Agenzia fides – 2007


de septiembre de 2007 – Audiencia general



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5 de septiembre de 2007 – Audiencia general

VATICANO - “No sólo hablar de Dios, sino llevar a Dios en sí”: la validez de la enseñanza de San Gregorio de Nisa reafirmada en la audiencia general por el Papa Benedicto XVI, quien recuerda a la Beata Teresa de Calcuta e invita al compromiso por la salvaguardia de la creación

Ciudad del Vaticano (Agencia Fides) - El miércoles 5 de septiembre, el Santa Padre Benedicto XVI tuvo la habitual audiencia general de los miércoles en la Plaza San Pedro, a donde llegó de la residencia de Castel Gandolfo. En su catequesis ilustró algunos aspectos de la doctrina de San Gregorio Niseno, de quien había ya hablado el miércoles anterior. “La doctrina de san Gregorio de Nisa se caracteriza por su elevada concepción de la dignidad del ser humano - explicó el Papa -, cuyo fin es hacerse semejante a Dios, especialmente a través del amor, el conocimiento y la práctica de la virtud”.

La perfección no es algo conquistado para siempre, dijo asimismo Benedicto XVI, sino que es “una continua disponibilidad para ir hacia delante, porque no se alcanza nunca la plena semejanza con Dios; estamos siempre en camino. La historia de cada alma es la de un amor cada vez colmado, y al mismo tiempo abierto hacia nuevos horizontes, porque Dios ensancha continuamente las posibilidades del alma, para hacerla capaz de bienes cada vez mayores”. En su camino de subida hacia Dios, el hombre debe continuamente purificarse teniendo a Cristo como modelo y maestro. En efecto, “cristiano es uno que lleva el nombre de Cristo y por lo tanto debe asimilarse a Él también en la vida. Nosotros cristianos con el Bautismo asumimos una grande responsabilidad”, subrayó el Santo Padre.

Otra grande enseñanza de San Gregorio de Nisa se refiere al amor por los pobres: la vida del hombre es como una “subida a Dios en la oración mediante la pureza del corazón; pero asimismo subida a Dios mediante el amor al prójimo. El amor es la escalera que lleva hacia Dios”. Desde el momento en que todos dependemos de Dios, Gregorio subraya: “¡No penséis que todo es vuestro! Debe haber también una parte para los pobres, para los amigos de Dios. La verdad, en efecto, es que todo viene de Dios, Padre universal, y que nosotros somos hermanos, y pertenecemos a una misma estirpe”. El cristiano debe examinarse, por lo tanto, insiste asimismo Gregorio, acerca del ayuno y de la abstinencia de la carne: ¿qué valor puede tener ante Dios, si luego, actuando como injusto, le quita de las manos al pobre lo que es suyo? “Para progresar en el camino hacia la perfección y acoger a Dios en sí, llevar en sí al Espíritu de Dios, el amor de Dios, el hombre debe dirigirse con confianza a Él en la oración”, subrayó el Santo Padre, recordando este último aspecto de las enseñanzas del Niseno. El Papa Benedicto XVI concluyó así su catequesis recordando la validez de las enseñanzas de San Gregorio: “no sólo hablar de Dios, sino llevar a Dios consigo. Lo hacemos con el compromiso de la oración y viviendo en el espíritu del amor por todos nuestros hermanos”.

Al final de la catequesis, dirigiéndose en las diversas lenguas a los fieles presentes, el Santo Padre recordó el décimo aniversario de la muerte de la Beata Teresa de Calcuta. A los Misioneros y a las Misioneras de la Caridad, presentes con los colaboradores en la Plaza San Pedro, dijo: “la vida y el testimonio de esta auténtica discípula de Cristo, cuya memoria litúrgica justamente celebramos hoy, son una invitación a vosotros y a toda la Iglesia a servir siempre fielmente a Dios en los más pobres y necesitados. Continuad en el seguimiento de su ejemplo y sed en todas partes instrumentos de la divina misericordia”.

Finalmente el Papa dirigió un saludo especial a los participantes al Simposio Internacional sobre el cuidado del ambiente en el Ártico, que será abierto por el Patriarca ecuménico de Constantinopla el 6 de septiembre. A los participantes - representantes de varias religiones, científicos, periodistas y exponentes de las partes interesadas - el Papa aseguró su apoyo. “El interés por los recursos del agua y la atención a los cambios climáticos son temas de gran importancia para toda la familia humana”, dijo Benedicto XVI, exhortando a trabajar por un mayor respeto de las maravillas de la creación de Dios. (S.L.) (Agencia Fides 6/9/2007 - líneas 45, palabras 686)

El texto completo de la catequesis del Santo Padre, plurilingüe

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5 de septiembre de 2007 – Mensaje al Prior General de la Orden de los Hermanos de la B. V. M. del Carmelo

VATICANO - Mensaje del Papa Benedicto XVI: “Con la mirada fija en Cristo… cada miembro de la Orden de los Hermanos de la B.V.M. del Monte Carmelo se debe sentir llamado a ser testigo creíble de la dimensión espiritual propia de cada ser humano”

Castel Gandolfo (Agencia Fides) - En este mes de septiembre la Orden de los Hermanos de la Beata Virgen María del Monte Carmelo celebrará su Capítulo General con ocasión del octavo centenario de la entrega de la “Fórmula de la vida” por parte de San Alberto de Jerusalén a los eremitas del Monte Carmelo, que constituye los inicios de la Orden Carmelitana. Además, este año la Orden vive también otros acontecimientos significativos: el séptimo centenario del pío tránsito de san Alberto de los Trapanos y el cuarto centenario del ingreso a la vida eterna de Santa María Magdalena de Pazzi, la Serafina del Carmelo (ver Agencia Fides 7/2/2007). Por este motivo el Santo Padre Benedicto XVI ha enviado un Mensaje al Padre Joseph Chalmers, Prior General de la Orden de los Hermanos de la Beata Virgen María del Monte Carmelo, expresando su participación “en la intensa experiencia espiritual que la Familia carmelitana vivirá con ocasión de su Capítulo”.

