Ambito de accion de la psicologia forense o psicologia juridica documento elaborad por


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2. Desarrollo de entrevistas comunitarias abiertas

(2.1) Según lo estipulado en el protocolo de investigación, se procedió a realizar, una serie de entrevistas abiertas a miembros de la comunidad, esta vez convocadas a un lugar neutral (casa-oficina del investigador), con el fin de que los parámetros de comportamiento y conducta, dieran como resultado una mayor fluidez de información, en la serie de tres entrevistas abiertas se conto con un grupo mixto de hombres, mujeres, jóvenes y niños, tanto familiares, amigos, vecinos y personas del barrio, con nexo directo e indirectos con el imputado “Neidis Julián Guerrero Bueno”, en la tabla número 9 y 10 se presenta la lista de personas adultas y niños participantes en dichas reuniones.

Tabla 9: Personas adultas participantes en las reuniones abiertas

No.

Nombre completo

Numero de cedula

Relación con el imputado

1

Anastasia Victoriano

053-0025118-7

Hermana de crianza.

2

Jesusita Bueno Ortiz

053-0018160-8

Madre

3

Serafín Bueno

053-0003101-9

Abuelo materno

4

Marta de la Cruz Ramírez

053-0039807-9

Amiga

5

Leticia Ortiz

031-0499940-8

Amiga desde niño

6

América Marte

053-0008798-7

Vecina

7

María Delgado




Cuñada

8

Nena Rosado




Vecina

9

Rosayni Delgado




Amiga y Ex novia

10

María Del Carmen Holguín




Comadre

11

María Elena Marte

053-0042064-2

Hermana

12

Mario Cabral




Cuñado

13

Isabel Nicodemo Páez

053-0007132-0

Amiga

14

Mary de la Rosa

053-0024824-1

Amiga

15

Noelia Mateo Bueno

053-0032416-6

Hermano

16

Lisset Corcino




Novia

17

Leticia Ortiz Corcino

031-0499940-8

Amiga

18

Mario Corcino

053-0025118-7

Vecino

19

Julia Victoriano Aybar

053-0030303-8

Madre del niño agredido

20

Antonio Payano Quezada




Padre del niño agredido.

Fuente: Melgar, M. EPOE / 2007

Tabla 10: Niños entrevistados procedentes del barrio

No.

Nombre completo

Edad

1

Wilfry Corcino

4 años

2

Nelson Javier de la Cruz

6 años

3

Jhoan Tiburcio

6 años

4

Daneuris Marte

8 años

5

Rony Victoriano

9 años

6

Alejandra Gil

12 años

7

Isamar Corcino

8 años

8

Dany de la Cruz

13 años

9

Luis Alejandro de la Cruz

10 años

10

Alfredo Gil

9 años

11

Dayron Marte

10 años

12

Yafee Victoriano

9 años

13

Stanley Gil

11 años

14

Rosayni Delgado

12 años

15

Fernando José Payano

6 años

Fuente: Melgar, M. EPOE / 2007

(2.2) El grupo de adultos entrevistados primero en forma general y después a nivel de grupo y relación con el imputado (consanguínea, política y/o afinidad social), presento un panorama y comportamiento adecuado, racional y de crecimiento apropiado por parte del imputado “Neidis Julián Guerrero Bueno”, sin ningún tipo de argumentación contraria a las averiguaciones previas (numeral 1 de la presente línea de investigación), en general caracterizaron al joven como una persona de trato social, que trabajaba con esmero para su superación personal, colaborador con los vecinos, reservado, pragmático, deportista y recientemente integrado a sus estudios. A excepción de la madre del niño agredido la perspectiva del joven es normal dentro de los parámetros del comportamiento de un adolecente, aunque en relación de la madre del niño agredido, el joven había mantenido niveles de decoro y comportamiento adecuado, habiendo solamente visto un comportamiento de “expresión de cariño” en dos o tres ocasiones hacia su hijo.

(2.3) El grupo de niños investigados en “dos ocasiones”, tuvo un comportamiento normal y apegado a la situación, procediendo con cautela y bajo un protocolo de “entrevista abierta”, se pronunciaron hacia un comportamiento normal, atento, cortes y sin ningún tipo de insinuación sexual por parte del imputado, confirmando los parámetros del “perfil” desarrollado para el imputado, ya que es característico que un “agresor sexual” realice vejámenes a varias víctimas, si tiene acceso y posibilidad de realizar y no se concentra en una sola. Lo niños argumentan que juegan ocasionalmente con el niño agredido, que no pudieron observar ningún tipo de comportamiento impropio por parte del imputado con el niño, que de hecho según ellos lo indican, nunca vieron al imputado y al niño juntos, que en grupo y en varias ocasiones entraron a las habitaciones de la casa donde vivía el imputado, en juegos colectivos y que en algunas de ellas les acompañaba el niño agredido y tal como un niño lo indica “…el juega con nosotros cuando, se le escapa a la mama o le da permiso, lo que es muy raro”.

(2.4) A los niños en base a pruebas “psicométricas verbales” y capeo de información, fueron inquiridos si sus respuestas habían sido previamente preparadas por parte de los adultos, mostrando un aspecto saludable y sincero de que hablaban en forma espontanea.

