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CAPÍTULO III
OBSERVACIONES COMPLEMENTARIAS

ALGUNOS FENÓMENOS QUE PUEDEN PRESENTARSE DURANTE LA RELAJACIÓN


La experiencia propia y ajena nos ha enseñado que durante la práctica de la relajación general consciente pueden presentarse algunos fenómenos que, si bien no suelen tener consecuencias, de momento no dejan de asustar o desconcertar al principiante.

Veamos los más frecuentes:



1. Pequeñas sacudidas en las extremidades. - Ocurre alguna vez, al principio, sentir como si una pierna o un brazo dieran de pronto un salto como consecuencia de una sacudida nerviosa. Este fenómeno no tiene importancia alguna. Es debido a la súbita descarga de corrientes nerviosas que circulaban defectuosamente. Al mejorar ésta, gracias a la relajación, se normaliza el sistema nervioso, por lo que dejan de presentarse al cabo de unas pocas sesiones.

2. Fenómenos sensoriales subjetivos. - A determinadas personas les ocurre que al estar quietos y tranquilos, empiezan de pronto a ver, imaginativamente, caras o paisajes, unas veces conocidos y otras no.
Este fenómeno siempre es debido, durante la relajación consciente, a que no se ha conseguido mantener la debida actitud mental positiva. Cuando la mente está ocupada en hacer algo bien definido, no hay lugar para visiones de ninguna clase. No recomendamos al estudiante de la relajación científica que se deje llevar por este tipo de percepciones, a no ser que lo haga con la autorizada supervisión de una persona competente en estas materias. Si procura que la mente esté más activamente despierta, regulando en cada momento lo que se está haciendo, y mantiene a la vez los ojos semiabiertos, estas visiones desaparecerán por completo.

Otras personas perciben voces o música, y otras incluso sienten intensos y agradables perfumes. Todo esto no tiene importancia v, por lo tanto, no hay que darle ninguna. A esta clase de fenómenos es aplicable lo mismo que hemos dicho antes sobre los fenómenos visuales.

Otra cosa son ciertos sonidos que pueden presentarse precisamente cuando más atento y tranquilo se está. Estos sonidos, que tienen varias modalidades, pueden no ser producto de ninguna actitud errónea, sino que pueden corresponder a la actividad vibratoria de determinados centros superiores, y son bien conocidos por los practicantes adelantados de yoga y por cuantos se dedican seriamente a la meditación. Una de las formas de saber con certeza si se trata de esta clase de sonidos, es comprobar lo siguiente

1º Cuanto más claro, despierto y tranquilo se está, más claro también se percibe el sonido.

2° Cuanto más claro e intenso se percibe el sonido, se tiende de un modo natural a un mayor recogimiento y elevación de la mente. Si ello no es así, entonces conviene aplicar lo que hemos dicho en el caso de las visiones. Si con esto no desaparecen los ruidos conviene dejar la práctica de la relajación y se debe consultar a un neurólogo. En el caso de que se trate efectivamente de esta clase de sonidos de tipo positivo, entonces pueden utilizarse con provecho como base para fijar la atención, en los grados 4, 5 y 6 de relajación, en lugar de utilizar el centro del impulso respiratorio.

Fenómenos de movimientos. - Si debido a que ha dejado de estar bien atento por unos momentos empieza a notar como si el suelo o la cama se balanceara, o como si todo empezara a girar, haga lo siguiente: en primer lugar, no se asuste, compruebe simplemente con toda calma lo que le está ocurriendo; segundo, respire un poco más profundo alargando la inspiración una y otra vez y por último, haga una inspiración profunda y abra los ojos. El estado habrá cesado por completo.

Fenómeno de inmovilización. - Si debido también a unos momentos de ausencia mental, le parece encontrarse repentinamente incapaz de poderse mover, aún queriéndolo, haga lo siguiente:

1º Tranquilícese y no haga ningún esfuerzo ni violencia de ninguna clase.

Piense que quiere hacer una inspiración un poco más profunda. Repita este pensamiento dos o tres veces, sin hacer nada más en este momento.

3º Intente ahora aumentar efectivamente y poco a poco, las sucesivas inspiraciones.

4º Haga ahora una respiración completa, aunque suave. Acto seguido otra respiración más profunda y abra los ojos.

Al cabo de unos cuatro o cinco segundo de permanecer tranquilo habrá cesado por completo el estado anómalo.

NOTA SOBRE LAS FASES SUPERIORES DE LA RELAJACIÓN
Algunas personas, ajenas a estos estados, no dejarán de ver en las descripciones que hemos hecho de las fases avanzadas de la relajación, peligrosas desviaciones a incluso definidos trastornos de la mente. Creemos que no es éste el sitio adecuado para largas argumentaciones ni discusiones. Diremos aquí solamente que existen algunas formas bien definidas que permiten apreciar con bastante seguridad si la persona realmente adelanta o retrocede, si crece o se desvía, si alcanza un nivel creador o de desvarío...

La persona que adelanta, que crece interiormente, presentará siempre, inevitablemente, una mayor capacidad para comprender, aceptar y comunicar en el mundo de sus semejantes. Vivirá interiormente con más paz y alegría, y a la vez, se sentirá más próxima al corazón de su hermano. Se adaptará mejor a cualquier circunstancia, pero lejos de disminuir su personalidad, se afirmará y aumentará cada vez con más fuerza, sin proponérselo, su influencia personal y su irradiación interior. Dejará de depender interiormente de personas y cosas, y no obstante, cada vez se sentirá más unida, más compenetrada con todo cuanto vive y alienta. Desaparecerá de su interior todo temor y toda inseguridad, pero le sustituirá un creciente amor y una sincera religiosidad. Y es que, en efecto, el progresivo dominio y conocimiento interior de sí mismo, le conducirá indefectiblemente hasta los límites de su propia realidad, que es tanto como decir hasta los pies de su Creador, ya que según dice aquel texto clásico, «donde acaba el hombre, allí empieza Dios».


BIBLIOGRAFIA


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6. Blay, A. - La tensión nerviosa y mental. Cedel. Barcelona, 1965.