El Papa Benedicto XVI recuerda que “los primeros carmelitas se dirigieron al Monte Carmelo porque creían en el amor de Dios que había amando tanto al mundo, para dar a su Hijo Unigénico. Ellos, acogiendo el señorío de Cristo sobre sus vida, se rindieron disponibles para ser transformados por su amor. Es ésta la opción de fondo frente a la cual es colocado todo cristiano… Sabemos bien, sin embargo, que de ningún modo es fácil vivir fielmente esta llamada. En cierto sentido, es necesario protegerse con armaduras frente a las insidias del mundo”. Como lo recuerda también la Regla carmelita, “la cintura se debe ceñir con el cíngulo de la castidad; el pecho se debe reforzar con pensamientos santos… es necesario llevar la coraza de la justicia… En todas las cosas se debe embrazar el escudo de la fe”.

Trayendo a colación el tema del Capítulo -In obsequio Jesu Christi. Comunità orante y profética en un mundo que cambia-, el Papa destaca que éste “evidencia muy bien el estilo peculiar con el cual la Orden del Carmelo busca responder al amor de Dios por medio de una vida penetrada por la oración, hermandad y espíritu profético” y recomienda la cotidiana participación en el Banquete eucarístico, siguiendo el ejemplo de los primeros carmelitas, que de este modo “buscaban la santificación personal”.

“Con la mirada fija en Cristo y confiando en el ayudo de los santos que en el curso de estos ocho siglos encarnaron los dictámenes de la Regla del Carmelo -concluye el Papa-, todo miembro de la Orden de los Hermanos de la B.V.M. del Monte Carmelo se debe sentir llamado a ser testigo creíble de la dimensión espiritual propia de cada ser humano. Los fieles podrán así encontrar en las comunidades carmelitas verdaderas ‘escuelas de oración, en las que el encuentro con Cristo no se exprese solamente en implorar ayuda, sino también en el agradecimiento, la alabanza, la adoración, la contemplación, la escucha, el ardor de los afectos, hasta un verdadero ‘enamoramiento’ del corazón”. (S.L.) (Agencia Fides 5/9/2007; líneas 39, palabras 537)

El texto completo del Mensaje del Santo Padre, en italiano

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5 de septiembre de 2007 – Mensaje a la Tercera Asamblea Ecuménica Europea – Sibiu (Rumania)

VATICANO - “Europa tiene necesidad de lugares de encuentro y de experiencias de unidad en la fe guiadas por el Espíritu… ¡Que la luz de Cristo ilumine el camino del continente europeo!”

Castel Gandolfo (Agencia Fides) - “Veo este importante encuentro con la viva esperanza de que hará progresar el camino ecuménico hacia la recomposición de la plena y visible unidad de todos los cristianos. Esta, de hecho, es una prioridad pastoral que he deseado subrayar desde el inicio de mi Pontificado. El compromiso en la búsqueda de la unidad visible de todos los cristianos es esencial, para que luz de Cristo pueda brillar sobre todos los hombres”. Escribe el Santo Padre Benedicto XVI en su Mensaje enviado a los delegados y participantes de la Tercera Asamblea Ecuménica Europea de Sibiu (Rumania) sobre el tema “La luz de Cristo brilla sobre todos los hombres. La esperanza de renovación y de unidad en Europa” (ver Agencia Fides 4/9/2007). El Mensaje, que lleva fecha del 20 de agosto y ha sido hecho público el día de hoy, está dirigido al Cardenal Péter Erdò, Presidente del Consejo de las Conferencias episcopales de Europa, y al Pastor Jean-Arnold de Clermont, Presidente de la Conferencia de las Iglesias de Europa.

El Santo Padre recuerda que desde el Concilio Vaticano II “la Iglesia católica se comprometió de manera irreversible a recorrer la vía de la búsqueda ecuménica, poniéndose así a la escucha del Espíritu del Señor, que enseña como leer atentamente los signos de los tiempos” (Ut unum sint, 3), tal camino es “seguramente difícil, pero lleno de gozo”, como testimonian tantas iniciativas ecuménicas de los últimos años y el trabajo en el diálogo teológico. En particular, Benedicto XVI subraya dos elementos que deben orientar el compromiso ecuménico: “el diálogo de la verdad y el encuentro bajo el signo de fraternidad. Ambos tienen necesidad del ecumenismo espiritual como fundamento… La oración por la unidad representa el camino privilegiado hacia el ecumenismo. Permite a los cristianos de Europa mirar con nuevos ojos a Cristo y a la unidad de su Iglesia. Además, ella hace capaces de afrontar con valentía tanto los recuerdos dolorosos de los que no está exenta la historia europea, como los problemas sociales de la era del relativismo, tan predominante hoy en día.

De este modo el Papa exhorta a los cristianos a ser conscientes de la tarea que les ha sido confiada: “llevar a Europa y al mundo la voz de Aquel que dijo: ‘Yo soy la luz del mundo; quien me sigue, no caminará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida’ (Jn 8,12). Es nuestra tarea hacer brillar la luz de Cristo delante de los hombres y mujeres de hoy: no nuestra propia luz, sino la de Cristo”. Invocando de Dios la unidad y la paz para los europeos, el Mensaje se concluye alentando a la Tercera Asamblea Ecuménica Europea de Sibiu, “lograr crear espacios de encuentro por la unidad en la legítima diversidad”. “En una atmósfera de confianza recíproca y con la conciencia de que nuestras raíces comunes son mucho más profundas que nuestras divisiones -escribe Benedicto XVI-, será posible vencer .a falsa autosuficiencia y superar las divisiones, experimentando espiritualmente el fundamento común de nuestra fe. Europa necesita de lugares de encuentro y de experiencias de unidad en la fe guiadas por el Espíritu… ¡Que la luz de Cristo ilumine el camino del continente europeo!”. (S.L.) (Agencia Fides 5/9/2007; líneas 39, palabras 563)

