Adios al coronel


LOS PELIGROS QUE ACECHAN AL MOVIMIENTO NACIONAL



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LOS PELIGROS QUE ACECHAN AL MOVIMIENTO NACIONAL
Alrededor del peronismo, como en otra època y con diversas claeses sociales habìa ocurrido con el yrigoyenismo històrico, se agruparon hacia 1945 mùltiples corrientes antiguas y nuevas de la sociedad argentina. No solo intervinieron en la conformaciòn del movimiento grupos militares que habìan derivado de la dictadura nacionalista del 4 de junio hacia una visiòn popular de la Revoluciòn Nacional. Tambièn se incorporaron tendencias procedentes del radicalismo (Quijano, Juan Cooke, Antille y muchos otros) asì como los grandes pensadores de la dècada anterior, Jauretche y Scalabrini Ortiz, seguidos por sus amigos de FORJA. Del antiguo movimiento obrero llegaron asimismo grandes dirigentes de filiación socialista o comunista, que abandonaban sus partidos, comprometidos estos ùltimos con la Uniòn Democràtica y el imperialismo. Casi toda la Federación Socialista de Tucumán, por ejemplo, se incorporò al peronismo. El primer Ministro del Interior de Peròn – que permaneciò en su cargo nueve años- fue Angel Borlenghi, tambièn socialista y dirigente prominente de la Federación de Empleados de Comercio. El primer Secretario General de la CGT fue Aurelio Hernàndez, viejo militante comunista. Innumerables agitadores del anarquismo, sindicalistas de todos los matices, luchadores sociales de los màs variados orìgenes doctrinales concurrieron a formar en sus horas iniciales el movimiento justicialista. Del antiguo nacionalismo aristocràtico o nacionalismo a secas, asì como notorios militantes catòlicos y hasta sacerdotes destacados como el padre Filippo o el padre Benìtez, integraron el peronismo. Habìa conservadores como Visca, de la provincia de Buenos Aires, o Padròs de Tucumán, se incorporaron. Habìa estancieros y militares, obreros y peones, dueños de Ingenios azucareros como el salteño Cornejo Linares o industriales como Miguel Miranda, intelectuales, chacareros, tècnico.

UN FRENTE DE CLASES


En otras palabras, alrededor de Peròn se constituyò un gran movimiento nacional articulado por varias clases sociales cuyas coincidencias eran mayores que las divergencias estructurales que las separaban. Esto fue en la primera y segunda etapa, indiscutible. Pero en la tercera presidencia, la de 1973, las circunstancias del paìs y del mundo habìan cambiado profundamente. Las casi dos dècadas transcurridas no habìan pasado en vano. El peronismo ya no podìa responder a la crisis nacional con los mismos criterios que le habìan dado fama y triunfos en el pasado. Ni la autoridad del General Peròn sobre su movimiento en 1973 podìa ocultar las grietas que empezaban a manifestarse entre las clases y tendencias que lo componìan. No todos los integrantes del peronismo deseaban librar una batalla a fondo contra el règimen oligàrquico. El tiempo habìa demostrado de modo irrefutable que la oligarquía agraria y financiera era màs poderosa que nunca y que no solo habìa logrado derribar a Peròn en 1955, no solo se habìa ingeniado para convencer a los militares durante 18 años de que el jefe justicialista no debìa volver jamàs al paìs sino que, en definitiva, habìa logrado en el perìodo 1973-1976 anular todas las medidas positivas de los gobiernos peronistas y bloquearlo al fin en tèrminos econòmicos. Luego, con la preciosa ayuda del terrorismo, infiltrado en las propias filas del peronismo, la oligarquía volteaba al gobierno popular en marzo de 1976. Esto habla sobre la capacidad polìtica y fuerza real de la oligarquía argentina mucho màs que cien volúmenes.

