio, ser protagonistas, aprender a respetar al otro, ayuda a formar el espíritu critico, viabiliza la capacidad de aceptar el error como incentivo, para la búsqueda de otras alternativas validas y ayuda a superar las dificultades porque la carga se reparte.

Es por ello que el docente debe promover la participación, la comunicación interpersonal, la asunción de responsabilidades y el aprendizaje cooperativo. A través de técnicas y estrategias diferentes tales como: el debate, asambleas, teatro, juegos cooperativos, talleres, fiestas, campeonatos deportivos, entre otros, orientando a los jóvenes hacia la autogestión y la autodisciplina mediante la distribución compartida de responsabilidades estableciendo entre otras cosas normas claras y consensuadas etc.

Si se parte de considerar a la comunicación como el elemento principal para evitar la violencia escolar, se hace importante el que los docentes aprendan a comunicarse de manera efectiva, y para eso es imprescindible aprender a escuchar de manera activa.
Escucha activa:

Es una manera de escuchar con atención lo que la otra persona dice con el objetivo de intentar comprenderlo. En el proceso de comunicación la persona que utiliza la escucha activa le trasmite al emisor lo que este ha dicho, destacando el sentimiento que contenía el mensaje. Por lo tanto, es importante resaltar que se ha entendido no únicamente lo que ha expresado el emisor sino también lo que siente.

Aunque se comprenda los sentimientos de la otra persona, esto no significa que se este de acuerdo con lo que dice o piensa la otra persona.

Las técnicas de escucha activa:


  • Mostrar interés: favorecer que la otra persona hable.

  • Clarificar: aclarar lo que ha dicho, obtener más información y así ayudar a ver otros puntos de vista.

  • Parafrasear: se trata de repetir con tus palabras lo que la otra persona ha dicho, por lo tanto no debe expresar las ideas propias ni las opiniones. Se puede empezar la frece diciendo… “si lo he entendido bien., lo que me estas diciendo es…”

  • Reflejar: mostrar a la otra persona que se entiende lo que ella siente. Esta técnica permite reflejar los sentimientos de la otra persona que habla.

  • Resumir: centrar el tema destacando las ideas principales de lo que la otra persona ha expresado.

Cuando se escucha de forma activa no se hace únicamente escuchando sino que también se hace a partir del lenguaje no verbal y por lo tanto se debe tener en cuenta: contacto visual, un tono de voz suave, gestos acogedores y una postura corporal receptiva.

Cuando se escucha de forma activa, Uranga (1998) plantea que:



  • No se cambia de tema cuando la persona habla.

  • No se valora, no se juzga, no se anima ni aconseja.

  • No se piensa en rebatir lo que el otro dice mientras habla.

  • Se explora los sentimientos además de los hechos.

  • Se observa el lenguaje no verbal.

  • Se hacen preguntas abiertas, es decir, preguntas que permitan al que habla expresarse mas, explorar y profundizar en lo que ha pasado. Preguntamos acerca de sus necesidades, sus preocupaciones, sus ansiedades y sus dificultades.

  • Se parafrasea los puntos principales para ayudar a quien habla a comprender el conflicto, dándole la oportunidad de ver en otras palabras lo que ha expresado.


REFLEXIONES FINALES

La importancia de formar a los docentes en métodos antiviolencia es un requerimiento y una necesidad, dado los hechos de violencia que se viven en las instituciones educativas de la región, es por eso significativo que el docente en correspondencia con las necesidades detectadas debe estar preparado para dar respuesta a ellas, aspectos estos considerados en la Ley Orgánica de Educación de 1980 donde en su Artículo 97, dispone: “El Ministerio de educación dentro de las necesidades y prioridades del sistema educativo y de acuerdo con los avances culturales, establecerá para el personal docente programas permanentes de actualización de conocimientos, especialización y perfeccionamiento profesionales. Los cursos realizados de acuerdo con esos programas serán considerados en la calificación de servicio”.

