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Conceptos sobre psicología forense y/o jurídica



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5.2 Conceptos sobre psicología forense y/o jurídica

La Psicología Forense o Jurídica, es un área de trabajo e investigación psicológica especializada cuyo objeto es el estudio del comportamiento de los actores jurídicos en el ámbito del Derecho, la Ley y la Justicia; esta área, está reconocida por Asociaciones y Organizaciones de nivel internacional y recientemente ha sido reconocido en el ámbito institucional por la Universidad de la Tercera Edad, la cual, como hemos dicho, tiene la primicia de haber realizado el primer Diplomado de Psicología Jurídica y/o Forense.

Conceptualmente hablando, y conforme lo establece el Primer Congreso Iberoamericano de Psicología Jurídica, hemos de admitir, que la Psicología Forense, “esta dirigida al servido del Derecho; en consecuencia, es indispensable o necesario (no simplemente deseable o conveniente) que la investigación psicológica del caso o problemas a dilucidar se haga orientada hacia el esclarecimiento de los presupuestos naturales (subjetivos) que integran los presupuestos normativos, sobre los cuales se debe fundar y construir el razonamiento jurídico”.3

No obstante, el estado actual de la Psicología Jurídica debe entenderse según las distintas áreas en que se encuentren reflejadas las necesidades de la incipiente disciplina, disciplina que pese a que el respetado psicólogo Wilfredo Mora, trata desde conceptos diferentes, definiendo la Psicología Forense como una disciplina diferente a la Psicología Jurídica, nosotros, con el aval de la mayoría de tratadista internacionales, preferimos indistintamente referirnos a ella como una misma disciplina, nombrándola en el presente texto como PSICOLOGIA FORENSE O PSICOLOGÍA JURÍDICA refiriéndonos siempre a una misma aplicación de la psicología al derecho, que se bifurca en diferentes aplicaciones.

Salvada la precedente aclaración, hemos de aceptar, que la doctrina mas socorrida en torno a la clasificación de la psicología forense o jurídica, considera que las misma no es unánimemente compartida, por causa de las peculiaridades culturales, científicas y de legislación de cada país, por lo que, en esta oportunidad trataremos de presentar una clasificación enunciativa de las aplicaciones de la psicología forense; por ejemplo, la Psicología Policial tiene una nula aplicación en la mayoría de los países latinoamericanos, entre ellos el nuestro, sin embargo, adquiere excelentes niveles en países anglosajones y en países del este europeo.

En todo caso el campo de la Psicología Jurídica que estamos intentado definir según va consolidando sus tareas de forma específica debe establecer sus límites y sus estados fronterizos con otras áreas psicológicas con las cuáles colaboran interdisciplinariamente, a fin de clasificar posteriormente las múltiples divisiones según su aplicación.



5.3 Funciones del psicólogo forense

Las funciones del Psicólogo Jurídico en el ejercicio de su Rol Profesional es bastante amplio, pero, “el desconocimiento de los psicólogos o psiquiatras del Derecho y de igual manera, el de los abogados o jueces de la Psico(pato)logia, ha llevado a creer, equivocadamente que el único campo de intervención de la Psicología Forense seria el terreno de la imputabilidad-inimputabilidad penal, o de las circunstancias atenuantes de índole psicológica. No obstante, el campo de acción de la psicología forense es, sin duda alguna, mayor (...)4”de tal suerte que dentro de su ámbito se incluyen las siguientes aplicaciones:



  1. Evaluar y diagnosticar las condiciones psicológicas de los actores jurídicos, a fin de contribuir con mayor claridad al entendimiento de la conducta juzgada por parte de los jueces y juristas.

  2. Asesorar y orientar como experto a los órganos judiciales en cuestiones propias de su disciplina, sin cuyo dictamen, seria mas que ilegal, imprudente evaluar una decisión en ciertas materias del ámbito jurídico, por ejemplo podemos citar el mandato de la ley 14-94, en su articulo 134, al ordenar antes de la ventilación del proceso un informe socio familiar en el cual el psicólogo forense va a tener una participación preponderante.

  3. Intervenir en el diseño y realización de Programas para la prevención, tratamiento, rehabilitación e integración de los actores jurídicos bien en la comunidad, bien en el medio penitenciario, tanto a nivel individual como colectivo.

  4. Formar, educar, y entrenar a los profesionales del sistema legal (jueces y fiscales, policías, abogados, personal de penitenciarías, etc.) en contenidos y técnicas psicológicas útiles en su trabajo y útiles a la sociedad en los casos de victimas y victimarios de los procesos.

  5. Participar en la elaboración de campañas de prevención social ante la criminalidad, lo mismo que preparar la divulgación de estas en los medios de comunicación masiva, mas que con miras sensacionalistas con la pretensión de asesoramiento e información social para la población en general.

