Adios al coronel


CARTA AL GENERAL GALTIERI



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CARTA AL GENERAL GALTIERI

Buenos Aires, 27 de marzo de 1982

Al Señor Presidente

Teniente General Leopoldo Fortunato Galtieri

A los Señores miembros de la Junta Militar

De mi consideración:

El dìa 17 de marzo de 1981 la Suprema Corte de Justicia de la Naciòn rechazò mi pedido de proteger judicialmente la soberanìa argentina en las Islas Malvinas. Enviè una copia de dicho recurso al Presidente General Videla y no obtuve siquiera acuse de recibo del mismo. Si se considera el asunto històricamente, esperar de ese tribunal y del citado gobierno el menor síntoma de un estremecimiento patriòtico era incurrir en la misma inocencia que aguardar del Dr. Alemann una defensa ardiente de nuestra soberanìa econòmica. La indiferencia glacial de los mencionados hacia nuestro atormentado paìs no era un hecho nuevo. Era la norma de conducta del poder oligàrquico durante màs de un siglo.

En una època en que las màs explotadas colonias habìan insurgido para cambiar el mapa polìtico del mundo, sòlo la Argentina parecìa atada al carro triunfal del imperio.

Con el patrocinio del Dr. Luis Marìa Cabral yo sugerí a la corte una lista de medidas pacìficas: embargo preventivo del Banco de Londres y Amèrica del Sur; incautación de todos los bienes de propiedad Britànica existenetes en la Argentina; ruptura de relaciones diplomàticas, consulares y econòmicas con Gran Bretaña; internaciòn de los sùbditos ingleses residentes; suspensión de todo tràfico marìtimo o aèreo y de las comunicaciones telefònicas o telegràficas; medidas similares para las Islas Malvinas; comunicaciones a los paìses vecinos en el sentido de que la Argentina considerarìa un acto inamistoso que dichos paìses autorizaran la salida o llegada de naves o aeronaves procentes de o para las Malvinas.

Tales proposiciones estaban dictadas por el propòsito de obligar a los ingleses a negociar. En materia de bienes materiales los ingleses no admiten bromas, como lo prueba su rica historia de piratería internacional. Por lo demàs, y en materia diplomàtica, se viene conversando desde 1833, mientras los funcionarios de carrera del Foreign Office se rìen de nosotros generaciòn tras generaciòn. Es cierto que un análisis caritativo de la mansedumbre argentina en la materia nos llevarìa a la conclusión de que esa tolerancia obedecìa a la amistad anglo-argentina fundada en la exportaciòn de lanas y carnes, cuando Inglaterra era nuestro”mejor cliente” y la flota de Nelson hacìa la policía del mar. Pero el Mercado Comùn Europeo ha eclipsado con la Segunda Guerra Mundial, tanto esa amistad como el poder del Imperio victoriano. Nelson ya es una sombra, lo mismo que su flota. Solo queda de ella el “Endurance” y ya tiene preparada su bandera de remate. Hay que ayudarlo a bien morir5.

La hora de una diplomacia trivial ha pasado para siempre. Aunque Gran Bretaña ha perdido los dientes y las uñas, su clàsica perfidia permanece en plena lozanìa. El Comitè parlamentario integrado por laboralistas, conservadores y liberales en defensa de las Islas “Falkland” demuestra la vigencia de la democracia en Inglaterra a costa de la libertad en otros pueblos.

Solicito formalmente al Señor Presidente y a la Junta Militar, que ejercen accidentalmente el poder nacional y que en consecuencia tienen la responsabilidad en la polìtica exterior que compete en èpocas normales a un gobierno constitucional la ocupación militar inmediata de las Malvinas y sus dependencias. Se restablecerà de ese modo la justicia en un pedazo de suelo nacional, nuestra custodia efectiva en el Atlàntico Sur y un refuerzo estratègico para la Antàrtida. La lecciòn servirà no solo a los imperios en decadencia, sino tambièn a todos aquellos que aspiren a sucederlos, sea cual fuere su bandera.

Saludo al Señor Presidente atentamente,

Jorge Abelardo Ramos



SIN EL PUEBLO

NO HAY GUERRA QUE PUEDA GANARSE
Buenos Aires, 8 de abril de 1982
Al Señor Presidente de la Naciòn

Teniente General Leopoldo Fortunato Galtieri

A la Junta Militar
De nuestra consideración:

Nos dirigimos a ud. en nombre de la Junta Nacional del Frente de Izquierda Popular para exponerle brevemente algunas de las exigencias que nos impone a todos la reconquista de las islas Malvinas y la campaña mundial que este acto ha desatado contra la Argentina.

En mèrito a la gravedad de los acontecimientos, resumiremos en los puntos siguientes algunas de nuestras ideas:

1.- Estamos alarmados por la indiferencia de ciertos sectores de la opinión pùblica, clases altas, cierta parte de las clases medias y grupos anàlogos acerca de la trascendencia històrica de la recuperaciòn de nuestras islas.

