Ajustes de plantilla y exposición a riesgos psicosociales


Exposición a riesgos psicosociales



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Exposición a riesgos psicosociales


Desde los trabajos de Canon y Seyle publicados 80 años atrás, se han formulado diversos modelos explicativos de la relación entre los riesgos psicosociales y la salud5 6 en el ámbito laboral, entre los que destacan los conocidos como Demanda – Control – Apoyo Social y Desequilibrio Esfuerzo – Compensaciones, aunque también han sido notables las aportaciones del Modelo Sociotécnico, y el Modelo Vitamínico. Estos modelos distintos pero conceptualmente próximos y complementarios se conocen como Teoría General del Estrés y permiten identificar las características de la organización del trabajo que afectan la salud, es decir los riesgos psicosociales. Estos riesgos se agruparían en:

- Las exigencias psicológicas del trabajo7 8, que tienen una doble vertiente, la cuantitativa y la del tipo de tarea. Desde el punto de vista cuantitativo se refieren al volumen de trabajo en relación al tiempo disponible para hacerlo. Desde el punto de vista del tipo de tarea implica exposiciones distintas en función de si se trabaja con maquinaria, herramientas, ideas y símbolos o con y para personas. Así, se distinguen las exigencias psicológicas de tipo emocional y de tipo cognitivo. El problema para la salud es tanto por exceso como por defecto.

- Los conflictos trabajo-familia, originados en la necesidad de compaginar tareas y tiempos laborales, familiares y sociales9, cuyas protagonistas principales son las mujeres. La realización del trabajo asalariado y del trabajado-doméstico familiar puede aumentar las demandas y horas de trabajo (doble trabajo)10. Pero además, la necesidad de compaginar ambos trabajos plantea también un conflicto de tiempos, puesto que ambos trabajos forman parte de la misma cotidianidad social, y el problema para la salud es que se interfieren, ya que frecuentemente es necesario responder a las demandas de ambos espacios en el mismo momento.

- El control sobre el trabajo (en la terminología empleada por Karasek)11 se refiere al margen de decisión en la cotidianidad laboral y a las oportunidades que el trabajo ofrece para aplicar y desarrollar habilidades y conocimientos y encontrarle un sentido, más allá del instrumental. El problema para la salud es por defecto y es el grupo de riesgos que la evidencia científica identifica como más importante en relación con la salud y el bienestar.

- El apoyo social (de los compañeros y de los superiores)12 y la calidad de liderazgo13, que afectan la salud de diversas formas. Las posibilidades de relacionarse que el trabajo ofrece representa la primera y más estructural de ellas (sin relación, no hay base objetiva para la ayuda), el apoyo social representa el aspecto funcional de estas relaciones (recibir la ayuda adecuada para realizar el trabajo de superiores y compañeros/as)14, mientras que el sentimiento de grupo representa su componente emocional. Además, el trabajo implica ejercer unos determinados roles, que pueden ser más o menos claros o pueden suponer algunas contradicciones, 15 en un contexto de cambios que precisamos poder prever 16. El problema para la salud es por defecto.

- Las compensaciones derivadas del trabajo, que Siegrist 17entiende como el control de estatus, la estima y el salario. La estima, incluye el reconocimiento, el apoyo adecuado y el trato justo, mientras que la estabilidad laboral forma parte del control de estatus o de lo que la investigación reciente denomina inseguridad y que incluye también la preocupación por los cambios no deseados de otras condiciones de trabajo fundamentales más allá de la estabilidad del empleo (jornada, salario, tarea…) 18.

La exposición laboral a riesgos psicosociales se ha relacionado profusamente con problemas altamente prevalentes como las enfermedades cardiovasculares19, los trastornos mentales20 21 y músculo-esqueléticos22. La combinación de unas altas exigencias con un bajo nivel de control sobre el trabajo (alta tensión en la literatura científica) o con pocas compensaciones, doblan el riesgo de muerte por enfermedades cardiovasculares, enfermedades que constituyen una de las principales causas de muerte en este país23. En su conjunto, entre el 25 y el 40% de los casos de enfermedad cardiovascular podrían ser evitados mediante la eliminación de la exposición laboral a la alta tensión, desequilibrio entre esfuerzo y compensaciones, trabajo sedentario y a turnos24. Así mismo, contamos con una creciente y documentada evidencia sobre la relación entre los riesgos psicosociales y los desórdenes psicológicos como son la depresión y la ansiedad, que arrojan evidencias similares de aumento de probabilidad de al menos el 50% de padecer estos trastornos a partir de la combinación de altas exigencias y bajo control o pocas compensaciones.

Los riesgos psicosociales también se han relacionado con otros muchos trastornos de salud como diversas alteraciones de base inmunitaria, gastrointestinales, dermatológicas y endocrinológicas25 y con algunas conductas como el hábito de fumar, el consumo de alcohol y drogas y el sedentarismo 26 27. Así mismo, se han identificado como una de las causas más relevantes de absentismo laboral por motivos de salud28 29.

