Alcaldía mayor de bogota


MITOS, LEYENDAS, TRADICIONES POPULARES



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MITOS, LEYENDAS, TRADICIONES POPULARES

Presentamos este fragmento de narrativa del padre Bruno del barrio Rionegro porque resume la fundación de todos los barrios de la localidad. Se trata de historias barriales que tienen mucho de leyenda y que al mezclarlas con la realidad crean fascinantes mitos y leyendas de las colonizaciones, fundaciones, bautizos de parroquias, personajes característicos y vida diaria de los barrios obreros de la localidad 12


Fundación del barrio Río Negro – algunos testimonios -
Los fundadores de nuestro barrio eran de origen campesino...

La urbanización Rió Negro fue hecha por el señor Norberto Zamudio y sus hijos Norberto, Joaquín, Obdulia, Zoila, Carmen y la religiosa, Madre Asunción Zamudio Gaitán, en la comunidad Betlehemita, en el año 1934.


Las primeras escrituras fueron otorgadas por la notaria No. 4ª. de Bogotá a partir del día 28 de abril de 1934. En los planos y registros figuran 13 (trece) manzanas, que fueron la primera etapa del barrio. Cualquier información se obtiene en el libro primero de los registros de la notario 4ª, abril de 1934.
En esa época Bogotá contaba con 80 barrios y su población era de 336.312. Hoy cuenta con mas de 7 millones de habitantes, 13.000 barrios y 20 alcaldías.
La urbanización se hace sobre la hacienda “El Carmen”, la cual consistía en principio de tres potreros. Santa Cecilia, los pinos (donde está ubicada la parroquia de N.S de Guadalupe hoy en día), y los cerezos (hoy el triángulo de la cien).

Es de anotar que la hacienda comenzaba desde el río Rionegro hasta la Calle 170, limitando con la hacienda Morato.

La familia Zamudio vivía en Chapinero, carrera 9 con Calle 60, y era propietaria de la hacienda “el Carmen” hoy (río negro).

La finca era manejada por el señor Latorre y la señora Carmen Zamudio de Acosta en unión de su esposo. Sus fincas vecinas eran el Vergel, la Mediagua, Santa Cecilia, Santa Margarita, Potreros de los Montaña, y la hacienda Morato.

En el año 30 llegaron sus primeros fundadores, Román Alvarado y su señora Peregrina Martínez procedentes del municipio de Suba; Francisca López con su padre, provenientes del municipio de Usaquén. En un principio llegaron a trabajar en la hacienda, para las tareas de manejo de hatos y caballerizas y también en el cultivo y siega de trigo.
Ya en el año 34 comienza la urbanización. Sus primeros compradores de lotes fueron la citada familia Alvarado, doña Pachita; Ubaldo, Milciades, y Reyes Gil con sus familias; la familia Quiroga quien abrió el primer almacén de víveres; Luis Bolívar y familia; Vicente Prieto y familia; familia Carranza, “ primera panadería” entre muchos otros.
A la entrada del barrio, pasando por el puente sobre el río Rionegro, la primera casa que se encontraba fue habitada por Pedro Pinilla y en los años 40 fue ocupada por el señor Esteban Cruz y familia. Otra familia que llegó en los años 40 fue la de los Lagos. Una de las nietas es secretaria de la junta de acción comunal.
Todas estas familias llegaron de pueblos vecinos de Cundinamarca como: Gachancipá, Tocancipá, Cota, Suba, Subachoque y de la región de Pacho. Del departamento de Boyacá vinieron familias de diferentes pueblos, especialmente de: Sogamoso, Duitama y Jenezano.
Como ejemplo de lenguajes y costumbres de ruralidad, recuerdan perfectamente a la señora Sagrario Vargas de la Chapa, Boyacá, a doña Encarnación Bello y a otros que decían “yo vide que la jondió, luego trópico, “quien sabe pa donde cayo”. Se usaban otros términos como gerós: “este gerós indio”, “este cochambre”, por que sos tan embustero”; “ve este arremuesco”. “ usted es un pillo”. A la joven que había conseguido novio la gente le decía “ésta ya consiguió arremuesco”, “tese quieto su mercé”. Si alguno le tocaba a una joven la pierna ella decía “tese quieto, no me coja, que busté no casa con yo”. Otros parientes hablaban casi de la misma forma “ tese quieto, hora si fuera, amenito” Esta es su linda manera campesina de expresarse.
También se evidenciaban antiguas costumbres de nuestros campesinos cundí- boyacenses en el ceremonial de los padrinos de bautismo. Al encontrarse el ahijado con su padrino se arrodillaba frente a él y le pedía el bendito: consistía en que el padrino colocaba su mano sobre la cabeza de ahijado y decía “mijo, Dios te bendiga” y le regalaba una moneda. Este ceremonial era sagrado. Los padrinos siempre estaban obligados a socorrer a sus ahijados. Se esperaba más de ellos que de sus padres. El ser compadre de una persona era un compromiso delicadísimo.
Hay otras costumbres de nuestro pueblo que hoy en día nos hacen sonreír, como por ejemplo haber visto a doña Sagrario rascándose la espalda con una “tusa” de maíz colocada en la punta de un palo.

