Algunos axiomas exploratorios de la comunicacióN


Comunicación digital y analógica



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5. Comunicación digital y analógica.
En el sistema nervioso central las unidades funcionales (neuronas) reciben los llamados paquetes quánticos de información a través de elementos conectivos (sinapsis). Cuando llegan a la sinapsis, estos “paquetes” producen potenciales post sinápticos excitatorios o inhibitorios que la neurona acumula y que provocan o inhiben su descarga. Esta parte específica de actividad nerviosa, que consiste en la presencia o ausencia de su descarga, transmite, por lo tanto, información digital binaria. Por otro lado, el sistema humoral no está basado en la digitalización de información. Este sistema comunica liberando cantidades discretas de sustancias específicas en el torrente circulatorio. Asimismo, se sabe que las modalidades neuronal y humoral de comunicación intraorgánica no sólo existen la una junto a la otra, sino que se complementan y dependen mutuamente a menudo de manera muy compleja.
Estos dos modos básicos de comunicación aparecen también en el campo de los organismos fabricados por el hombre6: hay computadoras que utilizan el principio del “todo o nada” de los tubos al vacío o los transistores a las que se llama digitales, porque básicamente son calculadoras que trabajan con dígitos; y hay otra clase de aparatos que manejan magnitudes positivas discretas –análogas a los datos- por lo cual se los llama analógicos. En las computadoras digitales tanto los datos como las instrucciones son procesados bajo la forma de números, de modo que a menudo, sobre todo en el caso de las instrucciones, sólo existe una correspondencia arbitraria entre la información y su expresión digital. En otros términos, estos números son nombres codificados arbitrariamente asignados, que tienen tan poco similitud con las magnitudes reales como los números telefónicos con aquellos a los que están asignados. Por otro lado, como ya vimos, el principio de la analogía constituye la esencia de toda computación analógica.
Así como en el sistema humoral de los organismos naturales los portadores de información son ciertas sustancias y su grado de concentración en la corriente sanguínea, en las computadoras analógicas los datos adoptan la forma de cantidades discretas y, por ende, siempre positivas, por ejemplo, la intensidad de la corriente eléctrica, el número de revoluciones de una rueda, el grado de desplazamiento de los componentes, etc. La llamada máquina de mareas (un instrumento compuesto por escalas, levas y palancas que solía utilizarse para computar las mareas durante un lapso determinado, puede considerarse como una computadora analógica simple y, desde luego, el homeostato de Ashby mencionado en el capítulo 1 es un paradigma de una máquina analógica, aun cuando no compute nada.
En la comunicación humana, es posible referirse a los objetos, -en el sentido más amplio del término- de dos maneras totalmente distintas. Se los puede representar por un símil, tal como un dibujo, o bien mediante un nombre. Así, en la oración escrita: “El gato ha atrapado un ratón”, los sustantivos podrían reemplazarse por dibujos; si se tratara de una frase hablada, se podría señalar a un gato y a un ratón reales. Evidentemente, ésta constituiría una manera insólita de comunicarse y lo normal es utilizar el “nombre”, escrito o hablado , es decir, la palabra. Estos dos tipos de comunicación –uno mediante una semejanza autoexplicativa y el otro, mediante una palabra- son, desde luego, equivalentes a los conceptos de las computadoras analógicas y digitales, respectivamente.

Puesto que se utiliza una palabra para nombrar algo, resulta obvio que la relación entre el nombre y la cosa nombrada está arbitrariamente establecida. Las palabras son signos arbitrarios que se manejan de acuerdo con la sintaxis lógica del lenguaje. No existe ningún motivo por el cual las cuatro letras “gato” denotan a un animal particular. En última instancia, se trata sólo de una convención semántica del lenguaje español! Y fuera de tal convención, no existe otra correlación entre ninguna palabra y la cosa que representa, con la posible aunque insignificante excepción de las palabras onomatropéyicas.

Como señalan Bateson y Jackson: “No hay nada parecido a cinco” en el número cinco; no hay nada particularmente similar a una mesa en la palabra “mesa”. (19,pág. 271).
Por otro lado, en la comunicación analógica hay algo particularmente “similar a la cosa” en

Lo que se utiliza para expresarla.