El texto completo del Mensaje del Santo Padre, en alemán y en italiano

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6 de septiembre de 2007 – Discurso a los Obispos de Laos y Camboya en visita Ad limina

VATICANO - El Papa Benedicto XVI a los obispos de Laos y Camboya: “La fe cristiana no es una realidad ajena a vuestros pueblos… Anunciándola a todos los pueblos, la Iglesia no busca imponerse, sino que testimonia su gran estima por el hombre y por la sociedad en la que vive”

Castel Gandolfo (Agencia Fides) - “En vuestro retorno a Laos y a Camboya, llevad el afectuoso saludo del Sucesor de Pedro a todos los sacerdotes, religiosos, religiosas, catequistas y a todos los laicos de vuestras comunidades. Sé de sus dificultades y de la fuerza interior que todos han mostrado para vivir en fidelidad al Señor Jesús y a su Iglesia. Hoy, los invito a permanecer firmes en la fe y a dar testimonio, con generosidad, del Amor de Dios por todos sus hermanos”. Es lo que afirmó el Papa Benedicto XVI al dirigirse a los Obispos de la Conferencia Episcopal de Laos y Camboya, recibidos en Audiencia el 6 de septiembre, en el Palacio Pontificio de Castel Gandolfo, con ocasión de la visita Ad Limina Apostolorum. El Papa envió también un cordial saludo al pueblo de Laos y al pueblo camboyano, alentándoles “a continuar sus esfuerzos por edificar una sociedad siempre más fraterna y más abierta a los demás, en la que cada uno pueda utilizar los dones recibidos del Creador”.

Dirigiéndose de modo particular a los Obispos, el Santo padre recordó que ellos ejercitan su ministerio “en condiciones a veces difíciles y las más diversas situaciones”, y aseguró su apoyo fraterno así como el de la Iglesia universal. “Vuestra cercanía a los fieles, sobretodo a los más aislados -continuó Benedicto XVI-, es para ellos un aliento a perseverar firmemente en la fe cristiana y a crecer en el descubrimiento de la persona de Cristo, no obstante las dificultades cotidianas. La ayuda que recibís de Iglesias con más tiempo de evangelización, en diversos ámbitos, en particular en lo que concierne al personal apostólico o a la formación, es también un signo elocuente de la solidaridad que los discípulos de Cristo deben tener los unos para con los otros”.

El Papa dirigió un saludo particular a los sacerdotes, unidos a los Obispos en el anuncio del Evangelio: “En colaboración con los misioneros, cuya labor es sumamente valiosa al haber llevado el mensaje de Jesús y el don de la fe, guían al Pueblo de Dios con celo y abnegación. ¡Que todos, a través de una vida espiritual profunda y una existencia ejemplar, continúen dando un testimonio elocuente del Evangelio, en la Iglesia y en la sociedad!”

Una de las cuestiones más importantes que los Obispos de Laos y Camboya deben afrontar es “el anuncio de la fe cristiana en una cultura particular”, recordó el Santo Padre, citando la reciente celebración del 450º aniversario de presencia de la Iglesia en Camboya, la cual “ha representado para los fieles una ocasión para tomar consciencia en modo siempre más vivo de la larga historia de los cristianos en dicha región, una historia signada por el don generoso y heróico de la propia vida de la que han dado prueba numerosos discípulos de Cristo, para que el Evangelio fuese anunciado y vivido. La fe cristiana no es una realidad extraña a vuestros pueblos. ‘Jesús es la Buena Nueva para los hombres y las mujeres de todo tiempo y lugar, los cuales buscan el significado de la existencia y la verdad de su humanidad misma’ (Ecclesia in Asia, n. 14). Annunciandola a tutti i popoli, la Chiesa non cerca di imporsi, essa attesta la sua stima per l'uomo e per la società in cui vive”.

Otro aspecto importante puesto en relieve por el Santo Padre tiene que ver con la identidad de los católicos, que debe manifestarse en el respeto por las otras tradiciones religiosas y por las culturas de los pueblos de la región, y “debe sobretodo expresarse a través de una experiencia espiritual auténtica, que encuentra su propio fundamento en la acogida de la Palabra de Dios y en los Sacramentos de la Iglesia”. En particular, los miembros de los Institutos de vida consagrada, tan importantes por su compromiso en la pastoral y en el servicio a los más necesitados, “tienen la responsabilidad fundamental de recordar a todos el primado de Dios”. En este sentido la formación de los fieles constituye una verdadera prioridad, en particular de las religiosas y catequistas, “para que sean evangelizadores capaces de responder a los retos de la sociedad, fortalecidos por la verdad de Cristo”.

En la parte conclusiva, el Santo Padre exhortó a los Obispos de Camboya y Laos a desarrollar la educación de los jóvenes, con una particular atención por la preparación al matrimonio cristiano de familias que sean “verdaderos focos de evangelización en los que cada uno hace experiencia del amor de Dios”. Las obras de la Iglesia al servicio de los más necesitados, tan apreciadas por la población y por las autoridades, “manifiestan de manera elocuente el amor que dios nutre por los hombres, sin distinción alguna”, afirmó Benedicto XVI citando su Encíclica Deus Caritas est: es “muy importante que la actividad caritativa de la Iglesia mantenga todo su esplendor y no se diluya en una organización asistencial genérica, convirtiéndose simplemente en una de sus variantes” (n.31).

