Alfredo moffatt psicoterapia existencial



Descargar 247.5 Kb.
Página7/7
Fecha de conversión05.04.2018
Tamaño247.5 Kb.
1   2   3   4   5   6   7

El vínculo fantasma

El concepto de vínculo fantasma es necesario para describir lo que ocurre cuando alguien se comporta como si cierto personaje o escena fueran reales, cuando no se trata sino de situaciones que sucedieron en el pasado o él teme que sucedan en el futuro. Toda enfermedad mental está en relación con este desplazamiento de la temporalidad. No podemos imaginar ni alucinar lo que nunca fue. Incluso imaginar lo que vendrá, el futuro, se constituye con el conjunto de percepciones almacenado en la memoria. Y como los vínculos que se negativizan (cuando el amor se convierte en odio) son los que constituyen las neurosis, proponemos tres conceptos operativos para organizar la exploración de lo ignorado:



  • La escena temida.

  • El personaje complementario.

  • El niño fantasma.


La escena temida

La escena temida se relaciona con una experiencia dolorosa negativa que no acabó de ocurrir. Se trata de una situación incompleta, un ajuste de cuentas que debemos hacer. Mientras no “cerremos” la situación, ésta contendrá energía psicológica, y como no queremos vivirla en el presente, la arrojamos continuamente al espacio vacío que tenemos por delante, el futuro (el desván de los miedos).

En otras palabras, la tememos porque el futuro implacablemente “se nos viene encima”, y nos acerca los monstruos que habíamos arrojado en él.
El personaje complementario

De acuerdo con este segundo concepto operativo, el del personaje complementario, siempre tendemos a jugar con los demás el mismo juego cuya matriz aprendimos en la infancia.

Toda matriz vincular tiene dos personajes: uno reprocha, el otro siente culpa; uno ataca, el otro evita; el masoquista necesita un sádico y el sometido un sometedor, etc., de lo contrario, el juego no es posible. Por todo esto, cada uno de nosotros necesita su personaje complementario. El asunto se complica y se pone confuso cuando el personaje real desaparece (se va, se muere) y se lo introyecta (lo mete imaginariamente dentro de sí). En este caso suele ser muy difícil detectar cuál fue el personaje original para desarmar el juego. Por ejemplo, una madre agresiva y controladora puede internalizarse en el hijo después de producida la separación física mediante una hipocondría que lo inmoviliza. Además, aferrarse al personaje complementario tiene por fin no perderlo, en el caso de nuestro ejemplo, no sentirse separado de la mamá, seguir aquel diálogo tan conocido con la agresión y el control.

En general puede decirse que todo síntoma se relaciona con un personaje complementario fantasma, en el desplazamiento de lo que nos pasaba en la relación con una figura arcaica importante. Las principales matrices vinculares se relacionan con el tipo de vínculo que se mantenía con los padres. Muchos síntomas son “recuerdos” que guardamos a lo largo de los años por no poder separarnos del rol complementario de algunos aspectos perturbadores de mamá, papá, un hermano, un tío, etcétera. Curiosamente en el trabajo terapéutico hay que tener en cuenta que a veces un paciente quiere guardar un síntoma como “recuerdo familiar”; esto debe respetarse, especialmente si el síntoma no resulta mutilante.


El niño fantasma

El tercer concepto operativo es el de niño fantasma. Este aparece cuando existieron momentos importantes de la infancia que han sido muy traumáticos y no elaborados. Como consecuencia se conserva internalizado en la persona un niño encapsulado, no integrado en la personalidad adulta. Se trata de un “yo-sido” no digerido. Resulta notable cómo es posible la conexión con este niño fantasma mediante técnicas como el ensueño dirigido o los diálogos gestálticos. Se llega a un nivel de reviviscencia tal, que se encuentran los dos adultos (el terapeuta y el paciente) conversando imaginariamente con el niño, explicándole lo que le sucedió en la infancia, que, por traumático no pudo ser comprendido por el niño. La sensación que tienen terapeuta y paciente es que el adulto creció alrededor del niño englobándolo. Yo por mi parte, más que psicólogo a veces me siento pediatra, pues con frecuencia tengo la impresión de que me traen a un niño psicológicamente lastimado. Y en el caso de algunos pacientes, en tanto no se configure ese niño angustiado, confundido y abandonado, no logro “pescar” la intimidad del sufrimiento de la persona adulta.

