Actitudes y comportamiento Actitudes según Bem (1970)



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Actitudes y comportamiento

Actitudes según Bem (1970): “las actitudes son lo que nos gusta y lo que nos disgusta. Son nuestras afinidades y aversiones hacia objetos, situaciones, personas, grupos y cualquier otro aspecto identificable de nuestro ambiente, incluso ideas abstractas y políticas sociales”. Así las actitudes son nuestros sentimientos evaluadores (bueno /malo) hacia determinados blancos; son afectivas o emocionales. Esta cualidad afectiva o evaluativa es probablemente la característica más importante del concepto de actitudes. Las actitudes se refieren primordialmente a lo favorable de nuestros sentimientos hacia un blanco particular.

Este concepto tiene una amplia generalidad. Podemos tener sentimientos favorables o desfavorables (actitudes) virtualmente hacia todo: personas, objetos, problemas, acontecimientos, situaciones, políticas, grupos, ideas abstractas, entre otras.

En términos operativos, en la investigación aplicada en Ciencias Sociales, generalmente se acepta que una actitud es una organización relativamente duradera de creencias en torno a un objeto o una situación, las cuales predisponen a reaccionar preferentemente de una manera determinada” (Milton Rokeach). Las actitudes lógicamente son constructos hipotéticos (son inferidos pero no objetivamente observables) , son manifestaciones de la experiencia consciente, informes de la conducta verbal, de la conducta diaria, etc...

La diferencia entre actitudes y creencias la explican Fishbein y Ajzen (1975): “mientras la actitud se refiere a una evaluación favorable o desfavorable de la persona hacia un objeto, las creencias representan la información que esta persona tiene acerca del objeto. Específicamente, una creencia une el objeto con algún atributo”. Mientras que su diferencia con la conducta está en que esta es un acto evidente u observable.



En la definición anterior hay que destacar cinco (5) ideas o aspectos:

  • Las creencias son la base de las actitudes.

  • Las actitudes se pueden referir a “objetos” y “situaciones”

  • Las actitudes son predisposiciones a actuar a partir de la experiencia

  • Son predisposiciones que necesitan de estímulos socio – culturales

  • El núcleo de estas predisposiciones lo constituyen los “valores” que orientan el comportamiento y son “la fuerza motivacional”.

Los seres humanos tenemos actitudes hacia muy diversos objetos y situaciones y símbolos, por ejemplo, hacia el aborto, la política económica del país, la acreditación, los sistemas de evaluación, los modelos pedagógicos, los diferentes grupos étnicos, la Ley, etc.

Las actitudes están relacionadas con el comportamiento que mantenemos en torno a los objetos a que hacen referencia. Por ejemplo: Si mi actitud hacia la política de acreditación curricular es favorable, lo más seguro es que participaré en su desarrollo e implementación en la Universidad. Si mi actitud es desfavorable a cierto candidato presidencial, lo más probable es que no vote por él en las próximas elecciones.

Las actitudes son sólo un “indicador” de la conducta pero NO la conducta. Es por ello, que las mediciones de actitudes deben interpretarse como “síntomas “o como indicios y no como hechos.

Por ejemplo, si se detecta que la actitud de un grupo hacia la contaminación es desfavorable, esto no significa que las personas están adoptando acciones para evitar la contaminación, pero si es un buen indicador que pueden irlas adoptando paulatinamente.

No obstante las definiciones de actitud se generan en torno a dos posturas, que hacen referencia a la naturaleza estructural de las actitudes:

Por un lado la Escuela del Componente Único (o Unidimensional), la cual mantiene que una actitud es simplemente la tendencia a evaluar un objeto o constructo en términos positivos o negativos. Esta escuela de pensamiento mantiene que las actitudes son evaluativas, y que se refieren a un objeto.



Por su parte la Escuela de los Componentes Múltiples (o Multidimensional), conceptualiza la estructura de la actitud formada por tres componentes (Ros, 1985, pp.220):

  • Cognoscitivo. (opiniones e ideas acerca de un objeto). Está formado por las percepciones y creencias hacia un objeto, así como por la información que tenemos sobre un objeto. Los objetos no conocidos o sobre los que no se posee información no pueden generar actitudes. El componente cognitivo se refiere al grado de conocimiento, creencias, opiniones, pensamientos que el individuo tiene hacia su objeto de actitud.



