Antonio Blay fue investigador de Ia naturaleza humana y del desarrollo de eu potencial inte¬rior No fue solamente un teóri¬en, sino que practicó amplia¬mente les diversas técnicas quo enseñaba



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SEGUNDA PARTE
PRÁCTICA DE LA RELAJACIÓN


CAPÍTULO PRIMERO
PRELIMINARES

Vamos a exponer a continuación toda una serie de detalles de carácter práctico que son las condiciones previas ideales para la mejor ejecución de las prácticas de aprendizaje de la relajación. Pero éstas son sólo, como decimos, las condiciones ideales. Las circunstancias particulares de algunas personas pueden impedir que se reúnan estas condiciones, pero no por ello se han de considerar imposibilitadas para el aprendizaje de la relajación. Todas las condiciones que se indican lo son sólo a título de orientación y cada cual ha de adaptarlas, en lo posible, a su caso personal.


LUGAR. - El lugar elegido para practicar la relajación ha de ser tranquilo, bien ventilado y a salvo de interrupciones inoportunas. Aunque la relajación profunda se hace mucho mejor sobre una base dura, como el suelo, nuestros hábitos comodones occidentales nos permiten hacerla sobre la cama o un diván, a condición de que no sean excesivamente blandos.

La temperatura de la habitación ha de ser tal, que en caso de quedar dormido no exista posibilidad de enfriarse. En invierno, por lo tanto, será conveniente cubrirse con una o dos mantas; cuando la temperatura es templada, con una sábana, etc.

En realidad, no se trata de prevenir la posibilidad de quedarse dormido, aunque esto también puede ocurrir al principio. Es que durante la relajación profunda, el cuerpo queda en una condición similar a la del estado de sueño: disminuye la temperatura interna, la frecuencia cardíaca, la respiración se hace más lenta y profunda, etc.

Evite toda corriente de aire durante las prácticas, incluso en verano.

En cuanto a la tranquilidad del lugar, si no puede conseguirse un silencio completo, cosa bien difícil en nuestras ciudades, puede también hacerla donde los ruidos le sean ya muy familiares, con tal de que esté bien seguro de que durante el tiempo del ejercicio nada ni nadie vendrá a interrumpir las prácticas.

La luz que mejor conviene es una suave penumbra.
ROPA. - Si las prácticas se efectúan durante el día, como que se irá vestido, no hace falta quitarse ropa, especialmente cuando el tiempo es fresco. Lo que sí es imprescindible es que la ropa no cause la menor molestia al cuerpo, por lo que se tendrá mucho cuidado en aflojar aquellas prendas que produzcan alguna presión: cinturón, corbata, cuello de la camisa, zapatos, etc. Téngase en cuenta que estas prendas pueden no molestar estando de pie, pero al cambiar de posición, es decir, al extenderse horizontalmente y aflojar la musculatura consciente, pueden dificultar entonces la libre respiración y la circulación de la sangre.
HORA. - Al escoger una hora determinada del día para las prácticas, ha de tomar en consideración algunos factores que dependen de usted; momento del día en que más fácilmente pueda disponer de una media hora libre de obligaciones, momento en que pueda estar seguro de que nadie vendrá a importunarle, cuando hay más tranquilidad en el lugar elegido para el ejercicio, etc.

En general y aparte de las circunstancias particulares de cada uno, ha de tener en cuenta que:

Si practica la relajación al despertarse por la mañana, puede encontrarse con que la mente no esté lo suficientemente despejada y a los pocos momentos vuelva a quedarse dormido.

Lo mismo puede ocurrir, aún más fácilmente, si hace las prácticas de relajación por la noche antes de dormirse: el cansancio del día puede impedir que se mantenga la mente tan clara y despejada como es de desear.

Si lo hace después de comer, puede ciertamente facilitarle la digestión, pero el torpor mental que acostumbra a acompañar al proceso digestivo, no es el mejor estado para que la mente pueda aprender a dirigir la distensión o aflojamiento sistemático de los músculos.

A nuestro entender, los mejores momentos del día para el aprendizaje de la relajación consciente son a media mañana, a media tarde, poco antes de la comida y poco antes de la cena.