(2.5) Sobre los “juegos sexuales”, punto de gran interés, es evidente que existen dentro del grupo, a pesar del estupor y preocupación “excesiva” de los padres, aunque al armar parte del rompecabezas cronológico y sociológico, de indicar que estos son de hecho producto de la “psiquis” posterior al hecho de haber descubierto la “agresión sexual”, conducta típica de situaciones similares, reportadas a nivel científico por varios autores de conducta de “niños agredidos sexualmente”, sugiriendo descartar esta hipótesis como posible razón de la “agresión sexual” del niño Fernando José Payano Victoriano.

  1. Desarrollo de evaluación psicométrica utilizando la “Boleta de Prueba Comparativa MCMI-II de Th. Millón

(3.1) Como herramienta de confirmación y/o refutación de resultados, producto de las herramientas de investigación aplicada, se procedió a realizar una prueba de análisis comparativo, a 17 miembros de la comunidad, un grupo seleccionado por la madre del imputado y un segundo grupo seleccionado por la madre del niño agredido, la lista de personas evaluadas se presenta en la tabla 11.

Tabla 11: Nombre de personas evaluadas a través de la “Boleta de Prueba Comparativa MCMI-II de Th. Millón

No.

Nombre completo

Numero de cedula

1

América Marte Peralta

053-0008798-7

2

Julia Victoriano Aybar

053-0030303-8

3

Nombre no legible

053-0023799-3

4

Lilian Hernández

053-0044481-1

5

Marta de la Cruz

S/N

6

Omar Ciprian

053-0033022-1

7

Lissette Corcino de León

S/N

8

María Elena Mateo

S/N

9

Noelia Mateo Bueno

053-0032416-6

10

Antonio Delgado Marte

053-0036409-7

11

Jesusita Bueno

053-0018160-8

12

Mario Guerrero

053-0016685-6

13

Leticia Ortiz Corcino

S/N

14

Sofía Bueno Ortiz

S/N

15

Jorge Luis de los Santos

053-0038669-4

16

Dolores Cesarina Santos Corcino

053-0020633-0

17

Sollanlly Duran

053-0040188-1

Fuente: Melgar, M. EPOE / 2007

(3.2) Al realizar un análisis porcentual (estadístico), que permitiera mostrar en forma cuantitativa, las respuestas asignadas a través de la “boleta”, nos permite obtener los siguientes datos (resumen), por pregunta realizada:

Pregunta 2: Comportamiento básico observado por el imputado, en el ámbito familiar y de afinidad, social, histórica y/o sentimental, marque con una “X”:


  1. No le gustaba conversar sobre sus problemas personales y/o laborales:


Si: 45 %, No: 55 %.


  1. Le disgustaba (mostraba enojo) cuando usted intervenía en alguna actividad personal, social, laboral y/o sentimental:


Si: 20 %, No: 80 %.



  1. Fue agredido verbalmente en algún momento por él, por hacerle algún tipo de observación física, familiar, laboral, social y/ sentimental:


Si: 5 %, No 95 %.


  1. Fue agredido físicamente en algún momento por él, por hacerle algún tipo de observación física, familiar, laboral, social y/o sentimental:


Si: 0 %, No: 100 %.


  1. En algún momento observo alguna conducta impropia con un adulto, adolecente, niño de ambos sexos de la familia o comunidad:


Si: 5 %, No: 95 %.


  1. Pudo observar al joven con algún tipo de conducta exhibicionista, sexual o de provocación:


Si: 0 %, No: 100 %.

Pregunta 3: Coloque una “X” en el tipo de conducta que pudo observar al joven imputado durante su relación personal con él: (análisis porcentual supletorio debido a que las personas podían responder más de una variable)


  1. Distraído: 05 %

  2. No le gustaba sociabilizar: 08 %

  3. Era un bebedor asiduo: 05 %

(2 a 3 días por semana)

  1. Tenía relaciones con mas 2 mujeres: 08 %

  2. Gritaba asiduamente: 00 %

  3. No mostraba interés por las mujeres: 10 %

  4. Conversaba mucho con sus vecinos: 95 %

  5. Conversaba y jugaba con los niños: 08 %

  6. Era indiferente a los vecinos: 10 %

  7. Mostraba repudio o ignoraba a los niños: 00 %

  8. Tenía contacto con todos sus vecinos: 70 %

  9. Prefería permanecer en su casa: 80 %

  10. Agredía físicamente a jóvenes: 00 %

  11. Prefería salir de día a conversar: 70 %

  12. No tenia buena conducta con los niños: 00 %

  13. Disfrutaba salir de noche a conversar: 30 %

  14. Sostenía frecuentes peleas con amigos: 00 %

  15. Le gustaba la música a fuerte volumen: 40 %

  16. Era un bebedor social (1 vez semana): 60 %

  17. Dejaba los trabajos inconclusos: 00 %

  18. Cambiaba continuamente de conducta: 00 %

  19. Se mostraba triste continuamente: 10 %

  20. Tenía un trabajo estable: 98 %

  21. Observaban muestras de llorar a solas: 02 %

  22. Se mostraba esquivo ante las mujeres: 00 %

  23. Lloraba fácilmente en público: 00 %

  24. Se quejaba continuamente: 00 %

  25. Sentía recelo hacia las mujeres: 00 %

  26. Golpeaba a niños y niñas del barrio: 00 %

  27. Mostraba enojo o disgusto hacia sus 10 %

Padres y familiares cercanos:
Pregunta 4: Marque con una “X” que tipo de conducta de las descritas a continuación, pudo observar en el joven imputado:


  1. En algún momento el joven mostro interés por conversar con usted, sobre problemas de índole sexual, sentimental o personales:


Si: 5 %, No: 95 %.