  6. Investigar la problemática de la Psicología Jurídica y la implementación de políticas criminales de interés para la ley y la sociedad.

  7. Investigar y contribuir a mejorar la situación de la víctima y su interacción con el sistema legal, para tratar de que el proceso no sea una victimización de la victima sino un medio de mitigar las frustraciones y secuelas del daño.

  8. Propiciar soluciones negociadas a los conflictos jurídicos, a través de una intervención mediadora que contribuya a paliar y prevenir el daño emocional, social, y presentar una alternativa a la vía legal, donde los implicados tienen un papel predominante, es el caso de contribuir a los métodos alternativos para la solución de conflictos, tarea que en nuestro país y específicamente en la ley 14-94 esta asignada al representante del ministerio publico y no al psicólogo forense como debiera ser, lo mismo que en lo referente a la materia laboral, donde el conciliador es el Juez mismo del órgano jurisdiccional que juzgara el conflicto en caso de que fracasare el intento de conciliación que impone la ley.

2.4 Procedimientos, técnicas e instrumentos

El Psicólogo Jurídico utiliza en su trabajo técnicas de evaluación psicológica que gozan de la credibilidad científica que le ha dado el uso y la aceptación universal, esforzándose en desarrollar instrumentos de evaluación adecuados al contexto de aplicación, según sean los intereses particulares de cada caso para la justicia y no conforme a los intereses particulares de cada persona en cada caso.

De ahí, que a la hora de justipreciar las pruebas encomendadas por el juez o la ley al psicólogo forense, debemos conocer sus técnicas y procedimientos, a fin de que las mismas puedan tener en la intima convicción el juez, el efecto que ha de convenir al descubrimiento de la verdad.

5.5 La Práctica psicológico – forense valoración de sus riesgos

Y cuál es, en este entramado, el posible lugar del psicólogo?; y cuál su función?. Resulta aquí claro el riesgo de que el psicólogo se establezca como un "auxiliar" que sustenta un discurso jurídico que lo asimila, subyugándolo, y lo borra, subsumiéndolo, con el sólo fin de dictaminar lo "verdadero".

Cabe así señalar el curioso lugar del especialista psi-. En un punto puede resultar cómplice y agente del poderoso en la medida que se constituya en su instrumento para, intervención mediante, ejercer el Poder. Pero por otro lado es, también él, víctima de ese mismo poderoso toda vez que no es el experto quien ejerce, en realidad, ese Poder.

Y la urgencia del caso, -y no importa ya en que ámbito, dado que puede ser indistintamente el forense, el escolar o el asistencial-, resulta estar definida desde la emergencia del que asiste o por la urgencia y las características de la institución.

Sea cual fuere el espacio al que la emergencia llega, es decir donde la situación emerge, las alternativas posibles de abordaje aparecen acotadas, siempre, en torno a un mismo término: la intervención.

El perito psicólogo que interviene en un expediente judicial lo hace justamente porque el sujeto a ser peritado está implicado en una causa.

Nuestra intervención puede surgir, entonces, a partir de cierta particularidad tramposa y seductora de la demanda. Se nos convoca bajo la consigna de ¿qué hacemos?. Y caemos en el riesgo de creer que somos nosotros quienes debemos reconocer una paternidad o quienes tenemos el "poder" de desestimar tal función.

Parece en este punto que se nos impele a intervenir. Y sabemos que intervenir es venir entre, es interponerse. También podríamos pensar que es sinónimo de mediación, así como lo es de intromisión, de intrusión. Situaciones todas éstas en las que la intención de intervenir, -y aún en los casos en los que dicha intervención es pedida por el supuesto asistido-, lleva implícito un rasgo violento, o cuando menos pretendidamente correctivo, adquiriendo las características de un mecanismo regulador, por el que la coerción y la represión para el mantenimiento o el restablecimiento del orden establecido ocupan un importante lugar.

Es frecuente, por otro lado, asociar también con el término Intervención, otros conceptos como operación y tratamiento; y todo ello en virtud de una pretendida objetividad e imparcialidad que parece autorizarnos a "intervenir" en función de un supuesto bienestar del asistido, que nosotros conoceríamos dado nuestro lugar de especialistas, es decir, dado nuestro lugar en relación con el Saber y con el Poder, y dada, también, nuestra pretendida objetividad.

Por otro lado el mito de la objetividad, tan apreciado en nuestras concepciones positivistas de la ciencia, es cuestionado actualmente, por lo menos parcialmente, en virtud de una exigencia de compromiso con el caso. La neutralidad es una trampa: siempre se está comprometido.

Se establece entonces un doble circuito de piedad y control social. Destaquemos entonces que el orden, racional o natural, se postula como lo normal, mientras que el desorden reviste un carácter patológico que parece reclamar nuestra intervención para la defensa o la reinstalación de un cierto orden social.

