Antonio Blay fue investigador de Ia naturaleza humana y del desarrollo de eu potencial inte¬rior No fue solamente un teóri¬en, sino que practicó amplia¬mente les diversas técnicas quo enseñaba


CAPÍTULO IV LOS EFECTOS DE LA CULTURA INTERIOR EN LA VIDA COTIDIANA



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CAPÍTULO IV
LOS EFECTOS DE LA CULTURA INTERIOR EN LA VIDA COTIDIANA

A lo largo de todo el presente libro hemos estado exponiendo ya con cierto detalle diversas aplicaciones del estado de relajación consciente al mejoramiento de nuestra personalidad y de nuestra vida en varias de sus facetas. Pero el tema en sí mismo es tan extenso y tan importante que creemos útil hacer en este último capítulo una especie de recapitulación complementaria de aquellos aspectos del trabajo interior que más se relacionan directamente con nuestra vida cotidiana.

LA DOBLE POLARIDAD BÁSICA DE LA VIDA
Hay una serie de personas en quienes en su vida diaria predomina netamente el factor tensión. Encontramos que toda su vida está bajo el signo de la rigidez, de la violencia interior, de la crispación, de un cerrarse, de un aislarse.

Otras personas, en cambio, están bajo el predominio del factor relajación y esto se traduce en una pasividad y atonía general, en una falta de energía, de impulso, de voluntad.

Por otra parte se ve que lo ideal es que exista un equilibrio entre estas dos actitudes o gestos básicos, entre la tensión y la relajación. Ahora bien, este equilibrio lo hemos de conseguir teniendo en cuenta que nuestra vida está sujeta a dos polaridades: por un lado existen las fuerzas centrípetas y por otro las centrífugas. Nos desarrollamos gracias a este doble juego centrípeto y centrífugo. Por la fuerza centrípeta tendemos a adquirir del exterior lo que necesitamos para nuestro sostenimiento, para nuestra seguridad. La avidez con que el niño pequeño se pone al pecho de la madre es la primera manifestación clarísima de este sentido centrípeto, de este sentido de adquisitividad que es básico para la conservación de la vida. La fuerza con que, en caso de enfermedad, lucha el organismo para sobrevivir, para seguir respirando, es otro síntoma elemental de esta fuerza centrípeta. Pero esto mismo existe en todos los niveles, en todos los planos de nuestra existencia. Existe en el aspecto económico; todo el mundo lucha para tener el máximo de dinero. Existe en un plano de relación social, todo el mundo quiere tener una seguridad en cuanto a la opinión y el aprecio de los demás, quiere tener lo que se llama un lugar en donde esté aceptado, donde tenga ciertos derechos y privilegios, aunque sea a cambio de unos deberes. En el aspecto afectivo exactamente igual, necesitamos afecto, anhelamos afecto, como anhelamos el aire y la comida. Y en el aspecto mental es la exigencia de comprender, de conocer, de saber más y más.

Frente a estas manifestaciones de la fuerza centrípeta podemos observar también la existencia de la fuerza centrífuga. Esta es la que nos impulsa a exteriorizarnos, a salir fuera de nosotros, sea para rechazar o expulsar lo que nos estorba, sea simplemente como un acto creador, como una expresión positiva de nosotros mismos. El niño necesita amar, necesita salir de sí, averiguar, investigar, descubrir el mundo, descubrir sus posibilidades, hacer, deshacer.

En el aspecto físico esta fuerza se expresa a través del crecimiento, del sentido de expansión, de la necesidad de ejercicio y de movimiento. En el aspecto afectivo en la necesidad de comunicar afecto, de comunicar confidencias, de comunicar sus estados interiores. Y en el aspecto intelectual a través de la necesidad de poder participar sus ideas, sus opiniones, sus puntos de vista.

El hombre necesita pues, extenderse, desarrollarse, expandirse y por esto gusta de hacer algo que tenga un efecto exterior, busca dejar algo creador en la vida, busca dejar una constancia de su paso.

De hecho es absolutamente necesario que funcionen estas dos fuerzas y del perfecto funcionamiento, del perfecto equilibrio de ambas, surge la persona dinámicamente equilibrada.

Desde otro punto de vista experimentamos también una doble necesidad: de adaptabilidad y de imposición; y aquí también se forma una nueva polaridad. Nosotros necesitamos adaptarnos, porque si no nos adaptamos no podremos sobrevivir: ya nuestro organismo tiene una gran capacidad de adaptación en lo referente a la alimentación, a la humedad, a las temperaturas exteriores, e incluso a los elementos patógenos que entran dentro y que el organismo o bien asimila, o bien se adapta interiormente para poder combatirlos mejor.

En la vida a nivel psicológico se necesita igualmente la adaptación. La persona que no puede adaptarse no puede convivir con los demás; necesita saber ser tolerante, necesita saber encajar bien las cosas, no sólo exteriormente, sino también interiormente aceptándolas de verdad, porque si no es así entonces es cuando se crean esos problemas de resentimientos, de irritación interior que siempre acaban explotando y traduciéndose al final en un verdadero drama.

Por otro lado necesitamos también la capacidad de imponer, de proyectarnos hacia fuera con fuerza, y es gracias a esta capacidad de proyección impositiva que nosotros somos capaces de transformar lo exterior. Porque al adaptarnos no hacemos más que transformarnos nosotros interiormente, pero hemos de tener también la capacidad de transformar lo otro, de imponer exteriormente lo que consideramos nuestras necesidades básicas, nuestros derechos, nuestras razones. Esto a veces se manifiesta de un modo muy destacado en las personas que hacen una labor creadora, una labor de introducir algo nuevo, sea en el terreno comercial, sea en el terreno científico o en cualquier otra actividad.

LA RELAJACIÓN COMO MEDIO DE RESTABLECER EL EQUILIBRIO INTERNO
La vida consiste, pues, en un proceso de recibir, conservar, y dar; o, cuando se manifiesta de manera más activa, en coger, retener, imponer.

La persona que trabaja interiormente, la persona que cultiva en este caso el arte de la soltura interior, del aflojamiento interior, contrarresta la tendencia que hay a vivir excesivamente tenso, excesivamente crispado. Cuando una persona vive excesivamente tensa y crispada predominan en ella los factores que hemos dicho antes de cerrarse, de rigidez y de imposición; por otra parte, disminuye su capacidad de adaptabilidad, su capacidad de comunicación, su capacidad de participación y de comprensión. En este caso, pues, podemos decir que es una necesidad urgente para la persona cultivar la distensión, el relajamiento integral consciente, para corregir no ya sólo la fatiga psíquica o nerviosa, producto de su trabajo, de su actividad exterior, sino sobre todo para corregir su actitud fundamental ante la vida. Es inútil que la persona pretenda arreglar un problema de tensión nerviosa o de salud si no modifica antes su actitud fundamental. Al fin y al cabo las manifestaciones psíquicas de irritabilidad y de malestar, así como los trastornos fisiológicos funcionales no son nada más que un síntoma, una señal de toda una actitud, de todo un modo o estilo de vivir de la persona. Y si se pretende curar una de estas manifestaciones a través de una técnica, pero no se modifica lo que es la actitud central, es evidente que la solución no puede ser efectiva ni duradera. Por eso hay muchas personas que se esfuerzan en practicar algo, con toda la buena fe del mundo, y no logran corregir, no lograr curar aquello que se proponían. Al principio parece que el síntoma se alivia, pero después vuelve a salir, de la misma manera, o modificado, o empeorado, y es porque el problema está en la actitud. Este es un problema absolutamente de todos, y ahora lo examinaremos con un poco más de detalle.

La persona que cultiva la relajación tiende a aminorar esa tendencia a la crispación, a la rigidez, a la violencia. Depende también del nivel o de la madurez con que la persona vive. Una conciencia poco evolucionada sólo ve como valor en la vida lo material, lo inmediato y la necesidad de consolidar y reafirmar su yo personal, su yo-idea personal. Todo lo organiza alrededor de esto y considera la vida como una batalla campal en la que se trata simplemente de ganar; en donde todas las armas son lícitas, todas las tácticas son adecuadas si se consigue del modo que sea un mayor beneficio material, o una mayor seguridad o prestigio del yo-idea personal. Son muchas las personas que están funcionando con esta consigna aunque se oculten bajo el disfraz de la educación y de la cultura.

A medida que la persona va madurando, va evolucionando, entonces descubre que hay otras realidades más significativas en la vida; que la vida tiene también un sentido y un valor en otras dimensiones más amplias. La necesidad de la subsistencia persiste, pero se comprende cada vez mejor que lo que da el verdadero sentido a la vida no es tanto el hecho de tener yo algo para mí, el hecho de sentirme yo seguro, sino más bien, por ejemplo, el poder participar lo mío con alguien, o el poder comunicarme con los demás estableciendo una relación mutua y recíproca, que es otro modo de participar. La persona descubre que es sumamente interesante comprender el ambiente que le rodea, comprender lo colectivo, lo impersonal. Descubre también el valor de la creación o de la creatividad, pero no la creación como un medio o recurso simplemente personal, sino la creación como algo que ya en sí y por sí es positivo; la creación como un modo de ser más auténtico, y como un modo de expresarse y de expresar sus cualidades de una manera más directa e inmediata. Esta creación no hace falta que se exprese en obras de tipo artístico, de tipo literario o musical, sino que consiste sobre todo en un nuevo enfoque de vida concebida como creación, como un proceso continuo de descubrimiento y de expresión de algo constantemente nuevo.

