Alfredo Moffatt Terapia de crisis


La droga como síntoma social



Descargar 0.56 Mb.
Página6/9
Fecha de conversión10.12.2017
Tamaño0.56 Mb.
1   2   3   4   5   6   7   8   9

La droga como síntoma social




La drogadicción como problema masivo apare­ce en un momento especial, luego de una secuen­cia histórica en la que los argentinos pasamos por una etapa de euforia, cuando el retorno de una figu­ra idealizada de un líder popular iba a comenzar una era de grandes proyectos. Pero luego, comienza una época de violencia social que permite el golpe militar, con el que se abre una etapa de represión y terror. Al no poder éste sostenerse más, se llega a las elecciones, las que después de una corta euforia democrática, nos empantanan en un país empobrecido y sin proyecto.

Pero este proceso histórico argentino se dio so­bre otro proceso mundial que fue el proceso de masificación y tecnificación de la cultura mundial, especialmente de los países altamente industrializados.

La tesis de este artículo es vincular la solución drogadicta del adolescente, como salida de eva­sión a su angustia y confusión, que está incluida en la concepción tecnológica-farmacológica de la vi­da de la sociedad de masas. Y señalar que, especial­mente el adolescente, no hace sino llevar más lejos una opción negadora de la problemática psicológi­ca y existencial, donde una pastilla, un psicofár­maco, sustituye un diálogo con otro. Es la estrategia del atontamiento químico para no enfrentar la superación de etapas vitales, las naturales angust­ias y contradicciones que permiten la madura­ción de un proceso de vida, es decir de un proceso de individuación que da sentido a la vida.

Existe todo un enorme aparato multinacional de los psi­cofármacos, de las bebidas alcohólicas y del cigarrillo, que induce al consumo de evasión, que lleva al encierro.

Decimos esto, pues cualquier droga no es ni buena ni mala en sí misma. Los pueblos ecológicos (mal llamados primitivos) incluyen drogas en sus ceremonias rituales de socialización, pero las usan como facilitadoras del acercamiento amoroso y solidario de la tribu y para enfrentar las incógnitas existenciales del hombre. Todo lo contrario es su uso en las sociedades tecnológicas, donde es un instrumento de evasión individual para quedar más solo y confundido, pues las ceremo­nias dialogantes y solidarias están destruidas por el modelo social de competitividad individual, el anonimato de las masas urbanas, la fragmentación de roles y la comunicación intermediada por los canales masivos, que sustituyen el diálogo por la recepción pasiva de información.

El proceso de tecnificación de la cultura urbana va estructurando todos los niveles de la rea­lidad, el hábitat, los instrumentos, el uso del cuerpo, los modos de comunicación, las normas de re­lación, de modo tal que va haciendo cada vez más difícil las interacciones cara a cara, donde una per­sona se compromete corporal, emotiva y dialógicamente con otra. Las interacciones son en la familia reducida, lo cual determina relaciones demasiado super­puestas, o en la calle con la masa anónima, donde siempre se testimonian como desconocidos, se ven mutuamente como anónimos.

La cultura tecnológica de masas, donde el estado va contro­lando cada vez más aspectos del individuo, ha per­dido el espacio social intermedio entre el hogar (la familia) y la calle (el estado), que es el espacio co­munitario de las instituciones de base, que son desarrolladas creativamente desde las personas. Solo existen las instituciones formales que son dirigidas y organizadas desde el estado, o grandes empresas anónimas donde no hay participación de sus miembros, por ejemplo: Escuelas, universidades, grandes clubes, etc. Ninguna de ellas permite expresar la singularidad de los grupos y las particularidades de ese momento social, con las preocupaciones y proyectos específicos de los que se compone el espacio comunitario de esa institución.

La identidad de una persona depende de su integración activa y dialógica en un grupo comu­nitario que supere su grupo interno (su familia). Este pasaje de la familia donde tuvo el rol de hijo, al grupo de pares donde va a encontrar su pareja y realizar su proceso de individuación, se llama el proceso de exogamia. Este proceso, en la sociedad tecnológica, está perturbado, pues el tejido social está destruido o controlado vertical­mente por el Estado o por grandes empresas (donde quien decide, no forma parte de la comunidad). Esto va creando el habitante-robot, que piensa y hace pasiva­mente lo que pensaron o decidieron otros, es el hombre programado.

La escuela, la universidad, la televisión, los medios, las grandes empresas de "diversiones", están sustituyendo los antiguos espacios de socialización: la cuadra del barrio (la solidaridad vecinal), las sociedades de fomento, y todos los grupos de creatividad, la "barra de la esquina", el café de barrio, las mur­gas carnavaleras, la parroquia y todas las ceremo­nias espontáneas (actualmente diríamos autogesti­vas) de los pibes, los adolescentes, los adultos.

En los jóvenes que tuvieron su socialización en los últimos veinte años, este proceso de lavado de cerebro fue más grave, durante el terror de estado. Los grupos de toda clase estaban controla­dos o prohibidos, y luego de la corta euforia de la apertura democrática se agudizó otra imposibili­dad, la de encontrar inserción laboral, la desocu­pación, resultado del empobrecimiento (deuda externa, recesión) dejó una gran masa de adolescen­tes en situación de ocio forzado.