Surgirán entonces los procedimientos a implementar dirigidos por las intenciones de ayuda, de asistencia, de reparación, o de cuidado. Estos procedimientos ocupan un lugar primordial desde el que se postulan, para así, guiar nuestro quehacer en función de sistemas sociales regidos por leyes y reglas preestablecidas y que apuntan, a no dudarlo, a la reinstauración del equilibrio, si no perdido, por lo menos amenazado.

Sabemos que el interviniente es percibido, al mismo tiempo como un tercero mediador que aporta sus buenos oficios; pero también como un ser sospechoso de intromisión, de injerencia y de intrusión.

Más arriba aludí a la condición de especialistas que los intervinientes adoptamos en relación el Poder - Saber.

Y así resulta que si la intervención involucra a un profesional de las disciplinas psi- , va a resultar necesario sostener tal tarea desde un lugar de poder que, de suyo, parece entrar en coalición con toda gestión de orden psi-. Freud había ya subrayado que uno de los límites del análisis social era la necesidad de un poder sobre el que pudiera fundarse el lugar del analista, poder cuyo ejercicio es, por definición, contradictorio con todo trabajo analítico.

Por un lado el sentido de la intervención debería ser el de guiar al asistido a que se libere de la repetición de su acto, de su síntoma, a que logre un nuevo posicionamiento subjetivo, si es que nuestra tarea cobra el sentido de lo asistencial.

Pero el riesgo de nuestro quehacer es el de fascinarnos con el lugar que ocupamos, lugar del Saber, lugar del Poder y que desde allí, nos hundamos en cierto dolorismo y complaciéndonos en ello, transformemos nuestra gestión en sostén de los desheredados. Sostenimiento en su doble acepción: sosteniendo al caído al mismo tiempo que dejándolo caído para seguir ostentando el Poder del Saber, en lugar de apuntar a una superación de la dialéctica dominantes - dominados. No debemos olvidar que nuestra intervención, por lo general está determinada desde espacios como el Judicial, el Policial - Penitenciario, el Escolar o el Hospitalario, con toda la connotación que estas instituciones tienen respecto al ejercicio del Poder.

Y qué hacer cuando nuestra tarea es la diagnóstica pericial. Esta particularidad enfrenta al psicólogo a una encrucijada ética de difícil resolución: es que acaso debe revelar todo lo que se le diga?. No es un informante policial, no es quien debe hacer la "instrucción" del proceso y, por ello mismo, debe cuidar con celo de que el ejercicio de su profesión no sea utilizado como medio para lograr declaraciones ya que con ello se menospreciaría nuestra tarea y se humillaría nuestra disciplina.

Por otro lado qué estatuto de "verdad" tiene lo efectivamente escuchado. Acaso se trata de la verdad que se busca en el expediente?. Dicho en otras palabras, qué correlato existe entre aquella verdad pretendidamente tangible, palpable y comprobable del derecho y esta otra que tiene registro en la unicidad del inconciente de aquél a quien tenemos enfrente?.

Si perdemos de vista esta cuestión y nuestra pertenencia, insistiremos en aislar al individuo de su entorno, desoyendo lo que allí ocurre a nivel macro, y nuestra intervención se convertirá en una prueba de laboratorio de la que resultará claro que somos nosotros, ahora, los que detentamos el poder, repitiendo una vez más el modelo de sometedor sometido.

La dirección de nuestras intervenciones debería apuntar a lograr que "los sujetos", en el marco de sus actividades cotidianas, puedan posicionarse de una otra manera en relación con sus propias fuerzas, que puedan ejercer un mayor poder sobre sus propios actos.

Cuando perdemos de vista la estrecha vinculación entre el sujeto y su entorno, del que la Institución ya forma parte, lo que desaparece es el acto social, y sólo queda entonces un abordaje psicologista, reductor y empobrecido de los hechos.

Pero si acaso quedamos fascinados en el campo de lo social, tampoco nuestra tarea adquirirá el valor que debería tomar. Se hace necesario, en este punto, posicionarse en algún punto intermedio desde el que podamos realizar nuestro aporte sin perder de vista que Layo tal vez sea un desocupado pero haciendo eje en las particularidades subjetivas de aquel del que somos consultados así como de aquel otro que nos dirige la consulta.

Vale la pena hacer aquí un nuevo llamado de atención. Observemos que este Poder - Saber, resulta ser delegado desde la misma institución, por vía del Juez, en el profesional actuante. Dice Pierre Legendre en relación a las intervenciones judiciales: "El psi- ¿no está hoy día en trance de convertirse en juez oculto?".

