Alquimia teosófica el secreto de transformar el temporal plomo en oro eterno



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ALQUIMIA TEOSÓFICA

El secreto de transformar el temporal plomo en oro eterno

 (Charla en la Logia Adyar, 11 de enero de 2006)

Dr. John Algeo
Fue Vice-Presidente Internacional de la Sociedad Teosófica y Profesor Emérito

 de la Universidad de Georgia, USA, con muchas distinciones académicas en su haber.

La alquimia es una práctica muy antigua. H.P.B. dice que es “tan antigua como la tradición misma” (Isis I-503). A veces es considerada como la precursora no científica de la química, pero la alquimia es mucho más que eso. Blavatsky habla de “una gran filosofía moral y espiritual en los más elevados aspectos de la verdadera alquimia” (CW 8.253). La alquimia es de hecho tanto un arte material, como, en sus más elevados aspectos, una práctica espiritual.

Como un arte material, la alquimia tiene lugar en los laboratorios, donde el alquimista trabaja sobre sustancias físicas, utilizando hornos y recipientes de nombres extraños como “alambique” y “retorta”. La química moderna se desarrolló efectivamente a partir de ese arte material de la alquimia. Algunos de los antiguos alquimistas fueron en realidad estafadores que utilizaron la alquimia como una estratagema para engañar a los crédulos. Otros eran honestos pero obsesionados con obtener ganancias materiales; a menudo éstos eran llamados “locomotoras”, porque tenían que soplar constantemente sobre las llamas de sus hornillos para mantener el fuego que produciría el grado de calor requerido. Pero algunos alquimistas materiales fueron sinceros buscadores que, según se dice, alcanzaron su objetivo (según estudios de J. Pérez Pariente y L. M. Príncipe). Quizás la más famosa de estos últimos sea la pareja del siglo XIV Nicholas y Perenelle Flamel.

             La práctica espiritual de la alquimia es, sin embargo, fundamentalmente diferente del arte material; es realmente una forma de Yoga Occidental. Como una práctica espiritual, la alquimia tiene lugar en el corazón y en la mente del alquimista, donde éste trabaja sobre sí mismo. Como un admirador contemporáneo de H.P.B. escribió en una exposición sobre “El Laboratorio Alquimista”:

             “Los más elevados procesos de la alquimia no requieren trabajo mecánico; estos consisten en la purificación del alma y en transformar el hombre animal en un ser divino” (Hartmann 104).

             Algunos alquimistas (y la alquimia se practica aún en nuestros días) se limitan o al aspecto material o al espiritual de este arte, pero muchos combinan ambos. Aquellos que combinan los dos aspectos de la alquimia tratan el arte material (el trabajo de laboratorio) como una alegoría o como un símbolo de la practica espiritual. Ellos consideran a la alquimia material como el cuerpo a través del cual el alma de la alquimia se manifiesta. Blavastky observa: “El lenguaje de la alquimia, ha sido siempre, al igual que el de las antiguas religiones, simbólico” (CW 11-528). El lenguaje simbólico de la alquimia ha sido objeto de mucha atención en años recientes.

 

            La alquimia fue reconocida como algo más que un arte material por el psicólogo Carl Jung, quien escribió varios libros interpretando la alquimia en términos psicológicos. Y un discípulo suyo, Jeffrey Raff, fue aún más lejos al interpretar la alquimia como un sendero espiritual según la psicología jungiana. Pero la práctica espiritual de la alquimia también tiene paralelos con la Sabiduría Antigua de la Teosofía en muchas formas notables.



             Los paralelos entre la alquimia y la Teosofía son especialmente claros en un corto texto místico llamado “La Tabla Esmeralda”. El nombre del texto proviene de la suposición de haber sido grabado en un bloque de piedra verde por Hermes Trismegisto (“El Tres Veces Grande Hermes”, el nombre griego de una figura egipcia también llamada Tehuti, quien es recordado en el Ritual de la Estrella Mística). El texto místico ha sido llamado “La Biblia de los Alquimistas” (Haage 24); H. P. Blvasky lo cita muy a menudo en sus escritos y lo llama “el más antiguo tratado de alquimia existente” (CW 11-534). No sabemos en qué idioma fue escrita originalmente la “Tabla Esmeralda”, pero a través de la Europa del Medioevo y del Renacimiento, fue conocida ampliamente en su versión en latín. Esto es lo que esta versión dice (en mi propia traducción al inglés de la misma):

 1.     En verdad, sin Engaño, ciertamente y sin duda



2.     Lo que está Arriba es como lo que está Abajo y lo de Abajo es como lo de Arriba, para realizar las maravillas del Uno.