  • Afectivo (sentimientos evaluativos de agrado o desagrado). es el sentimiento en favor o en contra de un objeto social. Es el componente más característico de las actitudes. Aquí radica la diferencia principal con las creencias y las opiniones -que se caracterizan por su componente cognoscitivo-. El componente afectivo alude a los sentimientos de una persona y su evaluación del objeto de actitud.




  • Componente Conductual. (tendencias de acción). es la tendencia a reaccionar hacia los objetos de una determinada manera. Es el componente activo de la actitud. la dimensión conductual cubre tanto sus intenciones de conducta como sus acciones de respecto a su objeto de actitud.


En contra del modelo tripartito afirman que los tres factores -afectivo, cognitivo y comportamental- podrían estar desconectados lo que llevaría a distinguir entre creencias, actitudes, intenciones y conductas. Así las actitudes representan las emociones respecto al objeto de actitud, es decir, la evaluación positiva o negativa que se hace acerca de ese objeto.

Las creencias se refieren a las opiniones emitidas acerca del objeto de actitud. Y finalmente, la conducta o intenciones conductuales se relacionan con la predisposición para cierta clase de acción, esto es, la disposición a comportarse de una forma especial con respecto a un objeto determinado de actitud.

Todas las actitudes implican creencias, pero no todas las creencias implican actitudes. Cuando determinadas actitudes específicas se organizan en una estructura jerárquica, constituyen sistemas de valores.



LOS CAMBIOS DE ACTITUDES.

Los esfuerzos por “cambiar las actitudes” pueden dirigirse sobre todo al componente de creencias o al componente sentimental o afectivo (Katz, 1984). Rosenberg (1960) supone que un cambio en uno de los componentes produce cambios en el otro y presenta evidencia experimental para confirmar esta hipótesis.

Para conocer los mecanismos de cambio deberemos conocer su funcionalidad. Así Katz (1984) define cuatro funciones que pueden desempeñar las actitudes en la personalidad con relación a sus bases motivacionales y son:


  • Función instrumental, adaptativa o utilitaria. Esencialmente esta función consiste en reconocer el hecho de que la gente se esfuerza en maximizar las gratificaciones del mundo externo y en minimizar lo desagradable.

  • Función defensiva del yo. A través de la cual la persona se protege a sí misma de reconocer las verdades básicas sobre sí misma o las duras realidades de su ambiente externo.

  • Función expresiva de valores, en la que el individuo obtiene satisfacciones al expresar actitudes adecuadas a sus valores personales y a su concepto de sí mismo. Sirve para indicar el tipo de persona que somos.

  • Función cognoscitiva. Las personas necesitan patrones o marcos de referencia para comprender su mundo y las actitudes ayudan a suministrar tales patrones. Esta sirve para darle significado y orden a nuestro mundo.

LA FORMACIÓN DE LAS ACTITUDES.

¿Cómo se forman las actitudes?

Se forman por medio de la experiencia con los objetos de la actitud. Esto se puede explicar en base a tres paradigmas del aprendizaje:


  • Conforme a los principios del condicionamiento clásico, cuando un objeto nos produce una sensación placentera, sentiremos una actitud positiva frente a él. Por ejemplo, un bebe que se siente cómodo, seco y bien alimentado en presencia de su madre, tendera a adquirir una actitud positiva ante ella. Por el contrario, cuando un objeto se experimenta junto con una secuencia desagradable de estímulo-respuesta, aparecerá una actitud negativa frente a él. De este modo se aprenden las fobias y aversiones.

  • Los principios del condicionamiento operante establecen que, si recibimos reforzamiento después de manipular un objeto, aprendemos actitudes positivas hacia él. Si la actividad produce directamente una experiencia gratificante, desarrollaremos actitudes positivas frente a él. Por ejemplo: cuando un niño le gusta jugar al futbol o dibujar, sus padres elogiaran sus esfuerzos, con seguridad adquirirá una actitud positiva entre ambas actividades debido a la satisfacción intrínseca y las recompensas extrínsecas de sus padres. En cambio aparecerán actitudes negativas si la acción ante un objeto se acompañan de castigos. En este caso, si el jugador de futbol se cansa y se lesiona durante el juego y si los padres critican su desempeño, adquirirá actitudes negativas frente a ese deporte.



