Amor y repeticióN



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AMOR Y REPETICIÓN. UN ESTUDIO DE LA TRANSFERENCIA EN FREUD.

López, Mariano A.; Tercic, Cecilia


Amor y transferencia.

El fenómeno de la transferencia se vuelve algo central para entender la dinámica de funcionamiento del amor en tanto es calificado por Freud como un amor genuino, es decir que dicho fenómeno que se despliega dentro del tratamiento analítico lo hace con la misma estructura que cualquier otro enamoramiento. Estructura que no es otra que la repetición de modelos infantiles que se reiteran en la cura con el analista.

La transferencia es explicada como la repetición de un clisé que domina la especificidad de la vida amorosa de un sujeto, dicha especificidad es dada por “las condiciones de amor que establecerá y las pulsiones que satisfará.” (4: p.97)

Freud distingue entonces dos elementos heterogéneos que se conjugan en el ejercicio de la vida amorosa, y por tanto, se reproducen en la transferencia.


Las Condiciones de amor.

La elección del objeto de amor lejos está para Freud de ser un hecho azaroso (aunque el azar tenga en ella un lugar), más bien se encuentra determinada por una serie de condiciones. Éstas se sostienen en “dos objetos sexuales originarios” (8: p.85): uno mismo o el otro de los primeros cuidados, constituyendo de esta manera dos modalidades de elección, una narcisista y otra anaclítica.

Tras la renuncia a los objetos incestuosos queda la conformación de unos arquetipos que funcionarán como modelos de la posterior elección de objeto. Toda elección de “relaciones amorosas se produce sobre la base de huellas mnémicas que aquellos primeros arquetipos dejaron tras sí.” (7: p.249) Es así como Freud puede describir “un tipo particular de elección de objeto en el hombre”, donde las condiciones de tercero perjudicado, del amor por mujeres fáciles, la tendencia a rescatarlas, etc.; son derivadas de la ternura infantil por la madre.

A partir del estudio del amor de transferencia, en los escritos técnicos, Freud destaca que este amor, como todo enamoramiento, consta de la reedición de rasgos antiguos, dado que el paciente “enhebra al médico en una de las imagos de aquellas personas de quienes estuvo acostumbrado a recibir amor” (5: p.140).

Por tanto, huellas mnémicas e imagos quedan como los elementos que posibilitan y determinan le elección de los objetos de amor. Objetos que hacen serie entre si en tanto todos son sustitutos del primero al que se ha tenido que renunciar. La lógica de la formación de series en Freud da cuenta, mediante el relevo sucesivo, de “lo insustituible”, que hace que los objetos de la elección no sean más que subrogados.

En el caso del Hombre de los Lobos Freud, al analizar los enamoramientos compulsivos, ubica cómo las mujeres que devienen amadas son sustitutos de una niñera y ésta, a su vez, es sustituto de la madre. Qué las pone en serie, un rasgo, la posición en la que él vio a su madre en la escena primordial. O bien se podría tomar el caso que describe brevemente en El Fetichismo donde la condición reside en un brillo, glanze en alemán, en la nariz que la indagación analítica reconduce a través de un desplazamiento significante hasta su lengua materna, el inglés, donde glance significa mirada.

Hasta aquí, el clisé que caracteriza la vida amorosa, estaría compuesto por huellas mnémicas e imagos que se reeditan en la transferencia bajo la modalidad del recuerdo. De este modo Dora puede ubicar en serie a su padre, al Sr K y a Freud a partir del rasgo de fumadores. Sin embargo en 1914, Freud puede precisar otro modo de retorno.
El agieren.

En Recordad, Repetir, Reelaborar, el paciente ya no recuerda sino que actúa lo reprimido, y puesto que el tratamiento analítico es pensado como un modo de “llenar las lagunas del recuerdo” (6: p.150), esta “compulsión de repetición” se presenta como una modalidad de la resistencia.

