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TERAPIA Y SOCIOTERAPIA EN CROMAÑONN

ALFREDO MOFFATT

Durante Marzo 2005


Este tema tiene mucho que ver con todo lo que yo he trabajado durante toda mi vida : la intersección de la locura con la pobreza. Porque más de la mitad de los pibes que murieron o quedaron afectados, los que quedaron desamparados, son de extracción popular. Recordemos que lo que pasó, pasó en Once, no en Puerto Madero, y los chicos no eran rubios de ojos azules. Sólo la enorme magnitud de lo sucedido los hizo visibles, a ellos y a la clase a la que pertenecen. Si hubieran sido unos pocos, no hubieran sido noticia.

El tema de los chicos secuestrados y muertos es también muy doloroso, pero en eso ya está Juan Carlos Blumberg para los chicos rubios , pero para los morochos no hay la misma sensibilidad ciudadana, a pesar de que hay muchos chicos que quedaron con lesiones delicadas. En esto se parecen a los chicos de la Malvinas.

En noviembre y diciembre yo había sido convocado para trabajar con los familiares y sobrevivientes del incendio de un supermercado de Paraguay, el Ycua Bolaños. Realicé allá, para profesionales involucrados en salud mental, seminarios de terapias de emergencias, de crisis, y utilización de psicodrama, entre otras técnicas, para ayudar a los afectados en la elaboración de esas escenas tan traumáticas, esas vivencias desgarradoras. A pedido de ellos, volví a Paraguay para pasar Navidad con los familiares. Y, al día siguiente de mi regreso, por la noche, sucedió lo de Cromañon, a cuatro cuadras de mi casa. Me avisaron, fui enseguida, y allí ya estaba Carlos Sica, con el equipo EPS (Emergencias Psicosociales). Me dieron un guardapolvo blanco con la sigla del EPS, como el que usan ellos, ya que con eso teníamos acceso a todo, como los policías y los médicos. Trabajamos toda la noche, con todo el equipo del EPS.

Yo me quedé cerca de los treinta primeros cadáveres, porque era allí donde se producían las situaciones más dramáticas, ya que, el pariente, al reconocer el cuerpo de un ser querido, sufre el primer impacto, el shock con una regresión tan aguda que presenta características casi psicóticas, y es allí donde se puede ser más útil, aplicando una técnica que nosotros desarrollamos, la que llamamos maternaje. En ese lugar, vi a Carlos Sica y a su gente trabajar con muchísima eficacia en la maniobra de contención corporal, que es muy difícil, porque debe ser realizado en el momento justo, ya que si se hace un instante demasiado tarde, o demasiado pronto, puede ser rechazado. Casi podríamos hablar de la precisión de un “karate psicológico”.

Esa noche aguanté hasta las 4 de la mañana, cansado como estaba por haber llegado hacía poco de Paraguay, donde había dirigido talleres de psicodramas de 8 horas, hasta con 20 familiares, especialmente de desaparecidos, porque los cuerpos no habían podido ser recuperados. Allá yo no había estado en el momento mismo del horror, pero aquí sí .

Al día siguiente, el 31 de diciembre, no paré en todo el tiempo, y mis amigos tuvieron que obligarme a descansar por temor a que me enfermara por mi edad. (Ya me alcanzaron los 71 años...)

Organizamos un equipo de ayuda al que llamamos Bancavida, y quisimos llevar ayuda a los que vivían en Villa Celina y Villa Lugano, pero la gente no se acercó. Esto constituye lo que los psicólogos sociales llamamos un emergente; suponemos que la imagen de un psicólogo clínica está asociada con la de alguien que interroga, y lo que menos quieren los chicos es andar respondiendo cuestionarios. Sus experiencias anteriores tienen que ver, generalmente, con interrogatorios policiales. También funciona en ellos un mecanismo de negación razonable: desvían la angustia y el dolor hacia la bronca y la exigencia de justicia. Pero si esto se prolonga en el tiempo, y no se elaboran adecuadamente el dolor y el duelo, las consecuencias pueden ser fobias, pesadillas, somatizaciones, etc.