  • Los principios del aprendizaje por observación indican las formas en que las experiencias indirectas influyen en el desarrollo de las actitudes. Es decir, si observamos a alguien hacer algo y disfrutarlo, nos formaremos una actitud positiva hacia el objeto del pensamiento. Por ejemplo, en un trabajo sobre la agresión infantil se indicó que cuando un grupo de niños veían al encargado portarse de forma agresiva con los juguetes, se formaban actitudes positivas ante “obrar agresivamente”, en este caso a ese objeto del pensamiento, es decir, los juguetes. Pero si vemos que alguien evita la acción con un objeto o que es obligado a realizarla, tenderemos a formarnos actitudes negativas hacia ese objeto. Esto se ejemplifica cuando vemos a alguien ser perseguido o mordido por un perro que luce enojado, probablemente adquiriríamos aversiones contra este tipo de perros.

Esto quiere decir que no es necesario que los incidentes “observados” sean experimentados en nuestra propia presencia, estos pueden ser descritos en una historia o presentados en algún medio de difusión. Incluso el mismo hecho de manejar un idioma podría condicionarnos, ya que adaptamos las actitudes con solo escuchar a alguien expresar afinidad o aversión por algo.

Actitudes y comportamientos.

A la psicología social le interesan las actitudes a fin de poder predecir la conducta. En definitiva, la forma en que actuamos en favor o en contra nuestra influye decisivamente en nuestra vida. Las actitudes son tendencias bastante persistentes pues generalmente no cambian a lo largo del tiempo, por tanto, deberían ser un buen indicador de cómo se comporta la gente. No obstante, muchas investigaciones revelan que no siempre nos permiten predecir cómo se comportara una persona. Un ejemplo de bajo ciertas condiciones las actitudes influyen en el comportamiento de las personas es el siguiente. Una mujer podría tener una actitud ambivalente hacia un pastel de chocolate, le encantara su sabor pero sabe que podría engordar. Debido a esta ambivalencia ella podría rechazar el pastel en algunas ocasiones o decidir comerlo en otras, dependiendo de si ganan sus reacciones positivas o negativas respecto a ese objeto.



Consistencia entre actitudes y conducta o comportamientos. ¿Qué tan consistentes son las actitudes y la conducta?

  • Factores situacionales: La situación en que debe efectuarse la acción influye en la consistencia entre actitud y conducta. En algunas situaciones intervienen muchos factores que pueden opacar la influencia que una actitud tiene en el comportamiento. Los psicólogos ambientales han demostrado que la situación interactiva puede afectar más a nuestra conducta que la personalidad (Baker, 1986) y lo mismo podemos decir de nuestras actitudes. También se tiene como referencia que algunas acciones están tan estrechamente ligadas al contexto situacional que las actitudes no nos permiten predecirlas. Si una acción hubo de realizarse dentro del contexto donde parecería ofensiva a gran parte de la audiencia, tal vez quede reprimida, por ejemplo: Si una anfitriona de un restaurant tiene una actitud negativa hacia los Chinos, esta no negara el servicio a los mismos ya que ocasionaría un alboroto innecesario en el establecimiento, especialmente por la audiencia que allí se encuentra. En su teoría de la acción razonada Ajzen y Fishbein (1980) afirman que, si alguien percibe que otros creen que no debería realizar un acto en particular, esas normas sociales son potentes inhibidores de la acción.

Por otro lado Campbell (1963) señala los contextos situacionales de la conducta y la expresión de actitudes; es decir ambos casos no son inconsistentes, que una persona manifieste una actitud de rechazo en una carta y se comporte de una forma amistosa en la interacción cara a cara, no son expresiones incoherentes, Tendría la misma actitud latente, pero la diferencia está en la expresión de la actitud que se requiere ante las dos situaciones. Lo que Campbell quiere señalar es que: solo quienes tengan solida actitud negativa contra el objeto realizaran acciones de rechazo (el cara a cara), en cambio, quienes tienen una actitud menos negativa contra el objeto lo harán indirectamente (por una carta).

En términos generales esto significa lo siguiente: 1) las conductas son la forma más fuerte de expresar actitudes, 2) las expresiones del juicio afectivo son formas intermedias y 3) las expresiones de creencias son las formas más débiles de expresar una actitud. Los resultados de la conducta no serán congruentes con otras formas de expresión de las actitudes, salvo cuando la actitud se sostenga con firmeza, no se juzgue controvertida o cuando se haya realizado en privado o sin una audiencia importante.



