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CRIMINALIDAD:


¿Prevención o promoción?

Elías Carranza

Naciones Unidas


UNED

Agradezco la información y los criterios de Emilio Solana Río, Jefe de la Sección Estadística del Departamento de Planificación del Poder Judicial; también la ayuda directamente brindada por la funcionaria Janice Mora Cantillano de esa oficina.

Agradezco efusivamente la lectura crítica y observaciones realizadas por las siguientes personas: Walter Antillón Montealegre, Enrique Castillo Barrantes, Fernando Cruz Castro, Jorge Delgado Solazar, Ana Isabel Garita Vilchez, Daniel González Alvarez, Rafael Angel Guillén Elizondo, Mario Houed Vega, Louk Hulsman, Henry Issa El-Khoury Jacob, Federico Marcos, Jorge Arturo Montero Castro, Luis Paulino Mora Mora, Ruth Morris, Sonia Navarro Solano, José María Tijerino, Mario Víquez Jiménez y Ronald Woodbridge.

La información que Frances Crook me envió sobre el Reino Unido me fue de mucha utilidad. También la ayuda de Juan Bautista Chavarría para la confección de los gráficos y para discutir criterios estadísticos.

Como en otros trabajos, la relación intelectual con Raúl Zaffaroni alimentó mucho el contenido de este libro. Un reconocimiento especial me merece Rita Maxera. Obviamente, la responsabilidad del contenido final, es de su autor.

PRÓLOGO

Lo he dicho muchas veces, de muy distintas maneras. Hoy lo digo de nuevo: en América Latina, los criminólogos tenemos que arrollarnos las mangas y agacharnos a recoger los datos concretos de nuestra realidad social y penal. Esto supone un quehacer laborioso y lento, pero solo así lograremos despejar el conocimiento de la criminalidad en nuestro continente. Solo así podremos contrastar, depurar y darle sentido a las elaboraciones teóricas foráneas que adaptemos y desarrollar las nuestras propias. Hecho eso, quedará preparado el camino para la proposición de medidas de política criminal. Sin aquel esfuerzo previo nos quedaremos, como ha sido usual en el pasado, en puras especulaciones etéreas.

El texto que nos ofrece Elías Carranza tiene precisamente, entre otras que luego mencionaré, la virtud de asentarse sobre la discusión de nociones empíricas, para proceder luego a hacer el análisis teórico y arribar, finalmente, a la proposición de soluciones. Tomando como punto de referencia principal a Costa Rica, país que conoce profundamente y que puede servir de paradigma para el estudio criminológico de otras naciones, el autor proyecta su haz de luz sobre una problemática común a muchos países. Parte de una base empírica, pero con la prudencia y la madurez que son propias de un criminólogo experimentado como él, precisa con cautela las limitaciones de las fuentes de datos a las que recurre, en especial las de las estadísticas oficiales. Con esas reservas, Carranza se lanza al análisis información en dos planos simultáneos que lo hacen de suyo útil e incesante: lo conduce de manera evolutiva, es decir, en una dimensión temporal abarcando un largo período de más de una década, y a la vez lo lleva en una perspectiva comparativa, librándose a un valioso y revelador ejercicio criminología comparada.

Además de los datos que aporta y del análisis enjundioso que ha autor, el libro trasciende el examen de datos para adquirir un innegable valor heurístico, por causa de las que Elías Carranza llama "líneas de investigación". Como corolarios lúcidamente extraídos de la revisión de datos, estas líneas son un verdadero programa de investigación que propone a los colegas de América. Ojalá que esto fecunde algún proyecto de investigación comparada, que profundice los aspectos sugeridos por el autor.

Con el respaldo de conocimientos empíricos sólidos, Carranza emprende en este libro una lucha contra los mitos. Arremete contra prejuicios viejos y recientes, contrafalsas ideas que se han ido sedimentando a lo largo del discurrir histórico de la criminología. Una por una, minuciosamente las va derribando. He aquí una beneficiosa contribución para un entendimiento de la criminalidad latinoamericana y de los sistemas de administración de justicia. En temas tales como el de la delincuencia violenta, el de la comparación cuantitativa entre homicidios dolosos y culposos, el de la relación victima-victimarío, y el del papel distorsion que juegan a veces los medios de comunicación colectiva, Elías Carranza destruye mitos y aporta nuevas nociones.