Otra característica de madurez interior es la importancia que va adquiriendo la idea del bien común. Esto hace que cada vez se instale con más fuerza en su mente como norma de conducta la idea de hacer en cada momento lo que conviene desde el punto de vista colectivo o del conjunto. Esto lo podemos ver en un ejemplo muy sencillo: la reglamentación de la circulación en una ciudad. La persona como individuo se dirige a un sitio, su yo personal tiende, pues, a desear que todo se subordine a esta finalidad de llegar a su destino del modo más cómodo, más rápido, más directo; entonces se encuentra que hay otros coches, que tienen que ceder el paso a los de la derecha, que hay peatones, que hay semáforos que se empeñan en ponerse colorados precisamente cuando uno se acerca a ellos. Esto a uno le irrita; pero es entonces cuando hay que ver hasta qué punto tiene peso en la persona la comprensión de que esto es un bien y no un mal. Si sólo vive el aspecto negativo -la negación de su voluntad personal, de su deseo personal-; si solamente vive esto y no pasa la señal únicamente porque teme el accidente o el castigo, entonces es indicativo que esta persona está viviendo a niveles muy elementales. Ahora bien, si a esta persona le sabe mal, pero al mismo tiempo no solamente comprende que ha de ser así, que ha de haber una reglamentación general en la que unos han de sacrificar su prisa para el bien de todos, sino que además sabe aceptarlo de tal manera que si dependiera de él aquello continuaría funcionando del mismo modo, entonces podemos ver en esto un indicio de que esta persona está funcionando ya en un nivel más elevado, que se trata de una persona mentalmente madura. En la vida hay muchas clases de semáforos; sepamos mirar con sinceridad cuál es nuestra actitud ante cada uno de ellos.

ACTITUDES NEGATIVAS BASADAS EN UN RECHAZO


El problema de la actitud frente a los demás es un problema que en el fondo deriva de la actitud que uno tiene hacia sí mismo. Y la actitud que tiene uno hacia sí mismo, depende a su vez, de cómo se ha ido estructurando la personalidad desde sus primeros pasos en la vida, desde sus primeras experiencias, su propia capacidad de reacción, y su modo particular de respuesta ante las diversas situaciones. Aquí es precisamente donde podemos hallar el origen de ciertas modalidades y actitudes de la persona frente a sí misma, que luego se manifiestan en forma de actitudes negativas.

Una actitud negativa es, por ejemplo, la de la persona que se siente a sí misma débil o poca cosa; no en cuanto sentimiento particular que puede experimentar en un momento dado, sino en cuanto que es el fundamento de toda la actitud general que tiene la persona hacia sí misma y que le hace considerarse o juzgarse como algo inferior o de menor valor.

Si se trata de una persona que de hecho tiene en su interior mucha energía, es muy frecuente que reaccione de un modo violento contra su propio sentimiento de inferioridad adoptando una actitud de dureza y de hostilidad, procurando crearse una seguridad artificial a base de ciertas exigencias, de cierta tensión, de cierta imposición en su modo de ser hacia sí mismo y, como consecuencia, en su modo de ser hacia los demás.

Por el contrario, puede ser que la persona no tenga esta energía que le permitiría reaccionar con violencia frente a sí misma, y entonces tenemos el caso de la persona débil, apocada y que reacciona siempre encogiéndose o con miedo. Tanto el miedo como la hostilidad tienden a producir una especie de sobrevaloración artificial. La hostilidad, porque la persona está tratando de aparentar ser más sólida, más fuerte dé lo que es, y esto en si es ya una sobrevaloración artificial. Y la persona que vive encogida, porque precisamente este encogimiento la hace enormemente sensible a toda clase de heridas, de lesiones, y sé convierte en alguien muy susceptible; esto se traduce de inmediato en una mayor exigencia en el trato con los demás, para que le tengan más consideración, pues se siente herida con mucha facilidad.

El resultado es que tanto en un caso como en el otro se produce una actitud de crispación hacia sí mismo. Estas personas, si no sienten una exigencia interior de sinceridad son las que no quieren saber nada cuando se habla de autoconocimiento, de un trabajo de descubrimiento profundo de sí mismas, porque como existe esta trampa básica, como hay esta actitud ficticia en su interior, presienten de alguna manera que se van a encontrar con algo muy desagradable, con algo que niega esa valoración artificial que se han hecho de sí mismas, y, por tanto, rehúyen todo trabajo escudándose tras una excusa u otra.

También existe el caso de la persona que, simplemente, tiene poca sensibilidad; entonces esta persona es dura en su modo de proceder personal solamente porque es menos sensible; por tanto, no conoce otra cosa, no tiene otra posibilidad de actuar más que de un modo tosco y primitivo. No olvidemos que esta cosa primitiva y tosca puede encontrarse en personas que exteriormente parezcan muy cultivadas, muy inteligentes, con mucha cultura; personas que por las experiencias que han vivido se han ido afinando en aspectos exteriores de su personalidad, pero en cambio lo que constituye el núcleo principal de su modo de ser permanece primitivo y elemental.

Luego tenemos el caso del que se acepta a sí mismo pero de un modo falaz. Es la persona que cree ingenuamente que es todo un personaje, y se lo cree, no como un autoengaño o como mecanismo de compensación, sino porque así se lo han hecho creer los demás, quizás va desde que era pequeño. Esta persona se pasea por el mundo con unas exigencias y con unas pretensiones completamente desorbitadas y desacordes con la realidad. Como el mundo, naturalmente, no puede responder a estas falsas exigencias entonces la persona se encuentra desambientada, desadaptada, y piensa que el mundo está lleno de imbéciles, de personas retrasadas que no saben reconocer su valor.

Finalmente, podemos citar la persona que ha aprendido a valorarse, a sentirse a sí misma de un modo correcto; la persona que se acepta a sí misma no porque se encuentre perfecta, o se juzgue superior a los demás, sino porque ha sido capaz de tener y experimentar unas vivencias muy positivas respecto a sí misma. Esta persona tiene una actitud fundamentalmente positiva, aunque acepta que tiene sus puntos débiles y reconoce que falla por muchos lados. Esta persona es la que básicamente está mejor equipada para poder hacer un trabajo armónico sin grandes conflictos.

ACTITUDES NEGATIVAS ORIGINADAS EN UNA FALSA ACEPTACIÓN
A continuación podemos señalar otras posturas también negativas, pero que se diferencian de las anteriores porque en vez de un conflicto o un rechazo frente a la vida o los demás, se basan en una actitud de aceptación y de colaboración, pero incorrecta.

Así, por ejemplo, la actitud de aquellos que esperan que la vida sea para ellos como la madre cuando eran pequeños, y esperan buenamente que la vida les vaya solucionando todas las cosas. Son personas que adoptan básicamente una actitud pasiva infantil frente a las dificultades, que no saben asumir su propia responsabilidad, ni hacerse independientes. Por esto, ante los problemas adoptan simplemente una actitud lastimera, una actitud de exponer lo que ocurre, de lloriquear para provocar la compasión y la ayuda inmediata de los demás. Tenemos, pues, aquí una actitud negativa aunque en una forma más blanda, en una versión más sentimental.

Otros, por el contrario, pretenden servirse o utilizar la vida para un fin personal determinado. Éste es el caso, por ejemplo, de los que constantemente desean demostrar que son superiores. ¿Superiores a quién? Pues a todo y a todos. En realidad tienen un problema, una cuenta pendiente, diríamos, en este sentido, quizá desde los años de su niñez, o juventud, y esto ha quedado como una especie de consigna que se va repitiendo durante toda la vida. Están hablando con alguien y necesitan demostrar que saben mucho, que han hecho muchas cosas. Constantemente tratan de demostrar que son más, y claro, cuando una persona ha de demostrar constantemente que es más, es porque está temiendo ser menos, está viviendo una conciencia interior de déficit, de carencia; le falta una afirmación suficientemente evidente de sí mismo. Estas personas no solamente se manifiestan así en su conversación, sino que incluso toda su vida, y todos sus esfuerzos están orientados a esta demostración. Esto se encuentra con frecuencia en personas ante quienes sus padres o sus hermanos se han mostrado despectivos y que, por tanto, tienen el problema de pensar: «mi padre o mi hermano, no me valoran, dicen que no sirvo, que no llegaré a nada». Esta idea queda dentro con una fuerza muy grande y hace que toda su vida tenga como objetivo principal el demostrar a todo el mundo -en el fondo es querer demostrar al padre, o al hermano, o a cualquier figura de la familia- que realmente uno valía mucho, más, muchísimo más de lo que ellos pensaban.