  • Recuerdo de la actitud y la conducta. Las actitudes no influirán en la conducta si uno se comporta de una manera inconsistente. Esto quiere decir que las actitudes no incidirán en nuestra conducta si no las resaltamos cuando obremos, no las tendremos en nuestra conciencia inmediata. Un experimento sobre las actitudes ante las acciones antidiscriminatorias revelo que, si a los sujetos no se les indica considerar su postura, las actitudes y los juicios serán inconsistentes. Por ejemplo: En el caso de la anfitriona, si esta recibiera una indicación del gerente acerca reflexionar sobre su actitud ante los asiáticos, esta actuaria de manera coherente con la situación en el restaurant. El recuerdo espontaneo de nuestras actitudes cuando hemos de hacer algo depende de la fuerza de la asociación entre el objeto y nuestra evaluación; Esta fuerza de asociación se debe a que si nos han pedido varias veces expresar una misma actitud, tendremos un acceso fácil a ella desde la memoria.



  • Teoria de la acción razonada. Ajzen y Fishbein (1980), al presentar su teoría de la acción razonada llevan un poco más adelante el concepto de la especificidad de la actitud. En su opinión, las actitudes referentes a conceptos globales, como el control prácticamente no sirven para predecir el comportamiento. Algunas actitudes, entre ellas la de estar a favor o en contra de la guerra de Iraq, está muy alejadas de la actividad diaria de la gente. Podría relacionarse con la conducta, solo si influía de manera determinante en la decisión de votar por uno o por otro candidato presidencial. Lo que necesitamos conocer es la actitud frente a una conducta concreta como el control natal o la compra de una lavadora. Solo cuando usamos actitudes respecto a la realización de algunas conductas concretas, podrá el investigador esperar consistencia entre las actitudes y la conducta.

Ajzen y Fishbein utilizabaron la actitud hacia la conducta y la norma subjetiva descrita en el modelo adjunto; de ese modo han logrado predecir la conducta con bastante certeza.

Al medir en forma meticulosa los elementos de creencia y de valor en la actitud hacia ciertas conductas y hacia la norma subjetiva, predijeron comportamientos tan importantes como seguir una dieta sana y regímenes de ejercicio, la decisión vocacional de las mujeres, las decisiones de compra, la votación y la aceptación de un tratamiento contra el alcoholismo. En lo esencial, la norma subjetiva es la evaluación de lo que otras personas importantes les gustaría que hiciera un sujeto en una situación especial. En la generalidad de los casos, sus creencias relacionadas con las consecuencias de la conducta y su evaluación de ellas que determinaron su actitud contribuirán más a predecir la conducta que los factores normativos.



Factores que determinan la actitud de una persona.

Nota: las flechas indican la dirección de la influencia.



  • Actitudes y reacciones inmediatas de comportamiento. Situaciones en las que debemos actuar rápidamente.  por ejemplo, si alguien se pone justo delante de ti sin haber hecho la fila para pagar en una tienda.  Según la teoría modelo de proceso ¨de la actitud a la conducta¨ la actitud influye sobre nuestras percepciones del objeto de la actitud y la información acerca de lo apropiado, moldean nuestra definición del evento.  De esta manera la percepción influirá sobre la conducta.

Predicción de conductas específicas:

Ajzen y Fishbein (1974) presentaron algunas pruebas de que las conductas específicas pueden predecirse por la medición de las actitudes de la gente hacia la conducta misma. Así, las mediciones de la actitud y de la conducta deberán estar al mismo grado de especificación: las actitudes hacia las conductas específicas predecirán conductas específicas, en tanto que actitudes generales hacia los objetos predecirán el total de beneficios de la categoría de las conductas hacia los objetos (criterios de conducta de actos múltiples). Por ello, aun las conductas específicas pueden predecirse.

¿Por qué las actitudes generales no predicen conductas específicas? Por ejemplo, ¿Por qué las actitudes hacia la religión no predicen su un individuo asistirá o no a su iglesia un domingo particular? ¿Qué factores además de las actitudes son relevantes?

Muchos investigadores han identificado factores contrarios a la actitud que puedan conducir a la inconsistencia en la conducta y la actitud. A continuación se enumeran cinco (5) factores:

1) Competencia entre las actitudes y los valores. Las conductas a veces son más importantes que una actitud o valor. Por ejemplo, un estudiante con una actitud favorable hacia un curso también puede tener una actitud favorable hacia el esquí, y así no asistir a clases en un día de invierno.

2) Falta de control volitivo sobre la conducta. Las actitudes no pueden predecir la conducta si ésta está más allá del control individual. Ejemplo: Un adicto al tabaco puede desear desesperadamente vencer el hábito, pero es totalmente incapaz de lograrlo.