  1. Se mostraba ajeno a la conducta, juegos o comportamiento de los niños del barrio:


Si: 95 %, No 5 %.


  1. Mostraba algún tipo de preferencia por conversar, jugar o regalar dulces, juguetes u objetos a niños (as) del barrio:


Si: 5 %, No 95 %.


  1. Demostró algún tipo de molestia por conductas juguetonas de niños:


Si: 8 %, No: 92 %.


  1. Busco en algún momento bañas o ver a niños (as) bañándose:


Si: 0 %, No: 100 %.


  1. Poseía fotografías de niños o bien, supo, observo o escucho, que buscaba fotografías de niños (as):


Si: 0 %, No: 100 %.

(3.3) Las respuestas otorgadas por los 17 miembros de la familia del imputado, familia del niño agredido y vecinos, nos permite no solo verificar la información postulada en los ejercicios abiertos, sino además establecer bajo parámetro cuantitativos el “perfil” del imputado, habiéndose utilizado gran parte de la presente información para el desarrollo del mismo, que se presenta en el numera 3.1 del presente documento.
(3.4) A raíz de las respuestas podemos confirmar nuevamente la tesis de que Neidis Julián Guerrero Bueno, no posee un perfil compatible con un “agresor sexual típico”, de hecho de haber ocurrido los hechos pudieran tratarse de un caso fortuito, o bien de un imputación sin fundamente alguno. Si consideramos que no existía parámetros de comportamiento que asociaran en forma directa una relación filian entre el imputado y el niño agredido.


  1. Discusión de resultados


(4.1) A nivel socio barrial y familiar, Neidis Julián Guerrero Bueno, mostraba una conducta entre los parámetros normales, la relación entre la familia aunque en algunos momentos frágil por circunstancias típicas del joven adolecente que busca su independencia y conformación de su espacio propio, se encuentra dentro de los parámetros de la normalidad, para gran parte del entorno donde el imputado se relacionaba en convivencia con el niño agredido, lo califican como un joven confiable y trabajador, con un alto nivel de duda que él haya podido realizar tal acto de bajeza.
(4.2) Las entrevistas abiertas (sistematizadas), muestran a nivel global, grupal y de personas claves, el mismo proceder del joven, repitiendo el marco de conducta acorde a los parámetros de comportamiento familiar, social e individual, aun en las entrevistas realizadas a la madre del niño y personas antagónicas a él, lo presentan como un joven callado, reservado, trabajador y sin problemas.
(4.3) La prueba Th. Millón, aceptada como parámetro psicológico y perital, para establecer parámetros de comportamiento “psicosocial”, nuevamente vuelven a indicar parámetros de comportamiento dentro de la “normalidad familiar, social e individual”, lo que nos permite nuevamente aceptar los criterios previamente utilizados para desarrollar el perfil del imputado”.

5. Conclusiones de la línea de investigación

(5.1) En consideración a los diferentes modelos utilizados para la investigación “socio-barrial y familiar”, como investigador, puedo concluir que el imputado no es asociado por sus familiares consanguíneos, políticos, amigos, vecinos y aun personas antagónicas, como un típico “agresor sexual”, teniendo de hecho una conducta que es considerada de ejemplar por el esfuerzo y desempeño laboral, por ende a nivel de hipótesis debemos concluir de la siguiente forma (ver tabla 12):

Tabla 12: Definición de hipótesis planteadas

No.

Hipótesis

Aceptada

Refutada

1

El imputado es asociado por miembros de su familia, vecinos, amigos y miembros de la sociedad, como un individuo con tendencias a la agresión sexual, delito u otra conducta inapropiada contra la sociedad”




x

2

El imputado no es asociado por los miembros de sus familia, vecinos, amigos y miembros de la sociedad, como un individuo con tendencia a la agresión sexual, delito u otra conducta inapropiada contra la sociedad.

x




Fuente: Melgar, M. EPOE / 2007

(5.2) Se refuta la hipótesis 1, debido a que no se presentaron parámetros científicos que la confirmara, por ende la hipótesis 2 es aceptada como valedera, dentro de la línea de investigación sobre aspectos socio-barriales y familiares del “imputado” Neidis Julián Guerrero Bueno.

