Antologia audicion


Perfil Psicológico del niño sordo.5



Descargar 4.04 Mb.
Página3/3
Fecha de conversión16.12.2018
Tamaño4.04 Mb.
Vistas106
Descargas0
1   2   3

Perfil Psicológico del niño sordo.5

Relación psicosocial del niño sordo y su perfil conductual


Algunas de las cosas más difíciles para el resto de las personas normo oyentes, es como comprende un niño sordo el mundo que le rodea, y quizás uno de los ejemplos más claros, que se podrían permitir, es poder comprender la realidad que vive alguien que no escucha, es poner la televisión sin sonido y tratar de hacer un esfuerzo de poder asimilar lo que está ocurriendo en ese programa.

El oído es sin lugar a dudas un sentido que nos da relación de distancia, comunicación y sociabilidad, pues este sentido nos permite estar informado de la realidad que nos circunda, es un sentido de sobrevivencia, y sin ninguna duda es el sentido de la alerta y el sentido de la comunicación.

Estamos inmersos en un mundo en que chirrian las puertas y las ventanas, que alguien escucha música en algún lugar… De alguna forma es información que estamos recibiendo en forma inconsciente e ininterrumpidamente tanto despiertos como dormidos, no podemos negar o rechazar voluntariamente este estímulo sonoro ambiental.

La información auditiva nos permite controlar el medio que nos rodea, discriminando lo importante de lo trivial, aún en sueños. Ejemplo: Si ocurre una emergencia en un edificio, y suena una alarma, la persona con un déficit auditivo no tendrá consciencia de que existe algún peligro eminente.


Esto obviamente, produce un grado de limitación con el medio, ya que las personas no se desenvuelven en conexión natural con su medio, se ve limitada su adaptación, el desarrollo de su personalidad, lenguaje y cultura. La señal de presencia de una persona cerca estará supeditada a la captación de su campo visual y a la vibración que le permita percibir.



Señal de Alerta


Se refiere al anuncio de un acontecimiento relevante que implica una respuesta inmediata de nuestra parte. La audición es un sentido multidireccional, nos informa acerca de hechos que no están directamente visibles en nuestro campo visual.

En la calle, un bocinazo nos informa que un vehículo se aproxima.

En la casa, alguien nos llama desde otra habitación.

En el colegio, los timbres o campanadas nos informan de un cambio de actividades.



Comunicación

En nuestra sociedad nos comunicamos fundamentalmente a través del lenguaje oral, y mínimanente por el lenguaje escrito, en nuestra vida cotidiana, esto nos permite integrarnos socialmente.

Es gracias al lenguaje, que nos es posible expresar: sentimientos, emociones y pensamientos.

Organiza la claridad de los pensamientos ordenándolos gramatical, sintácticamente y lógicamente lo que nos permite una mayor comprensión y expresión de conceptos con diferentes niveles de abstracción.

Formaliza y agrupa libertades y prohibiciones sociales que constituyen el código moral del individuo.

Por lo tanto, la falta de audición inhibe el desarrollo emocional - social del niño, viéndose limitada a la expresión de sus ideas y sentimientos, así como la comprensión de su entorno.


Consecuencias de la pérdida de audición

Por todo lo anteriormente señalado se puede afirmar que la sordera es una disminución única, no visible físicamente y se limita a una pequeña parte de la anatomía; sin embargo, sus implicaciones son insospechadas con respecto al desarrollo emocional, social y educacional del individuo.

El aislamiento que puede sufrir una persona por la incapacidad de establecer un contacto libre y normal con otros seres humanos, es una tremenda barrera para su total participación en la vida, lo que en muchos casos produce grandes frustraciones.

Estas consecuencias que detallamos a continuación no se presentan implícitamente en todos los casos, se pueden presentar algunas, todas o ninguna y/o en diferentes grados; esta guía podrá ayudarnos a detectar y comprender las causas de sus reacciones.


Incomunicación con el mundo exterior

Es inevitable que la sordera aísle e incomunique a la persona en la realidad en que está inmersa. Dos niños pequeños jugando, uno oyente y uno sordo, podría ocurrir que mientras juegan con sus autitos, el oyente siente un ruido de algo que se cae, lo más seguro es que el niño oyente, salga fuera de la habitación a curiosear lo que ocurre, mientras que el niño sordo sigue jugando pero no entiende porque su amigo salió de la habitación y es posible que se sienta abandonado.