Esto le lleva naturalmente al punto de lo que, en el título de la obra ha denominado la "promoción " de la criminalidad; nos muestra cómo, a partir de ideas erradas, se pasa a la puesta en practica de medidas de política criminal igualmente erradas. Se opone, por ejemplo, a las ecuaciones comúnmente aceptadas de "más policías, menos delincuentes" y de “más cárceles, menos delincuentes", para hacer un llamado en busca de medidas que, en lugar de promover el delito, sirvan efectivamente para prevenirlo.

De esos planteamientos obtiene Elías Carranza, por deducción rigurosamente lógica, su formulación de los objetivos primarios de una Política Criminal. Se trata, ni más ni menos, que de la sistematización de un conjunto de soluciones realizables. Con ella, el autor le ofrece a Costa Rica y a los países de la región latinoamericana -y, probablemente, de allende- una sugestiva y coherente vía de acción, inspirada desde muy hondo por una actitud humanista y humanitaria, de la que son capaces solo los hombres que han visto de cerca el espectro de una represión estatal desenfrenada.

Esa generosa actitud se plasma con evidencia en la preocupación del autor por los jóvenes, al invitarnos a meditar, en la segunda parte del libro, sobre tres posibles sustitutos de la privación de libertad en la justicia juvenil.

Estoy seguro de que la comunidad académica y los operadores de los distintos componentes de los sistemas de justicia penal en América Latina agradecerán el aporte, realista e imaginativo al mismo tiempo, que nos hace Elías Carranza, y que lo tomarán como un estimulo a la investigación y a la reflexión.

ENRIQUE CASTILLO BARRANTES


CONTENIDO

PRÓLOGO
Primera Parte
CRIMINALIDAD: ¿PREVENCIÓN 0 PROMOCIÓN?

LA PREVENCIÓN

Y LA “PROMOCIÓN” DEL DELITO, Y EL TERRORISMO INFORMATIVO

LA CRIMINOLOGIA COMO IDEOLOGIA Y COMO CIENCIA FÁCTICA

RECEPCIÓN Y DESARROLLO DE LAS TEORÍAS CRIMIN0LÓGICAS EN AMÉRICA LATINA. TRES NIVELES DE ANÁLISIS

EL AUMENTO DE LA CRIMINALIDAD. SU MEDICIÓN. DISTINCIONES NECESARIAS. NATURALEZA DE LA INFORMACIÓN QUE PRESENTAMOS

DELITOS CONTRA LA PROPIEDAD

DELITOS QUE PRODUCEN

EL ENRIQUECIMIENTO DE SU AUTOR

- Los delitos contra la propiedad en la criminología comparada. Estos delitos varían en relación inversa a los niveles de consumo

- Teorías y líneas de investigación por profundizar

DELITOS CONTRA LA PROPIEDAD QUE NO PRODUCEN ENRIQUECIMIENTO



DELITOS SEXUALES

DOS CATEGORIAS DENTRO DE LOS DELITOS SEXUALES

- El aumento de la criminalidad real en los delitos que implican comercio sexual


  • El aumento de la criminalidad registrada en los delitos sexuales más convencionales

La relación vincular víctima-victimario

Las teorías del relativismo cultural y del conflicto de normas de cultura

DELITOS CONTRA LA VIDA

EL DELITO DE AGRESIÓN

LA PROLIFERACIÓN DE ARMAS NO DETIENE EL DELITO Y ELEVA LOS NIVELES DE VIOLENCIA. NECESIDAD DE LIMITAR SU TENENCIA Y PORTACIÓN