3.     Y como todas las cosas provienen del Uno, por la mediación del uno, todas las cosas nacieron de este único ser por adaptación.

4.     Su padre es el Sol. Su madre es la Luna.

5.     El Viento lo ha llevado en su Vientre. Su nutritiva madre adoptiva es la Tierra.

6.     Es el Padre de toda la perfección en el mundo entero.

7.     Su poder es completo si se ha vuelto hacia la Tierra. Separarás la tierra del fuego, lo sutil de lo denso, suavemente, con gran habilidad.

8.     Se eleva de la Tierra al Cielo y desciende nuevamente a la Tierra, y recibe Poder desde Arriba y desde Abajo.

9.     Así obtendrás la Gloria del Mundo entero y toda oscuridad huirá de ti

10.  Este es el Mayor de todos los Poderes porque vence la cosa más sutil y penetra toda cosa sólida.

11.  De esta manera el mundo es creado.

12.  A partir de aquí se obrarán aplicaciones asombrosas, porque este es el Patrón.

13.  Y por eso soy llamado Hermes Trismegisto, por tener las tres partes de la Sabiduría del Mundo entero.

14.  Ésta es completa, porque he comunicado la obra del Sol.

 Sobre este texto místico y simbólico se han escrito muchos comentarios. No podemos aquí abordarlos a fondo, pero podemos observar seis conceptos en ellos que tienen paralelo con la Sabiduría Antigua de la Teosofía.

 1. Unidad. “La Tabla Esmeralda” es descripta por un lema que expresado en griego dice Hen to pan, en latín Ex unum omnia y en español “Todo es uno”. “La Tabla Esmeralda” misma dice explícitamente “Todas las cosas provienen del Uno”. Esto es esencialmente lo mismo que la Primera Proposición de La Doctrina Secreta: el fundamento de toda existencia es una absoluta unidad que no puede ser descripta en lenguaje humano o concebida por la mente humana pero que es el Fundamento del Ser, como así también de todos los seres particulares. Este énfasis en la no dualidad aparece tanto en el Neoplatonismo como en una de las escuelas Vedanta, donde ambas también enfatizan la indivisible unidad de la Realidad Ultima.

2. Polaridad. La alquimia trabaja con los opuestos, simbolizados por los elementos azufre y mercurio, o fuego y agua, sol y luna, masculino y femenino, etc. “La Tabla Esmeralda” habla sobre Arriba y Abajo, Viento y Tierra, los muchos y el Uno, sutil y denso, Cielo y Tierra. Similarmente, la Teosofía ve la unidad absoluta manifestándose como polaridades, o pares de opuestos, incluyendo espíritu (o conciencia) y materia. De la interacción de los pares de opuestos provienen todas las cosas. Similarmente, la filosofía china habla del Yin y el Yang, y la Yoga de la India habla de los canales del cuerpo Ida y Pingala.

3. Correspondencias. El aforismo más conocido de “La Tabla Esmeralda” es “Como es Arriba es Abajo y como es Abajo es Arriba”. Esta es una exposición del principio de correspondencias, el cual es una constante en los escritos de Madame Blavatsky. Existen atisbos del mismo patrón de correspondencias en todas partes del universo. Como “La Tabla Esmeralda” dice “Este es el Patrón”. O como dicen las Stanzas de Dzyan: “todo procede desde dentro hacia fuera”. Debido a esta correspondencia entre “arriba” y “abajo”, entre “dentro” y “fuera”, podemos utilizar tanto lo que conocemos como dónde estamos, para descubrir lo que no conocemos y llegar a donde no estamos. Las correspondencias han sido la base para la clasificación de las cosas en la mayoría de las culturas del mundo: el Oro es a los metales lo que el Roble a los árboles, el León a los animales, el Sol a los cuerpos celestes, y el Rey a los hombres; tales correspondencias se encuentran universalmente.