Es más fácil referir la comunicación analógica a la cosa que representa. La diferencia entre ambos modos de comunicación se volverá algo más clara si se piensa que, por ejemplo, por mucho que escuchemos un idioma extranjero por la radio no lograremos comprenderlo, mientras que es posible obtener con facilidad cierta información básica observando el lenguaje de signos y los llamados movimientos intencionales, incluso cuando los utiliza una persona perteneciente a una criatura totalmente distinta. Sugerimos que la comunicación analógica tiene sus raíces en períodos muchos más arcaicos de la evolución y, por lo tanto, encierra una validez mucho más general que el modo digital de la comunicación verbal relativamente reciente y mucho más abstracto.
¡Qué es, entonces, la comunicación analógica? La respuesta es bastante simple: virtualmente, todo lo que sea comunicación no verbal. Con todo, este término resulta engañoso, por que a menudo se lo limita a los movimientos corporales, a la conducta conocida como kinesia. Opinamos que el término debe incluir la postura, los gestos, la expresión facial la inflexión de la voz, la secuencia, el ritmo y la cadencia de las palabras mismas y cualquier otra manifestación no verbal de que el organismo es capaz, así como los indicadores comunicacionales que inevitablemente aparecen en cualquier contexto en que tienen lugar una interacción7.
El hombre es el único organismo que utiliza tanto los modos de comunicación analógicos como los digitales8. La significación de tal hecho no ha sido aún acabadamente comprendida, pero puede vislumbrarse su gran importancia. Por un lado, no cabe duda de que el hombre se comunica de manera digital; de hecho, la mayoría, si no todos, sus logros civilizados resultarían impensables sin el desarrollo de un lenguaje digital. Ello asume particular importancia en lo que se refiere a compartir información acerca de objetos y a la función de continuidad temporal inherente a la transmisión de conocimiento. Y, sin embargo, existe un vasto campo donde utilizamos en forma casi exclusiva la comunicación analógica, a menudo sin introducir grandes cambios con respecto a la herencia analógica recibida de nuestros antepasados mamíferos. Se trata aquí del área de la relación. Basándose en Tinbergen (153) y Lorenz (96), así como en su propia investigación, Bateson (8) ha demostrado que las vocalizaciones, los movimientos intencionales y los signos de estado de ánimo de los animales constituyen comunicaciones analógicas para definir la naturaleza de sus relaciones antes que para hacer aseveraciones denotativas acerca de los objetos. Así para dar uno de sus ejemplos, cuando abro la heladera y el gato se acerca, se frota contra mis piernas y maúlla, ello no significa:”Quiero leche”, como lo expresaría un ser humano sino que invoca una relación específica: “ Sé mi madre”, porque tal conducta sólo se observa en los gatitos en relación con gatos adultos y nunca entre dos animales maduros. Del mismo modo, quienes aman a los animales domésticos a menudo están convencidos de que aquellos “comprenden” lo que se les dice. Evidentemente, lo que el animal sí entiende no es por cierto el significado de las palabras, sino el caudal de comunicación analógica que acompaña al habla. De hecho, puesto que la comunicación se centra en aspectos relacionales comprobamos que el lenguaje digital carece casi por completo de significado. Esto ocurre no sólo entre los animales, y entre el hombre y los animales, sino en muchas otras situaciones de la vida humana, por ejemplo, el galanteo, el amor, los actos de salvataje, el combate, y, desde luego, todo trato con niños muy pequeños o enfermos mentales muy perturbados. A los niños, los tontos, y los animales se les ha atribuido siempre una intuición particular con respecto a la sinceridad o sinceridad de las actitudes humanas, pues resulta muy fácil proclamar algo verbalmente pero muy difícil llevar una mentira al campo de lo analógico Un costo o una expresión facial puede revelar más que cien palabras9.
En síntesis, si recordamos que toda comunicación tiene un aspecto de contenido y un aspecto relacional cabe suponer que comprobaremos que ambos modos de comunicación no sólo existen lado a lado, sino que se complementan entre sí en cada mensaje.
Asimismo, cabe suponer que el aspecto relativo al contenido se transmite en forma digital, mientras que el aspecto relativo a la relación es de naturaleza predominantemente analógica.
En esta correspondencia radica la importancia pragmática de ciertas diferencias entre los modo digital y analógico de comunicación que examinaremos ahora. Para que tales diferencias resulten claras, volveremos a los modos digital y analógico tal como se dan en los sistemas de comunicación artificiales.
El rendimiento, la exactitud y la versatilidad de los dos tipos de computadora-digitales y analógicas- son enormemente distintas. Los análogos utilizados en las computadoras analógicas en lugar de magnitudes reales nunca pueden ser más que aproximaciones a los valores reales, y esta fuente permanente de inexactitud aumenta durante el proceso de las operaciones que realiza la computadora. Nunca pueden construirse de manera perfecta levas, engranajes y transmisiones, y aunque las máquinas analógicas se basan totalmente en intensidades discretas de corriente eléctrica, resistencias eléctricas, reóstatos, etc., tales análogos siguen estando sometidos a fluctuaciones virtualmente incontrolables. Por otro lado, se podría decir que una máquina digital trabaja con precisión perfecta si el espacio para acumular dígitos no estuviera limitado, lo cual hace necesario redondear todos los resultados que tienen más dígitos de los que contiene la máquina. Quien haya utilizado una regla de cálculos (excelente ejemplo de una computadora analógica) sabe que sólo puede obtener un resultado aproximado, mientras que cualquier máquina de calcular proporcionará un resultado exacto en tanto los dígitos requeridos no excedan al máximo que la calculadora puedo manejar.
Aparte de su precisión perfecta, la computadora digital ofrece la enorme ventaja de ser una máquina no sólo aritmética, sino también lógica. McGulloch y Pitts (101) han mostrado que las dieciséis funciones de verdad del cálculo lógico pueden representarse mediante combinaciones de elementos de tipo “todo o nada” de modo que, por ejemplo, la suma de dos pulsaciones representa al “y” lógico la mutua exclusión de dos pulsaciones representa al “o” lógico, una pulsación que inhibe la descarga de un elemento representa una negación, etc. Nada siquiera remotamente comparable puede lograrse con las computadoras analógicas. Dado que operan sólo con cantidades positivas discretas, no pueden representar ningún valor negativo, incluyendo la negación misma, o cualquiera de las otras funciones de verdad.
