Ana es una mujer de 26 años que vive en una calle céntrica de la provincia de Madrid con una compañera de la carrera



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  • Caso 5

Caso 1


Ana es una mujer de 26 años que vive en una calle céntrica de la provincia de Madrid con una compañera de la carrera. Finalizó la diplomatura de Ciencias Empresariales a los 21 años y desde los 22 trabaja en una empresa de telefonía móvil. Hasta el momento su trabajo se limitaba a ayudar al jefe de la sección de publicidad en la redacción de los informes y en el desarrollo de sus ideas, pero cada día delega más en ella porque aquél pronto se va a jubilar.

Ana viene a consulta porque comenta que siempre ha tenido mucho miedo a hablar en público. En el colegio intentaba no hacer las obras de teatro de fin de curso, y sino tenía más remedio escogía los papeles menos sobresalientes. En el instituto, agradeció que no se dieran las exposiciones ni obras similares a las del colegio. Alega que siempre había gente que quería hacer obras de teatro, pero que ella obviamente nunca se apuntaba, a pesar de que aumentara la puntuación en la asignatura de Lengua y Literatura. En la universidad la cuestión se complicó. Tenía que esquivar las constantes presentaciones, intentaba hacer los trabajos en grupo por si había que exponerlo delante de la clase fueran los otros los que se tuvieran que enfrentar. En ocasiones, se disculpaba diciendo que estaba enferma o que tenía que hacer algún recado urgente que la impedía ir ese día a clase.

El asunto es que ahora en el trabajo no puede evadir las exposiciones de los proyectos delante de los jefes de la empresa. Comenta que sólo de pensarlo se pone nerviosa. Cree que las palabras no le van a salir, que balbuceará o le entrará la risa nerviosa. Asimismo, cree que se caerá en cuanto se ponga de pie por el temblor de las piernas, que las láminas de las imágenes diseñadas se le resbalarán de las manos y, por tanto, todo el trabajo y esfuerzo realizados no habrán servido de nada porque los jefes no habrán podido percibir correctamente de qué trata el proyecto que propone. Además, su jefe directo se replanteará la propuesta de substitución y buscará a otra persona que sea más capaz de presentar los proyectos ante los superiores.

CASO 2

Mónica es una joven de 18 años que vive en casa de sus padres de 47 años ambos, en la provincia de Toledo. Es la segunda de tres hermanos. Su hermana mayor tiene 23 años y su hermano pequeño 15.

Acaba de terminar el bachillerato y ha hecho la selectividad en la cual ha sacado un 7.9. Se planteó si hacer la selectividad porque no tenía claro si hacer un módulo de grado superior o comenzar una carrera, como no lo tenía claro prefirió hacerla por si acaso en algún momento se decidía por la carrera. Ahora que ha sacado tan buena nota está más liada, no sabe si lo que realmente quiere es hacer una carrera que necesita de más tiempo y dedicación o un módulo el cual terminaría más rápidamente y el trabajo es más fácil de conseguir.

Tampoco tiene claro si lo que quiere es estudiar algo relacionado con economía o hacer algo relacionado con ciencias ambientales. Ambas son muy distintas pero le entusiasman por igual. Alega que no quiere tirar por la borda años de su vida estudiando algo que luego no le guste o no tenga futuro o no sepa hacer.

Viene a consulta porque le han comentado que aquí podemos ayudarla a decidir, y que no sólo le enseñaremos cómo decidir sobre este problema sino una técnica para decidir sobre las demás cosas.

Caso 3

María de 40 casada desde hace 20 años con Manuel de 47. Residen en Segovia provincia y tienen dos hijas de 20 y 18 años. María es ama de casa y Manuel trabaja en una residencia de ancianos de celador desde hace 23 años. Su relación marital es buena, y con sus hijas también, tan sólo las discusiones de familia típicas.

María viene a consulta porque está preocupada por su marido. Explica que desde hace más de siete meses no deja de quejarse de dolencias que en realidad no presenta. Un día se levantó con dolor de cabeza y se preocupó por si tenía un tumor, fueron al médico y no presentaba ninguna prueba objetiva de que esto fuera así. La última hizo pensar que tenía piedras en el riñón y que le dolía muchísimo cuando iba al baño, pero el médico tampoco encontró nada, ni en el riñón ni en ningún otro órgano para que le doliera ir al baño. La peor fue cuando hace dos meses Manuel comenzó a apretarse fuertemente el brazo izquierdo y decía que le faltaba la respiración. Fueron corriendo al hospital en el coche de una de sus hijas. Las pruebas que le hicieron no reflejaron absolutamente nada de nada.

Cuando van sus hijas o alguien de visita las dolencias aumentan. Siempre dice que está malísimo y que no se puede mover, que seguro que tiene algo pero que nadie es capaz de descubrirlo. Echa en cara que como tenga algo malo luego se arrepentirán de no haberle hecho caso, pero que allá con su conciencia.

