Adolescencia en llamas



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Adolescencia: Quo vadis?

Dr. Félix E. F. Larocca

                                                                                        

Esta lección es acerca de la adolescencia. Pero de la adolescencia, vista como fenómeno demográfico aplicable al entorno dominicano, como igualmente puede ser interpolada con la de muchos países latinos con una clase afluente similar a la nuestra.


No es mi propósito hacer un estudio de la adolescencia como el fenómeno biosociológico de la pubertad, con que a menudo se confunde, o de su secuela, la adolescencia propia. Esa contribución ya la hicimos, compilando las contribuciones de los líderes en el sujeto, hace ya varios años. (Véase: La Pubertad: Creación de Dios --- La Adolescencia: Invención Humana).
Esta lección consiste en un análisis de ésa, nuestra invención --- esa moratoria especial --- que se caracteriza por una dependencia inusitada --- por todos, conocida como la adolescencia --- y de sus epiféno­menos emocionales y sociales.
Ya que como, antes de mi parafrase, en el título de mi ponencia, anteriormente citada, Erikson dijera: La Pubertad es fenómeno de Dios, la adolescencia, es invención del hombre.
Entonces, hablemos de la adolescencia --- la invención humana (Véase: Centuries of Chilhood por P. Aries).
C

uando de la adolescencia se habla, la “identificación”, como parte esencial la misma, se insinúa en el tema


Pero, la identificación ---- en este período de la vida --- carece de la importancia, por tantos asignada, como más adelante, aprenderemos…
Si la identificación siempre fuera una tarea ardua para los adolescentes, como algunos creen. Ya que, de acuerdo con ellos, ésta constituye la labor principal de este período en el ciclo vital. Hoy se haría más difícil --- según el autor de este ensayo --– en tiempos en que, bajo la crisis de identidad de la sociedad en general, los adultos mismos atraviesan una desorientación, que sólo podría resolverse a través del examen y mutua dialéctica entre generaciones, por todas partes del mundo civilizado.
Dejemos claramente establecido, desde el principio, que: la identificación --– sexual --- que es lo que al término “identificación” oblicuamente alude. No es tarea de la adolescencia --- sino que es tarea de la pubescencia, la que, para estos tiempos, estaría ya rebasada.
La tarea de la adolescencia, no es una sino que son dos tareas: el logro de la autonomía y la adquisición de la independencia.
Santo Domingo --- cualquier viernes por la noche…

La tragedia ocurre en una discoteca local. Jóvenes consumen tequila. Lo hacen en una gesta de resistencia al alcohol --- hasta que, víctimas de la intoxicación --- algunos pierden la vida. El hecho conmovedor, resalta tanto la desprotección homicida a la cual están expuestos muchos adolescentes --- como su espíritu es dócil y, a veces, fatalmente sugestionable.


Todos reprobaron lo ocurrido, aunque sucediera, por voluntad de las víctimas.
Todos, asimismo prometieron precaver situaciones similares --- para pronto, olvidando su experiencia y promesas --- retornar en rebusca de nuevos entusiasmos parecidos.
Que lo repitan no debe sorprendernos, ya que es parte del estado de flujo emocional que caracteriza este período de la vida.
La razón no es simple.
Es que, comprendámoslo, la adolescencia es un tiempo abierto a la revisión y a la producción de dos tipos de procesos de reestructuración psíquica:
1. los que determinan los modos de consolidación de la identidad sexual que comienzan en la pubertad y

2. los que plasman la reconstrucción de afirmaciones éticas, sometiéndolas a una valoración individual con el fin de lograr una independencia madura.