Cuando se hace el ejercicio antes de la comida o de la cena es conveniente que antes de ponerse a comer se haga unos momentos de ejercicio suave, como andar, arreglar las cosas, etc., para que el cuerpo esté mejor entonado para ingerir la comida.

Una vez elegida la hora que mejor reúna las condiciones deseadas, manténgala todos los días. No la cambie, a no ser por un motivo plenamente justificado. Su cuerpo y su mente se acostumbrarán a este ritmo y obedecerán con más facilidad.


DURACIÓN DEL EJERCICIO. - Los primeros quince días, lo mejor es dedicar al entrenamiento dos sesiones de quince o veinte minutos, una a media mañana o antes de comer, y otra a media tarde o antes de cenar. Después, a medida que se vayan dominando las fases preliminares, puede alargarse el tiempo de cada sesión hasta media hora, lo que se hará con gusto debido al bienestar que se acostumbra a experimentar.

Cuando se llegue a dominar por completo la técnica, entonces ya estará uno mismo en condiciones de apreciar intuitivamente la duración y frecuencia convenientes.


POSICIÓN. - Para el aprendizaje de la relajación general, la posición consiste en estar en decúbito supino, o sea, extendido de espaldas, boca arriba, los pies algo separados entre sí, en posición perfectamente natural, los brazos a los lados del tronco con las palmas de las manos hacia arriba y los dedos un poco doblados con naturalidad. En el yoga hindú, se denomina a esta postura con el nombre de shavasana o postura del cadáver, debido a que realmente todo el cuerpo ha de reposar extendido en el suelo como si estuviera muerto.

Algunas personas aconsejan poner almohadas debajo de las rodillas, de los riñones, de la nuca, de los antebrazos, etc. Nosotros hemos podido comprobar en la gran mayoría de las personas a quienes hemos enseñado estos ejercicios, que se puede conseguir una perfecta relajación sin necesidad de almohada alguna, ni siquiera debajo de la cabeza. Por esta razón aconsejamos al principiante que se acostumbre ya desde los primeros días al entrenamiento sencillamente extendido sobre la cama o diván, de modo que el cuerpo quede lo más horizontal posible, y prescindiendo, salvo necesidad muy personal, de todo aparato o artificio suplementario.

La boca se mantiene naturalmente cerrada, aunque la mandíbula inferior, al relajar los músculos de la cara, queda siempre algo descendida.

Los ojos se mantendrán semicerrados o cerrados del todo. En la fase elemental del entrenamiento, aconsejamos el tenerlos semicerrados para contrarrestar la tendencia del principiante a quedarse dormido.

Hay unos pequeños detalles que conviene cuidar para llegar más rápidamente al resultado final. Uno de ellos es el que la columna vertebral esté lo más plana posible, es decir, que es conveniente que toquen al suelo el mayor número de vértebras posible. Nos referimos, claro está, a la región lumbar que conviene esté en línea recta con las restantes vértebras, reduciendo al mínimo la natural curvatura o lordosis lumbar. Un poco de práctica hará posible conseguirlo con comodidad en la mayoría de las personas. La señal de que esto está conseguido es que la respiración surge de un modo espontáneo en la forma abdominal, con sensación de libertad, comodidad y amplitud.

Otro detalle que la práctica demuestra ser de importancia, es la exacta posición de la cabeza. En efecto, una pequeña variación en la inclinación de la cabeza hacia arriba o hacia abajo puede entorpecer o facilitar la relajación. Hay una posición exacta en la cual la cabeza queda óptimamente colocada para que la sangre circule sin obstáculo alguno y para que la respiración pueda proseguir su curso sin la menor dificultad aunque se prolongue el ejercicio. Cada cual ha de buscar por sí mismo esta posición exacta, que a menudo requiere tan sólo una variación de unos pocos milímetros respecto a la que se había adoptado en el primer momento.