Reafirmando lo expuesto, planteamos la necesidad de afrontar, encauzar o en todo caso, resolver los conflictos que se producen en la escuela como un reto que ha de ser asumido por toda la sociedad pero que afecta directamente al personal docente. Lo cual queda plenamente justificado en el Reglamento del Ejercicio de la profesión docente, Art. 18 y 19 (Decreto 1011 Gaceta Oficial Nº 5496 del 31 – 10 2000) que establece: “Los docentes tienen el derecho y el deber de utilizar los recursos didácticos existentes en el plantel, y actualizar sus conocimientos a través de talleres, cursos y otros, para lograr optimizar su labor educativa,...”. “Los docentes tienen derecho a ser orientados y asistidos por los organismos competentes en asuntos relacionados con derechos, garantías y deberes de niños, niñas y adolescentes”.
* * *
I ENCUENTRO PROVINCIAL DE PRECEPTORES
TEMA: “VIOLENCIA ESCOLAR”

FUNDAMENTACIÓN


El presente trabajo se inicia con la idea de investigar sobre la violencia escolar, sus dimensiones, causas y consecuencias y las medidas preventivas que ayudarían a atenuarla.

Se considera la temática de singular importancia ya que la violencia es un comportamiento aprendido y los valores, actitudes y destrezas interpersonales que se adquieren a temprana edad constituyen un factor preponderante para su desarrollo.

Además la realidad muestra día a día que este fenómeno se presenta en forma reiterada en diferentes espacios afectando el desarrollo de los niños y jóvenes y condicionando el clima de las instituciones.

La violencia no crea sino más violencia por todas las consecuencias traumáticas y dolorosas que provoca, por lo que en esto no puede haber ganadores. Por lo dicho se hace relevante que docentes, padres y todos los actores de la comunidad educativa tomen conciencia de la importancia que tiene el desaprender la violencia, transformando el conflicto y utilizando la energía en todos sus ámbitos sociales y culturales modificando las relaciones de tensión que la originan.


INTRODUCCIÓN


Hace tiempo que la violencia social se ha trasladado al ámbito escolar. Más allá de los casos en muchas jurisdicciones la violencia de alumnos y padres, insultos, amenazas o agresiones físicas y directas contra los docentes, parece un problema endémico. Pero, ¿qué es la violencia?

La violencia es una acción ejercida por una o varias personas en donde se somete de manera intencional al maltrato, presión, sufrimiento, manipulación u otra acción que atente contra la integridad tanto física como psicológica y moral de cualquier persona o grupo de personas.



Las últimas décadas del siglo XX se caracterizan, entre otras cosas, por la creciente violencia que se manifiesta en diferentes escenarios y que adquiere diversos rostros: desigualdades y discriminación, hostilidad y acoso, daño ambiental y alienación, autoritarismo de los regímenes y de ciertas instituciones, desocupación y hambre, conflictos y guerras.

Todos esos rostros nos ubican ante grandes dilemas que, por su relevancia, nos inducen a transformarlos en problemas, buscar alternativas y a adoptar acciones específicas para resolverlos en forma creativa y pacífica, sin violencia física ni simbólica.

La violencia, la intolerancia y la discriminación están en la base misma del sistema social, político y económico. La denegación de los derechos del niño y de la mujer, el hambre o el racismo son algunas manifestaciones de la violencia estructural. Y es en el marco de esa estructura social que se constituyen los sujetos singulares.

En este contexto, es importante que niños y adultos, hijos y padres, alumnos y docentes, puedan reflexionar y analizar situaciones conflictivas y analizar temas como: violencia y paz, conflictos y guerras, distribución del poder, justicia y sexo, problemáticas ambientales, futuros alternativos. Y, a partir de ello, tender a generar preocupación ecológica, compromiso por la justicia y una "apertura mental" que posibilite una lectura de los hechos y acontecimientos ajustada a lo real, en el marco de:

        la diversidad,

        la reflexión crítica y comprensiva y

        La cooperación y el respeto mutuo en la resolución de conflictos.