Cuando a Sigmund Freud le preguntaron: "Maestro, ¿qué es la salud mental?", contestó: "poder amar y trabajar"... esto es, poder tener vínculos de empatía e insertarse laboralmente. Pe­ro ¿cuándo se puede cumplir con estas dos funciones? Cuando podemos dialogar, es decir, ha­blar, escuchar y contestar; cuando se cierra el cir­cuito de la comunicación; no sólo cuando escucha­mos sino fundamentalmente cuando nos escuchan y nos contestan, pues como dice Jean P. Sartre: "mi identidad es la contestación del otro, el otro es el testigo de mi singularidad". ¿Por qué decimos esto en un artículo sobre la drogadicción? Porque este tipo de sociedad tecnológica no asegura espacios dialogantes, la persona es bom­bardeada por miles de mensajes que se constituyen en una programación, pero la persona no tiene la posibilidad de contestar esos mensajes, los me­dios masivos no tienen vuelta, el televisor (como también la radio, el cine y la prensa) no tiene oí­dos, es como un manipulador que induce ideas y conductas pero que no recibe lo que cada mente procesa con cada mensaje, y sabemos que la iden­tidad, la singularidad de un individuo, tiene que ver con su oposición dialéctica con el modo de contradecir, transgredir creativamente el mandato dado. Yo soy porque opto por algo nuevo que me singulariza.

Y para finalizar este análisis, debemos dar la úl­tima etapa de este proceso de manipular, de pro­gramar habitantes anónimos, porque el resultado es la dificultad de crear un núcleo de identidad, un proyecto vital propio que dé un sentido a cada vida.

Los jóvenes, especialmente, pueden tener difi­cultades para organizar prospectivamente su per­cepción de la realidad. En cualquier momento el sentimiento de existencia pierde sentido y cae en la vivencia de vacío, de presente continuo, y esta sensación de conciencia detenida es productora de un gran monto de angustia, pues se configura como angustia de muerte. Este sentimiento de soledad es insoportable y cualquier cosa para salir de él es útil. Aquí, finalmente aparece la solución química-tecnológica, un procedimiento artificial para sentir que todo vuelve a moverse, lo que asegu­ra la corriente de conciencia por la estimulación farmacológica, y con esto llegamos por fin a lo que queríamos señalar, que la misma sociedad pro­duce la enfermedad: el anonimato angustiante, y la seudo-solución: las drogas legales e ilegales.

Además cuando las condiciones sociales fue­ron de frustración e incomunicación menores, la adicción propuesta fue el alcoholismo (especialmente de los sectores marginados y empobreci­dos). La droga (la cocaína) era una necesidad de los artistas, para estimular la creación, y en algu­nos niños bien hastiados de tanto ocio opulento. Pero cuando la situación social se torna desespe­rada (des-esperada, sin esperar un futuro, un pro­yecto), la seudo solución química-tecnológica se transforma primero en el "inocente" psicofárma­co recetado por el médico (detrás están las multi­nacionales de la farmacología) y luego, como la crisis social aumenta, aparecen las ilegales (las mul­tinacionales del narcotráfico) que tienen sus "tan­das publicitarias" en las series policiales america­nas donde el drogadicto es muchas veces un pro­tagonista. O las empresas discográficas que espe­culan con violencia, sexo, droga y rock and roll y crean una cultura de idealización de la estimula­ción electrónica basada en el trance y la intensi­dad del sonido.

Si ahora agregamos otro factor que potencia lo anterior, que es el empobrecimiento y la de­socupación, aparecen nuevos elementos. Uno, el no-proyecto individual, familiar y nacional que condiciona la inseguridad económica; otro, la des­trucción familiar que produce la desocupación, especialmente en las clases marginadas (niños en la calle que recurren a los inhalantes de tolueno). Y finalmente, las formas marginales de combatir el hambre, que son el robo, la prostitución, y la mendicidad.



Nuestra experiencia clínica nos lleva a pro­poner una psicopatología mutante, es decir, cua­dros nuevos que no son categorizables desde la psicopatología clásica (histerias, neurosis, melan­colías, etc.) y que se emparientan con los antiguos cuadros borderline (los trastornos narcisísticos), pero que tienen características distintas. Las llamamos síndrome de la vida vacía, donde se vivencia una paralización del sentimiento de existencia. Y pensamos que muchas adicciones graves son un intento de salir de este estado de psiquismo.

Por último, haremos una aclaración respecto a la asociación droga-violencia que hacen los me­dios periodísticos (y que constituye también una "verdad policial").

Nosotros pensamos que otra de las salidas del sentimiento de conciencia vacía (el síndrome de la vida vacía) es la acción, el movimiento; pero como el diálogo, el ida y vuelta de la comunicación, está roto, la única posibilidad de interacción es la acción en base a una proyección. Es decir, si no hay posibilidad de amor, pues para amar hay que conocer al otro, tener el placer de ser también reconocido y querido, entonces se consagra el odio como emoción (que es mejor que la soledad abrumadora) y aparece el espacio paranoide. Es decir, la violencia como salida del encierro parali­zante. Si ataco, se me configura nuevamente un ar­gumento vincular con el otro, ya que no estoy so­lo, existo frente a mi víctima.