2.- Asimismo resulta notoria la actitud de la prensa argentina, muchos de cuyos òrganos son de antiguos anglòfilos, frente a la campaña antinacional que lanza el gobierno inglès contra la Argentina y la ligereza irresponsable con que se trata el avance de la flota inglesa en son de guerra hacia el Atlàntico Sur. Un generalizado criterio de “pacifismo” o ilusiones “negociadoras” de innumerables sectores hace pensar que en el fondo estarìan dispuestos a cualquier trato por indecoroso que fuera, con tal de evitar un enfrentamiento con el imperialismo inglès.

Tales caracterìsticas de una parte de la opinión pùblica supuestamente “respetable” encuentra sus raìces en la vieja vinculaciòn econòmica-cultural dependiente con Europa y el Imperio Britànico, relaciòn que en nuestros dìas ha dejado de existir gracias a la constitución del Mercado Comùn Europeo, y a la crisis de los viejos imperios hegemònicos.

3.- Parecerìa que a nadie agravia la insolencia de la prensa britànica, de sus ministros y de sus jefes militares que no cesan de zaherir a la Argentina con una soberbia y un desplante propios de otras èpocas, en que esa flota dominaba los mares del mundo.

4.- En resumen, mientras los soldados argentinos se aprestan en las islas a defender la soberanìa del territorio nacional, las radios y los canales de TV controlados por el gobierno se complacen en reportear a los ingleses, haciendo de tribuna para ellos, mientras el pueblo argentino, enfriado por seis años de polìtica social oligàrquica, se mantiene distante del gran esfuerzo militar en despliegue.

5.- A la acciòn militar, corresponde realizar una acciòn simultànea en el plano polìtico, cultural y Econòmico que complemente la gran batalla de las Malvinas y movilice el espìritu nacional, sin cuyo concurso no hay guerra que pueda ganarse.

6.- Proponemos:

a) Derogación de la veda polìtica;

b) Empleo de las radios y TV para que las personalidades polìticas, intelectuales, cientìficas, artìsticas, etc., sin exclusiones, expongan en gran escala sus puntos de vista sobre la historia del imperialismo inglès, sus atropellos, la introducción del opio en la China, la organización de trata de esclavos, ademàs de explicar el derecho de la Argentina a suprimir todo vestigio de colonialismo. A estos efectos proponemos la creación de un Comitè de Defensa de la Soberanìa nacional integrado por las mencionadas personalidades, para qué actùen conjuntamente con la Secretarìa de Información dela Presidencia.

c) Reemplazar al Ministro de Economía, Dr. Alemann. Dicho funcionario continúa y profundiza la polìtica destructora del aparato productor industrial del paìs iniciado por el Dr.Martìnez de Hoz. Esta polìtica ha fracasado. Es preciso designar un Ministro que eleve los salarios, controle severamente a los especuladores de las tasas de interès y los precios, e inyecte impulso a las industrias militares y civiles. La adopción de una polìtica industrialista en lugar de esta polìtica financiera, que solo beneficia a los acreedores del extranjero, es una exigencia bàsica de la Defensa Nacional y de la Naciòn en peligro. Nadie podrìa pensar hoy en adquirir armamento en Estados Unidos, socio y aliado de nuestro inmediato enemigo inglès, a la misma Inglaterra, a Francia y a otros paìses europeos. Ante el patriotismo argentino se ha organizado una coalición mundial. Solo la podremos vencer con la unidad de las Fuerzas Armadas y el pueblo de la patria; pero para movilizar al pueblo hay que practicar la justicia social, el nacionalismo econòmico y la independencia cultural del antiguo monopolio espiritual europeo.

Señor Presidente:

La soberanìa nacional es indivisible. No se puede ser nacionalista en las Malvinas y liberal oligàrquico en Buenos Aires. El Señor Alemann contesta los golpes y ofensas financieras de los ingleses con actitudes de “gentleman” inadecuadas para una situación de guerra.

La escandalosa revelaciòn de que el Sr. Alemann corre en socorro del Banco de Londres por intermedio del Banco Central no puede extrañar a ningún observador de la vida pùblica argentina.

Para hacer frente a una guerra con los esclavistas ingleses el gobierno militar cuenta con un ministro de Economía que ha sido siempre un notorio abogado de los intereses suizos y europeos. En realidad, para la banca europea que hoy nos bloquea, el Sr.Alemann es el inspector de nuestra deuda externa situado en el cargo justo. Los ingleses no podrìan tener un aliado màs eficiente en el corazòn del gobierno argentino. Para colmo, ahora es Suiza la encargada de atender los intereses Britànicos en la Argentina. ¡Dramàtica paradoja es la de nuestro paìs! Mientras soldados argentinos mueren en Malvinas, los banqueros ingleses son protegidos por la màs alta autoridad econòmica, representante de la Motor Columbus y de las empresas suizas de electricidad. Esto no solo es una inmoralidad manifiesta, sino constituye una negligencia monstruosa e intolerable para un paìs en guerra. Serìa bueno conocer la opinión de los compatriotas que hoy arriesgan la vida en las Malvinas.