Esta incomunicación lleva frecuentemente a acrecentar un sentimiento de soledad. Este sentimiento se resume en las palabras de Agustín Yánez "sentir la angustia de estar y no ser".
Por ejemplo, como la persona sorda accede a la información sobre el medio que la rodea a través de la vista y el tacto, para saber lo que sucede a su alrededor necesita voltear la cabeza o desplazarse constantemente, conducta que se considera normal en la cultura silente, en tanto que, en la cultura oyente puede interpretarse como inquietud o inestabilidad.
Otra diferencia es el grado de participación social. Regularmente la persona sorda, que necesita usar el canal auditivo (suponiendo que ha logrado recursos oralistas, lectura labio facial y el rescate de sus restos auditivos, a través del método auditivo) para participar, hacer bromas y entender lo que sucede a su alrededor, es decir, para convivir, tiene que esforzarse mucho más que los oyentes y por eso participa menos.
Todo esto lleva a tener más acentuado el deseo de comunicación social que toda persona posee. Es muy común, por ejemplo, que interrumpa las conversaciones para que se le indique de qué se habla. Con frecuencia prefiere actividades que no le exijan una interacción comunicativa intensa y constante por el gran esfuerzo físico y emocional que implican. Estas actitudes son interpretadas muchas veces en sentido negativo por los miembros de la cultura oyente, quienes esperan de él o ella una mayor participación sin tener en cuenta el desgaste que le representa.
En suma, la adaptación social de la persona sorda, está directamente vinculada con la cultura a la que pertenezca. En una cultura de iguales, es decir una cultura silente, su adaptación social será normal porque su conducta se ajusta a las expectativas de su entorno; pero en un medio donde todos los demás son diferentes, es decir una cultura de oyentes, su adaptación social no se verá como normal por las expectativas que predominan en las mentes de los demás miembros del grupo, no coinciden con su forma de actuar y reaccionar.
La adaptación social no se limita al entorno más inmediato (la familia nuclear y extendida y algunos amigos o compañeros de escuela o de trabajo). Los miembros de la cultura silente necesitan relacionarse con personas oyentes por diversas razones, pues las culturas silentes son grupos minoritarios que están inmersos en grupos más amplios de oyentes.
Por estas circunstancias a las que se exponen las personas con pérdida auditiva, más aún en el caso de los niños y niñas pequeños o en edad escolar, es imperioso que el medio o cultura oyente también acceda al aprendizaje del LSM mínimas básicas que posibilite interactuar con ellos, al igual con las personas jóvenes o adultos en los lugares donde estudian y/o desempeñan algún trabajo, pues como fue mencionada la Ley de las Personas con Discapacidad ampara y prevé no solo el respeto a las diferencias individuales, sino a promover e impulsar en los diferentes sectores de la sociedad, iniciando en el educativo dicha posibilidad, como ha venido registrándose en varios casos en escuelas primarias y tele secundarias que docentes y compañeros de grupo han logrado hacerlo incluso con sumo interés y agrado.
Acentuada Afectividad
En general, el sordo presenta una acentuada afectividad, por su situación de dependencia, aislamiento, dificultad de comunicación y de relaciones sociales en que lo sitúa su falta de audición. Tiene mayor necesidad de amor, amistad, aprecio y consideración, una acentuada sensibilidad a los roces con el medio que lo rodea, es más vulnerable a las emociones, por lo que se afecta con mayor frecuencia e intensidad.

Un aspecto del sonido es su capacidad para provocar y transmitir emociones. Por medio del tono y volumen de la voz nos informamos y reconocemos el enojo y el afecto. Aprendemos que la falta de concordancia entre el tono y el contenido pueden significar sarcasmo o emociones encubiertas: el tono de la ira es diferente del que se usa para la ternura y el amor. La relación del sonido con las emociones es, sin duda, una parte importante del lazo que une al hijo con su madre. Esto es captado y aprendido desde los primeros meses de edad.


Desde el punto de vista del desarrollo emocional, la falta de audición interfiere las condiciones de proximidad, y la facultad de identificar los sentimientos claramente.

Mayor dependencia

Es en la comunicación donde queda de manifiesto su gran dependencia. El interlocutor deberá hablar más lento, situarse con la luz de frente, vocalizar bien, etc. Es por esto que dependerá de la voluntad y paciencia del que habla. Esto para algunos puede ser molesto, más aún si el que habla se dirige en un plano de superioridad.


Permanentemente la falta de comprensión del mensaje, le obliga a solicitar su repetición. En algunas ocasiones requerirá de intermediario cuando necesite hacer un llamado telefónico o atender un llamado, cuando los tonos del hablante le impiden captar todo el sentido el mensaje.


Agresividad, Brusquedad

Se tiende a calificar al sordo como una persona agresiva, y en realidad esto es una de las tantas conductas que puede presentar el individuo, que se desarrollará en relación al mayor o menor grado de hostilidad y armonía que tenga en su entorno. En este caso, la agresividad no se refiere a agredir a otro físicamente, sino a la brusquedad en sus juegos y/o en su forma de contactarse con otras personas. La agresividad en el sordo se ve más acentuada por tener que encauzarla a través del gesto o expresión corporal, al faltarle la habilidad oral que tiene el oyente.


Su limitación en el plano de la comunicación lo llevará en múltiples situaciones, a no comprender y a no ser comprendido, produciéndole frustraciones. Por ello mostrará conductas de irritabilidad, alejamiento, agresividad. Se debe tener presente que está más expuesto a ser marginado, violado en sus derechos; por lo tanto, sometido a abusos, injusticias, burlas, etc.


Sentimiento de inferioridad

Los aportes que entrega la audición, en especial el aspecto de comunicación oral, son valorados o sobrevalorados por la persona sorda que carece de este sentido; enfrentada al oyente, hace que desarrolle más fácilmente un sentimiento de inferioridad, ya que es aquí donde se hace más evidente su dependencia para establecer una relación comunicativa. A esto, se agrega que está expuesto, al igual que cualquiera de nosotros, a no tener una oportunidad de ser apreciado por otras habilidades que posea. Otro aspecto que lleva a veces a desarrollar sentimientos de inferioridad, son los problemas derivados de la no captación de fondo y de la falta de señal de alerta, señalados anteriormente.