Por otra parte, cuando el paciente pasa los 40 años, comienza a configurarse otro fantasma, pero en esta ocasión se trata de un “yo-por-ser”, de un “viejo fantasma”. Lo que despierta preocupación no es aquello de lo que hubo que separarse, sino aquello que lo espera a uno. Esto es consecuencia de que transcurrida la mitad de la vida (lo que los norteamericanos llaman la midlife crisis) el tiempo comienza a percibirse no desde lo ya recorrido, sino desde lo que falta por recorrer. Se divisa entonces por delante “ese viejito” que nos espera para convertirse en nosotros. (Salvo que sea un depresivo; en este caso, ya somos el viejito).

LA EXPLICACIÓN

Realizada en parte la etapa de exploración, veremos que el material obtenido se encuentra desarticulado al igual que el que se suele extraer en las excavaciones arqueológicas. Las piezas vienen rotas y en desorden; el arqueólogo debe entonces proponer hipótesis que den coherencia al material, que expliquen la historia de esa “antigua civilización” que acaba de salir de su sepulcro. Es para el terapeuta el momento de arriesgar hipótesis de trabajo que indiquen la orientación de la tarea para una nueva exploración de lo inconsciente. Esta etapa es la del armado del rompecabezas que debe ir de la mera yuxtaposición de experiencias recordadas a una sucesión coherente que señale el movimiento de orientación de la persona, la meta hacia la que quiere avanzar. En el pasado se encuentra la plataforma para saltar al futuro. Y el paciente, especialmente el que se encuentra en estado de crisis, está paralizado frente a ese futuro, tiene desestructurada la trama de continuidad.

De acuerdo con nuestra concepción de la persona, se está sano, no cuando se está libre de angustia o adaptado socialmente, sino cuando sabe quién es, qué sentido tiene su vida, cuál es ese proceso único que es su historia. Y no hablamos de grandes ideales o destinos, sino de quedar en paz con uno mismo y coincidir con lo que llegó a ser, y programar aunque sea el futuro inmediato.

En esta etapa del trabajo terapéutico es cuando después de recorridos diversos niveles de exploración (dramáticos, corporales y otros) se llega a la palabra como el instrumento básico que ordena, que permite al paciente abandonar la subjetividad en la que estaba encerrado y volver al mundo de las explicaciones compartidas, ese espacio intermedio de símbolos que ordena el campo social (que nosotros llamamos cultura).

El terapeuta se constituye como el tercero en el diálogo subjetivo del paciente, que tiene el carácter de un triálogo, y que contiene la contradicción que lo paraliza y angustia. El terapeuta actúa como el testigo esclarecedor desde el espacio de la cultura, él objetiva, hace definibles, nombrables a los términos de esa oposición interna y permite que el paciente pueda elegir alguna de las alternativas, como síntesis de la contradicción. La historia tiene sentido no sólo a partir del pasado, desde las circunstancias que nos condicionan, sino también a partir de la elección del futuro que pueda hacerse, a partir del proyecto, a partir de lo que queremos hacer. Porque muchas veces el paciente recurre al tratamiento por algo que es incapaz de hacer y su problema radica en esa imposibilidad que tiene por delante.

De todos modos, a pesar de las singularidades individuales, todo proceso vital está inscripto en los modelos que suministra la cultura a que se pertenece. Cada sociedad define las etapas vitales y también los rituales de pasaje de una a otra, que organizan el proceso por el que se recorre una vida.


PROYECTO DE DESTINO

Como en las etapas anteriores propondremos dividir conceptualmente el tema, en este caso en las dimensiones del tiempo, para ayudar a armar este rompecabezas que es el proyecto de destino:



Pasado

La historia familiar (el secreto familiar).

La historia infantil (las matrices de vinculación).

Presente

La situación actual (los síntomas motivos de consulta).



Futuro

Las salidas posibles (la elección vital).


La historia familiar

Comprende tres generaciones: la de los abuelos, la de los padres y la de los hijos, e intenta detectar los temas no resueltos, las situaciones inconclusas que pasan como un “paquete generacional” de abuelos a padres y de éstos a los hijos (que son en el momento presente los pacientes). Decía Pichón Riviére que en toda familia hay un secreto, en general algo relacionado inconscientemente con lo incestuoso, lo psicótico, con una muerte, con un aborto, que genera culpas ocultas que rebotan como síntoma, dentro de la red histórica de abuelos, padres e hijos. El esclarecimiento de este secreto familiar es esencial para resolver y entender los síntomas del miembro considerado o elegido como “el enfermo”, llamado por Pichón Riviére el “chivo expiatorio” del grupo familiar.

