Amistades quebrantadas



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AMISTADES QUEBRANTADAS
¿No sería magnífico que los cristianos siempre nos lleváramos bien entre nosotros?
Parece que así debiera de ser, porque tenemos mucho en común: Un Señor, su Palabra revelada, un cuerpo, del cual todos somos miembros, un deseo de glorificar a Jesucristo, la misma meta de compartir a Cristo con otros…
Aun así, parece que tenemos fama de abundar en malos entendidos, desacuerdos, disensiones y divisiones.
Todos hemos observado que en las iglesias se forman pequeñas camarillas y que hay chismes y resentimientos entre los cristianos.
Sabemos que naufragan los matrimonios de quienes dicen ser cristianos.
Tenemos que admitir que los creyentes no siempre nos llevamos bien unos con otros.
¿Cómo es esto posible?
Una amistad genuina
Su amistad comenzó muy bien. Un gran número de gentiles radicados en Antioquía de Siria se convirtieron a través de la predicación de algunos refugiados llegados de Jerusalén (Hechos 11:19-21)
Eso enojó a algunos líderes de la iglesia primitiva que estaban en Jerusalén, mismos que todavía no estaban listos para aceptar a los gentiles dentro de la iglesia de Cristo. Así que decidieron enviar a alguien a ese lugar para que investigara la situación.
Por obvias razones escogieron a Bernabé. Éste era de la tribu de Leví; conocía la ley y la forma de pensar de los hebreos; además había crecido en la isla de Chipre, por lo que hablaba griego, y entendía la mentalidad de los gentiles y nunca los ofendería deliberadamente. Bernabé era conocido por su bondad, generosidad, compasión y piedad (Hechos 4: 36-37)
Bernabé permaneció allí y la obra en Antioquía prosperó bajo su liderazgo. (Hechos 11:23-24) La obra prosperó a tal grado, que Bernabé no pudo seguir manejándola solo.
Los nuevos creyentes eran muy jóvenes en la Fe como para hacerlos líderes, así que su único recurso fue buscar ayuda de afuera.

Bernabé sabía quién era el hombre ideal. Hasta donde sabemos, por primera vez conoció a Saulo de Tarso en Jerusalén tres años después de su milagrosa conversión en el camino a Damasco. En ese entonces, todos los creyentes de Jerusalén temían que Saulo hubiera venido a espiarlos o a planear el próximo ataque contra ellos. Pero Bernabé creyó en él, le extendió la mano, y animó a otros líderes a que lo aceptaran (Hechos 9:26-29) Así fue como nació una genuina amistad.


Después de esos días pasados en Jerusalén, Saulo regreso a Tarso, su ciudad de origen, y predicó el evangelio en las áreas circunvecinas. Las noticias de su éxito en el ministerio llegaban constantemente a Jerusalén (Gálatas 1:23)
Saulo de Tarso era el hombre que Bernabé necesitaba en Antioquía (Hechos 11:25-26) Así fue como se formó un gran equipo misionero.
Juntos, sirvieron al Señor y recibieron grandes bendiciones. Parecía que se habían adaptado y complementado uno al otro perfectamente.
Cuando la iglesia de Antioquía decidió enviar ayuda económica para aliviar el hambre que afligía a los cristianos de Jerusalén, Bernabé y Saulo fueron los portadores de ella (Hechos 11:30) Juntos regresaron a Antioquía (12:25) donde otros tres hombres se añadieron a su equipo de trabajo (13:1) Pero Bernabé y Saulo continuaron sirviendo al Señor juntos.
Bernabé y Saulo iniciaron juntos una nueva misión (Hechos 13:2)
Emprendieron un ministerio muy fructífero de evangelismo y formación de nuevas iglesias y luego regresaron a Antioquía a informar de lo que Dios había hecho y juntos continuaron su ministerio allí. (Hechos 14:26-28)
Cuando la falsa doctrina de la salvación por obras comenzó a infiltrarse en la iglesia, se mantuvieron firmes contra la misma. (Hechos 15:2)
Cuando se decidió enviar representantes a Jerusalén para analizar ese problema con los apóstoles y ancianos de esa ciudad, se les pidió que fueran juntos (Hechos 15:2, 12)
Y cuando fue tomada una decisión y enviar una carta de parte de los apóstoles y ancianos a las iglesias, esta decía: Hechos 15:25-26
“¡Nuestros amados Bernabé y Pablo!” Eso lo dice todo. Ellos eran amigos genuinos cuyo ministerio en equipo trajo gran bendición a la iglesia y despertó gran admiración y afecto.
Cuando terminaron su tarea, regresaron a Antioquía y juntos continuaron enseñando y predicando la Palabra de Dios (Hechos 15. 35)