7. Chertok y otros. - La relajación. Ed. Científico-Médica. Barcelona, 1960.

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12. Kerneiz, C. - La Relaxation a la lumiére du Yoga. J. Tallandier. París, 1956.

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14. Krapf, E. - Angustia, tensión, relajación. Paidós. Buenos Aires, 1952.

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16. Lerner, M. - Hipnosis clínica, relajación e hipnoandlisis. Ed. Médica Panamericana. Buenos Aires, 1964.

17. Macdonald-Bayne, M. - How to relax and revitalise yourself. Fowler. Londres.

18. Roon. K. - New way to relax. The World's Work. Surrey, 1957.

19. Schultz, J. H. - El entrenamiento autógeno. Ed. Científico-Médica. Barcelona, 1962.

20. Analecta Terapéutica, núm. 47. Lab. Norte de España. Masnou, 1961.

21. Winter, E. - Maltrise psychotonique. La relaxation. Encyclopédie Médico-Chirurgicale, 25-437. A. 10. París, 1961.

TERCERA PARTE
SUGERENCIAS COMPLEMENTARIAS Y APLICACIONES PRÁCTICAS DEL ESTADO DE RELAJACIÓN GENERAL CONSCIENTE


CAPÍTULO PRIMERO
SUGERENCIAS COMPLEMENTARIAS A LA PRÁCTICA DE LA RELAJACIÓN

Vamos a dar a continuación diversas notas, observaciones y sugerencias que esperamos ayuden a numerosas personas a alcanzar el estado de relajación con mayor rapidez y profundidad.

Algunas de estas observaciones son producto de nuestra propia experiencia en la práctica y en la enseñanza de la relajación, otras son resultado de la experiencia personal de nuestros alumnos, y otras, en fin, son recomendaciones hechas por diversos autores bien calificados.

Nadie debe desconcertarse por leer tantas sugerencias diferentes sobre un mismo tema, ni tampoco debe pretender ponerlas en práctica todas ellas de manera inmediata. En ésta, como en otras materias similares, el practicante debe estar dispuesto a experimentar en sí mismo, comprobando, después de repetidos ensayos, cuáles son los detalles que mejor se adaptan a sus necesidades personales. Y aún es mejor que se ejercite paso a paso en varias modalidades de prácticas, porque constatará en su experimentación que si bien en determinadas ocasiones tal procedimiento le resulta sumamente eficaz, en otros momentos, en cambio, serán otras prácticas o detalles los que más le facilitarán el llegar a un estado de perfecta quietud y tranquilidad.


1. Nunca se debe intentar la relajación física inmediatamente después de llevar varias horas de relativa inmovilidad: trabajo de oficina, tertulia con amigos, etc. El cuerpo en estas condiciones necesita movimiento, ejercicio, y no es momento propicio para una nueva inmovilización.

Hay que exceptuar tan sólo el momento de despertarse por la mañana. En efecto, en ese momento, si las circunstancias exteriores lo permiten -no tener que levantarse apresuradamente por necesidades fisiológicas o de horario, calma de ambiente, etc.- y si al mismo tiempo uno aprende a mantenerse interiormente bien despierto, aunque tranquilo y en silencio, es sumamente aconsejable permanecer unos instantes en relajación consciente. Estos instantes son preciosos, tanto para ahondar más y más en el estado de relajación, perfeccionándolo, como para aprovecharlos utilizando ciertas técnicas de autotransformación -sugestión profunda, meditación, contemplación-, según explicaremos más adelante.

En el instante de despertar, si el sueño ha sido relativamente tranquilo y profundo, el cuerpo y la mente permanecen aún en el estado de relajación ideal. El problema reside en conseguir que, sin abandonar para nada esta placidez, yo esté lúcido, consciente de mí mismo y de mi estado general, pero sin salir al mundo externo -esto es, manteniendo los ojos cerrados- y sin enredarme en ideas, recuerdos, etcétera. Sólo ha de existir conciencia de mí mismo, estado de quietud y silencio. En esta condición el foco activo de mi mente -mi atención intencional- está en condiciones óptimas tanto para entrar en lo profundo de mi inconsciente, implantando allí las ideas positivas que se hayan previamente elegido, como para adentrarse en los niveles superiores de la mente -intuición- o para actualizar más y más nuestra unión con Dios, abriéndonos a Él, siempre presente y activo en el mismo centro de nuestro ser.

La dificultad de todo esto, salta a la vista, es la tendencia que experimentarán muchas personas a quedarse inmediatamente dormidas de nuevo. Y la solución única a esta dificultad es ejercitarse en practicar durante todo el día el acto de estar autoconsciente -lo que en varios de mis libros se describe como atención central o atención intencional-. Esta práctica es la que mejor prepara para poderse mantener lúcido en todo momento y situación. Y también, pues, en el momento de despertarse. Y además de esto, el requisito indispensable en todo aprendizaje: práctica inteligente, perseverante y con paciencia incansable a toda prueba.

Así, pues, repetimos que salvo el caso del momento del despertar, no es aconsejable la práctica de la relajación después de haber estado varias horas inmóvil. Por el contrario, la mejor preparación inmediata para la relajación es el ejercicio corporal de cierta intensidad: hatha-yoga, gimnasia o intensa actividad física.
2. -En el aprendizaje de la relajación es muy importante la toma de conciencia del estado interno del cuerpo, esto es, la percepción de la sensación general que nos señala el grado de tensión o de relajación muscular y nerviosa. Esta percepción interna es la que sirve en la práctica no sólo de referencia sobre el grado de distensión conseguido, sino que también será utilizada más adelante como punto de partida para lograr a voluntad la relajación global instantánea.
3. - El ejercicio de la relajación consciente requiere una entrega completa a la experiencia. Es imposible, pues, alcanzar un estado satisfactorio si algún sector de nuestra mente está pendiente de alguna posible interrupción, de alguna ulterior gestión pendiente, del tiempo que ha transcurrido y otras cosas por el estilo.