¿Por qué decíamos que la violencia es otra sa­lida bastarda de la conciencia vacía? Porque el tipo de personalidad básica que escoge la salida de la droga, es distinta a la que escoge la violencia. El joven que se droga generalmente tiene una personalidad esquizoide (se ve para adentro de sí mismo); en cambio, el que puede recurrir a la acción violenta, tiene características epileptoides y psicopáticas, tiene el yo organizado hacia afuera y dificultades en la simbolización: no piensa, actúa, es el candi­dato a la página policial, muchas veces con agravan­tes sádicas y conductas irracionales. El otro, el esquizoide, es el adolescente que se "manda el gran viaje" con percepciones auditi­vas y visuales.

En comparación con esto, está el mundo de los alcohólicos (yo, como director del Hogar Félix Lora de la Municipalidad de Buenos Aires, tu­ve bastante experiencia con "grandes curdas"), donde se dice que alguien tiene "mal vino" y "buen vino". El primero, es el curda peleador, vio­lento y peligroso, y el segundo es el curda charla­tán, divertido, que termina dormido. Estas dos es­pecies de alcohólicos no se superponen, se van a la violencia (hacia afuera), o se van a los recuerdos (hacia adentro).

Tampoco pensamos que se puede asociar siem­pre droga con violencia. Pero también aclaramos que en los violentos, en los delincuentes, la droga es un facilitador del asalto o del homicidio y aquí sí que corresponde la asociación violencia-droga.

En el otro tema del drogadicto que queda diri­gido hacia sus fantasías y sensaciones (el que lla­mamos esquizoide), si sigue la escalada de la droga, llega una etapa en que transgrede (delinque), y es cuando se transforma en pasador de droga, al recibir como pago, parte de la droga que distribuye.


El docente en riesgo


El mundo ha per­dido posibilidades de simbolización, es decir de acuerdos, de proyectos, que es lo que hace que el hombre sea distinto del animal. Es un mundo des-simbolizado, en el sentido de que vale más la acción que la palabra. La palabra es­tá devaluada, nadie cree en ella, entonces lo que sucede son acciones agresivas, desconcertantes.

El humano pertenece a dos sistemas. Uno es el sistema del cuerpo y sus acciones, como pelearse, hacer el amor, el trabajo físico, son cosas que tienen que ver con los movimientos.



Las situa­ciones angustiantes muchas veces dan lugar, especialmente en la adolescen­cia, a un comportamiento donde esa angustia sale, se expresa a través del mundo corporal, sobre todo como violencia. La otra na­turaleza del hombre es que tiene men­te, capacidad de simbolización, son naturalezas, sistemas distintos.

Por ejemplo, el soldado está adies­trado para la acción: se le dice que no piense, es jodido pensar en un cuartel, no discute, no piensa, sólo hace.

En cambio la escuela es lo contrario al cuartel, es el lugar de lo simbólico, de la palabra. La palabra pertenece a ese otro aspecto humano que es la capacidad de inter­cambiar símbolos, de dialogar, de trabajar con abstracciones. A los maestros los mandan a la escuela como mandaban a los chicos a Malvinas, a pelear con borceguíes de cartón. La escuela está orga­nizada para la transmisión y el aprendizaje de la palabra. Es un lugar donde la gente tiene que estar con el cuerpo quieto y la mente atenta, incorporando el mundo simbólico, el del pensamiento. En ese mundo organizado para lo simbólico aparece una po­blación muy incluida en el mundo violento, cargada de acción, donde la palabra está devaluada, tiene otro tipo de interacción, como es la acción y expresa su frustración con la violencia. Al docente se le plantea una situación bastante difícil. Se me ocurre como broma escribir un artículo cuyo título sea "Técnicas defensivas de karate para defenderse de los alumnos".

El maestro se ve hoy incluido en un mundo desconcertante, un mundo que no maneja, porque está entrenado para el símbolo y no para la acción. Si en la escuela, que es el lugar de transmisión de lo simbólico aparece la acción, es algo que rompe. La acción en una escuela es como un zorro en un gallinero, se puede resolver, pero ya es un destrozo, porque hoy la escuela no usa los controles convencionales, por ejemplo tantas amonestaciones si el alumno contesta mal o tira una tiza al pizarrón. Las transgresiones más graves de antes, hoy serían inimputables: patear a una profesora en la cabeza, pelearse con cuchillos, matarse entre ellos, o no tomar ninguna de las instrucciones del profesor, él explica y ellos están conversando o haciendo otra cosa.

El docente está formado para una realidad en la que la escuela existe como espacio pedagógico, es decir, donde al­guien viene deseoso de aprender los símbolos. Esa formación no ha sido cambiada, no le han enseñado karate psicológico como para poder manejar esto que pasa hoy. Llegan desarmados a la escuela, como los chicos que fue­ron a las Malvinas. Iban al frío a pelear con borceguíes de cartón.