En los comienzos de la relajación, es experiencia muy frecuente que a los pocos minutos de permanecer en la posición indicada, se sienta una imperiosa necesidad de moverse. Esta necesidad, que es psicológica y no física, conviene resistirla y dominarla hasta que desaparezca. No obstante, si antes se ha hecho suficiente ejercicio o esfuerzo, esta necesidad de moverse no se presentará. Entonces, el descanso es la continuación natural del ejercicio.
Observaciones importantes: 1ª. Al empezar la relajación haga siempre dos o tres respiraciones completas y profundas. Al terminar el ejercicio o si tiene que interrumpirlo por algo imprevisto, haga siempre dos o tres respiraciones profundas antes de intentar moverse.

2ª. No interrumpa nunca bruscamente la relajación, pues podría causarle algún perjuicio en el sistema nervioso. El alejamiento o acercamiento consciente del cuerpo se hace siempre mediante estos dos elementos: mente y respiración, y su acción ha de ser en todo momento suave y gradual. Por lo tanto, si ha de interrumpir la relajación súbitamente, en vez de intentar moverse o de hablar en seguida, piense primero que ahora dejará este estado y volverá al estado normal; entonces respire profundamente un par de veces y abra los ojos; haga otra respiración completa y contracture los músculos, especialmente los de los brazos y piernas, como si se desperezara por la mañana al despertarse. A continuación ya podrá moverse sin el menor inconveniente.


RESPIRACIÓN. - Al empezar la sesión haga siempre dos o tres respiraciones lentas y completas, como ya hemos dicho. Después, pase a hacer respiración natural abdominal, sin forzarla. Mantenga esta respiración a lo largo de todo el ejercicio, que se irá haciendo por sí misma más lenta y profunda a medida que se profundice el estado de relajación, y viceversa, volverá a ser más ligera cuando el estado sea también más superficial. Al terminar, no se olvide nunca de hacer las dos o tres respiraciones lentas y profundas acompañadas de la idea de volver al estado normal y seguidas de la contractura como se ha iniciado al final de la 2ª observación; antes de ponerse en pie.
ACTITUD MENTAL. - La actitud mental es el eje de todo el aprendizaje de la correcta relajación. La mente consciente ha de llegar a ser el elemento dinámico y rector de todo cuanto está por debajo de ella cuerpo físico y sus sensaciones, sentimientos, imaginaciones y pensamientos.

La actitud mental que se ha de tener indispensablemente durante todas las fases de la relajación, consiste en mantener la atención perfectamente despierta y tranquila de modo que pueda dirigir, desde el principio hasta el fin, todo el proceso psico-fisiológico como se indicará en su lugar. Esta atención al principio será intermitente por la habitual interferencia de pensamientos, imágenes y recuerdos, pero poco a poco, gracias a la práctica constante y al esfuerzo dirigido, la mente se irá estabilizando y el foco mental de la atención podrá dirigirse y mantenerse a voluntad durante todo el tiempo necesario sobre los puntos requeridos. Los estados mentales se irán transformando a medida que se progrese, hasta llegar al punto en que la mente podrá mantenerse completamente despierta aparte de toda operación mental, esto es, se mantendrá completamente tranquila y despierta sin pensamiento alguno: es el estado que denominamos conciencia-testigo o atención central. Es la fase final de la relajación en su aspecto mental y cuando se llega a alcanzar, aunque sólo sea por breves instantes, produce una transformación profunda de toda la personalidad.


Ahora, pues, solucionados los preliminares externos e internos, extendido ya cómodamente sobre la cama, envuelto en una suave penumbra que invita al silencio y al recogimiento, entremos propiamente en el aprendizaje de la relajación.

CAPÍTULO II
APRENDIZAJE PROGRESIVO DE LA RELAJACIÓN

GENERAL CONSCIENTE PRIMERA Y SEGUNDA FASES

PRIMERA Y SEGUNDA FASES


Primera semana
Una vez colocado en la postura y demás condiciones indicadas en el capítulo anterior, proceda, con calma, del modo siguiente:

1º Haga tres respiraciones lentas y profundas, por la nariz y con la boca cerrada.

2° Piense que va ahora a relajar todo el cuerpo porque usted así lo desea.