Lo curioso de casi todas estas consignas es que la persona nunca o casi nunca se da cuenta de cuál es el verdadero motivo que la empuja a estas reacciones, a tal tipo de elección, de conversación, de trabajo, o de lo que sea. Todas sus actividades de un modo u otro están organizadas al servicio de esta consigna, pero la persona no se da cuenta. La persona sólo se da cuenta de que entre varias posibilidades ésta es la que le gusta más, le atrae más sin saber por qué o atribuyéndole otros motivos.

Finalmente, hay algunos que descubren que la vida en realidad es un campo de oportunidades para desarrollar sus capacidades, para intercambiar experiencias y para crear algo en colaboración con los demás; aquí encontramos ya una visión mucho más positiva. Son los que descubren que aunque en la vida necesitamos desarrollarnos, necesitamos afirmarnos, sin embargo, en el fondo, el verdadero sentido de la Vida consiste en poder dar, en poder entregar, en poder comunicar. En oposición a la ley inicial primitiva de la persona elemental que consistía en acaparar, en retener, en conservar, descubren que realmente las cosas son al revés, que a través del dar, a través del ofrecer, a través de la entrega hay una posibilidad de satisfacción y hasta de afirmación de sí mismo mucho mayor.

Uno comprueba cómo a través de esta ley de entrega y de donación uno se siente poco a poco liberado de ataduras y de egoísmos interiores, alcanzando una soltura, una libertad y una independencia que le permiten vivir la vida con más sentido y sentirse a sí mismo de una manera más plena y luminosa.

ACTITUDES POSIBLES ANTE LOS VALORES TRASCENDENTES
Toda esta gama de actitudes posibles que hemos observado ante sí mismo y ante la vida se reflejan también a su manera cuando se trata de enfrentarse con los valores llamados superiores o trascendentes.

Así vemos cómo ante el sentido último de la existencia o ante el factor Dios, Absoluto, etc., se da el tipo de personas que dicen: «no, Dios no me interesa». Otros dicen: «quizá sí, pero no tengo tiempo de pensar en ello». Otros: «sí, yo creo que existe», pero no van más allá ni se sienten obligados a más. Otros dicen: «sí, creo en Él y además cumplo con mis obligaciones», adoptando una actitud ante lo superior como si fuera una especie de contrato: «yo cumplo mis obligaciones y por tanto, tengo unos derechos adquiridos». Otros dicen: «yo, en ocasiones le rezo mucho, sobre todo cuando tuve a mi familia tan enferma, o cuando pasó aquel problema tan fuerte». Otros exclaman: «si yo pudiera llegar a tener algún contacto auténtico con Él ». Otros adoptan una actitud más bien de antagonismo: Dios y yo frente a frente; la ley de Dios y la ley mía; la ley de Dios que me pide una serie de cosas, y lo que yo por otro lado considero como derechos propios. Creo, pues, que hay una contraposición fundamental entre Dios y yo, entre las exigencias divinas y los valores concretos personales. Viven la situación como si fuese una lucha constante, un constante regateo, en el que se trata de no ceder, o de ir cediendo palmo a palmo, después de muchos esfuerzos; conciben a Dios como una contraposición de la propia afirmación.

Otras personas son capaces de intuir que no se trata tanto de una lucha u oposición, sino simplemente de descubrir esa realidad última a través mío, a través de mi centro, a través de mi autenticidad. Dios no es un problema a resolver exteriormente por mi mente, ni por sólo un acto de fe externa, sino que el problema de Dios es ante todo un problema de sinceridad, de autenticidad.

Se dan cuenta que sólo cuando uno es sincero, cuando uno quiere ver con claridad qué es la Vida, qué es el yo, entonces está también en disposición de poder encontrar a Dios. Conciben, por tanto, a Dios como el término u objetivo final de la progresiva sinceridad interior, y esto lo traducen en una consigna de trabajo con el objeto de alcanzar cada vez más en sí mismos esa necesaria autenticidad y sinceridad.

También se dan las personas que partiendo de ciertas ideologías de un tipo u otro -puede ser, por ejemplo, una ideología religiosa, o la ideología del yoga en algunas de sus diversas formas, etc.-, se esfuerzan mediante unas disciplinas por seguir un camino que según ellos creen les conducirá a una realización de sí mismos y de Dios.

Finalmente podemos señalar, al término de esta graduación progresiva, aquellas personas, quizá son las mismas que hemos citado en los últimos puntos, que llega un momento en que descubren que Dios no es tanto una realidad a ser alcanzada, no es propiamente algo que esté fuera ni siquiera dentro de mí, que Dios no es algo contrapuesto a mí, sino que es simplemente algo que esté funcionando a través mío, algo que es la base consciente y dinámica del Yo y de mi vida, de modo que toda mi labor debe consistir en dejarle paso, en aceptarle, en abrirme a Él para que a través de mí se exprese de un modo cada vez más pleno y más directo toda su energía, toda su inteligencia, toda su fuerza, amor y felicidad.

EL TRABAJO INTERIOR ES UN PROCESO DE MADURACIÓN
Reflexionando sobre todo esto se ve que todo este proceso no es nada más que un pasar de una actitud crispada, cerrada, más o menos rígida y violenta, a una actitud de transacción, a una actitud de acercamiento, para llegar finalmente a una actitud de apertura y de aceptación total.

Todo nos pone de manifiesto que existe una escala de actitudes que la persona va aprendiendo a adoptar a medida que va madurando, a medida que la experiencia le va enseñando que ciertas actitudes no son correctas, o que no son todo lo correctas que deberían, o que no le producen los resultados tan satisfactorios que esperaba. Y así, poco a poco, va pasando de una fase a otra en la evolución de su actitud interior.

El trabajo interior conduce a esta maduración siempre que la persona entienda por trabajo interior no lo que hace durante veinte minutos o media hora, sino algo que a partir de esta media hora permite introducir un nuevo estilo en su modo de vivir todo el resto de las horas del día, es decir, media hora o una hora que abre una actitud nueva, una disponibilidad interior nueva, para vivir y enfrentarse con cada una de las cosas del día. Entonces es cuando se produce un proceso de transformación, entonces es cuando la cultura interior es dinámica, es progresiva; no como en algunos casos que contemplamos en que la persona realiza unas prácticas como si se tratara de una obligación, de un rito, pero su vida sigue al margen, exactamente igual que antes, y si evoluciona es simplemente porque la persona se hace mayor y envejece, pero no porque haya una transformación, o una amplificación o profundización de su conciencia.

EN LA VIDA COTIDIANA


¿Cómo funciona en la vida diaria la persona que va trabajando? En primer lugar la persona que trabaja interiormente se preocupa cada vez menos de sí misma. Uno se preocupa de sí mismo cuando este sí mismo es problema, cuando tiene que demostrar o aparentar que él es esto o aquello. Pero a medida que la persona va trabajando y se va expresando de un modo más auténtico, a medida que se va acercando a este sí mismo, esto le da tal fuerza, tal vivencia, tal seguridad, tal aplomo que su afirmación deja de estar en entredicho, deja de ser cuestión de demostración o de problema.

Como consecuencia, en su vida práctica no tiene problemas con su yo personal, no tiene problemas de susceptibilidades, no anda preocupado por demostrar su superioridad o por defenderse de una supuesta inferioridad. Simplemente, se expresa: siente una capacidad de hacer, siente una posibilidad de expresar algo, y si lo ve adecuado lo hace. Es una persona poco susceptible porque fundamentalmente no depende del exterior. A medida que uno va trabajando predomina cada vez más el factor centrífugo, aunque nunca se elimina del todo el factor centrípeto ya que es un elemento integrante indispensable de la persona completa. No obstante, va predominando, como decimos, el factor centrífugo de exteriorización, de donación, de entrega, porque la ley fundamental de la vida y del crecimiento es la expresión.

Entonces la persona descubre y comprueba de un modo directo e inmediato que es precisamente expresándose, creando, actuando, dando, abriéndose al exterior pero permaneciendo centrada en Dios, como va creciendo más y más, como se siente más y más afirmada. Ya no necesita estar exigiendo que le den reconocimiento, que le den afecto o estima, aunque esto le guste y le agrade igual que gusta y agrada a todo el mundo. Pero de hecho ya no depende en absoluto de nada de eso para sentirse a sí mismo afirmado.

Por eso también ya no subordina más su acción o su esfuerzo a conseguir la admiración o el aprecio de los demás a no ser que esto convenga para la eficacia de la misma acción; pero tampoco hace nada para ir en contra o merecer críticas.

No obstante, si llega el caso en que se presenta algo realmente importante, la persona no tiene problema en decir las cosas con toda la fuerza y claridad que juzgue necesarias, aunque esto pueda provocar a veces la crítica o la oposición abierta de los demás. Si él cree, si él siente que ha de obrar así, lo hace sin; más, sin perder por eso nada de su serenidad y tranquilidad interior.

Esta persona aprende a ir viendo la vida como un proceso dinámico como un proceso de creación constante en el que se trata de hacer todo lo que podamos y del mejor modo que podamos pero sin dejarse arrastrar por ese sentido urgente y trágico de responsabilidad que parece dominar a todo el mundo en la vida. ¿Por qué las personas viven la vida con este sentimiento trágico tan enorme, toman las cosas tan a pecho, y viven cada circunstancia con ese agobio e inquietud? Simplemente porque en cada cosa la persona está tratando de sentirse a sí mismo, de afirmarse a sí mismo, de conseguir algo para sí mismo y es por esto, porque está en juego este sí mismo, por lo que cada cosa adquiere un carácter de totalidad, una importancia suma, y en consecuencia, la mera posibilidad de fracaso, o el no ir bien una circunstancia cualquiera se convierte para la persona en motivo de disgusto y preocupación.