La palabra clave es: independencia --- a la que añadiremos, “madura” y “genuina”.
Erikson describió esta etapa como un período de dialéctica inflamada, tanto íntima como ambiental. (Véase: Identity Youth and Crisis por E. Erikson).
La familia bitácora anticuada desprovista de polo magnético
La familia, en esta etapa, ha dejado de ser el lugar preferido donde se busca información. Ésta ha sido sustituida por medios de comunicación y por el impacto de la afiliación a grupos. Fuentes conjuntas, que actúan como crisoles.
Fraguas, donde fundir y donde templar nuevas direcciones a viejas inquietudes --- el joven moderno, navega al garete en su añoranza incierta.
Porque la adolescencia, es asimismo un período de duelo y de tristeza. Duelo y tristeza por la pérdida del paraíso que la niñez, no muy lejana, antes, constituyera.
Confrontamos con ello nuevas perspectivas.
La identificación idealizada con la generación anterior estalla, y a diferencia de lo que ocurrió en los años 60s con la llamada emancipación sexual, cuyo catalizador implicaba una confrontación. Hoy las pautas de las generaciones anteriores ya no interesan, ni siquiera en términos de oposición, y la asimetría se genera entre esas figuras pasadas y quienes deben acceder a la autonomía estable de ser adulto.
De ahí también la importancia que tiene para los adolescentes, los conciertos y los “raves”, que constituyen modos de ensayo, de formas y opciones, en búsqueda de esa utopía tan elusiva que, para ellos, significa el ser feliz. (Véase mi ponencia: La Guerra Contra las Drogas en monografias.com).

Nadie me entiende… a nadie le importo…


En una ponencia, ya vieja, una vez propuse: “The task of adolescence is to grow up and away…” (La tarea de la adolescencia es crecer y partir) --- Lo que para muchos de entre los jóvenes en tan triste como dificultoso. (Julio 11-13, 1980: 32nd Annual Scientific Assembly-The Missouri Academy of Family Physicians. Lake of the Ozarks: “An Overview of the Management of Behavioral Disorders of Children and Adolescents”.
La emancipación, simultánea aunque subrepticia, de los padres. A, veces, toma forma de una rebelión donde se cuestionan los valores de la generación vieja. Donde se resaltan las falsedades y donde se demanda un derecho de auto­nomía. Autonomía que puede expresarse como libre albedrío en materias del sexo, del uso de las drogas o del cigarrillo, de desdeñar la educación universitaria, o de sumergirse en la profundidad caótica de la anorexia o de cualquier otra disorexia --- el ciego, guiando al (otro) menos ciego --- que los grupos, para tantos, significan. (Aquí recomendamos: Anorexia Nervosa: Let me Be! Por A. Crisp).
Estas opciones pueden ser ilusorias
La renuncia a los principios de la generación anterior, aunque ésta sea mínima o simbólica, y la recomposición de valores –-- que fueron aceptados y que ahora son rechazados, simplemente, por provenir de los padres o de sus representantes --- resultan actualmente más complejos que en otros tiempos. Es como si la generación anterior fallara en dar los ejemplos constantes y válidos que son esenciales para proveer una identidad madura, sólida y duradera.
No puede esperarse que se viva por ejemplos que son frágiles.
Pero el proceso no avanza sin tropiezos, entre ellos aparece, el descubrimiento inesperado de la cesación del vínculo matrimonial de algunos padres, cuyo maridaje, a menudo se disuelve cuando los hijos entran esta etapa.
La caracterización de los progenitores, como figuras que viven crisis existenciales ellos mismos, asimismo aparece como obstáculo en sus vidas confusas y desprevenidas.
Y la confusión que produce en la mente del joven, la tendencia de algunos papás de abusar de las drogas, mientras condenan el uso de las mismas por la juventud --- o de hacerse la vista gorda, si respecta a las actividades sexuales. A todos confunde, especialmente a los hijos. (Véase mi ponencia: Crisis Existencial).
La sociedad dominicana, como la de tantos países, atravesada por acontecimientos históricos aún no asimilados y cuyo movimiento no garantiza que se encuentre en tránsito hacia lugar previsible alguno, no puede determinar el marco visual en el cual se inserten las generaciones que transitan entre la infancia y la juventud.
Los procesos de alienación de los adultos, obligados a reubicarse cotidianamente para garantizar su inserción en la cadena productiva –-- sino en el proceso social en su conjunto ---– constituyen un obstáculo mayor para la elaboración de propuestas que no dejen a los adolescentes y jóvenes tempranos a la merced de la alienación social.
No es todo lo que es crítico
He señalado en otras ocasiones la diferencia entre los procesos de auto conservación y de auto preservación, que constituyen los fulcros de la ecuanimidad personal.
Siendo el ego un elemento de identificación que toma a su cargo y metaforiza la totalidad de los procesos de establecer la realidad suprema; sus bases se estabilizan alrededor de dos mojones:



  1. aquél que tiene que ver con la identidad sexual y

  2. aquél que determina la garantía de la independencia madura.

Ambos, actuando como conjunto de fuerzas, articulan el ser cohesivo y consciente del individuo, y no sólo su existencia.


En tiempos de estabilidad emocional, siempre viajan juntas, y se puede preservar la identidad sin por ello dejar de ser quien se es. En otras palabras, manteniendo el sentimiento y la noción de una individualidad basada en la conciencia personal. (Véase: The Feeling of What Happens: Body and Emotion in the Making of Consciousness por A. Damasio).
Pero, en épocas históricas separadoras, ambos ejes entran en contradicción y la supervivencia biológica se contrapone a la vida psíquica. Lo que obliga a optar entre sobrevivir a costa de dejar de ser, o seguir siendo quien se es, a costa de la vida emocional.
A este fenómeno, Erikson llamó “la difusión de la identidad”, significando la abolición de la misma.

La crisis de identidad de la sociedad dominicana pone de manifiesto que esta contradicción acecha al conjunto. En la disminución de quienes se ven lanzados al mercado laboral tempranamente en la búsqueda o conservación del trabajo. Mientras quedan atrapados en el sostenimiento de lo insatisfactorio y, paradójicamente, con temor a perderlo.


Si los adultos están confusos… ¿dónde queda el adolescente?
El trabajo: el trabajar como deber --- y --- el trabajo: el trabajar, como etapa de maduración consolidada…
En nuestro medio, el trabajo se repudia, y el joven, en su forma más ferviente, lo evade.
La separación generacional entre mayores e hijos, se agrava por el hecho de que el país se ha convertido en un lugar transitorio para los jóvenes que aún piensan en un futuro posible, y en un espacio sin sentido para quienes tienen vedada incluso esa perspectiva.
Pero el signo más notable del vacío ideológico en el que se ven sumergidos los adolescentes radica en que el discurso de los padres se ha deslizado hacia el plano auto conservativo --- a lo auto conservativo inmediato, cuando temen que anden por las calles porque les pueden robar o matar o porque pueden matarse o quedar librados a situaciones de desprotección extrema. Y a lo auto conservativo mediato, cuando se les plantea que todo el sentido de su vida actual está regido por la necesidad de no caer de la cadena laboral en el futuro cercano; sino que se diviertan lo que puedan, pero que al mismo tiempo que sueñen que sobrevivirán económicamente.
Despojado el estudio formal de todo valor simbólico, permanece propuesto, en las representaciones dominantes de la sociedad, como medio de acceder a posibilidades de supervivencia --- Y si el robo no es propiciado como salida posible, ello no es sólo por los recatos morales que la sociedad aún conserva, sino por la inviabilidad de su ejercicio exitoso sin acceso al poder económico o político.
“Me gusta leer, me gusta leer, me gusta leer…” Es mensaje huero, a menudo proferido por aquéllos quienes nunca apartan las cubiertas de un libro.
Hecho triste… (Véase mi ponencia: La Personalidad Mimética en monografías.com y en Psikis).
Muchos jóvenes en este u otros países insulares en su psicología, como tienden a ser los países de Latinoamérica, confrontan a diario las contradicciones incongruentes de figuras en autoridad que se proyectan a sí mismas en los periódicos como modelos de virtud a seguir. Mientras que se enriquecen del dolo y el ardid, mantienen amantes públicamente y no tratan de disfrazar sus ambiciones políticas y de riquezas producto del latrocinio. (Véase mi ponencia ¡Libres al fin! Que aparece en monografias.com).
En este respecto la venalidad eclesiástica contribuye enormemente, porque los clérigos endosan, ambos, los comportamientos inmorales y a quienes los proyectan --- siempre y cuando sean poderosos, adinerados o --- preferiblemente --- ambas cosas.
El aceleramiento en la pubertad, de la pubertad misma, por la sobrealimentación desregulada y la de tareas vinculadas a la adolescencia, de temas que deberían ser incumbencia de edades más avanzadas, no es sino el efecto de la angustia que rige al conjunto --- la angustia resultante es tanto de padres como de hijos. Entrelazados al temor de que los goces no alcanzados en el presente ya no tengan lugar en el futuro.
Lo que subyace un moralismo de conveniencia y de apariencias. Un moralismo vinculado a admitir que algo no funciona, pero que no existe modo para remediarlo.
Un ejemplo, a mi mente brota, en este respecto.
En las clases pudientes dominicanas --- ya que aquí no existen “clases medias” --- se acostumbra a permitir relaciones amorosas, con todo lo que éstas conllevan, entre mujeres de menos de quince años, en espera de su celebración “quinceañera” con hombres casados, divorciados y que, a menudo, duplican o aun triplican la edad de la niña inexperta.