Como se ha mencionado a lo largo de estas páginas la influencia del grupo familiar, fundamentalmente de los padres, en el desarrollo emocional social de un niño sordo. El tener un hijo con un déficit, cualquiera que sea, remece el grupo familiar en su estructura interna. Aceptarlo toma un tiempo de procesamiento, situación que varía de una familia a otra, de una persona a otra. Por ello es tan importante señalar la fortaleza, perseverancia que deben asentar los padres, pues ello facilitará o entorpecerá el desarrollo emocional-social del niño.

En el caso de un niño con déficit auditivo, derivada de la ansiedad que sienten los padres porque desarrolle el lenguaje oral, olvidando sus otras necesidades como niño. Quizás por ello es muy importante que ambos padres mantengan y apoyen su mutuo equilibrio emocional, porque su hijo los necesita a ambos para ir concretizando y aposentando su relación social y equilibrio emocional.

Finalmente, es importante recalcar que el sordo puede tener un comportamiento psicológico totalmente normal o tan normal como el oyente; en el mismo grado en que el oyente tiene patologías psicológicas, el sordo también las puede tener.
Desarrollo comunicativo

Este siguiente tema, esta relacionado íntimamente con el anterior y es importante hacer énfasis en las situaciones que aunque parezcan repetitivas, permiten obtener la empatía con el niño sordo, por el proceso al que esta expuesto en el desarrollo de su comunicación, que de por si, es complejo. Así que retomaremos las apreciaciones y aportaciones de Ramírez Camacho.


Construcción auditiva
El camino6 que describe la marcha vital del niño por la vida se manifiesta mediante la conducta, por medio de la cual toma actitudes ante circunstancias externas en forma de una proyección de su conjunto psicofísico hacia el mundo que lo rodea. Para que dicha relación sea útil es necesario que se establezcan íntimas conexiones entre el protagonista y su ambiente, cargadas de un alto grado de efectividad real y, a su vez, que las variaciones exteriores sean percibidas de forma inmediata por el niño.
Así pues, cuando la atención del niño normal es atraída por un asunto dominante (se encuentra absorto dibujando por ejemplo), su personalidad se encuentra en constante relación con el ambiente mediante el oído que es el órgano que nunca descansa. A través de la audición, esta recibiendo una información constante de los cambios que ocurren a su alrededor (se abre la puerta por donde entra la madre que trae la merienda).
El niño privado de audición no dispone de esta información adicional pero necesaria, por lo que ha de estar constantemente interrumpiendo su actividad para controlar de forma visual el ambiente, por lo que la continuidad de su conducta llega a tener interrupciones reflejas. Aunque el desarrollo social de la especie humana superará la necesidad del oído para asegurar la continuidad de la especie, su carencia tiene repercusiones importantes sobre el individuo.
Afortunadamente, aun las sorderas más importantes suelen respetar el componente táctil, íntimamente relacionado con el de la audición, por lo que el sujeto puede valerse de él para percibir las vibraciones de su alrededor (unos pasos, el golpe al cerrar una puerta).
Aunque en el hombre no sea tan esencial, para los animales el oído es el órgano de la atención, ya que gracias a este sentido que nunca duerme, puede permanecer siempre vigilante. De esa forma el oído es el más constante y medio primario de defensa animal que, una vez percibido, pone en marcha sus mecanismos localizadores de la agresión, entre los que juegan un papel fundamental la vista.
En el medio humano, habitualmente, no existe esta dependencia vital de la información recibida a través de los órganos de los sentidos. Pese a ello, la audición, siempre alerta, puede adquirir trascendental importancia ante circunstancias no controlables socialmente, tal como puede ser un accidente o diversos fenómenos de la naturaleza, de los que el hombre se encuentra normalmente alejado, gracias a la progresiva domesticación que realiza sobre el medio ambiente.
La aplicación de estos conceptos a la enseñanza del niño sordo implica que los estímulos visuales y táctiles están interrumpiendo constantemente su actividad, lo que puede influir en la consecución de una atención mantenida.

En los casos en que falta tanto el oído como la visión (sordo-ceguera), ambos sentidos calificados como “sociales” y definidos como “de distancia” por Myklebust (1983), la conexión ha de ser realizada en base a sensaciones táctiles y, en menor grado olfatorias.


Se puede observar cómo, ante la carencia de los sentidos predominantes, existe una transposición de la utilización relativa de los restantes, lo que influye en su esquema de conducta que se desenvuelve de forma diferente a la del niño oyente; la capacidad de respuesta del niño sordo ha de sufrir una serie de procesos cuya superación le capacitan para obtenerla.
Determinadas enfermedades productoras de sordera durante los primeros años de la vida son las causas de una constelación de lesiones neurológicas, en las que el síntoma que se estudia no es más que la manifestación del padecimiento de una parte del cerebro que se encuentra afectado total o parcialmente. Este caso es el ocurrido en algunas encefalitis y meningitis, así como ciertos casos de sorderas familiares ligadas a retaso mental. Si se incluyen estos casos dentro del total de las personas con discapacidad auditiva, la falsa conclusión obtenida, según su criterio estadístico, es que la sordera produce un enlentecimiento de la evolución mental. Es cierto que al fallar el lenguaje como organizador del pensamiento, el desarrollo mental ha de discurrir por vías distintas, pudiendo dar una aparente visión de retraso global, pero es falsa su alteración total, no ocurriendo más que en su faceta de simbolización verbal.
Pero antes de concluir con este autor, es oportuno traer otras apreciaciones de Camucet Ortiz7

Efectos de la estimulación y de la observación




Problemas de Atención

La persona oyente, pese a estar absorta en una actividad determinada, está recibiendo, a través de la audición, información de los cambios que se producen a su alrededor (captación de fondo). La persona sorda no dispone de esta fuente de información, por esto interrumpe su actividad para controlar en forma visual el ambiente. Está pendiente de todos los estímulos que están a su alrededor, como una forma de estar en contacto con el medio. El niño sordo en clases, observa la misma conducta, y se le considera con problemas de atención, aunque como cualquier niño también los puede presentar, aunque no es lo más frecuente.