Nuestros primeros trabajadores se dedicaban a las labores del campo en las fincas o haciendas de los alrededores. En la hacienda El Vergel trabajaban casi el 80 % de los habitantes de Rionegro.


  1. Traslado de lo rural a la ciudad

Los años 30-40 eran momentos de tranquilidad. El campesino tenía todo el tiempo que quería para los cultivos. Los principales fueron: trigo, papa, maíz, arveja, haba, hortalizas, y en una forma mas tecnificada, los árboles frutales: la pera, la ciruela, el durazno y otros.

El agua se sacaba de los “aljibes”, lagunas y vallados para su consumo.

Los jóvenes tenían miedo de ir a esos lados y casi nunca iban solos, por que dos niños habían caído en los pozos y murieron; más de un borrachito perdió su vida allá. “...Y ¿qué decir de don Evangelista Vargas? Estábamos muy lejos de él por que nos amenazaba con echarnos al aljibe como castigo...”


Había parcelas o lotes grandes que necesitaban ser arados. En las pequeñas el trabajo se hacia de forma individual utilizando herramientas de mano, como el azadón, el rastrillo, el hacha, la pica, la pala, la macheta, el trocero, y el barreto. En los potreros grandes, en especial para el siembro del trigo, la papa, se utilizaba el arado tirado por la yunta de bueyes, que se componía de dos animales. Sobre ellos se colocaba el yugo al cual se amarraba el arado. La persona que manejaba la yunta tenia que ser experta: Con una mano se utilizaba el arado y con la otra el famoso casquillejo. Era una vara larga de 3 metros que llevaba en la punta una estrella rodante.Las voces de mando eran “jole, jole, moradito” “¡jole, jole perico!” (cada buey tenia su nombre). Estos animales eran tan obedientes que con solo el hecho de gritarles, hacían caso, guiados por el casquillo, casi como para acariciarlos.
La mata de pera, la breva, el durazno, el cerezo, la ciruela, la manzana eran los árboles frutales que existían en casi todos los lotes de Río Negro. Como también las hierbas medicinales, hierbabuena, toronjil, caléndula, cidrón, anís, ruda, manzanilla etc. Estas se utilizaban como remedios “ agüitas de hierbas “, de médicos , “ pocón”. Al mismo tiempo eran adornos en los jardines, la famosísima amapola (hoy flor maldita).
La siembra mayor en los solares era la papa, el maíz la arveja y uno que otro surco de verduras (el repollo que hasta la parroquia lo cultivo), la zanahoria, la acelga y el cilantro. Se acostumbraba guardar los alimentos de granos en el zarzo, hoy técnicamente llamado silo.

Respecto al sistema de cocina, afirman que se armaba un fogón sobre tres piedras y sobre él se colocaban las famosas ollas de barro. El fuego se alimentaba con leña que se recogía en la alameda que era el sitio donde se hallaba el cultivo de eucaliptos). De La Calera se traía leña y vendía por carga. Su transporte era en burros o asnos.

Se utilizaba mucho el maíz que era molido en piedra y machacado con otra piedra que se llamaba “mano”.

La principal comida de los trabajadores y habitantes era la mazamorra de maíz que contenía papa, arveja, habas, hueso, hojas de rabanca. Se consumía mucho arepa, envueltos y molidos de mazorca. También se hacia el mute. A los mayores no les podía faltar el maíz y habas tostadas acompañadas con guarapo que se cargaba en calabazos.

En todas las casas se preparaba esta bebida.Su fabricación se hacia en moyos de barro.
A propósito de la vivienda, en su mayoría eran pequeñas piezas que se armaban con diferentes materiales, de acuerdo a la posición económica. Por ejemplo se enterraban cuatro palos formando un cuadro de 7 metros, en forma rectangular de 3 x 4 metros y se forraban con láminas cartones y otros materiales formando una habitación. En la hechura de estas viviendas se utilizaban paredes de barro. Su mezcla se hacia con tierra, cal partes de bolsa y excremento de ganado (“boñiga”) el tejado era elaborado con pajas, dándole un aspecto típico y bonito. En algunos sectores de los municipios vecinos encontramos todavía viviendas de esa época.