4. Evolución. El propósito de la alquimia es el perfeccionamiento del mundo. Como dice “La Tabla Esmeralda”: “es el padre de toda perfección en el mundo entero” y la alquimia utiliza las correspondencias entre los pares de opuestos “para llevar a cabo las maravillas de “lo Uno”. “Lo Uno” es la realización de la perfección. Un estudiante moderno de alquimia dijo: “la meta de los alquimistas medievales no era sólo la exploración sino la perfección de la Naturaleza, considerada como misión o deber divino” (Buntz 35). La alquimia afirma que el mundo en el que vivimos no es perfecto, sino que se mueve hacia la perfección, y el alquimista es llamado a ayudar en esa evolución; la evolución, tanto del mundo externo, como de la conciencia dentro nuestro. Esta aseveración es como la visión teosófica expresada en A los pies del Maestro: “en todo el mundo hay sólo dos tipos de personas, los que saben y los que no saben; y este conocimiento es el que importa”. Este conocimiento es el de la Evolución, el que está también expresado claramente en la tercera Proposición Fundamental de La Doctrina Secreta. La evolución espiritual o la progresiva perfección es un concepto implícito también en la Francmasonería y varios sistemas místicos.

5. Meta. La meta de la alquimia es lo “Uno”, esto es, la perfección del mundo, que está simbolizada por la Piedra Filosofal. El “su” al que alude “La Tabla Esmeralda” teniendo como Padre al Sol y como Madre a la Luna, etc., es la Piedra Filosofal. “Filosofal” cuando se usaba en su sentido etimológico de “Amante de la Sabiduría”, era un calificativo antiguo para denominar a un alquimista. Este mismo calificativo indica que el alquimista no era solamente un técnico manipulando substancias materiales en un laboratorio, sino alguien que buscaba la Sabiduría por la comprensión de la naturaleza de las cosas. Y la Piedra Filosofal tuvo un significado simbólico tal como el de la joya en el mantra “Om mani padme hum,  la joya en el loto. Tanto la Piedra Filosofal como la Joya en el Loto representan la perfección espiritual. HPB dice: “Aristóteles ... le dijo a Alejandro que ‘la Piedra Filosofal no era de ninguna manera una piedra, sino que se encontraba en cada hombre, en todas partes, en todos los tiempos, y es llamada la meta final de todos los filósofos” (CW 11-541).

La Piedra Filosofal tiene dos derivados significativos: el elixir de la inmortalidad y el poder de proyección. Los alquimistas materialistas pensaban que la inmortalidad que la Piedra Filosofal tenía reputación de conceder era algo que podía retardar o aún revertir el proceso de envejecimiento. Pero realmente es la misma inmortalidad que aquella del mantra Upanishadico: “Condúceme de la muerte a la inmortalidad”, es decir, esta inmortalidad es el mundo de lo Real y de la Luz, en donde no hay ningún ser naciendo o muriendo.

Los alquimistas materialistas pensaron en el poder de proyección como algo que podía transformar metales básicos como el plomo, en oro. Pero en verdad es algo que ayuda a todas las cosas del mundo a alcanzar la perfección. Debido a que el oro es tradicionalmente el metal más perfecto, el cual no puede ni oxidarse ni alterarse, es el símbolo del estado perfecto de todas las cosas. Así es que, por el principio de correspondencias, el oro representa el estado perfecto de todo. De esta manera la Piedra Filosofal, es aquello que conduce a la perfección, tanto dentro nuestro como fuera; en nuestro ser y en todo el mundo a nuestro alrededor.

También en nuestra tradición Teosófica, la meta de la evolución es transformar el nacimiento y la muerte en un estado de Vida plena o inmortalidad y alcanzar el estado de dorada perfección, cuando los seres humanos evolucionen en Dhyan Chohans, Señores de Meditación, y cada reino de la Naturaleza progrese a la siguiente etapa jerárquica de su desarrollo evolutivo.

6. Sendero. La vía para producir la Piedra Filosofal, es decir, alcanzar la perfección, es la preocupación central de la alquimia. Esto es mencionado en “La Tabla Esmeralda” en las siguientes palabras: “Separarás la tierra del fuego, lo sutil de lo denso, suavemente, con gran destreza”. Para alcanzar la perfección el trabajo del alquimista pasa por tres etapas, en las cuales, las cosas opuestas o que contrastan, son primero separadas y posteriormente unificadas. La alquimia comienza con tres sustancias: azufre, mercurio y sal, las que simbolizan (entre otras cosas) la mente, las emociones y el cuerpo como un vehículo para el espíritu. El azufre, el cual  es una sustancia inflamable, es la mente; el mercurio, que es un fluido, es emoción; y la sal, que es granulada, sustancia terrosa, es el cuerpo.