En "El Crimen del Cabo Llorite" (8) dirá Legendre: "Queda por situar, a partir de este esquema, el lugar de los psiquiatras o, más generalmente, de los expertos psi en el funcionamiento estructural. Sin duda alguna, en la realidad de los procesos, estos expertos están en posibilidad de abrir o de cerrar con candado la evolución de un procedimiento, ya que la sociedad de hoy día parece en trance de delegar en ellos, aunque sin hacerlo de modo explícito, la posibilidad de decidir sobre todo basándose en el principio de Razón."

Por otro lado, el objeto central de las Ciencias Jurídicas son las conductas humanas en tanto producidas socialmente, interfiriendo con otras conductas humanas. El término interferir nos acota respecto a que no se trata de cualquier conducta humana sino de aquellos hechos en que una conducta revela un conflicto.

Podemos concebir al derecho como una práctica social específica en la que se expresan el conflicto, y la tensión de los grupos sociales.

Así la producción, circulación y consumo del Discurso Jurídico será la manifestación más clara de esa "tensión social". Es importante resaltar así que este discurso jurídico, si bien se refiere al grupo y a sus integrantes, define también a quien lo enuncia. En otras palabras, revela no sólo el particular material con el que trabajan los juristas sino que remite también a la particular posición social que éstos ocupan. Posición siempre cercana al ejercicio del Poder en la que están ubicados legisladores, jueces, abogados y teóricos.

Debemos concebir este discurso del derecho como un lenguaje en acción, operando. Dice R. Entelman en el Discurso Jurídico (9) "El Discurso Jurídico en tanto discurso sobre el Poder, o más precisamente en tanto discurso que ejerce el Poder, lleva cientos de años (...) perfeccionando sus cualidades de discurso estructurador de la Institución Social, siempre oscuro y disfrazador, consagrado y reservado a unos pocos, constitutivo de una ciencia magistral, que, transmitida generación tras generación por los doctores, contribuye al ocultamiento y clausura de las técnicas de manipulación social".

En la medida en que la institución interviene, los sujetos tienen menor posibilidad de ejercer su poder sobre lo que hacen y más se hunden en formas psicoafectivas regresivas. Pero atención porque la institución también impregna a los "técnicos" de este mismo tinte y algo similar empieza a ocurrir con ellos. O bien se da un particular fenómeno de empastamiento con la institución con una preocupante pérdida de distancias ("mi juez", "el caso es mío" o bien "tengo un caso"), o bien se da un entrampamiento en el que el "técnico" termina ofertándose a ser sostén de aquél discurso eje.

Y ya en un aspecto estrictamente técnico se hace necesario advertir sobre ciertas conceptualizaciones que, con frecuencia y de manera casi inadvertida, utilizamos sin reflexionar sobre su contenido. Remarquemos, ya más arriba hicimos referencia a ello, que en ocasiones se postula una postura que se sostiene en concepciones según las cuales un comportamiento discrepante es un comportamiento definido, procesado y tratado organizacionalmente como "extraño", "anormal", englobando en ello conceptos como "robo", "delincuencia", etc.. Señalemos entonces aquí que el llamado comportamiento discrepante no soporta más definición que una tautológica, es decir, será discrepante todo aquello que sea definido como tal. Y cuántas veces cuántos de nosotros caemos en la tentación de referirnos al desvío sin advertir la connotación jurídica legal que tal concepto puede llevar consigo?, sin advertir que con ello estamos trayendo al pie de nuestro dictamen todo un marco ideológico del que no podemos rendir cuenta desde nuestro saber, no por lo menos si pretendemos que éste, el saber, salga incólume de tal enfrentamiento, si no queremos poner ese saber al servicio del poder obturador.

Otro tanto ocurrirá con formulaciones del tipo "peligrosidad, riesgo, daño, violencia, etc." a las que, casi imperceptiblemente, damos estatuto de conceptualizaciones del orden psi cuando en realidad son traspolaciones sociales, ideológicas o morales.



5.6 Ámbitos de Actuación

De una manera más específica podemos considerar el Rol del Psicólogo Forense desde el ámbito de sus funciones y según el área del derecho en la que va a prestar su colaboración como un verdadero auxiliar de la justicia. La Psicología Aplicada a los Tribunales o Forense se refiere a aquéllas actividades que el Psicólogo puede realizar en el “FORO”, en otras palabras, las que están destinadas a producir sus efectos en la intima convicción del juez, en el mismo estrado, dentro de múltiples usos podemos señalar:



  • Psicología Jurídica y el Menor.

  • Psicología Aplicada al Derecho de Familia.

  • Psicología Aplicada al Derecho Civil, Laboral y Penal.