El FIP plantea la necesidad de convocar al pueblo argentino a inundar las calles de la Repùblica y mostrar la fèrrea voluntad de contestar unánimemente a la insolente flota imperialista que se aproxima a nuestras aguas territoriales. El pueblo argentino, por lo demàs, cuenta con la simpatía ardiente de nuestros hermanos de Amèrica Latina.

Hay que recordar al paìs que el Ejèrcito Nacional naciò como milicia organizada para repeler victoriosamente las dos primeras invasiones inglesas y que enfrentò a las escuadras anglo-francesas coaligadas en 1845 y 1848. La reconquista de las Malvinas coronarà la guerra de la Independencia.

Pero si el gobierno militar se encierra en la pura resistencia tècnica, quedarà aislado adentro como hoy està aislado afuera. Para romper el aislamiento, es preciso comprender que, como decìa Claussewitz, “la guerra es la continuación de la polìtica por otros medios”. Esa polìtica, Señor Presidente, es la que proponemos en las lìneas precedentes.

Saludamos al Señor Presidente con nuestra mayor consideración:

Por la Junta Nacional

Jorge Abelardo Ramos

EL PENSAMIENTO NACIONAL
El pensamiento colonial en muchos argentinos, es decir, una forma partìcular de ver el paìs y el mundo como ciudadanos de segunda clase, es un rasgo de la Repùblica emancipada a medias. Esto acaba de ser demostrado con meridiana claridad con la reconquista de las Malvinas.

El tema de las islas irredentas se habìa convertido en un ritual escolar petrificado, en un latiguillo de insignificante resonancia en el espìritu pùblico. Por ese motivo la presentaciòn a la Suprema Corte de Justicia de la Naciòn, en febrero de 1981, de un recurso firmado por Luis Marìa Cabral y el autor de este libro resultò algo insòlito y hasta fuera de lugar. En ese recurso legal los ciudadanos mencionados pedìan al Tribunal medidas cautelares inmediatas para obligar a negociar a los ingleses, luego de “cien años de soledad”; embargo del Banco de Londres y Amèrica del Sur, incautación de las estancias de la Corona en Santa Cruz (setecientas mil hectáreas en la frontera con Chile, interrupción del tràfico aèreo y marìtimo de y hacia Inglaterra,etc). La Corte rechazò dicho recurso por cuestiones de forma y se declarò incompetente. En esa oportunidad dijimos que, en efecto, la turbia historia de la Corte ponìa en evidencia que siempre habìa sido incompetente para defender el interès nacional.Nada menos que hasta el diario “Crònica”, al informar sobre el recurso de Ramos y Cabral, opinò que los autores del recuso judicial solo buscaban publicidad. Semejante injuria resultaba bien extraña en òrganos que rutinariamente explotan la sangre, el sexo o el escàndalo. En cuanto al resto de la prensa, guardò un altivo silencio.¿Como molestar al amigo britànico con tamaña impertinencia?

Y bien, al producirse la ocupación militar de las islas el 2 de abril, fecha que merecerà un lugar de honor en las luchas de la emancipación latinoamericana, el estupor que causò en los medios “polìticos” “cultos” o “izquierdistas” el acontecimiento no puede menos que calificarse de memorable. Claro està que fue un “clamor secreto”, una “indignación inconfesable”. Nadie se atreviò a “borrarse”. Pero desde periodistas, universitarios, militares o polìticos, en fin, todo gènero de “gente avisada” y hasta ministros del propio gabinete, quedaron consternados. No tuvieron màs remedio que aprobar, “de la boca para afuera”, el gran acontecimiento.

Pero nadie ignora las amargas crìticas a las Fuerzas Armadas formuladas en corrillos hasta por muchos de los que han venido usufructuando la comensalìa de la dictadura en los años que èsta sirviò a la oligarquía y al capital extranjero, asì como por otros partidos y sectores de la “oposición”, de la burguesìa industrial y de los terratenientes, para no hablar de la alta finanza. Tampoco faltaron en esta “condenación silenciosa” la vacua fauna de “izquierdistas” que coincidìan con los anteriores. Naturalmente la espontànea e irresistible explosión de patriotismo del pueblo los enmudeciò a todos.

Para comprender la naturaleza del pensamiento colonial clasificarìamos sus matices en el siguiente orden:

1.- La ocupación de las Malvinas es “inoportuna”. ¿Por què no haberla hecho en otra ocasión màs favorable?

2.- La ocupación “es una farsa”. Ya hay “un arreglo con los ingleses” para un negociado y con los norteamericanos para “cederles alguna base naval”.

3.- La ocupación “esconde” el propòsito de Galtieri y otros jefes militares de tapar el asunto de los desaparecidos en la lucha antiterrorista con la pantalla de las Malvinas;

4.- La ocupación es una simple “medida de polìtica interna”, que proporcionarà a Galtieri algún prestigio polìtico susceptible de facilitar su plan de presentarse como candidato a Presidente en el reordenamiento polìtico que el règimen procura como “salida”.