LA FUENTE DEL MAYOR NÚMERO DE MUERTES VIOLENTAS EN EL PAÍS: LOS HOMICIDIOS CULPOSOS

ANÁLISIS DEL DELITO DE HOMICIDIO DOLOSO

- Comparación con los homicidios en otros países

- Importancia de la relación vincular víctima-victimario

SUICIDIOS

- Los adolescentes como grupo de riesgo suicida. Una falsa creencia generalizada

COMPARACIÓN DE SUICIDIOS Y HOMICIDIOS. UN INTERESANTE CASO PARA LA SOCIOLOGIA DEL CONOCIMIENTO Y OTRAS DISCIPLINAS



LA CRIMINALIDAD Y SU PERCEPCIÓN, DELITO Y TEMOR AL DELITO. IMPORTANCIA DE LA DISTINCIÓN

RESUMEN DE LA INFORMACIÓN SOBRE TENDENCIAS DE LA CRIMINALIDAD EN COSTA RICA

LA PREVENCIÓN POSIBLE

¿AUMENTAR EL NÚMERO DE POLICIAS?

- Relación entre los recursos asignados a la policía, al poder judicial y los sistemas penitenciarios

- Relación entre los recursos asignados a seguridad y a bienestar social

- Policía borbónica versus policía de la comunidad. Conveniencia de uno o de varios cuerpos policIales

¿AGRAVAR LAS PENAS Y AUMENTAR EL NÚMERO DE PRESOS?

- Falsedad o falta de verificación de la ecuación "más prisión = menos delito".

Teoría de la indiferencia o de la alternancia de las sanciones

- Reducir o eliminar el delito mediante el aumento del uso de la pena de prisión: una solución imposible

- La prisión: una solución ineficiente

- La prisión: una solución éticamente objetable

LA JUSTICIA PENAL COMO SISTEMA. NECESIDAD DE UN PROGRAMA DE POLITICA CRIMINAL

CONTROVERSIA SOBRE EL SISTEMA DE JUSTICIA PENAL

- La "selectividad" del sistema. Mecanismos para reducirla

- La exclusión de la víctima y la "expropiación del conflicto”

LA VERDADERA PREVENCIÓN: LA ANTERIOR AL DELITO

ALGUNAS PRIORIDADES PARA UN PROGRAMA ACTUAL DE POLÍTICA CRIMINAL

ALGUNOS OBJETIVOS PRIORITARIOS

ALGUNAS ACCIONES POR TOMAR EN CUANTO A LA PREVENCIÓN ANTERIOR AL DELITO

ALGUNAS ACCIONES POR TOMAR EN LOS NIVELES LEGISLATIVO Y DEL SISTEMA DE JUSTICIA PENAL (PREVENCIÓN POST-DELICTIVA)


Segunda Parte
ALTERNATIVAS A LA PRIVACIÓN DE LIBERTAD

EN LA JUSTICIA JUVENIL: REMISIÓN, RECONCILIACIÓN

ENTRE VICTIMA E INFRACTOR, LIBERTAD ASISTIDA

TRES PRESUPUESTOS BÁSICOS

ALTERNATIVAS A LA PRIVACIÓN DE LIBERTAD PARA INFANTES Y ADOLESCENTES

REMISIÓN


RECONCILIACIÓN DE LA VICTIMA CON EL OFENSOR

LIBERTAD ASISTIDA



NO PENALIZAR LA POBREZA

ANEXO

BIBIOGRAFÍA GENERAL

PRIMERA PARTE

CRIMINALIDAD:

¿PREVENCION 0 PROMOCION?

LA PREVENCION Y LA “PROMOCION” DEL DELITO, Y EL TERRORISMO INFORMATIVO

Vivimos un momento regional en América Latina en el que se ha producido un aumento cierto de determinados delitos, y hay razones objetivas, algunas de las cuales intentamos identificar en este ensayo, que explican que ello sea así1. Al mismo tiempo, es mucho lo que se afirma equivocadamente sobre la criminalidad, creemos que en la mayoría de los casos no por mala fe, sino por falta de información apropiada y, a veces, hasta con decidida buena intención. Sin embargo, estas afirmaciones han ido generando un terrorismo informativo y un estado de alarma pública que hacen daño a la sociedad, que multiplican los problemas realmente existentes, y que podrían dar lugar a medidas también equivocadas de política criminal. Quisiéramos con el presente trabajo contribuir en alguna medida a corregir esta situación.

