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República Dominicana, Diciembre del 2007.

Mayo, 2007

Trabajo publicado en www.ilustrados.com

La mayor Comunidad de difusión del conocimiento





AMBITO DE ACCION DE LA PSICOLOGIA FORENSE O PSICOLOGIA JURIDICA



DOCUMENTO ELABORAD POR:

Lic. Roberto José Adames

Abogado Penalista

Posgraduado en DD. HH. Y DIH

Diplomado en Derecho Procesal Penal

Diplomado en Psicología Forense

Secretario General del Colegio Dominicano de Abogados

Seccional Constanza

Postulante a Doctorado

Lic. Marvin Melgar Ceballos

Ph.D en Psicosociales y Fiabilidad Territorial

Máster en Investigación de Operaciones

Máster en Desarrollo Comunitario

Consultor Interacción en Planificación Estratégica Territorial

Postulador de los Modelos de la Escuela de Planificación Orgánica Evolutiva

República Dominicana, Diciembre del 2007.


Índice general

Numeral

Titulo

Pagina

1

Introducción

4

2

Objetivos de la publicación

6

3

Pensamiento critico en la implementación de la psicología forense

7

4

El aporte de la psicología forense en la aplicación de la justicia

10

5

Marco conceptual

13

6

Marco de actuación y desarrollo del psicólogo forense

36

7

Bibliografía

38

Índice de anexos

Anexo

Titulo

Pagina

1

Informe técnico del peritaje sobre el caso de violación del niño Fernando José Payano Victoriano y del Imputado”

43

2

Infantofilia, Pedofilia, Hebefilia

108

3

Modelo básico de informe pericial de psiquiatría forense

117



  1. Introducción

La cuestión de que el Psicólogo Forense resulte inusual o poco común, en la República Dominicana, deviene del hecho de ignorar su ámbito de acción y la enorme utilidad que en un momento dado de todo proceso, pueda tener esta disciplina como auxiliar del derecho, o bien, del incipiente aparecimiento de dicha materia en los escenarios nacionales.

De los problemas apuntados, resultan innúmeras imprecisiones, a la hora de aplicar este saber, un tanto extraño al jurista, lo que provoca una situación en la que no se encuentra una aplicación clara y definida, que nos sirva en las situaciones concretas, a las que nos enfrentamos, tanto abogados como psicólogos. Todo, por causa de no entender que el objeto de estudio de la Psicología Forense en lo referente a los actores del proceso, es el mismo del Derecho, aunque ambas disciplinas difieran en sus métodos.

Sin embargo, es innegable que, frente al desarrollo de las ciencias auxiliares del derecho, resulta evidente advertir la necesidad ontológica de conocer, las que mayores incidencias tienen en el derecho, debido a que comparten con este el mismo objeto de estudio, como es el caso de la Psicología Forense; ciencia que frente a los avances y descubrimientos del quehacer jurídico, social y psicológico, ha tomado un rol protagónico en los escenarios que otrora fueran exclusivos de otras disciplinas.

Al ponernos a tono con los avances de la Psicología Forense y su creciente ámbito de acción, podremos estar en condiciones optimas, en lo atinente a nuestra preparación intelectual, o en lo referente a solicitar en momentos determinados del proceso, peritajes y acciones que vayan en consonancia con los presupuestos jurídicos sobre los cuales centramos nuestro interés; ya que de no ser así, nuestra participación en el proceso, ha de correr el riesgo de ser mediocre o deficiente, lo que atentaría mas que contra los intereses que representamos como abogados, contra los incólumes intereses que han de normar nuestros mas elevados principios éticos.

La necesidad de auxiliarnos de la Psicología Forense, se justifica y convierte en fundamental, cuando el jurista tiene de frente un informe que tiene que valorar, valoración que se extiende desde la perspectiva del abogado, hasta la determinación del rol que ha de cumplir el Psicólogo Forense, lo que de ninguna forma podrá hacerse, sino de conformidad con la interactuación de dos lenguajes técnicos: el del Jurista y el del Psicólogo Forense.

Sin embargo, pese a lo dicho, en nuestro país, al decir de Wilfredo Mora, “no se ha considerado necesario el servicio del psicólogo forense1 (...)” lo que atribuimos a la falta de conocimiento de los ámbitos y utilidades del profesional de la psicología frente a los tribunales.