Los maes­tros actuales están en una situación así. Están formados con unas normativas operacionales de 30 ó 40 años de antigüedad, donde las blancas palomitas llamadas por una campanita, entraban a la es­cuela para recibir el amor de la maestra. Bueno, hoy, las palomitas están to­das revolcadas, sin plumas, la cam­pana se la afanaron, y la maestra está con los pelos parados, desesperada. Creo que hay que ser medio héroe pa­ra ser maestro en estos momentos.

Si la institución escolar no modifica algunos de sus "modus ope­randi", no va a poder contener a una po­blación de chicos que vienen vio­lentos porque la sociedad se ha conver­tido en violenta. La sociedad entera ha perdido las ideologías y los ideales. Que se pierdan las ideologías en última instancia no es tan grave, pe­ro cuando se pierden los ideales sí, porque son los que organizan el mundo simbólico, en donde hay metas. Si no hay metas no hay más que presente, y en el presente solo hay acción. La presentidad menemista era justamente muy eficiente, porque podía cambiar de un día para otro cualquier cosa que dijera, porque "era pragmático". En reali­dad era una presentidad animal, sin recuerdos ni proyectos, que desorientaba a todos.



Ahora todo está armado en base a la especulación, al individualismo com­petitivo, que impide lo grupal, que im­pide lo esperanzado. Porque la ganan­cia no tiene historicidad, un billete de 100 dólares no es un proyecto, es una capacidad de canjearlo por un objeto pero no tiene que ver con la esperanza.

En este contexto, el Estado no toma en cuenta lo que significan estas condi­ciones difíciles y hace una reforma. Es el peor momento. Es como si en un buque en medio de una tempestad empiezan a cambiar los mástiles de lugar. Es absur­do pero le sirve al gobierno como una fantasía de que están haciendo algo.


Los chicos viven a los 12 años una época muy difícil, que es la irrupción del terremoto hormonal de la pubertad. De golpe el mundo imagina­rio infantil pasa a ser el mundo de lo real, de lo concreto; aparece la sexuali­dad como exigencia energética concre­ta. Antes de ese momento la sexualidad estaba a nivel de la libido, de lo imagina­rio, es decir, con el osito la nena se arre­glaba, pero después de la pubertad apa­rece la presencia de lo real. En pocos meses el humano cambia de ese mundo mágico infantil, de lo imaginativo, del juego, al mundo de lo concreto, donde la sexualidad y las hormonas le exigen el contacto con otros. Es un momento de despersonalización, entra en el mundo de acción de la vida, es una situación muy brusca, que a veces los adultos olvida­mos, porque fue muy traumática. Esa sensación de desconcierto, de haber aprendido todas las respuestas a las preguntas de la infancia y de pronto en dos, tres meses, nos cambiaron todas las preguntas, y con estas respuestas de niño, ¿qué hago?

Cuando estos chicos, inmersos en un país donde la palabra es deva­luada y la acción valorada, atravesando el momento de des­personalización más traumatizante de toda su vida, entran a un lugar con un congelamiento de técnicas de ha­ce 40 años, se les hace muy difícil de sostener esto, y los maestros no tienen defensas, a menos que se cambien algunas cosas. La escuela está indefensa, y el go­bierno no lo quiere reconocer por una cosa muy sencilla, porque es el gobier­no el que produce esa "presentidad" agresiva. No puede existir un estudio honesto sobre esto desde el Estado, como no lo puede haber sobre los chicos de la calle, porque si se van a buscar las causas, éstas se encuentran en el sistema económico que destruye las familias, sistema eco­nómico que impone este gobierno. Entonces, Atilio Alvarez, el Secretario de Minoridad y Familia, sale diciendo que los chicos de la calle son conse­cuencia de las chicas de la calle que quedan embarazadas; es genial: nacie­ron de un repollo y se siguen reprodu­ciendo, nada tiene que ver el sistema económico.

Sin embargo siempre se puede hacer al­go. Lo principal es tomar conciencia de es­to. No es algo que le pasa al docente sino que está metido en una trampa.

Lo primero que tiene que hacer es trabajar lo que se llama la contra-transferencia. Es decir, qué le pasa con la violencia. Le pueden pasar muchas cosas: quedar paralizado, volverse vio­lento él también, se controla porque no les puede pegar al los alumnos, pero queda contraído; puede producirle tristeza, sensa­ción de impotencia, de desvalorización por quedar desautorizado y deprimir­se; quizás ponerse paranoico en el sen­tido de que lo van a agredir (por ejemplo tiene mucho miedo de que un chico lleve un cuchillo y eso condiciona toda la clase, llevándolo a ponerle notas al­tas a ese niño que lo puede agredir con una navaja), pero eso está en su mente más que nada.

Le pueden pasar muchas cosas. Lo que seguro le va a pasar es una situa­ción de contracción crónica que se lla­ma estrés, que le va a hacer reventar al­gún órgano, posiblemente la garganta. O le puede producir una situación de frustración grande, de confusión y ha­ce lo que se llamaba antes un "surme­nage". Ser consciente no significa que se modifique, pero permite ver cómo se trabaja eso. Además cuando se con­cientiza, eso que a uno le pasa, baja; no tomar conciencia de ello, hace que el síntoma crudo aumente su malignidad psicoló­gica.