Estas tres sustancias deben ser reducidas a su estado primario, que en alquimia se llama materia prima, la que se representa con el color negro. La primera etapa en el proceso alquímico es por consiguiente denominada nigredo, una palabra del latín que significa “negrura”. La materia prima sugiere el concepto teosófico de Mulaprakriti, la raíz de la materia.

El proceso alquímico requiere de muchos pasos que los alquimistas llaman solve et coagule, es decir, separar y reunificar, antes que el nigredo sea transformado en la segunda etapa, que es albedo o “blancura”. La sustancia alquímica producida en esta etapa de blanco albedo puede tornar los metales viles en plata, pero aún no en oro.

La tercera etapa, la cual para alcanzarse requiere de muchos más pasos de separación y reunificación, es denominada rubedo o “rojez”. Este representa el color amarillo-rojizo del oro y esta es la etapa que produce la Piedra Filosofal.

Estas tres etapas de nigredo, albedo y rubedo –negrura, blancura y rojez- tienen paralelo en muchas tradiciones espirituales en todo el mundo. La Voz del Silencio habla de tres Vestíbulos a través de los cuales el aspirante avanza en el Sendero hacia el Valle de Bienaventuranza; ellos son el Vestíbulo de la Ignorancia, el Vestíbulo del Aprendizaje y el Vestíbulo de Sabiduría. La Francmasonería tiene tres Grados Masones dentro de los cuales el Hermano debe ser iniciado: Aprendiz, Compañero y Maestro Masón. Los Antiguos Misterios de Eleusis tenían tres etapas: purificación y preparación pública, los Misterios Menores y los Misterios Mayores. El Yoga de Patanjali tiene tres angas o etapas interiores: concentración, meditación y unificación (Samadhi). Y así sucesivamente. Las trinidades parecen ser inherentes a todo acercamiento a la Autorrealización.

¿Cuál es el significado de todos estos conjuntos de tres etapas –tales como las alquímicas nigredo, albedo y rubedo? Para comprender el significado de las tres etapas alquímicas necesitamos pensar acerca de la visión teosófica de la constitución humana. El objetivo fundamental de toda búsqueda espiritual es descubrir quién es el que busca; la pregunta fundamental a responder en el Sendero es “¿Quién soy yo?” Esta pregunta es el tema subyacente en todos los Upanishads. Por ejemplo, está la muy conocida historia en el Chandogya Upanishad sobre el estudiante Svetaketu, cuyo padre le preguntó si él había aprendido la única cosa, que sabiéndola, no era necesario saber nada más. Por supuesto, el joven no había aprendido eso y así su padre, pacientemente, utilizó muchos ejemplos para enseñarle al niño esa única cosa: tat tvam asi “Tú eres Aquello”, siendo “Aquello” la Realidad Ultima.

            Similarmente está la historia del estudiante Zen, quien se acercó a su maestro y le dijo: “Maestro, ¿qué debo hacer para iluminarme?”. A lo que el Maestro respondió: “¿Quién es el que pregunta?”. Para iluminarse, el estudiante sólo necesita responder esa pregunta correctamente. Saber quién somos realmente —saber, no sólo intelectualmente, sino en lo más profundo de nuestro corazón, con cada fibra de nuestro ser— es estar iluminado, o lo que es lo mismo, haber descubierto la Piedra Filosofal. Por lo tanto, ¿quiénes somos? ¿Cuál es nuestra identidad?

            La Teosofía nos dice que no tenemos una identidad, sino muchas. Primero tenemos  una identidad que podríamos llamar nuestro “yo” personal. Es la parte consciente de nuestra mente, conectada con nuestras emociones y nuestro cuerpo. Mente, emociones y cuerpo, como ya se mencionó, están representadas por los elementos alquímicos azufre, mercurio y sal, con los que el proceso alquímico comienza. Nuestra mente, emociones y cuerpo —nuestro pensar, sentir y actuar— aunque íntimamente conectados, están a veces desconectados, fragmentados, desarmonizados. Pensamos una cosa, pero sentimos otra; sentimos de una manera pero actuamos de otra.