En cambio para la persona que va viviendo este sí mismo de una manera más directa, más inmediata, esto deja de ser problema. Se da cuenta que la vida no consiste en buscar estos apoyos, ese aprecio para uno mismo, sino simplemente en el gusto de hacer, en el gusto de expresarse a través de lo que uno es capaz de hacer, de ofrecer o de dar. Esto es algo estupendo.

Hay un placer extraordinario en el mismo hecho de hacer todo lo que uno es capaz de hacer. Y la recompensa consiste precisamente en eso, en el hecho de poder expresarme yo con todas mis capacidades, de poder hacer algo por el simple gusto de hacerlo; aunque viendo al mismo tiempo que lo que hago es útil, y en una escala u otra redunda en provecho mío y de los demás.

No obstante, el acento principal, la preocupación dominante, no se pone en la finalidad o en los resultados a obtener -lo cual no haría más que revertir sobre el yo-idea-, sino en el mismo hecho de hacer, en el mismo gusto de la acción, viviendo toda la actividad como una autoexpresión gozosa y actual de uno mismo, en la que la persona, cuanto más da y se entrega, más plenamente se encuentra a sí misma en medio de un ambiente de suma alegría y libertad interior.

Entonces es cuando la vida se presenta a la persona como un proceso fundamentalmente positivo, creador, dinámico, en el que lo que son notas trágicas para los demás se convierten en simples incidencias que permiten destacar todavía más el carácter sumamente positivo de toda la existencia. Esta persona puede encajar dificultades, limitaciones, disgustos, y fracasos, y sobre todo los puede encajar con una fuerza, con una serenidad y con una capacidad reactiva, que es lo más extraordinario y lo que más llama la atención. Como no depende de la idea de éxito o fracaso, como además vive de una manera esencialmente positiva, el hecho de actuar, y de actuar del mejor modo posible, resulta que para ella en cada momento la motivación está en sí misma. La motivación ya no viene dada por el ambiente, el ambiente podrá determinar el modo de actuar pero no la razón de actuar; la razón de actuar brota siempre de la dinámica de su misma naturaleza. Puesto que tenemos capacidades de acción y nuestra vida es esencialmente productiva y dinámica, la razón de la actividad no es otra más que expresar inteligentemente estas capacidades que uno tiene. Por tanto, aunque las cosas fracasen, aunque las cosas vayan mal, la persona no se siente hundida, considera simplemente que algo ha dejado de funcionar en aquella dirección. Ahora sólo se trata de reorientar de nuevo esta capacidad de acción que persiste en él exactamente igual que antes o quizá mejorada y enriquecida a la luz de la experiencia adquirida.

Esto le aconsejará posiblemente dirigirse hacia otros campos, orientarse en otra dirección, y así lo hará sin más, sin experimentar por eso ningún problema especial.

EL TRABAJO INTERIOR Y LA VIDA DE RELACIÓN


Una aplicación inmediata de lo que estamos explicando es el problema afectivo dentro de las relaciones familiares. Muchos viven una verdadera tragedia cuando no reciben todo el afecto que esperaban o cuando la otra persona no está a la altura que uno exige.

La mayor parte del problema reside en que nosotros queremos que los demás sean de una manera determinada. Nos hemos formado la idea previa de que aquella persona ha de ser así y que ha de tener tales cualidades determinadas; y esto le ocurre tanto al hombre como a la mujer. Como partimos de esta idea, y por esto nos hemos casado con esa persona, entonces al comprobar que la persona no es así, pensamos que esta persona nos ha fallado, nos ha desilusionado. Pero además, como la cosa es difícil de arreglar porque por más que le digo, por más que se lo pido en todos los tonos, la persona sigue siendo como es, no como yo había soñado o deseado que fuese, o quizá sí que era al principio como yo deseaba pero ya no ahora, entonces esto se convierte para mí en un grave problema de convivencia porque constantemente estoy comparando entre la persona tal como es y tal como a mí me gustaría que fuera. De aquí resulta que cada situación es un nuevo motivo para acrecentar esta distancia entre la persona tal como es y mi idea.

Interiormente comienzo a protestar y a lamentarme casi por cada cosa, por lo que no hace y yo creo que debería hacer, o por lo que hace pero no como yo esperaba o deseaba. Y así voy acumulando progresivamente este sentido de protesta y de resentimiento, aunque exteriormente trate de disimular o de adaptarme, hasta considerarme una verdadera víctima. Pero no me doy cuenta que precisamente debido a este resentimiento estoy tratando a la otra persona con una falta de justicia total, con una falta de consideración, con una falta de visión objetiva extraordinaria; me creo lesionado en mis derechos sólo porque lo miro todo desde mi punto de vista ideal. Éste es uno de los casos que se presentan con mayor frecuencia y es entonces cuando la vida de familia se convierte en un verdadero problema.

Sin embargo, la persona que trabaja interiormente puede superar toda esta clase de dificultades. No digo yo que no le afecte para nada su familia, pues cuando uno trabaja no se hace insensible; simplemente se hace más fuerte interiormente y más independiente, pero nunca más insensible; al contrario, aumenta más su sensibilidad porque aumenta su amplitud de conciencia, su profundidad y su ductilidad. Lo que pasa es que la persona aprende a amar por el hecho mismo de amar, no solamente como respuesta a un amor, o como correspondencia a una actitud benevolente. Ella ama porque éste es su modo de ser, porque el amor no es nada más que la expresión de una faceta de su ser auténtico, un aspecto fundamental del yo central. Y como yo siempre soy yo, siempre puedo amar cualesquiera que sean las circunstancias exteriores. Por tanto, expreso amor simplemente por el hecho de expresarlo, por el hecho de que amando expreso una verdad mía. Y más bien estoy agradecido al otro porque me permite expresar esta cualidad.

¿Quiere decir esto que me da igual que el otro reaccione de un modo u otro? No. Yo siento mucho cuando el otro no está a la altura, cuando el otro no me corresponde, cuando no es capaz de vivir y compartir conmigo la felicidad y el amor de un modo total; lo siento de verdad, me afecta mucho, pero no me aparta nada de mi actitud fundamental de vivir y expresar un amor sincero y auténtico.

Esto es algo que debería quedar grabado en todas las personas que están pretendiendo buscar la felicidad a través del amor. El secreto de la felicidad consiste en amar, no en ser amado; la persona puede ser muy amada, puede saberlo y, no obstante, sentirse muy desgraciada; en cambio, es imposible que uno ame de veras y que no sea totalmente feliz. Una vez más se cumple esta ley: le plenitud viene del hecho de dar.

Cuando la persona en el fondo sólo está pendiente de sí misma, cuando continúa en esa actitud infantil del que sólo desea que le den afecto, apoyo o admiración, entonces es cuando el ser objeto de amor se convierte para ella en algo muy importante, en algo imprescindible. Pero esta misma actitud infantil es la que le impide amar de verdad; su amor no es un amor que está al servicio de la persona amada; depende, por el contrario, de que él se sienta amado. Si no se siente protegido, amado, mimado, entonces la persona deja de amar, y manifiesta una hostilidad y una protesta que indican claramente que allí no había un amor auténtico.

Hemos visto cómo la persona que aprende a amar aprende a ser verdaderamente feliz. Las incidencias negativas que puedan presentarse, y siempre hay alguna, no son más que eso, simples incidencias, rasgos que aunque tengan un carácter desagradable nunca anulan ni nublan de un modo considerable esta luminosidad del amor profundo, del amor permanente, del amor liberado de la dependencia personal. Esto una vez más se va adquiriendo de una manera natural cuando uno trabaja.

¿Cómo vive la persona que trabaja interiormente, su vida profesional, social, sus amistades? Pues a través de los amigos, a través de sus relaciones, la persona encuentra el modo de poder contactar con otras modalidades de ser, de poder comunicarse, de poder vibrar en notas distintas. Tanto el trabajo como la familia le proporcionan unas notas fundamentales y le obligan a un tipo de contacto y de actitudes que son relativamente fijas, permanentes. En cambio la variedad de amigos le permite pulsar y resonar interiormente según otros modos de ser. Y como la amistad la concibe como una auténtica comunicación, como un abrirse simultáneamente para recibir y para entregar, como no hay regateos en la amistad, entonces el trato con cada personalidad es un enriquecimiento continuo para ella misma.

Por una parte esto moviliza y actualiza sus recursos y capacidades personales, y por otra el abrirse sinceramente a la experiencia de cada persona le hace participar de nuevos modos de ver, de sentir y de ser que renuevan, amplían y enriquecen su visión y su experiencia personal. Es como una especie de ventilación que refresca y ensancha todo su horizonte mental y afectivo; aparte del servicio que él mismo puede prestar al otro, en el sentido de amistad, de comunicación, de ayuda, de orientación, e incluso a veces de dirección.

