Análisis de los libros de Reyes, Joel, Jonás, Eclesiastés y Cantar de los Cantares



Descargar 33 Kb.
Fecha de conversión10.12.2017
Tamaño33 Kb.
Vistas224
Descargas0

Análisis de los libros de Reyes, Joel, Jonás, Eclesiastés y Cantar de los Cantares

Para esta actividad la lectura obligatoria se basa en el análisis de los libros de Reyes I y II, además de los libros de Joel, Jonás, Eclesiastés y Cantar de los Cantares, observa este análisis desde dos perspectivas en esta lectura veremos lo que quizás sea el mayor divisor este asunto, a saber, las dos principales escuelas de interpretación: La alegórica y la literal.



La escuela alegórica: Esta línea entiende que uno debe buscar los símbolos por detrás de las frases de la Biblia, el significado oculto.

La escuela literal: Esta por su vez dice que uno debe interpretar la Biblia en el sentido común. Cada palabra y frase debe ser entendida en su uso primario, normal, literal.

Utilizando un texto, que tomé por acaso, veamos ambas en la práctica: “Mi siervo Moisés ha muerto; ahora, pues, levántate y pasa este Jordán, tú y todo este pueblo, a la tierra que yo les doy a los hijos de Israel.” (Josué 1.2)

Ejemplo de interpretación alegórica: Moisés representa a algo que nos da seguridad, que nos guía. La tierra es lo que Dios tiene para nosotros. El Jordán es el obstáculo que nos separa de la voluntad de Dios. Entonces, si perdiste tu empleo, no es momento de desesperarse, hay que tener ánimo y enfrentar la situación, porque al otro lado del río está lo que Dios tiene para vos.

Ejemplo de interpretación literal: Es una narrativa histórica, que simplemente narra el momento en el cual, habiendo muerto Moisés, Dios dice a Josué (ver versículo 1) que pase el río Jordán, con todo el pueblo, a la tierra que Dios les estaba dando.

La interpretación alegórica es subjetiva y depende del que lee. La literal es objetiva y depende del que escribió. Hay que saber elegir entre ellas, porque ambas llevan a lugares completamente distintos.

Estoy profundamente convencido de que la literal es la correcta. La Biblia es la revelación de Dios, en la cual Dios nos habla de manera clara. En otro momento veremos más sobre la interpretación literal.



Análisis del Libro de 1 de Reyes

Los libros 1 y 2 Reyes son continuación de 1 y 2 Samuel con los que parecen constituir una sola obra. Ya dijimos que la separación entre ambos tuvo su origen en la traducción de los Setenta. En ellos se trata de la monarquía israelita, remontándose hasta los orígenes de los reinos de Israel y Judá, hasta la desaparición de los mismos.



El libro primero de los Reyes comienza con la historia de la sucesión de David, tratando en detalle acerca de la figura y de las obras de Salomón. Después de su muerte, cuando tuvo lugar la partición de los reinos, la narración se ajusta, más o menos, a una secuencia cronológica. En las épocas en las que coexistieron los reinos del Norte y del Sur, las crónicas reales van saltando de un reino a otro con el fin de ir, dentro lo posible, presentando juntos los sucesos acaecidos en reinados contemporáneos. Los libros de los Reyes se pueden dividir, pues, en las siguientes secciones:

  • 1. Salomón (1 R 1‑11). Comienza con la historia de la sucesión de David y continúa con la narración de la magnificencia del reinado de Salomón. Ésta se presenta en forma de tríptico destacando sus grandes construcciones sobre todo el Templo, la magnitud de sus defensas militares y la importancia de su comercio e industria. En la redacción de esta sección hay pasajes en los que se encuentra un juicio favorable de su gestión y otros en los que se la critica

  • 2. Los reinos de Israel y de Judá (1 R 12-2 R 17). Esta sección comienza con la historia del cisma que se produjo entre las tribus del norte y el sur a raíz de la sucesión de Salomón: las tribus del sur se mantuvieron fieles a Roboam y crearon el Reino del Sur o Reino de Judá, mientras que las del norte nombraron rey a Jeroboam y crearon el Reino del Norte o Reino de Israel. El núcleo central de esta parte está constituido por la narración alternada de la historia de los reyes de ambos reinos conforme a un orden cronológico. Al hablar del reinado de Ajab de Israel se incluyen los ciclos de Elías (1 R 17,1‑2 R 1,18) y Eliseo (2 R 2,1‑13,25); y entre los reyes de Judá resaltan, por la extensión que se les concede, los reinados de Joás y Ajaz.