Nuestro ensayo se hace esencialmente sobre la base de información sobre la criminalidad y la reacción social de los trece últimos años de Costa Rica, país al que conocemos mejor que a otros de la región, y que ofrece la ventaja de contar, como ningún otro en ella, con un sistema bien integrado de justicia penal e información de base bastante rigurosa, indispensables para la tarea de análisis criminológico que acometemos.

Sin embargo, Costa Rica participa de la realidad regional a la que pertenece, y los fenómenos de la criminalidad y de la reacción social a ésta son, también, con tonalidades, los de los países de América Latina en general. Es por ello que en varios lugares del texto hemos necesitado introducir información y análisis comparativos de otros países de América. Eventualmente este trabajo podría tener también en ellos alguna utilidad.

Los temas de la criminalidad y la prevención son muy amplios. En la primera parte centraremos primordialmente nuestra atención en el análisis de la frecuencia -aumento o disminución- de los delitos, dato básico, ya que suele darse por aceptado, sin mayor respaldo y sin hacer distinciones entre ellos, que Ia criminalidad aumenta", y sobre esa base, se formulan ulteriores razonamientos y conclusiones. A partir de dicho análisis, incursionaremos también en el caso de determinados delitos en particular, en la teoría criminológica y, en alguna medida, en las políticas y acciones de prevención y también de "promoción" del delito (esto último se refiere a algunas medidas inapropiadas de reacción que, en lugar de prevenirlo, lo promueven o agravan sus consecuencias), y concluiremos proponiendo algunos objetivos mínimos de política criminal y también algunas acciones para alcanzarlos. Con tal propuesta se cierra la primera parte de nuestro trabajo.

La segunda parte del libro trata de un tema específico: las alternativas a la privación de libertad en la justicia juvenil y tres ejemplos concretos de éstas: remisión, reconciliación entre víctima e infractor y libertad asistida. Antes, en diversos lugares de la primera parte, fundamentamos la importancia de reducir el uso de la prisión y de promover formas de resolución de conflictos diversas a la penal para todos los grupos etarios y sectores de la sociedad. Pero América Latina es un continente eminentemente joven en el que el 54 % de la población tiene menos de veinticuatro años (CELADE 1990: 11), y esta población constituye la cantera inagotable que alimenta las Industrias del control del delito" en nuestros países. Esto último es, por otra parte, hasta cierto punto inevitable, por cuanto la criminología ha verificado la constante de que los delitos más convencionales aumentan en relación directa con el número de los jóvenes de sexo masculino en la sociedad (Field 1990:9). Pero, tal como en las páginas que siguen procuraremos demostrar, afrontamos también un momento regional en el que se suman condicionamientos estructurales sociales y económicos que hacen previsible un aumento aún mayor de ciertos delitos y también del uso de la prisión como reacción a ellos; pero habría que controlar esta respuesta para que se dé al menos dentro de cauces de racionalidad, ya que ni en la naturaleza ni en las posibilidades del sistema de justicia penal está corregir la estructura social. Como en el texto lo expresamos, habría que restringir al mínimo posible el encierro para todos los seres humanos y para los seres vivos en general, y muy especialmente para los niños, niñas y adolescentes.

Las posibilidades de respuestas no penales a los conflictos sociales y de respuestas sin prisión en los casos en que inevitablemente la resolución del conflicto deba ser penal, son muchas. No pudiendo tratarlas a todas en este trabajo, hemos querido, no obstante, por la importancia de la materia, referimos al menos a tres de ellas que creemos podrían ser muy útiles en nuestro medio.

LA CRIMINOLOGIA COMO IDEOLOGIA Y COMO CIENCIA FACTICA

El tema del delito, de su prevención y represión --como es también el caso de muchos otros tenías políticos, sociales y económicos- viene cargado de subjetividades y de ideologías2, y quienes lo tratamos o proponemos medidas de política criminal para enfrentarlo, frecuentemente confundimos lo que es nuestra percepción del fenómeno, nuestros conceptos éticos, o nuestra percepción de algunos hechos o delitos particulares, con la realidad, y proponemos "soluciones" y normas para “la realidad" o para "el delito" a partir de nuestra forma de pensar y de esta percepción particular, distorsionante, de casos aislados.