En síntesis que se dé cuenta qué le pasa con lo que pasa, para que no haga la misma estrategia que hace otra maestra, porque a ella le pasa otra cosa. Es tratar de saber qué me pasa al ver un chico drogado, por ejemplo, porque también puedo sentir impotencia exa­gerada. El consejo es tomar distancia, y evitar lo que se llama quedar pegado. Por ejemplo: hay una situa­ción de violencia y de pronto siente que quiere retorcerle el cuello. Darse cuenta, to­mar distancia en el momento, se puede hacer y esto se llama disociación. Al mirarse a sí mismo pensar: "éste me está sacando". Verlo impide que se convierta en síntoma. Uno hace consciente lo que le pasa y aunque después sigue pasando, es de otra manera.

Recomiendo también que el docente vea la clase como un grupo, porque los que están en una cla­se actúan en estructura. Hay un niño que se porta mal pero hay alrede­dor quienes le proponen eso, o ese chi­co haciendo tal cosa consigue cierto prestigio en el grupo. El problema es que al docente le han enseñado a leer caso por caso. Caso por caso, manejándose con palabras, y buscando la con­servación de lo dicho. Pero el aprendi­zaje es lo dicho, más lo que el chico propone, no repetición de lo dicho y sólo palabra. Los paradigmas tienen que ser grupales, incluyendo el cuerpo y la acción, más lo ya existen­te en el alumno. Claro… una maestra me va a decir "yo no soy especialista en grupos", pero hay que tratar de ver más el fenómeno grupal, ver cómo interac­túan entre ellos, porque por allí hay lí­deres, que si se los capta, todos los de­más van detrás.

Y después, por supuesto hacer inte­resante el tema de estudio. La idea es que responda a alguna necesidad de los chicos, sería pescar y trabajar con el deseo del alumno. Claro, es difícil, porque a lo mejor uno les pregunta ¿qué quieren hacer? y ellos dicen "nada...". Es trabajar con lo que le pasa al otro, no con lo que uno va a imponer, sino con lo que va a escuchar. Es verdad que los chicos están apáticos, es que están sorprendidos. Creo que ser adolescente en este momento es insalubre. Ser adolescente es entrar a un mundo que uno respeta. Pero este mundo no se respeta a sí mismo. Estamos en una crisis pero tampoco hay que desesperarse demasiado. Esto es importante decirlo porque una crisis es también un momento de cambio y yo apuesto a que el cambio sea para mejor.


El lenguaje de los chicos es la acción, yo lo he visto con chicos de la calle, que tienen muy exagerado ese modo de comunicación. Una patada según como sea dada quiere decir "andate", "quereme" o "esperá un cachito'. El maestro ve sólo una patada, pero entre los chicos son acciones significantes. Entonces, es empezar a aprender también qué quiere decir lo que hace, porque si sólo estamos atentos a la palabra, nos quedamos fuera del mundo simbolizante del chico, que son las acciones simbolizantes. Los primitivos, los delincuentes y los locos, tienen mucha interacción es base a actos. En cambio la maestra tiene una atención en la palabra, de pronto ve todo un pre-caos ­donde hay, en realidad, formas muy primitivas de comunicación.

Es difícil pero por lo menos la maestra tiene que saber que eso tendría que saberlo y no lo sabe. Tendría que saber trabajar grupalmente, tendría que saber trabajar con lo que se llama su contra-transferencia, con lo que le pasa, tendría que saber trabajar con algo que tenga que ver con el mundo del chico, tendría que saber leer lo gestual. Y no lo sabe. Por lo menos saber todo lo que no le han enseñado y es específico para eso. La mandaron a pelear a las Malvinas con un rifle sin mira telescópica, de modo que tiene que acercarse a 5 metros para darle al inglés, con botas de cartón en un lugar de trincheras y agua. Que sea conciente que está peleando en muy malas condiciones desde la estructura y las consignas de las autoridades educativas, que son absolutamente inadecuadas, a-históricas, estereotipadas. Que sepa esto ya es importante, porque puede en algún momento sentir que es ella la que no puede. La situación que se está viviendo no es una alucinación del docente. Es una trampa real.