  • 3. El reino de Judá hasta la cautividad (2 R 18-25). En esta última parte destacan las relaciones del profeta Isaías con el rey Ezequías, así como la reforma religiosa llevada a cabo por el rey Josías. Se incluye también el relato de la caída de Jerusalén y la consiguiente deportación, así como una referencia a la liberación de Joaquín en el exilio.

En cada una de estas dos últimas partes la narración de los hechos de cada rey va encuadrada en un marco redaccional con unas características fijas.

  • Comienza por una introducción en la que figura el nombre del rey, la duración de su reinado y el año del comienzo del reinado del rey vecino (del norte o del sur, según el caso).

  • Nunca falta un juicio de la actividad del rey; el más repetido es: “hizo lo que es malo a los ojos de Jehova”, que se aplica a todos los reyes del norte y a algunos del sur. Otro, más benévolo, que se aplica a Asá, Josafat, Joás, Amasías, Azarías y Jotán es: “hizo lo que es recto a los ojos de Yahwéh, pero no desaparecieron todos los lugares altos”. Sólo en caso de los  dos reyes que desarrollaron reformas profundas, Ezequías y Josías, se hace de ellos una alabanza plena: “Hizo lo que es recto a los ojos del Señor enteramente, como lo había hecho David, su padre”.

  • Por último, la conclusión del relato acerca de cada rey remite, para ampliar información, a alguno de los documentos del reino, a la vez que incluye algunos datos sobre su muerte y sepultura, así como el nombre de su sucesor.

El libro primero de los Reyes presenta al rey Salomón como un prototipo de rey sabio. Su capacidad de discernir y, por tanto, de gobernar se muestra en la historia de las dos madres (1 R 3,16‑28). Además de esto, se sabe que Salomón fue un gran administrador del reino, que contó también con colaboradores en su gobierno. Dividió el reino en provincias, y puso gobernadores al frente de las mismas. Sin embargo, para evitar que arraigaran los “nacionalismos”, hizo que el territorio de estas provincias no coincidiera con la tradicional división en tribus. No tenemos datos extrabíblicos de Salomón. Cfr. sobre el origen de las monarquías en Palestina en el Hierro II.

Sucedió a Salomón en el trono Roboam (hijo de Salomón y de una princesa ammonita: 1 R 14,21; 2 Cr 12,13‑14). Fue aceptado sin dificultad por la tribu de Judá, pero encontró muchas dificultades para ser aceptado por las tribus del norte. La unidad política de las tribus conseguida por David, todavía era un tanto precaria. En Siquén, toda la asamblea de Israel pidió a Roboam que aligerara la servidumbre que les había impuesto su padre, pero éste se negó a tal petición, y estas tribus lo rechazaron, y con él a la monarquía davídica (1 R 12,16-17).

Las tribus del Norte aclamaron como rey a Jeroboam, que ya se había rebelado contra Salomón cuando trabajaba como capataz de cargadores (1 R 11, 26). Jeroboam (933‑911 a.C.) se instaló primero en Siquén y más tarde en Penuel, al otro lado del Jordán (1 R 12, 25). Además, para consumar la ruptura con las tribus del Sur, elevó a la categoría de santuarios reales dos viejos templos: Dan y Betel, situados en las fronteras norte y sur del nuevo reino (1 R 12,26‑33). Conviene estudiar un poco sobre los reyes del Reino del Norte.

Después de la ruptura con las tribus del Norte, el sucesor de Salomón, Roboam, se dedicó a fortificar ciudades en su reino. Sufrió una incursión militar del faraón Sosaq a quien tuvo que pagar un fuerte tributo (1 R 14,25‑26). Conviene estudiar los descendientes del reinado de Judá.

Terminamos esta exposición general sobre los libros de los Reyes con un resumen acerca de su sentido teológico:


  • Sentido teológico de los libros de los Reyes

    • Visión religiosa de la historia, explicitada por las intervenciones de los profetas

    • Experiencia de un reino político-religioso, que no funcionó

    • Exigencias de la Alianza e infidelidades del pueblo. Pese a todo, siempre hay un “pequeño resto” que permanece fiel

    • Invitación a la conversión, pues Dios permanece fiel a la Alianza y a sus promesas

  • Significación de los libros de los Reyes en la fe de la Iglesia

    • Dios cumple sus promesas de suscitar a David un heredero cuyo trono permanece para siempre.