En este marco, consideramos que es posible hallar en la escuela modos alternativos de ser en lo personal y modos de organización institucional y social que permitan formular alternativas, con el propósito de cambiar actitudes por medio del trabajo en torno al conocimiento, las normas sociales y los valores, y el respeto por las diferencias.

Se trata de una problemática que no puede reducirse a un área curricular como se la presenta en algunas escuelas, sino que por su complejidad atraviesa diversos contenidos de diferentes áreas del conocimiento y se manifiesta en todas las acciones sociales. Una problemática que rebasa la escuela y nos lleva a considerar, a la vez, a la dimensión política y económica y el reconocimiento de los modos de pensar, sentir y hacer de los sujetos singulares, de los grupos sociales y de sus interacciones
OBJETIVOS


  • Identificar la violencia como un fenómeno social actual.

  • Conocer las dimensiones de la violencia y sus nuevas formas de expresión.

  • Determinar causas y consecuencias de la violencia escolar.

  • Acercarse al conocimiento de medidas preventivas de actos de violencia en las escuelas.


MARCO TEÓRICO

A comienzos de los ´60 el psicólogo Albert Bandura realizó un experimento clásico sobre aprendizaje y agresión.

Un grupo de niños en edad pre-escolar veía una película en la que un adulto golpeaba a una muñeca de plástico con mazo, la tiraba al aire, la pateaba y la abofeteaba. Después se dejó a cada niño jugando solo en una habitación con juguetes entre los que estaba la muñeca. Muchos de los pequeños que habían visto la película imitaron el comportamiento del adulto e incluso idearon modos nuevos de golpear a la muñeca. Los que no habían visto la película no mostraron ninguna de las conductas agresivas del adulto.

El experimento demuestra que los niños aprenden conductas agresivas por la pura observación de los demás.

La violencia en la escuela puede explicarse, en parte, a través de esta teoría de este psicólogo canadiense que hace referencia a las condiciones en que se aprende a imitar modelos.

Esta teoría postulada hace 45 años demuestra su vigencia si tenemos en cuenta que investigadores de la Universidad de Hardvard recientemente han demostrado que los adolescentes que presencian actos de violencia con armas de fuego corren doble riesgo de repetir esos hechos. ( Editorial Diario Los Andes)

Los chicos que habían presenciado actos de violencia con armas de fuego incurrieron en acciones similares en una proporción de dos a uno respecto de aquellos que nunca estuvieron expuestos a la violencia. Generalmente los investigadores sociales aceptaban que existe una maraña de causas para los comportamientos violentos pero no adjudicaban a la exposición de los menores a tales actos tanta influencia en su comportamiento futuro. Al menos no con la contundencia con que lo demuestran los investigadores de la Escuela de Medicina de Harvard.



Violencia como fenómeno social actual

La violencia como todos los fenómenos humanos y sociales es fruto de un complejo interjuego de dimensiones diferentes y complementarias que interactúan y constituyen una trama, sólo a partir de la cual puede comprenderse.

Solamente la perspectiva de la complejidad de los fenómenos y procesos sociales, constituye el punto de partida para todo intento de prevención o de intervención en el aula y en la escuela. Esto supone un cambio sustancial en el pensamiento, que va desde la lógica de la simplicidad que procede de una concepción mecanicista, lineal, unidimensional y determinista, hacia la lógica de la complejidad que posibilita concebir la diversidad y multidimensionalidad de los fenómenos y procesos como el de la violencia en la escuela.

No es posible seguir pensando fenómenos y procesos sociales como la violencia o la indisciplina desde visiones simplificadas a partir de analizar solamente, por ejemplo, la violencia estructural (económica, social, cultural) o las relaciones y condiciones de existencia familiar.

Tal como expresan L. Garay y S. Gezmet, todos los fenómenos humanos y sociales -como la violencia- son resultantes de un interjuego de componentes en el que básicamente interactúan:

 

CAUSAS

  • Procesos estructurales (materiales y simbólicos).