Algunas de las características de las computadoras se aplican también a la comunicación humana: el material del mensaje digital es de mucha mayor complejidad, versatilidad y abstracción que el material analógico. Específicamente, comprobamos que la comunicación analógico no tiene nada comparable a la sintaxis lógica del lenguaje digital. Ello significa que en el lenguaje analógico no hay equivalentes para elementos de tan vital importancia para discurso como “si... luego”, “o...”, y muchos otros, y que la expresión de conceptos abstractos resulta tan difícil, si no imposible, como en la escritura ideográfica primitiva, donde cada concepto sólo puede representarse por medio de una similitud física. Además, el lenguaje analógico comparte con la computación analógica la falta del negativo simple, esto es, de una expresión para “no”.
Por ejemplo: hay lágrimas de tristeza y lágrimas de alegría, el puño apretado puede indicar agresión o control, una sonrisa puede transmitir simpatía o desprecio la reticencia puede interpretarse como discreción o indiferencia, y cabe preguntarse si todos los mensajes analógicos no tienen esta cualidad curiosamente ambigua, que recuerda al Gegensinn der Urworte (sentido antitético de las palabras primarias) de Freud.
La comunicación analógica carece de calificadores para indicar cuál de los dos significados dispares está implícito, y tampoco cuenta con indicadores que permitan establecer una distinción entre pasado, presente o futuro10. Desde luego, tales calificadores o indicadores existen en la comunicación digital, pero lo que falta en ésta es un vocabulario adecuado para referirse a la relación.
En su necesidad de combinar estos dos lenguajes, el hombre, sea como receptor o emisor, debe traducir constantemente de uno al otro, y al hacerlo debe enfrentar curiosos dilemas, que se examinarán con mayores detalles en el capítulo sobre la comunicación patológica (S. 3.5). En la comunicación humana la dificultad inherente a traducir existe en ambos sentidos. No sólo sucede que la traducción del modo digital al analógico implica una gran pérdida de información (véase S.3.55 sobre la formación de síntomas histéricos ), si no que lo opuesto también resulta sumamente difícil: hablar acerca de una relación requiere una traducción adecuada del modo analógico de comunicación al modo digital. Por último, podemos imaginar problemas similares cuando ambos modo deben coexistir, como señala Haley en su excelente capítulo, “Marriage Therapy”:
Cuando un hombre y una mujer deciden legalizar su vínculo mediante una ceremonia matrimonial, se plantean un problema que persistirá durante su vida marital: ahora que están casados, ¡siguen juntos porque lo desean o porque deben hacerlo? (60, pág. 119).
A la luz de todo esto, diríamos que, cuando a la parte fundamentalmente analógica de su relación (el galanteo) se agrega una digitalización (el contrato matrimonial), la definición inequívoca de su relación se vuelve muy problemática.
Para resumir: Los seres humanos se comunican tanto digital como analógicamente. El lenguaje digital como analógicamente. El lenguaje digital cuenta con una sintaxis lógica sumamente compleja y poderosa pero carece de una semántica adecuada en el campo de la relación, mientras que el lenguaje analógico posee la semántica pero no una sintaxis adecuada para la definición inequívoca de la naturaleza de las relaciones.
6. Interacción simétrica y complementaria.
En 1935, Baterson (6) describió un fenómeno de interacción que observó en la tribu de Nueva Guinea y que en su libro Naven (10), publicado un año después, examinó con mayores detalles. Denominó a este fenómeno cismogénesis y lo definió como un proceso de diferenciación en las normas de la conducta individual resultante de la interacción acumulativa entre los individuos. En 1939, Richardson (125) aplicó este concepto a su análisis de la guerra y la política exterior; desde 1952 Bateson y otros han demostrado su utilidad en el campo de la investigación psiquiátrica (cf. 157, págs. 7-17, también 143). Este concepto que, como podemos ver, posee un valor heurístico que va más allá de los límites de cualquier disciplina particular, fue elaborado por Bateson en Naven de la siguiente manera:
Cuando definimos nuestra disciplina en términos de las reacciones de un individuo frente a las de otros individuos, se hace inmediatamente evidente que debemos considerar que la relación entre dos individuos puede sufrir alteraciones de tanto en tanto, incluso sin ninguna perturbación procedente del exterior. No sólo debemos considerar las reacciones de A ante la conducta de B, sino que también debemos examinar la forma en que ello afecta la conducta posterior de B y el efecto que ello tiene sobre A.
Resulta obvio que muchos sistemas de relación sea entre individuos o grupos de individuos, manifiestan una tendencia hacia el cambio progresivo. Por ejemplo, si una de las pautas de la conducta cultural, considerada adecuada para el individuo A, está culturalmente concebida como pauta de autoridad, en tanto que se espera que B responda a ella con lo que culturalmente se considera sometimiento, es probable que tal sometimiento promueva una nueva conducta autoritaria y que esta última exija un nuevo sometimiento. Así, encontramos una situación potencialmente progresiva y , a menos que otros factores intervengan para restringir los excesos de la conducta autoritario, mientras que B se volverá cada vez más sometido, y este cambio progresivo se producirán sean A y B individuos independientes o miembros de grupos complementarios.
Cabe describir los cambios progresivos de este tipo como cismogénesis complementaria. Pero existe otro patrón de relaciones entre individuos o grupos de individuos que también contiene los gérmenes del cambio progresivo. Por ejemplo, si encontramos que la jactancia es el patrón cultural de conducta en un grupo, y que el otro grupo responde a aquél con jactancia, puede desarrollarse una situación competitiva en que la jactancia da lugar a más jactancia, y así sucesivamente. Este tipo de cambio progresivo podría denominarse cismogénesis simétrica. (10, págs. 176-177).