3° A continuación afloje de golpe todos los músculos de los cuales sea consciente, con un gesto interior global de soltar, de aflojar, de dejar ir.

4° Haga ahora diez respiraciones normales, pero algo más lentas, repitiendo a cada espiración, esto es, al sacar el aire por la nariz, este gesto de aflojamiento general, que es el mismo que seguramente habrá hecho en muchas ocasiones, cuando estando muy fatigado, ha podido al fin tenderse en la cama y, suspirando, «se deja caer del todo en ella». Mantenga clara en la mente esta idea de aflojar, soltar y relajar todo el cuerpo y repita una y otra vez el gesto a cada nueva espiración.

5º Descanse unos momentos, uno o dos minutos, y aprovéchelos para mirar mentalmente el estado en que se encuentra el cuerpo, es decir, para tomar clara conciencia de la sensación que le viene del cuerpo mientras está en este estado de reposo.

6° Piense que ahora va a poner fin a este estado de relajación y que va a volver al estado vigílico normal.

Haga tres respiraciones, siempre por la nariz, aumentando a cada una el volumen de la inspiración.

8° Después de la tercera respiración mueva los dedos de las manos y de los pies y contracture unos instantes los músculos de los brazos y de las piernas. Acto seguido ya puede ponerse en pie, dando por terminado el ejercicio.

La ejecución de este ejercicio durará en conjunto tan sólo unos diez minutos, pero para los primeros días es suficiente. Recuérdese lo que hemos dicho referente a la duración y frecuencia de la relajación en la parte teórica y, en consecuencia, procúrense hacer dos de estas sesiones de entrenamiento cada día.

Es evidente que la relajación conseguida por ahora será todavía bastante imperfecta, pero si cumple estrictamente estas instrucciones habrá empezado a acostumbrarse a manejar todos los elementos que le asegurarán más adelante una relajación perfecta. Por favor, insistimos, no descuide ninguna de las indicaciones que le damos: todas ellas son esenciales y es importante aprender desde el principio su correcta ejecución: le facilitarán enormemente el conseguir con la máxima rapidez y perfección las fases más adelantadas y difíciles.
Segunda semana
1º Haga tres respiraciones lentas y profundas, por la nariz.

2° Piense que va ahora a relajar todo el cuerpo.

3° A continuación afloje de golpe todos los músculos de los cuales sea usted consciente, con un gesto interior global de soltar, de aflojar, de dejar ir.

4° Haga ahora cinco respiraciones normales, pero algo más lentas, repitiendo a cada espiración - este gesto de aflojamiento general.

50 Ponga ahora la atención en los pies y las piernas, siéntalos, y durante otras cinco espiraciones dedíquese a aflojarlos de un modo especial y suplementario. Así es que, manteniendo el cuerpo en el mismo estado del número 4, dirija suavemente la atención a la sensación interior de las piernas, piense con claridad que ahora las va a aflojar más y más y repita el gesto interno de relajarlas durante cada una de las cinco espiraciones. Aun cuando usted tenga la impresión de que están ya bien relajadas y que no puede conseguirse más, no importa, insista. Precisamente en este esfuerzo suplementario y aparentemente inútil reside uno de los secretos del éxito en la relajación profunda.

60 Haga lo mismo del punto anterior con los brazos y las manos, durante otras cinco respiraciones.

70 Descanse unos momentos, uno o dos minutos, y aprovéchelos para registrar el estado interno del cuerpo en general y de las extremidades en particular.



8° Piense que ahora va a poner fin a este estado de relajación y que va a volver al estado vigílico normal.

9° Haga tres respiraciones, siempre por la nariz, aumentando a cada una el volumen de la inspiración.

10. Después de la tercera respiración mueva los dedos de las manos y de los pies y contracture unos instantes los músculos de los brazos y de las piernas. Acto seguido ya puede ponerse en pie, dando por terminado el ejercicio.
Tercera semana
1º Haga tres respiraciones lentas y profundas, por la nariz.

2° Piense que va ahora a relajar todo el cuerpo.

3° A continuación afloje de golpe todos los músculos de los cuales sea usted consciente, con un gesto interior global de soltar, de aflojar, de dejar ir.