  • Procesos institucionales, como el escenario y las tramas donde la violencia se expresa.

  • Procesos psíquicos inconclusos, deteriorados o faltantes en las historias vitales de los actores del drama.

 

a) Los procesos estructurales se originan en las fuerzas y relaciones sociales y productivas y, consecuentemente, condicionan la organización de otros procesos y de las instituciones. En este sentido, abordar fenómenos como la violencia, implica conocer, a su vez, la "fuerza" de fenómenos como la globalización económica y cultural, los modos de producción y distribución de bienes y riquezas, los avances tecnológicos y científicos, el rol del Estado y del mercado, la estructura del empleo y del desempleo, el agotamiento de recursos naturales, las pautas culturales y sociales de la postmodernidad, etc. Es necesario conocer y comprender la tendencia de estos procesos y su interrelación con las otras instancias (institución y sujetos) y deconstruir la trama configurada a partir de componentes de las tres instancias.

b) Los procesos institucionales. Las instituciones educativas son "formaciones sociales, culturales y psíquicas construidas en un juego de, al menos, tres instancias: la instancia de la sociedad como contexto de producción, la instancia de los sujetos como actores esenciales de la escena institucional, y la instancia institucional (propiamente dicha) e inter-institucional, como precedentes necesarios de toda formación institucional" (Garay y Gezmet).

No se trata de meros establecimientos ni de instituciones rígidas sino de instituciones que producen cambios, transformaciones y que instituyen a la vez que son productos instituidos.

Es en el ámbito de los establecimientos concretos donde trabajan que los docentes tienen que pensar la complejidad del fenómeno de la violencia desde dos vías complementarias: desde lo estructural a lo individual y desde lo singular y subjetivo a los social-estructural. De lo contrario, podríamos realizar análisis simples y erráticos que harían caer todo el peso sólo en la sociedad, en la escuela o en los alumnos y/o su familia. Si partimos del análisis erróneo de las causas y procesos que producen la violencia, también serán inadecuadas las estrategias institucionales y áulicas que implementemos.

c) Los procesos psíquicos refieren a procesos subjetivos (muchos de ellos inconscientes) que constituyen la personalidad de los alumnos. Particularmente, con respecto a los sujetos involucrados en hechos de violencia, nos encontramos con "rupturas" en la constitución temprana de la subjetividad del niño y con cierta precariedad vincular y deprivación emocional.

Por lo tanto, se torna necesario, por una parte, conocer aspectos de la constitución psicológica de los niños, así como algunos procesos y mecanismos singulares vinculados al uso de la violencia como modo de relacionarse con el mundo, a la agresividad, los miedos, la capacidad de preocuparse por otros o la deprivación. Y, por otra parte, es necesario establecer relaciones con las otras dimensiones: ya que tanto los procesos estructurales como los procesos institucionales intervienen en la constitución de los procesos psíquicos y, particularmente, en la formación de las identidades sociales.

De lo expuesto podemos deducir algunas causas específicas de la violencia:



  • Crianza

  • Rechazo y exclusión por parte de los compañeros al comienzo de la educación básica, lo que llevaría a que sean más agresivos en la enseñanza media.

  • Exclusión social o sentimiento de exclusión.

  • Ausencia de límites.

  • Integrar bandas violentas

  • La falta de modelos sociales positivos

  • Falta de colaboración entre la familia y la escuela

  • Causas ambientales, contexto

  • La exposición de la violencia a través de los medios de comunicación. La TV es causa de violencia. Los estudios revelan que los adolescentes que ven una hora o más de TV al día tienen cada vez más probabilidades de ser violentos cuando sean adultos.

Los rostros de la violencia en la escuela

El fenómeno de la violencia muestra dimensiones que van desde lo social a lo individual, de lo macro a lo microsocial, se produce en todos los sectores y clases sociales, en ambos sexos, en distinto tipos de sociedades y organizaciones, tiene una multiplicidad de causas y una diversidad de efectos. Es un fenómeno tan antiguo como la humanidad, pero los rostros que presenta no fueron siempre los mismos. Lo novedoso de la violencia de principios de siglo XXI son los nuevos rostros a partir de:



  • nuevos contenidos,

  • nuevos sentidos y

  • nuevas formas de manifestarse o expresarse.