María cree que le está empezando a influir el estar con los ancianos porque cada vez se ve más cercano a ellos. Dice que le da miedo no hacerle caso y que luego le suceda algo realmente, pero cada vez se lo cree menos.

Caso 4

Felipe es un joven de 28 años residente en la provincia de Toledo. Vive solo desde hace cuatro años en un piso cercano al de sus padres, así que son frecuentes sus visitas para no comer sólo o porque simplemente le apetece estar un rato charlando con ellos. Trabaja en el departamento de RR.HH. del centro comercial “Carrefour” de la zona desde hace 6 años, ni siquiera debe coger el coche para ir al centro.

Viene a consulta porque desde que era muy pequeño es incapaz de ir a un dentista sin tomar una alta cantidad de tranquilizantes. Ha decidido venir porque la chica con la que está comenzando a salir le ha convencido de que no puede seguir así. Ahora tiene que aumentar sus visitas porque se debe poner ortodoncia y no puede depender de tranquilizantes.

Si bien desde que tiene recuerdo acudir al dentista era algo que le ponía muy inquieto, cifra el inicio de sus problemas en un incidente ocurrido cuando tenía 6 años. Su madre le llevó para una revisión y de lo nervioso que se puso, la dentista le pegó una bofetada en lugar de tranquilizarle mediante otro método menos brusco. Desde ese momento Felipe es incapaz de asistir a un dentista sin sentir pánico, se enrojece y sujeta la butaca con todas sus fuerzas. Siente una fuerte ansiedad simplemente teniendo que abrir la boca para que el dentista pueda ver. Cuando el dentista le dijo que se debería poner ortodoncia esa noche no pudo dormir y, no deja de dar vueltas a lo mal que lo va a pasar cada quince días cuando tenga que ir a revisión y las noches anteriores de sólo pensar en asistir a la consulta.


Caso 5


Alicia es una mujer de 28 años casada desde hace 5. Viven en Algete porque ambos proceden de allí y les gustaba para proseguir su vida. Poseen un hijo varón de 4 años.

Alicia trabaja en una empresa de publicidad en la que ocupa el cargo de responsable de campañas en el departamento de creación en la que hay siete personas más que trabajan bajo sus órdenes, dependiendo ella directamente del director creativo. Ella no delega trabajo importante porque no confía que lo hagan correctamente, únicamente les encarga tareas de poca trascendencia que aun así revisa, tales como buscar información sobre un tema o colorear a ordenador una imagen. En la actualidad cada vez se siente más agobiada. Comenta que si no hace las cosas ella misma, considera que no están bien hechas. Alega que ocupa el máximo tiempo posible en mejorar cualquier tarea que creía finalizada, pero a la que sigue dándole vueltas y siempre saca “pegas” que necesita mejorar. Puede estar delante del ordenador horas y horas retocando los informes que debe entregar, siempre cree que una frase que ha escrito podría estar mejor y, la re-escribe todas las veces que puede hasta que debe continuar porque el tiempo se le echa encima y sino no lo va a poder entregar a tiempo. Los entrega porque el tiempo lo requiere, no porque ella crea que está finalizado, aunque su jefe siempre la felicita por su trabajo.

Dice que su familia parece molesta. Su hijo le comenta que siempre está trabajando o recogiendo la casa a toda prisa y que pasa poco tiempo con él, que a pesar de que sea fin de semana está tan ocupada como si fuera diario. Su marido opina lo mismo. Él la ayuda en las tareas de la casa para pasar más tiempo juntos, pero ello con eso lo que hace es dedicarle más tiempo al trabajo. Ha sido el marido quien le ha animado a venir a consulta.

Caso 6

Ricardo tiene 24 años y reside en San Agustín de Guadalix (Madrid). Él mismo se considera un poco obsesivo. Vive solo desde que se vino a Madrid desde un pueblo de la provincia de Cuenca. Ricardo trabaja de guardia de seguridad en los garajes de una urbanización de Alcobendas, un pueblo cercano a San Agustín, desde hace 6 años. Su horario es de 7 horas a 15 horas o de 23 horas a 7 de la mañana cuando le toca turno nocturno.

Comenta que viene a consulta porque desde que vino a Madrid no deja de limpiarse y limpiar todo lo que puede y cuando puede. Alega que cuando vivía con sus padres, su madre estaba todo el tiempo limpiando y le acostumbró a lavarse todo el tiempo cada vez que tenía que tocar cualquier cosa. Tenía que estar todo impoluto, no podía haber nada fuera de su sitio y después no quería que las cosas que tanto le habían costado limpiar las ensuciara Ricardo con sus manos, por tanto, le hacía estar todo el tiempo en el baño o en la pila de la cocina lavándose en especial las manos, y en ocasiones la cara cuando el objeto involucrado requería contacto con ella.