El adolescente dominicano vive, a menudo, un estado de confusión existencial
No se debe, sin embargo, suponer que los adolescentes están sometidos a la ausencia de un universo modulador posible. Las instituciones mediadoras de la identificación han variado y de ellas depende la recomposición de procesos de identidad que enfrenten la desintegración.
Los padres mismos, por razones extrañas, temen el ejercicio de su autoridad, confundiendo aun más a sus hijos confusos.
Algunos gestionan soluciones --- tratando de hacer “algo”…
En nuestro entorno, siguen operando micro grupos que proponen establecer modos de cohesión y de re-identificación para los adolescentes y jóvenes e incluso para los adultos. Pero, no se vislumbran aún grandes proyectos capaces de articular una reestructuración en conjunto de la sociedad, la cual, actualmente, sólo se unifica en el sentimiento general compartido.
Lo que es milagroso es que aún se conserven, luego de traumatismos reiterados y desilusiones innumerables, rasgos de solidaridad y espíritu de recomposición donde pueden apoyarse los tres pilares de la identidad: las representaciones, los fines compartidos y los afectos vinculantes.
Los restos de un país solidario, que se define por la producción de bienes simbólicos, emergen en los intersticios donde se insertan las posibilidades plasmadoras de los adolescentes; desde los movimientos de rescate específico de su historia –-- en la cual la Noche Larga de la Indiferencia de los padres, ocupa un lugar definitivo como símbolo de una generación que trasciende --– hasta la participación, fundidos en una masa que abarca varias generaciones, en razón de que el trabajo, o su carencia, amalgama más allá de las particiones que la educación impone.
Sin dejar de lado las formas espontáneas de recomposición de la marginalidad, en la cual las identificaciones recíprocas se proponen por la concepción de códigos convenientes, que intentan liberar el robo, concebido como trabajo; de la tutela corrompida de los adultos que hacen usufructo del mismo.
El caso reciente de los tantos bancos de quiebras fraudulentas y de tantos desfalcos al gobierno --- y al público. Que, por todos conocidos, no dejan de afectar a la juventud, siempre en búsqueda ansiosa por modelos de probidad y justicia.
Como tantas veces hemos dicho en nuestras ponencias al tema, a nadie satisface la absurdidad implícita en el adagio malgastado de, “Haz como yo digo, pero no como yo hago”.
Como alguien conocido dijera: “Siendo mi pariente, y habiendo engañado a papi… ¡que ahora quiera ser presidente es algo increíble!” --- lo peor siendo, que esta observación puede aplicar a cualquiera de ambos sexos.
Pero más inverosímil aún es que pueda llegar a suceder --- porque, es este el país donde todo lo imposible sucede…


Son muchas las veces que hallo drogas en tus ropas…




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