Los dos patrones descriptos han llegado a utilizarse sin hacer referencia al proceso cismogénico, y en la actualidad se los suele denominar simplemente interacción simétrica y complementaria. Puede describírselos como relaciones basadas en la igualdad o en la diferencia. En el primer caso, los participantes tienden a igualar especialmente su conducta recíproca, y así su interacción puede considerarse simétrica. Sean debilidad o fuerza, bondad o maldad, la igualdad puede mantenerse en cualquiera de esas áreas. En el segundo caso la conducta de uno de los participantes complementa la del otro, constituyendo un tipo distinto de gestalt y recibe el nombre de complementaria. Así, pues, la interacción simétrica se caracteriza por la igualdad y por la diferencia mínima, mientras que la interacción complementaria está basada en un máximo de diferencia.


En una relación complementaria hay dos posiciones distintas. Un participante ocupa lo que se ha descrito de diversas maneras como la posición superior o primaria mientras el otro ocupa la posición correspondiente inferior o secundaria. Estos términos son de igual utilidad en tanto no se los identifique con “bueno o “malo”, “fuerte” o “débil”. Una relación complementaria puede estar establecida por el contexto social o cultural (como en los casos de madre e hijo, médico y paciente, maestro y alumno), o ser el estilo idiosincrásico de relación de una díada particular. En cualquiera delos dos casos, es importante destacar el carácter de mutuo encaje de la relación en la que ambas conductas, disímiles pero interrelacionadas, tienden cada una a favorecer a la otra. Ninguno de los participantes impone al otro una relación complementaria, sino que cada uno de ellos se comporta de una manera que presupone la conducta del otro, al tiempo que ofrece motivos para ella: sus definiciones de la relación encajan 8s.2.3)
Se ha sugerido un tercer tipo de relación , a saber, la “meta complementaria”, en la que a permite u obliga a B a estar en control de la relación mediante idéntico razonamiento, podríamos arreglar la “pseudosimetría´, en la que A permite u obliga a B ser simétrico. Sin embargo, este regretio ad infinitum potencial puede evitarse recurriendo a la diferenciación ya planteada (S.1.4) entre la observación de las redundancias en la conducta y las explicaciones inferidas bajo la forma de mitología; esto es, nos interesa saber como se comporta la pareja sin distraernos tratando de averiguar por qué (creen ellos que) se comportan así. Sin embargo, si los miembros utilizan los múltiples niveles de comunicación (S.222) para expresar paradójicos de gran importancia pragmática (S.5.41; ej. 3;7.5.,ed.2d).
En el próximo capítulo se examinarán las patologías potenciales de estos modos de comunicación (a saber, escaladas en la simetría y rigidez en la complementariedad). Por el momento, nos limitaremos a formular nuestro último axioma tentativo: “Todos los intercambios comunicacionales son simétricos o complementarios, según que estén basados en la igualdad o en la diferencia.
7. Resumen
Es necesario volver a señalar ciertas reservas con respecto a los axiomas en general. En primer lugar, debe quedar aclarado que tienen carácter tentativo, que han sido definidos de modo bastante informal y que son, por cierto, más preliminares que exhaustivos. Segundo, son heterogéneos entre sí en tanto tienen su origen en observaciones muy variadas de los fenómenos de la comunicación. Su unidad no surge de sus orígenes, sino de su importancia pragmática, la cual a su vez referencia interpersonal (y no monádica). Bridwhistell ha llegado incluso a sugerir que.
Un individuo no comunica; participa en una comunicación o se convierte en parte de ella. Puede moverse o hacer ruidos .... pero no comunica. De manera similar, puede ver, oir, oler, gustar o sentir, pero no comunica. En otras palabras, no origina comunicación sino que participa en ella. Así, la comunicación como sistema no debe entenderse sobre la base de un simple modelo de acción y reacción, por compleja que sea su formulación. Como sistema, debe entenderse a un nivel transaccional (28, pág. 104).
Así, la imposibilidad de no comunicarse hace que todas las situaciones en las que participan dos o más personas sean interpersonales y comunicacionales; el aspecto relacional de tal comunicación subraya aún más este argumento. La importancia pragmática, interpersonal, de los modos digital y analógico radica no sólo en su supuesto isomorfismo con los niveles de contenido y de relación, sino también en la inevitable y significativa ambigüedad que tanto el emisor como el receptor enfrentan en lo relativo a los problemas de traducción de una modalidad a la otra. La descripción de los problemas de puntuación se basa precisamente en la metamorfosis subyacente del modelo clásico de acción-reacción. Por último el paradigma simetría-complementariedad es, quizá lo que más se acerca al concepto matemático de función, siendo las posiciones de los individuos meras variables con una infinidad de valores posibles, cuyo significado no es absoluto sino que surge sólo en la relación recíproca.