En una situación confusional como la actual es muy peligroso retirarse de la obligación de la escuela, que es generar un universo normativo. Exagerando, yo volvería a las amonestaciones correctas, la fila, el or­den, porque eso genera como un universo ordena­do en un momento de mucha confusión y desor­ganización. Es como un paciente, que cuando está en confusión se le dice "usted va a venir de tal hora a tal hora, va a hacer tal o cual cosa". Y no es autoritarismo sino que es reinstalar el mundo de la organización, porque la no orga­nización es locura. En ese sentido estoy de acuerdo con que la escuela tenga una estructu­ra normativa, flexible, interesante, que no sea antigua, con acuerdos de normas a cumplir, porque es psicológicamente protector, lo contrario genera mucha angustia. Lo que pasa es que la dictadura militar fue tan autoritaria y tan cruel que hi­zo confundir autoridad con autoritarismo. La autoridad es una cosa que organiza la vida, todo organismo vivo, y una escuela es un organismo vivo, tiene que tener nor­mas que hagan posible su funcionamiento. Lo que suce­de es que después del proceso militar fue tan loco el po­der, que quedó desprestigiado y desvalorizado todo lo que sea norma. Eso permitió toda la impunidad que sucedió después. Que se puedan matar a 30.000 personas y no ir presos hace que nadie más pueda ir preso por nada. Hasta que no vayan pre­sos esos que mataron a 30.000, un tipo puede decir: "yo ma­té a 4 personas nada más, ¿me van a meter preso a mí?”. Y entonces apareció la corrupción que es la de­sintegración social. Si ca­da tanto un juez es puesto preso, o la policía roba y mata, eso es algo paradojal; si me asalta la policía ¿a quién voy a llamar para que me defienda? ¿a los ladrones?. La es­cuela tiene que reorganizar. Reorga­nizar jerarquías que son, no por autoritaris­mo, sino por responsabilidad de experiencia. El que tiene más experiencia debe tener más responsabilidad en la conducción. Cualquier tipo de "laissez-faire" en este momento es muy peligroso.

Terapia y socioterapia en Cromañón
Este tema tiene mucho que ver con todo lo que yo he trabajado durante toda mi vida: la intersección de la locura con la pobreza. Porque más de la mitad de los pibes que murieron o quedaron afectados, los que quedaron desamparados, son de extracción popular. Recordemos que lo que pasó, pasó en Once, no en Puerto Madero, y los chicos no eran rubios de ojos azules. Sólo la enorme magnitud de lo sucedido los hizo visibles, a ellos y a la clase a la que pertenecen. Si hubieran sido unos pocos, no hubieran sido noticia.

El tema de los chicos secuestrados y muertos es también muy doloroso, pero en eso ya está Juan Carlos Blumberg para los chicos rubios, pero para los morochos no hay la misma sensibilidad ciudadana, a pesar de que hay muchos chicos que quedaron con lesiones delicadas. En esto se parecen a los chicos de Malvinas.

En noviembre y diciembre yo había sido convocado para trabajar con los familiares y sobrevivientes del incendio de un supermercado de Paraguay, el Ycua Bolaños. Realicé allá, para profesionales involucrados en salud mental, seminarios de terapias de emergencias, de crisis, y utilización de psicodrama, entre otras técnicas, para ayudar a los afectados en la elaboración de esas escenas tan traumáticas, esas vivencias desgarradoras. A pedido de ellos, volví a Paraguay para pasar Navidad con los familiares. Y, al día siguiente de mi regreso, por la noche, sucedió lo de Cromañon, a cuatro cuadras de mi casa. Me avisaron, fui enseguida, y allí ya estaba Carlos Sica, con el equipo EPS (Emergencias Psicosociales). Me dieron un guardapolvo blanco con la sigla del EPS, como el que usan ellos, ya que con eso teníamos acceso a todo, como los policías y los médicos. Trabajamos toda la noche, con todo el equipo del EPS.

Yo me quedé cerca de los treinta primeros cadáveres, porque era allí donde se producían las situaciones más dramáticas, ya que, el pariente, al reconocer el cuerpo de un ser querido, sufre el primer impacto, el shock, con una regresión tan aguda que presenta características casi psicóticas, y es allí donde se puede ser más útil, aplicando una técnica que nosotros desarrollamos, y que llamamos maternaje. En ese lugar, vi a Carlos Sica y a su gente trabajar con muchísima eficacia en la maniobra de contención corporal, que es muy difícil, porque debe ser realizado en el momento justo, ya que si se hace un instante demasiado tarde, o demasiado pronto, puede ser rechazado. Casi podríamos hablar de la precisión de un “karate psicológico”.

Esa noche aguanté hasta las 4 de la mañana, cansado como estaba por haber llegado hacía poco de Paraguay, donde había dirigido talleres de psicodramas de 8 horas, hasta con 20 familiares, especialmente de desaparecidos, porque los cuerpos no habían podido ser recuperados. Allá, yo no había estado en el momento mismo del horror, pero aquí sí.

Al día siguiente, el 31 de diciembre, no paré en todo el tiempo, y mis amigos tuvieron que obligarme a descansar por temor a que me enfermara por mi edad. (Ya me alcanzaron los 73 años...)

Organizamos un equipo de ayuda al que llamamos Bancavida, y quisimos llevar ayuda a los que vivían en Villa Celina y Villa Lugano, pero la gente no se acercó. Esto constituye lo que los psicólogos sociales llamamos un emergente: suponemos que la imagen de un psicólogo clínico está asociada con la de alguien que interroga, y lo que menos quieren los chicos es andar respondiendo cuestionarios. Sus experiencias anteriores tienen que ver, generalmente, con interrogatorios policiales. También funciona en ellos un mecanismo de negación razonable: desvían la angustia y el dolor hacia la bronca y la exigencia de justicia. Pero si esto se prolonga en el tiempo, y no se elaboran adecuadamente el dolor y el duelo, las consecuencias pueden ser fobias, pesadillas, somatizaciones, etc.