    • Personas de toda raza y nación integran el Reino de Cristo

    • La Iglesia, heredera del “resto de Israel” que permaneció fiel

    • El verdadero culto a Dios, ya no está ligado a un templo ni un lugar

EXÉGESIS

Aquí os pongo esta breve exégesis de estos tres textos de los libros de los Reyes:



  • Sabiduría del rey Salomón (1 R 3,4-28)

  • El cisma de Jeroboán (1 R 12,1-33)

  • El rapto de Elías (2 R 2,1-18)

  • Imprimir

  • Correo electrónico



  • Facebook

  • Twitter





Análisis del Libro del Profeta Jonás.

Autor:  Jonás, natural de Galilea.

Lecciones Espirituales: 

El peligro de escapar del deber.

La tentación hacia el patriotismo egoísta y el fanatismo religioso.

El empleo divino de hombres imperfectos como canales de la verdad.

Lo vasto de la misericordia de Dios.

El profeta y el mensaje

La mención de Amitai, el padre de Jonás (1.1), es la única noticia que el libro de Jonás (=Jon) facilita para la identificación personal del profeta. Es la misma información que se halla en 2 R 14.23–25, donde se añade que Jonás vivió en tiempos de Jeroboam II, rey de Israel (783–743 a.C.). Sin embargo, de un modo diferente al habitual de prestar a la figura del profeta una atención meramente circunstancial (cf., p.e., Is 6.5; Jer 7.1–15; 26.1–19; Os 1.2–3.5; Am 7.10–17), el libro de Jonás, escrito probablemente mucho más tarde, consiste de principio a fin en una especie de relato biográfico. Se trata de la peripecia protagonizada por el propio profeta, un hombre que, en contra de sus deseos, es enviado por Dios a cumplir fuera de Israel, en Nínive, la lejana capital del imperio asirio, el arduo cometido de anunciar a sus habitantes que en el término de cuarenta días la ciudad sería destruida (3.4).

La narración propone a Nínive como paradigma del pecado. A los ojos de Dios, la maldad ha crecido allí (1.2) hasta el punto de que su inminente castigo ya ha sido decretado. La gravedad del asunto convierte en sumamente delicada la misión del profeta. Este, consciente del problema, busca en la huida la manera de zafarse de su responsabilidad, y en vez de emprender hacia oriente el camino que conducía por tierra a la capital de Asiria, se embarca en una nave rumbo a Tarsis, hacia occidente, para escapar «de la presencia de Jehová» (1.3).

Desde la perspectiva de su negativa a cumplir el mandato divino, Jonás puede ser comparado a otros profetas del AT que igualmente se resistieron a aceptar la misión que Dios les encomendaba. Moisés, Elías, Jeremías y otros, apelando a posibles razones de incompetencia, debilidad o temor, trataron, lo mismo que Jonás, de evitar la responsabilidad que Dios cargaba sobre sus hombros.

Pero probablemente fue Jonás el profeta que con mayor tenacidad mantuvo su resistencia. Y cuando se vio forzado a ir a Nínive y comunicar el mensaje de que era portador, lo hizo con enojo, llegando al extremo de lamentar amargamente la salvación de la ciudad a la cual había él anunciado la inminencia del desastre. Le dolió que los ninivitas se convirtieran de su mala conducta, y que Dios se volviera atrás «del mal que había anunciado hacerles, y no lo hizo» (3.10). Porque Jonás, que no había tenido miedo de confesar su nacionalidad y su fe (1.9), e incluso que no había dudado en ofrecer su vida para que otros se salvaran (1.11–12), temía en cambio la pérdida de su prestigio de profeta, temía quedar mal ante los ojos de los demás. Y prefería la muerte a seguir viviendo tras lo que él consideraba el fracaso de su misión (4.1–3).