 

Violencia en la escuela, violencia de la escuela y violencia contra la escuela

La violencia que "elige" como escenario a la escuela, si bien no es producida por ésta, cuestiona seriamente el imaginario social y el tradicional ideario escolar de escuela como lugar de encuentro y armonía.

Cuando los espacios escolares se vuelven escenarios de conflictos y malestar, se violentan los vínculos sociales y pedagógicos y con ello, los procesos básicos del enseñar, el convivir y el aprender en la escuela.

La práctica educativa y, en particular, la práctica pedagógica requiere un escenario institucional y áulico facilitador para alcanzar sus fines. No obstante, es común encontrar en algunas escuelas tramas de relaciones y vínculos sociales y pedagógicos que transcurren en condiciones desfavorables, con carencias no sólo materiales sino con carencias sociales y subjetivas.

Encontramos violencia institucional en ciertos actos realizados por directivos o docentes (que tienen efectos violentos), independientemente de la intencionalidad manifiesta de estos. En frecuente hallar climas y culturas institucionales que se expresan a través de rasgos violentos, como exigencias en las rutinas escolares y en los sistemas de evaluación; relaciones interpersonales agresivas; directivas lineales y arbitrarias; fenómenos de dominación y de sustracción de la información, de chismes y rumores. O, simplemente, escuelas donde la desorganización y la improvisación generan climas de trabajo estresantes. Amén de que la misma escuela, en tanto institución educativa, puede ser considerada como fuente de violencia simbólica a partir de la función que debe cumplir.

Finalmente, no son pocas las acciones y los hechos de violencia contra las escuelas, a través de actos de depredación del mobiliario, de los útiles y del propio edificio escolar; o a través del abandono social de los establecimientos o de la descalificación de tal o cual escuela.



Entre la violencia física y la violencia simbólica

El docente "es parte" del hecho violento, comparte el escenario, pero la triangulación de miradas a partir de considerar, no sólo su percepción personal sino, también, su articulación con las dimensiones: social, estructural e institucional en el marco de un sistema causal complejo, facilita la comprensión del fenómeno.

Los rostros de la violencia en la escuela desde la mirada de los docentes, desde la interpretación que estos realizan, permiten caracterizar un conjunto de hechos de distinta gravedad, envergadura y consecuencias. Hechos que van desde faltas leves de disciplina hasta actos violentos.

Violencia e indisciplina

Es muy común que se identifique violencia e indisciplina, pero se trata de hechos con peculiaridades diferentes y que tienen distintos efectos en los actores.

Los actos de violencia se originan en procesos subjetivos y en el juego de las interrelaciones de los actores, se alimentan de representaciones y significaciones imaginarias a partir de la constitución subjetiva (psíquica) y se manifiestan a partir de desencadenantes específicos en el marco de la institución escolar.

Por su parte los actos de indisciplina, si bien siempre refieren al sujeto y, por supuesto, a las relaciones intersubjetivas, tienen que ver siempre con las relaciones pedagógicas en el marco de la propia práctica áulica y/o institucional. Se trata de obstáculos o conflictos con la tarea y, específicamente, con los modos de enseñar, con el uso de los espacios y el tiempo, con las normas institucionales, etc.



Violencia y hostilidad

Por otra parte, consideramos relevante la diferencia que se establece entre hostilidad y agresividad, por los efectos y las consecuencias que pueden producir los actos violentos.

Así, mientras la violencia puede buscar producir miedo, por la amenaza o la agresión, la hostilidad suele manifestarse entre sujetos unidos por vínculos importantes (compañeros, alumno-docente), ubicándose al otro en el lugar del adversario, sobre el que se proyecta la agresividad no aceptada como propia y se lo trata de hacer sentir culpable de sus propias acciones.