Benedicto XVI terminó su discurso exhortando a los Obispos de Laos y Camboya a vivir la esperanza -“deseo invitaos a mirar el futuro dejándoos guiar por Cristo y poniendo en él vuestra esperanza”- y confiando sus comunidades a la intercesión materna de la Virgen María, modelo de todo discípulo. (S.L.) (Agencia Fides 7/9/2007; líneas 64, palabras 921)

El texto completo del Discurso del Santo Padre, en francés

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6 de septiembre de 2007 – Audiencia a los participantes al XII Congreso Internacional de la Comisión Internacional para la Pastoral Católica en las Prisiones

VATICANO - “Los detenidos pueden fácilmente ser víctimas del sentimiento de aislamiento, vergüenza y rechazo… los capellanes y sus colaboradores están llamados a ser heraldos de la compasión y del perdón infinito de Dios”: Benedicto XVI a la Comisión Internacional de la Pastoral de las Cárceles

Castel Gandolfo (Agencia Fides) - “Los detenidos pueden fácilmente ser víctimas del sentimiento de aislamiento, vergüenza y rechazo, que amenazan con destruir sus esperanzas y sus aspiraciones para el futuro. En este contexto, los capellanes y sus colaboradores están llamados a ser heraldos de la compasión y del perdón infinito de Dios. En colaboración con las autoridades civiles, tienen la difícil tarea de ayudar a los detenidos a redescubrir una razón para sus vidas de manera que, con la gracia de dios, puedan transformar su propia vida, reconciliarse con sus familias y con sus amigos y, en lo posible, asumir las responsabilidades y deberes que les permitan llevar una vida honesta y recta en el seno de la sociedad.” Es lo que recordó el Santo Padre Benedicto XVI al recibir en audiencia el pasado 6 de septiembre, en la Sala de los Suizos del Palacio Pontificio de Castel Gandolfo, a los Miembros de la Comisión Internacional de la Pastoral Carcelaria que están celebrando su XII Congreso internacional (ver Agencia Fides 5/9/2007).

“Vuestro ministerio requiere de mucha paciencia y perseverancia -dijo el Papa en su discurso-. Con frecuencia experimentáis desilusiones y frustraciones. Pero reforzar los vínculos que os unen a vuestros Obispos os permitirá encontrar aquel sostén y aquella guía de la que tenéis necesidad para crecer en la consciencia de vuestra vital misión”.

Deteniéndose luego sobre el rol de las instituciones judiciales y penales, Benedicto XVI recordó que ellas “desarrollar un rol fundamental al tutelar a los ciudadanos y al bien común”: “deben contribuir a la restauración de las relaciones sociales destruidas por sus crímenes cometidos… deben contribuir a la rehabilitación de quien ha cometido el crimen, facilitando el paso de la desesperación a la esperanza y de la desconfianza a la confianza”. En esta tarea las autoridades públicas deben eliminar “cualquier instrumento de castigo o de corrección que pueda minar o desestabilizar la dignidad humana del detenido”, y a tal propósito el Papa ha resaltado: “repito que la prohibición de la tortura no se puede derogar en ninguna circunstancia”.

Finalmente el Santo Padre expresó su deseo de que el Congreso ofrezca a todos sus participantes la oportunidad de compartir las propias experiencias “del misterioso rostro de Cristo que brilla en cada detenido”, y alentó a los presentes en sus esfuerzos “dedicados a mostrar ese rostro al mundo, promoviendo una mayor respeto por la dignidad de los detenidos”. (S.L.) (Agencia Fides 7/9/2007; líneas 34, palabras 443)

El texto completo del Discurso del Santo Padre, en inglés

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7 de septiembre de 2007 – Benedicto XVI en Austria – Homilía durante la celebración en la Mariensäule

VATICANO - El Papa Benedicto XVI en Austria — La primera etapa de su peregrinaje a la Mariensäule, para reflexionar “sobre el significado de la Madre de Dios para Austria en el pasado y el presente, como también su significado para cada uno de nosotros”

Viena (Agencia Fides) - Inmediatamente después de la ceremonia de bienvenida en el aeropuerto, a las 12:45 del viernes 7 de setiembre, el Santo Padre Benedicto XVI se acercó a la Mariensäule (la columna de María) en la Plaza “Am Hof” (de los Nueve Coros Angélicos) en Viena, primera etapa de su peregrinaje a Marieazell. En el atrio de la Iglesia “Am Hof” el Papa presidio una liturgia de la Palabra, al final de la cual ingreso a la Iglesia para la vigilia de oración y adoración del Santísimo Sacramento que realizaron los jóvenes durante toda la duración del viaje papal.

“Como primera etapa en mi peregrinaje a Mariazell he escogido la Mariensäule, para reflexionar un momento con ustedes sobre el significado de la Madre de Dios para Austria en el pasado y en el presente, como también su significado para cada uno de nosotros” afirmó Benedicto XVI en su discurso durante la liturgia de la Palabra. “Desde los primeros tiempos, a la fe en Jesucristo, el Hijo de Dios encarnado, se une una veneración particular por su Madre, por aquella Mujer, en cuyo seno Él asumió la naturaleza humana, participando incluso de las palpitaciones de su corazón, la Mujer que acompaño con delicadeza y respeto su vida hasta su muerte en la cruz, y a cuyo amor materno Él le confió a su discípulo predilecto y con él a toda la humanidad. En su sentimiento materno María acoge también hoy bajo su protección personas de todas las culturas e idiomas, para conducirlos juntos, en una multiforme unidad, hacia Cristo. A Ella podemos dirigirnos en nuestras preocupaciones y necesidades. Pero también tenemos que aprender de Ella a acogernos unos a otros con el mismo amor con el que Ella acoge a cada uno de nosotros”.