Por estas mismas razones, la bibliografía de Psicología Forense en la República Dominicana es poco abundante, por no decir casi inexistente, hemos hecho una investigación bibliográfica, que abarca además de la nacional e internacional, algunos espacios cibernéticos destinados al conocimiento, estudio y difusión de la referida ciencia; de manera que, hemos encontrado textos, tanto nacionales como internacionales, de una socorrida reputación científica, que nos permiten delimitar nuestro trabajo, casi de manera exclusiva, en base a las teorías enunciadas en dichos textos: Revistas, artículos, libros y otros estudios.

Con todo lo dicho, es importante aclarar, que centramos nuestro trabajo con una sola preocupación como norte: adaptar las teorías encontradas a nuestra realidad jurídica, cultural y social y a veces contrastar las mismas con nuestra latente realidad jurídica.



  1. Objetivos de la publicación

La presente publicación busca consolidar el rol de la psicología forense y/o jurídica en el marco profesional, institucional y del sistema legal de República Dominicana, tratando de cumplir con los siguientes objetivos:

  • Definir las principales funciones del Psicólogo Forense.

  • Evaluar la importancia del Psicólogo Forense en el ámbito del derecho.

  • Delimitar el ámbito de acción del Psicólogo Forense

  • Esbozar la breve historia de la Psicología Jurídica.

  • Plantear la conveniencia de utilizar el Psicólogo Forense en las políticas de atención y prevención de los conflictos.

  • Visualizar al Psicólogo Forense, como un profesional idóneo en la participación de los métodos alternativos para la resolución de conflictos.

  1. Pensamiento critico en la implementación de la psicología forense

Se trata de pensar en la práctica psicológica en este particular espacio que es el forense. Paradójica forma de postular algo que encierra en sí mismo una contradicción. Si de la práctica se trata pareciera que ésta es lo más alejado que se presenta a la especulación intelectual, del pensamiento.

Pero para que la práctica no se constituya en una mera actuación, en una manifestación compulsiva de impulsos, en un actuar sin dirección, en una descarga casi catártica de las técnicas aprendidas, es necesario poder encuadrarla y darle sostén desde algún marco teórico que, al tiempo que la atraviese, permita ir armando algún modelo que se diferencie sustancialmente del modelo estrictamente médico neopositivista y del hegemónico del derecho positivo.

La práctica psicológica en sí misma se encuentra, en lo que hace al espacio jurídico o forense, con más de un obstáculo.

Por un lado, uno de los inconvenientes que aparece es el hecho concreto de que, tradicionalmente, en nuestros países del sur de Suramérica, la formación académica ha priorizado la tradición clínica por sobre otras. Si bien esto puede resultar un punto de dificultad también tiene un correlato que permite el enriquecimiento del enfoque y de esta praxis.

Por otra parte, y en relación con lo anterior, otro inconveniente lo constituye el hecho que el ámbito estrictamente forense no ha, aún, formalizado su saber en un corpus teórico propio, por lo que la praxis necesita encontrar apoyatura en una estructura del saber que, en su origen, no fuera armada para este fin. Por cierto que hacer anclaje en la clínica alimenta esta práctica toda vez que aquélla haga eje en el sujeto.

Por último resulta necesario hacer una advertencia sobre lo que significa la intervención desde un ámbito en el que se procura administrar justicia, el Poder Judicial. Resulta así imprescindible resaltar el efecto que tal Poder, el de lo Judicial, impregna sobre los individuos que en él intervienen (1). La pregunta que parece imponerse en este punto es cómo hacer para que la participación del profesional de las disciplinas Psi no quede entrampada en los vericuetos del Poder, que no se confunda su función ni se bastardee su operatividad rescatando siempre las subjetividades en juego.

Interpelaciones entre el Derecho y la Psicología

Es necesario destacar que la Psicología no ha tenido un espacio claro y definido en el edificio judicial por varias razones. Por un lado, mientras que el Derecho reclama datos tangibles y comprobables, la Psicología, en particular el Psicoanálisis, responde desde un saber conjetural. Y por otro lado la Psicología ha mantenido su propio combate con la Medicina en general y con la Psiquiatría en particular, ocupando parte de su tiempo y de su energía en ello.

Durante años el saber médico de la mirada, lo observable, resultó hegemónico en el área de la salud mental y, por extensión, en el consenso socio - cultural, toda vez que el discurso médico era el oficial en esta ámbito.

De todos modos el escuchar de las disciplinas Psi, aunque a menudo desprestigiado y relegado a cierta marginalidad, iba ocupando un espacio.