LA NUEVA SITUACIÒN


Los hechos mencionados tambièn demuestran que el repertorio de los problemas que enfrentaba y enfrenta la Argentina eran radicalmente diferentes a los que Peròn conociò en su tiempo. El peronismo debe considerar estos problemas, estudiarlos y disponerse a resolverlos unièndose en primer lugar a sì mismo, a riesgo de no regresar jamás al poder. La ruptura de Argentina con Europa, la destrucción de los vìnculos seculares que unìan a Gran Bretaña y Europa con el Rìo de la Plata, crea un nuevo punto de partida para reorientar la polìtica nacional hacia una unidad con los paìses hermanos de Amèrica Latina. Pero no se trata solamente de los mercados; se trata de la visiòn latinoamericanista global que es preciso adoptar desde el plano històrico, cultural, polìtico y econòmico para adecuar al paìs a la nueva època. El movimiento nacional, que ademàs del peronismo integran todos aquellos partidos y tendencias decididas a lograr la independencia econòmica, la justicia social y la soberanìa polìtica en el marco de una Amèrica Latina Unida, se encuentra ante la difícil alternativa de reelaborar un programa que sitùe en primer tèrmino los problemas aludidos y la expropiación de la oligarquía, o verse sometido a la presiòn disgregadora de las grandes fuerzas internas y externas que intentan dividirlo para reducirlo a la impotencia històrica. ¿Cuàles son estas fuerzas? ¿Y còmo actuan?

TRES OBJETIVOS


Para emplear un vocablo bastante corriente en nuestros dìas, diremos, que la oligarquía ha sido la mayor influencia “desestabilizadora” durante los gobiernos peronistas. A su vez, el peronismo, con su inmensa fuerza, aùn en la pasividad, ha sido el principal factor “desestabilizador” de los regìmenes oligàrquicos, sean estos civiles o militares. De ahì que para la oligarquía y sus aliados, los mayores objetivos a lo largo del tiempo hayan sido sucesiva o alternadamente los tres siguientes:

-Derribar los gobiernos peronistas;

- Prohibir el retorno de Peròn;

-Dividir al peronismo.

La muerte de Peròn en 1974 abriò un capìtulo pleno de enigmas en la evolución posterior del movimiento. La caìda de la Presidente Isabel en 1976 y su posterior detenciòn congelò el desarrollo de las relaciones internas que durante su breve gobierno se habìan manifestado en la aparición de dos lìneas fundamentales, los “verticalistas” y los “antiverticalistas”. Aunque dichas tendencias introducìan serios interrogantes sobre la situación polìtica del peronismo, los cinco años de dictadura permitieron observar otras fuerzas que desde adentro o fuera del paìs se mueven en procura de sus propios fines en relaciòn con la situación del peronismo. El tema en cuestión, es preciso decirlo con toda claridad, no es asunto exclusivo de los peronistas ya que de la unidad de dicho movimiento o de su divisiòn dependen las grandes luchas polìtica que serà preciso emprender para librar al paìs de la explotaciòn y saqueo oligàrquico. Y en estos grandes fines no sòlo estàn interesados la mayorìa de los peronistas, sino todos los revolucionarios patriotas de la Argentina.

EN EL PAIS Y EN EL EXTERIOR


Hay un plan del gobierno del general Viola, que està en marcha, para atraer al MON (Movimiento de Opinión Nacional) a una parte considerable del peronismo màs “tratable”, lo mismo que a aquellos radicales con màs nostalgia del reparto de las achuras. Los contactos ya han comenzado. Hasta los ministros militares que pertenecen al mismo règimen que mantiene detenida a la ex Presidente Constitucional Isabel Peròn ensayan palabras emotivas para referirse al peronismo, al que dirigen concuspicentes miradas de tentaciòn. Asì el brigadier Porcile, ministro de Trabajo, afirma que su bandera “es la misma que la del peronismo”, en calurosa alusiòn a la bandera nacional. El General Liendo, por su parte, ex ministro de Trabajo y actual del Interior, mientras deja en la càrcel al peronista del gremio telèfonico Julio Guillén, declara que el peronismo es “interlocutor vàlido”. Pero el peronismo ha despertado otros apetitos. Si dejamos a un lado al General Lanusse, que tambièn ha tendido en silencio sus lìneas hacia el movimiento mayoritario, o al Almirante Massera, cuyos propòsitos son notorios y que ha pasado a la acciòn organizando “centro de estudios” en diversas provincias coordinados por el Vice-Almirante Fracassi, cabe señalar que fuera del paìs los hombres del Departamento de Estado de los Estados Unidos tampoco miran con indiferencia la situación actual del mayor movimiento de masas de Amèrica Latina. Sea a travès de la ORIT, de misiones sindicales o polìticas procedentes del paìs del norte o por otros canales de interambio, se advierten en el peronismo voces que reclaman un enèrgico anticomunismo y el abandono de la Tercera Posición formulada en su tiempo por Peròn. Tales tendencias parecen indicar la voluntad de “occidentalizar” al justicialismo para volverlo una corriente mansa o amansada integrada por gente sensata.
LOS SOVIETICOS

Y LA INTERNACIONAL SOCIALISTA


No menos interesante resulta anotar que el bloque de paìses socialistas, en especial la URSS, sigue con atención las alternativas que vive el peronismo.