El Santo Padre recordó que la Mariensäule fue erigida por el emperador Fernando III como agradecimiento por la liberación de Viena de un gran peligro hace ya 360 años, y “debe ser también para nosotros en la actualidad un signo de esperanza”. “¡Cuantas personas, desde ese entonces, se han detenido a los pies de esta columna —prosiguió el Santo Padre— y rezando han elevado sus ojos a María! ¡Cuántos han experimentado en medio de sus dificultades personales la fuerza de su intercesión!”. Pero la esperanza cristiana supera la realización de nuestros deseos humanos, pequeños y grandes. María nos muestra a cual esperanza hemos sido llamados: “En efecto, ¡Ella personifica lo que el hombre es verdaderamente! Lo hemos apenas escuchado en el pasaje de la Carta a los Efesios: ya antes de la creación del mundo, Dios nos ha escogido en Cristo. ¡Él nos conoce y nos ama desde la eternidad! ¿Con qué fin nos ha escogido? ¡Para ser santos e inmaculados con Él en el amor! Ésta no es una tarea irrealizable: En Cristo Él nos ha donado la realización. ¡Nosotros hemos sido ya redimidos!... Si continuamos a llevarle nuestras preocupaciones cotidianas a la Madre Inmaculada de Cristo, Ella nos ayudara a abrir nuestras pequeñas esperanzas a la grande y verdadera esperanza que le da sentido a nuestra vida capaz de colmarnos de una alegría profunda e indestructible”.

Al final de su discurso, el Santo Padre pronunció una oración de consagración de Austria y de sus habitantes a la Virgen Inmaculada. Concluida la liturgia en la Mariensäule, Benedicto XVI se dirigió al Memorial por las victimas austriacas de la Shoah en la “Judenplatz”. Fue acogido por el Gran Rabino y por el Presidente de la Comunidad hebrea, el Papa tuvo un momento de oración en silencio. De ahí se traslado en auto a la Nunciatura Apostólica. (S.L.) (Agencia Fides 8/9/2007; líneas 42, palabras 642)

El texto integral del discurso del Santo Padre en Alemán, italiano e inglés

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El Dossier de la Agencia Fides sobre el Santuario de Mariazell

http://www.fides.org/ita/documents/dossier_mariazell_040907_ital.doc


7 de septiembre de 2007 – Benedicto XVI en Austria – Visita al Presidente de la República

VATICANO - Papa Benedicto XVI en Austria - “¡Interesa a todos no permitir que un día en este país quizás sólo las piedras hablen de cristianismo!”

Viena (Agencia Fides) - En la tarde del 7 de septiembre, el Santo Padre Benedicto XVI se dirigió al Hofburg de Viena para la visita de cortesía al Presidente de la República de Austria, Heinz Fischer y, sucesivamente, para el encuentro con las Autoridades y con el Cuerpo Diplomático, en el que estaban presentes también exponentes del mundo de la Cultura, entre los cuales los Rectores de las Universidades austriacas. Después de una breve introducción musical a la que siguió el discurso del Presidente de la República, el Santo Padre Benedicto XVI pronunció un articulado discurso del cual presentamos algunas partes.

Austria


Austria en los últimos años y decenios ha registrado éxitos, que todavía hace dos generaciones nadie habría osado soñar. Vuestro país no sólo ha vivido un notable progreso económico, sino que ha desarrollado también una ejemplar convivencia social, de la que la expresión “solidaridad social” se ha convertido en un sinónimo… Nos encontramos aquí en un lugar histórico, desde el cual por siglos ha sido gobernado un imperio que unió vastas partes de Europa central y oriental. Este lugar y esta hora ofrecen, por lo tanto, una ocasión providencial para colocar la mirada sobre toda la Europa actual. Después de los horrores de la guerra y de las experiencias traumáticas del totalitarismo y de la dictadura, Europa emprendió el camino hacia la unidad del Continente, unidad que tiende a asegurar un orden duradero de paz y de desarrollo justo. La división que por décadas dividió al Continente en modo doloroso se superó, efectivamente, en modo político, pero la unidad debe realizarse todavía en la mente y en el corazón de las personas… En particular, para los países de Europa central y oriental la participación a tal proceso es un ulterior estímulo para consolidar en su interior la libertad, el estado de derecho y la democracia. Quisiera recordar, a tal propósito, el aporte que mi predecesor el Papa Juan Pablo II dio a este proceso histórico…

Europa


La "casa Europa", como amamos llamar la comunidad de este Continente, será para todos un lugar agradable de habitar solamente si se reconstruye sobre un sólido fundamento cultural y moral de valores comunes que sacamos de nuestra historia y de nuestras tradiciones. Europa no puede y no debe renegar sus raíces cristianas. Ellas son un componente dinámico de nuestra civilización para el caminar en el tercer milenio. El cristianismo modeló profundamente a este Continente: de ello dan testimonio en todos los países y particularmente en Austria no sólo las numerosas iglesias y los importantes monasterios. La fe tiene su manifestación sobre todo en las innumerables personas que ella, a lo largo de la historia hasta nuestros días ha llevado a una vida de esperanza, de amor y de misericordia… La tantas veces citada globalización no puede ser detenida, pero es una tarea urgente y una gran responsabilidad de la política la de dar a la globalización el orden y los límites adecuados para evitar que se realice a costas de los países más pobres y de las personas pobres en los países ricos, y para evitar también que se realice a costa de las generaciones futuras. Ciertamente - lo sabemos - Europa ha vivido y sufrido también caminos terriblemente equivocados… Forma parte, sin embargo, de las características de Europa su capacidad de autocrítica que, en el vasto panorama de las culturas del mundo, la distingue y la califica.