Una tensión creciente
Dos cosas acontecieron durante aquellos años de ministerio en equipo que afectaron su relación, cosas que pasamos por alto fácilmente:
Primero, el liderazgo en equipo cambió de manos. Bernabé fue el líder original, principal de la iglesia, muy respetado por los hermanos allí.
Personalmente trajo a Pablo para que le ayudara en el ministerio. Su nombre aparece siempre primero por esa razón.
Cuando se listan los cinco miembros del grupo evangelístico en Hechos 13:1, su nombre aparece primero, y el de Saulo hasta el final. El Espíritu Santo lo menciona primero en su llamado al servicio misionero (Hechos 13:2), y todavía siguió siendo mencionado primero a medida que progresaba el viaje (Hechos 13:7). Él era el líder reconocido.
Pero algo sucedió en aquel viaje. Estando lejos del ambiente donde Bernabé era el líder reconocido, Saulo (ahora llamado Pablo), comenzó asumir el liderazgo. Parece que era de esperarse, debido a que tenía una personalidad más fuerte y dones más notables. Él fue el confrontó al hechicero Elimas y le impidió obstaculizando el evangelio (Hechos 13:8-12)
Para cuando terminaron su ministerio en la isla de Chipre, Lucas llama al equipo Pablo y sus compañeros” (13:13) Eso fue un gran cambio y bastante repentino.
El liderazgo de Pablo se hizo más evidente en la Sinagoga de Antioquía de Pisidia (13:14-16) No se registra oposición por parte de Bernabé, ni vemos indicio de que sintiera rencor o resentimiento. Pero nos debemos preguntar, si en lo profundo de su alma, Bernabé no se sentía un poco lastimado por lo sucedido. ¿Habrá pensado que Pablo era demasiado insistente y que quería hacer las cosas a su manera? ¿O que no tomaba en cuenta los sentimientos de otros? ¿le habrá mencionado esto a Pablo?
Segundo incidente que trajo tensión a su relación fue un suceso aislado que acaeció en Antioquía de Siria poco después del concilio de Jerusalén. Pablo lo menciona años después en la epístola a los Gálatas.
Pedro se encontraba visitando la iglesia de Antioquía de Siria donde se comportó tal y como Pablo y Bernabé lo habían hecho, sin prejuicios contra los cristianos gentiles. Él entró con toda libertad en contacto social con ellos, comía y convivía con ellos sin ninguna restricción.
Pero cuando un grupo de judíos cristianos llegó de Jerusalén y expresaron su inconformidad acerca del comportamiento de Pedro, él se echó para atrás y dejó de comer con los gentiles. Mientras la igualdad social era la norma en Antioquía de Siria, aún no era aceptada por los judaizantes, y Pedro temía que le causara conflictos a su regreso a Jerusalén. Pablo llamó a esto hipocresía (Gálatas 2:13)
Pero lo que más lastimó a Pablo fue que su querido amigo Bernabé permitió que le afectara la hipocresía der Pedro. (Gálatas 2:13)
¡Pablo no lo podía creer! ¿Cómo pudo hacer eso Bernabé? Él, mejor que nadie, sabía lo que debía hacer. Entendía las doctrinas de la Gracia, de la libertad cristiana y de la unidad de todos los creyentes verdaderos en Cristo. Por años había estado tratando a los gentiles de Antioquía como iguales. Ahora, por temor a lo que los judaizantes pudieran decir de él en Jerusalén, se acobardó y dejó a Pablo solo.
¿Será posible que Bernabé estuviera ofendido por el cambio de liderazgo y eso le hiciera dar la espalda a Pablo tan fácilmente?
Bernabé seguramente reconoció su error y se arrepintió. La herida sanó, pero la cicatriz permaneció, dejando una fractura en su amistad.
Nos preguntamos si Pablo en lo profundo de su alma, no anidaba un poco de desconfianza hacia Bernabé. Tal vez pensó que era inconsistente y acomodaticio. El hecho de que mencionara lo sucedido en su carta a los Gálatas, revela que nunca lo pudo olvidar.
Nos preguntamos si alguna vez hablaron sobre el asunto, o si nada más lo ignoraron, esperando que las cosas se arreglaran con el tiempo (como a menudo hacemos nosotros)
Un gran desacuerdo
Si el resentimiento fue real, y Pablo y Bernabé nunca lo confesaron el uno al otro, ni admitieron honestamente que existía, ni lo discutieron abiertamente, puede usted estar seguro de que el escenario estaba listo para una violenta riña. Y eso es exactamente lo que ocurrió poco tiempo después.
Cronológicamente, el siguiente punto decisivo de su relación ocurrió inmediatamente después de las acciones hipócritas de Bernabé en Antioquía de Siria: Hechos 15:36-38
Se trataba de un simple asunto de procedimiento. Nos parece tan insignificante, que pensamos que pudieron haberse sentado juntos para discutir los pro y contras de la situación y llegar a una decisión conjunta. Por ejemplo:
“No lo llevemos en este viaje, quizás en el siguiente” o “tal vez podemos llevarlo, pero antes debemos establecer ciertas condiciones” o “vamos a platicar con él con respecto a su deserción anterior y la seriedad de ello, encontrar qué hay detrás de ésta y cómo podemos evitarla la próxima vez”. Ciertamente pudieron haber encontrado alguna solución de común acuerdo.