Es así como, convocados como herederos del Oráculo, se nos tienta con un lugar a condición de que develemos lo oculto, que demos pruebas positivas, que indaguemos las verdades negadas, que nos ubiquemos en el lugar del decodificador, -portador de los códigos,- para así decodificar aquello que aparece como enigmático para el saber del derecho. No se advierte en ello que en realidad de lo que se trata no es de poseer la tabla de los códigos que supuestamente traducirían el jeroglífico del inconsciente sino de advertir que cada sujeto posee una clave personal, única e irrepetible que sólo él podrá descifrar, y, en todo caso, desde allí revisar cómo se articula ésta con el hecho que se "investiga", en lo particular del cada uno.

De esta manera el Derecho tardó más de 70 años en descubrir que las disciplinas Psi, en particular el Psicoanálisis, podían aportarle ciertos conocimientos del comportamiento humano ligados a otro orden.

A decir verdad, tampoco los psicólogos estábamos preparados para esta inserción que cuestiona nuestro saber y redimensiona nuestro poder.

En general la formación universitaria del psicólogo ha estado más ligada a la orientación clínica y educacional que a la forense o jurídica. De allí que la inserción del psicólogo en instituciones de este corte ha tenido más que ver con una clara alternativa concreta de trabajo que con una opción vocacional. Es por ello que se ha hecho necesario revisar las técnicas propias de la Psicología, clásicamente clínica o experimental, tal que ésta sea adecuada a requerimientos institucionales tan precisos. Interrogados en nuestro saber debemos así interrogarnos en nuestras estrategias y abordajes.

Verdadero desafío en el que la tentación por apuntar a la salud, implementando las técnicas aprendidas y las estrategias ya estudiadas y probadas en otros terrenos, nos juegan más de una mala pasada en un lugar en el que la salud es una categoría más dentro de una trama de polaridades (sano - enfermo; insano - sano; imputable - inimputable; inocente - culpable).

Por cierto que otra tentación es la de hacer propias las particularidades del derecho y así forzar a que las disciplinas Psi se conviertan en técnicas "auxiliares" y positivas, que colaboren en la indagatoria judicial como una herramienta "policíaca" que apunte, en todo caso a develar una verdad diferente, la del expediente, y no ya la del inconsciente, la jurídica y no la subjetiva, una verdad positiva, concreta y comprobable.

Nuestra inserción trae, por otra vía, una nueva dificultad y es que nuestra disciplina es cuestionadora en la medida en que interroga. Así es como si bien somos interpelados en nuestra práctica y en nuestro saber, desde éste, desde el saber, cuestionamos el Poder de lo judicial. Juego de interrogaciones en el que, corridos de una postura contestaría, termina haciéndose necesario armar un corpus teórico - práctico específico.

Y qué es esto de interpelar al Poder - Saber del derecho?. Cuánto más fácil parece adherir a escuelas psicológicas que, sintonizadas en la misma frecuencia del discurso positivo, ofrecen todo su saber al sólo fin de darle consistencia "científica". Paradoja en la que se legaliza el discurso del derecho por medio de un decir psi-entífico al tiempo que éste aspira ahora a lograr otro reconocimiento, otro brillo, otro lustre, en la medida en que, ya subsumido al discurso del poder, se mira en el gran espejo del derecho.

En tanto insertos en el entramado del Poder Judicial la vacilación parece plantearse entre dos espacios claramente definibles: el Lugar del Poder (Poder Judicial) vs. el Lugar del Saber.

Al respecto observemos que me refiero al Poder con mayúscula, como lo hace Legendre, para remarcar la exorbitancia de éste. ¿Qué es el Poder?. Es una metáfora de puro interrogante, responde el jurista citado.

En el juego del Poder éste es el que silencia y exige que el saber se constituya en su legitimante y su garante. Pretensión, desde el Poder, de establecer, en el saber, cierta universalidad de conceptos (verdad, responsabilidad, culpabilidad, peligrosidad) que, en la medida en que no nos posicionemos en nuestro saber, nos hará trastabillar hacia la búsqueda y adhesión a criterios y mecánicas que no nos son propias, al tiempo que nos ilusionará con el mito de la uniformidad semántica según el cual sería posible que todos habláramos de lo mismo y de la misma manera, facilitando así un engaño que nos protege de la diversidad, perdiendo de vista que nuestros marcos epistemológicos son diversos y diferentes. Traspié en el que ciertas corrientes psi, con pretensiones de científicas, suelen caer regocijándose del "reconocimiento" que reciben del amo, sin advertir, o sin importarles, que el precio es el de que su decir sólo se ofrezca como aval de una alianza entre el saber y el Poder.