4. Recomendaciones

4.1 Recomendaciones sobre el imputado “Neidis Julián Guerrero Bueno”

A pesar del esfuerzo por presentar pruebas psicológicas, conductuales y de personalidad, por parte del joven “Neidis Julián Guerrero Bueno”, como científico en el área de la conducta humana individual y colectiva, aun no puedo referir que el imputado posea el “perfil de un típico agresor sexual”, pudiendo de haber ocurrido el hecho, bajo influencia de estupefacientes o bien alcohol, aunque esto último es una mera suposición arbitraria, debido a los resultados obtenidos, recomiendo a los abogados defensores, fiscalía y jueces que llevan el caso, desarrollar:



  1. Realizar la “prueba completa” de Th. Millón, que se basaría en un ciclo de cinco entrevistas y dos pruebas psicométricas, con ello se puede concluir y encontrar patrones de comportamientos, fuera de los establecidos por la prueba estándar MCMI-II y del patrón conductual Marchiori;



  1. Definir un proceso de asistencia terapéutica que consolide los resultados de la prueba solicitada en el numeral No. 1, así como además compilar información que permita confirmar los resultados del “perfil” desarrollado en presente estudio;



  1. Concebir por parte de la “defensa y fiscalía”, la posibilidad de un segundo agresor, que bajo la postura de cambio conductual, refiriera al niño a imputar a Neidis Julián Guerrero Bueno, como el agresor sexual, condicionando al niño para mantener dicha postura; y



  1. Realizar el proceso jurídico / procesal en el menor tiempo posible, con el evitar, futuros problemas psicológicos y de comportamiento por parte del imputado, debido a la condiciones de retraimiento, ansiedad y cripticidad que caracterizan al imputado, permitiendo la definición del caso y con ello además contribuir tanto que el imputado, como la familia de niño agredido evolucionen a otro etapa psicosocial, que disminuya el impacto individual, familiar y social en ambas partes.

4.2 Recomendaciones sobre el niño agredido “Fernando José Payano Victoriano”

Partiendo del hecho de que existe un “trauma” asociado a un proceso de “acoso, cambio de conducto y agresión sexual física”, sugiero los siguientes pasos para lograr una modificación de conducta en un plazo que favorezca la viabilidad psicológica del niño Fernando José Payano Victoriano:



  1. Desarrollo de un tratamiento de “psicología conductual”, el cual se basaría en proceso no mayor de seis meses, de asistencia terapéutica, donde el niño asistido por un “psicólogo de conducta”, pueda evaluar a conciencia y con detenedimiento los puntos que causaron el cambio de conducta y con ello lograr mejorar el perfil inicial desarrollado, con el fin de establecer un programa que permita al núcleo familiar evolucionar, conjuntamente con el niño a un cambio de conducta;



  1. La madre debe de tener un “papel” preponderante al definir la línea de la sexualidad masculina y femenina, impidiendo al niño sin llegar a ser (convertirse) en dogma o tabú, el rol de la mujer ante la familia, sociedad y pareja;



  1. Definir con el niño un proceso de acompañamiento y seguimiento constante por parte del “Padre”, introduciéndolo a actividades de índole masculino, sin llegar a ser obligatorio y causar trastornos emocionales como berrinches o desprecio por parte del niño, pudiendo involucrar a “familiares” cercanos en dicho proceso;



  1. Evitar la sobrecarga de información sobre el hecho al niño, debiendo corregir el hacer comentarios en casa sobre el hecho, sobre su actual conducta, sobre su relación con otros niños, definiendo además una “disciplina” de conducta con respecto al trato interno en su hogar, calle y familia;



  1. Como padres deben de mantener una conducta decorosa y apegada a la moralidad, con el fin de que el niño, asocie en forma indirecta la manera adecuada de comportarse en pareja, situación que facilitara la reafirmación de su sexualidad;



  1. Generar núcleos de juegos, que no conjuguen los actuales niños del vecindario (barrio), debido a que existe un evidente surgimiento de comportamiento de juegos sexuales, que pueden desembocar en fijaciones mentales que obstruyan cualquier tipo de posterior tratamiento, pudiéndolo integrar a equipos deportivos infantiles o trasladar su patio de juego a la casa de un familiar cercano bajo una apegada supervisión;



  1. Corregir de forma apacible y sin alteración cualquier conducta inapropiada, debiendo informarla en las visitas al terapeuta de conducta;



  1. Evitar en lo que se pueda y con consideraciones que el niño comprenda, la “música reggaetón”, debido a la carga tan alta de sexualidad y sobre todo al papel que actualmente el niño está interpretando que no es correspondiente a su sexualidad, lo que fomentar el escuchar y bailar, seria en la actualidad contraproducente, debido al gusto tan algo que posee el niño por esta música será difícil su contención, sugiriendo introducir en este punto a su hermano, primos y demás familia, con el fin de que no se sienta presionado, pudiendo utilizar otro tipo de música que sea de su agrado y donde el papel de su masculinidad se afirme; y



  1. Es “importante” que no se deje al “niño” bajo la supervisión de otro adulto que no sea sus padres y en caso de apoyo con los hermanos del padre, la introducción de otro adulto a pesar de una supuesta “afinidad” es parte de los aspectos a discutir durante las sesiones de terapia.

5. Bibliografía

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AMBITO DE ACCION DE LA

PSICOLOGIA FORENSE

O PSICOLOGIA JURIDICA



Anexo 2

Infantofilia, Pedofilia y Hebefilia”



República Dominicana, Diciembre del 2007.