A este respecto conviene subrayar que en relaciòn con Amèrica Latina, los intereses de la burguesìa europea (bajo la màscara izquierdista de la Internacional Socialista) coinciden a veces con la tàctica del gobierno soviètico y de los partidos comunistas. Estas coincidencias de circunstancias se fundan en los antagonismos relativos frente a los Estados Unidos. Un ejemplo de tales coincidencias lo proporciona la situación de la tierra del heroico Sandino, Nicaragua.

En la Argentina se advierten agrupamientos destinados a dar sustento a un “peronismo potable” de vago acento centroizquierdista, impregnado de un tenue camporismo, con muchos derechos humanos, abogados progresistas, algo liberal y con sòlidos vìnculos internacionales, capaz de agrupar a lo que pueda quedar del 11 de marzo en la Argentina y convenientemente rodeado de ex dirigentes sindicales sin base obrera asì como de los infaltables sectores de la “izquierda” ambulante, siempre dispuestos a estampar su firma alrededor de declaraciones màs o menos inocuas. En este tipo de tendencias prevalece el “antivercalismo” de origen parlamentario y la presencia infaltable del “Partido Comunista” que se mueve entre el radicalismo y este tipo de peronismo de “gente decente”.

No podrìamos dejar de mencionar el interès demostrado hacia el peronismo por parte de la social-democracia escandinava, en particular de los sindicatos noruegos, que se proponen “instruir” a los cuadros sindicales argentinos, y ademàs sufragar todos los gastos. Una lluvia de oro, de todas las divisas imaginables (ni siquiera faltan los marcos alemanes de los obispos catòlicos de ese origen) ni los dòlares y otras monedas fuertes para indicar que el movimiento nacional justicialista, en el llano y en el infortunio, despierta un hambre poco caritativo de los màs diversos orìgenes.

Si el frente nacional del 45, que ha permanecido en la lucha durante màs de 30 años, no logra conservar la unidad de sus filas, esto sòlo querrà decir que su misiòn està cumplida y ya nada tiene que hacer en la escena de las luchas sociales argentinas. Esto dependerà de los peronistas mismos. Las necesidades de la Revoluciòn Nacional exigen, a nuestro juicio, que el movimiento justicialista sepa encontrar el camino de su unidad indestuctible fundada alrededor de un programa nacional revolucionario. Todo argentino deberìa contribuir a que esto ocurra asì y no de otro modo. Pues si el movimiento nacional logra ser dispersado por las grandes fuerzas internas y externas que hemos señalado, la lucha serà doblemente difícil. La clase trabajadora y el pueblo deberàn entonces redoblar sus esfuerzos a fin de reconstruir el Frente Nacional y afrontar las grandes tareas revolucionarias que la historia ha dejado sin resolver.