4° Haga ahora cinco respiraciones normales, pero algo más lentas, repitiendo a cada espiración el gesto de aflojamiento general, incluyendo además la relajación especial de piernas y brazos.

5° Ponga ahora la atención en el plexo solar, esto es, en la boca del estómago, sienta interiormente esta región, y durante otras cinco espiraciones dedíquese a aflojar de un modo especial y suplementario, extendiendo la relajación a toda la región del vientre.

6° Haga lo mismo con la región del pecho, durante otras cinco respiraciones.

7º Descanse unos momentos, uno o dos minutos, y aprovéchelos para registrar el estado interno del cuerpo en general y de las extremidades y tronco en particular.

8° Piense que ahora va a poner fin a este estado de relajación y que va a volver al estado vigílico normal.

9° Haga tres respiraciones, por la nariz, aumentando a cada una el volumen de la inspiración.

10º Después de la tercera respiración mueva los dedos de las manos y de los pies y contracture unos instantes los músculos de los brazos y de las piernas. Acto seguido ya puede ponerse en pie, dando por terminado el ejercicio.


Cuarta semana
1° Haga tres respiraciones lentas y profundas, por la nariz.

Piense que va ahora a relajar todo el cuerpo.

3° A continuación afloje de golpe todos los músculos de los cuales sea usted consciente, con un gesto interior global de soltar, de aflojar, de dejar ir.

4° Haga ahora cinco respiraciones normales, pero algo más lentas, repitiendo a cada espiración el gesto de aflojamiento general, incluyendo además, la relajación especial de las extremidades y el tronco.

5º Ponga ahora la atención en la nuca, sienta interiormente esta región y durante otras cinco espiraciones dedíquese a aflojarla de un modo especial y suplementario, extendiendo la relajación a toda la región del cuello.

6º Haga lo mismo con los músculos de la cara, frente, maxilar inferior, lengua, etc., durante otras cinco respiraciones.

7° Descanse unos momentos, uno o dos minutos, y aprovéchelos para registrar el estado interno del cuerpo en general y de la cabeza y cuello en particular.

Piense que ahora va a poner fin a este estado de relajación y que va a volver al estado vigílico normal.

9° Haga tres respiraciones, por la nariz, aumentando a cada una el volumen de la inspiración.

10º Después de la tercera respiración, mueva los dedos de las manos y de los pies y contracture unos instantes los músculos de los brazos y de las piernas. Acto seguido ya puede ponerse en pie, dando por terminado el ejercicio.


Quinta semana
1º Haga tres respiraciones lentas y profundas, por la nariz.

Piense que va ahora a relajar todo el cuerpo.

3º A continuación afloje de golpe todos los músculos de los cuales sea usted consciente, con un gesto interior global de soltar, de aflojar, de dejar ir.

4° Haga diez respiraciones normales, que ahora tendrán ya que salir espontáneamente del tipo abdominal, haciendo en el momento de cada espiración un acto general de aflojamiento de todo el cuerpo. En el grado actual de práctica, ha de poder conseguir esta distensión muscular con mucha mayor rapidez y profundidad.

5° Durante cuatro o cinco minutos, dedíquese a descansar mentalmente y observe de vez en cuando si existe la más mínima tensión en alguna parte del cuerpo, y de ser así, aflójela suavemente. Sienta todo el cuerpo descansando.

6° Piense que ahora va a poner fin a este estado de relajación y que va a volver al estado vigílico normal.

7° Haga tres respiraciones, por la nariz, aumentando a cada una el volumen de la inspiración.

8° Después de la tercera respiración, mueva los dedos de las manos y de los pies y contracture unos instantes los músculos de los brazos y de las piernas. Acto seguido ya puede ponerse en pie, dando por terminado el ejercicio.