En Paraguay, como el incendio ocurrió en un supermercado, y casi todas las víctimas pertenecían al mismo barrio, el apoyo mutuo funcionó mucho mejor, porque todos se conocían y ya existía una estructura comunitaria, lo que permitió organizar rápidamente la ayuda, entre los psiquiatras y psicólogos del Instituto Nacional de Salud Mental de Paraguay, y los coordinadores de las organizaciones de los familiares. Lamentablemente, aquí no se da esto porque las víctimas están diseminadas por todo el Conurbano.

Los chicos que siguen a Callejeros pertenecen a distintas clases sociales, pero los que ese día estaban allí , casi en un 60%, eran de clase popular. Además, los chicos de nivel social y económico más alto ya tienen contención y apoyo psicológico, mientras que los otros no.

El Gobierno de la Ciudad ofreció ayuda psicológica en los consultorios de los hospitales, pero la imagen del psicólogo clínico o del psiquiatra, como ya dijimos, en general, es la de alguien que interroga o medica. No existe el "psicólogo contenedor" que les permita elaborar el duelo desde la cultura adolescente, y dentro de una estructura grupal. Tampoco está el cura, como está en Brasil o Paraguay, que llena el espacio de la contención. La Iglesia Católica en Argentina está separada del pueblo, lo que no sucede en Latinoamérica. Estos chicos quedaron solos, tan marginados como siempre. Y tampoco, aparecieron los organismos de Derechos Humanos. (Esto me dolió…)

Los chicos que hacen “la vigilia”, para cuidar el Santuario, un altar donde las remeras y las zapatillas de los chicos, sacadas del boliche, se alternan con sus fotos, poemas, imágenes religiosas, dedicatorias y recordatorios de sus amigos y sus familias, están armando la Organización Autogestiva Popular, en Once. Son 20 ó 30 muchachos ( algunos son voluntarios, aunque no estuvieron esa noche ) que cuidan el lugar, y ayudan a los que van porque allí se sienten más cerca de los que perdieron, se ayudan entre ellos. Pasan los días y las noches en carpas que ellos llevaron.

Ellos tienen, bien en claro, tres misiones, tres tareas fundamentales. Una, cuidar la memoria de los chicos muertos, a través de organizar el Santuario, enriquecerlo con nuevas fotos, flores, ofrendas, objetos que traen los padres. Dos, exigir justicia y castigo a los responsables de esta tragedia-masacre. Tres, contener emocionalmente a los familiares y sobrevivientes que se quiebran al llegar al Santuario.

En nuestra Escuela, que queda a 4 cuadras de allí, vienen a bañarse, a descansar un poco, a comer, a veces. Son chicos excelentes, que "curten un look hippie-cartonero", como dicen ellos.

La gran tarea del familiar y también del sobreviviente es realizar el duelo. Esto es imprescindible, porque "el que evita el llanto, después deja de reir". Pero para no llorar hay que endurecer la cara, que después te queda dura y no podés reir. Si se niega la muerte, se niega la vida, y si no se elabora la pérdida, el muerto se convierte en un fantasma, se fantasmaliza. Y puede aparecer síntomas como fobias, somatizaciones, depresiones patológicas, y el mayor riesgo es que pueden aparecer conductas que, a veces, pueden ser riesgosas, como, por ejemplo, adoptar actitudes suicidas, como una forma de acompañar al que se fue, o bien quedarse congelado, que es como empobrecerse emocionalmente. Pero si se supera el tema de la muerte, el ser querido que se ha ido se convierte en un recuerdo profundo, que sigue vivo en el corazón.

Yo encuentro que el duelo es simétrico y opuesto al parto: el parto, que es doloroso, es el pasaje de una persona, que está adentro, hacia la realidad, hacia afuera, pero también, la operación contraria es dolorosa porque es hacer que alguien que está afuera, en la realidad, entre y se quede en nuestro corazón. Muchas veces, para esto se requiere ayuda terapéutica, porque tal vez entre el que quedó y el que murió existió algún conflicto que quedó sin resolver. Entonces, después del shock, es preciso lograr que el que queda sostenga, en su mente, el diálogo de despedida en el que queden resueltas las diferencias que pudieron separarlos, situación esta que es muy frecuente entre hijos y padres adolescentes.