Mayo de 1981


III. DE LAS MALVINAS A UN NUEVO AYACUCHO


LA CUENCA DEL PLATA Y LA UNIDAD LATINOAMERICANA
La historia econòmica argentina ha reflejado nuestra subordinación global al Imperio Britànico. De ahì no sòlo brotaron el sistema de partidos, las particularidades del comercio exterior, el diseño de la red ferroviaria y cierta interpretación mitrista de la historia nacional, sino tambièn algunas “zonceras argentinas” sin clasificar en su famoso libro por Arturo Jauretche. Una de ellas es que Argentina tiene petróleo, pero no es un paìs petrolero. Y otra que la Argentina no es un paìs minero, sino agropecuario. Para los ingleses, interesados solamente en el suelo de la pampa hùmeda, nuestro paìs no tenìa subsuelo, o sea, carecìa de geologìa. Para eso estaban Nigeria, Sudáfrica o Chile. En realidad, la Argentina ha comenzado a descubrir su propia identidad y a conocerse a sì misma, poco a poco después de la crisis de 1930, cuando todas las ilusiones derivadas de un largo perìodo de prosperidad agraria comenzaron a disiparse junto con la sombra declinante del Imperio. De este modo, nuestra evolución recorre tres fases: la del carbòn inglès, que alimentaba las usinas tèrmicas; la del petróleo àrabe, refinado por los ranquis y vendido por los ingleses a la Argentina, que sustituia al carbòn. Y la de la hidroelectricidad que pertenece a nuestra època y a la de Amèrica Latina, energìa renovable que nos permite descubrir nuestros rìos y las grandes cuencas. La geografía latente se hace manifiesta y habla en nuestra propia lengua. Y cuando los latinoamericanos comienzan a trabajar juntos y a explotar juntos la màs fabulosa riqueza energètica que la humanidad ha conocido, desde el fondo de nuestra historia anglòfila se alzan voces aflautadas, que desgarràndose las vestiduras y amenazàndonos con el pecado mortal, nos susurran otra de las grandes zonceras argentinas no catalogadas:”Cuidadocon el Brasil:es nuestro enemigo tradicional.” Al conjuro de estas agoreras voces, se producen màgicas transformaciones: los cipayos se vuelven patriotas y el Almirante Rojas ¡nada menos!un defensor de nuestra soberanìa.
EL PREJUICIO ANTIBRASILEÑO ES ANACRONICO
Los acuerdos celebrados por la Argentina con los gobiernos de Brasil, Paraguay, Uruguay, y en el futuro, con Bolivia, permitiràn construir (o concluir su construcciòn) formidables represas hidroelèctricas, de las que se derivaràn incalculables beneficios en cuanto a la navegación, energìa, riego, urbanización, comunicaciones y turismo en el àrea designada como Cuenca del Plata.

Estos acuerdos han generado un gran debate, que juzgamos benèfico. Muchos comentaristas arguyen que los proyectos hidroelèctricos aprobados ( entre otros, Itaipù y Corpus) solo benefician a la “estrategia” del Brasil. Como resultado, la Argentina se convierte en segundo violìn de Brasil. Creo que, por el contrario, la estrategia inglesa de dominaciòn general fue dividir a la “Amèrica Latina de las patrias chicas” para impedir una Amèrica Latina unificada, una Patria Grande. Asì como Brasil en los tiempos de los Braganza fue, como Portugal, una semicolonia inglesa, la Argentina agropecuaria desempeño el mismo papel. No se unieron contra el comùn dominador, sino que se enfrentaron entre sì, bajo la mirada maternal de Gran Bretaña. Pero tales hechos pertenecen al pasado. Para ir directamente a nuestro asunto ¿cuàl es la razòn por la que el gobierno brasileño cambiò su polìtica tradicional de enfrentamiento diplomàtico con la Argentina y empujò a nuestro paìs a la firma de un convenio que ambos estados habìan evitado siempre, Brasil de modo activo y la Argentina pasivamente? Las respectivas oligarquías habìan separado històricamente sus vìnculos entre sì y mantenìan fuertes lazos, cada una de ellas por separado, con los centros imperiales. Era el esquema clàsico de la Amèrica Latina fragmentada.

El cambio brasileño se debe a la intolerable presiòn que la crisis energètica ejerce cada dìa màs sobre su frágil estructura econòmica y su balanza de pagos. A la revoluciòn colonial del Medio Oriente, que ha resuelto hace pocos años reconstruir su polìtica de precios, se debe el cambio històrico de frente que ha acercado afortunadamente a los dos paìses latinoamericanos. El equilibrio imperialista, mantenido a lo largo de todo el siglo XX gracias a los precios insignificantes del petróleo, los alimentos y los productos mineros, permitiò a los grandes paìses centrales edificar una confortable civilización. La pèrdida de dicho equilibrio està produciendo grandes cambios en las perspectivas polìticas y sociales del Tercer Mundo. La crisis energètica ha echado por la borda la ilusiòn de la despilfarradora sociedad capitalista de occidente de proseguir su vida suntuosa a costa del lema:”Hay un àrabe en su motor”. (Asì decìa un producto comercial petrolero hace años refirièndose al tigre). Pero no habìa tal, solo habìa un àrabe, chorreando nafta y sangre bajo el acelerador del mundo opulento. Ahora sì, ese àrabe y todo el mundo explotado y humillado, se ha vuelto un tigre al que no es posible ignorar ni mucho menos domesticar.