En este sentido, muchas de las conductas que consideramos agresivas, no lo son; son conductas hostiles. La hostilidad opera frecuentemente como un mecanismo de defensa; por lo cual, es necesario diferenciar entre un acto de agresión y un acto hostil. En los actos hostiles la primera víctima es el sujeto que lo provoca en tanto, generalmente, provoca la ruptura de vínculos con sus pares y, consecuentemente, genera dificultades en la integración grupal.



Disrupción y líos en las aulas

Se trata de acciones que realiza un alumno (o varios) dificultando o impidiendo la actividad normal en el aula, molestando y/o hostigando a otros alumnos. No obstante, como señalamos, no necesariamente son hechos de violencia. En general son problemas de disciplina, en tanto sólo alteran la labor en el aula y remiten a las relaciones pedagógicas, específicamente.

La importancia de este tipo de actos remite al costo académico que tienen, fundamentalmente, por cuestionar la función del docente y por romper el clima grupal.

Intimidación y acoso entre pares

Estas manifestaciones refieren a formas de maltrato entre pares, sean alumnos o docentes, que adquieren la forma de bromas, motes, rumores, mentiras o insultos. Se trata de acciones descalificantes que, si bien no conllevan violencia física, los efectos psicológicos son relevantes.

La intimidación constituye una modalidad de violencia que procura generar miedo en el otro, y puede vivenciarse como una amenaza o acoso que reduce la capacidad de defensa.

Agresiones físicas directas

Comprende todo tipo de manifestaciones que van desde peleas entre alumnos o grupos, hasta los "coscorrones" proporcionados por los docentes.  



Robos y destrucción de útiles entre los alumnos

Constituyen una expresión que conjuga la violencia física y simbólica, particularmente, por la amenaza que conllevan frecuentemente estos actos.  



Portar armas en la escuela

Se trata de la manifestación de la violencia que más preocupa a los padres, docentes y a la sociedad toda pero, no obstante su peligrosidad y la difusión que adquieren algunos casos por los medios masivos de comunicación, afecta solamente a un pequeño porcentaje de los actos violentos y a un bajo número de escuelas.


Violencia, víctima y victimario

Los rostros de la violencia serán distintos si se ven desde el lugar de la víctima o desde el victimario.

"Desde la posición del victimario, la violencia sería toda aquella conducta realizada con intención de destruir, herir, coaccionar, atemorizar, a otras personas, a un grupo, a uno mismo, a instituciones u objetos considerados de valor para alguien; ya sea valor material o simbólico" (Garay y Gezmet). Abarca una amplia gama de manifestaciones que va desde miradas o gestos amenazantes hasta homicidios, pasando por la bofetada o la destrucción de objetos del otro. Desde esta perspectiva, la violencia conlleva intimidación, acoso y amenaza y siempre supone la intencionalidad de dañar, fastidiar, molestar o destruir al otro.

En cambio, desde la posición de la víctima, la efectividad de los comportamientos violentos suponen la eficacia, en la víctima, de la intimidación y la amenaza, lo cual hace pensar en algún tipo de implicación de la víctima en la situación, por lo menos, a través de estrategias o conductas fallidas (baja autoestima, imágenes negativas de sí misma, relaciones poco seguras, etcétera). Por lo tanto, no se trata (necesariamente) de actos violentos sino de vivencias de los sujetos que son o se sienten víctimas de violencia.

No obstante, la importancia desde la mirada de la víctima cobra relevancia si se reconocen la gran cantidad de hechos, fundamentalmente, de intimidación y amenaza que se producen en la escuela, que no son comunicados (ni a los padres ni a los docentes), y por las consecuencias que tiene en las víctimas: estrés, enfermedades físicas, baja autoestima, rabonas frecuentes, autoagresión e, incluso, violencia contra los demás. Pero, necesariamente, tendrán que analizarse desde las dos miradas y en el marco del entramado de instancias que constituyen los hechos violentos.