Además, cada familia elabora también un mito, una explicación de su historia, de su origen, y que también indica hacia dónde va como desarrollo futuro. Este mito con frecuencia sirve para ocultar lo vergonzoso, los aspectos psicóticos del grupo, es decir, el secreto familiar.
La historia infantil

Las primeras experiencias producen los componentes básicos, con los cuales se comienza a configurar la historia personal. En esa época se imprimen las matrices de vínculos, roles, lugares, etc., que van a ir recubriendo el núcleo yoico y configurando los primeros yos.

Toda terapia profunda comienza por explorar los recuerdos infantiles. Allí estará la clave de lo que actualmente no se entiende, especialmente en los traumatismos infantiles. Es el momento arqueológico del trabajo terapéutico. Donde también será útil la capacidad deductiva del terapeuta-detective (es el momento de Sherlock Holmes) que propone hipótesis para unir indicios que reconstruyen lo que sucedió allá en el fondo de la historia del paciente.

Esta historia no es sencilla de encontrar, pues muchas veces se encuentra oculta, tapada por un mito encubridor, una “historia oficial” de los sucesos infantiles construida por padres y parientes. Esto es muy común en la clase media, cultura donde coexisten siempre dos planos, lo que sucede realmente y la lectura desde las normas adaptativas.

Un planteo esclarecedor y muy operativo en la práctica terapéutica es el concepto de guión de Eric Berne, él dice que cuando se gesta un niño, los padres comienzan a proyectar sobre él un guión, a proponer cómo será su vida y, en el momento de nacer, ese guión comienza a serle transmitido. Son las expectativas de cómo deberá ser ese hijo, según lo que los padres depositen en él. Este guión se relaciona estrechamente con la historia familiar, pues muchas veces se constituye por lo que quedó sin elaborar y depende de las frustraciones paternas y maternas. Para compensarlas los padres ven en el hijo una nueva oportunidad de lograr lo que no pudieron hacer en su vida. Esto es a veces causa de desastre, pues los intereses históricos cambian de una generación a otra y lo deseado por los padres puede resultar disfuncional en la generación del hijo.


Presente

La situación actual

El paciente se decide a buscar ayuda cuando sus síntomas comienzan a impedirle lo que desea hacer y sus mecanismos de defensa psicológicos cesan ya de controlar la angustia. De modo que siempre hay una situación actual que lastima. No puede ya manejar solo la situación, pues ésta lo desborda. A veces se le presenta como un punto de urgencia sumamente agudo, como en los casos de acting suicida o cuando el paciente debe enfrentar un cambio o una intervención quirúrgica muy temida. En estas ocasiones es necesario “entrar” al tratamiento por el punto de urgencia que, por lo demás, siempre depende de la patología arcaica de que se trate. Podría decirse que la sintomatología actual es una especie de psicodrama espontáneo de las escenas arcaicas temidas.

También el análisis de la situación actual nos permite evaluar “el piso” familiar con que cuenta el paciente para hacerle iniciar el proceso de tratamiento, respecto a esto el pronóstico de los borderlines (fronterizos) crónicos depende más del apoyo que puedan dispensarle los que rodean que del grado de la enfermedad que lo aqueja. No se puede hacer el pronóstico en el caso de estos adolescentes en tanto no se conozca a sus padres. Con padres muy locos como respaldo, la curación se hace extremadamente difícil, pues el muchacho es el depositario de la locura de la generación anterior, y esto resulta muy difícil de revertir sólo desde el consultorio.
Futuro

Las salidas posibles

Si la historia familiar e infantil dependen del pasado y la situación actual es el análisis del presente, las salidas posibles se refieren a la construcción del futuro. Según nosotros lo concebimos, el proyecto de destino depende de la integración de una historia que viene desde atrás, está siendo vivida en la actualidad y se prolonga hacia delante, el tiempo atraviesa el presente. El paciente busca ayuda porque no encuentra salida para su situación. Pero en el momento en que su historia se integra, las salidas se comienzan a configurar y en ese momento el paciente debe hacer algo que antes le era imposible: debe elegir una de ellas. No se puede andar si no se sabe hacia dónde. Si se de donde vengo, sé adonde ir.


La creatividad y la reconstrucción del deseo

Al comienzo la terapia remueve la estructura mutilante, la tarea es meramente abandonar los síntomas. Pero una vez que éstos ceden porque se elabora lo enquistado, se debe reconstruir la estructura del deseo; en este caso el giro del tiempo se arma al futurar recuerdos placenteros. Este es el momento del proceso terapéutico en que se deben rescatar los sueños de adolescencia y los juegos creativos de la infancia. Si no se hace esto, se corre el riesgo de que la energía psíquica que deja libre la resolución de los síntomas no encuentre en qué ejercerse y el miedo al vacío produzca la vuelta a lo conocido, esto es al juego neurótico. El espacio vacío que deja lo imaginario maligno debe llenarse con tarea imaginaria creativa. Y para ello es necesario contar con un coraje inicial mínimo para comenzar el cambio en la realidad que se le debe solicitar al paciente al concluir la etapa del proyecto. Ya se ha dado cuenta de por qué hacía lo que hacía; ahora debe cambiar en el mundo real.