Desde otra perspectiva, posicionándonos en un saber que se reconozca como no colmado, nos constituimos en cuestionadores cuestionados que, ante el imaginario de la Institución, aparecemos como desafiando cierto saber - poder constituido. La otra alternativa, de mucho mayor riesgo por cierto, es que nuestro discurso aparezca subyugado por el del Poder dominante tal que nuestro saber no aporte ninguna luz ante el enigma al que nos enfrentamos.



4. El aporte de la psicología forense en la aplicación de la justicia

Como actividad profesional la psicología se ha extendido, en las últimas tres décadas, de una forma sorprendente aún para los más optimistas. Encontramos a estos profesionales en las escuelas e institutos, en los centros sanitarios y hospitalarios, en las instituciones penitenciarias y judiciales, en el mundo del deporte, en el ámbito laboral, publicitario, etcétera. Los psicólogos actúan contratados tanto por la Administración como en el ejercicio privado. La psicología española es hoy una realidad consolidada y esto se refleja en su diversificación profesional. Esta consolidación se ha dado en medio de los grandes cambios sociales e institucionales que han acontecido en nuestra sociedad. Y en estos años se han promulgado nuevas leyes que afectan a numerosos campos de la actividad y vida cotidiana de los ciudadanos.

Conforme se han ido promulgando estas leyes han aumentado las necesidades de ayuda y colaboración de una gran variedad de profesionales con los jueces, los tribunales y la justicia en general. Desde las tradicionales leyes penales hasta las modernas normas que regulan los derechos de los menores o de las parejas homosexuales hay un abanico de normas que, directa o indirectamente, requieren de la participación del psicólogo. En este contexto, ha aparecido la figura del psicólogo forense. Como perito, asesor, colaborador o experto, el psicólogo forense es un agente más del sistema de justicia.

Emplearemos, por razones de costumbre, únicamente un género para referirnos a esta profesión no sin reconocer la importante presencia de mujeres en esta profesión.

Asociamos la idea del forense a la del médico adscrito a la administración de justicia que perita, informa y asesora al juez en temas de su especialidad y también se asocia a los policías y criminólogos expertos en la detección, análisis y valoración de pruebas judiciales incriminatorias. El psicólogo forense se asimila, en cierto sentido, a ambas figuras, si bien restringe su actividad al campo de las capacidades psicológicas, las motivaciones y actitudes, etcétera.

El psicólogo forense se encarga de analizar y valorar distintos aspectos de la personalidad, la situación psicosocial, el nivel de estrés y los estados mentales propios de las personas que, de un modo u otro, están implicadas en cualquier tipo de procedimiento judicial. Las tareas que requieren la intervención especializada de los psicólogos forenses han sido siempre necesarias en los procesos judiciales, pero durante muchos años y aún hoy en muchos juzgados y jurisdicciones, muchas tareas propias y específicas de aquellos las realizan otros profesionales. Psiquiatras, criminólogos, médicos forenses y no pocas veces los propios jueces, realizaban muchas de las tareas que hoy hacen los psicólogos forenses. El avance en la especialización profesional ha descargado a muchos profesionales poco o nada preparados técnicamente para realizar estas tareas propias del psicólogo. Así no era infrecuente que, por ejemplo, los propios jueces entrevistasen a menores o deficientes mentales víctimas de violencia sexual, tarea que ahora encargan a los psicólogos forenses cuando es posible.

Actualmente, los psicólogos forenses tienen una formación universitaria sólida y, además, disponen por lo general de una formación teórico práctica específica obtenida en cursos de especialización y de formación continuada. Los primeros contactos del psicólogo forense con la justicia se dieron en el marco de la justicia penal y penitenciaria, más tarde se extendió a la justicia juvenil y de menores. Después se ha ampliado su intervención a los variados procedimientos de la justicia civil, laboral y hasta eclesiástica.