Se dormía en esteras o juncos, tendidos en el suelo, o sobre un armazón en madera “ barbacoa”, elementos que se transportaban en los famosos carros de yunta de bueyes que constituían los primeros medios de transporte de los años 30. Para principios de los años cuarenta, se utilizaron para traer los primeros ladrillos provenientes de los “chircales”, situados en Suba de propiedad de don Romano Alvarado.


En la década de los 50 empiezan a lotear parte de los terrenos. Con ellos se da comienzo a la urbanización de la segunda etapa que esta comprendida así: De la hoy carrera 39 parte occidental hasta la transversal 41 oriente y del río hasta la hoy Calle 96.

Dentro de este sector se urbaniza el barrio Sevilla en 1960 de propiedad del laboratorio de Drogas Skoop.


La ropa se tenia que lavar en el río Puente Largo (Avenida Suba con Calle116). En ese río se pescaba lo mismo que en el Rionegro el apetecido “capitanejo”. También se cojían cangrejos que se tostaban en tiestos junto con unos animalitos, que se llamaban “aguapuchas”. Desde al año 39 más o menos, se instalaba un molino o barreno en el lugar que es hoy Calle 93 con carrera- 39. Y las señoras estrenan el lavadero y la población comienza a tomar agua brotada de la tierra.

Para algunos niños el primer trabajo fue transportar el agua en unos carritos de invensión criolla para cargar el agua: se transportaba el tarro de 5 galones de agua por dos o tres centavos. No olvidemos que en el año 50 el acueducto instalaba una pila en la avenida-95 con carrera –38 instalando después dos más: una en la carrera – 39 con Calle 92, hacia al ancianato o asilo la Manuelita; y otra en la carrera 91 con Calle 96 (hoy parroquia).


Del Aseo personal... “y mi sistema de baño y de mis hermanos era el siguiente: solo nos bañaban el cuerpo cada 8 días, el día domingo para ir a misa. El agua se sacaba del aljibe en tarros y la mama se la echaba a uno con una “totuma”.

Esta recordación nos la confirma afirmo el compañero Miguel Quiroga en su grabación y añade: “mi padre organizó dentro de su parcela los primeros baños públicos y lavaderos, usando el sistema del aljibe y ampliándolos cuando llegó el servicio del acueducto “. El jabón que se utilizaba era “de tierra”. La esponja de esa época era un casco de piedra o un pedazo de teja para refregar el carcañal del pie. Hubo ocasiones en que la familia iba a bañarse el río puente largo, uno de los mejores de Bogotá. Hacíamos el “ chingue”; solo en los Clubes usaban el famoso vestido de baño, una pantaloneta larga hasta la mitad de la rodilla para los hombres, y, para las mujeres un vestido apretado.


Nuestra ropa era de manta para hombres y niños, que traían de Samacá, Boyacá, y las mujeres usaban vestidos de telas. Nuestro calzado en un 95 % era la famosa alpargata, que se vendía en dos tipos: las de fique y las de cuero. ¡ que lindo detalle amarrarla con al galón negro alrededor del pie y de su alpargata! Para ir a la iglesia del Vergel, de Chapinero y de la Porciúncula nos quitábamos las alpargatas (quimbas) para no ensuciarlas las cargábamos amarradas a la soga del pantalón las colocábamos solamente para entrar al templo. Hacíamos lo mismo regresando a casa cuando pesábamos por frente a una chichería los hombres que se encontraban “pepiados o “envalentonados” por el efecto de la chicha o el guarapo, le gritaban a las mujeres y los niños: “dígale a su papa que le compre ‘quimbas’, por que se le joden las patas”.

No nos podía faltar el famoso sombrero “gorra”; con esto nos protegíamos del sol. El vestido de paño solo lo lográbamos en nuestra primera comunión con medias y zapatos.

En los varoncitos no nos podía faltar la “mochila con las piedras y la flecha” para la cacería de aves: copetones bobitos, toches, palomas y otros.


A finales de los años 50 el barrio comienza a dejar su parte agrícola para ir poco a poco convirtiéndola en zona de vivienda.

Rionegro se ha distinguido también por su gran sentido de solidaridad, sus gentes están siempre listas a obras benéficas.

En la década de lo 80 sufre un cambio radical. En un 60 % se convierte en sector comercial, depósitos, venta de repuestos para carros y proliferan por todas partes los talleres de mecánica. Esto ha obligado a algunos vecinos a vender sus propiedades para luego convertir los terrenos en bodegas, fenómeno que dio origen a mucho inquilinato. Nuestro ambiente sano pasa a ser contaminado.