Pero no es fácil encontrar soluciones conjuntas cuando hay resentimientos no resueltos que están profundamente arraigados.


Cuando alguien nos lastima, nuestro dolor puede convertirse en ira contenida y persistente que tal vez ni siquiera estamos dispuestos a aceptar que existe. Si surge un desacuerdo, por pequeño que sea, se convierte en un problema mayor.
La Biblia dice: Hechos 15:39-40
La palabra griega que se traduce como “desacuerdo”, tiene la misma raíz de paroxismo, que significa, “exaltación extrema de los afectos o pasiones, emoción o acción súbita y violenta”.
No hay forma en que podamos ignorar esa pelea. No fue solo una leve diferencia de opinión, fue una discusión muy fuerte. Las emociones explotaron. Intercambiaron palabras ásperas. Tal vez se lanzaron acusaciones severas. El pasaje en si infiere que hubo irritación y enojo.
Esta clase de diferencias ocurre regularmente entre cristianos, los casados, padres e hijos, compañeros de trabajo, líderes de la iglesia. Muchas amistades se han destruido, las familias se han desbaratado, las iglesias se han dividido.
¿Cuáles son las razones? -Una de ellas es el orgullo.
Tal vez estemos seguros de que nuestra opinión es la correcta y la de los otros no.
Si nuestra idea es rechazada, podemos pensar que de alguna manera esto afecta nuestro valor como personas. Entonces peleamos con todas las armas a nuestro alcance para ganar la discusión y proteger así nuestra autoestima.
-Otra razón es la información deficiente. Quizá seamos muy rápidos al juzgar a otros. Nos formamos opiniones basados en unas pocas experiencias aisladas, o creemos en la evaluación que otro ha hecho, y entonces nos apresuramos a sacar conclusiones acerca de la gente y sus motivos.
Cuando ya nos hemos formado una opinión, tendemos a ver todo lo que se diga o se haga a la luz de la misma, y la usamos para confirmar nuestra opinión preconcebida y prejuiciada.
Esto nos lleva a repetidos malentendidos. Asumimos que, debido a los motivos de alguien fueron malos en el pasado, deben seguir siendo malos. Nos rehusamos a creer que la gente pueda cambiar y madurar.
Una de las razones más comunes por la cual existen contiendas entre creyentes es por nuestra notable falta de comunicación, en especial cuando se trata de compartir nuestros sentimientos. Es más fácil acusar, reprender o condenar a otros por lo que han hecho, discutir por trivialidades o insistir en nuestro punto de vista para hacer las cosas, que admitir honestamente nuestro dolor, inseguridad, inferioridad, ansiedad, temor, egoísmo o celos. No queremos que otros piensen menos que nosotros, así que encubrimos esos sentimientos.
Si queremos evitar discusiones enojosas como esta, necesitamos hacer algo al respecto, y lo primero sería admitir nuestras emociones y hablar de ellas:
“Me sentí herido cuando hiciste eso. Pero deseo que las cosas vayan bien entre nosotros. ¿Podríamos hablar del asunto?”
“Sentí que me pusiste por los suelos cuando dijiste eso. ¿Quisieras explicarme lo que realmente quisiste decir?”
Cuando nos negamos hablar, y en cambio, dejamos que los sentimientos se agraven, seguro que vendrán las explosiones. No lo aplace más. ¡Hable! ¡Tenga una plática abierta y honesta!
No mencione lo que la otra persona ha hecho mal, sino lo que usted está sintiendo. No existe evidencia de que Pablo y Bernabé hicieran esto.
Otra cosa que necesitamos hacer es permitir que haya diferencias de opinión. Dios no nos hizo a todos con el mismo molde. Venimos de diferente trasfondo y pensamos muy distinto acerca de las cosas. Si Dios nos acepta a todos con nuestras diferencias, ciertamente podemos aprender a aceptarnos unos a otros.
La mayoría de los desacuerdos no se refieren al bien y al mal. No podemos decir dogmáticamente que Pablo o Bernabé, cualquiera de los dos, tuviera la razón. Parece ser que la iglesia puso su aprobación oficial en Pablo (Hechos 15:40) Pero eso no significa que no aprobó a Bernabé. Simplemente que reconocieron que Pablo era el líder, aún en Antioquía de Siria. El Espíritu Santo no nos dijo quien tuvo la razón.
La pregunta no debe ser: ¿Quién tiene la razón y quién no? Sino más bien: ¿Cómo podemos trabajar juntos en amor cristiano para realizar la obra que Dios nos ha encomendado?
Dios quiere que aprendamos la gracia de soportarnos unos a otros. Parece que Pablo y Bernabé fallaron en esto.

Una cosa más. Sea pronto en perdonar. Todos somos humanos. A veces dejamos que nuestra vieja naturaleza pecaminosa y los complejos psicológicos nos dominen y decimos lo incorrecto de manera incorrecta. Debemos ser pacientes y comprensivos los unos con los otros y estar dispuestos a perdonar. Todos cometemos errores de vez en cuando. Si queremos que la gente perdone nuestras faltas, nosotros debemos obrar de la misma manera con quienes nos ofenden. Pablo y Bernabé fallaron en todo esto.