En el mundo actual, a esta distorsionada percepción subjetiva de la realidad social debe añadirse el fenomenal impacto objetivo de los medios de comunicación de masas, que tienen la capacidad de transformar en "hechos sociales" los hechos “publicados" por la prensa televisada, oral o escrita, cualquiera sea la realidad y frecuencia de éstos.

En la reducida extensión de este trabajo trataremos de brindar, en forma ordenada, la mayor cantidad de información que podamos ofrecer, de manera tal que las principales conclusiones surjan, en lo posible, por sí solas. Preferimos esto a expresar demasiados juicios de valor con poco sustento empírico. Este es otro problema de la criminología3 y de las ciencias sociales en general: quienes trabajamos en ellas generalmente olvidamos que son ciencias fácticas, y las confundimos con la ética, contribuyendo a diseminar y a aceptar como información científica cualesquiera opiniones o juicios de valor, con sólo que sean expresadas en forma literariamente aceptable o sustentadas en el criterio de autoridad.

A pesar del gran desarrollo contemporáneo de la lógica de la investigación científica, el ideal de Leibniz de una Matemática Universal, por medio de la cual la verdad se descubriera con facilidad midiéndose el valor de los diferentes argumentos y así cesaran las discusiones sin sentido, no parece alcanzable. Pero son las ciencias sociales las que se encuentran a mayor distancia de este ideal. En ellas no sólo es frecuente encontrar que los discursos se desarrollan sin respeto de las leyes de la lógica, sino que suele no existir acuerdo sobre los objetos mismos de investigación, y es muy frecuente ver que se hace una falsa distinción tajante entre lo "cualitativo" y el análisis de casos individuales, y lo “cuantitativo” o estadístico, como si pudiera abordarse cada uno de estos ámbitos por separado y con un método distinto, y dando una carta blanca para que cualquiera pueda decir cualquier cosa de cualquier objeto de conocimiento a partir de su conocimiento fragmentario de casos individuales.

En materia de criminalidad, esta forma de generar e impartir "conocimiento” ha impedido su análisis objetivo en la sociedad, alarmándola con la difusión de datos fuera de contexto y con la difusión de aserciones falsas. Posiblemente, la más notoria y reiterada de éstas a lo largo del tiempo ha sido la de que los homicidios van en aumento, afirmación que ha venido haciéndose a lo largo de muchos años a través de los medios de comunicación de masas y con frecuencia por boca de funcionarios públicos, siempre sobre la base del número absoluto de casos, exhibiendo que "este año se cometieron más homicidios que el año anterior” (lo cual es lógico que así sea puesto que la población del país aumenta) y sin referencia, como debe hacerse, a las tasas del delito, que nos indican la realidad del aumento o disminución de acuerdo con el número de habitantes. Como en el capítulo de los delitos contra la vida podremos ver, en Costa Rica los homicidios han venido manteniendo, desde hace al menos doce años, una tasa de entre 3.5 y 4.4 por cien mil (muy baja dentro del contexto regional). Finalmente, en 1992, como la “profecía que se autorrealiza", los homicidios elevaron su tasa hasta alcanzar 5 por cien mil, cifra que, no obstante, sigue siendo, con excepción de Canadá, la más baja de los países de América que ofrecen estadísticas contables pero a la que hay que prestar atención, pues junto a otros indicadores que más adelante se señalan, estaría sugiriendo cambios en la orientación de la criminalidad, hacia formas de mayor violencia. Nuestra interpretación es que, concurrentemente con las razones objetivas que generan nuevas formas del delito, las políticas sociales, y en especial las políticas criminológicas, han contribuido en algunos casos a generar y multiplicar el fenómeno, en lugar de reducirlo. La regulación existente sobre compra y portación de armas de fuego, con su liberal acceso a ellas -tema sobre el que nos detendremos especialmente- es una de las medidas desacertadas de la “promoción” del delito que habría que corregir.