5.- La ocupación es un “acto irresponsable” de un “gobierno irresponsable y que arruinarà nuestras relaciones con Occidente y el flujo de capitales, para no hablar de los “peligros de una aproximación al bloque oriental guiado por la URSS”.

6.- La ocupación es un acto “positivo”, pero realizado por un gobierno “fascista”.
De este modo, conservadores, liberales,muchos radicales,desarrollistas, por supuesto el occidentalista Manrique, universitarios de prosapia màs o menos “marxista-mitrista”, “progresistas” de la clase media profesional, el Barrio Norte y la gran prensa-en suma la sociedad anglòfila tradicional- se distribuyen las categorías interpretativas que hemos reunido màs arriba. Resultan ser el sofocado eco del lapidario juicio europeo- liberal o “socialista”- sobre los argentinos. Todo el Occidente putrefacto, desde Miterrand, el charlatàn Règis Debray o el laborismo europeo, se ha lanzado contra nosotros. El pensamiento colonial consiste, en resumen, en que no puede concebir una decisión importante adoptada por argentinos al margen de la influencia norteamericana, europea o rusa.

A este tipo deconducta intelectual le resulta impensable que algún gobierno, sea cual sea su naturaleza, decida emprender un camino independiente. Esto ya pasò con Yrigoyen, con el gobierno militar del 4 de junio de 1943, luego con Peròn. Resultaba un verdadero escàndalo un gobierno capaz de enfrentarse con Europa o con Estados Unidos. La explicación de tal acto no habìa que buscarlo en quienes adoptaban las decisiones incriminadas, sino en algún supuesto acuerdo con alguna potencia mundial. Asì Yrigoyen, al ordenar a la Armada solo saludara a la bandera de Santo Domingo cuando la isla estaba ocupada por los yanquis, fue acusado de ser un instrumento de Gran Bretaña. Cuando el gobierno militar del 4 de junio intervino las empresas imperialistas de electricidad, clausurò “La Prensa” y mantuvo la neutralidad ante la Guerra Mundial, fue acusado de ser un agente nazi. En fin, Peròn no escapò a la regla. Por su polìtica de enfrentamiento con Estados Unidos recibiò desde derechistas o izquierdistas cipayos el mote de “agente inglès”, en tanto solamente la Izquierda Nacional, predecesora del FIP, sostenìa al gobierno de Peròn.

Algunos polìticos declararon que “ha llegado la hora del silencio.” Otros proclaman que hay que suspender toda actividad polìtica hasta después del conflicto. Por el contrario, para vencer al imperialismo hay que movilizar la energìa espiritual del pueblo argentino e inyectar a la polìtica su potente sentido històrico.

Es tambièn llamativo del pensamiento colonial el uso u omisiòn de ciertas palabras. Como durante un siglo y medio la Argentina no ha enfrentado a Francia e Inglaterra, la idea misma de entablar una guerra con los paìses”modelos” resulta al sector “culto” y “europeizado” algo intolerable. Por eso nadie habla de que estamos en guerra. La palabra misma no se pronuncia. Al contrario,hay una especie de clamor por la “paz” mientras los ingleses ametrallan nuestras islas, matan a jóvenes argentinos, intentan hambrear al paìs, bloquean la economía y las finanzas y pretenden establecer un cerco de hierro de alcances mundiales. Tal es el pensamiento colonial. La juventud podrà entender la lucha intelectual de Ugarte, Scalabrini Ortiz, Jauretche, Hernàndez Arregui, Irazusta, Rosa y otros ilustres argentinos sobre la naturaleza del imperialismo inglès entre el humo de los disparos.

El vuelco de este règimen militar oligàrquico hacia la proeza de las Malvinas solo puede redundar en beneficio del paìs, en la caìda de Alemann y en la crisis de la polìtica oligàrquica, antiindustrialista y antiobrera, seguida hasta hoy.

La defensa nacional exige una polìtica econòmica nacional y popular. Pero la anglomanía de la vieja sociedad victoriana sobrevive en medio de la guerra con el imperialismo britànico y hasta paraliza la acciòn del mismo gobierno que hoy enfrenta a la flota de la pèrfida Albiòn. Los ingleses, estamos seguros de ello, y desde alta mar, daràn una enèrgica lecciòn de antiimperialismo a todos los cipayos argentinos que no se resignan a perder a su amado imperio.

Mayo de 1982

PARA GANAR LA GUERRA CONTRA EL IMPERIALSMO
Desde hace algún tiempo el gobierno ha cesado de intercambiar opiniones con las expresiones polìticas orgànicas sobre la grave – y honrosa- situación nacinal. No hacemos cuestiones de forma en este momento. No nos detendremos en el curioso hecho de que los ùnicos interlocutores en las entrevistas mantenidas en las ùltimas semanas por funcionarios del gobierno sean personalidades notoriamente “pro-occidentalistas” y que, por su origen social y econòmico no ocultan – como todo el paìs lo sabe- sus veladas crìticas a lo que consideran un acto “de irresponsabilidad” de las FF.AA. En suma, en las ùltimas semanas el gobierno dialoga con los amigos de las mismas potencias que nos calumnian, bloquean o matan argentinos.