En Paraguay, como el incendio ocurrió en un supermercado, y casi todas las víctimas pertenecían al mismo barrio, el apoyo mutuo funcionó mucho mejor, porque todos se conocían y ya existía una estructura comunitaria, lo que permitió organizar rápidamente la ayuda, entre los psiquiatras y psicólogos del Instituto Nacional de Salud Mental de Paraguay, y los coordinadores de las organizaciones de los familiares. Lamentablemente, aquí no se da esto porque las víctimas están diseminadas por todo el Conurbano.

Los chicos que siguen a Callejeros pertenecen a distintas clases sociales, pero los que ese día estaban allí, casi en un 60%, eran de clase popular. Además, los chicos de nivel social y económico más alto ya tienen contención y apoyo psicológico, mientras que los otros no.

El Gobierno de la Ciudad ofreció ayuda psicológica en los consultorios de los hospitales, pero la imagen del psicólogo clínico o del psiquiatra, como ya dijimos, en general, es la de alguien que interroga o medica. No existe el "psicólogo contenedor" que les permita elaborar el duelo desde la cultura adolescente, y dentro de una estructura grupal. Tampoco está el cura, como está en Brasil o Paraguay, que llena el espacio de la contención. La Iglesia Católica en Argentina está separada del pueblo, lo que no sucede en otros países de Latinoamérica. Estos chicos quedaron solos, tan marginados como siempre. Y tampoco, aparecieron los organismos de Derechos Humanos (esto me dolió…)

Los chicos que hacen “la vigilia”, para cuidar el Santuario, un altar donde las remeras y las zapatillas de los chicos, sacadas del boliche, se alternan con sus fotos, poemas, imágenes religiosas, dedicatorias y recordatorios de sus amigos y sus familias, están armando la Organización Autogestiva Popular, en Once. Son 20 ó 30 muchachos (algunos son voluntarios, aunque no estuvieron esa noche) que cuidan el lugar, y ayudan a los que van, porque allí se sienten más cerca de los que perdieron, se ayudan entre ellos. Pasan los días y las noches en carpas que ellos llevaron.

Ellos tienen bien en claro tres misiones, tres tareas fundamentales: una, cuidar la memoria de los chicos muertos, a través de organizar el Santuario, enriquecerlo con nuevas fotos, flores, ofrendas, objetos que traen los padres, dos, exigir justicia y castigo a los responsables de esta tragedia-masacre, y tres, contener emocionalmente a los familiares y sobrevivientes que se quiebran al llegar al Santuario.

En nuestra Escuela, que queda a 4 cuadras de allí, vienen a bañarse, a descansar un poco, a comer, a veces. Son chicos excelentes, que "curten un look hippie-cartonero", como dicen ellos.

La gran tarea del familiar y también del sobreviviente es realizar el duelo. Esto es imprescindible, porque "el que evita el llanto, después deja de reír", porque para no llorar hay que endurecer la cara, que luego te queda dura y no podés reír.

Si se niega la muerte, se niega la vida, y si no se elabora la pérdida, el muerto se convierte en un fantasma, se fantasmaliza. Y pueden aparecer síntomas como fobias, somatizaciones, depresiones patológicas, y el mayor riesgo es que pueden darse conductas que a veces son riesgosas, como por ejemplo actitudes suicidas, como una forma de acompañar al que se fue, o bien quedarse congelado, que es como empobrecerse emocionalmente. Pero si se supera el tema de la muerte, el ser querido que se ha ido se convierte en un recuerdo profundo, que sigue vivo en el corazón.

Yo pienso que el duelo es simétrico y opuesto al parto: el parto, que es doloroso, es el pasaje de una persona, que está adentro, hacia la realidad, hacia afuera, y la operación contraria también es dolorosa, porque es hacer que alguien que está afuera, en la realidad, entre y se quede en nuestro corazón. Muchas veces, para esto se requiere ayuda terapéutica, porque tal vez entre el que quedó y el que murió existió algún conflicto que quedó sin resolver. Entonces, después del shock, es preciso lograr que el que se queda sostenga, en su mente, el diálogo de despedida en el que queden resueltas las diferencias que pudieron separarlos, situación ésta que es muy frecuente entre hijos y padres adolescentes.

En ese diálogo imaginario, el que quedó debe poder decir lo que no había podido decir antes, y también debe escuchar lo que no escuchó, en una despedida que no existió por lo brutal e inesperado de la tragedia, y que hay que realizar imaginariamente. En una separación, lo que cuenta no es el cuerpo, sino la historia que vivimos con esa persona. El cuerpo es el sostén de esa historia de vida, y la memoria de esa historia es lo que hay que incorporar.

Es muy importante elaborar el duelo por la pérdida brutal de la continuidad del proyecto de vida y de los sueños depositados en ese hijo y también hay que hacerse cargo de los sueños del hijo. Es necesario reestructurar el proyecto de vida de la familia; la vida debe continuar, porque hay otros hijos, y hay esposos y esposas que continúan la aventura de vivir.