En la actualidad podemos afirmar que la práctica profesional de la psicología forense es un complemento indispensable de cualquier actividad judicial moderna. Cada delito, agresión entre jóvenes, ruptura matrimonial, adopción, asignación de tutela o incapacitación, cada sentencia que imparte un juez o tribunal tiene actores, víctimas y espectadores que no sólo conocen o han participado en el suceso, sino que han vivido sus efectos y consecuencias a su propia manera. El psicólogo es, entre otros profesionales, el más y mejor preparado para valorar, comprender y proponer actuaciones considerando la individualidad única de todos y cada uno de los implicados en un suceso o acontecimiento conflictivo singular. La actuación de estos profesionales está fundamentada en unos conocimientos científicos que han generado procedimientos y técnicas que garantizan su objetividad. También existen códigos deontológicos que obligan a actuar con todas las garantías legales a estos profesionales que utilizan y tienen acceso a informaciones personales de naturaleza privada y muy sensibles.

La actividad propia del psicólogo forense está fundamentada en la aplicación de los principios y técnicas propias de la psicología aplicada al contexto jurídico. Actúan como peritos, expertos y asesores de los jueces, tribunales y resto de agentes que participan en la administración de justicia.

Las técnicas de la psicología aplicada al ámbito forense no se limitan a la identificación de la presencia y grado, de un trastorno mental en un imputado o una víctima. Es mucho más variado y específico. Los psicólogos forenses pueden evaluar la inteligencia de un agresor sexual, de un menor acusado de vandalismo o de un anciano que quiere cambiar su testamento ante el notario. Pueden identificar las secuelas psíquicas que un acoso laboral puede haber dejado en una mujer o valorar la credibilidad de un testimonio que fundamenta una acusación grave de abusos sexuales.

Otros ejemplos nos dan una idea de la gran cantidad de respuestas que el psicólogo forense puede ofrecer. Éste puede valorar el riesgo de reincidencia o la peligrosidad de un recluso que ha solicitado un permiso de salida de la prisión, también puede estimar cuál de los dos progenitores es el más idóneo para obtener la patria potestad de un menor en caso de litigio.

No es nada infrecuente que los jueces soliciten a los psicólogos forenses una valoración de si una madre o un padre ha influido de forma significativa en el rencor que un hijo muestra hacia su otro progenitor durante un proceso de separación o divorcio. La relación podría continuar y estos son sólo algunos ejemplos. Así pues, la tarea de los psicólogos forenses no se limita, como a veces se piensa, al diagnóstico clínico de los trastornos mentales, es mucho más amplia. Es precisamente este repertorio de técnicas y habilidades de que dispone este profesional lo que le convierte en una ayuda de mucha utilidad al juez en su actividad habitual.

El futuro inmediato de la psicología forense es mejorar su práctica profesional y su eficacia. Ya hemos descrito la situación actual caracterizada por su variada presencia en los diversos campos de la justicia. En las últimas leyes, como en la recién aprobada ley integral contra la Violencia de Género, es habitual encontrar demandas específicas para estos profesionales. Ha de venir un momento en el que podamos revisar este periodo con ojos críticos y analizar el déficit de este ciertamente apresurado crecimiento. Después vendrá, sin duda, una mejora profesional que redundará en una aplicación más justa de las propias decisiones judiciales.

5. Marco conceptual

La Psicología Forense, es una especialidad que desenvuelve un amplio y específico ámbito entre las relaciones del mundo del Derecho y la Psicología, tanto en su vertiente teórica, explicativa y de investigación, como en la aplicación, evaluación y tratamiento.

Si la tomamos, como ciencia auxiliar del Derecho, nos permite realizar el estudio, explicación, promoción, evaluación, prevención, asesoramiento y/o tratamiento de aquellos fenómenos psicológicos, conductuales y relacionales que inciden en el comportamiento de las personas en el ámbito legal; logrando esto, mediante la utilización de métodos propios de la Psicología Científica (lo que le da el sentido de objetividad a que aspiran las pruebas jurídicas) y cubriendo por lo tanto distintos ámbitos y niveles de estudio e intervención, tales como:

Psicología Aplicada a los Tribunales.

Psicología Penitenciaria.

Psicología de la Delincuencia.

Psicología Judicial (testimonio,).

Psicología Policial y de las Fuerzas Armadas.

Victimología

Mediación.



5.1 Desarrollo histórico

Hablar de la Psicología Forense en la República Dominicana, seria como hablar del futuro, ya que ni siquiera en el presente se han sentado las bases firmes que solidifiquen su participación en el derecho nacional, pues no existen reglas claras para la utilización del Psicólogo Forense en nuestra legislación, salvo los esbozos de la Ley 14-94, o Código del Menor y alguna de las modificaciones introducidas al código penal dominicano por las estipulaciones de la Ley 24-97; de manera que hablar de su pasado seria breve tan breve como lo dicho.