Brasil gastò en 1979 10.000 millones de dòlaes en la compra de petróleo importado. En 1980 estima que llegarà a los 12.500 millones de dòlares. Ya no soporta màs el monstruoso esfuerzo financiero. Con una deuda exterior global de 50.000 millones de dòlares, el gran paìs amazònico ha vuelto sus miradas a la Amèrica Latina, a la Argentina, al Plata y tambièn hacia el Orinoco, hacia Venezuela y Perù. A menos que su aparato productivo quede paralizado, el Brasil debe encontrar desesperadamente nuevas formas de energìa. Las ha encontrado, como la propia Argentina, en Amèrica Latina. Esto ha exigido un reacomodamiento de su polìtica exterior y un notable esfuerzo para zanjar sus diferencias en la Cuenca del Plata. Se trata de un verdadero viraje històrico y no una manifestación de “sub-imperialismo” brasileño. Si alguna vez esto fue acariciado y concebido en la Sorbona militar de Rìo, la dura y cruel realidad lo ha aventado con tanta fuerza como el obvio distanciamiento producido entre EE.UU: y la cùpula militar brasileña, otrora identificados en un utòpico reparto de Amèrica Latina. Tales intereses exigen paz y no guerra. Los latinoamericanos, mucho tiempo después de San Martín, Abreu de Lima y Bolívar, han perdido de tal modo el hàbito de marchar juntos y luchar contra los mismos enemigos, que enunciar cuanto tengo dicho hasta aquì parece una novedad absoluta y hasta un desatino.


LA SOBREESTIMACION DE LAS MULTINACIONALES
Existe una tendencia a magnificar el poder de las multinacionales y suponer que su capacidad de decisión es supraestatal y que por un simple cònclave (por ejemplo la Trilateral) un puñado de personas gobierna el destino del mundo. Esta concepción conspirativa de la historia no es muy diferente por su seriedad de aquella que atribuye igual poder y propòsitos a los Protocolos de los Sabios de Siòn, a la Sinarquìa Internacional o un supuesto pacto entre potencias capitalistas, las potencias comunistas y el Vaticano post-conciliar. Aunque hemos tenido brujos en casa, no creemos en brujos, ni en brujerías. Los antagonismos y fracturas ìntimas del imperialismo le han impedido siempre llegar a semejantes acuerdos quimèricos. Seamos màs sencillos. Convengamos en que Itaipù o Corpus no constituyen una “derrota argentina” o una “victoria brasileña”, sino una victoria comùn de Amèrica Latina. En la revista “Estrategia”, que dirige el General Guglialmelli, se considera que la cuestión de las represas es una especie de “batalla” entre Brasil y la Argentina, enemigos històricos de una vez para siempre y se sugiere que la diplomacia brasileña practica un invicto virtuosismo nacionalista. Se trata de un error. La diplomacia de un paìs es el reflejo de la polìtica interior, del sistema polìtico vigente. Al fin y al cabo no fue un règimen polìtico de origen popular quien aprobò la designaciòn de la Corona Britànica como àrbitro en el conflicto del Beagle con Chile, sino la dictadura militar del general Lanusse, para dar un solo ejemplo. La diplomacia argentina, en otras èpocas, fue digna del poder interno que la sostenìa.

En el tema de las represas, las iniciativas han correspondido al Brasil, movido a ellas por las razones aludidas. Màs allà de los gobiernos firmantes, que sin duda pasaràn, quedaràn las formidables obras entrelazando a nuestros pueblos. Todo aquello que sirva para estrechar lazos econòmicos y culturales entre los Estados de Amèrica Latina constituye una contribución a la unidad hispanoamericana y debe ser juzgada siempre desde este àngulo, que es el ùnico revolucionario, sanmartiniano y bolivariano en tèrminos modernos. Resulta una polèmica abstracta y esteril afirmar que con 105 metros de cota en lugar de 110 o 115 en la represa de Corpus la Argentina ha perdido una “batalla”. Lo esencial es poner en marcha Corpus. Otros afirman que el territorio comprendido entre San Paulo y Buenos Aires, con una población de 60 millones de habitantes, poseerà una gigantesca concentración de poder energètico y un mercado interno que aprovecharàn las multinacionales para ampliar su poder en el àrea. Se trata de un riesgo posible, menos real que la desvastaciòn que està realizando Martìnez de Hoz y la actual dictadura en toda la estructura capitalista nacional, pero, sin duda, un peligro cierto. La desaparición de esa amenaza, como de la polìtica de Martìnez de Hoz depende de nosotros mismos, es decir, de si somos capaces o no de impulsar la revoluciòn nacional, cortar las alas de las multinacionales o barrer de la escena a los Martìnez de Hoz. De la lucha del pueblo depende que la Patria Grande pueda aprovechar para sì esas maravillosas hazañas tècnicas.