HACIA LA UNIDAD Y LA LIBERTAD INTERIOR
¿Qué actitud tiene ante los valores superiores?

Las actitudes pueden ser muy diversas, porque no hemos de creer que hay una sola actitud. Hay muchas actitudes, todas ellas correctas. Pero, en general, la persona que trabaja interiormente lo que busca es acercarse a lo que constituye su yo central, su auténtico sí mismo. Cada vez reconoce con mayor naturalidad y espontaneidad que hay un sí mismo absoluto, que es el ser central y el foco creador de todo cuanto existe. Y cuanto más se acerca a este sí mismo, mayor es la evidencia que tiene de esta realidad última y más sintonizado se siente con ella, de modo que su aceptación y su apertura hacia la acción y los valores que emanan de este ser central llega a ser absoluta y universal.

Es decir, que la persona que trabaja por encontrar este sí mismo profundo se hace de un modo espontáneo más espiritualista, no espiritualista en el sentido de escuela, sino en el sentido auténtico, en el sentido de comprender que esto que llamamos espíritu o que podamos llamar por otro nombre, está en el centro de todo cuanto existe y es lo que une realmente a todos los hombres y a todas las cosas. Entonces comprende que si realmente las personas son próximas unas a otras es precisamente porque tienen este mismo centro común y que no es por un sentimentalismo por lo que las personas se han de tratar como hermanos. Son realmente hermanos porque tienen esta misma raíz, esta misma base, este mismo padre común, este mismo foco central del que todos procedemos actualmente, y por el cual todos estamos sostenidos actualmente.

Así pues, al acercarse más a este sí mismo se acerca más a este sí mismo absoluto y se acerca más al sí mismo de los demás. Como consecuencia, comienza a vivir lo que son cualidades esenciales de la vida: energía, amor, potencia, verdad, libertad, alegría, gozo, de un modo más directo, más inmediato, y por lo tanto se hace cada vez más independiente. No depende de las cosas exteriores, no depende de la buena o mala cara de los demás, no depende de la posición o proximidad de las personas o de las cosas; goza de ellas porque es un aspecto más de la existencia, pero no depende de ellas. Lo que al principio buscaba a través de la posesión de las personas, del éxito económico o de otras cosas, ahora lo está viviendo de una manera directa porque lo está viviendo en su misma fuente, en el centro de donde todo procede, y lo vive con tal intensidad, con tal evidencia y plenitud, que se siente totalmente lleno.

Ésta es la raíz de la auténtica libertad interior; lo que le permite por un lado sentirse más cerca que nunca de todo y de todos, y al mismo tiempo completamente libre e independiente de todas las cosas.

EL TRABAJO INTERIOR Y LAS DIFICULTADES INTERNAS O EXTERNAS


Estas personas pueden tener muchas dificultades porque es muy posible que, aun cuando la persona vaya madurando en este sentido, todavía tenga muchas limitaciones y muchos defectos personales. Una vez más no hemos de idealizar a estas personas. Uno puede trabajar en esta dirección pero puede ser que subsistan en ella rasgos que otros consideran como defectos. Esto, desde luego, a la persona que trabaja de veras interiormente no le preocupa gran cosa, porque para ella el ser perfecto ha dejado de ser problema. Descubre que lo importante no es tanto el ser perfecto como el abrirse al centro perfecto, abrirse a la perfección; no es el actuar de un modo perfecto, sino simplemente el dejar que lo que es la fuente de toda perfección se exprese más y más a través de él. Uno acepta con naturalidad que tiene muchos defectos y que muchas cosas andan mal. Y es natural que sea así, porque es absolutamente imposible que una persona deje de ser eso, persona; por tanto, con un modo de ser particular y con unos límites en tanto que persona. Interiormente se sentirá en contacto con algo muy grande, pero exteriormente sigue siendo una persona con una educación dada, con unos condicionamientos, con unas capacidades muy limitadas, y por lo tanto lo natural es que funcione de un modo limitado.

Ante las dificultades, ante las adversidades, ¿cómo reacciona esta persona? Empecemos por comprender que a medida que la persona trabaja, lo que eran antes adversidades no se viven ahora como tales; ya hemos dicho cómo el drama que uno vivía antes en la vida cuando le fallaban algunas cosas, ahora va dejando de serlo. No es que la persona no viva las cosas con una sensibilidad concreta, pero como vive también algo mucho más profundo, más auténtico, aunque viva esa sensibilidad personal, aunque ponga también su parte de ilusión en las cosas, si éstas le fallan se queda con lo más auténtico y no pasa nada, no pasa nada grave.

A veces, cuando la persona no vive esto de un modo tan directo e inmediato, puede experimentar ciertas crisis, crisis fuertes incluso. Estas crisis consisten precisamente en que a veces a uno le parece que interiormente se ha desconectado de este centro, de esta cosa que le da impulso, que le da fuerza, que le da alegría; es como si de repente se hubiera cortado la comunicación y uno no siente nada. Entonces se encuentra sin esa fuerza, sin esa luz interior y uno no tiene más remedio que ir a pie, ir por sus propios medios, por su propio esfuerzo y hacer lo que buenamente pueda.

Muchas veces esto sucede porque la actitud de la persona no es todavía suficientemente correcta en cuanto a aceptación y colaboración. A veces uno se entrega de una manera excesivamente pasiva a este impulso, a esta dirección interior, y esto es negativo. Una cosa es el impulso que brota del ser central y otra la actitud de respuesta y colaboración que uno debe adoptar poniendo en acción todos sus recursos y capacidades. Pero a veces uno elude hacer el esfuerzo correspondiente porque no se da cuenta que si uno tiene esas capacidades es para usarlas y desarrollarlas ya que ésta es una de las facetas y finalidades de la vida. Por eso cuando la persona se inhibe no poniendo el esfuerzo que debería, se produce este aislamiento, este corte interior, y entonces se ve uno obligado a poner por la fuerza el trabajo necesario para conseguir el desarrollo de tal faceta del carácter o de la personalidad que uno quería ahorrarse.

Por lo que se refiere a las dificultades de origen exterior, depende una vez más de la persona, de su grado de madurez e incluso de su estilo de trabajo. Algunas personas frente a las dificultades externas adoptan la solución de refugiarse en esa vivencia interior que tienen de fuerza, de amor, de luminosidad. Esto ya está bien, pero no es lo más correcto. Lo más correcto sería que la persona adoptara una actitud abierta de enfrentarse con la dificultad, que no quisiera ahorrarse un dolor, un malestar, sino que tratara de vivir este malestar con toda la apertura de su ser, con una actitud interior de centramiento y de aceptación. Cuando la persona rechaza algo, este rechazo se hace mediante una crispación, mediante un cierre interior y esto es negativo. En primer lugar aumenta el dolor, en segundo lugar lo prolonga, pero en tercer lugar impide un desarrollo, impide convertir la situación en una experiencia positiva. La persona, pues, ha de aprender a aceptar el dolor. Claro que uno no puede aceptar el dolor por el dolor, porque esto no gusta a nadie. Sólo puede aceptar el dolor cuando uno no depende ni del placer ni del dolor. Mientras la persona haga distinciones entre placer y dolor, aceptando el placer y rechazando el dolor, estará haciendo un doble juego imposible. Uno sólo puede ir aceptando el dolor cuando está viviendo una realidad central que es mucho más fuerte, que es dinámica, que es un foco de energía, de empuje y de dirección que en sí misma no depende para nada ni del placer ni del dolor. Éste es uno de los resultados del acercarse a este sí mismo central. Entonces la persona adquiere poco a poco la capacidad de abrirse, y el dolor pierde ese carácter sumamente negativo que tiene en la mayor parte de personas, en las personas que tratan sólo de vivir aferradas a sensaciones agradables. Lo agradable es agradable, pero uno se da cuenta que no es la realidad de uno; la realidad de uno tiene un carácter tan positivo que trasciende todo lo meramente sensible.

Cuando uno comprende esto, entonces puede aceptar también lo negativo, porque ve que el sentido desagradable que tiene el dolor es algo natural e inevitable que forma parte del juego. Entonces comprende también perfectamente que es una falsedad, una trampa que se hace uno a sí mismo el pretender estar en las cosas que le gustan y huir de las cosas que no le gustan. Uno ha de estar presente y abierto a la vida en su totalidad, en todos sus aspectos.

LA RELAJACIÓN, APRENDIZAJE DE APERTURA A LA VIDA
Si yo me acepto a mí mismo, si me abro interiormente a mí mismo, no tendré más remedio que abrirme a la vida; y en la medida que me abra a la vida sentiré una evidencia más profunda de mí mismo, porque lo que me impide llegar a mí mismo no es nada más que los bloqueos y las defensas que pongo frente a la vida, y frente a las demás personas.

Pero cuando me esfuerzo por abrirme a los demás, por aceptarlos y por reaccionar frente a ellos de una manera activa y positiva, entonces esta actitud, que implica simultáneamente un doble movimiento de expresar y de recibir, produce en mí la liberación de todas mis crispaciones y retenciones interiores. Entonces es cuando emerge lo que estaba oculto detrás de todo esto y que no es otra cosa sino el mismo yo, el ser central, esa fuente inagotable de energía, de amor, de plenitud y de felicidad.