Por otra parte, en la figura de Jonás se descubre al israelita estrecho de miras, para quien la salvación es un privilegio otorgado por Dios en forma exclusiva al pueblo judío. Pero precisamente el desarrollo del relato conduce a la conclusión opuesta de que Dios no hace diferencias entre un ser humano y otro. Esta es la actitud que el profeta no entiende en Jehová, en «su Dios», al que él oraba «desde el vientre del pez» (2.1). Sin embargo, en esa su incapacidad de comprender el valor universal del amor de Dios radica la extraordinaria fuerza dramática del libro. Todos, se trate de judíos o de gentiles, son objeto por igual de la misericordia de Dios; y todo pecador que se arrepiente y cambia de conducta tiene la puerta abierta a su perdón (1.16; 3.10; 4.10–11.- Cf. Jer 18.8; Ez 18.23, 31–32).

Este libro tiene un notable valor simbólico, recogido por el NT en las palabras de Jesús acerca de la «señal de Jonás». Al pedirle algunos escribas y fariseos que hiciera una señal milagrosa, Jesús, relacionando su propia muerte con la historia del profeta, les responde que ya no habrá otra señal que la de Jonás (Mt 12.40).

Esquema del contenido:

1. Jonás huye de Jehová (1.1–16)

2. Oración de Jonás (1.17–2.10)

3. Nínive se arrepiente (3.1–10)

4. El enojo de Jonás (4.1–11)

 

Reina-Valera 1995—Edición de Estudio, (Estados Unidos de América: Sociedades Bíblicas Unidas) 1998.

La Biblia de Referencia Thompson, Versión Reina-Valera 1960, Referencia Temática # 4239.

Análisis del Libro del Profeta Joel.

Autor:  Joel, un profeta de Judá. Muy poco se conoce acerca del él.

Nombre: Significa "Jehová es Dios".

Fecha: Indeterminada.

Estilo: Elevado, el libro está escrito enérgica y elegantemente.

Pensamiento Clave: El arrepentimiento nacional y sus bendiciones.

Porciones Seleccionadas: 

El arrepentimiento de todo corazón, 2:12 - 17.

Promesas del derramamiento del Espíritu en los últimos días, 2:28 - 32.

El profeta

El comienzo del libro de Joel (=Jl) aporta el único dato conocido acerca de la personalidad del profeta: «Joel hijo de Petuel» (1.1). Fuera de esto, no existe noticia alguna que permita saber cuándo ni dónde vivió Joel, ni cuál fue su lugar de origen o su edad y actividad.

Semejante falta de información biográfica ha dado pie a diversas conjeturas relativas a la época en que el profeta ejerció su ministerio y, por tanto, relativas a las gentes a quienes dirigió su mensaje o a las naciones a las que hizo referencia.

Tan solo algunos velados indicios puestos al descubierto por el análisis literario del texto, permiten suponer que Joel predicó en fechas posteriores al exilio en Babilonia, quizás alrededor del año 400 a.C. Se puede pensar que el desastre del año 586 a.C., con la destrucción de Jerusalén y la cautividad babilónica de sus habitantes (2 R 25.1–26), está presente en la mente de Joel cuando anuncia el castigo divino contra las naciones que «esparcieron» a Israel, «repartieron» la tierra de Judá, enviaron al destierro a los habitantes de Jerusalén y hasta los vendieron como esclavos a los griegos (3.2–6). En apoyo de esta hipótesis puede observarse también que, según Joel, la autoridad en Jerusalén está en manos de los ancianos y de los sacerdotes. Ya no la asume el rey ni descansa en los funcionarios de la monarquía, institución que este libro no menciona.

A diferencia de los profetas anteriores al exilio, Joel se une en su mensaje al dolor de los sacerdotes, porque del Templo ha desaparecido «la ofrenda y la libación» (1.9), es decir, porque se ha interrumpido la actividad cúltica junto con todo lo que ella implica (1.9, 13, 14, 16; 2.14–15). En este libro parecen resonar las palabras de algunos de aquellos profetas preexílicos: Cf. 1.15 con Is 13.6; 2.32; Abd 17; 3.16; Am 1.2; 3.18; Am 9.13.

El libro y su mensaje

El mensaje de este profeta está enteramente enfocado en una misma dirección: «Viene el día de Jehová,... día de tinieblas y de oscuridad,... grande y espantoso» (2.1, 2, 31). Pero sobre el telón de fondo del juicio de Dios, Joel describe lo dramático del momento presente: una terrible plaga de langostas ha caído sobre el país como un ejército bien entrenado, y ni una brizna de vegetación ha quedado después que ellas pasaran en oleadas devorándolo todo (1.4, 6–7). Pero ahí no acaban las cosas, sino que al ataque de las langostas le sigue una gravísima sequía, que deja sin agua ni alimentos a personas y a bestias. La situación llega a ser extremadamente crítica, de modo que incluso el culto en el Templo se resiente, pues por la escasez de cereales y de vino se hace necesario restringir las ofrendas y las libaciones (1.9, 13, 16).