5.6.1 La psicología forense y el menor

Las Instituciones dedicadas al menor son en todos los países y también en el nuestro, áreas de trabajo que deben ser objeto de una política global que se desarrolle desde diferentes ámbitos: educativo, sanitario, servicios sociales, etc., por lo tanto, también desde la Justicia. Es desde esta Institución donde tiene sentido hablar de Psicología Forense o jurídica y el Menor. Como contribución especial el presente libro en su “Anexo 1” presenta como ejemplo el caso de agresión sexual hacia un menor de edad, ocurrido en el Municipio de Constanza, caso que fue ampliamente estudiado aplicando los métodos de psicología forense para esclarecer las lagunas de información del caso.

En la actualidad y conforme lo establece el Código de Niños Niñas y Adolescentes o ley 14-94, los Tribunales de Niños, Niñas y Adolescentes, deberían contar con psicólogos forenses, que trabajen en colaboración directa con Jueces de Menores y Defensores de Menores, juntamente con el equipo multidisciplinario que exige la propia ley; Estos equipos multiprofesionales estarían destinados a resolver conductas ilegales realizadas por menores, sin embargo, en la practica, no todos los casos de menores son conocidos con la asistencia de este equipo, no obstante ser, acorde lo estipula le ley y su reglamento de aplicación, parte del tribunal.

En esta materia, mediante estudios, el psicólogo debe informar sobre la situación del menor y cuáles son las posibilidades de su reeducación y tratamiento. De esta forma se contribuye para que la Justicia module la aplicación legal, a criterios científicos, tomando siempre como base lo que mas convenga a los fines de la ley y su espíritu: la re-educación del menor infractor.

La entidad pública, será la encargada de aplicar las medidas educativas impuestas por el Juez, a recomendación del psicólogo forense, y luego el psicólogo realizara una gama de intervenciones, como son el diseño y seguimiento del tratamiento de resocialización, con la finalidad de que sus recomendaciones rindan los beneficios esperados.

Sus funciones en los Tribunales de Niños, Niñas y Adolescentes son entonces, múltiples y variadas, dentro de las que cabe señalar las siguientes:



  • Emitir los informes técnicos de la especialidad, solicitados por el Juez de Menores o el Defensor de Menores.

  • Asesorar las medidas que deben ser aplicadas, acorde con los resultados que arroje el informe hecho por el equipo multidisciplinario del cual el es parte.

  • Darle junto con el entorno familiar del menor infractor un seguimiento sostenido a las intervenciones profesionales, sociales y familiares, en el proceso de readaptación y re-educación, o implementación de las medidas socio-educativas o de protección, según sea el caso.

En otras Instituciones, tales como los Organismos de Atención:

  • Planificar el funcionamiento del Organismo de Atención.

  • Aplicar los tratamientos individuales y colectivos (socio-familiar y personal).

  • Elaborar y aplicar los programas de apoyo socio-educativo en medio abierto.

  • Dar asistencia socio-familiar en los casos de libertad asistida.

En estos Tribunales el Rol profesional está regulado por Ley 14-94, y mas específicamente por los artículos 177 y siguientes de dicha ley, en otros casos de organismos e Instituciones no gubernamentales, siempre de acuerdo a la supervisión establecida en los artículos 184 y siguientes, los sicólogos forenses tendrán otras funciones que dependerán de la organización (institucionales, semi- institucional o privadas) por lo que su rol puede sufrir alteraciones, siempre y cuando estas alteraciones estén en consonancia con el espíritu de la ley: determinar lo que mejor convenga al menor.

5.6.2 La psicología aplicada al derecho de familia

En casos de divorcios o separación de pareja, consideramos que debería legislarse en beneficio de que fuera obligatoria la participación de los psicólogos forenses, para que estos puedan asesorar al Juez en dichos procesos; de hecho, cuando estos conflictos se presentan, y existen menores a quienes proteger, la ley 14-94 o Código del Menor, obliga al magistrado a tomar medidas con respecto a los hijos, que deben estar avaladas por el Defensor de Menores e incluso por el Juez de Menores, casos en los cuales, aunque de la referida ley no resulte muy claro, se infiere una significativa participación del psicólogo forense, en lo atinente a las medidas a adoptar en casos de guarda, custodia, alimentos, etc.

En otra situaciones de familia, tales como nulidad de matrimonio de menores; también en los casos sobre acogimientos y adopciones, debería ser obligatoria la evaluación y participación del psicólogo forense.

El psicólogo del Tribunal de Civil, como Juzgado de Familia no sólo debe evaluar cómo afecta a los hijos la separación, sino que también puede diseñar programas que apunten a positivizar situaciones difíciles que los menores se van a encontrar, durante todo el proceso.

El psicólogo, desde el ámbito privado puede actuar como asesor del juez (actuando como perito), del abogado que reclama sus servicios y como colaborador del abogado en la resolución del procedimiento familiar en todos los momentos del mismo y con un enfoque interdisciplinario.