Limitación de la Experiencia

Todo niño se enriquece con lo que ocurre a su alrededor, a través del sonido, las voces, el diálogo, las conversaciones en familia, etc. Como la persona sorda se encuentra aislada en su entorno, presenta una mayor inmadurez de experiencias y cultura. Al carecer de audición no podrá llegar a dominar la realidad como otro que oye.



Cierto Grado de Concretísimo

El niño sordo es naturalmente observador, y le es muy difícil inferir de aquello que no es observable e implique un grado de abstracción, como el paso del tiempo. Algunos púberes con déficit auditivo, presentan un grado de inmadurez en relación a aceptar sus errores, su capacidad de analizar sus dificultades de interacción que son la base de su conducta familiar y social. Aunque esto no está implícito en todos sus procesos de abstracción, esto se relaciona sobre aquellos que se precisa una deducción de lo que no es observable.


Sumando lo antes expuesto, como puntos de referencia, regresemos con Ramírez Camacho:
En relación a lo antes afirmado, se ha comprobado el gran valor que tiene la estimulación y la experiencia precoz en la organización mental de niños que sufrieron una sordera en edad preescolar, lo que abunda en la importancia de la educación especializada como método de favorecer la creación de esquemas nuevos que eviten el enlentecimiento de sus facultades intelectuales.
El desarrollo comunicativo queda implicado como parte de las facultades intelectuales en todo individuo, siendo entonces importante dedicar atención a las consideraciones expuestas por Ramírez Camacho, que nos permitan obtener más elementos sobre la evolución del lenguaje, en el niño oyente, como en el niño sordo.
Señala que: las primeras investigaciones encaminadas a dilucidar las influencias de la sordera sobre la inteligencia (Pinter y Reamer) indicaron que los niños sordos presentaban un retraso mental de 2 años con respecto a los oyentes y un retraso educacional de 5. Sin embargo, en la actualidad estas cifras no pueden ser aceptadas sin una crítica más justa. ¿Cuál es la razón de estas diferencias con respecto a los niveles de los niños con audición normal? El empleo de tests comunes para ambos grupos –oyentes e hipoacúsicos- da lugar a los resultados expuestos.
Es evidente que para algunos tipos de respuesta el niño sordo presenta una manifiesta inferioridad, mientras que para otros, en los que no intervengan las estructuras mentales afectadas por falta de información verbal, se pueden obtener respuestas iguales o superiores a la media.
En el sordo, la experiencia cotidiana se ve falta de una fuente de información, como es la representada por la sensación auditiva. Es decir, la falta de conocimiento de las palabras y sonidos ambientales pero, además, no existe la posibilidad de su recuerdo en forma sonora, por lo que se resiente la memoria de sonidos. Afortunadamente, la naturaleza es capaz de sobredorar la captación de las características visuales de la experiencia para compensar el defecto auditivo.



Así, pues, el sordo puede verse disminuido en la capacidad de memoria al estar limitado su comportamiento simbólico (Hiskey), pero sus respuestas no son sólo similares, sino superiores a las del niño oyente cuando se aplican tests que miden la memoria visual, táctil o de localización de los objetos:


El niño sordo es, con respecto al oyente:

Superior: - en memoria de dibujo

- en memoria táctil

- en memoria de movimientos


Igual: - en localización de objetos
Inferior: - en memoria de puntos

- en serie de láminas

- en serie de números

(Lo anterior tomado de Myklebust según Ramírez Camacho)


La inferioridad que estos niños (y posteriormente en la edad adulta) sufren, no es consecuencia de un retraso mental, sino de los trastornos del lenguaje a que da lugar la sordera. La sugestiva deducción inmediata es la posibilidad de mejorar su nivel al incrementar el nivel de las funciones de simbolismo verbal del niño no oyente o sordo, por medio de una educación adecuada a sus condiciones específicas o particulares.