Las primeras aplicaciones de la Psicología Forense al Derecho, en la República Dominicana, apenas se sitúan a partir de los años noventa, cuando comienza a gestarse tanto la ley 14-94 o Código del Menor, como hemos dicho, y la ley 14-97; leyes en las que encontramos mandatos expresos para la utilización de los psicólogos en los procesos judiciales.

Wilfredo Mora, psicólogo dominicano, entregado por entero al estudio de la psicología forense, y podríamos afirmar que pionero, se pronuncia al respecto cuando considera que: “decir psicología forense en la República Dominicana, hasta hace unos pocos años, en esta misma década de los 90, era algo que no apreciaban los funcionarios de la justicia. En nuestro país, el sistema de la intima convicción de los jueces no esta unido a los servicios del psicólogo experto en psicología forense, ciencia que asiste al proceso judicial (..)2

No obstante, el termino en si de Psicólogo Forense, ha tomado mas cuerpo en los últimos tiempo; quizás porque otrora los profesionales de la psicología, e incluso los del derecho no estaban familiarizados con las simbiosis psicológico-jurídica, que tienen lugar dentro del proceso; por un lado, los psicólogos necesitaban cierto grado de conocimientos de tipo jurídico, que le permitieran utilizar sus conocimientos en el “foro”, o sea, en el Estrado; y por el otro los juristas necesitaban los conocimientos generales de la psicología.

Un hito digno de mención, lo constituye la recién promulgada ley 22-01, o ley que instituye en la República Dominicana el Colegio del Psicólogo, quizás la primera piedra institucional que instalara en los tribunales de la república una voz autorizada en ciertos campos que interesan a los jueces y juristas; lo mismo que el Diplomado de Psicología Forense, organizado por la Universidad de la Tercera Edad, único y primero en su genero en la historia de educación continuada en la República Dominicana.

Tan corta trayectoria no debe extrañarnos, si pensamos que a nivel internacional la Psicología Jurídica o Forense es una ciencia relativamente joven que aunque sus prístinos inicios lo podemos inscribir a principios del siglo XX, no es sino hasta la década de los 70, que aparece un fuerte empuje de los Psicólogos Penitenciarios; quienes aplican a la delincuencia el tratamiento que se desprende de la Psicología Conductista y de la Psicología del Aprendizaje. La Psicología Penitenciaria española, por citar un ejemplo, ha fomentado de forma pionera diversos campos de la Psicología Jurídica que hoy conocemos.

Tomando como ejemplo, los avances alcanzados por la Psicología aplicada al derecho en España, debemos afirmar que en dicha nación, en la misma década citada (1970), aparece la denominada Escuela de Barcelona de Psicología Jurídica, que auspicia la publicación del Anuario de Sociología y Psicología Jurídica publicado por el Colegio de Abogados de Barcelona. En 1976 se organizan en Barcelona las primeras Jornadas Internacionales de Psicología Jurídica. La culminación de este trabajo es el libro de Bayés, Muñoz-Sabaté y Munné “Introducción a la Psicología Jurídica” (1980).

De manera que, si tomamos un país de Europa, como el que hemos elegido para comparar, entenderemos porque, en estos últimos años es cuando la Psicología Jurídica o Forense, como especialidad, está tomando cuerpo científico y profesional, con excelentes resultados, tanto a nivel internacional, como a nivel nacional; lo que nos empuja a creer, que debemos aunar esfuerzos, tanto psicólogos como abogados, para que ciencias como el Derecho y la Psicología no sigan como hasta ahora por rumbos distantes, sino, que con ambas disciplinas debemos formar un todo armónico que sirva a los fines especiales que esta destina la Psicología Forense como auxiliar de la justicia.

Desde un marco institucional, y con las experiencias de España, Chile, Colombia y otros países, donde se han puesto en practica los conocimientos de la Psicología aplicados al Derecho, se han creado en nuestro país, y muy recientemente, grupos de trabajo, e instituciones que han dirigido sus esfuerzos, hacia temas eminentemente jurídicos; temas que tienen que ver con la Familia, las Parejas, los Divorcio, la Violencia Contra la Mujer, la Violencia Domestica, el Abuso Sexual, Abuso Sexual del Menor, los Menores en Estado de abandono, el Peligro o Maltrato al menor, etc., visualizando los mismos, desde una perspectiva psicológica-legal, todo en perfecta armonía con el espíritu mismo de las leyes, como es el caso de la 14-94 y la 24-97; de ahí, que nuestra historia, a penas comienza.





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