Con esto pueden darse por bien completadas las dos primeras fases de la relajación que hemos descrito en la Parte Teórica. Aunque es frecuente que aparezcan rasgos o características que corresponden a un estado o fase ulterior, sin haber conseguido realizar del todo la fase preliminar, al llegar al final de esta quinta semana ha de ser capaz de dominar con relativa facilidad y bastante perfección la relajación general de la musculatura consciente. Esto lleva consigo el experimentar la conciencia global periférica del cuerpo, la sensación general de hormigueo y calor, apunta ya de un modo más o menos claro la conciencia de un bienestar físico, que corresponde propiamente a la tercera fase.

TERCERA FASE O GRADO DE RELAJACIÓN


Sexta semana
1º 2° y 3º, como en las semanas anteriores.

4º Una vez conseguido el estado de aflojamiento general aprendido en la última semana, dirija su atención hacia el movimiento respiratorio. Respire del modo más natural posible, y sin pretender modificar para nada esta respiración, dedíquese a observarla tranquilamente. Primero, siga con la mente el movimiento físico del diafragma y del pecho; al cabo de un rato dirija la atención a la sensación interna del impulso respiratorio. Nada más. No quiera modificar en ningún sentido la respiración que surge de un modo espontáneo y natural. Tan sólo mirar y sentir, esto es, contemplar. Prolongue este ejercicio hasta unos 15 minutos.

Cuando la mente se aleje de esta atención por aparecer imágenes o pensamientos extraños al ejercicio, vuélvala de nuevo, suavemente, hacia la respiración.

Y esto cuantas veces sean precisas, sin impaciencias ni violencia de clase alguna. Si ha seguido puntualmente las instrucciones de las semanas precedentes observará que el control de la mente no resulta ahora tan difícil como se imaginaba al principio.

5°, 6° y 7º, como los tres últimos puntos de las semanas anteriores.
Séptima semana
1º, 2° y 3º, como en las semanas anteriores.

4º Como resultado de la observación sobre la respiración seguida durante la semana anterior, habrá comprobado seguramente que la respiración sale de un modo desigual, irregular y arrítmica. Se trata ahora de conseguir su regularidad, esto es, que la inspiración y la espiración tengan la misma duración y que su frecuencia sea regular, constante. No se trata de modificar el volumen, sino tan sólo el ritmo. Por consiguiente, corrija, siempre sin violencias, los dos movimientos respiratorios alargando un poco el que sea más corto y acortando un poco el que sea más prolongado, hasta que consiga que el ritmo se mantenga de un modo regular. Haga este ejercicio durante unos quince minutos.

5º, 6º y 7°, como los tres últimos puntos de las semanas anteriores.
Octava semana
1º, 2º y 3 °, como en las semanas anteriores.

4° Manteniendo la atención sobre el ritmo respiratorio como en la última semana, procure ahora aumentar de modo muy suave su profundidad, su volumen. En ningún momento hay que forzar nada. La respiración ha de surgir tan lenta y suavemente como antes, sólo el volumen se amplía un poco; la inspiración algo más profunda y la espiración también. Mantenga esta práctica durante veinte o veinticinco minutos.

5º, 6º y 7º, como los tres últimos puntos de las semanas anteriores.
Hemos conseguido ahora, plenamente, la tercera fase o grado de relajación general consciente. Ha de experimentar una gran sensación de placidez y de bienestar durante el ejercicio. La mente, asimismo, notará que queda muy calmada, aunque no silenciosa del todo, lo que corresponde a la fase siguiente.

La persona que haya seguido sistemáticamente las prácticas tal como se han recomendado hasta aquí, tiene asegurados los resultados que se indican en los cinco primeros números de las páginas 16-17 [CAPÍTULO PRIMERO; apartado: CONSECUENCIAS DE LA FALTA DE DESCANSO] lo que constituye ya, por sí mismo, una espléndida realización.

HACIA LA CUARTA FASE
Es la fase de la autoconciencia mental. Una vez se consigue con facilidad el estado de placidez y de bienestar general propio de la tercera fase de la relajación consciente, puede emprenderse con éxito esta etapa superior, que consiste en la relajación mental o dominio del pensamiento. Intentar abordar esta fase sin haber conseguido sobrepasar las anteriores es someterse a un esfuerzo tan penoso como inútil. Pero si se emprende el control de la mente después de haber dominado los demás niveles, sorprenderá la facilidad con que se consigue este dominio sobre el propio proceso de pensar, que tan difícil, si no imposible, parece al principiante.
Veamos en qué consiste la práctica:
1º, 2º y 3º, como de costumbre.