Pues los hechos econòmicos no deciden nada por sì mismos. Es la naturaleza del poder polìtico, en Brasil como en la Argentina, la que determinarà quien se beneficiarà de las represas. Solo la voluntad humana de imprimirles designio y carácter serà la que en definitiva decida la utilización de los recursos de la Cuenca del Plata. Terminar con el prejuicio antibrasileño y revisar con mirada crìtica la historia de nuestros dos paìses, permitirà descubrir tanto a la juventud argentina como a la brasileña, cuànto se les ocultò o cuànto se les mintiò. Una traducción del “Martín Fierro” al portugués no encantarà a ciertos refinados de la Argentina, orgullosos de que exista una versión inglesa del poema gaucho, asì como el conocimiento en lengua española de “Os Sertoes” de Euclides Da Cunha serìa màs importante para el entretejido de la gran cultura iberoamericana comùn que la publicación en español de todas las novelas de Sastre.

¿Y un acuerdo con el Brasil para enseñar en las escuelas del secundario brasileño la lengua española y en las nuestras la portuguesa no serìa digno pròlogo para suprimir en ambas la enseñanza de la lengua inglesa?¿O es que lo extraño es pròximo y lo pròximo ajeno?

Con motivo de los problemas de la Cuenca del Plata y de los conflictos en relaciòn al Beagle, se ha puesto de moda en ciertos cìrculos una literatura militar que se caracteriza a sì misma como “geopolìtica”. Dichos estudios son dignos de todo encomio, reservas crìticas posibles aparte, pero el vocablo no es afortunado, puesto que los militares que lo emplean se consideran patriotas argentinos. Pues lo curioso del asunto es que la palabra “geopolìtica” hace fortuna entre nosotros cuando yace en su propia tumba. Suecia, Inglaterra y Alemania. Pero como es un vocablo (por supuesto, no una ciencia) que tiene un claro origen imperialista, no es adaptable por los latinoamericanos a riesgo de violentar su significado.
LA GEOPOLITICA IMPERIAL
Empecemos por el principio. La constitución de los Estados nacionales en Europa concluyò hacia 1870. A la revoluciòn tècnica que impulsò el capitalismo europeo a la expansión econòmica, sucediò la concentración monopòlica que liquidò el perìodo del “laissez- faire” y la libre concurrencia. En su fase màs alta ese proceso dio nacimiento al imperialismo moderno. Las potencias imperialistas concluyeron por disputarse entre sì el control de los continentes coloniales. Sus fuerzas productivas resultaban sobreabundantes en el marco de los Estados Nacionales. La economía se transformò en polìtica y la polìtica derivò hacia el arte militar. Los antagonismos entre las grandes potencias se volvieron cada vez màs agudos. Basta para demostrarlo las dos guerras mundiales del siglo XX. Sòlo la segunda de ellas dejò un saldo de 50 millones de muertos y dos ciudades arrasadas con bombas atòmicas. En los comienzos de esa tràgica carrera, a principios de siglo, la geografía polìtica se transformò en “geopolìtica” en manos de algunos escritores militares. De la importancia indiscutible del factor geogràfico en la historia, dichos geògrafos militares pasaron a concebir una geografía determinista. El destino irrevocable de cada paìs estaba ligado al suelo, a la competencia con sus vecinos y a una relaciòn de fuerzas. En suma, la geografía se volvìa una estrategia polìtico- militar, un sino al que nadie podìa escapar, sea como amo o como vìctima. Spengler, con su visiòn crepuscular de la historia, tambièn merodeò por la geopolìtica. Pero fueron sobre todo dos profesores, uno inglès, Sir Halford Mackinder y otro alemàn, el general Kart Haushofer, quienes conformaron el estilo y significado de la Geopolìtica.