                1. Hacienda el “Vergel”
      1. Lugar de anécdotas diversión y trabajo para los habitantes de río negro.

        1. Dice Luis Alejandro Barrero:


“ Somos muy pocas las personas mayores de 60 años nacidos en este barrio que recordamos con gratitud y la gran ayuda que recibimos de los dueños del Vergel hacienda situada en la parte oriental del barrio a partir de los 30 años hasta el 50 cuando se urbaniza dicha hacienda. La familia Cuéllar Calderón propietaria de la hacienda, siempre estuvo atenta a ayudar y socorrer a las personas necesitadas de nuestro barrio, dedicando atención especial a los niños, siendo padrinos de bautismo y confirmación de varios para comprometerse en ayuda a sus ahijados en ocasiones especiales como navidad pascua y cumpleaños. Su pequeña capilla fue testigo de nuestras primeras experiencias religiosas. Recuerdo a su capell{an Monseñor Mario Revollo y a Monseñor Emilio de Brigard.
El día 2 de mayo del 2003, localizamos al señor Andrés Martínez quien ya cumplió 80 años, persona que desempeño el cargo de postillón o conductor de los coches de la hacienda El Vergel. Comentaba a cerca de los paseos que hacia dicha familia en uno de los coches tirado por un caballo negro y uno blanco, recorrían las vecindades como Suba, Usaquén, Chico y Chapinero.

Esta finca se encontraba rodeada por canales de navegación, donde se usaban embarcaciones llamadas “góndolas” como en Venecia, con capacidad hasta de 8 personas, que se alimentaban de aguas provenientes de los cerros orientales. Las familias aristocráticas de Bogotá buscaban recreación en esta hacienda, además de otras diversiones, como paseos a caballo y todos admiraban las crías de patos y gansos como los pavos reales y otras aves domésticas.

Los novios encontraban un lugar romántico en la alameda sitio de árboles tupidos (eucaliptos).

Después de toda esta narración se constata que el 80 % de nuestros primeros habitantes fueron “peones “o trabajadores de la hacienda el Vergel, como ordeñadores, hortelanos, cocineros, palafreneros, etc. La hacienda era tan grande que necesitaba un gran numero de trabajadores. Entre sus capataces estaba el encargado de las siembras: Isidro Rojas con su esposa e hijos...” Vieras como cojía una botella de cerveza entre las palmas y molía el vidrio, botando los pedazos al suelo y con el carcañal del pie los volvía polvo. Nosotros pensábamos que el era el diablo ¡ oye esto ¡ cuando se volcaba un carro en la famosa “curva del diablo” (hoy Avenida Suba con Calle 95 bomba de gasolina) era la persona llamada para que lo sacara del vallado, que era perímetro de división de la hacienda con Rionegro; y, él solo, daba volteretas al carro hasta devolverlo a la vera del camino; ¡un verdadero Sansón!”

A Oswaldo Rocha, encargado del mantenimiento de las diferentes habitaciones de las casa patronal, le gustaba asustar a los niños y, jugando con nosotros, nos decía “ven que te voy a regalar un dedito (moviendo el dedo pulgar).

Pedro Pinilla era el encargado de las caballerizas. Juan Evangelista Vargas junto con su familia estaban encargando canales de navegación y vallados. Pablo Díaz junto con Rosendo Cogua, manejaba los hatos y transporte.

Rosendo Bello era el rey de los jardines. Y así muchos otros mas, todos ellos eran habitantes del barrio”.
En los años 30-45 no habitan mas de 30 familias todos los demás eran habitantes de municipios vecinos.

De los 45 a los 50 nuestra población comienza a aumentar. Cuando se empieza a construir el templo actual, año- 1964, sucede una fuerte migración sobre todo de Sotaquirá, Miraflores, Tibaná, Nuevo Colón, Ramiriquí y muchas otras poblaciones. Es bueno anotar la afluencia de personas de los pueblos vecinos de Cundinamarca, como también del Tolima en los años 52 y 54 se debió al inicio de la violencia “corte de franela, o decapitación”.

Narra Luis Alejandro Barrero: me acuerdo muy bien de la violencia que se vivió en el Tolima por que en esa época me correspondió el servicio militar por dos años en ese departamento. Siempre que la gente me pedía orientación hacia donde podía viajar, yo les recomendaba Bogotá por ser nuestra capital y por lógica, a mi querido barrio Rionegro. Yo solo les decía: “busquen la escuela militar y vecina a ella está mi barrio”, que, para esa época, estaba comenzando a poblarse el segundo sector.

De las numerosas fiestas religiosas nos quedaron la de la virgen del Carmen, el 16 de julio, fiesta de los comerciantes y de los conductores; y la celebración de nuestra patrona la virgen de Guadalupe, el 12 de diciembre.






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