El anhelo de Freud es a esta altura, transformar dicha repetición en un motivo para el recordar. Pero lo cierto es que también encuentra en ella algo aprovechable para la cura, ya que advierte que el repetir “equivale a convocar un fragmento de vida real” permitiendo tratar a la enfermedad como un problema actual. Al mismo tiempo se percata que “sólo en el apogeo de la resistencia descubre uno […] las mociones pulsionales reprimidas que la alimentan.” (6: p.157) La relación con el médico ya no será sólo la sede de la transferencia de huellas mnémicas e imagos, sino que se ofrecerá como “palestra” donde el paciente tiene permitido escenificar todo pulsionar patógeno.

A partir de la problemática del agieren se presenta el concepto de reelaboración de las resistencias, esta “abreacción de los montos de afecto estrangulados por la represión” (6:p. 157) se le vuelve necesaria ya que, como plantea en la conferencia 28 la “revisión del proceso represivo sólo en parte puede consumarse en las huellas mnémicas” (11: p. 413). Es decir que el trabajo sobre las resistencias en 1914, da cuenta del factor económico, el monto de afecto, que se juega en la transferencia.


La inercia psíquica.

En 1920, este repetir como vivencia en transferencia “tiene siempre por contenido un fragmento de la vida sexual infantil y, por tanto, del complejo de Edipo”. (13: p.18) Sabemos, a partir de “Las fantasías histéricas”, que esta sexualidad perversa se fusiona con representaciones tomadas del círculo del amor de objeto, esto es del Complejo de Edipo, dando lugar así a fantasías inconscientes.

Es el enlace de la pulsión con ciertas impresiones y con los objetos dados en estas que producirá un detenimiento del desarrollo, fijando la pulsión y generando una “inercia psíquica”. Ésta es para Freud específica de cada sujeto y sale al paso en la cura como resistencia del ello, a la cual define en “Inhibición, síntoma y angustia” como compulsión de repetición, es decir como “la atracción de los arquetipos inconscientes sobre el proceso pulsional reprimido” (14: p.149)

El clisé amoroso en el que intervenían las condiciones de amor y la satisfacción pulsional podría ser leído en términos de “inercia psíquica”, en ésta se anudan la satisfacción pulsional, aquella satisfacción auterótica pura y el campo de las huellas mnémicas e imagos extraídas del Complejo de Edipo.

En el caso del Hombre de las Ratas, podemos situar esta cuestión en el comportamiento del paciente que primero insulta a Freud, luego lo insta a que lo eche del consultorio, para finalmente levantarse del diván y pasearse por la habitación por angustia de ser azotado. De este modo se actualiza en transferencia su identificación como “tipejo asqueroso y roñoso” a la rata que muerde y es azoada sin piedad por eso. El hacerse pegar encuentra su marco en el complejo paterno.

Para esta nueva modalidad de retorno ya no alcanza con la interpretación, la inercia psíquica produce la actuación con el analista de lo reprimido llevando a Freud a proponer como principal recurso para domeñarla, el manejo de la transferencia.

Este manejo es posible gracias a la capacidad del neurótico de trasponer la libido desde sus síntomas al analista, que ahora queda como objeto en el centro de esta nueva enfermedad llamada neurosis de transferencia.
El amor repetición.

Hemos visto como los diferentes elementos que conforman la vida amorosa, arquetipos (huellas mnémicas e imagos) y satisfacción pulsional, retornan anudados en la neurosis de transferencia. Dicho de otro modo, a partir de la transferencia Freud puede precisar como la vida amorosa es comandada por una compulsión a la repetición. Ésta es producida por la fijación en la temprana infancia de la satisfacción pulsional a aquellos arquetipos inconscientes producto del atravesamiento del Complejo de Edipo.