El geopolìtico britànico lo hizo en nombre de la complicada geografía de dominaciòn mundial sobre la cual se habìa erigido el satisfecho imperio inglès. Haushofer, que vivirìa lo suficiente como para inspirar los delirios expansivos de Hitler, practicaba la geopolìtica en su Instituto de Geopolìtica de Berlìn desde el siguiente punto de vista:”Geopolìtica es la base cientìfica del arte de la acciòn polìtica vital(lebensraum)”. En la “Revista de Geopolìtica” de Haushofer se publicaba esta definición:”Geopolìtica es la ciencia que trata de la dependencia de los hechos polìticos con relaciòn al suelo.” Resulta claro que el origen de la geopolìtica se encuentra en aquellas naciones que han desarrollado a muy alto nivel las fuerzas productivas del capitalismo, pero cuyas limitaciones geogràficas inspiran a sus teòricos la idea de apoderarse de otros territorios, sean de sus vecinos o los de tipo colonial. Tal era el caso de los ingleses, confinados en sus pequeñas islas del Mar del Norte, cabeza de un Imperio que como el de Carlos V”no se ponìa el sol” o el de la Alemania pre-nazi o nazi, enclaustrada en el corazòn de Europa, impregnada de una gran tradición militar y cuyo desarrollo tecnològico entraba en conflicto con sus fronteras nacionales.

Pero una doctrina geogràfica imperialista, que necesariamente persigue sus fines por medio de la guerra, nacidas en paìses que desde hace dècadas o siglos han constituido su unidad nacional no puede aplicarse sino por error en la Amèrica Latina que no ha realizado la suya.
LA UNIDAD LATINOAMERICANA, OBJETIVO CENTRAL

Aquì, por el contrario, es innecesaria la geopolìtica importada e imprescindible una polìtica nacional latinoamericana que tienda a confederar polìtica, econòmica y militarmente a los Estados desunidos de habla hispano portuguesa. Esa polìtica no puede fundarse exclusivamente o “fatalmente” en la geografía, que de algún modo es naturaleza, sino en la historia, que es vivida colectivamente por los hombres. Esa polìtica debe fundarse en la comunidad lingüística y cultural, en la unidad religiosa, las vicisitudes comunes, en suma, en una existencia històrica entrelazada. Amèrica Latina no tiene necesidad de “espacio vital” porque lo que le sobra es vitalidad geogràfica. Ya era evidente para San Martín, Bolívar y la primera generaciòn revolucionaria que cada Estado latinoamericano serìa incapaz por sì mismo de emerger a la civilización y a las instituciones polìticas modernas pues serìan batidos y colonizados uno a uno por las grandes potencias fragmentadotas de oficio. A la luz de la experiencia, la necesidad de unificar Amèrica Latina no admite dudas y por los màs diversos caminos, todos complejos, a veces tortuosos, la unidad latinoamericana se abre paso y dejan de sonar como pura retòrica las invocaciones de Bolívar y San Martín, de Monteagudo, Morazàn, el Deàn Funes y, en nuestro siglo, Manuel Ugarte.

En síntesis, los argentinos debemos aprender a pensar con nuestra propia cabeza los problemas fundamentales de la Patria Grande. El màs decisivo es el de la unidad latinoamericana, es decir, la cuestión nacional irresuelta por la revoluciòn y la guerra de la Independencia del siglo XIX. Solo a la luz de esa perspectiva, que es realmente revolucionaria ( si dejamos de lado la charla vacia de los “marxistas” e izquierdistas del continente que repiten como loros barranqueros la folleterìa de ultramar) podrà entenderse la magna significación dela construcciòn de Salto Grande, Itaipù, Yaciretà,Corpus, del Paranà Medio, la utilización de la laguna Iberà asì como los proyectos de canalización del Bermejo y el Salado, a los que habrà que darles un impulso decisivo, a condiciòn de dejar de estudiarlos de una buena vez. Estos ùltimos vincularìan a Bolivia, Salta y Santiago del Estero con el sistema del Paranà. Tal gigantesco emporio de la energìa puede medirse si se considera que junto con el futuro desarrollo de la cuenca amazònica y la cuenca del Orinoco, Amèrica Latina dispondría de un potencial hidroelèctrico de un 30 por ciento superior al de la Uniòn Soviètica, el doble de los Estados Unidos y Canadà juntos y cuatro veces el de Europa.

¡Basta de “sueños” de San Martín y de Bolívar! Bolívar era insomne. Si en los grandes rìos padres de la patria comùn yace el secreto de nuestra fuerza, reside en los hombres y mujeres de Amèrica Latina el cerebro y el corazòn que la pondrà en movimiento. Y todo esto no se llama”geopolìtica”, sino polìtica.

Setiembre de 1980




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