El desarrollo comunicativo del niño hipoacúsico
Retomando a Silvia Romero8 el desarrollo comunicativo de la persona con pérdida auditiva también se encuentra vinculado con el nivel de dependencia que tenga de la visión y con el grupo social al que pertenezca. Si la persona tiene una pérdida auditiva cuyo efecto es una dependencia visual menor y pertenece a una cultura oyente, su desarrollo comunicativo será muy cercano a lo normal siempre y cuando cuente con la ayuda necesaria.
Primeras adquisiciones lingüísticas.
Siempre hay que recordar de la clasificación de las deficiencias auditivas algunas implicaciones relacionadas con su localización, su momento de aparición y el grado de pérdida, por lo que al abordar las siguientes referencias bibliográficas, habrá que tenerlas presentes para diferenciar entre lo que requiere un niño hipoacúsico, a lo que requiere un niño sordo.
Los primeros años de vida del niño son cruciales y dependen en buena medida de la evolución que experimenten las estructuras anatómico-fisiológicas y especialmente del desarrollo de su sistema nervioso central (por la estimulación de que puedan ser objeto por su entorno socio-familiar), para que el lenguaje pueda ser adquirido y se desarrolle con normalidad, por lo que se hacen necesarias algunas condiciones previas indispensables. Si un niño no percibe con normalidad el mundo sonoro que le rodea, por consiguiente, ni los patrones lingüísticos de su entorno, la adquisición de su lengua no se producirá de forma natural, por lo que habrá que planificar su enseñanza.
El hecho de que un niño reaccione al ruido y a determinados sonidos no constituye una prueba de capacidad auditiva normal. Los sonidos fonéticos tienen sólo un margen de frecuencia determinado. Para captar con precisión el lenguaje es necesario que se tenga este margen de frecuencia y sin limitación alguna (Stengel, 1984). Así por ejemplo, pérdidas de 25 decibeles o decibelios o más antes de los dos años de vida, generan alteraciones en el desarrollo del lenguaje debido a que los fonemas sordos (/p/, /t/, /k/, /f/, /s/, /c/) tienen poca energía acústica y con frecuencia están por debajo de los umbrales de estos niños.
Como es lógico, los mayores problemas para el desarrollo del lenguaje y del lenguaje oral en los niños se presentan cuando nos encontramos ante deficiencias auditivas de intensidad severa a profunda, surgidas antes de que el lenguaje haga su normal aparición o cuando aquel aún no ha tenido un desarrollo suficiente. En estos casos la adquisición del lenguaje no se produce de forma natural y espontánea como consecuencia de situaciones de intercambio lingüístico y se hace necesaria una intervención educativa planificada.

La adquisición de la deixis en el niño sordo9


  1. El gesto de indicación:

La palabra deixis proviene del verbo griego “señalar” y se refiere a un rango de procesos en el lenguaje que tienen en común el hecho de que incluyen el uso de claves no verbales, palabras o expresiones más largas para “señalar” o “correferirse a” otras palabras. Ingram (1971) considera que: “los rasgos deícticos se relacionan con el hecho de que el lenguaje se utiliza para establecer comunicación entre hablantes y oyentes”.


Tradicionalmente la deixis lingüística se divide en tres categorías:


  • Deixis de persona, o recursos que sirven para indicar quién es el hablante y quién es el oyente; por tanto suelen ir marcados por los recursos lingüísticos de los pronombres: yo, tú, él.


Deixis de lugar, o recursos lingüísticos que permiten expresar al hablante la visión de su situación en relación al oyente y al resto del entorno; implica, por tanto, la percepción por el hablante de su posición en el espacio. Así pues, los recursos lingüísticos para marcar el lugar en el acto de comunicación están vinculados con el

  • sistema hablante/oyente de la deixis de persona. Por esto la distinción próximo/distante se mantiene en los términos deícticos de lugar AQUÍ (próximo al hablante) y ALLA (lejos del hablante) y ESTE, ESTO (que sitúa algo en la misma posición que el hablante).

  • Deixis de tiempo, o recursos utilizados para indicar cuándo tiene lugar la locución. Se presupone que el hablante es el centro del sistema y, por tanto, el tiempo de la locución y el tiempo de la codificación son los puntos de referencia en torno a los cuales se distribuyen las indicaciones de tiempo pasado y futuro. Una vez más se utiliza la distinción próximo/distante como en el caso de AHORA, para referirse al tiempo de codificación y DESPUES para referirse a un tiempo distinto del tiempo de codificación.

La deixis establece relaciones de persona, lugar y tiempo, requisitos importantes en situación de comunicación; por tanto, los rasgos deícticos como señala Rees (1986), codifican gran parte del significado transmitido en la conversación y por tanto el tema de la deixis constituye un aspecto integrante del planteamiento pragmático que los niños adquieren muy pronto, gracias a la interacción social con el adulto.


El gesto de señalar es un gesto deíctico que cumple las funciones de persona, el niño con el dedo índice se señala a sí mismo y a los demás, igualmente localiza los objetos y las personas. Para expresar el tiempo utiliza la palabra y en sus inicio también la indicación gestual (Triadó, 1994).
Este gesto de señalar va cambiando progresivamente a lo largo del desarrollo. En los dos primeros años el niño/a utiliza la señalización para indicar referentes específicos en el espacio inmediato; posteriormente el niño utiliza la deixis verbal y desaparece el gesto de indicación (Triadó, 1982, 1991).

b) El gesto de indicación en el niño sordo
Al igual que en el niño oyente, el gesto de indicación aparece en la comunicación del niño sordo a muy temprana edad. Este gesto permite al niño/a llamar la atención del adulto para compartirlo, estableciendo pautas de interacción y especificando los referentes comunes (Lebedeff y Triadó, 1995).
La evolución del gesto de indicación se manifiesta de manera distinta si los niños sordos aprenden a comunicarse en un contexto de lenguaje oral o signado. Si adquieren el lenguaje de signos la indicación prelingüística se incorpora a la estructura gramatical de este lenguaje. La indicación permite identificar las funciones deícticas de persona, lugar y tiempo, ya que los signos de indicación pueden realizarse en el espacio y hacer referencia a personas y objetos que estén, o no, presentes.
En cuanto a los niños sordos educados en un contexto oral, el proceso de adquisición del lenguaje sigue las etapas descritas a continuación:


  • Hasta los 3-4 meses, se dan balbuceos y arrullos al igual que en el niño oyente.