Consideramos que la repetición del clisé en transferencia entra bajo la égida del principio del placer, si bien implica un displacer para el yo, conlleva también la satisfacción de mociones pulsionales reprimidas (13). Aquella satisfacción, antes aprontada en los síntomas, es volcada a la transferencia haciendo que la cura misma se vuelva sede de satisfacciones sustitutivas. La meta ya no será entonces curarlo de su antigua enfermedad, sino de la neurosis de transferencia, esto es, desasirlo de ese “objeto provisional que es la persona del médico” (11: p. 414).

Ahora bien, encontramos en Freud además del recuerdo y la repetición en acto, otro fenómeno transferencial calificado como “la más fuerte resistencia al tratamiento” (4: p. 99): el cese de las asociaciones. Cabe aclarar que no se trata del caso en que el paciente las silencia sino cuando “realmente faltan”.

La indicación que brinda en estos casos de “parálisis” es la de aseverarle al paciente que se “encuentra bajo el imperio de una ocurrencia relativa a la persona del médico” (4: p.99). Analista y ausencia de representación confluyen en un mismo fenómeno.

¿Qué estatuto tiene aquí el analista cuando ya no es destinatario de representaciones e imagos ni tampoco objeto de las investiduras libidinales anudadas a un clisé? Parecería el retorno de algo que se transfiere sobre el analista pero que carece de representación.

Si la transferencia se puede tomar como modelo de un amor genuino, otro elemento se hace presente en la especificidad de la vida amorosa, una presencia que escapa a la representación. Una presencia más allá del clisé y por ende más allá del principio del placer.

REFERENCIAS BILIOGRÁFICAS
1. FREUD, S (1905) “Fragmentos de análisis de un caso de histeria.”, en Obras Completas, Amorrortu 1978, Vol. 7.

2. FREUD, S (1909) “A propósito de un caso de neurosis obsesiva.”, en Obras Completas, Amorrortu 1993, Vol. 10.

3. FREUD, S (1910), “Sobre un tipo particular de elección de objeto en el hombre”, en Obras Completas, Amorrortu 1979, Vol. 11.

4. FREUD, S (1912), “Sobre la dinámica de la transferencia”, en Obras Completas, Amorrortu 1980, Vol. 12.

5. FREUD, S (1913) “Sobre la iniciación del tratamiento”, en Obras Completas, Amorrortu 1993, Vol. 12.

6. FREUD, S (1914) “Recordar, repetir, reelaborar.”, en Obras Completas, Amorrortu 1979, Vol. 12.

7. FREUD, S (1914) “Sobre la psicología del colegial”, en Obras Completas, Amorrortu 1980, Vol. 13.

8. FREUD, S (1914) “Introducción del narcisismo”, en Obras Completas, Amorrortu 1979, Vol. 14.

9. FREUD, S (1915) “Puntualizaciones sobre el amor de transferencia.”, en Obras Completas, Amorrortu 1980, Vol. 12.

10. FREUD, S (1915) “Un caso de paranoia que contradice la teoría psicoanalítica.”, en Obras Completas, Amorrortu 1980, Vol. 14

11. FREUD, S (1917) “Conferencia 28. La terapia analítica.”, en Obras Completas, Amorrortu 1978, Vol. 16.

12. FREUD, S (1918) “De la historia de una neurosis infantil”, Amorrortu 1979, Vol. 17.

13. FREUD, S (1920) “Más allá del principio del placer”, en Obras Completas, Amorrortu 1993, Vol. 18.

14. FREUD, S (1926) “Inhibición, síntoma y angustia.”, en Obras Completas, Amorrortu 1993, Vol. 20.

15. FREUD, S (1927) “El fetichismo.”, en Obras Completas, Amorrortu 1979, Vol. 21.

16. FREUD, S (1937) “Análisis terminable e intermnable.”, en Obras Completas, Amorrortu 1980, Vol. 23.



17. FREUD, S (1927) “El fetichismo.”, en Obras Completas, Amorrortu 1979, Vol. 21.


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