La vida


Fue en Europa donde, por vez primera, se formuló el concepto de los derechos humanos. El derecho humano fundamental, presupuesto de todos los demás derechos, es el derecho a la vida misma. Esto vale para la vida desde la concepción hasta su fin natural. El aborto, por lo tanto, no puede ser un derecho humano, sino que es su contrario. Es una “profunda herida social”, como subrayaba incansablemente nuestro difunto Hermano, el Card. Fraz König… Quisiera más bien hacerme abogado de un pedido profundamente humano y portavoz de los nascituros que no tienen voz. Con esto no cierro los ojos a los problemas y a los conflictos de muchas mujeres y me doy cuenta que la credibilidad de nuestro discurso depende también de lo que la Iglesia misma hace para salir en ayuda de las mujeres en dificultad. Apelo en este contexto a los responsables de la política, para que no permitan que los hijos sean considerados casos de enfermedad ni permitan tampoco que la calificación de injusticia que vuestra ordenación jurídica atribuye al aborto sea abolida de hecho. Lo digo movido por la preocupación por los valores humanos. Pero esto no es sino un lado de lo que nos preocupa. El otro es el de hacer todo lo posible para hacer que los países europeos estén de nuevo abiertos a acoger a los niños… Una gran preocupación la constituye para mí también el debate sobre la así llamada “ayuda activa para morir”… La respuesta correcta al sufrimiento y al fin de la vida es una atención amorosa, el acompañamiento hacia la muerte - en particular modo con la ayuda de la medicina paliativa - y no una “ayuda activa para morir”.

El diálogo de la razón

Forma parte de la heredad europea, finalmente, una tradición de pensamiento, para la cual es esencial una correspondencia sustancial entre fe, verdad y razón. Se trata aquí, en definitiva, de la cuestión si la realidad tenga en su origen la casualidad y la necesidad, si por lo tanto la razón sea un casual producto secundario de lo irracional y en el océano de la irracionalidad, a fin de cuentas, no tenga tampoco sentido alguno, o si más bien es todavía verdadero aquello que constituye la convicción de fondo de la fe cristiana: In principio erat Verbum - Al principio era el Verbo - al origen de todas las cosas está la Razón creadora de Dios que ha decidido de participarse a nosotros seres humanos.

Las tareas de Europa en el mundo

El continente que, demográficamente, envejece en modo más rápido no tiene que convertirse en un continente espiritualmente viejo. Europa adquirirá además una mejor conciencia de sí misma si asume una responsabilidad en el mundo que corresponda a su singular tradición espiritual, a sus extraordinarias capacidades y a su gran fuerza económica. La Unión Europea debería por lo tanto asumir un papel de guía en la lucha contra la pobreza en el mundo y en el compromiso a favor de la paz. Con agradecimiento podemos constatar que los países europeos y la Unión Europea se encuentran entre aquellos que más contribuyen al desarrollo internacional, pero deberían también hacer valer su relevancia política frente a, por ejemplo, los desafíos muy urgentes en África, a las inmensas tragedias de este Continente, como el flagelo del SIDA, la situación en el Darfur, la injusta explotación de los recursos naturales y el preocupante tráfico de armas. Asimismo el compromiso político y diplomático de Europa y de sus países no puede olvidar la situación permanentemente grave del Oriente Medio, donde es necesario el aporte de todos para favorecer la renuncia a la violencia, el diálogo recíproco y una convivencia verdaderamente pacífica. Debe continuar creciendo también la relación con las naciones de América Latina y con las del Continente asiático, mediante oportunos vínculos de intercambio.

Conclusión

Austria es un país rico de tantas bendiciones… Mucho de lo que Austria es y tiene se lo debe a la fe cristiana y a su rica eficacia sobre las personas. La fe ha formado profundamente el carácter de este país y de su gente. ¡Debe por lo tanto interesar a todos no permitir que un día en este país quizás sólo las piedras hablen de cristianismo! Una Austria sin una viva fe cristiana ya no sería Austria.

Al final del encuentro el Papa regresó a la Nunciatura Apostólica y, después de la cena, se asomó por el balcón para bendecir a los jóvenes reunidos fuera de la Nunciatura. (S.L.) (Agencia Fides 8/9/2007; líneas 91, palabras 1322)

El texto completo del Discurso del Santo Padre en alemán, italiano, francés

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8 de septiembre de 2007 – Benedicto XVI en Austria – Homilía durante la Santa Misa en Mariazell

VATICANO - El papa Benedicto XVI en Austria - “¡Muéstranos a Jesús! Con este ruego a la Madre del Señor nos hemos puesto en camino hacia este lugar. Esta misma oración nos acompañará cuando volvamos a la vida cotidiana. Y sabemos que María escucha nuestras plegarias”

Viena (Agencia Fides) - El sábado 8 de septiembre, el Santo Padre Benedicto XVI se dirigió al Santuario de Mariazell, entre los montes de la Stiria, para presidir, en la parte externa de la Basílica, la Concelebración Eucarística por el 850º aniversario de la fundación del Santuario, en la solemnidad de la Natividad de la Beata Virgen María, fiesta patronal de Mariazell.

“Con esta gran peregrinación a Mariazell -dijo el Papa en su homilía- celebramos la fiesta patronal de este Santuario, fiesta de la Natividad de María. Desde hace 850 años personas de distintos pueblos y naciones se acercan a este Santuario y oran llevando consigo los anhelos de una nación y de sus propios corazones, las preocupaciones y las esperanzas de su ser más íntimo. De este modo, Mariazell se ha convertido para toda Austria, y también más allá de sus fronteras, en un lugar de unidad reconciliada… Hoy nos insertamos en la gran peregrinación a través de los siglos”.