Otra afirmación que causó revuelo es la de que han aumentado los “sátiros" y los delitos sexuales. El presente conocimiento sobre la materia no permite verificar la verdad o falsedad de esta proposición sobre una categoría de delitos que cuenta con una muy elevada cifra negra, pero la información de que se dispone indica que la cifra real de estos delitos se mantendría estable. Volveremos sobre esto con más detenimiento.

RECEPCION Y DESARROLLO DE LAS TEORIAS CRIMINOLOGICAS EN AMERICA LATINA.

TRES NIVELES DE ANALISIS


Las teorías sociológicas “de alcance medio”4 (explicativas de la criminalidad según grupos etarios, categorías delictivas, grupos culturales, niveles socioeconómicos y otros) no han sido objeto -salvo algún caso excepcional- de verificación empírica en los países de América Latina. Un tanto mejor ha sido el caso de la recepción, a partir de los años setentas, de las teorías "de la reacción social" (labelling approach)5 con desarrollo teórico y cierto volumen de investigación de campo particularmente en Venezuela (en Costa Rica, sobre ellas, véase Castillo 1980). También ha habido desarrollo teórico a nivel macrosociológico, de la criminalidad y los procesos de criminalización, y de la justicia penal, en las variadas líneas que podrían englobarse bajo las denominaciones de criminologías "del conflicto” y "crítica" (sobre ellas, Baratta 1986; Larrauri 1991).

En nuestra interpretación, ninguno de los tres niveles de análisis citados desplaza o invalida a los restantes, contribuyendo por el contrario a rectificarlos e integrarlos; y en todas las épocas ha habido criminólogos que frontalmente, o en forma tangencial, se ocuparon de cada uno de ellos, si bien las criminologías de la reacción social y crítica se sistematizan como tales avanzada la segunda mitad del presente siglo. De cualquier manera, no obstante la labor adelantada de algunos pioneros y el cierto grado de contemporaneidad de los tres niveles de análisis, es apenas a partir de los años sesentas que se produce, primordialmente en Estados Unidos, un salto cualitativo con el desarrollo del “Iabelling approach”, movimiento que pone definitivamente de manifiesto que la criminología tradicional (ocupada casi exclusivamente con las causas o la etiología del delito) había omitido en su análisis una parte muy importante del fenómeno criminal, limitando su objeto a la acción delictiva y pasando por alto la interacción que construye o produce aquello que será en última instancia "definido como delito”. Entran entonces dos nuevas dimensiones que modifican e integran el nuevo objeto de la criminología: el proceso de gestación de las leyes penales (proceso de criminalización primaria), y el proceso de interacción `sistema de justicia penal-infractor`, que determinará quiénes, en concreto, serán definidos delincuentes (proceso de criminalización secundaria). Las teorías criminológicas de alcance medio explicativas de la criminalidad, englobadas como “causalistas" (aunque muchos de sus autores no utilizan este término) deberán, a partir de entonces, rectificar en mucho sus hallazgos, que habían sido hechos a partir de un objeto fragmentado del fenómeno de la criminalidad.

Los aportes y lo desechable de las diversas teorías está lejos de haber sido sistematizado definitivamente hasta el momento. Por lo demás, creemos que sería muy difícil hacer tal sistematización en una sola teoría en razón de la imposibilidad de definir “la" criminalidad y explicarla con una sola teoría frente a la multiplicidad de delitos previstos en las leyes penales y la multiplicidad de conductas que pueden tipificarlos.

Como antes dijimos, este trabajo tiene como primordial objetivo describir la evolución de la criminalidad en Costa Rica durante los últimos trece años, tarea que consideramos un presupuesto indispensable de cualesquiera ulteriores interpretaciones criminológicas o de la adopción de políticas de prevención. Al hacer esto, y en la medida en que de la información recogida surjan relaciones significativas, las pondremos de manifiesto, y haremos referencias de mayor o menor profundidad a aquellas teorías que consideramos que, en caso de ser adaptadas (eventualmente modificadas) y convenientemente operacionalizadas para su verificación en nuestro medio, podrían echar luz en la materia. También, en coincidencia con la información que hemos tomado como base para nuestro análisis, procuraremos referirnos a la producción criminológica nacional relevante en cada caso.