Un buen final
La parte más alentadora de esta historia es la seguridad de que nuestro Dios soberano está en control de todo.
Satanás estuvo haciendo su labor, las naturalezas pecaminosas se encolerizaron. Pero Dios es omnipotente. Aunque Él pudo haber cambiado las circunstancias de alguna forma para evitar el conflicto, no lo hizo, sino que actuó como siempre hace: “a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien”.
Por un lado, fue una experiencia para hacer madurar a los involucrados, especialmente a Pablo. Él era muy dado a reaccionar fuertemente (Hechos 23:3; 17:16 donde el verbo griego “enardecía” tiene la misma raíz de “desacuerdo”) Pero Dios estaba obrando en esa debilidad del apóstol. Tiempo después él mismo escribió que el amor no se irrita (1Cor 13:5 donde vuelve a usar la misma raíz verbal) Es inevitable pensar que cuando escribió esas palabras , reflexionaba y recordaba el desacuerdo que tuvo con Bernabé. El problema le ayudó a ver sus propias debilidades y a pedir a Dios que le diera la capacidad de amar.
Otra cosa benéfica que Dios hizo después del conflicto, fue que formó dos equipos misioneros en lugar de uno. Aun cuando ésta no fuera la mejor manera de cumplir ese objetivo, quizás no se hubiera llevado a cabo de otra forma. Por consiguiente, aunque el problema no glorificó a Dios, el resultado final si lo hizo. Dios puede hacer eso por nosotros también. Él puede usar hasta nuestras imprudentes y egoístas equivocaciones para glorificarse a sí mismo. Eso no es una excusa para pecar, pero ciertamente nos estimula cuando recordamos las ocasiones en que hemos fallado.
Solo el Altísimo sabe lo que pudo haber sucedido a Marcos si Bernabé no lo hubiera tomado bajo su protección espiritual. Hasta el mismo Pablo más tarde admitió que Marcos le era en el ministerio (2Tim 4:11)
Es alentador saber que Dios puede usar nuestros errores para realizar algo provechoso en nuestra vida o en la de otros.
Aunque no existe evidencia de que Pablo y Bernabé reanudaran la estrecha relación que una vez tuvieron, los rencores desaparecieron y llegaron nuevamente a respetarse profundamente el uno al otro. Más adelante Pablo habló de Bernabé con agrado y admiración (1Cor 9:6)
Aprendamos ahora mismo a ser abiertos y honestos con otros acerca de nuestros sentimientos, hablemos libremente de ellos, aceptemos y amemos a otros aunque tengamos diferencias.
No prejuzguemos los motivos de otras personas, toleremos las diferentes opiniones y perdonemos prontamente a otros cuando su antigua naturaleza pecaminosa hace cosas que nos lastiman.