Uno debe asegurarse que durante los diez, veinte o treinta minutos que durará la sesión, nada ni nadie le vendrá a molestar. Por su parte, el sujeto debe hacerse la idea, muy clara y concreta, que durante estos minutos uno deja completamente aparte todos los asuntos pendientes. Que estos minutos representan un paréntesis en su actividad y preocupaciones. Son unas minúsculas vacaciones -minúsculas pero totales- que uno se toma porque así lo ha decidido y porque le son de gran utilidad. Después, solamente después de acabado el ejercicio volverá a pensar en los asuntos habituales. Estos han de ser unos minutos dedicados por completo a la toma de conciencia de sí mismo en el aislamiento del silencio y en la paz interior.


4.-Algunas personas no logran discernir la importancia de una plena dedicación, de una total entrega a la correcta ejecución de las prácticas en el momento de hacerlas. Se conforman con un «más o menos», un «ya está bien», confundiendo la relajación consciente con un tumbarse a descansar un rato, como si se tratase de algo parecido a una «siesta», dejando que la mente divague a su gusto de un lado para otro. La relajación exige la plena presencia interna del sujeto, es un proceso que aun cuando transcurre dentro de un marco de completa pasividad externa, requiere la máxima lucidez de la mente, la máxima actualización de la atención concentrada.

La diferencia entre un modo y otro de practicar puede representar exactamente la diferencia entre la curación definitiva de un trastorno y el seguir arrastrándolo toda la vida, entre tener acceso a un mundo libre y luminoso y permanecer indefinidamente encerrado dentro de la maraña de los propios temores y preocupaciones.


5. -En los primeros pasos de la relajación puede ser una eficaz ayuda el evocar la sensación de peso. Esta sensación debe comenzarse en los brazos, primero el derecho, luego el izquierdo; se pasa luego á las piernas, después al tronco y finalmente a la cabeza. La fórmula a representarse es: «mi brazo pesa», «mi pierna pesa», y, finalmente: «todo mi cuerpo pesa, se hunde más y más en el suelo».
6. -También puede ser una buena ayuda, después de la sensación general de peso, evocar la sensación de un suave calor agradable que primero se siente en el plexo solar -o boca del estómago- y de ahí se irradia al resto del tronco y a las extremidades. Hay que exceptuar en esta evocación de calor, a la cabeza. Siguiendo las instrucciones de Schultz, hay que procurar, una vez se consigue con facilidad esta sensación de calor en todo el cuerpo, evocar una sensación de frescor en la frente.
7. - Para facilitar la etapa de tranquilización del estado de ánimo -una vez conseguidos los primeros resultados en la relajación meramente física- es útil evocar un estado afectivo agradable: amor tranquilo, paz, etcétera.
8.-La relajación muscular se facilita evocando la sensación de bienestar general asociándolo al libre movimiento respiratorio. Dejar que el vientre respire solo, por sí mismo, con entera libertad ya trae consigo esta sensación de bienestar físico. Pero el evocar deliberadamente el bienestar facilita también el que la respiración se haga más libre y natural, perfeccionándose así el estado de relajación.
9. -Para las personas que se proponen en serio trabajar para un mejoramiento definido de su personalidad, es una buena práctica el tener una frase clara, corta y gráfica, que sea la consigna de lo que uno se propone conseguir. Esta frase ha de ser objeto de diaria reflexión y meditación, para ahondar más y más su significado y sus implicaciones. Cada persona ha de elegir su propia consigna de acuerdo con su caso personal y sus deseos. A título puramente ilustrativo podemos citar algunas de tales frases posibles «Llegar a ser yo mismo del todo», «Yo soy energía cordial e inteligente», «Comprender más a los demás es afirmarme más a mí mismo», «Siempre despierto y bien centrado», etc.

Esta misma frase uno debe repetirla a lo largo del día en todo momento de descanso, yendo por la calle, etc. Esta práctica refuerza el efecto transformante de la reflexión y de la autosugestión (véase el capítulo dedicado a la transformación del carácter). Pues bien, si uno hace esta práctica, entonces en el momento de la relajación la repetición de esta frase facilita extraordinariamente el estado de relajación profunda y de relajación de la mente. No hay que decir que la repetición tranquila de esta frase ha de hacerse, especialmente en la relajación, sólo mentalmente, aunque procurando siempre evocar el estado o la actitud significada por ella.


10. -La práctica de la relajación puede también hacerse en un sillón o una butaca que permita apoyar no sólo los brazos, sino también la espalda y la cabeza. Es conveniente buscar la manera de que la cabeza quede bien apoyada de manera que al relajarla no se incline hacia un lado. Puede ser útil colocar una manta doblada a cada lado de donde se apoya la cabeza de manera que quede en medio un hueco en el que la parte posterior de la cabeza encaje con comodidad. (Véase figura 1).



Fig. 1

11. -Una práctica que es eficaz para inducir un estado de tranquilidad anímica y mental, y que es quizá la práctica más extendida en todo Oriente, consiste simplemente en contemplar con calma pero con perfecta lucidez el ritmo de la respiración. Esto es, seguir con atención la sensación del vaivén del vientre mientras éste se mueve tranquilamente y con libertad al ir respirando. No hay que intervenir de ninguna manera activa ni en la respiración -que ha de ser lo más natural y espontánea posible- ni en el vientre. Mirar, contemplar, sin razonar ni juzgar, pero tampoco sin dormirse ni disminuir la lucidez. Es un excelente ejercicio de descanso, de revitalización y de concentración mental. Es mejor hacer esta clase de práctica cuando se hace la relajación sentado en un sillón que no cuando se hace extendido en el suelo o en la cama.


12. -Para inducir el silencio de la mente, una vez logradas las fases previas, puede ser útil para ciertas personas el representarse un paisaje muy amplio y tranquilo.

También puede serlo imaginarse que uno contempla las vías del tren desde el último vagón: las dos líneas se van alejando, alejando, hasta convertirse en un punto allá muy lejos.

Una práctica útil para ahondar el silencio de la mente, consiste en representarse un paisaje de noche. La luna llena, que está más o menos frente a los ojos, muy lentamente va ascendiendo hacia encima de la cabeza. Esta práctica sólo debe intentarse cuando se ha conseguido ya un buen estado de tranquilidad mental.

También para facilitar el silencio de la mente es una buena práctica el mirar simplemente la oscuridad que se hace en la mente. Otras personas encontrarán más fácil escuchar el silencio. Y aún otras observarán que les va mejor sentir la sensación de vacío, de soledad.