Desde que vive solo es él el que recoge y limpia todo el tiempo, no solo la casa, sino también su puesto de trabajo. Dice que la conducta se ha agravado. Que no puede parar un segundo sentado en casa porque siempre considera que hay algo que limpiar, puede sacar todos los muebles de la cocina porque crea que tienen mucha grasa o limpiar una a una las piezas de la cristalería que tiene en el salón, ya sean las 2 de la tarde o a las 4 de la madrugada. A todo ello, hay que unirle el que tenga que limpiar con guantes (que tiene guardados por toda la casa) para no infectarse con la suciedad, y cuando termina su labor debe ducharse y, posteriormente lavarse las manos unas cuatro veces como mínimo por si ha quedado algún resquicio en su piel. Comenta que no puede ir a casa de nadie porque las considera sucias y llenas de focos de infecciones. Por tanto, su vida se limita a su casa y al trabajo porque son los sitios que tiene la limpieza controlada.

En este último, lo pasa muy mal cuando el compañero del turno anterior lo deja todo sucio (que para él es siempre), ya que debe ponerse a limpiar con los guantes que tiene preparados antes de sentarse. Ricardo indica además, que no puede saludar a nadie estrechando la mano porque no sabe de dónde viene ni lo que han tocado sus manos. Cuando termina su turno, va al vestuario con guantes para no tocar los enchufes o la taquilla, por si tienen polvo acumulado o los ha tocado alguien con las manos sucias.

Finalmente indica que le cuesta dormir por las noches porque los pensamientos de si hay algo sucio cerca de él le “inundan” la cabeza. Debe tomar somníferos para conseguir dormir o leer hasta caer rendido y aún así, se despierta cuando se pasa el efecto de la pastilla para limpiar la mesita del dormitorio o cualquier cosa que se le ocurra. Asimismo, son muchas las ocasiones en las que ha llegado tarde al trabajo porque consideraba que no se había limpiado lo suficiente como para tocar el pomo de la puerta de entrada sin ensuciarla o por el contrario, tocarlo y ensuciarse él mismo, lo que le llevaba a volver a limpiarse las manos. Definitivamente, ha optado por salir con los guantes puestos.



Caso 7

Nicolás es un chico de 12 años que vive con su padre, la mujer de éste y el hijo de ambos. Su padre acude al psicólogo porque Nicolás presenta una serie de conductas desobedientes y agresivas, especialmente desde que su hermano nació, hace ahora 2 años. También ha recibido quejas del colegio porque Nicolás no se centra en las tareas, nunca trae los deberes hechos y está distraído todo el rato durante la clase.

Las quejas respecto a su conducta en casa son las siguientes: no ordena su habitación, deja la ropa sucia tirada por toda la casa, jamás ayuda en las tareas domésticas que se le piden (recoger la loza del desayuno, vaciar el lavaplatos), no hace los deberes y desatiende a su hermano: lo lleva de paseo y se mete en una sala de juegos mientras deja fuera el carrito con el niño. También se ha quejado los vecinos de que Nicolás se sube al tejado de la casa (vivienda unifamiliar) y tira piedras a quien pasa por allí.

El padre dice que Nicolás no siempre ha sido así, sino que todas estas conductas empezaron cuando se vino a vivir con ellos por segunda vez, después de haber estado cuatro años viviendo con su madre (en la actualidad ya lleva con ellos tres años, desde los 9). El padre dicie que ha probado de todo: ignorarlo, castigarlo e incluso pegarle en repetidas ocasiones, pero sin éxito. Afirma que Nicolás es “indomable”, que ha salido a su madre y que la única solución que ve es meterlo en un internado, donde lo meterán en cintura. Toda esta información es corroborada por su mujer, quien añade un dato interesante: si se está con él, ayudándole a hacer algo o simplemente jugando, Nicolás “parece otro”. Pero si se le deja solo o si no se está encima para que haga las cosas, no hace nada.



El padre está convencido de que estas conductas “salen de dentro” y que si Nicolás no se omporta bien es “porque es malo”, de la misma manera que si se comportara bien sería “porque es bueno”.

La entrevista con Nicolás nos revela un chico tranquilo, deseoso de que lo atiendan y colaborador al máximo con la psicóloga. Plantea que no le gusta vivir en su casa, que se quiere volver con su madre porque desde que nació el pequeño (al que adora) él ya no pinta nada y su padre solo sabe gritarle, pegarle y enfadarse con él. En lo que respecta a Lucía, la mujer de su madre, dice que sólo está pendiente del niño y que a veces, cuando tiene tiempo a jugar un rato con él, se lo pasan muy bien los dos.


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