Sus funciones en los Juzgados de Familia son:



  • Emitir los informes técnicos de la especialidad solicitados por el Tribunal Civil en los procesos de rupturas de parejas con hijos (separación, divorcio).

  • Emitir los informes de la especialidad en otras situaciones que plantea el Código del Menor en estos casos de derecho de familia, tales como: tutelas, acogimiento, adopciones, autorizaciones para contraer matrimonio, guardas, visitas reguladas, pensión alimentaria, etc.

  • Deber de darle seguimiento a los casos.

  • Asesor a los jueces y ministerios públicos, conjuntamente con el equipo multidisciplinario.

En otras Instituciones:

  • Mediación familiar.

  • Peritajes privados.

  • Peritajes y asesoramientos con Tribunales Eclesiásticos.

En el ámbito Privado puede ser:

  • Perito.

  • Asesor de Abogados.

  • Colaborador con el Abogado (trabajo interdisciplinario en todo el procedimiento).

  • Mediador en la búsqueda de soluciones de conflictos por vía de la búsqueda de medios alternativos.

5.6.3 La psicología aplicada al derecho civil

La actividad del Psicólogo Forense, en relación al Derecho Civil, se enfoca en el asesoramiento y en el peritaje de la existencia de diversas aptitudes jurídicas, como la capacidad civil en la toma de decisiones (contratos, testamentos, interdictos, etc.). Y en todas aquéllas situaciones susceptibles del trabajo en el campo psicológico dentro del Derecho Civil.

En el ámbito Privado puede ser:


  • Perito.

  • Asesor del Abogado.

  • Colaborador con el Abogado (trabajo interdisciplinario en todo el procedimiento).

  • Mediador.

5.6.4 La psicología aplicada al derecho laboral

En el ámbito del Derecho Laboral el psicólogo puede ser requerido para asesorar a los Tribunales Laborales en materia de secuelas psicológicas en accidentes laborales, simulación, y en problemas psicofisiológicos inherentes a la teoría de la Prevención de Riesgos Laborales y de estrés laboral.

En el ámbito Privado puede ser:


  • Perito.

  • Asesor del Abogado y Comisiones de Seguridad Social e Higiene Mental.

  • Colaborador con el Abogado (trabajo interdisciplinario en todo el procedimiento) y Comisiones.

  • Mediador en los procesos de conciliación obligatoria, impuestos por el Código Laboral, para tratar de arribar a un entendido en los diferendos laborales a través de métodos alternativos en la solución de conflictos.

 

5.6.5 La psicología aplicada al derecho contencioso administrativo

Su ámbito de actuación es la elaboración de informes, sobre sistemas de valoración y calificación en procesos de selección o ascensos de personal que realizan las administraciones públicas, procurando con su participación, que la Carrera Civil Administrativa, rinda unos frutos en benéfico de todos sin lesionar la condición psicológica del empleado publico.



5.6.6 La psicología aplicada al derecho penal

Una de las áreas donde el psicólogo forense tiene mas amplitud de accion, la constituye el derecho penal, ya que, dentro del ámbito de la criminología se encuentra a su vez la psicología, que al decir de los mas importantes tratadistas del Derecho Penal, es fundamental para los profesionales del derecho. A este respecto, se ha pronunciado uno de los principales tratadistas clásicos de la materia penal, el gran Eugenio Cuello Calón, cuando afirma: “...el penalista de hoy no puede bastarle el mero conocimiento del Código y de la jurisprudencia. En el presente los abogados dedicados a la materia penal –y no solo el investigador y el litigante, sino también el juez y los demás funcionarios llamados a intervenir en la administración de la justicia criminal- precisan una preparación profesional no solamente jurídica, sino también antropológica, criminología y psicológica. Por estas razones hace ya tiempo que se ha expuesto la conveniencia de introducir el estudio obligatorio de estas disciplinas en las facultades de Derecho...”5

En efecto, el dominio de los temas principales de la Psicología, le permite al abogado penalista, tener a su disposición un instrumento indispensable para el manejo de su actividad profesional, lo que indudablemente le va a permitir, tener un mejor entendimiento de las raíces de los casos sometidos a su consideración.

Una tarea básica de los Psicólogos Forenses es el diagnóstico y evaluación de personas implicadas en procesos penales, lo que servirá de asesoría a los Jueces y Tribunales, para determinar las circunstancias que puedan modificar la responsabilidad criminal, daño moral, secuelas psíquicas, etc; constituyendo una ayuda incuestionable a la hora de imponer las circunstancias atenuantes.

En otros países, existen algunos profesionales que trabajan en las clínicas forenses a disposición de los Tribunales, y también comienzan a ejercer sus funciones en las cárceles o instituciones de Vigilancia Penitenciaria. Fundamentalmente estos psicólogos están haciendo diagnóstico-pericial de presuntos delincuentes y de víctimas, en nuestro país, dichos informes tendrían un carácter de cientificidad en cuanto a las aplicaciones de la Ley 224, y específicamente en los momentos de solicitudes de libertad condicional.