  • A partir de los 4 meses los balbuceos disminuyen hasta llegar a desaparecer, debido a que no obtiene la retroalimentación auditiva de sus propias vocalizaciones, siendo importante para el posterior desarrollo la utilización de medios necesarios para mantener este primer indicio de sonido y que no se pierda.

Desde sus inicios, la interacción adquiere un papel preponderante en la relación adulto/niño. Gregory y Mogford (1981) consideran importantes tres aspectos de la comunicación temprana de todos los niños:




  • Alternancia: esperar que un interlocutor acabe de hablar para continuar el otro. Esto no se da en los niños sordos.




  • Referencia conjunta: acciones del niño y de la madre referidas a un mismo objeto, ayudados por el lenguaje. Esto servirá para regular la acción del niño. El niño sordo no relaciona el sonido con el rostro de la madre y por ello no lo busca.




  • Juegos de anticipación: acciones repetidas que permiten que el niño ejecute acciones previas. Se desarrolla una estructura interactiva análoga a la que posteriormente se establecerá en el lenguaje. Con los niños sordos estos juegos pueden realizarse mediante señales táctiles o manuales.

Es del todo necesario usar los gestos deícticos y otros gestos comunicativos en la interacción con niños sordos expuestos únicamente a contextos familiares y educativos orales, ya que, en caso contrario, la interacción no será posible. De todas maneras, para el desarrollo comunicativo y cognitivo del niño sordo el útil privilegiado es el sistema de signos al que el/ella tienen fácil acceso y éste es el lenguaje de signos. En este caso el gesto de indicación se incorpora a la estructura morfosintáctica de esta lengua natural que el sordo adquiere y que debe compartir con padres y educadores, lo que le facilita la interacción comunicativa y la construcción de conocimientos (Triadó y Fernández-Viader, 1992).



Como puede observarse en el cuadro, las apreciaciones sobre las etapas del desarrollo corresponden a Piaget psicólogo suizo, representante la psicología congnositivista, Julián Ajuriaguerra psiquiatra español, que trató de comprender y señalar la importancia del contexto relacional en el niño, Henri Wallon psicólogo francés cuya obra tiene importantes conexiones con Piaget y Vygotsky y Jean Le Boulch doctor francés cuya filosofía y metodología educativa se basa en el movimiento humano creativo, su aportación se registra en la psicomotricidad.

Impresiones sobre el efecto de la sordera en el desarrollo cognitivo
La deficiencia auditiva influye en la personalidad del sujeto en su conjunto y afecta a áreas tan importantes como la comunicación, el lenguaje, la socialización, los procesos cognitivos y la memoria.
La pobreza de información a la que se ven sometidos, el no entender en toda su complejidad las opiniones y matizaciones de los demás, el quedar reducidos a explicaciones breves e incompletas, contribuye, además, al desarrollo de personalidades simples, inmaduras, egocéntricas e impulsivas complicando la comprensión e interiorización de normas, reglas y valores.
El déficit cognitivo del niño sordo también se debe, en buena parte, al funcionamiento defectuoso de los mediadores simbólicos. La posesión de un lenguaje pobre, parcializado, limitado en recursos, le origina importantes inconvenientes. La escasa calidad de su código comunicativo-lingüístico afecta a funciones tales como la representación mental de la realidad, la formalización del pensamiento, la formulación de hipótesis, la planificación de estrategias, la memoria, etc...
Por otra parte, la interacción social menos productiva que disfruta el niño sordo como consecuencia de los problemas de comunicación (lenguaje pobre, audición reducida...), termina por ocasionarle un notable perjuicio. El niño construye su conocimiento del lenguaje y del medio y adquiere formas complejas de razonamiento, a partir del “input” que recibe al participar en intercambios conversacionales. Cuando existe sordera, estos intercambios suelen ser más infrecuentes, menos complejos y menos eficaces.

No debe de extrañarnos, por tanto, el retraso observado en los sordos.