Trayendo a la memoria el pasaje evangélico proclamado en la Santa Misa, que “presenta la historia de Israel a partir de Abraham como una peregrinación que, con sus altos y bajos, por caminos largos y cortos, conduce finalmente a Cristo”. El papa subrayó que “ir en peregrinación significa estar orientados en una cierta dirección, caminar hacia una meta… Entre los peregrinos de la genealogía de Jesús habían algunos que habían olvidado la meta y habían pretendido colocarse a sí mismos como meta. Pero el Señor suscitaba siempre nuevamente personas que se dejaban impulsar por la nostalgia de una meta, orientando así su propia vida. Emprender la vida cristiana en los inicios de la Iglesia de Jesucristo fue posible porque existían en Israel personas con un corazón en búsqueda -personas que no se dejaban llevar por la rutina, sino que trataban de escrutar en lo profundo, a la búsqueda de algo más grande…”

También hoy en día, como fondo de la peregrinación debe haber un “corazón inquieto y abierto”, en cuanto “no es suficiente ser o pensar de algún modo como todos los demás. El proyecto de nuestra vida va mucho más allá. Necesitamos de Dios, de aquel Dios que nos ha mostrado su rostro y nos ha abierto su corazón: Jesucristo.” Sólo Jesús, que es Dios, es el único puente que pone al hombre en contacto inmediato con Dios. “Si nosotros los cristianos lo llamamos Único Mediador de la salvación válido para todos, que tiene que ver con todos y del cual todos, en definitiva, tienen necesidad, esto -destacó Benedicto XVI- no significa de ningún modo el desprecio de las otras religiones ni un absolutismo soberbio de nuestro modo de pensar, sino tan solo el hecho de haber sido conquistados por Aquel que nos ha tocado interiormente y nos ha colmado de dones, para que al mismo tiempo nosotros los hagamos extensivos a los demás”.

Seguidamente, el Papa se detuvo sobre el tema de una cierta resignación “que considera al hombre incapaz de la verdad -como si ésta fuese demasiado grande para él”: precisamente esa resignación es, según el Santo Padre, el punto neurálgico de la crisis del Occidente, de Europa. “ Si para el hombre no existe una verdad, él, en el fondo, no puede ni siquiera distinguir entre el bien y el mal. Y entonces los grandes y maravillosos conocimientos de la ciencia se vuelven ambiguos: pueden abrir perspectivas importantes para el bien, para la salvación del hombre, pero al mismo tiempo -y lo vemos- pueden constituir una terrible amenaza, la destrucción del hombre y del mundo”. Mirando a Jesús como está representado en el Santuario de Mariazell -un niño en brazos de su Madre y, sobre el altar, crucificado- Benedicto XVI explicó que estas dos imágenes nos dicen que “la verdad no se afirma mediante un poder externo, sino que es humilde y se dona al hombre solamente mediante el poder interior de su ‘ser verdadera’. La verdad se demuestra en el amor. No es nunca nuestra propiedad, un producto nuestro, como tampoco el amor puede ser producido, sino tan sólo recibido y transmitido como un don”.

El tema de la jornada y de la peregrinación entera de Benedicto XVI ha sido “Mirar a Cristo”; el Santo Padre ha invitado a todos a dirigir esta súplica a María, que nos ha dado a Cristo como su Hijo: “María responde, presentándolo a nosotros primeramente como un niño. Dios se ha hecho pequeño por nosotros… Pide nuestro amor. Nos invita a nosotros también a ser pequeños, a descender de nuestros altos tronos y aprender a ser niños delante de Dios… El niño Jesús nos recuerda naturalmente también a todos los niños del mundo, en los cuales quiere salir a nuestro encuentro. Los niños que viven en la pobreza; que son explotados como soldados; que no han podido jamás experimentar el amor de sus padres; los niños enfermos y sufrientes, pero también los alegres y sanos. Europa se ha hecho pobre a falta de niños: lo queremos todo para nosotros, o tal vez no confiamos suficientemente en el futuro. Pero la Tierra será verdaderamente privada de un futuro cuando se apaguen las fuerzas del corazón humano y de la razón iluminada por el corazón, cuando el rostro de Dios no brille sobre la tierra. Donde está Dios, ahí está el futuro”.

Mirando al Cristo crucificado sobre el Altar mayor el Papa afirmó: “Dios redimió al mundo no mediante la espada, sino mediante la Cruz… Jesús transformó la pasión -su sufrimiento y su muerte- en oración, y de este modo la transformó en un acto de amor hacia Dios y hacia los hombres. Por ello los brazos extendidos del Crucificado son también un gesto de abrazo, con el cuál el nos llama queriendo aferrarnos con las manos de su amor”.

Si miramos a Cristo “nos damos cuenta de que el cristianismo es bastante más y algo diverso de un simple sistema moral, de una serie de requisitos y leyes. Es el don de una amistad que perdura en la vida y en la muerte… precisamente por ello lleva en sí también una gran fuerza moral de la que nosotros, frente a los retos de nuestro tiempo, tenemos gran necesidad. Si a partir de Jesucristo y de su Iglesia leemos de manera siempre renovada el Decálogo del Sinaí, penetrando su profundidad, entonces se nos revelará como una grande, válida y permanente enseñanza. El Decálogo es sobretodo un ‘sí’ a Dios, un Dios que nos ama, nos guía y nos conduce y, sin embargo, no invade nuestra libertad, haciéndola más bien verdadera libertad (los tres primeros mandamientos). Es un ‘sí’ a la familia (cuarto mandamiento), un ‘sí’ a la vida (quinto mandamiento), un ‘sí’ al amor responsable (sexto mandamiento), un ‘sí’ a la justicia (séptimo mandamiento); un ‘sí’ a la verdad (octavo mandamiento); es un ‘sí’ al respeto por las demás personas y por aquello que les pertenece (noveno y décimo mandamientos)”. Finalmente, el Papa concluyó su homilía recordando que María escuchará nuestra invocación de mostrarnos a Jesús: “en cualquier momento de nuestra vida, cuando miramos a María, ella nos muestra a Jesús. De este modo podemos encontrar el camino justo, seguirla paso a paso, llenos de la gozosa esperanza de poder caminar en la luz, en la alegría del eterno Amor”.

Al término de la Santa Misa, algunos representantes de los Consejos Parroquiales electos en el 2007 en las diócesis austriacas recibieron de las manos del Papa los dos libros del Nuevo Testamento escritos por San Lucas: el Evangelio y los Hechos de los Apóstoles. Antes del saludo a los fieles en diversas lenguas, el Santo Padre Benedicto XVI dirigió un pensamiento a las personas golpeadas en estos días por los aluviones en Austria, así como a los dos ancianos muertos durante la peregrinación a Mariazell.