Sus funciones son:



  • Emitir informes sobre psicología del Testimonio.

  • Emitir informes para Jueces. Abogados, acusados y víctimas.

  • Asesorar y mediar en asuntos de Vigilancia Penitenciaria.

En el ámbito Privado puede ser:

  • Perito.

  • Asesor del Abogado.

  • Colaborador con el Abogado (trabajo interdisciplinario en todo el procedimiento).

5.6.7 Psicología penitenciaria

Los Psicólogos entran a formar parte de las Instituciones Penitenciarias como parte del Cuerpo Técnico de las Cárceles o Instituciones Penitenciarias donde se incluye a varios especialistas y entre ellos al psicólogo.

Nuestra Ley 224, sobre régimen penitenciario debería encontrar quien realmente se preocupara en implementar su puesta en vigencia de manera real e inspirar los trabajos del psicólogo como miembros de la Dirección General de Prisiones sobre los siguientes principios:


  1. Realizar un estudio científico de la constitución, el temperamento, el carácter, las aptitudes y las actitudes del reo, conjuntamente con su sistema dinámico, motivacional y del aspecto evolutivo de su personalidad, que le permita dar un juicio global de la misma, a la hora de las solicitudes de libertad condicional y con la finalidad general de resocialización.

  2. Individualizar al reo, conforme lo establece la ley 224, tomando en consideración su relación directa con un diagnóstico de personalidad criminal.

  3. Programar un sistema de terapia ocupacional satisfactoria

La sicopatología criminal es una parcela compleja y multicausal que necesita de diversas y continuadas valoraciones y que deben empezar en el mismo momento que se produce una detención, de manera que, sin la participación del profesional de la psicología, las letras muertas que profesa que el fin de la pena es LA RESOCIALIZACION DEL DELINCUENTE, se ira convirtiendo en una peligrosa bola de nieve para la sociedad, si de una vez por toda, no empezamos a utilizar los servicios del psicólogo forense en consonancia con la revitalización de esta finalidad utilitarista de la pena.

Las funciones que desempeña el Psicólogo de Instituciones Penitenciarias son diversas:



  • Estudiar la personalidad de los internos desde la perspectiva de la ciencia de la Psicología y conforme a sus métodos, calificando y evaluando sus rasgos temperamentales, caracteriales, aptitudes, actitudes y sistema dinámico-motivacional, y en general todos los sectores y rasgos de la personalidad, que juzguen de interés para la interpretación y comprensión de ser y actuar del observado.

  • Definir la aplicación y corrección de los métodos psicológicos más adecuados para el estudio de cada interno. Interpretar y valorar las pruebas psicométricas y las técnicas proyectivas, realizando la valoración conjunta de éstas con los demás datos psicológicos, correspondiéndole la redacción del informe psicológico final, que se integrará en la propuesta de clasificación o en el programa de tratamiento.

Algunas funciones, ya mencionadas, están en la Ley 224, sobre el Régimen Penitenciario. El psicólogo deberá atender ante los requerimientos de los Tribunales, Jueces, Ministerios Públicos y Miembros de la Dirección General de Prisiones, los exámenes de personalidad de los acusados, antes, durante y después de la sentencia.

5.6.8 Psicología judicial (testimonio)

En esta área de la Psicología Jurídica podríamos incluir como más representativas a la Psicología del Testimonio y la Psicología del Jurado que son áreas de creciente interés, máxime aun, en estos momentos en que en nuestro país, se pretende instituir el uso de jurados, en los tribunales criminales.

En cuanto al testimonio que es un acto fundamental en nuestro derecho procesal, toda vez que es la Reina de las Pruebas, deberíamos señalar las aportaciones de la Psicología del Testimonio, que consiste en el conjunto de conocimientos basados en resultados de investigación de los campos de la Psicología Experimental y Social, que intentan determinar la calidad (exactitud y credibilidad) de los testimonios, que sobre los delitos, accidentes o sucesos cotidianos, prestan los testigos presenciales, o referenciales.

En este ámbito, se ha pronunciado amplia y magistralmente Francois Gorphe, en sus obras: “La Critica del Testimonio” donde hace una exposición de basta calidad científica no solo de sus experiencias como magistrados, sino además de los múltiples resultados de los trabajos científicos hechos por Psicólogos y Juristas, tanto franceses como internacionales; y “La Apreciación Judicial de Las Pruebas”, libro en el que recoge un importante estudio psicológico y psicoanalítico en la valoración de las pruebas.