Somos conscientes de que la tarea que emprendemos es difícil, y de que nuestro trabajo es solamente un primer ensayo que deberá ser objeto de integraciones y eventuales rectificaciones por parte de los especialistas. Hegel en su Fenomenología del Espíritu evoca la imagen de aquel escolástico que quería aprender a nadar antes de echarse al agua. Hemos preferido "echarnos al agua", en el entendido de que la criminología es una ciencia fáctica, y que la política criminal necesita, para no andar a tientas, servirse de ella, y que la mejor manera de lograr esto sería analizar la información disponible y discutirla, integrándola con mayor y mejor información si esto fuera posible.

Comenzaremos, por tanto, desplegando la información que hemos podido recoger. Pedimos al lector que trate de superar el tedio provocado por las cifras -actitud que es producto de nuestra formación cultural, con su falsa contraposición entre las humanidades y las demás ciencias fácticas y formales- para adentrarse en el análisis crítico de los datos que a renglón seguido presentamos6.

El tema es muy vasto, y reconocemos que nos quedarán muchas cosas en el tintero, que quisiéramos desarrollar en el futuro, en un trabajo de mayor extensión.

EL AUMENTO DE LA CRIMINALIDAD. SU MEDICION. DISTINCIONES NECESARIAS. NATURALEZA DE LA INFORMACION QUE PRESENTAMOS

Tomaremos, para determinar cómo evoluciona la criminalidad, información de las tres categorías delictivas de mayor frecuencia de casos: delitos contra la propiedad, delitos sexuales y delitos contra la vida7. Estas categorías son, también, las que generan mayor alarma social e inciden, consecuentemente, en forma notable sobre las medidas gubernamentales de política criminal. Omitimos tratar aquí los delitos relacionados con drogas y otras formas de delincuencia organizada por la especificidad de dicha materia8.

Cabe adelantar algo que el lector advertirá por sí sólo al observar los datos: en absoluto puede hablarse de `la criminalidad` como de algo que aumenta o disminuye de manera homogénea y que pueda contrarrestarse con medidas de prevención también homogéneas o uniformes. La diversidad de tipologías delictivas y de delitos dentro de cada una de ellas es muy grande, y en consecuencia, también son muchas las medidas posibles de prevención. Las sociedades de nuestra región, sin embargo, conocen solamente dos: aumentar el número de policías, y aumentar el uso e intensidad de la pena de prisión. Volveremos sobre este tema más adelante, pero digamos por ahora que esta manera tan poco imaginativa de responder al delito, no obstante su ineficacia, es muy generalizada en todo el mundo, aunque en notable menor medida en algunos países de la Comunidad Europea y en Canadá, cuyas políticas en esta materia deberíamos observar con atención, pues exhiben una gama de respuestas mucho más variada, eficaz y de menor violencia que las que conocemos en nuestros países9.

Hay mucho escrito sobre medición de la criminalidad, y el tema no es pacífico. Tradicionalmente -y en la actualidad se lo sigue haciendo- la criminalidad ha sido medida por medio de las estadísticas de los sistemas de justicia penal, en sus niveles policial, judicial y penitenciario. Sin embargo, no faltaron criminólogos que advirtieron que la criminalidad registrada por los sistemas de justicia penal es sólo una pequeña fracción de la criminalidad real y que, por otra parte, las personas que son condenadas y las personas que entran al sistema penitenciario son a su vez una pequeña fracción de aquella fracción de casos de la criminalidad real que ingresa al sistema de justicia penal (Un resumen de los principales problemas de las estadísticas oficiales y de los autores que los tratan, en Vetere 1976: 18 y ss.). Esto sirvió para que en la segunda mitad del presente siglo se rectificaran muchas conclusiones de la investigación criminológica realizada hasta el momento, que se habían hecho sobre la base de muestras no representativas de sus universos de estudio, y para que se creara, junto al concepto de criminalidad, el concepto de “criminalización", para designar la acción del sistema de justicia penal en su tarea de selección de aquella fracción de la población delincuente que, además de delinquir, es registrada y sancionada por el sistema.