La comprensión de un mismo hecho de violencia, según se mire desde la perspectiva del victimario o desde la víctima, es radicalmente distinta. Y, por lo tanto, las estrategias para resolver todo acto de violencia en la escuela variará según la posición o la mirada que adopten directivos y docentes. Por ello consideramos necesario apelar a la complementariedad de las perspectivas para su análisis.

"Cuando esta diferenciación no está dada, cuando no se estudia el fenómeno antes de actuar, cuando los hechos son vivenciados como catastróficos a partir de las propias vivencias, de los propios temores adultos de sentirse amenazado, se deciden sanciones y se toman medidas guiadas por el impulso y por demandas inmediatistas que pueden dar origen a una cadena de acciones y reacciones violentas. Los actores involucrados al no sentirse correctamente interpretados y sancionados con justicia pueden, ahora sí, reaccionar con depredación y agresiones con intención de vengarse" (Garay y Gezmet,).

 

La violencia escolar

El complejo problema de violencia escolar está siendo definido, fundamentalmente, desde dos puntos de vista bien diferenciados. Por un lado, se identifica con las agresiones físicas directas entre personas y, por el otro, como un conjunto de fenómenos que afectan la buena convivencia de la institución. Desde nuestro punto de vista, entre estos podemos diferenciar cinco categorías (Ortega, 2001): vandalismo, o violencia contra las pertenencias del colegio; disruptividad, o violencia contra las tareas escolares; indisciplina, o violencia contra las normas de la institución; violencia interpersonal y la violencia que puede convertirse en criminalidad cuando las acciones tienen, o pueden tener, consecuencias penales.

Concretamente, la violencia interpersonal puede hacerse presente de muchas maneras, unas más explícitas que otras y por ello, unas más fáciles de conocer que otras. En todo caso, este es un aspecto a tener en cuenta para intentar evitar, en la medida de lo posible, que aparezca; o bien, tener recursos para frenarla en el caso de que ya esté presente en un centro, lo que podríamos llamar una enfermedad social.

Este virus puede estar presente entre los propios docentes si se han establecido malas relaciones entre ellos, muchas veces sin saber sus causas. También puede surgir en la relación entre un profesor o profesora y sus alumnos, que se contaminan gracias a conflictos que no son afrontados de una manera positiva, es decir sin buscar en esta situación de conflicto el aprendizaje y la superación del grupo como tal. Lo mismo puede suceder entre las que la labor sea más fácil y productiva. Últimamente, están apareciendo agresiones de alumnos a sus profesores, que han aprendido a usar esta vía para solucionar los conflictos o buscar sus intereses.

Pero una de las formas de violencia más complicadas de abordar, quizá sea la que sucede dentro del grupo de los alumnos, que consiguen mantener sus relaciones en un círculo cerrado al que los adultos es muy difícil ascender. Este círculo puede estar mantenido por lazos no muy deseados como son los problemas de violencia interpersonal, malos tratos, amenazas, acosos y abusos, que deterioran las relaciones entre iguales y, en definitiva, producen efectos destructivos para la convivencia y las personas. Estos problemas crean un entramado de relaciones de agresividad injustificada y procesos de victimización que pueden llegar a ser verdaderamente un infierno para la víctima y un entrenamiento en crueldad para los agresores.

Por otro lado, la figura de los espectadores es muy importante en este juego cruel de la violencia. Ellos pueden apoyar a los agresores y provocar que la situación sea peor, o ser incluso ellos los que han impulsado a otro compañero a realizar la acción, pero también pueden hacer todo lo contrario que es defender a la víctima de manera directa, es decir interviniendo ellos, o indirecta, haciendo que otros, por ejemplo profesores, lo hagan. Con este tipo de respuestas los espectadores, que al mismo tiempo son la mayoría de los alumnos, dejan claro que el agresor no tiene derecho a hacer lo que está haciendo y que la víctima no está sola ante lo que está sucediendo.






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