En esas circunstancias, Joel invita a los sacerdotes a que convoquen al pueblo de Judá para que se reúna en el Templo, en asamblea (1.14; 2.15–16), a fin de ayunar y condolerse delante de Jehová y, sobre todo, de demostrar un sincero arrepentimiento (2.13).

Pese a la inmediatez de los acontecimientos narrados, el profeta no pierde de vista el objeto último y principal de su anuncio: las presentes penalidades son el preludio del momento en que Dios, Señor y Juez universal, habrá de juzgar a todos los pueblos y naciones de la tierra (1.15; 2.1–2; 3.14). Ese instante último y terrible será el día ante el cual «se pondrán pálidos todos los semblantes» (2.6). Aunque también será un día de gracia y de salvación, porque «todo aquel que invoque el nombre de Jehová será salvo» (2.32).

Así, a cuantos presten atención a este mensaje se les anuncia las maravillas de Jehová, sus grandes obras en favor de ellos y su voluntad misericordiosa y perdonadora (2.21, 18–27; 3.18–24). De un modo muy especial hay que recordar aquí la promesa divina comunicada por Joel: «Derramaré mi espíritu» (2.28–32). Y el Israel de Dios, el Israel de todos los tiempos, recibirá la plenitud del don del Espíritu, como siglos más tarde habría de suceder en Jerusalén el día de Pentecostés (Hch 2.16–21).

Esquema del contenido:

1. Devastación de la langosta; el "día de Jehová" (1.1–2.2a)

2. Nuevo anuncio del "día de Jehová" (2.2b-11)

3. La misericordia de Jehová (2.12–27)

4. Derramamiento del Espíritu de Dios (2.28–32)

5. Juicio de Jehová sobre las naciones (3.1–15)

6. Liberación de Judá (3.16–21)



Reina-Valera 1995—Edición de Estudio, (Estados Unidos de América: Sociedades Bíblicas Unidas) 1998.

Análisis del Libro de Eclesiastés

Autores: Indeterminado, aunque se acepta comúnmente que fue Salomón, 1:1 - 2 

"1 Palabras del Predicador, hijo de David, rey en Jerusalén.

2 «Vanidad de vanidades —dijo el Predicador—; vanidad de vanidades, todo es vanidad»."

Texto Clave: 12:13 "El fin de todo el discurso oído es este: Teme a Dios, y guarda sus mandamientos; porque este es el todo del hombre."

Pensamiento Clave: El temor al Señor, mencionado cerca de 14 veces.

El título del libro

Eclesiastés es el título que en la Septuaginta recibe el libro llamado Qohelet en el texto hebreo de la Biblia. Ambos vocablos, el griego y el hebreo, significan prácticamente lo mismo: "predicador", "orador", "persona encargada de convocar un auditorio y dirigirle la palabra". Y en ambos casos se trata de términos derivados: Qohelet procede de gahal, raíz hebrea que con la idea de "reunión" o "asamblea" quedó representada en griego por el sustantivo ekklesa, del cual, a su vez, se deriva Eclesiastés (=Ec). Una pecualiaridad que conviene registrar es que, en la Biblia hebrea, el término qohelet aparece unas veces sin artículo y otras con él, lo que en el primer caso da el sentido de un nombre propio (1.12; 7.27; 2.9), y en el segundo, de "funcionario", de un título profesional (12.8). Tal distinción no se hace en la presente traducción.



El autor

Eclesiastés es el más breve de los escritos sapienciales. Su autor fue probablemente un sabio judío de Palestina del período en que la cultura helenística se hallaba en pleno proceso de expansión por todo el Oriente próximo. Sus esfuerzos estaban presididos por su amor a la verdad y por comunicarla de forma idónea, con las palabras más adecuadas (12.9–10). Fue un pensador original y crítico, que no se conformaba con repetir ideas ajenas o aceptar sin examen los postulados que la tradición daba por irrebatibles.