En estudios realizados siguiendo la metodología de la teoría piagetiana queda de manifiesto que los alumnos sordos pasan por las mismas etapas y utilizan las mismas estrategias que sus compañeros oyentes, pero lo hacen con un retraso aproximado de, al menos dos años. Las diferencias observadas entre sordos y oyentes son imperceptibles en las tareas relacionadas con la inteligencia práctica y se van haciendo más evidentes cuanto más complejas son las operaciones lógicas implicadas.
En las tareas en las que el lenguaje ejerce un peso importante (abstracción, razonamiento, formulación de hipótesis, proposiciones posibles, alternativas...), los sordos encuentran grandes dificultades.
En suma, las dificultades que experimentan los sordos en su desarrollo cognitivo se deben al déficit informativo y experiencial, a la menor motivación que esto lleva consigo, a la posesión de un lenguaje de menor calidad y a la interacción social menos productiva. No todos los sordos, sin embargo, se atienen a la descripción anterior.
Dependerá de las circunstancias en la que se desenvuelvan, de la riqueza estimular del medio, y de la competencia lingüística alcanzada, para que su desarrollo se atenga más a las pautas habituales de los oyentes o se acentúen las dificultades antes mencionadas.
La educación tradicional del deficiente auditivo ha reducido su acción, con excesiva frecuencia, al propio niño, cuando en realidad es todo el entorno familiar, el sistema de interacción del hogar, el que hay que establecer o restablecer, ya que es este sistema el que genera afecto, comunicación, lenguaje, complejidad y crecimiento.
La intervención educativa debe dotar al sordo de un lenguaje de calidad, facilitarle información y experiencia y garantizar el sistema de interacciones antes mencionado.
Los sordos constituyen un grupo muy heterogéneo. Resulta, por tanto, difícil explicar los mecanismos que utilizan en la simbolización, representación y almacenamiento de la información, ya que no existe uniformidad entre ellos. No obstante, ciñéndonos al grupo de sordos profundos prelocutivos y teniendo en cuenta esta invitación a la prudencia puede afirmarse que la mayoría de los sordos utiliza códigos múltiples con más frecuencia que las personas oyentes. Los sordos se sirven de imágenes visuales, códigos ortográficos, códigos de tipo manual-cinestésico, códigos gestuales, fonológicos y semánticos.
Existe entre ellos la tendencia a visualizar más las palabras y a utilizar en menor medida los códigos fonológicos y auditivo-lingüísticos que utilizan habitualmente los alumnos con audición normal.
En distintas experiencias queda de manifiesto que las personas sordas con un buen lenguaje oral producen más codificación fonológica, articulatoria y dactílica. En cambio, los sordos que tienen como fundamento de su comunicación el lenguaje de signos emplean sobre todo códigos relacionados con los movimientos que se realizan en este lenguaje.
Se observa, además, que los sordos con comunicación signada recuerdan mejor las palabras que tienen un equivalente gestual y olvidan con más frecuencia o confunden las palabras que no tienen equivalencia en el lenguaje de signos.


Impresiones observadas del desarrollo del niño sordo
A continuación se anexan pautas observadas en el niño sordo10, en un medio familiar oyente:

De 0 a 3 meses

•  Ante un sonido no hay respuesta refleja del tipo parpadeo, despertar, etc.


•  Emite sonidos monocordes.

De 3 a 6 meses

•  Se mantiene indiferente a los ruidos familiares.


•  No se orienta hacia la voz de sus padres.
•  No responde con emisiones a la voz humana.
•  No emite sonidos para llamar la atención.
•  Debe intentar localizar ruidos

De 6 a 9 meses

•  No emite sílabas.


•  No atiende a su nombre.
•  No se orienta a sonidos familiares.

De 9 a 12 meses

•  No reconoce cuando le nombran a sus padres.


•  No entiende una negación.
•  No responde a “dame” si no va acompañado del gesto con la mano.

De 12 a 18 meses

•  No señala objetos y personas familiares cuando se le nombran.


•  No responde de forma distinta a sonidos diferentes.
•  No nombra algunos objetos familiares.

De 18 a 24 meses

•  No presta atención a los cuentos.


•  No identifica las partes del cuerpo.
•  No construye frases de dos sílabas.

A los 3 años

•  No se le entiende las palabras que dice.


•  No contesta a preguntas sencillas.

A los 4 años

•  No sabe contar lo que pasa.


•  No es capaz de mantener una conversación sencilla.

En muchos casos esta situación es la causante de que los niños con pérdida auditiva mayor que se desenvuelven en una cultura oyente no alcancen un desarrollo lingüístico conceptual completo y tanto su pensamiento como su comunicación suelen ser concretos cuando sólo cuentan con el recurso de la lengua oral. Pero quede claro que esta característica no responde a una falta de potencial intelectual, sino que es consecuencia de la opción comunicativa exclusivamente oral.


Algunos autores, precisa Silvia Romero, afirman que la persona con pérdida auditiva tiene dificultades de memoria, asociación, retención y evocación de experiencias (Flores y Berruecos 1991). Dichas dificultades son comunes en las personas con pérdida auditiva mayor o sordas que usan la audición como medio predominante para aprender. Sin embargo, cuando utilizan la visión como canal primario, estas dificultades no se presentan y el aprendizaje se construye y enriquece de forma natural a través de la vista.
Los niños cuya lengua materna es la lengua de señas, lo cual ocurre especialmente en el caso de hijos de padres sordos, desarrollan esta lengua a un ritmo comparable e incluso más acelerado que el de sus compañeros oyentes con la lengua oral.
Así mientras que las primeras palabras orales en los niños oyentes aparecen alrededor del primer año de vida, las primeras señas suelen aparecer antes de los 10 meses; en la lengua de señas, las combinaciones de signos se presentan antes del año y medio, en tanto que las combinaciones de palabras orales rara vez ocurren antes de esa edad (Lewis, 1991).
Por lo tanto y de acuerdo a esta y las otras autoras, dependerá de las oportunidades que un medio oyente pueda incorporar también como su segunda lengua las señas que los niños sordos, a su vez puedan observar el mismo desarrollo cognitivo que el del niño oyente, con sus variaciones, al igual que ocurre cuando se proviene de un medio sociofamiliar y cultural más estimulante o menos estimulante.

Resumen:

RECUERDA
Los intercambios sociales más pobres y la interacción lingüística más reducida…

OCACIONAN
Pobreza informativa.