13. -Cuando uno se da cuenta que se ha distraído, lo primero a hacer es permanecer tranquilo y no impacientarse. A continuación hacer dos o tres respiraciones más lentas y conscientes y volver a la evocación de, descanso, silencio, etc.
14. -Recordamos que no hay que pretender silenciar la mente sin que antes se haya logrado que el cuerpo esté bien relajado y que el estado de ánimo sea tranquilo y agradable.
15.-No se debe luchar con las imágenes o ideas que surjan. Hay que aprender a mantenerse en la actitud de espectador impasible. Nada le ha de hacer salir de su conexión con la sensación de descanso, de bienestar, tranquilidad, etc.
16. -Ocurre con frecuencia que un día uno consigue un magnífico estado de relajación profunda, pero luego pasan días y días sin que sea posible volverlo a alcanzar. Esto es completamente normal y no ha de producir desánimo alguno.

Lo que suele suceder es que cuando se consigue una relajación más profunda, con el consiguiente estado que lo acompaña, se produce en el sujeto un doble efecto. Por un lado la satisfacción inherente al estado logrado y también la satisfacción de haber hecho un progreso tangible. Pero por otro lado, surge casi siempre el miedo, la desconfianza hacia todo lo que es una experiencia nueva, hacia lo que es desconocido. De ahí que a pesar del deseo consciente de volver a repetir aquella experiencia, el recelo más o menos consciente impide durante algún tiempo la necesaria entrega interior para volverla a conseguir.


17. -La práctica de la relajación no ha de considerarse como algo con que se ocupa un tiempo libre. Es un tiempo de plena dedicación a algo básico: a tomar mayor conciencia directa de uno mismo, al margen de todo estímulo externo e interno.
18. -Cuando se aprende a aflojar algo que estaba tenso -sea de orden físico, afectivo o mental- se está aprendiendo una fase tan importante del propio dominio como cuando se aprendió a tensar lo que estaba suelto.
19. -La relajación progresiva es una progresiva desidentificación con todo cuanto es ajeno a nuestro verdadero yo.

CAPITULO II
LA ACTITUD POSITIVA EN LA RELAJACIÓN Y EN LA VIDA COTIDIANA

¿QUÉ ES LA ACTITUD POSITIVA?


Vamos a estudiar aquí la actitud positiva en todas sus fases, tanto en la relajación como en el aspecto dinámico de la vida. Por un lado se nos aconseja vivir siempre en una actitud positiva y, de hecho, todo el mundo está convencido de que la actitud positiva es algo excelente, pero el problema viene en realidad a la hora de llevarla a la práctica, y, sobre todo, el intentarlo en determinados momentos de especial dificultad.

La importancia del tema justifica que hagamos ahora un repaso de todo esto, precisando conceptos y dando orientaciones para su práctica más efectiva en toda situación.

¿Qué es realmente la actitud positiva? Es vivir siempre y en todo momento conectado interiormente con nuestras cualidades centrales positivas, esto es, con nuestras cualidades intrínsecas de energía, de conocimiento y de amor. Vivir conectado con lo que realmente es el Yo, de manera que entonces esta conexión por ser algo directo entre la mente consciente y esas cualidades centrales no depende para nada de ningún hecho exterior.

En realidad, esta actitud positiva implica dos aspectos distintos. Por un lado, el que yo sea siempre consciente de mí mismo como sujeto, con total independencia de toda alteración, de toda acción o incluso de todo estado; yo, como simple sujeto, como espectador, como protagonista del acontecer, va sea interno o externo. Y, por otro lado, es una disponibilidad óptima de todo yo en relación con las situaciones que en cada momento se crean.

La distinción que hacemos sobre esta doble disposición es fundamental, como veremos. Porque en la práctica, cuando se habla de actitud positiva todo el mundo suele asociarla con más facilidad al hecho de una disposición activa, de una actitud combativa frente a la vida, un estar animado, optimista, dispuesto exteriormente. Y efectivamente, toda persona que lo ha probado se da cuenta de la importancia que esto tiene, porque le es sumamente útil. Pero esto es sólo una fase de la verdadera actitud positiva. Las personas no distinguen normalmente este doble contenido de la actitud positiva: la conciencia de sujeto en cuanto sujeto y, aparte, la disposición óptima hacia la acción, con la consiguiente actitud despierta y afirmativa que tal disposición requiere. A muchas personas les cuesta diferenciar la primera parte de este doble acto y esto es debido a que normalmente no se sienten a sí mismas sino en la medida que se relacionan con algo, que actúan hacia algo, ya sea otra persona, una cosa o una situación externa.

La persona tiene que aprender a cultivar su actitud positiva en los dos aspectos: en el aspecto de sí mismo, en tanto que sí mismo; y luego en el de este sí mismo que se pone en determinada relación con las cosas, personas o situaciones.

LA ACTITUD POSITIVA EN LA PASIVIDAD Y EN LA ACTIVIDAD
En primer lugar hay que descubrir la actitud positiva cuando uno está receptivo, ya que esto es lo que la mayor parte de personas no han descubierto todavía. Y luego habrá de venir el aprendizaje de la actitud positiva no sólo en los momentos en que uno está receptivo, sino incluso cuando uno está totalmente pasivo. Uno está receptivo, por ejemplo, cuando está escuchando; en una actitud de recibir algo. Esta actitud receptiva puede ser positiva o negativa. En otro momento estarán sin actuar y sin recibir, estarán simplemente descansando y este descanso es una actitud propiamente pasiva; pues bien, también esta situación pasiva, de no hacer nada, hay que vivirla de un modo positivo.

Con respecto a la acción, la actitud positiva no sólo nos conduce a que rindamos más en los aspectos utilitarios de la vida, sino que también facilita el que uno viva con más libertad interior, que uno perciba las cosas con mayor objetividad y que uno vaya creciendo en fortaleza interior, en maduración anímica.