SALIDA DEL PROCESO TERAPÉUTICO

La última etapa de toda terapia es que ésta llegue a la vida real. Si esto no sucede, el enfermo será en el mejor de los casos “un enfermo esclarecido”, pero enfermo al fin.

La etapa del cambio efectivo es sumamente delicada, pues en ella es donde se da el peligro de que el paciente se desconozca, de que tenga sentimientos de despersonalización. Curarse en la vida real resulta muy angustiante, pues significa realmente ser otro, “el curado”, y a nadie le gusta ser otro. Por esto el proceso terapéutico requiere cierto tiempo, debe ir de un paso al siguiente sin precipitaciones. Es posible acrecentar su eficacia y acelerar el proceso, pero nunca más allá de lo que admita la capacidad de transformación que tenga el paciente, aunque ésta se dé en la dirección que él requiere, esto es, de la curación. Presentaremos ahora los tres conceptos operativos que comprende esta última etapa:


  • Las prescripciones de acción.

  • La trama cotidiana (reingreso a familia y trabajo).

  • La funcionalización de la perturbación.


Las prescripciones de acción

Ya en las etapas anteriores hay que incluir algunas operaciones que debe realizar el paciente en el mundo real no sólo para atender a los puntos de urgencia, sino también para crear situaciones de dramatización espontánea en la vida cotidiana que ponen al descubierto las ansiedades. Se prescribe una cierta acción como parte del tratamiento, porque a veces si no comienza a hacer lo que teme, no es posible saber qué le sucederá cuando lo haga. Si alguien se rehúsa a salir a la calle porque teme encontrarse con un perro, no podremos curarlo del temor a temer a no ser que haga el esfuerzo de salir a la calle y enfrentarse en forma real con un perro. Le sucederá algo entonces que aclarará el origen de esa fobia (se desmayará, saldrá corriendo, atacará al perro, se creerá él mismo un perro, etcétera). Así tendremos pistas que nos permitan encontrar en qué reside la matriz inicial de la fobia, cual es el ancestral “verdadero perro”, a veces estaba tan cerca que era conveniente ponerlo lejos (se trataba del padre).

Es curioso cómo el pasado puede estudiarse en el futuro y viceversa, pues el presente es una especie de espejo que crea simetrías; lo que creemos que va a suceder, ya sucedió, nos puede volver a suceder. (En este punto resulta interesante ver cómo en la teoría psicoanalítica se escamotea la angustia de muerte, la verdadera y aterradora muerte que tenemos por delante, pues se la explica por el “trauma de nacimiento” como si ya hubiera tenido lugar. Se esconde en el pasado lo que está en el futuro).

Por último, en esta etapa debemos advertir al paciente que la curación tiene su precio y que tiene que estar dispuesto a pagarlo, entre otras cosas, tiene que resignarse a la pérdida de los beneficios secundarios del síntoma, esto es, a todas las ventajas que se le concedían por estar enfermo.


La trama cotidiana

Esta última etapa, la del cambio en el presente (aunque autopercibiéndose desde una historia), es la que consolida y estabiliza la curación. La persona reconstruye su trama cotidiana, su nuevo sistema de realidad. En las crisis, en las que se desestructuran las relaciones con el entorno, es muy importante ayudar al paciente a que se reinserte en el mundo familiar y a encontrar formas más creativas de realización personal.

En las crisis agudas la reconstrucción de la trama cotidiana puede significar el único camino inicial para la reconstrucción del yo. Winnicott se refiere a un entorno organizador del yo que lo sostiene e impide la desintegración. Ese entorno en el caso de los niños se constituye por los cuidados corporales que le dispensa la madre, el ambiente físico y los ciclos horarios, ritmos que permiten constituir pasado y futuro. Recordemos que en las crisis agudas la regresión produce formas arcaicas de existencia (puede llegarse cerca del bebé). Operar desde el reaprendizaje de la trama cotidiana es también la única terapia posible en el caso de los pacientes psicóticos crónicos. Esta es la base de la comunidad terapéutica de Maxwell Jones y la técnica del hospital de día. La debilidad yoica que tienen estos pacientes debajo del delirio estructurado hace que sea imposible y peligroso el intento de desarmar la construcción delirante en la terapia, pues su precaria identidad está armada en torno al delirio. Si se lo destruimos, sería como quitarle la caparazón de la tortuga; no quedaría nada que lo proteja. Pero sí es posible ir “disolviéndole” muy lentamente la caparazón por medio del aprendizaje de vínculos y estructuras compartidas procurándole un entorno sano. Un esquizofrénico es alguien que tuvo un adiestramiento infantil muy perturbado basado fundamentalmente en manipulaciones paradojales, según el concepto de Ronald Laing. Por eso es posible afirmar que un hospital de día es algo semejante a una “escuela para esquizofrénicos” en la que éstos deben re aprender los roles primarios: el deseo en relación con la madre, la ley en relación con el padre y la competencia o colaboración en relación con los hermanos; también deben ser aprendidas las reglas de uso del espacio-tiempo de la cultura en que estén incluidos.
Reinserción en la familia (función vincular)