El dolor, en una familia, en principio, une, se tiene la vivencia de que se ha sufrido un ataque externo. En ese sentido, los padres se están uniendo a partir de la bronca hacia los responsables de la tragedia. Pero, en realidad, deberían unirse también desde el dolor compartido, para poder elaborarlo. Estamos organizándonos para trabajar con los padres, como lo hicimos en Paraguay. Tenemos que coordinar un grupo en donde cada padre ayude a otro padre, porque es muy difícil ayudar a alguien en una experiencia que no vivió.

La muerte de un adolescente implica un hecho trágico. Todo joven que muere adquiere algo de héroe, porque su muerte es la interrupción en la mitad de la vida, y las frases que los padres dejan para sus hijos en el Santuario se dirigen a un ser idealizado.

Pensamos unir a los padres y trabajar en grupos operativos haciendo que el dolor circule de padre a padre y, al ser la pena puesta en palabras, pueda ser elaborado el duelo.

Esto puede hacerse también con el psicodrama, el ensueño dirigido, y otros elementos técnicos que permiten que ese proceso tan doloroso sea un poco más llevadero. Esta es la Terapia de Crisis, que fui desarrollando a través de más de cuarenta años de trabajar en la reparación de situaciones dolorosas.

Yo me especialicé en Terapia de Crisis porque, en nuestro país, no hay una concepción de emergencia en psicoterapia. Supongamos que en la medicina no hubiera una concepción de emergencia, y el médico tuviera que decirle al herido, en un accidente: "Vaya al hospital cuando le pare la hemorragia."

En USA aprendí lo que allá se llama crisis intervention, y en Brasil pronto socorro. En cambio, en la Argentina, todos se llaman psicoanalistas. La facultad de Psicología es una fábrica de psicoanalistas, lo cual es útil, pero sólo para una parte de la solicitación asistencial, la de los pacientes con capacidad de simbolización, con patologías no agudas, que además necesitan del tiempo suficiente para establecer la transferencia (y el dinero suficiente para sostener todo este proceso).

Algo que impide operar en la crisis a la técnica psicoanalítica, es que en la terapia no incorpora el cuerpo y la escena, y recordemos que en la crisis el cuerpo también está captado por la situación regresiva. En este sentido, el psicodrama, es la técnica de elección porque trabaja con el cuerpo y la situación traumática histórica que se reactualiza en toda patología de crisis. El traumatismo, en los sobrevivientes de Cromañon, atravesó sus cuerpos, y quedaron impregnados por una escena terrorífica, que incluyó la vivencia de muerte. Por lo tanto, se debe trabajar esa escena haciéndola revivir para que pueda ser puesta en palabras, y por lo tanto, elaborada.

La terapia de crisis se fundamenta en una concepción existencial, para la cual la salud depende de encontrar un sentido de la vida.

Cada generación tiene que escribir una página nueva en la historia y tienen que romper con lo anterior, porque si no, esa generación no hace girar la historia.

Nosotros no podemos defender el mundo que les dejamos. Los jóvenes están enojados con nosotros y tienen razón: les dejamos un mundo corrupto, sin proyecto, con una injusticia social genocida. Cuando decimos que los jóvenes no respetan las normas, ¿qué podemos decirles?¿qué valores van a respetar?

La terapia de crisis opera con el psicodrama y el grupo operativo de Pichon Rivière, es el instrumento básico para elaborar catástrofes de este tipo, que son sociales y no individuales. En las catástrofes grandes se debe trabajar a nivel grupal, nunca individual, y especialmente con los jóvenes, que tienen una cultura grupal. Por eso, tratar a estos chicos individualmente es algo no sólo inútil sino iatrogénico, perjudicial, porque se los saca del grupo en que tienen estructurada su identidad.

Nosotros, en Bancavida, trabajamos con un esquema de tres momentos del duelo, y esto nos organiza los abordajes para ayudar a elaborarlo. Estos momentos son:






Compartir con tus amigos:
1   2   3   4   5   6   7   8   9


La base de datos está protegida por derechos de autor ©psicolog.org 2019
enviar mensaje

    Página principal
Universidad nacional
Curriculum vitae
derechos humanos
ciencias sociales
salud mental
buenos aires
datos personales
Datos personales
psicoan lisis
distrito federal
Psicoan lisis
plata facultad
Proyecto educativo
psicol gicos
Corte interamericana
violencia familiar
psicol gicas
letras departamento
caracter sticas
consejo directivo
vitae datos
recursos humanos
general universitario
Programa nacional
diagn stico
educativo institucional
Datos generales
Escuela superior
trabajo social
Diagn stico
poblaciones vulnerables
datos generales
Pontificia universidad
nacional contra
Corte suprema
Universidad autonoma
salvador facultad
culum vitae
Caracter sticas
Amparo directo
Instituto superior
curriculum vitae
Reglamento interno
polit cnica
ciencias humanas
guayaquil facultad
desarrollo humano
desarrollo integral
redes sociales
personales nombre
aires facultad