O sea, que el abrirse a la vida, el abrirse a los demás, el abrirse a las situaciones, el aprender a abrirse cada vez más y más de un modo activo y pasivo es una técnica fundamental, es, diríamos, la aplicación suprema de este arte de la relajación.

En la relajación aprendemos a soltarnos físicamente, emocionalmente y mentalmente. Pero este estado de soltura, de serenidad, de lucidez y disponibilidad internas que uno alcanza en la relajación, se puede y se debe mantener durante todo el día. La relajación empieza modestamente extendiéndose en el suelo, o sentándose en un sillón, cerrando los ojos y tratando de aflojar los brazos y demás partes del cuerpo. Pero esto no es más que el primer paso de un aprendizaje general de aceptación, de apertura a nosotros mismos y a la realidad de la vida; a la realidad de la vida que nos viene en primer lugar desde un plano horizontal al que hemos de responder con totalidad, y ante el que hemos de actuar de un modo inteligente utilizando todos nuestros recursos.

La relajación así entendida y practicada no nos aleja en modo alguno de la vida real, al contrario, es el medio más eficaz para llegar a una aceptación e integración profunda con la realidad auténtica.

Pero además de esta apertura que llamamos horizontal hacia los demás, debemos abrirnos también hacia arriba, hacia esta dimensión vertical de la que estamos recibiendo todo lo que es nuestra fuerza, nuestro sustento, que es, podríamos decir, el centro de nuestro centro.

No obstante, es importante que comprendamos que es imposible que uno aprenda a aceptar algo que no ve, que no conoce, si primero no acepta lo que ve y conoce. Si yo no me abro a los demás, si no comprendo y acepto a los demás, si no acepto la vida y me entrego a ella de un modo pleno, interior, incondicional, aunque siempre inteligente, no puedo pretender ni sentirme a mí mismo ni encontrar a Dios. Puedo crear fantasías, puedo adherirme a sistemas, puedo hacer proyecciones de mis problemas y de mis deseos, pero llegar a la experiencia inmediata de esta realidad central, de esta fuerza central, de esta inteligencia central que es Dios en mí, esto no podré hacerlo.

La relajación, pues, al enseñarnos a soltar nuestras crispaciones y deshacernos de nuestros condicionamientos, al enseñarnos a abrirnos plena y sinceramente hacia todos los niveles de la existencia, se convierte para nosotros en un medio excelente y extraordinario para llegar a ser nosotros mismos del todo y para vivir la Vida de un modo más auténticamente fecunda y feliz.



APÉNDICE

EL ENTRENAMIENTO AUTÓGENO DE J. H. SCHULTZ, LLAMADO TAMBIÉN AUTORRELAJACIÓN CONCENTRATIVA

La técnica de Schultz es hoy día la más extendida en Europa y quizá también en todo Occidente. Muchas otras técnicas han surgido ulteriormente que de una manera u otra se fundamentan en el procedimiento de Schultz. Su carácter global -cuerpo y psique- la sitúa por encima de otros procedimientos más exclusivos o parciales, como por ejemplo la técnica de Jacobson, de Chicago, que trabaja solamente la relajación muscular aunque esto lo hace de manera muy sistemática y completa.

Como explica Schultz, el entrenamiento autógeno tiene su origen en la hipnosis médica y en la autohipnosis. De hecho, la técnica sigue los pasos de los fenómenos experimentados por el sujeto durante el proceso de hipnotización. Se trata, pues, de conseguir el mismo estado de relajación y de sugestibilidad que se alcanza en la hipnosis profunda, pero evitando los inconvenientes que este procedimiento presenta: la necesaria dependencia del sujeto respecto al hipnotizador, la dificultad que muchas personas presentan a ser hipnotizadas, el estado meramente pasivo del sujeto, etc.

En el entrenamiento autógeno es el mismo sujeto quien aprende a dirigir sus propios procesos, manteniéndose en todo momento independiente y dueño de su propio estado. Su aprendizaje requiere un ejercicio perseverante de la facultad de concentración interna, pero sin recurrir a la voluntad consciente habitual, ya que ésta, por su carácter activo, tiende a tensar el cuerpo y la mente y no a relajarlos.

¿Cuáles son los resultados fundamentales a que conduce esta técnica? Según su autor, todos los rendimientos que la relajación y la concentración pueden producir y que él resume así:
1. Restablecimiento.

2. Autotranquilización, conseguida por relajación interna y no por propia imposición. Disgusto, violencia, temor -en resumen, todas las fuertes emociones- sólo deben su poder a la fuerte conmoción del organismo.

3. Autorregulación de funciones orgánicas consideradas «involuntarias»; por ejemplo, la circulación sanguínea.

4. Aumento de rendimiento; por ejemplo, de la memoria.

5. Supresión del dolor. No se trata de un aumento de la capacidad de sufrimiento, sino de una desaparición total o incluso una no aparición del dolor.

6. Autodeterminación conseguida por la formulación de propósitos representados en estado de concentración. Esta formulación de propósitos actúa automáticamente al igual que las sugestiones post-hipnóticas.

7. Autocrítica y autodominio conseguidos por visión interior en el curso de la concentración.
El ciclo completo de la autorrelajación concentrativa tiene dos grados: el grado elemental o inferior y el grado superior.

Cuando se habla de la técnica de Schultz suele referirse únicamente al primero de dichos grados, ya que el grado superior, como veremos más adelante, requiere un entrenamiento muy prolongado -varios años- y la asistencia de un neuropsiquiatra que sea, además, psicoanalista.

El grado inferior suele ser más que suficiente para los rendimientos que normalmente se buscan en la relajación.

En el aprendizaje del grado inferior se enseñan a conseguir unos resultados precisos en seis «zonas» diferentes, que se van trabajando paso a paso:


1. Los músculos.

2. Los vasos sanguíneos.

3. El corazón.

4. La respiración.

5. La zona abdominal.

6. La cabeza.
Pero incluso este grado elemental y debido a que el aprendizaje requiere una estrecha conexión entre la mente consciente y determinadas funciones fisiológicas -circulación, respiración, latidos cardíacos, etc.- y al objeto de evitar los posibles peligros de un aprendizaje defectuoso, o también de reacciones anormales que se puedan producir eventualmente en el curso del entrenamiento, Schultz recomienda que la técnica se aprenda siempre bajo la dirección de un médico, especialmente formado para este fin.

DESCRIPCIÓN DETALLADA DE LA TÉCNICA DE SCHULTZ


Ambiente

Schultz recomienda una habitación tranquila, con temperatura agradable y en una suave penumbra.


Vestidos

Los vestidos deben ser cómodos y adecuados a la temperatura, de manera que no entorpezcan la concentración sea por presiones molestas -cuello, cintura, pies-, sea por frío o calor.




Fig. 2

Postura

La postura ha de facilitar el establecimiento de un estado pasivo. Para ello se recomienda, preferentemente, una butaca bien cómoda en la que queden naturalmente apoyados los muslos, tronco, cabeza y brazos. No deben cruzarse los pies (V. Fig. 2).


En el caso de no disponer de sillón adecuado, se puede utilizar otra posición. Es la "postura de cochero", que puede verse en la Fig. 3.


Fig. 3

También puede hacerse el entrenamiento en postura decúbito supino -echado sobre la espalda-. Hay que procurar que la cabeza esté ligeramente elevada, que los brazos estén bien apoyados, las manos descansando sobre las palmas y las puntas de los pies separadas. (V. Fig. 4). En el tercer paso, que es el de la vivencia cardíaca, la postura ideal indicada por Schultz es la que puede verse en la fig. 5.


Los ojos

Una vez colocado en la postura adecuada, el sujeto deberá cerrar suavemente los ojos. En todo el entrenamiento del




Fig. 4

Fig. 5

primer grado no debe preocuparse en hacer ningún movimiento especial con los globos oculares, sino simplemente mantener los ojos cerrados durante toda le sesión sin esfuerzo alguno.

FASE PRELIMINAR
Sintonización de reposo
Al iniciar la sesión el médico que dirige el entrenamiento le dice al sujeto de manera persuasiva una sola vez: "estoy completamente tranquilo", para que éste trate de ajustar su ánimo a dicha sugerencia.

Todo cuanto se ha mencionado hasta ahora sólo constituyen los preliminares del entrenamiento. A continuación vienen los pasos propios del grado elemental.


Paso.- El ejercicio del peso.
El primer paso del grado elemental consiste en sugerir al sujete que se diga mentalmente: "el brazo derecho pesa mucho". Esta fórmula ha de repetirla seis veces. No hay que hacer absolutamente nada con el brazo. En las personas que son zurdas la frase habrá de ser: "el brazo izquierdo pesa mucho".

Esta frase ha de pronunciarse mentalmente. Algunas personas notarán mayor facilidad en "hablar interiormente". Otras, de manera que oigan mentalmente la frase. Y en fin, a otras les resultará más efectivo imaginarse como si vieran esta frase escrita en letras luminosas. Hablar, oír, ver son tres modalidades de lenguaje interno y debe elegirse la que está más de acuerdo con la mayor facilidad evocadora de cada persona.