Antes de concluir la celebración eucarística, Benedicto XVI dirigió su saludo a los fieles provenientes de diversos países de Europa oriental para honrar a la Virgen de Mariazell, venerada no sólo como Magna Mater Austrae, sino también como Magna Hungarorum Domina y Mater Pentium Slavorum. (S.L.) (Agencia Fides 10/9/2007; líneas 90, palabras 1382)

El texto completo de la Homilía del Santo Padre en alemán, italiano, inglés

http://www.evangelizatio.org/




8 de septiembre de 2007 – Benedicto XVI en Austria - Homilía durante las Vísperas en Mariazell

VATICANO - El Papa Benedicto XVI en Austria - “El centro de la misión de Jesucristo y de todos los cristianos es el anuncio del Reino de Dios. Este anuncio en el nombre de Cristo significa para la Iglesia, para los sacerdotes y las religiosas, así como para todos los bautizados, el compromiso de estar presentes en el mundo como sus testigos.”

Viena (Agencia Fides) - En la tarde del sábado 8 de septiembre, el Santo Padre presidió la celebración de las segundas vísperas de la Solemnidad de la Natividad de la Beata Virgen María en el santuario de Mariazell. En ella participaron sacerdotes, religiosos, religiosas, diáconos, seminaristas y personas de vida consagrada. “Vosotros sois siervos y siervas de la misión de Jesucristo -afirmó el Papa durante su homilía-. Así como hace dos mil años Jesús llamó a muchos a seguirlo, también hoy en día muchos jóvenes, hombres y mujeres, se ponen en camino al escuchar su llamado, fascinados por Él y movidos por el deseo de poner su propia vida al servicio de la Iglesia, entregándola por el bien de los hombres… La vida en el seguimiento de Cristo es, de hecho, una empresa riesgosa, pues estamos siempre amenazados por el pecado, por la falta de libertad y por el peligro de la defección. Es por ello que todos necesitamos de su gracia, tal como María la recibiera en plenitud.” El Papa Benedicto XVI recordó que “el Señor llama a los sacerdotes, a los religiosos, a las religiosas y a los laicos a entrar en el mundo, en sus realidades complejas, para cooperar en la edificación del Reino de Dios”, y lo hacen en una multiplicidad de maneras, haciéndose “peregrinos con Él” en la historia. La participación en su camino significa dos cosas: “la dimensión de la Cruz -con sus fracasos, sufrimientos, incomprensiones, incluso desprecio y persecución-, pero también con la experiencia de una profunda alegría en su servicio y la experiencia del gran consuelo que produce el encuentro con Él… El centro de la misión de Cristo Jesús y de todos los cristianos es el anuncio del Reino de Dios. Este anuncio en el nombre de Cristo significa para la Iglesia, para los sacerdotes, religiosos y religiosas, así como para todos los bautizados, el compromiso por estar presentes en el mundo como sus testigos. El Reino de Dios, por ello, es Dios mismo que se hace presente en medio de nosotros y reina por medio de nosotros. La edificación del Reino de Dios, por ello, se realiza cuando Dios vive en nosotros y nosotros llevamos a Dios al mundo”.

Seguir a Cristo “significa crecer en la participación en los sentimientos y en la asimilación del estilo de vida de Jesús”, afirmó el Santo Padre invitando a reflexionar sobre “los consejos evangélicos”, que constituyen “elementos determinantes de una vida comprometida en el seguimiento radical de Cristo: pobreza, castidad y obediencia”. Seguidamente, algunos extractos de la homilía del Santo Padre.

“Jesucristo, que era rico de toda la riqueza de Dios, se hizo pobre por nosotros… Quien quiera seguir a Cristo de manera radical, debe renunciar a los bienes materiales. Pero debe vivir esta pobreza a partir de Cristo, como haciéndose libre interiormente a favor del prójimo. Para todos los cristianos, pero especialmente para nosotros, sacerdotes, para los religiosos y religiosas, tanto para cada uno individualmente como para la comunidad, la cuestión de la pobreza y de los pobres debe ser siempre objeto de un severo examen de consciencia. Precisamente en nuestra situación, en la que hay cierto bienestar y no somos pobres en el sentido real, pienso que debemos reflexionar particularmente sobre cómo vivir este llamado de manera sincera.”

“Con los votos de castidad y celibato no nos consagramos a una suerte de individualismo o a una vida aislada, sino que prometemos solemnemente poner totalmente y sin reservas al servicio del Reino de Dios -y de este modo al servicio de los hombres- las relaciones intensas de las que somos capaces y que recibimos como don. De este modo los sacerdotes, las religiosas y los religiosos mismos se convierten en hombres y mujeres de la esperanza: contando totalmente con la ayuda de Dios y demostrando de este modo que Dios para ellos es una realidad, crean el espacio para recibir su presencia -la presencia del Reino de Dios- en el mundo… El mundo necesita de nuestro testimonio hoy mismo.”

“Jesús vivió toda su vida, desde sus años de infancia en Nazareth hasta el momento de su muerte en cruz, en la escucha al Padre, en la obediencia al Padre… Los cristianos han experimentado siempre que, abandonándose a la voluntad del Padre, no se pierden, sino que encuentran de esta manera el camino hacia una profunda identidad y libertad interior… Escuchar a Dios y obedecerle no tiene nada que ver con una especie de constricción externa o pérdida de uno mismo. Sólo entrando en la voluntad de Dios alcanzamos nuestra verdadera identidad”. (S.L.) (Agencia Fides 10/9/2007; líneas 55, palabras 819)

El texto completo de la Homilía del Santo Padre en alemán e italiano

http://www.evangelizatio.org/




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