Cuando nuestras mentes, emociones y acciones no están unificadas y no funcionan juntas, armoniosamente, nuestras vidas personales son confusas y conflictivas. Entonces necesitamos reunir nuestros elementos, para que nuestro pensar, sentir y actuar estén sincronizados y se refuercen unos a otros. Producir unidad y armonía en nuestra vida personal, es la primera etapa en el proceso alquímico, el nigredo.

            Nosotros, sin embargo, tenemos una identidad aún más amplia que el “yo” personal. Es esa identidad que podríamos llamar nuestro “Yo” o “Ego” individual. Es la parte de nuestra mente que está conectada con nuestra intuición superior (o Buddhi) y a través de esta intuición búdica con el centro espiritual o ātmā dentro de nosotros. Por supuesto, éste también abarca el “yo” personal así como también los aspectos inconscientes de nuestra mente, emociones y cuerpo. Este “Yo” es inmenso comparado con el “yo” personal. El “Yo” individual es el que reencarna en muchos sucesivos “yoes” personales. El “Yo” individual sabe que el “yo” personal es parte de él; pero el “yo” personal generalmente no sabe que es meramente una parte o aspecto del “Yo” individual. Cuando el “yo” personal descubre su relación con el “Yo” individual, este “Yo” puede funcionar a través de la mente consciente, las emociones y las acciones del “yo”. Entonces estamos unificados a un nivel superpersonal.

            Primero debemos reconocer la existencia de dos entidades separadas (que es el proceso de solve o separación); entonces el “yo” personal y el “Yo” individual deben unirse conscientemente (que es el proceso de coagule o unificación). El estado de unión entre el “yo” personal y el “Yo” individual es la segunda etapa en el proceso alquímico, el albedo. El albedo convierte el metal vil del “yo” personal en la plata del “Yo” individual.

            Sin embargo, nosotros tenemos una identidad aún mayor que el “Yo” individual, es una identidad que no nos pertenece a ti o a mí exclusivamente, sino más bien una que compartimos unos con otros y con todos los seres. En los Upanishads se lo denomina “Aquello”. Es el aspecto de la Conciencia universal que se individualiza a sí misma en cada uno de nosotros. Es el Ātman o Mónada, la Conciencia Una que se expresa a sí misma a través de las conciencias individuales de todos nosotros. Descubrir  “Aquello” como nuestra identidad última, aprender la lección upanishádica de “tat tvam asi”, “Tú eres Aquello”, es estar completamente iluminado. Es alcanzar el estado de oro perfecto. Realizar la unificación de nuestro “Yo” individual con el universal “Aquello” es la tercera etapa en el proceso alquímico, el rubedo. El rubedo produce la Piedra Filosofal, la joya en el loto, la perfección de nuestra naturaleza, el propósito de la evolución humana, la iluminación o  salvación,  la completitud espiritual.

            En Isis sin Velo Blavatsky describe este triple proceso alquímico de combinar los elementos de nuestro ser y los eleva a un más alto nivel de realidad: “‘el secreto’, dicen los alquimistas como si disfrutaran de la ignorancia de los no iniciados, ‘es una mezcla de sal, azufre y mercurio, combinada tres veces ... por una triple sublimación y una triple fijación’.” Este es el resumen de HPB del proceso alquímico completo.

            La alquimia es una de los Yogas de occidente. El objetivo del Yoga (una palabra que etimológicamente significa “unión”) es la unificación de nuestras naturalezas. El propósito del Yoga es hacer un todo de nuestros fragmentados “yoes”; tanto dentro de nuestro “yo”  personal, como entre el “yo” personal y el “Yo”  individual y el individual con el último y universal “Aquello”. El propósito de la alquimia es el mismo: transformar el plomo de nuestras temporales personalidades en el oro de la unificación de todas nuestras identidades con el eterno “Aquello”.



            El poeta anglo-americano T.S. Eliot escribió: “en mi comienzo está mi final ... En mi final está mi comienzo” (“East Coker” en Four Quartets). La alquimia es como la serpiente del emblema de la Sociedad Teosófica, con su cola en su boca: su comienzo y su final coinciden. El comienzo de la alquimia es el lema “Hen to pan”, “Todo es Uno”. El fin de la alquimia es la Piedra Filosofal, que es el símbolo de la perfección a través de la unidad de la persona, lo individual,  y el universal “Aquello”. Su comienzo es su fin y su fin es su comienzo: Todo es Uno. La alquimia es de esta manera una forma de Sabiduría Universal.




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