Cuando la persona aprende a vivir sintiéndose a sí misma, siendo consciente de sí misma en todo momento, se da cuenta que hay algo en sí misma que es aparte de las cosas que hace o dice, aparte de lo que piensa y de lo que le ocurre por dentro. Se da cuenta que él es en todo momento, haga esto o lo otro, haga algo o no haga nada. Esto da a uno una noción directa, una experiencia inmediata de independencia respecto a las cosas que ocurren. Esto, curiosamente, hay pocas personas que lo experimenten espontáneamente. Uno suele estar tan estrechamente conectado con su acontecer interior o exterior que en cada momento se cree ser aquello que le ocurre, y por eso si lo que le ocurre es desagradable, la persona se vive a sí misma negativamente, y si lo que le ocurre es agradable, positivamente.

En realidad no debiera ser así. La persona es siempre algo intrínseco, algo positivo, con total independencia de que le ocurran cosas agradables o desagradables. Es decir, hay que aprender a cultivar esta vivencia más central de yo, cómo espectador, en todo momento. Cultivándola en todo momento se descubre que hay una constante, lo mismo si ocurren cosas agradables como desagradables. Esa constante que hay detrás de las variaciones nos conduce hasta una evidencia nueva, una evidencia interior de independencia respecto a las diversas cosas y circunstancias. Se ve que hay un factor común, una identidad de uno consigo mismo más allá de todos los cambios. Esto es lo que da una sensación de verdadera independencia y de libertad interior. Uno se emancipa. Las cosas ya no le afectan como antes, a pesar de que puede manejarlas mejor que antes, porque al no confundirse con las cosas aprende a valorarlas sin tendenciosidad. De este modo adquiere una visión más correcta de las personas, una valoración más justa de las situaciones y, por lo tanto, su capacidad de juicio y de decisión gana también en calidad.

Al mismo tiempo este vivir conectado con sus cualidades interiores, con las nociones básicas de realidad, de energía, de discernimiento, hace que estas mismas cualidades, que están dentro de un modo potencial, se vayan desarrollando y manifestando con mayor celeridad. Esto proporciona a la persona una gran fuerza y solidez interior. Su núcleo central, el núcleo del yo-experiencia, se va consolidando de una manera extraordinaria. Esto conduce directamente a ese estado de fortaleza, de estabilidad y de maduración que en el fondo todos están buscando a través de una cosa u otra.

LA ACTITUD DE CENTRAMIENTO NO DEBE ALEJARNOS DE LA VIDA


Algunas personas piensan que este vivir centrado en sí mismo puede conducirles a una indiferencia o apatía por todo lo externo.

Confunden la independencia interior con la indiferencia o frialdad. Piensan erróneamente que si no se identifican con lo que ocurre, personas o acontecimientos que rodean su vida, no pueden sentir su impacto. Y es que uno sin darse cuenta tiende a interpretar el estado de no identificación con el estado de aislamiento interior en que uno se cierra a la impresión de lo externo y lo mira todo solamente desde fuera; y no es esto. Cuando uno aprende a estar centrado uno puede abrirse totalmente a1 impacto, a la impresión, y uno tiene mucha mayor sensibilidad que antes, mejor dicho, tiene la misma, pero dispone de ella del todo, cosa que antes no ocurría porque siempre había una actitud de rigidez como autoprotección. En el momento en que uno se siente seguro, fuerte, ya no tiene necesidad de protegerse, porque no se: siente amenazado, y entonces es cuando puede aceptar lo que venga. Pero si yo no me siento yo en mí mismo y tan sólo me apoyo en unas impresiones, o en unos estados de ánimo, forzosamente he de retener estas impresiones, o buscar otras que sean más positivas y agradables para mí, a fin de sentirme artificialmente más fuerte. Por eso el lograr esta actitud de atención central, se traduce en una libertad y en un aumento de poder interior. Uno dispone de sí mismo, dispone de su sensibilidad, puede abrirse. No queda impresionado ni por las ideas, ni por las emociones; uno percibe las propias emociones pero las percibe como algo exterior al yo. Sin embargo las vive y las siente del todo; no es un simple mirarlas con un juicio crítico, como hace la persona que está normalmente cerrada, y como se suele hacer siempre y a diario. Se trata de ser yo del todo, sintiendo el yo como centro de este todo. Y entonces que este yo se abra a la experiencia; y esta experiencia no modificará para nada al yo, sino simplemente ensanchará su campo de vivencia, su campo experimental, pero sin hacerle perder en modo alguno esta cohesión, esta axialidad, esta independencia básica que le caracteriza. En consecuencia, uno disfruta mucho más que antes.

Y de la misma manera, uno aprende también a expresarse con más naturalidad, con más libertad que antes, porque antes uno tenía que estar siempre calculando lo que decía y cómo lo decía, si representaba un riesgo para la propia seguridad social, o la idea que los demás se formaban de uno mismo, la opinión, la crítica, etc. Pero cuando uno vive centrado, ciertamente toma en cuenta el problema de la crítica, porque es un hecho real, pero no depende interiormente de él y, por lo tanto, puede expresarse con toda la libertad, aunque de hecho utiliza esta libertad justo en la medida que lo juzga prudente en cada situación.

Entonces se produce un modo nuevo de poder vivenciar las cosas y en verdad se disfruta mucho más que antes. Se parece un poco a lo que experimenta un buen actor cuando ha de vivir un papel y este papel lo puede vivir muy conscientemente. El actor disfruta enormemente al representar aquel papel y al expresar aquellos sentimientos que trata de vivir. Pero en la medida que él se mantiene consciente, él se siente independiente de aquello que expresa, sin dejar por eso de sentirlo. O sea, cuanto más capaz es de sentirlo y al mismo tiempo de mantenerse él mismo centrado, consciente, más aumenta su capacidad de disfrute; juega mejor porque juega más todo él. Y exactamente igual ocurre en la receptividad: uno participa más plenamente en lo que ve.

Algo semejante pasa también con los sentimientos de compasión. Todo el mundo nos dice que es muy bueno compadecer a los otros, y compadecer quiere decir compartir lo que el otro siente. Y esto es medio verdad y es medio mentira.