Mayo, 2007



Anexo 2: “Infantofilia, Pedofilia y Hebefilia”




Autor

Marvin Melgar Ceballos

Escuela de Planificación

Orgánico Evolutiva (EPOE)








Fecha

15-08-2003







  1. Introducción

El objetivo del presente trabajo es hacer una revisión crítica de la literatura científica internacional publicada en revistas especializadas de Medicina, Psiquiatría y Psicología sobre el tema de la Pedofilia entre 1992 y 1998. Se obtuvieron 53 artículos sobre el tema, de los cuales se incluyen aquí 46.
Abel & Rouleau (1995) han propuesto añadir a la definición del DSM IV como criterios diagnósticos, que haya una ausencia de consentimiento por la víctima y un abuso de poder por el perpetrador para lograr el abuso.
Salvo en la Antigua Grecia y en algunas otras culturas mediterráneas, donde se toleraba la pederastia bisexual (Travin & Protter, 1993), la pedofilia ha sido conceptualizada como una monstruosidad y un escándalo per se en la cultura judeo-cristiana. De esta noción se ha derivado la creencia de que toda relación erótica niño-adulto es invariablemente traumática, perniciosa y dañina, independientemente del tipo y calidad de la relación en sí. Esto ha llevado a tres consecuencias:

1) un frecuente rechazo a discutir sobre las controversias relacionados con la llamada "edad del consentimiento",


2) la negación de la capacidad de tomar decisiones de los "menores de edad"; y


3) lo que algunos han llamado la "histeria del abuso sexual infantil".


En el peor de los casos, esta creencia ha producido intensas sobre-reacciones emocionales, tales como el frecuente linchamiento de pedófilos en las cárceles, con el probable beneplácito de amplios sectores de la opinión pública.

A través de los siglos, la pedofilia ha suscitado un horror comparable al que provocan otros grandes temas tabú, tales como el incesto, el matricidio y el parricidio. Es probable que los altos niveles de depresión, ansiedad, pensamientos y conducta suicida frecuentemente asociados a la victimización sean parcialmente producto de las mismas reacciones sociales adversas. En cierto sentido, estos fenómenos vuelven a poner sobre el tapete el tema freudiano de la sexualidad infantil y la posibilidad de que ésta despierte o sea despertada en el seno de la propia familia de origen, o de manera precoz fuera de ella. Tal vez por la misma negación a dilucidar estos temas, nuestra comprensión de la psicología profunda de estas patologías es tan escasa.



  1. Características Epidemiológicas

Al igual que este trabajo, McConaghy (1998) revisó la literatura reciente sobre la pedofilia. Afirma que la preocupación y la notificación de la actividad sexual niño-adulto ha aumentado marcadamente en la última década, aunque sostiene que su prevalencia real no parece haber aumentado al menos desde los años 1960. Los perpetradores generalmente son conocidos por la mayoría de las víctimas. Los casos de transgresores reportados son casi todos masculinos, lo que no necesariamente implica la inexistencia de pedofilia femenina, aunque los varones no tienden a considerar sus experiencias prepuberales con mujeres mayores como abusivas. Esto tal vez se deba a la probable ausencia de penetración y/o violencia en la relación adulta-niño/a. Por su parte, las mujeres abusadas reportan más efectos negativos que los hombres, aunque un porcentaje de ellas aduce que las experiencias fueron positivas.

En Canadá, Violato & Genuis (1993) y Bagley, Wood & Young (1994) reportan que de 14%-16% de dos muestras de hombres de 18-27 años habían sido abusados una o más veces cuando niños.


En Estados Unidos, Jenny, Roesler & Poyer (1994) sostienen que de una muestra de niños de uno y otro sexo de 7 meses a 17 años (edad promedio seis años) víctimas de abuso sexual, 27% fueron violados por otros niños y adolescentes, y 83% por parejas heterosexuales de un pariente cercano del niño. Por su parte, Margarín (1994) encontró que las sobrinas eran victimizadas por sus tíos cuatro veces más que los sobrinos. En esos casos, 19 por ciento de los tíos vivían con sus sobrinos, y los otros eran dejados a su cuidado o estaban pasando con ellos la noche. Cambridge (1994) estudió en Inglaterra las características que hacen atractivos a los niños y no atractivos a los adultos para los pedófilos, concluyendo que éstos pueden percibir a algunos niños y a mujeres en formas inusuales. En el mismo país, OIT (1995) halló que el uso de la pornografía comercial era pocas veces significativo en los pedófilos, quienes a menudo generaban materiales "eróticos" de fuentes relativamente inocuas, tales como anuncios de televisión y catálogos de ropa interior infantil.

  1. Rasgos de Personalidad y Conducta Pedofilia

El estudio de las características de personalidad de hombres pedófilos ha sido el área de mayor actividad investigativa del tema entre 1992 y 2003. Diversos autores han encontrado evidencia de trastornos psicopatológicos en esta su población. Cambridge (1994), por ejemplo, encontró bajos niveles de inteligencia y trastorno psicopático en hombres pedófilos.
Moler & Bier-Weiss (1994, 1995) reportaron rasgos de personalidad dominados por signos de conducta pasiva y dependiente.
Bridges, Wilson & Gacono (1998) documentaron la existencia de trastornos de personalidad narcisista, introspección dolorosa, visión distorsionada de los otros, y necesidades primitivas de dependencia en pedófilos encarcelados. Sin embargo, no está totalmente claro cuánto de esto puede deberse a la pedofilia, a la encarcelación, o a la combinación de ambas condiciones. No obstante, otros autores no encuentran suficiente evidencia de una psicopatología específica y claramente definible.
Glaser (1998) concluye que los pedófilos son generalmente "normales", pero diestros en planear su conducta delictiva y negar su existencia. Algunos estudios anteriores tienden a justificar esta conclusión:

  1. Socialización y Victimización

Tal vez el área que presenta mayor fecundidad en sus hallazgos es la relacionada con la socialización y posible victimización previa de los hombres pedófilos. Bass & Levant (1992) enfocaron el posible rol de la familia en la producción de la pedofilia. Encontraron que los transgresores sexuales infantiles habían sido criados en familias disfuncionales, tenían menor identificación con sus padres, los cuales eran más rechazantes y controladores, y alentaban menos autonomía. Johnston & Johnston (1997) encontraron que los pedófilos más centrados en niños varones fuera de la familia provenían de hogares desintegrados. Los que molestaban más a niñas fuera de la familia provenían de hogares intactos y estaban mejor ajustados, pero consumían más alcohol que los anteriores.
Cada vez con mayor frecuencia, diversos estudios han venido reportando una asociación entre la perpetración del abuso sexual y la victimización del transgresor cuando niño. Esto es conocido hoy como la "hipótesis del abusador abusado" (Freund & Kuban, 1994). Varios autores coinciden en que todos o una buena parte de los infractores estudiados habían tenido una o varias experiencias de abuso infantil por adultos u otros pares cuando niños. Bagley et al. (1994) encontraron que 6.9% de un grupo de estudiantes universitarios canadienses habían sido objeto de múltiples abusos, exhibiendo altos niveles de depresión, ansiedad, pensamientos y conducta suicida, y más interesante aún, interés sexual o conducta real con menores. Entre ellos, varios supuestos pedófilos activos fueron detectados.

  1. Infantófilos, Pedófilos, Hebéfilos, Andrófilos y Ginéfilos

Los hallazgos anteriores han servido como base para empezar a distinguir la complejidad de las manifestaciones del deseo sexual hacia personas de edades y géneros diversos. Greenberg, Bradford & Curry (1993) propusieron distinguir entre: "pedófilos", adultos que escogen como objetos sexuales a niños/as de 12 años o menos y
"hebéfilos" (en otros trabajos llamados "efebéfilos"), adultos que escogen como objetos sexuales a adolescentes de más de 12 años.
En su estudio, los pedófilos dijeron haber sido molestados a una edad más temprana que los hebéfilos. Más importante aún, ambos parece escoger víctimas de una edad específica de acuerdo a la edad de sus propias experiencias de victimización.

En el mismo año, Freund & Kuban (1993a) distinguieron entre:


pedófilos de orientación heterosexual u homosexual,
"ginéfilos", adultos que prefieren eróticamente a mujeres adultas, y "andrófilos", adultos que prefieren eróticamente a hombres adultos.
Cuando niños, los pedófilos estuvieron interesados en ver fotos de niños desnudos pero no de adultos desnudos. Según estos autores, el establecimiento de la preferencia erótica sexual precede al de la preferencia erótica etárea. Afirman que esta parafilia es predeterminada en una fase de desarrollo muy temprana, y especulan que puede haber un "proceso de devaluación activa" del grupo de edad no preferido, que termine en la pubertad. Dos años más tarde, Greenberg, Bradford & Curry (1995) propusieron deslindar además: los "infantófilos", adultos que escogen como objetos sexuales a niños de cinco años o menos de
los "pedófilos" , adultos que escogen como objetos sexuales a niños de 6-12 años.

Estos planteamientos, en general, ponen en evidencia cada vez más lo poco que sabemos de la psicodinámica de estas parafilias, y lo urgente que resulta investigarlas con mayor profundidad.



  1. Diversidad de los Pedófilos

No todos los pedófilos son necesariamente iguales ni parecen operar con las mismas estrategias. Unos son violentos, mientras otros son seductores de niños. Eisenman (1993), por ejemplo, encontró que los violentos decían cosas denigrantes sobre sus víctimas en mayor proporción que los seductores. También, unos prefieren niños y otros prefieren niñas. Miner, West & Day (1995), por su parte, comunican que los agresores infantiles con víctimas masculinas mostraron un perfil de excitación sexual más relacionado con el delito que los agresores con víctimas femeninas y los violadores, es decir, parecen ser más "verdaderos pedófilos".

  1. Pedofilia y Orientación Sexual

La relación de la pedofilia con la orientación sexual ha sido objeto de pocos estudios publicados en el período 1992-1998.
Freund & Watson (1992) analizan una serie de estudios previos, reportando dos datos importantes:

1) la razón de transgresores sexuales a niñas versus niños es de 2:1; y



2) la razón de violadores ginéfilos versus andrófilos es de 20:1.
En su estudio encuentran que la razón de pedofilia heterosexual versus homosexual es de 11:1. Sin embargo, afirman que en términos relativos la llamada "verdadera pedofilia" entre personas con un desarrollo erótico homosexual es mayor que en personas con un desarrollo erótico heterosexual.

  1. Modus Operandi

El DSM-IV (1994) estipula que muchos pedófilos se valen de amenazas a niños para impedir que hablen. También ganan la confianza de la madre, se casan con ella, comercian con otros pedófilos, y adoptan o raptan niños en países en desarrollo. Este individuo usualmente está muy atento con las necesidades del niño, buscando retener su afecto, interés o lealtad y silencio. Elliott, Browne & Kilcoyne (1995) describen el comportamiento de infractores sexuales infantiles ingleses. Sostienen que éstos logran el acceso a los niños a través del cuidado de bebés y niños; para atraerlos usan el chantaje, los regalos y los juegos; para asegurar la continuación de su acatamiento usan la fuerza, la ira, las amenazas y el chantaje; y sistemáticamente desensibilizan al niño a través del contacto físico, la conversación sobre sexo, y la persuasión. Cerca de la mitad no manifiestan sentimientos negativos sobre abusar sexualmente de niños.