La causa de este hecho radica en que el gobierno arrastra en la nueva època històrica abierta el 2 de abril, los fantasmas, aliados e ilusiones de la vìspera, de aquel remoto 1º de abril. Pero el viento de la historia ha barrido con unos y con otras. Este memorial persigue el exclusivo propòsito de explicar las razones por las cuales nuestro movimiento ha sugerido hace unos dìas la imperiosa necesidad de que las Fuerzas Armadas, que llevan la responsabilidad de luchar en el frente militar contra Inglaterra y sus aliados, asuman la plenitud de la conducción del gobierno. Esto es, preconiza la formación de un gabinete exclusivamente militar a fin de incorporar al fin supremo de obtener la victoria contra el imperialismo a los frentes econòmico, educativo y de información y de propaganda pùblica. Una guerra, y en particular una guerra de emancipación, no se gana solo en el frente de batalla. Se puede perder en la retaguardia si la conciencia nacional es confundida por las voces de los aliados internos de nuestros enemigos, si los recursos productivos de la Naciòn se paralizan o si las finanzas del paìs en lucha son atacadas sin respuesta por las potencias agresoras.


¿CUAL ES LA RAIZ

DE LA NUEVA SANTA ALIANZA CONTRA LA ARGENTINA?


Comencemos por decir que el Ejèrcito argentino naciò como milicia en la lucha contra el imperialismo britànico que pretendìa anexarnos a su poder colonial en 1806. Las Fuerzas Armadas de la naciente patria criolla fueron luego el brazo decisivo de la Revoluciòn de Mayo, cuya raìz era hispanoamericana. Sus grandes capitanes fueron San Martín y Bolívar, entre muchos otros soldados de la Revoluciòn. Asì nacieron nuestras relaciones con la Europa colonial y hoy, 176 años màs tarde, la misma Inglaterra y sus rapaces, aunque civilizados amigos y aliados, avanzan con su flota contra nosotros.

A bordo viene el remington de escolta del Palacio de Buckingham con sus cobres, sus gaitas y plumas. Y los feroces Gurkhas, “cipayos del Nepal”, afilando sus dagas de 30 centìmetros bajo la mirada del Príncipe Andres, como en los tiempos de la carga de la Brigada Ligera. Tenemos la convicción de que esta postrera aventura del Imperio concluirà como la famosa Carga, de la que sobrevivieron solo 17 jinetes. El anacronismo de este Occidente (“Occidere” en latìn significa “moribundo”) salta a la vista, pero para los argentinos esta lucha es un renacimiento de las màs viejas y heroicas tradiciones militares. Kipling està muerto y enterrado y no otra suerte aguardarà a todos los cipayos, del Nepal y otras partes.

La historia ha cerrado su vasto cìrculo. Es cierto que durante màs de un siglo la Europa colonialista, fracasado su propòsito de 1806, incorporò a la Argentina posterior a San Martín al mapa colonial sin colores como semicolonia de orden econòmico, financiero y cultural. La anglofilia y la francofilia fueron la enfermedad sutil màs difundida en las costumbres, la cultura y la vida social argentina en los ùltimos cien años. Estos lazos no eran de hierro, sino de lana, carne y cereales.

Fuimos la mejor amiga de Inglaterra, la “granja” del “taller del mundo”, el ejemplo pròspero de un ideal librecambista. Pero ese idilio se desvaneciò con la creación del MCE. Europa se volviò proteccionista mientras que habìa en nuestro paìs anglòfilos que pretendìan seguir siendo librecambistas. Europa estaba en declinación como mercado para nuestros productos ya desde 1960 cuando se funda el MCE. Es cierto que la Argentina pareciò no advertir que Europa se habìa “agrarizado” con el apoyo de una potente tecnología. Nos èramos mutuamente superfluos. Pero sus usureros y sus banqueros, lo mismo que los Estados Unidos, aspiraban a seguir succionando la renta nacional por medios bancarios y ya no por el mecanismo de intercambio de productos primarios contra productos industriales.

Visto el proceso al revès, debemos admitir que en estos ùltimos cien años ningún gobierno argentino, fuera de protestas platònicas al Foreign Office, soñò siquiera con afrontar una guerra con Inglaterra a causa de las Malvinas. Parecìa infinitamente màs importante el comercio exterior, tradicionalmente asegurado con nuestros compradores europeos, que la batalla por una soberanìa abstracta en el Atlàntico Sur. Todo permaneciò sumergido en el corazòn de la patria: los monopolios o cereales, los grandes estancieros, los aseguradores del Lloyd de Londres y el Mercado de Smithfield resultaban ser lo esencial. La cultura reinante, de estirpe groussacquiana, relegaba a la patria vieja todas las campañas sanmartinianas. Amèrica Latina solo era un reseco mito escolar. Eramos europeos, y no criollos o mestizos. Se miraba a la Amèrica Latina de Bolívar por encima del hombro. Pero, en realidad, no èramos europeos. Europa nos despreciaba, incluido a los millonarios argentinos de principios de siglo que viajaban a Parìs a “tirar manteca al techo” en los cabarets de Montmartre y a los que bautizaron como “rastacueros”.