La compasión es positiva cuando va acompañada de una desidentificación, es negativa cuando se está identificado. Abrirse al sufrimiento del otro es bueno, pero identificarse con el sufrimiento del otro es aumentar el propio mal y el del otro. Por tanto, esto sólo tiene sentido cuando uno es capaz de mantenerse independiente interiormente, y en esta actitud se abre al modo de sentir del otro. Porque, además, sólo así tendrá uno la capacidad de influir sobre el otro, de poder ayudarle, de reaccionar frente a él. En cambio, si uno está identificado con el sufrimiento del otro sólo aumenta la cantidad de llanto en el mundo, pero no aumenta nada bueno; sufrir por sufrir es absurdo; ahora, sufrir para compartir algo y a partir de este algo que comparte ayudarle a subir un escalón, conducirle a algo más luminoso, esto sí es positivo. Por tanto, creo que la compasión es positiva en la medida que hay esta conciencia central, esta desidentificación y al mismo tiempo una auténtica sinceridad para recibir lo que siente el otro.

¿Cómo se cultiva esta actitud positiva en cada uno de los aspectos que hemos citado? Esto es lo que vamos a explicar ahora, viendo su aprendizaje concreto en la vida activa, en la vida receptiva y en la relajación o descanso.

LA ACTITUD POSITIVA EN LA VIDA ACTIVA


En la vida activa es fácil de ver porque es a lo que naturalmente uno la asocia con más facilidad. Yo debo estar conectado con mis cualidades básicas, no con unas cualidades que yo me invento, sino con las cualidades que me son intrínsecas, que yo intuyo están en mí, porque forman parte inherente de mi ser, y estas cualidades abarcan tres aspectos: aspecto energía, aspecto conocimiento y aspecto amor. El aspecto energía, comprende la noción de potencia o de realidad de ser. Cuando uno aprende a centrarse en esto, uno descubre progresivamente que hay ahí una fuerza extraordinaria. El segundo aspecto es el aspecto conocimiento, pero no se trata ya del conocimiento adquirido, sino la capacidad de comprender, la capacidad de saber. Es una capacidad de evidenciación. Tenemos la capacidad de darnos cuenta: yo me doy cuenta. Esta capacidad de darse cuenta es tan natural en nosotros, es tan inherente al yo del hombre como el hecho mismo de ser, como el hecho de que este ser tiene un aspecto energía. Y por último, el aspecto amor. Muchas personas dirán: es que el amor es para mí algo incidental, que en un momento se tiene, pero que en otro momento no se tiene. El amor al que nos referimos es algo esencial, es el amor como sustancia misma del propio ser. Hay un aspecto de satisfacción, de felicidad, que es inherente al hecho de ser. Es esa sensación de felicidad que no depende para nada de la relación con algo o con alguien. Es ese amor o cualidad que los hindúes llaman ananda, o beatitud, y que se traduce en una buena disposición, en una buena voluntad y una cordialidad permanentes con total independencia de la situación, o de la circunstancia externa. Esto es algo que está realmente en mí, algo que a medida que voy descubriendo, por intuición directa, el hecho de ser, se va actualizando en mí. Pues bien, me he de obligar a mantenerme conectado en este triple aspecto, aunque inicialmente me apoye más en el que pueda ser más consciente. Para una persona será más fácil conectarse con el aspecto energía, para otra con el aspecto lucidez, para otra quizá con el aspecto felicidad o cordialidad.

Entonces la persona al vivir mentalmente conectada con estas cualidades básicas está en una disposición sintónica, en una disposición de actividad interior que le permite ponerse en contacto y adaptarse mejor a las situaciones exteriores. Está en contacto permanente con todo el aspecto dinámico de su personalidad, y así está dispuesto a moverse físicamente, está dispuesto a responder a estímulos exteriores, está dispuesto a exteriorizar cordialidad, afecto- o cualquier otro sentimiento. Todo surge entonces desde la misma conciencia de ser, desde esta conciencia de ser en donde se sintoniza con toda la gama de sus facultades dinámicas, tanto en el aspecto físico, como en el mental y el afectivo.

Pero hay que evitar que esta actitud positiva en cuanto a la acción degenere en una excitación, en una agitación, lo que sería negativo. Hoy día las personas están sujetas a una demanda constante de acción y es fácil que caigan, por eso, en un desagradable y pernicioso estado de tensión. Entonces lo que debería ser una actitud positiva, pero bien centrada y serena, interiormente tranquila, aunque exteriormente muy dispuesta, se convierte en una tensión general hacia la acción, en una excitación. Esto hay que evitarlo, y se evita cuando la persona aprende a cultivar paralelamente la actitud positiva en el aspecto receptivo y en el aspecto descanso. Es necesario que la persona aprenda a mantener esta actitud positiva en toda situación, hasta que consiga vivir positivamente todas las fases del ritmo de la vida.

LA ACTITUD POSITIVA EN EL ESTADO RECEPTIVO


Veamos el aspecto receptivo, que es cuando una persona, por ejemplo, está oyendo o viendo cualquier cosa. Aquí ocurre que algunas personas no saben estar en esta actitud positiva. La actitud positiva consiste también en este caso en mantenerse conectados con esta realidad central de uno mismo, con ese aspecto de energía, de conocimiento, de bienestar, de felicidad. Si estoy en todo momento conectado con mi centro entonces puedo abrirme; abrirme para enterarme, para dejar penetrar en mí al otro, a lo demás. Si estoy escuchando, que realmente escuche, pero manteniendo siempre este centramiento, esta actitud positiva por dentro y receptiva hacia fuera. Entonces cuando la persona aprende a escuchar, a mirar, a mantenerse receptivo conservando al mismo tiempo esa actitud positiva, la persona nunca se sentirá invadida, nunca se sentirá inferior a la situación. Digo esto porque muchas veces la resistencia que hay para escuchar de veras, para interesarnos de veras por los demás, es un miedo a ser presionado por el otro, un miedo a ser influido por el otro y el consiguiente deseo de querer afirmarse a sí mismo rechazando la completa admisión y manteniendo una actitud de acción.