Sin nombrar expresamente a Salomón, el autor se refiere a él cuando alude al «hijo de David, rey en Jerusalén» (1.1, 12) y cuando enumera (en primera persona) sus obras y riquezas (2.4–9). Tales alusiones contribuyeron, sin duda, a dar carta de autoridad a Eclesiastés y a que fuera atribuido a Salomón, el rey sabio por excelencia. Sin embargo, el hebreo característico de su redacción, así como las ideas en él expuestas, corresponden a una época posterior.

El contenido de Eclesiastés

Más que un discurso pronunciado ante una asamblea, este libro parece un soliloquio. Es una especie de discusión del autor consigo mismo, interna, en la que frecuentemente considera realidades opuestas entre sí: la vida y la muerte, la sabiduría y la necedad, la riqueza y la pobreza. En esta contraposición de conceptos, los aspectos negativos de la realidad aparecen subrayados y como teñidos de un tono de hondo pesimismo. Sin embargo, en ningún momento llega Eclesiastés al extremo de menospreciar o negar cuanto de valioso tiene la vida; nunca deja de reconocer los aspectos positivos que forman parte de la existencia y la experiencia del ser humano; trabajo, placer, familia, hacienda o sabiduría (2.11, 13). Pero tienen un valor relativo, de modo que ninguno de ellos (ni cada uno de por sí, ni todos juntos) llega a satisfacer los anhelos más profundos del corazón.

Se interroga el Predicador por el sentido de la vida. Con absoluta sinceridad se plantea la cuestión que más le preocupa y que él reduce a términos concretos preguntándose: «¿Qué provecho obtiene el hombre de todo el trabajo con que se afana debajo del sol?» (1.3). Lo que equivale a: ¿Qué debe conocer, saber y hacer el ser humano para vivir de manera plenamente satisfactoria?

En busca de la respuesta que mejor convenga a esta pregunta fundamental, el escritor analiza y critica con sistemática atención los diversos caminos que podrían conducirle a su objetivo: el placer (2.1), la sabiduría (1.13) o la realización de grandes empresas (2.4). Pero descubre que al término de todos sus esfuerzos le espera idéntica decepción, la que él resume en las pocas palabras de su célebre aforismo: «Vanidad de vanidades, todo es vanidad» (1.2; 12.8). Porque, en fin de cuentas, la actividad de Dios en el mundo es un misterio impenetrable para la sabiduría humana, incapaz ella misma de descorrer el velo que lo envuelve. Eclesiastés trata de descifrar el enigma de la existencia y de penetrar el sentido de las cosas apoyándose tan solo en su experiencia personal y en sus propios razonamientos. Esta actitud crítica lo distancío del sereno optimismo que revela el libro de Proverbios, y le impidió compartir la gran esperanza de los profetas del pueblo de Israel; sin embargo, concluye con la afirmación de que «el todo del hombre » (12.13) se halla en la relación de este con Dios.

Esquema del contenido:

1. La experiencia del Predicador (1.1–2.26)

2. Juicios del Predicador en torno a la existencia humana (3.1–12.8)

3. Conclusión (12.9–14)

 

Análisis del Libro de Cantar de los Cantares

Autores: Salomón, de acuerdo con la tradición.

Este libro ha sido severamente criticado por su lenguaje sensual. Su derecho a estar en La Biblia ha sido defendido por mucha gente religiosa de todas las épocas. Muchos lo han  mirado como una alegoría espiritual que representa el afecto que existe entre Dios y su pueblo escogido o entre Cristo y su Iglesia.

Las expresiones ardientes sólo pueden ser debidamente interpretadas por una mente espiritual madura.

Pensamiento Clave: Mi amado, apelativo de los creyentes para Cristo.

El libro

El título Cantar de los Cantares (=Cnt) comúnmente dado a este breve pero bellísimo libro, es una expresión que se corresponde literalmente con la inicial del texto hebreo de la Biblia: shir hashirim. Se trata de una fórmula idiomática muy condensada, cuyo sentido puede explicarse con propiedad como: "el más hermoso de los cantos" o "el poema más sublime". Cantares es un poema distribuido en estrofas, en las que, alternativamente, dos enamorados manifiestan sus recíprocos sentimientos en un lenguaje apasionado, de alto nivel literario y brillante colorido. Todo en este poema cuajado de símiles y espléndidas metáforas se orienta a la exaltación del amor entre el hombre y la mujer, de esa irresistible y mutua atracción que inspira las palabras y determina las actitudes de los enamorados. En Cantares, el esposo mira a la esposa como a un dechado de perfecciones, la contempla a través del cristal de cuanto él tiene por más apetecible, sea viña o fuente, jardín o «nardo y azafrán» (1.6; 2.15; 4.12–14; 5.1; 8.12). La belleza de los enamorados y las delicias del amor son como los frutos de la tierra, los lirios, el vino, la leche o el panal de miel (4.3, 11; 5.1, 13; 6.2, 7; 7.7–9; 8.2). También, desde las más altas cumbres de la lírica, el poema expresa a veces la angustia por la ausencia del ser amado (1.7; 3.1–3; 5.8), la felicidad del encuentro (2.8–14; 3.4) y, sobre todo, el anhelo de la mutua entrega (1.2–4; 8.1–3).