En ese diálogo imaginario, el que quedó debe poder decir lo que no había podido decir antes, y también debe escuchar lo que no escuchó, en una despedida que no existió por lo brutal e inesperado de la tragedia, y que hay que realizar imaginariamente. En una separación, lo que cuenta no es su cuerpo, sino la historia que vivimos con esa persona . El cuerpo es el sostén de esa historia de vida, y la memoria de esa historia es lo que hay que incorporar.

Es muy importante elaborar el duelo, que consiste en la brutal pérdida de continuidad de ese proyecto de vida, y de los sueños depositados en ese hijo. También hay que hacerse cargo de los sueños del hijo. Es necesario reestructurar el proyecto de vida de la familia; la vida debe continuar, porque hay otros hijos, y hay esposos y esposas que continúan la aventura de vivir.

El dolor, en una familia, en principio, une. Se tiene la vivencia de que se ha sufrido un ataque externo. En ese sentido, los padres se están uniendo a partir de la bronca hacia los responsables de la tragedia. Pero, en realidad, deberían unirse también desde el dolor compartido, para poder elaborarlo. Estamos organizándonos para trabajar con los padres, como lo hicimos en Paraguay. Tenemos que coordinar un grupo en donde cada padre ayude a otro padre, porque es muy difícil ayudar a alguien en una experiencia que no vivió.

La muerte de un adolescente implica un hecho trágico. Todo joven que muere adquiere algo de héroe, porque su muerte es la interrupción en la mitad de la vida, y las frases que los padres dejan para sus hijos en el Santuario se dirigen a un ser idealizado.

Pensamos unir a los padres y trabajar en grupos operativos haciendo que el dolor circule de padre a padre y al ser la pena puesta en palabra pueda ser elaborado el duelo.

Esto puede hacerse a través de la palabra, y también con el psicodrama, el ensueño dirigido, y otros elementos técnicos que permiten que ese proceso tan doloroso sea un poco más llevadero. Esta es la Terapia de Crisis, que fui desarrollando, a través de más de cuarenta años de trabajar en la reparación de situaciones dolorosas.

Yo me especialicé en Terapia de Crisis porque, en nuestro país, no hay una concepción de emergencia en psicoterapia. Supongamos que en la medicina no hubiera una concepción de emergencia, y el médico tuviera que decirle al herido, en un accidente: "Vaya al hospital cuando le pare la hemorragia."

En USA aprendí lo que allá se llama crisis intervention, y en Brasil pronto socorro. En cambio, en la Argentina, todos se llaman psicoanalistas. La facultad de Psicología es una fábrica de psicoanalistas, lo cual es útil, pero sólo para una parte de la solicitación asistencial, la de los pacientes capacidad de simbolización, con patologías no agudas además necesitan del tiempo suficiente para establecer la transferencia. Y el dinero suficiente para sostener todo este proceso. Algo que impide operar en la crisis, a la técnica psicoanalítica, es que no incorpora el cuerpo y la escena en la terapia y, recordemos que en la crisis el cuerpo también está captado por la situación regresiva. En este sentido, el psicodrama, es la técnica de elección porque trabaja con el cuerpo y la situación traumática histórica que se reactualiza en toda patología de crisis. El traumatismo en los sobrevivientes de Cromañón, atravesó sus cuerpos, y quedaron impregnados por una escena terrorífica, que incluyó la vivencia de muerte. Por lo tanto, se debe trabajar esa escena, haciéndola revivir para que pueda ser puesta en palabras, y por lo tanto, elaborada.

La terapia de crisis se fundamenta en una concepción existencial, para la cual la salud depende de encontrar un sentido de la vida.

Cada generación tiene que escribir una página nueva en la historia y tienen que romper con lo anterior, porque si no, esa generación no hace girar la historia.

Nosotros no podemos defender el mundo que les dejamos. Los jóvenes están enojados con nosotros y tienen razón: les dejamos un mundo corrupto, sin proyecto, con una injusticia social genocida. Cuando decimos que los jóvenes no respetan las normas, ¿qué podemos decirles?¿qué valores van a respetar?.

La terapia de crisis opera con el psicodrama y el grupo operativo de Pichon Rivière, es el instrumento básico para elaborar catástrofes de este tipo, que son sociales y no individuales .En las catástrofes grandes se debe trabajar a nivel grupal, nunca individual, y, especialmente, con los jóvenes que tienen una cultura grupal. Por eso, entonces, tratar a estos chicos individualmente es algo no sólo inútil sino iatrogénico, perjudicial, porque se los saca del grupo en que tienen estructurada su identidad.