Al vivir la persona en actitud centrada, se vive a sí misma de una manera tan segura y evidente que desaparece el miedo; porque desaparece toda sensación de estar a expensas del otro. Uno se siente fuerte aun siendo enormemente receptivo. Y cuanto más va percibiendo, entendiendo o captando ideas, impresiones o emociones, manteniendo al mismo tiempo esa conciencia central de sí mismo, más fuerte se va sintiendo, más sólido en sí mismo y a la vez más independiente con respecto a eso mismo que está percibiendo. O sea que por un lado aumenta su receptividad, pero por otro lado se evita la identificación con lo que está percibiendo; uno es más sensible y percibe de veras, pero al mismo tiempo se mantiene interiormente él mismo. Esto es fundamental en la actitud receptiva y esto es lo que hace falta cultivar. Hay pocas personas que vivan la receptividad de esta manera, bien sea porque se ignora, porque no se nos ha enseñado o bien porque la actitud de recibir se asocia a una actitud meramente pasiva y no a una afirmación de sí. Hay, pues, que aprender a afirmarse sin miedo a la vez que se está totalmente receptivo y abierto, como también mientras uno habla, actúa o se expresa.

LA ACTITUD POSITIVA EN EL ESTADO PASIVO O DE RELAJACIÓN
Cuando esto se cultiva una y otra vez, por actos repetidos, uno va adquiriendo esta noción más central de sí mismo y entonces es posible que aprenda a tener también esta actitud positiva en el momento en que está descansando, en el momento en que realmente está pasivo, cuando uno está alejado de todo el mundo exterior. Cuando uno hace relajación general, siempre existe el peligro de que uno caiga en un estado de inercia imaginativa o de torpor, y es por eso tan importante aprender a cultivar la actitud positiva en todo momento. Se trata de que al hacer relajación o al descansar uno se mantenga continuamente conectado con esta realidad que es uno mismo. También entonces yo soy energía, conciencia y bienestar; yo que me siento aquí, y que estoy experimentando un aflojamiento, un soltar todo, ya sean estados o sensaciones físicas, ya sean tensiones o estados emocionales, o bien actitudes o estados mentales. Y este mantenerme yo en mí mismo es una noción que se hace tan simple que permite realmente aflojar fácilmente todo lo demás.

Eso es tan importante que sin ello es imposible ahondar en la relajación, y quien dice la relajación, en los estados de silencio interior.

Gracias a esta actitud la relajación tendrá un carácter positivo en todo momento. Es gracias a esto que yo podré darme cuenta de todo lo que ocurre y dirigir todo el proceso de la relajación. No me encontraré que me ha ocurrido esto o aquello y luego me entero con sorpresa de lo que me ha pasado; tampoco me encontraré que me he dormido sin darme cuenta. En todo momento seré yo quien estoy presente, yo quien estoy manejando, conduciendo, manteniendo el estado. Siempre se mantendrá esa actitud centralmente positiva, aunque todo lo demás esté completamente suelto, aflojado. Además, esto evita las desviaciones, desviaciones que son muy frecuentes, y en varios sentidos, tanto en la relajación general como en los estados diríamos de relajación mental. Por un lado el atontamiento. Creo que al hacer relajación todos hemos experimentado al principio que, en ocasiones en que a uno le parece que está bien relajado, en realidad lo que está ocurriendo es que se va quedando como atontado, la conciencia se queda medio eclipsada u oscurecida. Esto es lo más opuesto a la verdadera relajación consciente, y a la adecuada actitud mental en todo trabajo interior de profundidad.

IMPORTANCIA Y NECESIDAD DE LA ACTITUD POSITIVA DURANTE LA RELAJACIÓN


La actitud positiva central es lo que, una vez más, evita este embotamiento, y evita también que se produzcan movimientos incontrolados de las cargas que hay en nuestro interior: cargas del inconsciente, cargas emocionales, instintivas, etc. Si la persona queda en un estado pasivo y esto lo practica con cierta frecuencia, es posible que los impulsos tiendan a querer salir, y que no encuentren la capacidad de inhibición y de control que normalmente efectúa nuestra mente consciente. Al intentar estar con la mente en silencio, existe el peligro de que los impulsos vayan ganando preeminencia y que encuentren menos resistencia para salir, y que esto se traduzca en una dificultad para controlar la propia conducta. Puede que le salgan a uno cosas completamente fuera de lugar, cosas perjudiciales. En cambio, la actitud positiva lo evita de un modo total, de un modo rotundo.

Y ya que estamos en esto tendríamos que decir unas palabras sobre el silencio; el silencio en la relajación y el silencio como estado propio, para indicar en qué casos es positivo y cuándo no lo es.

El silencio es positivo cuando la actitud central es positiva, es decir, cuando se mantiene esta lucidez, esta conciencia de sujeto bien clara, bien presente. Entonces no hay peligro en el silencio. Se puede mantener durante el rato que uno sea capaz de hacerlo y se puede hacer con la frecuencia que uno desee. La actitud positiva no hará nada más que permitir que uno vaya descubriendo activamente nuevas zonas de realidad de sí mismo y que al mismo tiempo vaya descubriendo los modos de funcionar de lo que son los instrumentos de su personalidad: sus automatismos mentales, sus conexiones, sus hábitos, etc.

En cambio, el silencio es desaconsejable y peligroso cuando no existe esta conciencia positiva, central, de uno mismo. Un poco de silencio no produce ningún daño, porque al cabo de unos momentos se convierte en sueño; el problema es cuando esto se alarga y se alarga, porque a veces uno puede encontrar una satisfacción, una sensación especial en este silencio. Entonces uno queda a merced de los impulsos, de los estímulos que le puedan venir de cualquier parte, sea de su zona inconsciente, sea de aspectos más sutiles exteriores, o de otras influencias externas. Ante ellas la persona queda inerme, no tiene capacidad de control, no puede discernir ni valorar, no puede reaccionar y esto es negativo.

Ciertamente el silencio es estupendo, es un medio y un camino extraordinario, pero sólo en la medida en que la persona puede mantener esta lucidez central de sí misma, esta conciencia positiva de sí misma en todo momento y circunstancia.

LA ACTITUD POSITIVA, CLAVE PARA CONTROLAR EL DOBLE RITMO VITAL


Ahora que hemos hecho una revisión de la actitud positiva en sus diversas fases o estados, podemos comprender que uno tiene que aprender a darse cuenta que en la vida diaria se funciona con un doble ritmo actividad-receptividad (o sea acción hacia afuera y acción hacia adentro), y luego el ritmo actividad (sea en cualquier dirección) y descanso. Se trata de ver si este ritmo funciona básicamente bien en la persona, porque esto es absolutamente necesario para el equilibrio; el equilibrio somático que llamamos salud y el equilibrio psíquico que se traduce en una personalidad armónica, adaptada a sí misma y adaptada al ambiente.