Cuando se crea el MCE esos lazos seculares tienden a desaparecer. La ruptura con Europa crea las bases de una polìtica argentina nueva. La audaz decisión de las FF.AA. de recuperar las Malvinas y que implica un imperecedero acto històrico se produce cuando lo ùnico que nos vinculaba ya con Europa es una gran deuda, maniobrada por muchos abogados ligados a los bancos europeos. Esta deuda colosal constituye un peligro para la estructura productiva del paìs, esencial palanca de la defensa nacional.



Hemos regresado, pues, a los orìgenes. En otro plano de desarrollo y madurez, hemos vuelto a los tiempos de San Martín y Bolívar. América Latina nos espera. A ella debemos mirar. Allì encontraremos a nuestros aliados naturales, los olvidados hermanos y tambièn los mercados estables para un apoyo mutuo, las armas y las almas afines, la misma lengua, una cultura comùn, una idèntica tradición històrica, los lazos religiosos, la memoria colectiva de una gran hazaña. Tal es el resultado màs trascendente de la reconquista de las Malvinas. Las tierras huèrfanas del lejano Sur nos han devuelto al Norte, hacia la Amèrica Criolla.
¿ESTAMOS SOLOS? AMIGOS Y ENEMIGOS
No estamos solos, por el contrario. No sòlo toda la Amèrica Latina ha expresado su solidaridad activa sino que contamos con la simpatía y el apoyo de los dos tercios de la humanidad, los pueblos recientemente emancipados de la tutela colonial y que en el Tercer Mundo combaten, de acuerdo a la propia originalidad de su desarrollo històrico, por causas nacionales anàlogas a las nuestras. Contra ciertas voces agoreras que lagrimean por el “aislamiento” de la Argentina, debemos subrayar con toda energìa que por la acciòn de las armas, “ultima ratio” de la actividad històrica, la Argentina ha creado, de un solo tajo, una polìtica exterior propia, al fin, después de un largo perìodo en que nuestras relaciones con el mundo exterior estaban determinadas por la ruta de los navìos mercantes de las grandes potencias y de los seguros extranjeros. Por el contrario, solo seremos respetados por las potencias si sabemos hacernos respetar. Hay que desprenderse de toda banalidad verbalista e insustancial de suponer que “somos de Occidente”, como si se tratara de un credo religioso o como si practicar una polìtica hispanoamericana- incluido el Brasil- supusiera pasar al bloque soviètico. Nada es màs falso. El bloque soviètico se guìa por su interès nacional, segùn lo entienden sus dirigentes, y si ese interès nacional lo lleva a invadir Polonia o Afganistán, no vacila en hacerlo. La abstención de la URSS en el Consejo de Seguridad cuando fue condenada la Argentina por los colonialistas muestra bien a las claras hasta dònde es posible contar con ese bloque. Lo mismo podrìamos decir de China. Pero la perversa propaganda anglo-norteamericana quiere obligarnos a capitular aduciendo que podrìamos llegar a aliarnos con los sovièticos. El pueblo argentino cuenta con un solo aliado real: el pueblo latinoamericano, lo que no quiere decir que no tenemos derecho a comerciar con cualquier paìs. Debemos negarnos a caer en la extorsión de un mundo bipolar: no es obligatorio estar con unos o con otros. Debemos estar con nosotros mismos.
¿EN QUE CONSISTE NUESTRA FUERZA?
Pero nosotros mismos somos una fuerza inmensa puesto que somos iberoamericanos. En otras palabras, integramos desde la raìz una comunidad que alcanzarà dentro de 20 años la frontera lingüística de 700 millones de almas que hablaràn español, màs 100 que hablaràn portugués. Serà la lengua màs hablada de occidente y la segunda del mundo después de China. ¿Cómo no reiterar el pensamiento sanmartiniano y bolivariano de un Mercado Comùn Latinoamericano, capaz de terciar en el comercio mundial, defender nuestros precios, proteger las industrias propias, crear una tecnología latinoamericana, concertar un sistema militar de apoyo mutuo, desarrollar las arterias vitales del “hinterland”, construir la hidrovìa continental concebida por el Almirante Portillo,desde el Plata al Orinoco y dejar atràs para siempre las humillaciones de ser paìses de tercer orden ante las jactanciosas potencias del mundo? Si las grandes naciones de occidente no hubieran unido sus partes en algún momento,si existiese todavía el Estado de Pensilvania erigido en Repùblica, el reinado de Normandìa, el principado de Hessen, o la Repùblica de Venecia, la civilización y el poder de occidente no habrian tenido lugar.