3) Falta de disponibilidad de conductas alternativas. Las actitudes no pueden predecir la conducta si el individuo no tiene alternativas. Ejemplo: un estudiante puede odiar la estadística pero inscrito en tal curso ( y asistir regularmente), debido a que el programa de estudio requiere del curso.

4) Normas. A veces la conducta está guiada por obligaciones normativas más que por sentimientos. Por ejemplo, es común tratar de ser cortes con la gente aun cuando algunas nos disgusten.

5) actos externos imprevistos. Es obvio que un hecho inesperado puede afectar la ejecución de una conducta específica. Ejemplo: no se asistirá a una fiesta, a la que se había pensado ir, si se está enfermo o si el auto se descompone.

Estos factores demuestran que la conducta no es totalmente predecible por la actitud. Lo que importa resaltar es que las actitudes afectan a la conducta y esto puede observarse cuando se emplean mediciones adecuadas. También hay pruebas de que algunas personas se conducen más de acuerdo con todas sus actitudes que como lo hacen otras personas.

Algunas de las técnicas más conocidas para medir actitud:

1) la escala de Likert. Consiste en un conjunto de ítems presentados en forma de proposiciones9 o “juicios” ante los cuales se pide la reacción de los sujetos a los que se entrevista. Es decir, se presenta cada proposición o juicio que supuestamente miden la actitud hacia un único concepto subyacente, y se pide al entrevistado que “externalice” su “reacción” eligiendo uno de los cinco puntos o categorías de respuesta de la escala. A cada punto o categoría se le asigna un valor numérico, así un sujeto obtiene una puntuación respecto a “la afirmación o juicio” y al final se obtiene una puntuación final sumando las puntuaciones obtenidas con relación a todas las afirmaciones o juicios. Si estamos de muy de acuerdo o de acuerdo implica una actitud favorable. En cambio, si estamos muy en desacuerdo o en desacuerdo implica una actitud muy desfavorable. Es decir, estar “más acuerdo” implica una puntuación mayor. Cuando las afirmaciones son negativas se califican al contrario las positivas. El Nº de categorías se acorta o se incrementa de acuerdo a la capacidad de “discriminación” de los entrevistados.

2) el diferencial semántico. El diferencial semántico esta destinado a medir las diferencias de significaciones que tienen uno o más conceptos para distintas personas. Se trata de calificar el objeto de actitud mediante una serie de adjetivos extremos. Es decir, el entrevistado tiene que calificar “el objeto de actitud” en un conjunto de adjetivos polares.

Entre cada par de adjetivos polares se presentan varias opciones y el entrevistado selecciona aquella que refleje su actitud en mayor medida.

Ejemplo de escalas bipolares

Objeto de actitud: candidato presidencial

Duro _ _ _ _ _ _ _ Blando.

Se observa que los adjetivos son “extremos” y que entre ellos hay siete (7) opciones o categorías de respuesta. Cada entrevistado califica al candidato en términos de esta escala de adjetivos polares.

Según esto, de manera general, el análisis de los datos obtenidos en la utilización de diferencial semántico se realiza mediante el calculo de la suma o del promedio de los valores asignados por las personas a los objetos en las escalas propuestas.

3) la escala de Guttman. ESCALA DE GUTTMAN

Esta es una técnica que presenta múltiples opciones a lo largo de una dimensión o variable. El propósito de esta escala es medir la unidimensionalidad actual -mide solo una dimensión- de acuerdo con el supuesto de que la actitud íntegra está contenida en una sola dimensión. Es decir, los enunciados o afirmaciones deben estar relacionados unos con otros.

Los entrevistados son enfrentados a responder el conjunto de opciones o alternativas que se pueden dar en la dimensión actitudinal. Estas opciones se presentan en una especial disposición, de tal manera que las alternativas o preguntas midan la intensidad de la apreciación o la opinión.

Ejemplificación:

Supongamos que estamos midiendo actitudes frente al aborto. Para este fin se diseñó un continuo de ítems relacionados con el tema:

  • ¿Está usted de acuerdo o en desacuerdo con que el aborto sea permitido en las siguientes circunstancias?:

  • Cuando la vida de la mujer está en peligro

  • En caso de incesto o de violación

  • Cuando el feto muestra clínicamente riesgos graves de salud

  • Cuando hay consentimiento paterno

  • Cuando la mujer no puede criar responsablemente el futuro niño Cuando la madre lo considera pertinente



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