  1. Psiquiatría y Psicoterapia

Pocos estudios recientes sobre teorías explicativas y abordajes psicoterapéuticos y sus efectos fueron publicados en el período estudiado. Entre ellos, Furnam & Haraldsen (1998) encontraron estructuras conceptuales sobre las "teorías" y "curas" folklóricas del fetichismo, la pedofilia, el sadismo sexual y el voyeurismo similares a las de las teorías académicas explícitas, así como una relación clara y lógica entre la etiología percibida y la cura. ODonohue & Letourneau (1993) trabajaron con transgresores sexuales infantiles que tenían al menos dos años negando el hecho. Informan que estos salieron de la negación con un tratamiento que incluyó empatía con la víctima, restructuración cognoscitiva, educación sexual, asertividad, destrezas sociales, y educación sobre la terapia. Pithers (1994) reportó, de manera similar, que los pedófilos estudiados por él mostraron mayor empatía antes y después del tratamiento psicológico que los violadores, concluyendo que la intervención puede disminuir el endoso de distorsiones que justifican la violencia sexualizada. En la misma dirección, Chaplin, Rice & Harris (1995) y Abel & Rouleau (1995) se refieren a la importancia del tratamiento del perpetrador, buscando por igual aumentar la empatía con la víctima.

  1. Tratamientos Anti-Androgénicos (Castración Química Reversible)

Seis estudios sobre la llamada "castración química reversible" han sido publicados en la literatura científica en los últimos seis años. Lamentablemente, estos estudios sólo han intervenido de uno a seis pacientes cada uno, lo que no permite aún generalizar los hallazgos a grupos y subpoblaciones de pedófilos. Los pacientes han sido tratados con acetato de ciproterona (Bradford & Pawlak, 1993; Czeizel, 1996), acetatos de ciproterona, medroxiprogesterona y leuprolida (Dickey, 1992; Cooper, Cernovsky & Magnus, 1992), y triptorelin (GnRHa), un análogo hormonal de la gonadotropina (Thibaut, Cordier & Kuhn, 1993). En general estos autores reportan una disminución de los pensamientos, fantasías y actividades sexuales experimentadas por la mayoría de sus pacientes (Dickey, 1992; Cooper et al., 1992; Thibaut et al., 1993; Czeizel, 1996), y una reducción de la frecuencia de las erecciones matutinas tempranas al despertar, de la frecuencia y el placer de la masturbación, y del nivel de frustración sexual (Cooper et al., 1992). El único efecto colateral reportado hasta ahora ha sido el hipoandrogenismo (Thibaut et al., 1993). Sin embargo, Bradford & Pawlak (1993) sugieren que las respuestas al tratamiento pueden diferir en grupos de baja y alta testosterona en el plasma.

  1. Falometría y Evaluación

Cuatro estudios sobre la medición del volumen y la circunferencia del pene como instrumentos diagnósticos de la pedofilia han sido publicados en el período. Becker & Quinsey (1993), por ejemplo, destacan cómo la historia de delitos sexuales y las mediciones falométricas son útiles para el tratamiento, la supervisión, y la evaluación del riesgo. McAnulty & Adams (1992) afirman que las "respuestas de la circunferencia peneana" (RCP) y las "respuestas del volumen peneano" (RVP) son índices de excitación y orientación sexual. Castonquay, Proulx, Aubut, Mckibben & Campbell (1993) señalan, por su parte, que los agresores sexuales más jóvenes exhiben una magnitud de respuesta máxima mayor que los menos jóvenes. Finalmente, Simon & Schouten (1993) cuestionan la validez y confiabilidad del "pletismógrafo" peneano, indicando que esta herramienta no ha sido estandarizada y está sujeta a fingimiento. Por tanto, afirman que su uso en escenarios legales y clínicos debe hacerse con cautela.

12 Discusión

A pesar de un nivel de actividad investigativa que aún podría considerarse como relativamente exiguo entre 1992 y 1998, el interés por el tema de las relaciones sexuales adulto-niño parece haber comenzado a describir una curva ascendente en términos tanto de su complejidad como de su profundidad. Una parte importante de los nuevos giros que toman los debates es el concerniente a los criterios diagnósticos. La ausencia de consentimiento por parte de la víctima y el abuso de poder por el perpetrador para lograr el abuso, anteriormente minimizados, probablemente serán tenidos más en cuenta en escenarios clínicos y legales para determinar la naturaleza de la relación. Como consecuencia de esto, paulatinamente parece irse creando un consenso de que la actividad sexual niño-adulto debe ser combatida como una infracción a los derechos de los niños, no como algo basado en la creencia de que ésta es invariablemente dañina (McConaghy, 1998).