Lo dicho hasta aquí debe servirnos para prevalernos de interpretar que las cifras que se presentarán en este trabajo representan la criminalidad real (o el total de los delitos efectivamente cometidos), pues quedan por fuera un cierto número de delitos no detectados o no denunciados, cuyo volumen, en el caso de los delitos contra la propiedad y contra las personas, se ha determinado que, como patrón general, aumenta en relación inversa a la gravedad de los delitos en cuestión, es decir, que de los delitos no registrados, el mayor número corresponde a delitos de menor entidad. En el caso de los delitos sexuales, que es una de las categorías delictivas con mayor proporción de cifra negra (criminalidad no registrada), el patrón de registro que acabamos de describir no es válido, pues no siempre ocurrirá que un delito de mayor gravedad, v.gr. la violación, tenga mayor nivel de registro que otros de menor entidad, v.gr. el abuso deshonesto o las exhibiciones obscenas.

Por todo lo anterior, en los últimos años, para obtener una imagen más fiel de la criminalidad, en algunos países se ha venido integrando la información de las estadísticas oficiales con otra información proveniente de encuestas de autodenuncia y de victimización10. Aún así, tampoco las encuestas de victimización significan una información completamente rigurosa o exenta de sesgos (Larrauri 1992: 287 y ss.).

Finalmente, es bueno aclarar que lo que hemos dicho hasta aquí debe servimos para alertarnos sobre el verdadero valor de las estadísticas oficiales, y para ayudarnos a interpretarlas adecuadamente, En absoluto las invalida si provienen de fuente rigurosa, y si se utilizan como corresponde. Si bien la criminalidad oficialmente registrada representa solamente parte de la criminalidad real, cuando se cuenta con un sistema estadístico nacional bien integrado y eficiente, que recoge la información con regularidad, como es el caso del de Costa Rica, su información es muy útil, pues a partir de ella puede inferirse, con bastante rigor, el volumen real de la criminalidad y, por otra parte, si se tiene el cuidado de controlar posibles desviaciones originadas en el registro estadístico, el análisis de la información seriada a lo largo de los años expresa muy bien las tendencias de la criminalidad, que es lo que en este trabajo nos interesa.

Para terminar con este punto, una observación importante: los datos que presentamos y nuestro análisis llegan hasta diciembre de 1992. El fenómeno de la criminalidad (incluida la reacción social a ésta), es dinámico, y del análisis surge que Costa Rica se encuentra justamente en una coyuntura de cambios. En algunos lugares del texto se sugiere que las tendencias observadas podrían variar en el futuro, y que, en gran medida, la dirección de las tendencias dependerá de lo acertado de las políticas de prevención o de "promoción" que se adopten.


DELITOS CONTRA LA PROPIEDAD

Comencemos viendo qué pasa con los delitos contra la propiedad.11

En el Cuadro I tenemos la evolución de las cifras globales y de las tasas por 100.000 habitantes de estos delitos en Costa Rica a lo largo de los últimos seis años, las que, como vemos, registran un notable e ininterrumpido aumento entre 1987 y 1992.

Nos hemos limitado, para mayor sencillez y claridad para el lector, a presentar sólo información condensada de los últimos seis años, porque es a partir de 1987 cuando la tendencia al aumento en esta categoría de delitos se manifiesta con claridad en las estadísticas. Antes de esa fecha hay variaciones de registro de la información motivadas por la creación de nuevas delegaciones regionales del Organismo de Investigación Judicial, que requerirían un análisis que no es el objetivo de nuestro trabajo.

(Quien deseara consultar la información de detalle de las frecuencias de todos los delitos contra la propiedad, desde 1981 hasta 1992, puede hacerlo en el Cuadro A, en el Anexo).


Cuadro I
COSTA RICA: DELITOS CONTRA LA PROPIEDAD



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