Entonces los matrimonios serán sanados, las amistades se restaurarán, los cristianos antagónicos se reconciliarán, las iglesias serán fortalecidas, y Dios será glorificado.


¿Por qué la crítica es un hábito tan insensato?
La crítica es un estilo de vida, forma parte integral de nuestra sociedad. Tenemos críticos de música, de arte, de teatro, críticos deportivos; hay críticos del gobierno, de los negocios, del trabajo.
Parece que estamos obsesionados por las debilidades y errores de los demás y creemos que es correcto criticarlos. Creemos que nuestras críticas alentarán a otros o harán que se esfuercen por superarse.
Por medio de la crítica tratamos de rehacer a nuestro cónyuge y moldear a nuestros hijos. Los cristianos también trasladamos ese mismo patrón de conducta a la iglesia. Señalamos a otros porque no están a la altura de nuestras expectativas y encontramos defectos en nuestros líderes porque no hacen las cosas como queremos.
Jesús dijo: Mateo 7:1-5
¿Continuaremos como siempre, o trataremos de cambiar nuestro modo de vivir de acuerdo a la voluntad divina?
El mandato
Es muy breve y simple: “No juzguéis”

La palabra “juzgar” tiene la idea de hacer distinción o elección. Por ejemplo: Un juez observa la evidencia, la evalúa, luego llega a una conclusión, que puede ser totalmente positiva. Puede producir elogio, aprobación y exoneración. Y aun el juicio negativo es necesario a veces.


En este pasaje, Jesús indica que la persona cuya vida es pura, puede ayudar a sacar la astilla del ojo de su hermano (Mt 7:5) Esta es una forma de juicio que trataremos después, de cómo ayudar a un creyente a superar sus defectos.
Podemos juzgar (Juan 7:24) pero sobre bases de verdad y de hechos en vez de hacerlo basados en las apariencias externas.
Cuando el Señor nos dice “No Juzgar”, nos está advirtiendo acerca de no tener un espíritu que se dedique a buscar defectos, ni una actitud negativa que nos haga señalar a otros por lo que no nos gusta de ellos, o acusarlos, reprocharles y quejarnos porque no viven de acuerdo a nuestras expectativas.
Esta preocupación con los defectos ajenos se expresa de dos formas:
-Primero, nos inclinamos a enfatizar los defectos de otros en lugar de sus cualidades.

-Segundo, nos dedicamos a señalar las faltas de otros en lugar de las nuestras.


La palabra que resume todo esto es “crítica”
¿Por qué dice Jesús que no debemos fijarnos en los defectos de otros?
1-Nuestro conocimiento de otros sólo es parcial.