1 Cabría agregar que, incluso cuando se está solo, es posible sostener diálogo en la fantasía, con las propias alucinaciones (15) o con la vida (S.8.3). Quizás esa “comunicación” interna siga algunas de las mismas reglas de gobiernan la comunicación interpersonal; sin embargo, los fenómenos inobservables de este tipo están más allá del alcance del significado con que empleamos el término.

2 Una investigación muy interesante en este campo es la efectuada por Luft (98), quien estudió lo que él llama “deprivación de estímulo social”. Reunió a dos desconocidos en una habitación, los hizo sentarse uno frente al otro les indicó que no hablaran ni se comunicaran de manera alguna. Entrevistas posteriores revelaron le enorme tensión inherente a esta situación. Dice al autor:

... tiene delante de sí al otro individuo único, desplegando una cierta conducta, pero muda. Se postula que en ese momento tiene lugar el verdadero análisis o estudio interpersonal, y sólo parte de ese análisis puede hacerse conscientemente. Por ejemplo, ¿cómo responde el otro sujeto a su presencia y a los pequeños indicios no verbales que él envían?. ¿Existe algún intento de comprender su mirada inquisidora, o se la ignora fríamente? ¡Manifiesta el otro sujeto indicios posturales de tensión, que demuestran cierto malestar ante la posibilidad de enfrentarlo? ¿Se siente cada vez más cómodo, indicando alguna clase de aceptación, o lo tratará como si fuera una cosa, como si no existiera? Estas y muchas otras clases de conducta fácilmente discernible parecen tener lugar




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