Normalmente, al cabo de unos momentos se percibe una sensación de peso, especialmente en el antebrazo.

Pasados de treinta segundos a un minuto aproximadamente en los que se mantiene dicha sensación de peso y a la vez de tranquilidad general, se procede al retroceso en el ejercicio.


Retroceso
Hay que obligarse a aprender con todo cuidado y detalle este volver atrás para hacerlo siempre exactamente igual.

Para retroceder se hace lo siguiente:


1. Se mueve el brazo, flexionándolo y extendiéndolo varias peces con vigor.

2. Se hacen varias respiraciones profundas.

3 Se abren los ojos.
Frecuencia de las sesiones
Ya hemos dicho que los primeros días cada sesión es muy breve -de 30 segundos a un minuto-. Este tiempo puede ampliarse paulatinamente a dos o tres minutos.

Estas sesiones deberán hacerse dos o tres veces cada día. Y se considera requisito fundamental la regularidad absoluta en las prácticas.


La generalización de la sensación de peso
Al cabo de unos seis días de entrenamiento, cuando ya se consigue la sensación de peso en el brazo más intensamente y con mayor rapidez, suele manifestarse también espontáneamente en el otro brazo y, en ocasiones, hasta en todo el cuerpo.

Esto se puede ayudar mediante formulaciones precisas que se van introduciendo poco a poco en el transcurso de las sesiones: "el brazo izquierdo pesa mucho", "la pierna derecha pesa", "la pierna izquierda pesa", "todo el cuerpo pesa".

En el retroceso no está indicado mover las piernas de ningún modo especial. Basta hacerlo con los brazos, según se ha indicado antes.
Duración de este primer paso
El ejercicio de la sensación de peso debe hacerse hasta conseguir que con sólo un momento de concentración interna ya se relajen con pesadez de plomo los brazos y las piernas.

Esto suele requerir de diez a quince días de práctica regular.


2º paso.- Sensación de calor
Una vez conseguida la sensación instantánea de peso de brazos y piernas -y mejor aún de todo el cuerpo-, se prosigue la sesión con la fórmula: "el brazo derecho está caliente", "caliente". Y en días sucesivos: "el brazo izquierdo está caliente", "la pierna derecha está caliente", "la pierna izquierda está caliente", todo el cuerpo está caliente".

Hay que hacer notar que la sensación de calor evocada ha de ser agradable, esto es, un calor suave, cálido, como la que, por ejemplo, se opone a la desagradable de manos frías, pies fríos, etc.


Formulación simplificada
Con la práctica se hace innecesario repetir las fórmulas completas: "estoy completamente tranquilo", "todo el cuerpo pesa", "todo el cuerpo está caliente". Basta con las palabras: "tranquilo-pesado-caliente".

Igualmente en la frase de retroceso con que debe terminar cada sesión se utiliza la fórmula resumida: 1. «¡Mover los brazos!". 2. "¡Respirar profundo!". 3. "¡Abrir los ojos!".

Digamos ahora que la sensación de calor que estamos describiendo no requiere ninguna acción especial de retroceso. Se seguirá haciendo, pues, el mismo que se ha descrito.

OBSERVACIÓN IMPORTANTE


La inducción de la sensación de calor debe hacerse siempre como continuación de las fases de tranquilización y sensación de peso. Y nunca debe intentarse sin haber conseguido el estado de relajación general que a dichas fases corresponde.

Igualmente conviene recordar que siempre que se pasa a un nuevo ejercicio, la persona debe dedicarse ante todo a los ya conocidos y destinar al nuevo un espacio de tiempo corto, como se ha señalado inicialmente para el ejercicio del peso. Sólo en sesiones sucesivas el nuevo ejercicio irá ocupando más tiempo dentro de la sesión.


3º paso.- La regulación cardíaca
Una vez conseguidas las fases descritas anteriormente con rapidez y profundidad, se pasa a tomar conciencia de la manifestación subjetiva del latido cardíaco. Esto se efectúa de la siguiente manera: "hallándose la persona en decúbito supino apoya el codo derecho de tal manera, que quede situado al mismo nivel que el plano anterior del tórax; la mano derecha se aplica a la región precordial. El brazo izquierdo permanece en la postura usual. A continuación se concentra en "tranquilidad, peso, calor", procurando localizarlos en la región del tórax en que se apoya la mano. El peso de la mano es una especie de indicador. Al cabo de algunos ejercicios comienzan a percibirse sensaciones cardíacas; repitiendo constantemente toda la cadena de ejercicios ("tranquilización-peso-calor") se concentra en esta región con la fórmula: "El corazón late tranquilo y fuerte".

Una vez se ha "descubierto la sensación cardíaca", la mano ya no se aplica a la región precordial.

La persona se sitúa como un observador del automatismo de su corazón. Nunca se debe intentar la lentificación del pulso, por ser perjudicial. Todo este ejercicio cardíaco debe hacerse solamente bajo rigurosa vigilancia médica.
4º paso.- La regulación respiratoria
Dominado el ejercicio anterior, se inicia la concentración en la fórmula: "La respiración es tranquila". No debe alterarse voluntariamente el ritmo respiratorio. Este se ajustará automáticamente a la situación real de reposo.

Para evitar la intervención consciente en la respiración se aconseja la fórmula complementaria: "Algo respira en mí". El sujeto debe dejarse llevar por la respiración, como si flotara sobre el mar tranquilo.

La respiración se presenta por sí sola de tipo diafragmático o abdominal. A cada espiración aumentan las sensaciones de peso y calor, ya que este movimiento es por naturaleza fisiológica de relajamiento muscular.

DURACIÓN MEDIA DEL APRENDIZAJE


El dominio de cada uno de los cuatro pasos descritos hasta ahora suele requerir, en término medio, de diez a quince días cada uno. O sea que desde el comienzo del entrenamiento hasta dominar este cuarto paso o ejercicio podrán haber transcurrido de seis a diez semanas.
5° paso.- Regulación de los órganos abdominales
Viene ahora la concentración sobre el plexo solar, que es el mayor nudo vital del abdomen, para conseguir una mayor relajación en todos los órganos abdominales.

A continuación del ejercicio de regulación respiratoria y dirigiendo la atención hacia la mitad superior del abdomen, debe concentrarse en la fórmula: "el plexo solar irradia calor".

Este ejercicio se facilita en ocasiones imaginando que el aire espirado se dirige hacia el abdomen.

A semejanza de los anteriores, también este ejercicio suele requerir para su completo dominio de diez a quince días.


6° paso.- Regulación de la región cefálica
Éste es el último ejercicio del grado elemental del método de Schultz. La fórmula a utilizar ahora es: "la frente está agradablemente fresca". Es importante que la evocación sea de un agradable frescor y no de frío. El frescor se asocia a una sensación general de libertad y ligereza en toda la cabeza y responde a una experiencia constantemente observada en hipnosis.

Con esto termina el ciclo inferior del entrenamiento autógeno. Su aprendizaje completo requiere en conjunto de dos a tres meses por término medio.

EL. GRADO SUPERIOR
Para iniciar el entrenamiento de este grado superior es condición absoluta el perfecto dominio del grado elemental, de manera que en breves segundos se consiga mediante una conmutación concentrativa una relajación completa, es decir, con palabras de Schultz, "que el cuerpo sea vivenciado como una masa pesada, caliente y tranquila, de pulsación regular y respiración tranquila y fluyente, y separada de la cabeza enfriada por concentración".

Además, este grado superior requiere aún de manera más indispensable la dirección no sólo de un médico sino la de un neuropsiquiatra muy experimentado y que al mismo tiempo haya tenido una formación práctica de tipo psicoanalítico.

El entrenamiento del grado superior requiere varios años, ya que se trata de una psicoterapia de tipo profundo, mediante el progresivo contacto y apertura al inconsciente.

El Dr. Eric de Winter establece cierto paralelismo entre el grado superior del entrenamiento de Schultz y ciertas técnicas contemplativas orientales, en particular con las empleadas por el budismo Zen. Estas técnicas son hoy empleadas en el Japón no sólo para lograr el "kensho" o "satori" (estado de iluminación conseguido al realizar experimentalmente la naturaleza del ser central del hombre), sino también para mejorar el estado de salud y como técnica psicoterapéutica, particularmente en los casos de neurosis.

LAS TÉCNICAS
El primer paso consiste en hacer girar los globos oculares hacia arriba y de forma convergente, o sea "mirar hacia el centro de la frente". Esto produce automáticamente una profundización de la mente.

El siguiente paso consiste en que el sujeto deje aparecer espontáneamente en su imaginación algún color, homogéneo y armónico. El sujeto acaba encontrando el color que le es, ele alguna forma, más natural, esto es, el color propio.

Cuando está ya determinado el propio color, el médico director invita a que el sujeto se vaya representando todos los colores del espectro. En muchas personas el color es evocado con mayor facilidad si se asocia a un objeto concreto.

El paso siguiente consiste en hacer aparecer determinados objetos ante la mente. Primero hay que ejercitarse en objetos concretos y familiares. Una vez dominado esto se pasa a la visualización de objetos abstractos, como por ejemplo, justicia, felicidad.