La interpretación

A lo largo de la historia, el sentido de las metáforas propuestas por el Cantar de los Cantares ha sido rechazado a pesar de su evidencia. A muchos intérpretes, tanto judíos como cristianos, les ha resultado impensable que, entre los demás libros de la Biblia, pudiera figurar uno de carácter secular, cuyo fin no fuera otro que festejar la dicha de los esposos unidos por un amor propiamente humano.

Por eso, desde muy temprano se ha tratado de encontrar en el libro un segundo sentido, de estricta naturaleza religiosa y oculto por debajo de lo que aparece a primera vista. Así, el judaísmo lo interpretó como una exaltación alegórica del pacto de Jehová con Israel; después, la iglesia vio su relación con Cristo prefigurada en los enamorados protagonistas del poema; y, por último, la mística cristiana descubrió en ellos la más perfecta referencia a la unión del alma con Dios. Pero todos estos criterios, condicionados por el propio sentimiento religioso de quienes los sustentaban, han oscurecido durante siglos la interpretación más sencilla e inmediata de Cantares, y su vinculación literaria y de pensamiento con antiguos himnos de bodas de la sociedad israelita. Eran canciones entonadas unas por los novios y otras por familiares y convidados (Jer 25.10; 33.11), todos los cuales bailaban y cantaban durante los siete días que duraban los alegres festejos nupciales (Gn 29.27–28; Jue 14.10, 17).

Lo que, en cambio, sí debe subrayarse es que la figura de la unión conyugal, tan bellamente loada por Cantares, se utiliza a menudo en el AT como símbolo excelso de la alianza de Dios con Israel (Os 1–3; Jer 2.1–3; Ez 16) y, en el NT, de la relación de Cristo con la iglesia (Ef 5.23–32; Ap 21.2, 9).



El autor

La mención de Salomón (1.1) induce a pensar que aquel rey, hijo de David y sabio entre los sabios, fue el inspirado poeta a quien debemos el Cantar de los cantares. Pero a este respecto debe señalarse que la frase hebrea traducida por «de Salomón», tanto puede significar que él fue el autor del poema, como que el poema le fue dedicado o, simplemente, que Salomón es el personaje a quien el poema hace referencia. En uno u otro caso, el hecho indudable es que el nombre del rey pesó de modo definitivo en favor de que Cantares se incluyera entre los libros sapienciales del pueblo de Israel.



Composición del poema

En el momento actual, la gran mayoría de los especialistas está de acuerdo en que el Cantar de los cantares, tal y como ha llegado a nosotros, no es la obra de un único y determinado poeta. Más bien se trata de una colección de canciones de los s. V y IV a.C., compuestas por personas desconocidas para que el pueblo cantara, y compiladas probablemente hacia principios del s. III a.C. Por tanto, no cabe suponer ninguna especie de estructura establecida de antemano como preparación de la obra poética. La unidad literaria de Cantares y la coherencia de su pensamiento no proceden de ningún plan previo, sino de la idea general que en su día presidió la recopilación de los cantos.

Esquema del Contenido:

1. Título (1.1)

2. Cantares (1.2–8.14):

Primero (1.2–2.7)

Segundo (2.8–3.5)

Tercero (3.6–5.1)

Cuarto (5.2–6.3)

Quinto (6.4–8.4)



Sexto (8.5–14)

Reina-Valera 1995—Edición de Estudio, (Estados Unidos de América: Sociedades Bíblicas


Compartir con tus amigos:


La base de datos está protegida por derechos de autor ©psicolog.org 2019
enviar mensaje

enter | registro
    Página principal


subir archivos