4º Durante unos cinco minutos continúe con la mente centrada en el ritmo respiratorio, como en la fase anterior. A continuación, dirija suavemente la atención hacia sus propios pensamientos. Del mismo modo que en la tercera fase miraba tranquilamente el ritmo respiratorio, mire ahora su propia actividad mental, sin hacer nada más, sin querer cambiarla ni suprimirla, sólo como espectador pasivo que asiste al espectáculo de unas ideas o imágenes que vienen y se van, sin intervenir para nada en ellas, ni siquiera para valorarlas ni juzgarlas.

Cuando esta actitud de espectador esté bien establecida, lo que puede conseguirse a los diez o quince días de iniciada esta cuarta fase de relajación, dé orden a la mente, desde el fondo, de que guarde silencio. Quiera, sencillamente, que todo se tranquilice, que la mente quede limpia, tranquila y silenciosa. Repita dos o tres veces, muy sutil pero claramente, la orden: silencio, más silencio, silencio profundo, silencio...

Después de media hora, termine el ejercicio con los tres puntos de costumbre.

Es casi seguro que al principio encontrará dificultad en mantener la mente en la actitud espectadora señalada al principio. Ayudará el fijar la atención primero durante unos momentos, en el punto medio o punto de partida del impulso respiratorio. En efecto, al mirar fijamente el punto central e inmóvil alrededor del cual gira el vaivén respiratorio, se produce un doble efecto en la mente: se estabiliza y se profundiza. Sabemos que esto resultará ininteligible para el lector ocasional de estas líneas, pero todo aquel que haya seguido escrupulosamente las instrucciones dadas hasta aquí, estará en condiciones de comprender bien a qué nos referimos. Así, pues, una vez centrados mentalmente durante unos momentos en el centro del impulso respiratorio, se dirige de nuevo la mirada mental hacia la pantalla de la mente para contemplar cuantos pensamientos e imágenes persistan todavía en aparecer, y que ahora serán ya muy pocos.

Al cabo de unos cuantos días de práctica, conseguirá que la mente quede, por lo menos durante un rato, tranquila y quieta, sin necesidad de forzar ni violentar ningún mecanismo mental. Es ya el silencio de la mente.

Este silencio es efecto de una profundización real de la conciencia y no de una inmovilización artificial y forzada de la mente. Cuando se experimente este silencio mental en el estado de perfecta lucidez que requiere la relajación consciente, un nuevo nivel de conciencia emergerá del fondo de su personalidad. Una de las notables impresiones que se experimentan al conseguir efectivamente este silencio mental consciente, es la de sentirse inmensamente libre, o quizás sería más adecuado decir que uno se siente a sí mismo como liberado. Al mismo tiempo, se tiene la evidencia también de estar en contacto con algo más grande, algo inmenso, vivo y poderoso que dilata la mente y la vivifica de un modo extraordinario.

Es evidente que para lograr la perfección de esta cuarta fase y, por consiguiente, estos estados de conciencia que hemos mencionado, se requiere un trabajo perseverante de varias semanas. Pero aunque sólo se perciba esta experiencia profunda durante unos breves instantes en los primeros quince días de iniciada esta etapa, será ello compensación más que suficiente de los esfuerzos realizados, a la vez que estímulo para seguir adelante con la práctica,

Con la práctica, este estado se podrá renovar una y otra vez hasta que, muy lentamente ahora, se irá afianzando en el trasfondo de la conciencia vigílica. Empieza aquí a funcionar la atención central o conciencia-testigo en el propio nivel mental. A partir de este momento, deja de dependerse de la propia actividad mental: se empieza a ser consciente de un nivel de la propia realidad más allá del pequeño mundo de las formas mentales de tipo personal (que son las únicas que nos causan preocupaciones), y estas formas pueden empezar a manejarse a voluntad. El dominio real del pensamiento comienza a ser un hecho en todos los momentos del día, y esto transforma por completo toda la personalidad.