El papel que los Estados Unidos ha jugado en este conflicto no podrìa asombrar a nadie que conociera aunque màs no fuera someramente su historia diplomàtica y militar. Arrebatò la mitad del territorio mexicano en el siglo XIX y a España sus antiguas colonias. Ocupò con infantes de marina Santo Domingo, Cuba, Nicaragua una docena de veces, la ùltima en 1965. Ha perdido las ùltimas guerras coloniales que librò, la de Corea y la de Vietnam, donde fueron arrojados al mar por un pueblo armado de pasiòn patriòtica y de lanzas de bambù. Ahora acaba de proteger diplomáticamente a Inglaterra contra la Argentina para asegurar sus alianzas europeas, pero en realidad no cuenta ya ni con la confianza de los europeos de occidente y ha perdido por completo la escasa reputaciòn que le quedaba en Amèrica Latina. Tiene mucho dinero y la torpeza polìtica de un imperio tardìo que no logra encontrar lugar en un mundo que se deshace de los imperios.

¿EUROPA ES HOMOGENEA?
En cuanto a Europa, cuenta con la homogeneidad que brinda una historia comùn (de feroz colonialismo y explotaciòn de pueblos enteros) asì como su actual estructura del MCE. Pero el hecho de que la Argentina tenga una deuda externa de 20.000 millones de dòlares con Europa supone un poder de negociación y de presiòn que nuestro paìs no ha empleado hasta ahora.

¿Qué dirìan los socios del MCE ( cuyos miembros del Parlamento Europeo acaban de aprobar la pròrroga del bloqueo econòmico a la Argentina) si nuestro paìs anunciara que suspenderà todo pago de intereses y amortizaciones de nuestra deuda externa con aquellos paìses que la bloquean?¿ Y si añadiera que esa deuda serà analizada después de la guerra actual con Inglaterra, de acuerdo a los perjuicios materiales y morales infligidos a nuestro paìs por tales bloqueadores?¿No serìa justo recordar que cuando en la ùltima guerra mundial Inglaterra comprò durante cinco años los productos argentinos que la ayudaron a sobrevivir no sòlo no los pagò en ese lapso, sino que al concluir la contienda tampoco quiso pagar su deuda a la Argentina, bloqueò nuestras libras primero y después devaluò la libra? Eso puede hacerlo un gran potencia. Pero la Argentina, atacada por Inglaterra y sus aliados ¿no puede hacerlo? Sì puede, si quiere hacerlo. Si estamos en condiciones de hacer lo mayor, que es pelear y morir, podemos hacer lo menor, que es no pagar a la banca pèrfida y usurera y emplear esos recursos en nuestro esfuerzo de defensa nacional y de reanimaciòn de la economía.

El solo anuncio de semejante moratoria conmoverìa a la banca europea y quizàs dispersarìa a los aliados de los ingleses. Pero si asì no fuera, tal medida en legìtima defensa no agravarìa nuestra situación militar, aunque mejorarìa nuestra situación econòmica y financiera. La ofensiva inglesa en todos los planos no es respondida por el gobierno como debe ser, salvo en el plano militar. En el orden financiero y econòmico hay que pasar a la contraofensiva. El Lloyd’s Register of Shipping, de Londres, que reasegura el tràfico marìtimo con la Argentina, cancelarà su pòliza el 24 de mayo, con lo que pretende asestar un golpe a las exportaciones nacionales de cereales. Los aseguradores ingleses, que pretendìan apoderarse del mercado del seguro argentino, liquidando la Caja de Ahorro y Seguro, acaba de lanzar un cañonazo contra nuestro comercio exterior. Simultànemente, el ministro de Economía del gobierno argentino designò presidente del INDER, institución oficial del seguro nacional, a un conocido abogado de los aseguradores ingleses, los mismos que anuciaron en el dìa de la fecha que estrangularìan nuestro tràfico marìtimo.

Estas contradicciones del gobierno inducen a la perplejidad o indignación a la opinión pùblica que acompaña el esfuerzo de guerra y la que no puede comprender como los amigos de Inglaterra conducen nuestra polìtica econòmica y financiera. El Ministro aludido declara en Nueva Cork a los banqueros europeos que la Argentina pagarà puntualmente su deuda externa. Semejante incoherencia puede parecer divertida a la señora Thatcher pero no a los argentinos. O se està en guerra o no se està. Los caìdos en el Atlàntico Sur testimonian una conducta diferente a la del Ministro de Economía.

Si pasamos revista a la prensa, la radio y la televisión, podemos concluir que son realmente excepcionales los periodistas o los programas que expresan el heroico momento de la Argentina presente. La prensa escrita participa de un modo u otro de la campaña anglofila que tiende a situar el eje de la guerra en las Naciones Unidas mientras la flota inglesa recibe refuerzos y ataca las islas. La verdadera polìtica argentina es desdibujada y se atribuye constantemente a nuestro paìs una conducta de concesiones que al dìa siguiente se revelan falsas. En la radio desfilan personajes, como el Ingeniero Alzogaray, que juzga como un “nacionalismo de salòn” las proezas militares y nuestra actitud hacia “Occidente”. Se considera – seguido con entusiasmo por locutores que medran con la publicidad de trasnacionales y tambièn de empresas estatales- que debemos dejar el tema de la soberanìa para otra ocasión y que en realidad la causa de las islas no merece una guerra.