Nosotros, en Bancavida, trabajamos con un esquema de tres momentos del duelo, y esto nos organiza los abordajes para ayudar a elaborarlo. Estos momentos son:

Etapa 1 Shock psicológico

La primera es de shock psicológico, el reconocimiento del cuerpo del ser querido produce una intensa regresión, se detiene el tiempo y el espacio. El psiquismo entra en un vacío insoportable. En esta etapa es necesaria una asistencia corporal basada en terapias psicodramáticas para que se restituya la percepción de la realidad. Luego pasado el shock se produce la catarsis de llanto y se abre la posibilidad de dialogo que permite socializar el dolor, ponerlo en palabras, poderlo transmitir y compartirlo (con-partirlo).


Etapa 2 Diálogo de despedida

Luego de varios días se entra a otra etapa que es poder realizar el dialogo de despedida que no pudo ser por lo imprevisto y brutal de la separación. Se emplean entonces técnicas que estimulan y acompañan el dialogo interior que va transformando el vinculo real en vinculo subjetivo con el ser ausente. Es el momento de las frases que no se pudieron decir: “…te quiero mucho y nunca te lo pude decir…” o “…perdoname por…”. Para esta tarea desde un caldeamiento grupal se utilizan objetos intermediarios, almohadones o yo auxiliares.
Etapa 3 Recrear la vida cotidiana

La ultima etapa es reconstruir la trama cotidiana reparando los vacíos que deja la persona querida en la vida diaria… en el almuerzo familiar de los domingos, en los espacios que se compartían… etc.

El dolor en esta etapa es ya más suave y lo normal es que al año se cumpla la tarea de duelo.

En el caso de duelos patológicos se va a requerir más tarea de ayuda desde una terapia de base existencial que restituya el sentido de la vida frente al tema de la muerte.


Los muertos no mueren, siguen viviendo en el corazón de los seres queridos
Artículo para la Revista EL MEDICO DEL CONURBANO Enero / Febrero 2006

NO TRABAJAMOS PARA LAS VICTIMAS, SINO CON ELLAS.

ALFREDO MOFFATT


Casos como el de Cromañón representan una exposición a la muerte inmediata de chicos jóvenes que quizás no están acostumbrados a hechos de violencia de esta naturaleza. Es un hecho traumático muy agudo, que exige después un trabajo psicológico que tiene que ser en grupo, no individual, porque fue vivido colectivamente, y además los adolescentes tienen una cultura muy grupal.

En este caso hicimos en Isidro Casanova, con los padres y sobrevivientes, un centro cultural y recreativo donde volvieron a tocar Los Ojos Locos, que fueron los últimos que actuaron en Cromañón. Nos organizamos por medio del trabajo grupal, que permite transformarlo en un grupo de elaboración de la angustia, al que también sumamos a las madres. Este es un modelo que hicimos desde un programa propuesto y sostenido por la Provincia de Buenos Aires, y ahora lo queremos repetir en otros lugares del Conurbano.

En general, ocurre que si logran restituir la cultura del trabajo, salen del vacío en el que estaban antes. Por eso las reuniones son tan enérgicas, ese pogo que bailan, todo contribuye a una ceremonia que tiene algo de alegría dentro de la desesperación de los chicos, que son chicos del Conurbano que no tienen posibilidades de conseguir trabajo.



La rehabilitación se plantea a través del trabajo grupal, en un espacio en el que armamos un escenario de hormigón, pusimos mesas y sillas y se transformó en una especie de teatro griego, sin paredes ni techo, muy seguro. Eso les dio una tarea en la vida: primero, a trabajar el hormigón y después generar una cooperativa de trabajo. Además, se han vuelto útiles para toda la zona de Isidro Casanova, porque hay dos villas muy bravas y demostraron que no son vagos, porque en cinco meses hicieron 300 metros cuadrados de hormigón en donde se hacen deportes, recitales. Incluso hemos hecho una misa con las madres, se prendieron 194 velas y descargaron un poco el dolor. Eso me parece muy importante, porque las madres están haciendo un trabajo muy importante, que está relacionado con la Justicia. De pronto hay otra tarea que es con el hijo, en algo más interno, que es el tema del duelo. Esa cuestión está demorando un poco más.