Hasta hace unos años en nuestra sociedad, y probablemente aún en nuestros días, una relación de este tipo descubierta públicamente estaba regularmente acompañada por un fuerte estigma social. Esto tiende a ocurrir principalmente cuando el hecho involucra una violación sexual. El estigma no sólo recae sobre el infractor, sino que se refleja en la víctima, tal vez más agudamente. A ésta a menudo se atribuye la culpa de su propia violación (principalmente cuando se trata de una mujer o de un hombre homosexual). Así, esta persona tiende a ser condenada a un doble silencio por las frecuentes burlas de la comunidad, tanto por haber sido violada como por su profetizada complicidad en el hecho.


Una cierta conciencia global ha ido surgiendo al final de la última década de este siglo, produciendo el marcado aumento de la notificación de la actividad sexual niño-adulto y de la violencia contra la mujer, particularmente cuando ambos hechos ocurren fuera de la familia. Sin embargo, sabemos que los perpetradores generalmente son conocidos por la mayoría de las víctimas, y que en alta proporción se trata de padrastros, primos, tíos y abuelos de aquellas. Estos conflictos familiares probablemente sean ocultados aún debido a que parecen funcionar como juegos donde la posible implicación de la revelación sería que todos sus miembros salieran perdiendo, gracias a las actitudes sociales hacia la pedofilia. Afortunadamente, la preocupación genuina, azuzada por algunos "apocalípticos" que parece que buscan mantener un estado de pánico entre los padres, no ha ido acompañada por un aumento de la prevalencia real internacional al menos desde los años 1960, según nos dice McConaghy (1998). Igualmente, de acuerdo con los datos de Muñoz & Gómez (1999), el aumento porcentual de las querellas por violaciones sexuales de mujeres adultas virtualmente duplicó el aumento de las querellas por sustracciones y/o violaciones sexuales a menores de edad en Barahona en los últimos diez años.

La llamada "hipótesis del abusador abusado" (Freund & Kuban, 1993b; Bagley et al., 1994; Cormier et al., 1995; Howitt, 1995; Moller & Bier-Weiss, 1995) ha mostrado una generalidad más bien sorprendente a través de los estudios de diversos países. La asociación entre la perpetración del abuso sexual y la victimización del transgresor cuando niño promete ser un área cada vez más explorada de la sexualidad humana. La importante observación de que los pedófilos escogen víctimas de una edad específica de acuerdo a la edad de sus propias experiencias de victimización, ha comenzado a abrir nuevos campos de pesquisa. También ha generado las nuevas categorías de infantófilos, pedófilos, hebéfilos, andrófilos y ginéfilos. Hace falta estudiar más profundamente, por supuesto, el hallazgo de que el establecimiento de la preferencia erótica sexual precede el de la preferencia erótica etárea (Freund & Kuban, 1993b). Vimos que no todos los pedófilos son necesariamente iguales ni parecen operar con las mismas estrategias. La mayoría son reclutados entre reclusos condenados por pedofilia, pero pocos fuera de esta condición han sido estudiados. Unos exhiben rasgos psicopáticos, otros son "normales". Unos son violentos, otros seductores de niños. Unos prefieren niños, otros prefieren niñas. Unos son heterosexuales, otros homosexuales. Unos son "confesos", otros "no-confesos". El modus operandi de los pedófilos, entonces, podría ser tan variado y complejo como el panorama de tipos y combinaciones diferentes que van surgiendo de la investigación. En términos del tratamiento de esta condición parece que se han producido avances más bien discretos en los años estudiados, aunque la consideración de la necesidad y deseabilidad del tratamiento ya es en sí un logro. La psicoterapia ha tendido a inclinarse por una estrategia de crear empatía con la víctima, buscar una reestructuración cognoscitiva, y desarrollar destrezas sociales en los transgresores, reduciendo sus tendencias a negar los hechos. Los tratamientos antiandrogénicos, en sus primeros pasos, se han inclinado por el uso de los acetatos de ciproterona, medroxiprogesterona y leuprolida, y triptorelin, con algunos efectos hipoandrogénicos. Hace falta, naturalmente, continuar profundizando esta área con una conciencia clara de la bioética de la investigación e intervención con sujetos humanos. Sin dudas, múltiples "nichos vacíos de investigación" en el área serán descubiertos en la próxima década. Nuestro país difícilmente escapará a esta empresa, particularmente cuando se nos ha acusado internacionalmente de no perseguir con suficiente energía y vigor el empleo de jóvenes menores de edad en lo que hoy llamamos la Industria del Sexo. ¿Podría ser que diferentes sociedades y culturas tengan formas diversas de percibir y tratar las relaciones sexuales entre adultos y niños, adultos y adolescentes, y adolescentes y niños? Este es sólo uno de los nuevos retos que plantea a la Psiquiatría y la Psicología el advenimiento del nuevo milenio.



AMBITO DE ACCION DE LA

PSICOLOGIA FORENSE

O PSICOLOGIA JURIDICA



Anexo 3

Modelo básico de informe pericial de psiquiatría forense”



República Dominicana, Diciembre del 2007.

Mayo, 2007


Anexo 3: “Modelo de informe pericial en psiquiatría forense”

Del libro: El Informe pericial en Psiquiatría Forense de © Jorge Núñez de Arco. (2001) Capitulo IV. PSICOLOGÍA FORENSE   (Pag. 26-35) Edición Universidad de San Andrés - Maestría de Medicina Forense.  Primera Edición 2001.ISBN 99905-0-467-9

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