Otro tema ulterior de trabajo consiste en que el sujeto busque la vivencia que sea expresión del estado de ánimo más anhelado por él.

Viene luego el plantearse preguntas concretas y observar las vivencias internas que se producen, que son como respuestas del inconsciente. Schultz sugiere, entre otras, estas preguntas: "¿Qué hago yo mal?", "¿Qué finalidad tiene el trabajo?", "¿Qué vale más, felicidad o justicia?", "¿Soledad o comunidad?", "¿Cómo quisiera ser de ser distinto?"


Todo este trabajo produce ya de por sí un cambio profundo en la personalidad, pero los efectos son incrementados aún más por las significaciones de las producciones que el sujeto obtiene en las experiencias y que son debidamente manejadas por el director técnico del entrenamiento. Estos logros requieren, como ya hemos dicho, varios años de entrenamiento paciente y sistemático, con sesiones diarias de más de media hora de duración.

BIBLIOGRAFÍA DE ANTONIO BLAY



La personalidad creadora.

Lectura rápida.

Hatha yoga. Su técnica y fundamento. Tantra yoga.

Creatividad y plenitud de vida. Energía personal.

Caminos de autorrealización (Yoga superior) 3 tomos.

T. I° La realización del Yo central.

T. II0 La integración vertical o realización trascendente.

T. III0 Integración con la realidad exterior.



Plenitud en la vida cotidiana.

Tensión, miedo y liberación interior.

Radja yoga (Control mente realidad espiritual).

Maha yoga (Investigación directa realidad del Yo).

Dyana yoga (Transformación mediante la meditación).

Hata yoga (Técnica y aplicaciones vida práctica).

La relación humana medio de desarrollo de la personalidad.

Yoga integral.

Zen. El camino abrupto.

La tensión nerviosa y mental. ¿Qué es el yoga?

Karma yoga (Realización espiritual vida activa).

Bhakti yoga (Desarrollo superior afectividad).

Desarrollo de la voluntad y perseverancia.

Relajación y energía.

Curs de psicologia de l'autorrealització (en catalán).
NOTA: Debido a la dificultad de conseguir algunas de las obras que aparecen en la presente bibliografía, por hallarse agotadas y en algunos casos por su distribución irregular, recomendamos a los interesados se dirijan a librerías especializadas en estos temas.

Í N D I C E

Prólogo a la segunda edición

Introducción a la primera edición
PRIMERA PARTE
NOCIONES TEÓRICAS FUNDAMENTALES
Capítulo primero. – GENERALIDADES
Ritmo vital de la personalidad

La tensión de la vida moderna

Consecuencias de la falta de descanso

Formas correctas de descanso

1ª Sustitución de una actividad por otra

2ª Sueño profundo

3º Relajación general consciente

Capítulo II. – RELAJACIÓN GENERAL CONSCIENTE
Principios básicos

Requisitos esenciales

Efectos de la relajación

Fases o grados de relajación

Actitud positiva de la mente

Los impedimentos

Contraindicaciones de la relajación

Ventajas de la relajación sobre otras formas de descanso

Factores que facilitan la relajación

La relajación en la vida diaria

SEGUNDA PARTE
PRÁCTICA DE LA RELAJACION
Capítulo primero. - PRELIMINARES
Lugar

Ropa


Hora

Duración del ejercicio

Posición

Respiración

Actitud mental

Capítulo II. - APRENDIZAJE PROGRESIVO DE LA RELAJACIÓN GENERAL CONSCIENTE
Primera y segunda fases

Tercera fase o grado de relajación

Hacia la cuarta fase

Quinta fase

Sexta y última fase de la relajación
Capítulo III. - OBSERVACIONES COMPLEMENTARIAS
Algunos fenómenos que pueden presentarse durante la relajación

Nota sobre las fases superiores de la relajación

Bibliografía

TERCERA PARTE


SUGERENCIAS COMPLEMENTARIAS Y APLICACIONES PRÁCTICAS DEL ESTADO DE RELAJACION CONSCIENTE
Capítulo primero. - SUGERENCIAS COMPLEMENTARIAS A LA PRÁCTICA DE LA RELAJACIÓN
Capítulo II. - LA ACTITUD POSITIVA EN LA RELAJACIÓN Y EN LA VIDA COTIDIANA
¿Qué es la vida positiva?

La actitud positiva en la pasividad y en la actividad.

La actitud de centramiento no debe alejarnos de la vida

La actitud positiva en la vida activa

La actitud positiva en el estado receptivo

La actitud positiva en el estado pasivo o de relajación

Importancia y necesidad de la actitud positiva durante la relajación

La actitud positiva, clave para controlar el doble ritmo vital

El ritmo actividad-descanso en nuestra vida cotidiana

El ritmo actividad exterior-receptividad



Capítulo III. - LA RELAJACIÓN COMO BASE DE DIVERSAS TÉCNICAS DE MEJORAMIENTO PERSONAL
Necesidad de profundizar en la relajación

Métodos para profundizar los estados de conciencia

Las antiguas escuelas

La hipnosis

La autorrelajación concentrativa de Schultz

El método de Jacobson

La escuela de Sofrología

Escuelas esotéricas y de parapsicología

Requisitos fundamentales para lograr una relajación positiva
I. La relajación y el mejoramiento de la salud
Origen de los trastornos funcionales

Influencia de la mente consciente sobre la mente vegetativa

Los procesos de recuperación

Los trastornos funcionales

Los hábitos perjudiciales

Aumento del tono vital

Indicaciones específicas de la relajación sistemática en el tratamiento de enfermedades
II. La transformación del carácter
El temperamento

Cómo se forma la personalidad

El carácter

Resumen de estas nociones

Elementos fijos y variables del carácter

Formación de los hábitos

Influencia de los patrones mentales sobre los hábitos

Cómo aparecen los rasgos negativos del carácter

Cómo se eliminan los rasgos negativos del carácter
¿Qué hay que hacer para transformar el carácter?
Autoexamen previo

Proceso de autocondicionamiento durante la relajación


III. La relajación consciente y el mundo de los fenómenos parapsicológicos
El interés de este tema

Y también sus peligros

Las actitudes correctas

Relajación y parapsicología

Las variedades de los fenómenos paranormales

Diversos niveles de conciencia

Percepciones del nivel vegetativo

Percepciones del nivel subconsciente y sus diversos modos de expresión

Peligros de las percepciones provenientes del subconsciente

Percepciones de la mente interna

Percepciones provenientes del nivel superconsciente

Cómo se ha de manejar la mente en el entrenamiento perceptivo

Desarrollo del nivel mental superconsciente

Levitación e inmovilidad

La telequinesis

El desdoblamiento

¿Existen pruebas?

¿Tiene alguna utilidad esta experiencia?

Desdoblamiento y relajación

Bibliografía


IV. La realización del Yo central
Crisis de los valores externos tradicionales

Necesidad del descubrimiento de uno mismo

Falsa idea del sí mismo

La relajación, puerta de entrada para el descubrimiento de sí mismo

Descubrirse a sí mismo no significa olvidar la vida exterior

Fases del autodescubrimiento a través de la relajación

a) Silencio interior

b) Actitud de investigación

c) La iluminación

La adecuada orientación en este trabajo


V. Los efectos del acercamiento al Yo
El Yo central, fuente de todas nuestras cualidades

Dos caminos posibles de acercamiento al Yo

Silenciamiento de las capas intermedias de nuestra personalidad

Eclosión de nuevas facultades

Incremento de la capacidad creadora

La creatividad subconsciente y la creatividad superior

La creatividad en la vida ordinaria

Incremento de las facultades mentales

Incremento de la felicidad y seguridad interior
VI. Relajación y vida espiritual
Vida espiritual y realización del Yo

Qué es la vida espiritual

Primera fase: Abrirse a la presencia de Dios

Segunda fase: Entrega a Dios

Tercera fase: Colaboración activa con Dios

Coincidencias y diferencias según los diversos caminos del trabajo interior

La relajación, escuela de desprendimiento

La relajación como medio para abrir nuestra sensibilidad

Hacia la colaboración total con la voluntad divina

La relajación hace posible una entrega real y efectiva

Cómo se reconoce la voluntad divina

Relajación, contemplación, acción



Capítulo IV. - LOS EFECTOS DE LA CULTURA INTERIOR EN LA VIDA COTIDIANA
La doble polaridad básica de la vida

La relajación como medio de restablecer el equilibrio interno

Actitudes negativas basadas en un rechazo

Actitudes negativas originadas en una falsa aceptación

Actitudes posibles ante los valores trascendentes

El trabajo interior es un proceso de maduración

En la vida cotidiana

El trabajo interior y la vida de relación

Hacia la unidad y la libertad interior

El trabajo interior y las dificultades internas o externas

La relajación, aprendizaje de apertura a la vida

APÉNDICE
El entrenamiento autógeno de J. H. Schultz, llamado también «autorrelajación concentrativa»


Descripción detallada de la técnica de Schultz

Fase preliminar

Duración media del aprendizaje

El grado superior



Las técnicas
FIN


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