Como ocurre en otros ámbitos de la prevención, los riesgos psicosociales se caracterizan por la desigualdad en la exposición, principalmente en base a la clase social y al género, habiéndose documentado profusamente que los trabajadores que realizan tareas de ejecución tienen exposiciones psicosociales más desfavorables para la salud que quienes realizan tareas de diseño, y las mujeres peores exposiciones que las de sus compañeros varones de la misma clase social.

Las prácticas empresariales de gestión de la mano de obra son distintas según el puesto de trabajo30, lo que conlleva exposiciones desiguales a los riesgos psicosociales. Por ejemplo, la mayor parte de puestos de trabajo que implican tareas de ejecución se gestionan con métodos de trabajo que implican ciclos cortos y estandarización de procesos (totalmente pautados). Ello supone por un lado, la inexistencia de poder de decisión de los trabajadores en esos puestos en relación a cómo realizan esas tareas y por otro, la imposibilidad de aplicar sus conocimientos y habilidades, es decir la exposición a la falta de influencia y posibilidades de desarrollo. Los estudios muestran que la incidencia del infarto de miocardio se dobla entre los trabajadores ocupados en los puestos de trabajo en los que se realizan tareas de ejecución estandarizadas. Así mismo, entre las personas que ocupan puestos de dirección y de técnicos la prevalencia de exposición es mayor en los riesgos relativos a las exigencias del trabajo31 32.

Mujeres y hombres ocupan posiciones desiguales en el mercado laboral dada la segregación ocupacional, horizontal y especialmente la vertical. Las mujeres son contratadas de forma más frecuente que los hombres para ocupar puestos de trabajo de ejecución en servicios (de restauración y hostelería, empresariales, sociales, personales y comunitarios, como vendedoras de comercios, administrativas) y en las ocupaciones menos cualificadas de la industria. Y las prácticas empresariales de gestión de la mano de obra utilizadas en estos puestos de trabajo conllevan mayores exposiciones a los riesgos psicosociales33. Así mismo, destacan las desigualdades entre hombres y mujeres en la exposición a la doble presencia, lo que se explica por la división sexual del trabajo doméstico y familiar34, además de por las prácticas empresariales relativas a la jornada y las exigencias de disponibilidad.

Procesos de ajuste de plantillas y riesgos psicosociales


Que se haya producido o no una reestructuración empresarial, que esta reestructuración suponga un ajuste de plantilla, qué procedimiento de ajuste sea utilizado, y sobre qué realidad empresarial se ponga en marcha, tiene un efecto evidente sobre las condiciones laborales. Las diferentes reestructuraciones empresariales que suponen un ajuste de plantilla permiten no tan sólo un mecanismo rápido y barato de adaptación ante variaciones del mercado o de la demanda, sino que además ofrecen una posibilidad de control laboral para “conseguir de los trabajadores la conducta laboral deseada”35. De hecho, los cambios en las condiciones de trabajo no se producen sólo sobre las personas que se ven afectadas directamente por el ajuste de plantilla, que pueden quedar desvinculadas total, parcial o temporalmente de la empresa, sino también sobre las personas asalariadas que permanecen una vez concluido el ajuste que quedan situadas en una posición más vulnerable.

Las reducciones de plantilla deterioran la salud de las personas afectadas y de las comunidades en las que viven, y contribuyen al mantenimiento de las desigualdades sociales en salud (impacto en colectivos con alteraciones de la salud, clase social, género, edad,…..)36. Por un lado producen “víctimas” que, expulsadas de su empleo, ven menoscabadas sus posibilidades de sustento y de participación social, excluidas de los beneficios que ésta aporta y abocadas a un entramado de deterioro de condiciones materiales de existencia que deterioran su salud general y mental37, mostrando mayores tasas de morbilidad y mortalidad, mayor prevalencia de conductas de riesgo38 y más altas tasas de suicidio39, efectos que se traducen en un deterioro de la salud general y un aumento de la mortalidad en comunidades con altas tasas de paro e inseguridad40 41.

Por otro lado, las reducciones de plantilla deterioran las condiciones de trabajo de las personas “supervivientes”, aquellas que mantienen su empleo tras el ajuste, y conllevan mayores exposiciones a riesgos psicosociales con un impacto negativo en su salud, especialmente a la alta inseguridad y la intensificación del trabajo42 43 44. Así, se ha referido como la “enfermedad del superviviente”45 al conjunto de inseguridad, culpa, pérdida de confianza y ambigüedad de rol experimentado con frecuencia por personas que han sobrevivido a despidos y para las que las condiciones de trabajo se han modificado sustancialmente46 47.

Por otro lado, un contexto de alto desempleo, ajustes de plantillas y despidos y, en general, de políticas de flexibilización del empleo debilitan al sujeto social individual y colectivamente, limitando el poder de negociación colectiva de los trabajadores y su capacidad para el ejercicio efectivo de sus derechos mediante la amenaza sobre la seguridad en el futuro de los "supervivientes" que, en consecuencia, pueden aceptar el empeoramiento de sus condiciones de trabajo y empleo a fin de mantener el trabajo asalariado48 49.

Los efectos sobre la salud de las personas “supervivientes” a reducciones de plantillas incluyen un aumento de las muertes por enfermedad cardiovascular50 51, el deterioro de la salud mental52 53 y de la salud auto percibida41 47.


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