No se puede fijar el tiempo requerido para dominar esta fase de la relajación por completo, variando, como es natural, en cada caso particular. Como plazo general, puede señalarse el de uno o dos meses.

QUINTA FASE
A partir de la cuarta etapa, o fase de la relajación, todo trabajo de profundización se ha de hacer exclusivamente en la mente. Los estados conseguidos en las tres primeras etapas son la preparación necesaria e indispensable para que la mente pueda abstraerse de los niveles superficiales e inferiores de su propia esfera, penetrando entonces con plena conciencia en los niveles profundos y superiores del plano mental.

Esta quinta fase o grado, que es el de la conciencia de obscuridad, de vacío, es tan sólo el efecto de la prolongación de la fase anterior y es el punto de transición para llegar a la fase final, a la conciencia positiva de plenitud. Por lo general esta fase es de muy corta duración, unos días, pero hemos querido señalarla por su carácter distintivo de aparente negatividad. Vamos a tratar de describirla brevemente.

Cuando la quietud mental de la fase 4a se prolonga, la impresión de silencio se transforma, por sí sola, en la percepción de una oscuridad creciente y de un vacío cada vez más activo. La gran fuerza viviente que se empezó a sentir en la cuarta fase, adquiere aquí un extraño vigor, aparentemente negativo. Es, en efecto, algo que parece negar toda noción de vida, tal como la conocemos: es grande e inmenso y, sin embargo, vacío y oscuro; es vivo y poderoso y, no obstante, inaprehensible; es inteligente y, a pesar de esto, ininteligible en su naturaleza.

La mente tiende a agarrarse a las viejas experiencias y a los estados habituales, pero no obstante, siente la urgente necesidad de ir adelante, de soltar todo cuanto está aún retenido y de penetrar, sea como sea, en este nuevo mundo misterioso y desconocido. Cuando la mente afloja un poco más se tiene la impresión de que se está cayendo en un abismo negro y sin fondo. Evidentemente, se trata tan sólo de un estado subjetivo, consecuencia de aflojar por unos momentos las fuertes identificaciones de la conciencia en sus estratos profundos con las viejas experiencias de la vida corriente y elemental.

No hay peligro alguno en este descenso a lo interior, si la mente permanece firmemente centrada en su propio nivel mental, es decir, si se consigue mantener la atención central como núcleo consistente y básico a lo largo de toda la experiencia. Es muy difícil describir adecuadamente estos estados y experiencias, pero aquellas personas que lleguen o estén en sus proximidades comprenderán de qué se trata. A las demás, no hay forma posible de comunicarlo. Decíamos que no hay peligro alguno en estas experiencias, si se logra mantener una perfecta cohesión mental o punto integrado de atención. Es este punto integrado de atención el que hace posible que en cualquier momento se pueda retroceder en la experiencia. Es el que nos permite dominar por completo la situación. Si esta unidad de atención no está presente debe renunciarse por completo a esta clase de experiencias y estados: significa que la personalidad no está suficientemente integrada en el nivel de la mente y, por consiguiente, en vez de intentar penetrar de modo prematuro en estos niveles profundos necesita reforzar, coordinar e integrar la mente en sus niveles superficiales mediante otras técnicas adecuadas.

SEXTA Y ÚLTIMA FASE DE LA RELAJACIÓN


Poco podemos decir de esta fase, aparte de afirmar su existencia. Incluso si decimos que es la última, es sólo porque es la más elevada que, de algún modo, conocemos. Pero de la misma manera que a la noche sigue el día, de las tinieblas interiores surge la luz interior del alma. Este estado subjetivo, aunque dentro de un orden perfectamente natural, parece corresponder a la experiencia del «sí mismo», a la evidencia inmediata, como sujeto, de la realidad espiritual del alma. No podemos decir más. Añadiremos tan sólo que después, al encajarse de nuevo en la mente y demás estructuras psíquicas normales, se da uno cuenta, con asombro, de la extraña limitación en que habitualmente vive dentro del minúsculo y enmarañado mundo de los propios pensamientos y deseos personales.



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