5.7 Victimologìa

La atención a las Víctimas es una de las áreas de máximo interés e indiscutible desarrollo en a nivel mundial, disciplina que en los últimos tiempos ha tomado un auge significativo en la República dominicana, sobre todo en asuntos especialmente significativos como abusos sexuales, malos tratos, violencia domestica y en todo lo referente al Código del Menor o Ley 14-94, entre otras áreas.

Debido ha este auge de la victimologia, ha entrado en vigor la no hace mucho la ley 24-97, en la cual se estipulan ciertas situaciones en la que se debe dar asistencia especializada a las víctimas de delitos de actos violentos y delitos contra la libertad sexual; razón por la cual, existen inclusive oficinas y centros de asistencia psicoterapéutica a las víctimas de este y otro tipo de delitos violentos.

En tal virtud, y tomando otros modelos de mayor desarrollo, creemos que en esta materia de atención a Víctimas deberían tomarse en consideración los siguientes aspectos



  1. Intervención global sobre el conjunto del proceso de victimización, abarcando desde los aspectos preventivos hasta los de segunda victimización.

  2. Una atención integral centrada en los ámbitos psico-socio-jurídicos.

  3. La realización de estudios victimológicos a gran escala que permitan mejorar tareas de prevención e intervención de mayor efectividad que los vigentes.

  4. La Creación de un equipo especial, que sea el encargado de recibir y tramitar todas las diligencias burocráticas que requiera la victima en lo atinente al ámbito psicológico y jurídico.

En esta área, las funciones del Psicólogo Forense son:

  • Atención, tratamiento y seguimiento de víctimas en sus diferentes grados.

  • Estudio, planificación y prevención en grupos de riesgo, y campañas divulgativas a la población general.

5.8 Aplicación de la psicología forense para medidas de mediación

La mediación es una alternativa a la forma tradicional de acudir a la justicia en busca de solución. La solución no viene dada del exterior, sino que la realizan las propias partes en conflicto con la ayuda de un tercero imparcial, el mediador, que trata de ayudarles para que éstas consigan acuerdos consensuados que les permitan una salida pacífica de la situación conflictiva. La base de esta nueva técnica está en una manera de entender las relaciones individuo-sociedad distinto, sustentado por la autodeterminación y la responsabilidad que conducen a un comportamiento cooperativo y pacífico. El mayor protagonismo de los interesados en la resolución de sus propios conflictos, eleva la satisfacción psicológica de éstos, acrecienta su autoestima y fomenta comportamientos de ayuda a los demás, básicos para el desarrollo de una sociedad mas justa y solidaria .

El los últimos diez años las investigaciones sobre mediación han ido incrementándose, como ejemplo de la rápida expansión de la mediación en la práctica; y en la actualidad esta técnica se utiliza en conflictos diversos: laborales, penales, civiles, comerciales, administrativos, intervención policial, toma de decisiones en organizaciones, etc. En República Dominicana, la mediación se ha desarrollado en el ámbito familiar con la aprobación y puesta en marcha de las exigencias de la ley 14-94, especialmente en lo referente a la pensión alimenticia, condición indispensable y obligatoria antes de acudir a la jurisdicción de juicio.

Sin embargo, siempre hemos considerado, que tanto en materia laboral, como en materia de menores y cualquier otra materia que utilice los métodos alternativos para la solución de conflictos, el mediador ha de ser un Psicólogo Forense y no un miembro del órgano jurisdiccional, o del ministerio publico.

En las funciones del Mediador, encuentra fundamento lo precedentemente dicho, debido a que el mediador debe:


  • Preparar un contexto adecuado para que las partes puedan comunicarse libre de presiones psicológicas o jurídicas.

  • Diseñar el proceso de mediación, haciendo que las partes entiendan que lo mas conveniente es dirimir el conflicto sin la intervención del órgano jurisdiccional.

  • Ofertar a las partes herramientas que les permitan manejar el conflicto, sin tener que recurrir al traumático y burocrático proceso judicial, con lo que se evitarían traumas insalvables.

La mediación proporciona una forma racional de resolver aquellos conflictos que tienen difícil solución o representan un coste elevado para los ciudadanos y para la sociedad. La relevancia que las relaciones interpersonales tienen en todo proceso conflictivo hace necesaria una intervención no exclusivamente legal, sino, basada en un enfoque interdisciplinario, ya que, la mediación propicia la preservación de los mas elevados valores de las relaciones humanas, permitiendo que las afectividades propias del calor humano no se pierdan en la frialdad de un proceso. Igualmente la mediación favorece la comunicación entre las partes y la consolidación de los acuerdos. La mediación así entendida, favorece la libertad y la responsabilidad de las personas y se inscribe en un proceso de democratización de la vida social, aceptando la diversidad y regulando los conflictos desde una óptica pacífica; demás esta decir que ante la adopción de la mediación como método alternativo, no puede servir como tal otro profesional que no sea, el PSICÓLOGO FORENSE.




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