Directa o indirectamente, el sistema de propaganda y de la información, cuando no cae en un lagrimeo trivial, evade la verdadera naturaleza de la guerra contra el colonialismo, la historia de Gran Bretaña y Estados Unidos en el saqueo de naciones enteras y las epopeyas populares y militares para expulsar a lo largo de dècadas a estos vampiros internacionales. Por lo demàs, los programas de radio y TV en su inmensa y agobiante mayorìa, parecen ignorar la guerra y su profundo contenido a la que incluyen como un tema màs de una programación superficial y frìvola.

No es ocioso mencionar aquí que si hemos recuperado las Malvinas, nos hemos encontrado con una situación jurìdica peculiar. Una compañía colonial; como en el siglo XVI, posee la totalidad de las tierras de las islas, bajo la màscara de ocho grandes latifundistas que en realidad son testaferros de las Falkland Island Company, propiedad de una familia de la nobleza britànica. La reversión de ese monstruoso latifundismo a manos del Estado Nacional y su distribución a los malvinenses argentinos y cooperativas ganaderas a crearse deberìan ser un urgente acto jurìdico de soberanìa efectiva. No creemos que los malvinenses de origen britànico se nieguen a recibir la propiedad de su vivienda, lo que reforzarìa el prestigio argentino ante ese pequeño núcleo de ciudadanos de tercera clase.

Esta emergencia ha demostrado que sin un Estado fuerte no puede hacerse la guerra contra el imperialismo. Hay que desarrollar las industrias de Fabricaciones Militares y reconstruir la industria de capital argentino, sostén de la Defensa Nacional. Aquellos que atacaban al Estado argentino en nombre de la “libertad de empresa”son los mismos que hoy estàn anonadados con la guerra de emancipación puesto que sus intereses se vinculan a la Europa agresora. Nadie puede dudar ahora que a los ingleses hay que darles acero antes que caramelos. Nacionalismo econòmico, pues, democracia polìtica, justicia social y unidad con Amèrica Latina: tal es el programa que la historia impone con fuerza impresionante.

En síntesis, se tiene la impresión de que no hay una conducción polìtica que vincule el poder con el pueblo en medio del gran conflicto. No hay polìtica interna, no hay discursos del Presidente ni acciòn directa del Ministerio del Interior hacia adentro. Parecerìa que todo el gobierno estuviera sumergido en las obligaciones militares y que de su voz solo se escucharan lacònicos partes de guerra. No hay polìtica en el pleno y pùblico sentido del vocablo, pues las guerras no se ganan si no se tiene en cuenta que la polìtica en una crisis consiste en el paìs que se piensa a sì mismo en voz alta.

Señores miembros de la Junta Militar:

El mundo entero tiene hoy los ojos puestos en nuestro paìs. Amèrica Latina se ha puesto de pie como en los tiempos de Ayacucho para mostrar su càlida amistad por nuestra patria. Este acontecimiento trascendental supera las mezquinas especulaciones de capilla y partido. Sin embargo, estas especulaciones continùan y muchos sectores actùan a la sombra para restar crèdito y apoyo a la guerra contra el imperialismo britànico. Personajes, personajillos y hombres pùblicos apenas ocultan su juicio sobre la “inoportunidad” de la reconquista y platican con embajadores extranjeros para procurar ahogar en alguna intriga el formidable esfuerzo de la Naciòn.

Se ha desencadenado contra la causa nacional una formidable campaña externa destinada a quebrar nuestra moral de combate. Es preciso enfrentar al terrorismo ideològico de los colonialistas extranjeros y nativos. Hay una revoluciòn nacional inconclusa contra la oligarquía europeizante que deberà proseguir tras la victoria militar para que èsta sea un hecho que ingrese al porvenir.

Las Malvinas han sepultado el cadáver blanqueado de la OEA, esa institución creada por los Estados Unidos que presenciò durante dècadas bochornosas las convocatorias del gran vecino,cuando fijaba la hora y lugar para las asambleas, mientras los Estados Latinoamericanos, humildemente, “desfilaban como monjas, con los ojos bajos y sin pestañar”. Estàn sueltos los cachorros del leòn español por Amèrica,como cantaba Rubèn Darìo. Nadie podrà detenerlos ya.

Por todo lo expuesto, solicitamos la formación de un gabinete exclusivamente militar para llevar al triunfo las operaciones de la guerra, la diplomacia, la cultura y la propaganda. Serà un primer paso para buscar la fusiòn revolucionaria de las FF.AA. y el pueblo argentino.

18 de mayo de 1982




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