Es probable que en nuestra personalidad encontremos que hay algo que necesita ajustes y esta necesidad de ajustes viene siempre condicionada bien por un exceso de acción, bien por un exceso de atonía, sea de la personalidad en general o bien de algún nivel concreto en particular.

EL RITMO ACTIVIDAD-DESCANSO EN NUESTRA VIDA COTIDIANA
Creo que es muy conveniente que a la luz de estas simples nociones examinemos de cerca nuestra propia vida cotidiana. ¿En general, mi vida está equilibrada en cuanto se refiere a actividad y descanso? No solamente si descanso lo suficiente, que esto es ya importante, sino si vivo el descanso de manera suficientemente positiva. Porque hay personas que por su edificación han ido valorando el movimiento, la actividad, por encima de todo y se han convertido en grandes activistas creyendo que sólo aprovechan el tiempo cuando están moviéndose. Naturalmente, este tipo de pensamiento se traduce luego en un regateo constante en lo que es descanso, les parece que cuando descansan no viven, les parece que cuando descansan no son ellas mismas, y si existe esta valoración, es natural que esto se traduzca en un modo trepidante de vivir, en una exigencia constante que no hace nada más que ir tensando todos los mecanismos hasta que viene una rotura, rotura que se traduce en un profundo desequilibrio a veces recuperable, a veces más difícilmente recuperable.

Lo primero, pues, que habría que preguntarse es ¿vivo la actividad y el descanso de una manera suficientemente positiva? Porque también puede suceder que lo que uno viva de una manera no positiva sea la actividad. Hay ciertas personalidades para quienes el descanso es lo mejor de la vida, es lo único que tiene sentido; en cambio, la actividad es una obligación, es una cosa a la que no hay más remedio que doblegarse y así cuanta menos actividad tenga, mejor. De esta manera es posible que la persona esté precisamente desequilibrada por este lado y no por el otro.

¿Cómo se nota si la persona está realmente equilibrada o no? Porque no se trata ahora de un equilibrio cuantitativo de tantas horas de actividad y de tantas horas de descanso; sino que el equilibrio siempre será en relación con la capacidad de vivirlo de una manera positiva. Cuando la persona vive de una manera positiva descubre cuándo es natural el descanso y cuándo es natural la actividad. Pero cuando se toma el descanso o la actividad como una huida o como algo que hay que hacer cuando no queda otro remedio, entonces desaparece su sentido de proporción, su sentido de medida. Entonces se hace excesivo esfuerzo en la actividad y se huye en el descanso, o viceversa, y por lo tanto en esta huida no hay medida; es simplemente una cosa negativa.

Cuando la persona aprende a vivir positivamente el descanso y la actividad, entonces no necesita huir porque lo mismo se vive a sí misma de un modo positivo en una cosa que en la otra. Entonces puede ajustarse con precisión a lo que son imperativos de sus mecanismos naturales, de su naturaleza profunda, dando siempre la respuesta adecuada frente á cada una de las exigencias, sean interiores o exteriores.

EL RITMO ACTIVIDAD EXTERIOR-RECEPTIVIDAD
Después de este ciclo general actividad-descanso, la persona debería mirar: ¿mantengo también suficiente equilibrio entre lo que es actividad exterior y receptividad? ¿Entre lo que es mi actitud de exteriorización y mi actitud de recepción? ¿O solamente tiendo a valorar la acción? ¿O por el contrario, tiendo a valorar mucho más la recepción? ¿Quiero siempre que me den, que me expliquen, que me hagan, quiero ser en el fondo un espectador del mundo y no un actor en el mundo? Es preciso que uno aprenda a mirar no solamente si uno está más tiempo en la actitud receptiva, o activa, sino si sabe mantenerse en una actitud positiva tanto en una cosa como en la otra. Porque sólo educando su capacidad positiva en la recepción y en la acción, es cuando podrá recuperar el verdadero sentido auténtico del ritmo natural, del ritmo correcto. Cuando para la persona el actuar no sea un huir, ni el escuchar otro modo de huir, sino que sepa vivirse positivamente en los dos aspectos, entonces se sentirá afirmado en cualquier situación, y seguirá espontáneamente lo que su ritmo natural le pide.

Este examen de uno mismo no ha de versar solamente sobre la actividad o la receptividad tomadas en general, sino que debe realizarse en cada uno de los niveles de nuestra personalidad.

¿Soy yo físicamente que estoy crispado o bien tiendo a una atonía, a una pereza, a una falta de tono? ¿O quizá no es físicamente, pero sí emocionalmente? Puede ser que mi problema, mi campo de batalla sea más lo emocional, lo anímico, que lo meramente físico. ¿Estoy en actitud abierta o estoy cerrado? ¿Estoy tenso o estoy relajado? ¿Estoy suficientemente tenso cuando necesito estar tenso, o siempre estoy relajado y entonces estoy demasiado pasivo frente al impacto de los demás? Y mi mente, ¿está suficientemente tensa en el momento de actuar? ¿Está suficientemente relajada en el momento de percibir? ¿O no lo está?

Sólo el examen continuado, realizado un día tras otro, es el que nos permitirá regularizar nuestros ritmos, toda nuestra modalidad de ser. Esto en la vida tiene mucha importancia. Cada uno tiene un estilo de vida, y este estilo de vivir está hecho de momentos de contracción y momentos de apertura, y según cómo se seleccionen y relacionen estos momentos dan una modalidad peculiar a nuestra vida que puede conducirnos a una plena y armónica expansión de la personalidad, cuando el ritmo es correcto, o bien nos irá desadaptando interna y externamente en el caso de que tal ritmo sea antinatural.

La observación desapasionada mediante la atención en constante actitud positiva nos permitirá descubrir claramente los fallos que puedan existir en nuestros hábitos cotidianos y ponerles rápida y adecuada solución.




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