Escaso conocimiento del medio.

Esquemas de conocimiento simples…
TODO ELLO A SU VEZ, DIFICULTA

La comprensión y memorización (procesamiento y almacenaje de información).


QUE A SU VEZ DA LUGAR A:
Menor información.

QUE A SU VEZ…


¿Cómo romper la cadena?
Con un sistema de comunicación eficaz y disponible desde los primeros años.

Facilitando información compleja, sutil y exhaustiva.



Acciones para la atención.-


  • Iniciar lo más pronto posible la rehabilitación, potenciando la estimulación temprana.

  • Acometer un entrenamiento plurisensorial, aprovechar los restos auditivos e intentar establecer las funciones que el oído tiene asignadas en el entramado sensorial.




  • Dotar al sordo de un sistema simbólico de calidad desde los primeros años, facilitándole el acceso a un lenguaje oral correcto, siempre que sea posible.

  • Garantizar la comunicación e interacción del niño con las personas que le rodean desde los primeros años. Conseguir que participe en los mismos juegos, experiencias, informaciones y tópicos culturales que sus coetáneos. Conviene servirse del LSM y de estrategias de Comunicación Total.




  • Facilitarle la mayor información sobre la realidad y la experiencia más rica posible.




  • Enseñarle a pensar, a planificar, a reflexionar y a utilizar su inteligencia.




  • Enseñarle estrategias de organización, de repetición organizada de la información y técnicas para mejorar el almacenamiento y recuperación de la información.




  • Mostrarle siempre la complejidad de las cosas, fomentar el análisis de la realidad desde distintos puntos de vista, hacerle pensar en otras soluciones posibles, idear otras opciones, imaginar que las cosas pueden ser de otra manera, etc.




  • Despertar su deseo de explorar y conocer.




  • Conseguir una interacción compleja y un entramado de relaciones sociales rico.




  • Procurar que conozca en profundidad y de forma razonada los valores, normas y convenciones que regulan la sociedad.




  • Desarrollar las habilidades sociales.




  • Fomentar la seguridad en sí mismo y el ajuste personal. Procurar que se vaya formando un autoconcepto positivo y realista.

Cualquier proyecto educativo o adecuación curricular habrá de basarse; no en sus carencias sino en sus posibilidades. Hay que rehabilitar las capacidades perceptivas que el niño sordo conserva intactas, por vías complementarias e incluso caminos diferentes.



1 Estructura del oído. Disponible en internet. Fuente: esmas.com (Consulta el 4 de mayo 2007).



2 HERNANDEZ Montoya Marco Andrés. Asociación Mexicana para la Audición, “Ayudanos a Oír” A.C. amaoir. Andrés. Disponible en: www.andy.xalapa.net/perdida.htm (Consulta 15 de mayo 2007).


3 ROMERO CONTRERAS, Silvia y NASIELSKER LEIZOREK, Jenny. Elementos para la Detección e Integración Educativa de los Alumnos con Pérdida Auditiva. Materiales de Trabajo Libro Tres. SEP-Fondo Mixto de Cooperación Técnica y Científica México-España. 1a Edición. México 1999. Págs. 31- 36.

4 CAMUCET, Blanca Luz. Disponible en www.hipoacusia-psic.com.ar/articulo4.htm o http://www.camucet.cl (Consulta 2 junio 2007). Navegador: Live Search en prodigy. msn.

5 CAMUNCET Ortíz, Blanca Luz. Disponible en www.camucet.cl/DOCS/EDUCACION/sicosord.html (Consulta 2 de junio 2007). Navegador: Live Search en prodigy. msn.

6 RAMIREZ Camacho, Rafael A. Conocer al Niño Sordo. Capítulo II La Psicología del niño sordo. Editorial Ciencias de la Educación Preescolar y Especial; CEPE. Madrid, España. 4ª Edición 2001. Págs. 27-37. Disponible en la Biblioteca Centro de Maestros Chihuahua.

7 CAMUNCET Ortíz, Blanca Luz. Disponible en www.camucet.cl/DOCS/EDUCACION/sicosord.html (Consulta 2 de junio 2007). Navegador: Live Search en prodigy. msn.

8 ROMERO CONTRERAS, Silvia y NASIELSKER LEIZOREK, Jenny. Elementos para la Detección e Integración Educativa de los Alumnos con Pérdida Auditiva. Materiales de Trabajo Libro Tres. SEP-Fondo Mixto de Cooperación Técnica y Científica México-España. 1a Edición. México 1999. Págs. 40-41.


9 DEL RIO, María José. Compiladora. Lenguaje y comunicación en personas con necesidades especiales. Capítulo 2 Interacción y desarrollo de la comunicación en el niño sordo: La utilización de la deixis por TRIADO, Carme y FERNANDEZ-Viader María Pilar. Biblioteca de psicología, psiquiatría y salud. Serie: Práctica. Ediciones Martínez Roca. 1era. Edición. Barcelona, España. 1997 Págs. 53-61. Disponible en Biblioteca Centro de Maestros Chihuahua.

10 VILLARD J. Disponible en: www.venconmigo.org/manual_saber.htm (Consulta 3 de junio 2007).





Compartir con tus amigos:
1   2   3


La base de datos está protegida por derechos de autor ©psicolog.org 2019
enviar mensaje

enter | registro
    Página principal


subir archivos