El paciente que se transformó en otro, “el curado”, debe volver a la interacción familiar desde otro rol, pues el rol que tenía desde la enfermedad perpetuaba el juego grupal enfermo. En este análisis de la interacción social el grupo de Gregory Bateson de Palo Alto en Estados Unidos es el que a través de la teoría de la comunicación ha permitido técnicas realmente operativas en terapia familiar. Ellos analizan los esquemas enfermos de la interacción, dicen que toda interacción depende de un juego de roles, que tiene sus reglas y estas reglas pueden enfermar.

La principal causa de encierros en la enfermedad son producidas por lo que llaman mensajes o maniobras paradójicas donde el que la ejerce produce en el otro una situación cuya única salida es el síntoma. Por ejemplo: la orden “te ordeno que me desobedezcas”, sólo puede llevar a la paralización pues tanto si obedece como si no lo hace está en falta.

La terapia consiste en desarmar estos encierros paradójicos. El principal teórico de esta línea de trabajo es Jay Haley, y para adquirir esta valiosa técnica remitimos al lector a su libro “Estrategias en Psicoterapia” .



Reinserción en el trabajo (función estructurante)

Respecto a este último paso en la ayuda terapéutica desarrollaremos nuestro concepto de funcionalización de la perturbación.



Este es un concepto que se emparenta con la ortopedia. ¿Cómo hacer para que el defecto residual, al término de la terapia, no impida la reinserción laboral?... Pues puede ser encontrando dentro de las tareas del grupo aquellas que funcionalizan el síntoma residual. Por supuesto, nos estamos refiriendo a la etapa posterior a un esfuerzo terapéutico intenso que resolvió gran parte de la perturbación, pero en la que cierto desajuste sigue inalterado. Como ejemplo en lo orgánico, tómese el caso de una secuela de raquitismo; ya no es posible administrar calcio, de modo que habrá que encontrar para el paciente un oficio que no sea por ejemplo el de boxeador o ciclista (que por otra parte, por sobre compensación, es lo que más desea ser un ex niño raquítico).

Como cada caso es distinto, la tarea de ayudar a proponer al mejor ajuste social del paciente dado de alta, constituye un desafío a la imaginación tanto del terapeuta como del paciente. En la cultura popular hay un término exacto para esta acomodación: “el rebusque” que se debe encontrar para funcionalizar la perturbación. ¿El fóbico de bibliotecario?; ¿el insomne de sereno?; ¿el epileptoide en una empresa de demolición? ¿En qué medida corremos el riesgo de fomentar el síntoma del paciente y en qué medida ayudamos a su socialización? Esto debe resolverse en cada caso. Es un equivalente al problema que plantea la orientación vocacional, que intenta funcionalizar la estructura de personalidad según las características de las profesiones existentes.


Compartir con tus amigos:
1   2   3   4   5   6   7


La base de datos está protegida por derechos de autor ©psicolog.org 2019
enviar mensaje

    Página principal
Universidad nacional
Curriculum vitae
derechos humanos
ciencias sociales
salud mental
buenos aires
datos personales
Datos personales
psicoan lisis
distrito federal
Psicoan lisis
plata facultad
Proyecto educativo
psicol gicos
Corte interamericana
violencia familiar
psicol gicas
letras departamento
caracter sticas
consejo directivo
vitae datos
recursos humanos
general universitario
Programa nacional
diagn stico
educativo institucional
Datos generales
Escuela superior
trabajo social
Diagn stico
poblaciones vulnerables
datos generales
Pontificia universidad
nacional contra
Corte suprema
Universidad autonoma
salvador facultad
culum vitae
Caracter sticas
Amparo directo
Instituto superior
curriculum vitae
Reglamento interno
polit cnica
ciencias humanas
guayaquil facultad
desarrollo humano
desarrollo integral
redes sociales
personales nombre
aires facultad