En Paraguay, por ejemplo, a los cinco o seis meses, padres, madres y sobrevivientes estaban con un trabajo de duelo, reuniéndose para recordar anécdotas de los que ya no estaban, es decir para enterrarlos. Los muertos no se entierran con tierra, sino con palabras dentro del corazón de las personas queridas.

La comunidad afectada por Cromañón es en general muy lastimada, en general es una población muy pobre. Antes en ese edificio estaba El Reventón, donde también hacían música popular, bien del Conurbano, por eso había tantos chicos...

En cuanto a las consecuencias, si se trata de una persona que era sana psicológicamente antes, tiene una enorme tristeza y va elaborando, recordando, hablando, va haciendo lo que es el trabajo de duelo y metiendo “adentro del corazón” al muerto. En cambio, aquellos que están más lastimados o que son psicológicamente más débiles, pueden hacer somatizaciones, fobias, autoagresiones. Por eso es conveniente el llanto, que es una terapia que nos ofrece la naturaleza para producir ese fenómeno de introyectar a esa persona que ya no existe. En general, los pibes están en un presente continuo porque no hay trabajo, no hay proyecto, pero por lo menos han podido unirse y hacer un trabajo grupal para hacer algo. Un proyecto de vida, la identidad, tienen que ver con el trabajo: yo soy lo que hago, si yo no hago, no soy.

Al armar el santuario, los pibes se hacen cargo de sus muertos. Se armó algo muy interesante de autogestión popular: no es el Estado, no es la Iglesia, nada... Ellos mismos y con su estilo, porque la juventud es otro país. Los pibes se unen entre ellos y a los caretas les tienen desconfianza –y con toda razón- porque los recagaron: les quitaron el trabajo y encima les echan la culpa.

Tratamos de ayudarles a los padres y sobrevivientes a elaborar el duelo. El duelo de los padres es distinto al de los chicos, porque esta cultura no está preparada para que los padres pierdan a sus hijos. Hay que hacer la despedida, decir las cosas que no se pudieron decir. Nosotros lo hacemos con técnicas de psicodrama, poniendo en juego tres cosas: el cuerpo, la palabra y el grupo. Porque si el dolor se socializa pierde su carácter siniestro. Por eso, el 0800 que pone el gobierno es complicado, llamás y te dan una entrevista individual. Le quitan a las víctimas el principal sostén que es trabajar con el grupo, que, por otro lado, es lo que define a la cultura rockera.

El mundo de los jóvenes es epiléptico, violento, y el rock es expresión de una época. Cada época tiene su expresión. Todo folklore es la expresión de lo que le pasa al pueblo: una inmigración que fracasó produce el tango, un trópico lujurioso produce la cumbia, el dolor de los negros produce el jazz. Ni el jazz nació en Boston ni el tango en Barrio Norte, ni el rock tampoco en un colegio inglés. El rock a los chicos los mantiene unidos, les da identidad. Las bandas son lugares de identificación importantes. Más aún en un momento en el que el trabajo y la familia, que eran los lugares de identidad, atraviesan una fase de transformación que también es disolución. El rock es la expresión de nuestra época: tiene energía, es grupal, tiene bronca. Es un ritual, y como todo ritual de tipo religioso, tiene olores, como la macumba o el incienso de la iglesia. La bengala aporta eso. El rock es para la vida. Con el rock, los jóvenes se salvan de la soledad.

Callejeros tiene que volver a tocar, se tiene que restituir, es como volver atrás la historia y elaborar el duelo. Esto puede explicarse desde el punto de vista antropológico. Sucede así en todas las religiones. Y en el santuario ves que lo mítico son los elementos del rock: las zapatillas, las camisetas, los Callejeros, que son como los nuevos crucificados. Y que vuelvan a tocar es restituirlos a la vida. Hay que pensar que las sociedades no se suicidan: organizan sus defensas y salen. Los pobres de París antes de morir de hambre se mandaron una revolución que se llamó “libertad, igualdad y fraternidad” ¡Mirá vos qué lindo! Argentina está enferma, pero no se va a suicidar.


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