No sabemos todos los hechos ni por qué dijeron o hicieron lo que estamos criticando. No sabemos la clase de presiones que están confrontando, las influencias que los moldearon a ser como son, la fuerza de las tentaciones que se presentaron en su camino, los motivos que los impulsaron a actuar de ese modo. Solo Dios sabe todos los hechos y puede hacer una evaluación acertada. Por eso, él es el único que tiene derecho a criticar. Cuando nosotros lo hacemos tomamos el lugar de Dios.


2-Nuestro juicio es falible.

Aunque conociéramos todos los hechos, quizá no los interpretaríamos correctamente. Somos seres con un montón de prejuicios bajo cuya perspectiva vemos los hechos. Por ejemplo, los miembros de un jurado pueden escuchar los mismos datos en una corte, y aun así pueden llegar a conclusiones totalmente opuestas. Solamente Dios puede interpretar los hechos con precisión, por lo que Él es el único que tiene derecho a criticar. Cuando lo hacemos tomamos el lugar de Dios.


3-No somos responsables de las acciones de otra gente porque no somos sus dueños.

(Rom 14:4) Somos responsables de nuestras acciones. Cuando lo criticamos, tomamos el lugar de Dios.


4-La crítica destruye en lugar de edificar.

Cuando va dirigida a nosotros, rara vez nos hace cambiar para mejorar, al contrario, tiene el efecto opuesto. Hace que nos defendamos, que justifiquemos nuestras acciones, que tratemos de probar que no somos tan malos como se nos acusa de ser. La crítica es un obstáculo a nuestro crecimiento.




5-La crítica nos lleva a desanimarnos y a tenernos lástima.

Sentimos pena por nosotros mismos, porque pensamos que nunca seremos capaces de complacer a quienes nos juzgan y porque tenemos que sufrir su injusticia acusación.


6-La crítica destroza las relaciones, porque hace que la gente se aparte y levante barreras.

Nuestra tendencia es evitar a la gente que la practica. Algunos maridos y esposas se evitan por esta razón. Como resultado, sus matrimonios se están desintegrando. Ellos han desarrollado el hábito de criticar la manera en que el otro luce o habla, o las cosas que el otro hace o no hace. Por eso no es raro que el esposo se quede en el trabajo hasta tarde y cuando llega a casa, se refugia en el jardín o en el taller o en el estudio para evitar la crítica. Por su lado la esposa pasa más y más tiempo con las amigas y vecinas o busca otros intereses en qué ocupar su atención. Ambos desean con ansias tener un acercamiento y recuperar la intimidad, pero su espíritu de crítica los está desuniendo.

El doctor Ed Whead escribió:
“Recuerde que nunca podrá aumentar o volver a encender las emociones del amor creando en su pareja un sentimiento de fracaso. Debo insistir en esto. Nunca, ni de la manera más leve, ponga un sentimiento de culpa sobre su pareja”
7-La crítica consume la energía que puede canalizarse para dar gloria a Dios.

Todos sabemos que tenemos que confiar en Dios cuando nos critican, pero también somos humanos. Pasamos una cantidad de tiempo pensando y preocupándonos por las cosas poco amables que la gente dice de nosotros, y eso nos agota emocionalmente. Con frecuencia la crítica se dirige a los líderes cristianos, aunque ellos sean maduros, tal como deben ser, también la crítica les causa dolor y produce tal presión, que dificulta su habilidad para ministrar efectivamente. Ellos necesitan aprender a manejar la crítica, pero eso no elimina la responsabilidad de los cristianos que la practican, podrían estar obstaculizando la obra de Dios.


La crítica es un mazo que pulveriza los matrimonios, los hogares y las vidas, y los hace pedazos. Esa es la razón por lo que Jesús dijo: “No Juzguéis”.
Deje de estar observando las imperfecciones de otros, ya sean reales o imaginarias.

La advertencia
El principio de bumerán, recibimos lo que repartimos en otros.

Algunos tal vez nos preguntemos porqué hay gente que nos evita y por qué nuestro círculo de amigos está disminuyendo. ¿Será que los hemos estado ahuyentando por señalar sus defectos con regularidad?


Cuando criticamos a alguien, generalmente


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